Enfoque cristiano del ser humano


Enfoque cristiano del ser humano

Por Paulo Arieu

Introducción:

Los cristianos por siglos han creído que los hombres son pecaminosos por naturaleza y propensos al pecado cuando surge la oportunidad, y en décadas recientes ellos han sido acusados de tener un punto de vista muy bajo de la naturaleza humana. La acusación es verdadera y falsa. Los cristianos a la verdad poseen un punto de vista bajo de la potencialidad de las personas que no conocen a Cristo, y la historia -inclusive la historia reciente- demuestra la veracidad de esa conclusión. Empero nadie posee un punto de vista más alto de los hombres que los cristianos para los que son redimidos. Ni aun aquellas religiones que ofrecen divinidad o semidivinidad a sus seguidores sostienen una esperanza tan alta para los hombres redimidos como el Nuevo Testamento. Ninguna religión enfatiza la tremenda potencialidad de la vida de este lado de la muerte como lo hace el cristianismo. La promesa de vida es que Dios guiará a cada persona dispuesta a alcanzar la potencialidad más alta en cada área de la vida: relaciones interpersonales, moralidad, juicio, sabiduría, habilidades, contribución a la sociedad, satisfacción y el gozo de la vida.Dios ha creado a los seres humanos para nacer de nuevo. Se llevar; nueve meses para preparar a un infante para el nacimiento físico. Qué tragedia cuando ese nacimiento no acontece. Cuando los hombres viven esta vida y no experimentan el nuevo nacimiento, nunca llegan a ser aquello para lo cual Dios los creó después de la entrada del pecado en el hombre. Los hombres nacen para nacer de nuevo. Muchas cosas que el mundo considera dignas de alabanza son gustosamente dejadas cuando una persona se encuentra con Jesús en la experiencia de la salvación. Pablo descubrió verdadera riqueza en Jesús. El tiró su viejo sistema de valores a la basura. El lo arrojó como el capullo del gusano y fue libertado en Cristo.(Roy T.Edgemon)

Para la concepción judeo-cristiana del hombre, concepción que se basa en el Génesis, éste ha sido creado por Dios a su imagen y semejanza.

Todos los seres humanos descienden de una pareja, Adán y Eva. Adán y Eva vivían en un estado paradisíaco hasta que pecaron y se produjo la “caída”, es decir, la pérdida del paraíso, de la inmortalidad y de la gracia divina.

El concepto de “caída” es muy importante en esta tradición pues permite comprender el porqué de las debilidades humanas, el sufrirmiento, la mortalidad. En la doctrina cristiana, la redención del ser humano se produce por el sacrificio de Cristo.

En la filosofía cristiana se destacan numerosos pensadores que preocuparon por el problema antropológico. Entre ellos, se encuentra San Agustín (354-430) y Pascal (1623-1662).[0]

La parte inmaterial del hombre en la creación. Comprende su origen, el concepto de imagen divina y la derivación y la perpetuación de la parte inmaterial del hombre.

  • “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.” (Gen 1:26 -27 RV 1960)
  • “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Gn 2:7 RV 1960)

La contemplación del mundo creado es el fundamento de la religiosidad del hombre, “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. “(Rom. 1:20 RV 1960;cf. Job. 12:7-10 RV 1960;Sal. 18:2-7 RV 1960;Hch. 14:15-17;17,24-28RV 1960) [1]

“Dios creó al hombre varón y hembra, a imagen suya en cuanto a conocimiento,justicia y santidad,con dominio sobre las creaturas”, dice el Catecismo Menor de las iglesias presbiterianas [2] Pero,como nos dice el apostol Pablo en la epístola a los Romanos (Ro. 3:23) y como comentaba al respecto San Cirilo de Alejandría

El hombre, creado por superabundancia de amor, a causa del pecado «cae fuera de Dios y de la unión con el Hijo realizada por el Espíritu»,[3]

Esto provocó que se perdiera así la incorruptibilidad y la semejanza con Dios, con la cual Dios había creado al hombre. Por su glorioso y grandioso amor,

“Dios viene al encuentro del hombre, más allá de toda esperanza; ya que nadie «hubiese podido esperar ver a una virgen dar a luz a un hijo, y ver en este Hijo un “Dios con nosotros” descender hasta la tierra para buscar a la oveja perdida, o sea a la criatura que Él mismo había modelado, para después volver a subir y presentar a su Padre el hombre reencontrado» ” [4]

CÓMO ERA EL HOMBRE AL SER CREADO, antes de la caída?

La creación del hombre fue planeada por Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (que han demostrado los tres ser Dios). El plan está grabado en el versículo que dice, “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” (Gén. 1:26 RV 1960). Los tres miembros de la Trinidad estuvieron involucrados en la creación del hombre.
El Plan incluía hacer al hombre a la “imagen” y semejanza de Dios.

Las dos palabras para “imagen”, TSELEM en hebreo y EIKON en griego, básicamente se refieren a la parte material del hombre.

Las dos palabras para “semejanza,” DEMUT en hebreo y HOMOIOSIS en griego, se refieren a la parte no material del hombre.

Estas descripciones, material y no material, son generales y no deben ser usadas de una manera extremadamente rígida. El Plan de Dios era hacer el hombre integral, tanto lo material como lo inmaterial. El hombre sería vivo, inteligente, moral y con la habilidad para decidir al igual que Dios, pero no el ser Dios, de modo que tendría la habilidad de tener comunión con Dios.
El Señor Dios Mismo hizo al primer hombre, Adán. Se nos dice que El, “formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Gén. 2:7 RV 1960). La palabra traducida “ser” es la palabra hebrea NEFESH, que significa “alma.” Dios formó la parte material del hombre del material que El ya había creado-el polvo de la tierra. El hizo el alma del hombre (la parte del hombre que no es material) de la nada (Gén. 1:27). Después El combinó las dos en un ser conocido como “hombre.”

Debemos de recordar que Adán fue una creación única y no nació en el sentido normal. El fue hecho como adulto, integrado con existencia e intelecto. Dios lo colocó en el huerto y le dijo que les pusiera nombre a todos los animales (Gén. 2:8,19).

Dios proclamó que “No es bueno que el hombre esté solo” (Gén. 2:18 RV 1960), así que El decidió hacer una ayuda para Adán que lo complementaría. Ella sería llamada en el hebreo ISHA, mujer, porque fue sacada de ISH, el hombre, por medio de una cirugía divina (Gén. 2:18-23). Su nombre sería “Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes.” (Gén. 3:20 RV 1960). Al decir que Dios “construyó” a la mujer significa que El usó materiales existentes (la costilla de Adán), formó el cuerpo de la mujer y le dio vida (Gén. 2:21-23). Ambos el hombre y la mujer fueron el resultado de una creación directa, especial e inmediata. No evolucionaron de una criatura inferior.

Dios también formó animales “de la tierra” y les dio vida (Gén. 2:19). De los animales no dice que fueron hechos a la imagen de Dios. Nadie negará que tienen vida, y algunos dirán que tienen algún nivel de intelecto; sin embargo, no tienen la habilidad para hacer decisiones morales (decisiones entre el bien y el mal). Están vivos pero carecen de la habilidad de razonar (2 Pe 2:12; Jud. 1:10). [5]

Para San Agustín, la razón es un instrumento valioso para conocer la verdad pero sólo si es guiada por la fe. La razón sin la fe es ciega y nos puede llevar por caminos equivocados. San Agustín busca una verdad eterna, inmutable, y esta verdad no puede alcanzarse sin la luz de la fe: fe en Dios, que trasciende toda inteligencia y que hace posible nuestra inteligencia. La fe no puede ser probada por medio de la razón, pues es ella quien ilumina a la razón. Por la fe podemos comprender la realidad.

San Agustín afirma la existencia del alma. El alma es una iluminación interior, es algo íntimo y racional. Nuestra diferencia con los animales estriba en el hecho de que los seres humanos tienen entendimiento. Escribe San Agustín:

“No te diferencias del animal más que por el entendimiento; no te envanezcas de otra cosa. ¿Presumes de fuerza? Te vencen las bestias. ¿Presumes de velocidad? Te vencen las moscas. ¿Presumes de hermosura? ¿Cuánta belleza hay en las plumas del pavo real?¿Por qué eres entonces mejor? Por la imagen de Dios. ¿Dónde está la imagen de Dios? En la mente, en el entendimiento”(in Joannis evangelium tractatus, III, 4).

A través del entendimiento comprendemos lo justo y lo injusto, a través del entendimiento distinguimos lo verdadero y lo falso. Los animales carecen de esta facultad. Por eso, aconseja San Agustín, debemos alejarnos de la vida animal, no debemos ser “como el caballo y el mulo, que no tienen entendimiento”.[6]

Blas Pascal mostró desde niño una gran capacidad para la matemática y un vivo interés por la ciencia. La ciencia de su época informaba a sus contemporáneos que el mundo no era como ellos habían creído durante siglos, que el universo era ilimitado y que la Tierra no se encontraba en su centro.

Pascal siente terror frente al inmenso espacio y se pregunta: “¿Qué es el hombre con respecto al infinito?”. Para Pascal, la grandeza del hombre consiste en la conciencia de su pequeñez. El ser humano es pequeño, es miserable, pero es grande por saberse pequeño y miserable.

Lo que en los animales es visto como naturaleza, en los seres humanos es visto como miseria. El hombre reconoce que su naturaleza es parecida a la de los animales pero sabe que él es superior. ¿Por qué lo sabe? ¿Por qué considera miserable su situación?

Pascal encuentra la respuesta en el Génesis, en el hecho del hombre, en sus orígenes, habitó el paraíso. El ser humano se sabe superior porque tiene conciencia de la caída, porque sabe que en otro tiempo le era propia una naturaleza mejor. Añoramos el lugar del que hemos caído. Porque ¿quién añora lo que nunca ha tenido?

Por lo tanto, lo que distingue al hombre de los demás anima pensamiento. Escribe Pascal:

“Puedo concebir perfectamente a un hombre sin manos, sin pies, (…). Pero no puedo concebir al hombre sin pensamiento. Sería una piedra o un animal”.

“El hombre no es más que una caña, la más frágil de la naturaleza pero es una caña pensante. No hace falta que el universo entero arme para destruirla; un vapor, una gota de agua es suficiente para matarlo. Pero, aun cuando el universo lo aplastase, el hombre sería más noble que lo que lo mata, puesto que él sabe que muere y la ventaja que el universo tiene sobre él. El universo no sabe nada. Toda nuestra dignidad consiste, pues, en el pensamiento.” (Pensamientos, 200.)

Cuando Pascal se refiere al pensamiento no se refiere sólo a la razón. Como San Agustín, Pascal encuentra que la razón tiene límites que deben ser aceptados. Hay aspectos de la realidad a los que la razón no tiene acceso. Pascal es creyente y entiende que la fe no puede ser explicada.

“El corazón tiene razones que la razón no comprende”, afirma. El ser humano no sólo comprende la realidad a través de la razón, también comprende a través del corazón, a través del sentimiento y de la fe. En Pascal, la ciencia y la religión conviven armónicamente pues se ocupan de ámbitos diferentes. [7]

Calvino lo explica bien,aunque da muchos detalles al respecto. El explica que

Es preciso ahora hablar de la creación del hombre. No sólo por ser la más noble y la más excelente de las obras de Dios, en quien más evidente muestra dio de su justicia, sabiduría y bondad, sino porque – como al principio dijimos – no podemos conocer clara y sólidamente a Dios sin que a la vez nos conozcamos a nosotros mismos. Y aunque este conocimiento de nosotros sea doble; a saber, cómo éramos al principio de ser creados, y cuál es el estado en que hemos venido a parar después de haber caído Adán – pues de nada nos serviría saber cómo fuimos, si no conociéramos también la corrupción y deformidad de nuestra naturaleza en el miserable estado de ruina en que hemos caído -, sin embargo de momento nos contentaremos con ver cuál fue el estado de integridad en que fuimos originariamente creados. Pues, en verdad, nos conviene, antes de tratar de la desventurada condición en que el hombre se halla al presente, saber cómo ha sido al principio de su creación; pues hemos de estar muy sobre aviso, no sea que al demostrar crudamente los vicios naturales del hombre, parezca que los imputamos al autor de la naturaleza humana. Pues los impíos piensan que pueden defenderse con el pretexto de que todo el mal que hay en la naturaleza le viene en cierta manera de Dios; y si se les reprocha por ello, no dudan en disputar con el mismo Dios y echar la culpa, de la que justamente son acusados, sobre Él. Y aun los que parecen hablar con más reverencia de Dios, no dejan, sin embargo, de excusar sus pecados alegando su viciosa y corrompida naturaleza, y no ven, que obrando así culpan a Dios de infamia, aunque no de una manera abierta y evidente; porque si hubiese algún vicio en la naturaleza primera debería imputarse a Dios. Por lo tanto; como quiera que nuestra carne con tanto anhelo anda buscando todos los caminos posibles para echar de sí la culpa de sus vicios e imputarla a otro, es menester diligentemente salir al encuentro de semejante malicia. Y por eso se ha de tratar de la miseria del linaje humano, de tal suerte que se suprima toda ocasión de tergiversar y andar con .rodeos, y que la justicia de Dios quede a salvo de toda acusación y reproche. Después en su lugar veremos cuán lejos están los hombres de aquella perfección en que Adán fue creado.

Y en primer lugar advirtamos que al ser hecho el hombre de la tierra y del lodo, se le ha quitado todo motivo de soberbia; porque nada más fuera de razón que el que se gloríen de su propia dignidad quienes, no solamente habitan en casas hechas de lodo, sino que incluso ellos mismos son en parte tierra y polvo. En cambio, el que Dios haya tenido a bien, no solamente infundir un alma en un vaso de tierra, sino además hacerlo también morada de un espíritu inmortal, aquí sí que con justo título podría gloriarse Adán de la generosidad de su creador. [8]

La confesion de fe de Westmninter, es un poco mas explícita, cuando dice que Dios creó al hombre, con “alma racional e inmortal” [9]

La imagen de Dios, según la cual la Biblia nos dice que el hombre fue creado, no consistió tan sólo en libertad personal, sino que incluía también conocimiento, justicia y santidad. El hombre fue creado como Dios no tanto por ser persona sino también por ser bueno.

Sin embargo, debemos mencionar que si bien el hombre fue creado justo no fue creado en el estado más elevado que era capaz de alcanzar. Era justo, pero había en él la posibilidad de llegar ser injusto, perverso. Le quedaba un estado mas elevado por alcanzar. Era un estado en el que incluso la posibilidad misma de pecar no existiría.

Dios quiso colocar ante el hombre ese estado más elevado como meta a alcanzar por medio de un mandato concreto. “Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás,” (Gen. 2:17 RV 1960) dijo Dios. Esta fue la piedra de toque de la obediencia del hombre; esa fue la prueba del hombre.

Si la prueba hubiera sido superada con éxito, entonces el hombre habría sido recibido de inmediato en la vida eterna. Esa vida ya la poseía antes, pero entonces habría tenido la seguridad de ella. Todos los “si” que afectaban a la promesa de vida habrían sido eliminados. La victoria habría sido conquistada. Nada jamás habría podido separar a Dios de su creatura.

El desenlace, sin embargo, fue muy otro. El hombre quedó, como dice el Catecismo Menor, a merced de su propia voluntad, y la usó mal. Hubiera podido haber escogido el camino de la vida, pero de hecho escogió el de la muerte; al pecar contra Dios perdió el estado en el que había sido creado. Fue en verdad una decisión equivocada.

Cuando decimos que el hombre era libre y que escogió el camino de la muerte, no queremos decir que dicha decisión estuviera fuera de los planes eternos de Dios. No queremos decir que sorprendiera a Dios con su pecado. Por el contrario, el plan eterno de Dios…, lo abarca todo. Incluso el pecado del hombre ocurrió de acuerdo con el consejo de la voluntad de Dios.

Dios hace que cada cosa suceda en forma distinta. Por ello Dios hizo que el hombre cayera en una forma que pusiera del todo a salvo la libertad y la responsabilidad del hombre. Dios no es el autor del pecado. El tentador y el hombre mismo fueron los autores del pecado del hombre. La justicia de Dios es siempre intachable. Con todo, Dios se sirvió incluso de un mal tan terrible para su propósito santo; Dios permitió que el hombre cayera. [10]

Calvino tambien afirmó que

“De aquí procede aquel horror y espanto con el que, según dice muchas veces la Escritura, los santos han sido afligidos y abatidos siempre que sentían la presencia de Dios. Porque vemos que cuando Dios estaba alejado de ellos, se sentían fuertes y valientes; pero en cuanto Dios mostraba su gloria, temblaban y temían, como si se sintiesen desvanecer y morir. De aquí se debe concluir que el hombre nunca siente de veras su bajeza hasta que se ve frente a la majestad de Dios. Muchos ejemplos tenemos de este desvanecimiento y terror en el libro de los Jueces y en los de los profetas, de modo que esta manera de hablar era muy frecuente en el pueblo de Dios: ” Y dijo Manoa a su mujer: Ciertamente moriremos, porque a Dios hemos visto.” (Jue.13:22 RV 1960; Is. 6, 5; Ez. 1, 28 y 3, 14 y otros lugares). Y así la historia de Job, para humillar a los hombres con la propia conciencia de su locura, impotencia e impureza, aduce siempre como principal argumento, la descripción de la sabiduría y potencia y pureza de Dios; y esto no sin motivo. Porque vemos cómo Abraham, cuanto más llegó a contemplar la gloria de Dios, tanto mejor se reconoció a sí mismo como tierra y polvo (Gn.18, 27); y cómo Elías escondió su cara no pudiendo soportar su contemplación (1 Re. 19, 13); tanto era el espanto que los santos sentían con su presencia. ¿Y qué hará el hombre, que no es más que podredumbre y hediondez, cuando los mismos querubines se ven obligados a cubrir su cara por el espanto? (Is. 6, 2). Por esto el profeta Isaías dice que ‘La luna se avergonzará, y el sol se confundirá, cuando Jehová de los ejércitos reine en el monte de Sion y en Jerusalén, y delante de sus ancianos sea glorioso.” (Is.24:23 RV 1960 y 2:10. 19); es decir, al mostrar su claridad y al hacerla resplandecer más de cerca, lo más claro del mundo quedará, en comparación con ella, en tinieblas. Por tanto, aunque entre el conocimiento de Dios y de nosotros mismos haya una gran unión y relación, el orden para la recta enseñanza requiere que tratemos primero del conocimiento que de Dios debemos tener, y luego del que debemos tener de nosotros.” [11]

ESPÍRITU SANTO: EL AMOR QUE SANTIFICA Y DIVINIZA

Durante cerca de cuatro siglos, los Padres de la Iglesia sufrieron y lucharon contra quien negaba la unidad trinitaria en el seno de Dios-Trinidad.

Los Padres eran unos cristianos tremendos que dieron su vida por edificar y propagar el Evangelio. Su enseñanza expresa la fe del cristianismo de los primeros tiempos. Algunos critican la aplicación de la enseñanza de los Padres de la Iglesia a la interpretación de la Escritura diciendo que ellos solamente son seres humanos y la Biblia es divina por lo tanto es una mejor fuente. En esto estamos de acuerdo en que los Padres son seres humanos y la Biblia es divina. Los Padres de la Iglesia tuvieron una excelente perspectiva tanto de los hechos relatados en el NT como de la vivencia de las primeras comunidades cristianas que hacen que su interpretación de la Biblia y enseñanzas, si bien “humanas” sean en algunos casos de “edificación”. Ellos vivieron en los primeros cinco siglos de cristianismo, más de 1000 años antes de la Reforma. Además esto es todavía muy anterior a la famosa “institucionalización de la Iglesia” como el origen de la corrupción en la doctrina católica. Por ejemplo: Policarpo de Smyrna fue discípulo del apóstol Juan por 40 años y murió mártir.

Otros critican a los Padres de la Iglesia diciendo que en su cosmovisión la tierra era plana y el universo giraba alrededor de ella, por lo tanto están errados y peor aún, que eso prueba que ellos no sabían como interpretar la Escritura. Para todos los cristianos solamente la Biblia está “libre de error” y cualquiera puede equivocarse, incluyendo a los Padres, pero creo que ninguna reflexion de los Padres que se use como util, debe ser usada para contradecir a la verdad contenida en la Biblia. Segundo, la creencia de que la Tierra era plana subsistió por siglos e incluso llegó al siglo XVI, la mayor parte de la sociedad creía esto. La gran mayoría de los Reformadores originales como Lutero, Calvino y Wesley rechazaron en su momento el postulado de Copernico. Es más se basaban en la Escritura para sostener su posición ya que la idea de que el mundo girara alrededor del sol entraba en contradicción con citas que literalmente describían a la Tierra como inamovible (ej: Sal.93,1, Sal 96,10, Sal 104,5). Todos los cristianos de aquel tiempo, la iglesia tradicional y los reformados, sostenían que la Tierra era plana y fija. Y todos estaban equivocados porque la Escritura debe ser discernida en un contexto apropiado y no es un texto de ciencia. En este punto en particular y hasta que la ciencia probó lo contrario todos pensaban igual. Los Padres no creían que la Tierra era plana solamente basados en la Escritura, esa era la forma como el mundo semita y el mundo griego habían desarrollado su ciencia y era parte de su cultura. ¡Eso no invalida su experiencia en las primeras comunidades cristianas ni su formación en la fe al lado de los apóstoles o de los cristianos que caminaron con los apóstoles! Pero no son autores inspirados.Incluso algunos fueron influenciados por la filosofía griega. En el mejor de los casos si son iluminados. Si creo que debemos recordar que solo la biblia es theopneustos.Veamos un concepto que es poco comentado entre los teólogos occidentales y es la doctina de la deificación del cristiano,que no debe confundirse con la divinizacion del cristiano, que es esta una creencia errónea.

Silvano Cola cita a Atanasio,quien dijo que:

«Si Cristo no es Dios, no nos ha deificado» [12]

y tambien a Cirilo de Alejandría, el que dijo que:

«Si el Espíritu Santo no es Dios, ¿cómo puede decirse que hemos nacido de Dios, nosotros, que nacemos precisamente de El?» [13].

Luego vuelve a citar a Atanasio,quien expresa este amor de Dios por el hombre con la famosa frase:

«El Verbo se ha hecho hombre para hacer de nosotros Dios» [14].

Acá vemos como Atanasio, conocido por su ortodoxia, confunde deificación con Divinización.Un error lamentable en este excelente predicador y apologista ortodoxo. Es por eso que era lógico que los Padres profundizarán en la doctrina de la «deificación» del hombre, no contentándose con hablar de la «unión» del hombre con Dios, (gr. énosis) comenta Silvano Cola. [15]

Atanasio,llamado el campeón de la ortodoxia, famoso por sus debates contra los arrianos, afirma que:

«El hombre, unido a una criatura [Jesús] no hubiese podido ser deificado si el Hijo no hubiera sido verdadero Dios (…). Y del mismo modo que no hubiésemos podido ser liberados del pecado (…) si la carne que revéstía al Verbo no hubiese sido auténticamente humana (…), así hombre no hubiese sido deificado si Aquel que se hizo carne no procediese por su propia naturaleza del Padre, siendo El su verdadero y propio Verbo. Pero el contacto se ha realizado: la naturaleza divina se unió a la naturaleza humana a fin de que la salvación y la deificación quedasen aseguradas»[16]

San Basilio define al Espíritu Santo como

«Aquel que deifica a los otros»[17].

Se puede observar entonces que “Deificación, santificación, participación en la naturaleza divina, comunión con Dios, vida en Cristo, son en los Padres expresiones casi sinónimas”,cita Silvano Cola [18]

Orígenes habla precisamente de participación en la naturaleza divina,pero ya no utiliza la expresiom deificacion, sino “participar”

«Sí hay un Espíritu que es amor, un Hijo que es amor y si Dios es Amor, resulta cierto que de la fuente de la divinidad del Padre proceden el Hijo y el Espíritu, y que de su abundancia se vuelca en el corazón de los santos una abundancia de amor que les hace participar en la naturaleza divina, como enseña el apóstol Pedro» [19].

Pero en Máximo el Confesor encontramos una progresión y una síntesis de las expresiones indicadas,explica Silvano Cola :

«El fin de la fe es la revelación verdadera de su Objeto [Dios]. Y la verdadera revelación del Objeto de la fe es la comunión inefable con Él (…). Esta comunión no es más que el retorno de los creyentes a su Principio, así como al Fin (…) donde todo deseo es satisfecho. Y esta satisfacción del deseo se tiene (…) en la participación en las realidades divinas. Y esta participación en las realidades divinas es la semejanza entre el Participado y los participantes. Y esta semejanza es, según las energías divinas, la identidad de los participantes con el Participado (…). Y esta identidad es la deificación» [20].

Tambien cita que con una imaginación visual el Pseudo-Macario dice la misma realidad:

«De la misma manera que numerosas velas se encienden con la misma llama, así los cuerpos de todos los miembros de Cristo serán aquello que es Cristo mismo (…). Nuestra naturaleza humana es transformada en la plenitud de Dios: se convierte toda en fuego y luz» [21].

También la misma realidad describe, con otra imagen, Guillermo de Saint-Thierry cuando comenta el Cantar de los Cantares:

«Aquí se realiza esta asombrosa unión, esta posesión recíproca (…) que sucede entre el hombre y Dios, entre el espíritu creado y el Espíritu increado (…). El Espíritu Santo, Dios-Amor, la realiza (…). El espíritu creado se dilata todo cuanto es en el Espíritu Creador, que lo crea precisamente para esta efusión, y el Espíritu Creador, a su vez, se vuelca a su gusto y el hombre se hace con Dios un solo Espíritu» [22].

Cuando los Padres hablan de «participación»,comenta Cola que no lo entienden únicamente como un «tener parte», sino también como la transformación del participante en el Participado:

«El ser participante es transformado necesariamente en aquello que es por naturaleza el Ser participado» [23]

Cola aclara algo importante en este tema de la deificación del cristiano según el pensamiento de los Padres, y es que

“cuando los Padres hablan de «deificación» del hombre, no quieren afirmar nunca que se realice una fusión o confusión de las dos naturalezas divina y humana, porque el Espíritu Santo realiza la deificación a través de la operación (energías) de su naturaleza (teología oriental), o a través de su gracia (teología occidental). Es verdad que Él, como Espíritu de Dios, se encuentra presente por todas partes también como esencia, pero esencia permanece inaccesible, o sea, no participable. Se quiere decir, en resumen, que si el Espíritu Santo es la Santidad en nosotros, por la infusión de su gracia, somos santificados y deificados sin llegar a ser la Santidad.” [24]

Cola también comenta que la Eucaristía (La cena del Señor) es, por tanto, otro medio de “divinización” que se nos ofrece,según el pensamiento de los Padres:

«Para fundirnos en unidad con Dios y entre nosotros -aunque conservando cada uno una personalidad distinta- el Hijo Único ha inventado un medio maravilloso: a través de un solo cuerpo, que es el suyo, Él santifica a sus fieles en una comunión mística, convirtiéndolos en un solo cuerpo con Él y entre ellos (…). Unidos todos al único Cristo por su propio Cuerpo -ya que todos le recibimos a Él, uno e indivisible, en nuestros cuerpos- nos hacemos miembros de este Cuerpo único que llega a ser así, para nosotros, el vínculo de la unidad» [25]

Pero quien consuma la unidad en este único Cuerpo es el Espíritu Santo, que hace también de los fieles una sola alma:

«Del mismo modo que su carne santa hace concorpóreos a aquellos a los que viene, así, el único Espíritu de Dios, que habita invisiblemente en todos, les conduce inexorablemente a la unidad espiritual, (…) ya que la unión con Dios no se realiza, sino a través de la participación en el Espíritu Santo que infunde en nosotros la santidad de su propia naturaleza. Él remodela las almas humanas de acuerdo con su misma vida, imprimiendo en ellas la semejanza con Dios y esculpiendo en ellas la señal de esta sustancia divina que es la más perfecta de las sustancias (…). No es verdad que la unión con Dios pueda realizarse sólo mediante el acuerdo de nuestra voluntad con la Suya ya que, más allá de esto, existe una unidad más sublime y más grande que sucede gracias al hecho de que la divinidad se comunica al hombre, el cual, aún conservando su propia naturaleza, se transforma, por decirlo así, en Dios, del mismo modo que el hierro, metido en el fuego, se transforma en fuego aún permaneciendo hierro» [26]

La Eucaristía (Cena del Señor), como había dicho Hilario, nos hace connaturales al Padre:

«[A través de la Eucaristía], nos unimos a Cristo que es inseparable del Padre. Pero, aún permaneciendo en el Padre, permanece unido a nosotros. De este modo llegamos a la unidad con el Padre. Cristo está en el Padre connaturalmente porque es engendrado por El. Pero desde un cierto punto de vista, también nosotros, a través de Cristo, estamos connaturalmente en el Padre, porque Cristo comparte nuestra naturaleza humana (…) y, mediante su humanidad, vivimos de aquella misma vida que Él tiene del Padre» [27]

Esta «connaturalidad» con Dios que alcanzamos al alimentarnos de la carne divinizada de Cristo en la Eucaristía (Cena del Señor), se realiza porque ella nos hace concorpóreos con Él -como dicen Atanasio y Gregorio de Nisa- [28], concorpóreos y consanguíneos añade Cirilo de Jerusalén[29].

Es el Señor Jesús, el Pan que, bajando del Cielo, da vida eterna al mundo. El Señor explica que la fe se nutre y se sostiene tomando fuerzas de Él mismo. Por eso, el Pan que se recibe mediante la fe es Cristo mismo, una Persona. Lo que es el pan para nuestra vida física, es Cristo para la vida espiritual, y de la misma manera que los israelitas en el desierto se alimentaron del maná, así el creyente se nutre del Salvador por la fe, porque Él es el alimento espiritual que nos satisface el alma.

Como decía San Agustín al hablar de la cena del Señor:

«Por qué preparar el estómago y los dientes? Cree, y has comido». [30]

Roy T.Edgemon,cita a Walter Thomas Conner quien declara que

“La encarnación muestra la capacidad del hombre para relacionarse con Dios”. [31]

En la teología de los Padres y de los teólogos occidentales, la palabra «deificación» se usa muy raramente, pero no es totalmente extraña,comenta Cola [32] Y luego cita a Santo Tomás de Aquino quien comentando a Efesios 3:18,21 afirma:

«El Apóstol da gracias [a Dios] por tantos beneficios recibidos. La causa de estas maravillas es el poder infinito de Dios, y da gracias al Cristo Dios y al Dios Padre que realizan en nosotros infinitamente más de lo que nuestro corazón puede pedir o nuestra inteligencia comprender. Su poder se manifiesta en las obras que realizan en nosotros. Nuestro corazón, y no menos nuestra inteligencia, nunca hubiesen podido pensar, comprender o pulir a Dios que se hiciese hombre y que el hombre llegase a ser Dios, participante de su naturaleza divina (2 Pe. 1, 4). Y, sin embargo, esto es lo que se realiza en nosotros, gracias a la Encarnación de su Hijo».[33]

Comenta Silvano Cola en su opinión que si san Pablo invita a los cristianos a llegar a ser «perfectos en Cristo», «hombres perfectos según la plenitud de Cristo» (Ef 4:13 BJ), no se limita a una constatación moral, sino que entiende una real «cristificación» [34].Pero la RV 1960 lo traduce al psaje como “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Ef 4:13 RV 1960)

La palabra perfectos es

Vine NT+

gr. teleios (τέλειος G5046),que significa habiendo alcanzado su fin (telos), acabado, completo, perfecto. Se traduce «maduro» en 1 Co_14:20 (RV: «perfectos»). [35]

Dicc. Strong

completo (en varias aplicaciones de trabajo, crecimiento, mentalmente y carácter moralmente, etc.); neutro (como sustantivo, con G3588 ) cualidad de completo:-alcanzar madurez, completo, maduro, perfecto. [36]

Roy T.Edgermon, realiza un comentario acertado respecto de este tema

Algunas veces la palabra perfecto como se usa en la Biblia significa completo o maduro, pero no debemos permitir que se nos olvide el hecho de que Dios nos hace responsables de un vivir perfecto; el hecho que la presencia de la naturaleza pecaminosa (Ro. 7) nos impide llegar a ser perfectos no disminuya la demanda. La demanda de perfección está implícita en numerosos textos, tal como la frecuente repetición de “Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios” (Lv.19:2) y el claro mandamiento. “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en jos cielos es perfecto” (Mt.5:48). Esto no significa: “Sed maduros como vuestro Padre celestial es maduro”. [37]

Aunque la meta de la perfección es inalcanzable (los metodistas creen en la perfección impecable,pero no asi el resto de la cristiandad, que cree en una santificación progresiva), sin embargo esa debería de ser la meta hacia la cual todos nos deberíamos de esforzar.

Me parece muy importante de citar acerca del lugar que ocupa la doctrina de la perfeccion cristiana en la teologia e historia del Movimiento evangélico metodista. Citaré la opinión que nos da Wilbur F. Tillet acerca de esta doctrina, a la que nosotros llamamos comúnmente en nuestra teología reformada, “la doctrina de la santificación del cristiano”.

Los teólogos y sistemas doctrinales de las Iglesias en su mayoría han rechazado y condenado la teoría de una perfección cristiana que pueda alcanzarse en esta vida. Ciertos escritores han llegado al extremo de ridiculizarla. El metodismo, por el contrario, desde el mismo principio de su existencia como Iglesia, ha insistido humildemente a la par que con firmeza en la verdad de dicha doctrina, por lo cual la puede considerar, en un sentido especial, cual precioso derecho de nacimiento, y cuantos son fieles a ese sistema doctrinal la aceptan, la predican y con modestia procuran practicarla. El retrato que delineó Juan Wesley de un verdadero e ideal metodista fue el de un “cristiano perfecto,” y no hay necesidad de retocarlo. Si la retención de esta doctrina atrae algún oprobio, es el “vituperio de Cristo,” y tal afrenta cualquiera Iglesia debe tenerla a mucha honra sufrirla. Los únicos que son fieles a su vocación como metodistas son los que están siempre prontos a aseverar su creencia en la “santidad bíblica,” y que reconocen su obligación de vivir la vida perfecta. Quienes abrigan en sus corazones el amor perfecto, lo anuncian con sus labios y lo practican en sus vidas, no han de avergonzarse de ser llamados gente peculiar, pues una de sus singularidades sobresalientes es un celo por las buenas obras, cuyo celo es “según ciencia.” Estos son de los que se llaman “sal de la tierra.” Poseen un gozo y un honor que los mundanos, dentro o fuera de la Iglesia, ignoran por completo. Estos son los verdaderos santos, y ya en el pulpito, ya entre los congregantes, constituyen la propia vida espiritual de la Iglesia. La comisión que al parecer encargó Dios a la gente llamada metodistas desde su origen, a lo menos según la interpretó Wesley, fue la de “diseminar por toda la tierra la santidad bíblica;” y téngase presente que el calificativo “bíblica” no debe nunca olvidarse en relación con esta doctrina, pues el propagar otra santidad que la “bíblica”, o el enseñar otra doctrina de la perfección cristiana que la fundada en una exégesis verdadera y exacta de la Palabra de Dios, no puede menos de atraer bien merecidas críticas; mas, correctamente definida, esta doctrina constituye una corona de gloria para la teología cristiana.[38]

Jesucristo ha divinizado en Sí mismo la naturaleza humana

Jesús demostró cómo Dios intenta que la vida sea vivida. La vida de Jesús provee el modelo para dichos esfuerzos; y el Espíritu Santo provee el poder y la dirección. La potencialidad de una persona es enorme.

Otra consideración importante que tenemos que hacer es,como comenta Cola, el hecho que

“gracias a la Encarnación, Jesucristo ha divinizado en Sí mismo la naturaleza humana asumida…” [39]

Duns Scoto, aún siendo occidental, parece resumir la posición más difundida entre los orientales sobre este tema:

no ha sido el pecado lo que ha «obligado» al Verbo a encarnarse, ya que «si hubiese sido la caída la causa [de la Encarnación] resultaría que la obra maestra suprema del Amor de Dios hubiese sido ocasionada [por el pecado y sería accidental] (…). Pero pensar que Dios hubiese renunciado a realizar tal obra si Adán no hubiese pecado, ¡resultaría algo completamente irracional!»[40].

La doctrina de Scoto se encuentra ciertamente en línea con la gran tradición oriental que ve en la «semejanza» del hombre con Dios, en la cual ha sido creado, el principio constitutivo del ser humano:

al crear al hombre, Dios le formó según el modelo que desde siempre tenía en su mente, o sea a Jesús el Cristo que -como Hijo del Amor a través del cual y por el cual todo ha sido hecho- ha sido desde siempre la síntesis de lo increado y de lo creado, «imagen del Dios invisible» (Col 1:15 RV 1960) y rostro humano de Dios [41].

En otras palabras, el Amor de Dios hacia el hombre no podía contentarse con darle una semejanza divina, sino una autentica divinización, y no sólo en relación al alma, sino también al cuerpo. En un sentido real y pleno

«Dios se hace hombre para que el hombre se convierta en Dios» [42]. Por este motivo el hombre es llamado «raza divina» (Hch 17:29 RV 1960) con la vocación de «reunir, gracias al amor, la naturaleza creada con la naturaleza increada»[43]

La Encarnación estaba, por tanto, en el plan de Dios antes de que el hombre pecase:

«En su eterno consejo [o sea desde el principio, desde siempre] Dios ha querido unirse al ser humano para deificarlo» [44]

El pecado ha sido, por así decirlo, un incidente del camino como consecuencia del hecho de que el hombre ha sido creado libre porque el amor es libertad. Bulgakov ha señalado felizmente que el Credo de Nicea dice:

«por nosotros los hombres y por nuestra salvación»: en el «por nosotros los hombres» se pone de manifiesto el designio original de Dios de la deificación del hombre; y dentro de este plan tuvo lugar la caída y la redención [45]

Jesús es la representación exacta del Ser de Dios (He. 1:3). Explica Roy T.Edgemon que

Jesús es la imagen de Dios. La palabra griega es charakter, de donde viene nuestra palabra carácter, una de las técnicas de la comunicación usada por los gobernadores del primer siglo era imprimir en las monedas y estatuas un mensaje-junto con una imagen personal. Si el emperador quería una imagen de generosidad, estampaba su imagen en un lado de la moneda y una deidad conocida por generosidad en el otro lado. El erigía estatuas sobre todo el imperio presentándose a sí mismo como quería que el pueblo lo conociera. Los lectores de los Hebreos estaban familiarizados con las imagenes eleccioonadas para comunicar las características del gobernador. Jesús es la clara imagen de Dios. El comuncia perfectaemnete lo que Dios desea que sepamos de Él. [46]

Jesús es Dios, y es hombre, tambien nos explica Edgemon

El es Dios-hombre, Como Dios El representa perfectamente a Dios ante nosotros; como hombre, El nos representa perfectamente ante Dios. [47]

Jesús dijo a Sus discípulos:

  • “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn. 14:9 RV 1960),

y El declaró:

  • “Yo y el Padre uno somos” (Jn. 10:30 RV 1960).

Otros textos indican que Jesús se vio a sí mismo en una relación única de Hijo con el Padre: (Mat. 11:25-27; Mar. 12:35-37; 13:32; 14:61-64). Otros textos del Nuevo Testamento, muy numerosos para dar una lista, indican el amplio alcance de Su poder y autoridad sobre la naturaleza, los demonios, las Escrituras, y el perdón de pecados. Empero aceptar a Jesús como divino, como Dios mismo, es cuestión de fe. La Biblia presenta la evidencia de las afirmaciones de Jesús, Su poder maravilloso, y Su muerte y resurrección. En fin de cuentas, no obstante, llegamos a esa certeza de fe, experimentando a Cristo en un encuentro directo y al saber que verdaderamente nos hemos encontrado con Dios.

Jesús fue divino, y El además fue humano; empero debemos usar el tiempo presente: El es divino y. es humano. El continúa eternalmente como tal, pues El no ha perdido la humanidad que es una parte tan esencial de Su entendimiento de nuestra humanidad (He. 4:14-16). [48]

“Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio de Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación” (GS 22,1). []

En Cristo, “imagen del Dios invisible” (Col 1,15; cf 2 Co 4,4), el hombre ha sido creado “a imagen y semejanza” del Creador.

En Cristo, redentor y salvador, la imagen divina alterada en el hombre por el primer pecado ha sido restaurada en su belleza original y ennoblecida con la gracia de Dios (cf GS 22,2). []

La dignidad de la persona del hombre

Reducir la persona humana a una definición es sin duda un ejercicio complicado y bastante difícil. Probablemente a ninguno nos agrade que nos definan fríamente y en modo abstracto, la mayoría de nosotros quisiera ser conocido y valorado por lo que constituye nuestra identidad más profunda: todo aquél mundo de pensamientos, deseos, afectos, libertades, valores y virtudes que se conjugan en nuestro modo de ser, en nuestro yo que es similar pero distinto de todos los que nos rodean.O sea, ser valorados por lo que somos.

El primer dato entonces que podemos apuntar sobre la persona humana es que constituye una realidad que rebasa el órden lógico de las palabras, es por mucho una realidad de experiencia y de existencia.

Podemos citar a Luis Recasens Siches, quien aclara que

“el pensamiento de la dignidad consiste en reconocer que el hombre tiene fines propios suyos de cumplir por sí mismo”. [49]

Lo anterior evoca la fórmula de Kant sin que esté necesariamente ligada a la doctrina del filósofo.Desde la óptica del citado autor, lo que Kant expresó era ya aceptado desde siglos antes, desde el Antiguo Testamento, adquiriendo mayor relevancia al ser el mensaje central del Evangelio.Efectivamente, la idea de la dignidad, sin que solo se presente en ella, es característica del cristianismo. Ya en la antigua China y en Roma (Epitecto, Séneca, Cicerón y Marco Aurelio) encontramos la idea de la dignidad de la persona como una idea universal, es decir, de la igualdad esencial de todos los hombres.Fue la escuela estoica, desarrollando el pensamiento aristotélico, la que llegó a la conclusión de que todo hombre, por su naturaleza, es miembro de la comunidad universal del género humano, gobernado por la razón y, además miembro de una comunidad política que es donde nace.Esta idea es la que retoma el cristianismo. [50]

De todas las criaturas visibles,cita la enciclia Gaudium et Spes de Concilio Vaticano II,

sólo el hombre es “capaz de conocer y amar a su Creador” (GS 12,3) [51] Por supuesto por la iniciativa de DIos que lo llama al hombre a la adoracion y se le revela, como dijo San Pablo que “… agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles” (Gal. 1:15-16 RV 1960)

C. S. Lewis nos alertó en La abolición del hombre que

“La naturaleza humana será la última parte de la Naturaleza que se rinda al Hombre”[52]

El ser humano es la “única criatura en la tierra a la que Dios ha amado por sí misma” cita la enciclica del Concilio Vaticano II (GS 24,3). [53] Y sólo él ser humano está llamado a participar, por el conocimiento y el amor, en la vida de Dios,y la adoración a la Santisima Trinidad; las bestias del campo no lo están. Y es para este fin que el hombre ha sido creado y ésta es la razón fundamental de su dignidad.

El catecismo de la iglesia católica cita a S. Catalina de Siena, quien dijo que

¿Qué cosa, o quién, te ruego, fue el motivo de que establecieras al hombre en semejante dignidad? Ciertamente, nada que no fuera el amor inextinguible con el que contemplaste a tu criatura en ti mismo y te dejaste cautivar de amor por ella. Por amor lo creaste, por amor le diste un ser capaz de gustar tu Bien eterno (S. Catalina de Siena, Diálogo 4,13).[54]

Por haber sido hecho a imagen de Dios, el ser humano tiene la dignidad de persona; no es solamente algo, sino alguien. Es capaz de conocerse, de poseerse y de darse libremente y entrar en comunión con otras personas; y es llamado, por la gracia, a una alianza con su Creador, a ofrecerle una respuesta de fe y de amor que ningún otro ser puede dar en su lugar.

Dios creó todo para el hombre (cf. Gs 12,1; 24,3; 39,1), pero el hombre fue creado para servir y amar a Dios y para ofrecerle toda la creación.[55]

Sería interesante recordar que el concepto de dignidad humana ha conocido varias fases en su formulación histórica.

Sin embargo, es preciso mencionar que diversos pensadores nos han aportado, a lo largo de la historia, distintas concepciones del hombre de acuerdo a sus características, por ejemplo Aristóteles en la antigüa Grecia explicaba que el ser humano es un animal que se diferencia de todos los animales en virtud de la posesión de la razón; Boecio, filósofo latino, puso el acento en la sustancia individual de naturaleza racional, es decir, la diferenciación de cada ser humano mediante el conocimiento de la vida racional que cada uno ejerce por sí mismo.[56]

¿Estos elementos nos bastan para denotar la realidad de la persona humana?, definitivamente nos aportan datos ciertos, pero éstos quedan limitados. A este respecto es necesario señalar que:

…Se nos presenta el hombre no solamente como ser definido por un género, sino como un yo concreto, como sujeto que tiene la experiencia de sí. El ser subjetivo y la existencia que le es propia se nos manifiesta en la experiencia precisamente como este sujeto que tiene experiencia de sí. Si lo tenemos en cuenta como tal, lo subjetivo nos revelará la estructura que lo constituye como un yo concreto…[57]

Podemos citar dos fases importantes en la valoración de la dignidad del ser humano [58]

1. Durante la época pre-moderna, dicho valor derivaba del parentesco uniendo el hombre con Dios y hacía del primero un ser excelente por ser creado a la imagen del primero. Gracias a las cualidades que le fueron atribuidas (pensamiento, lenguaje, etc.) el ser humano podía demostrar su grandeza y superioridad sobre los demás animales: el hombre era el único ser valioso puesto que Dios le otorgó sólo a él las capacidades más nobles para ejercer su predominio y perfeccionar su conocimiento. El concepto de dignidad era así un concepto religioso y las razones de su aparición deben buscarse en el antropocentrismo fomentado en gran parte por la religión judeo-cristiana.

2. En la época moderna, el concepto de dignidad fue reformulado: la dignidad del hombre deriva de su naturaleza humana pero dicha naturaleza se desvincula progresivamente de cualquier origen divino. Como en la época pre-moderna se hace un elogio de las capacidades humanas pero esta vez deduciendo de éstas mismas la dignidad del hombre, sin acudir a ningún parentesco religioso. El antropocentrismo está así preservado, puesto que se insiste en la singularidad de la especie humana en relación con los demás animales. A esta reformulación parcial del concepto se ha añadido una más profunda: el hombre es un fin en sí mismo y debe ser tratado como tal y no meramente como un medio. Esta nueva formulación de la dignidad se plasmará en el ámbito jurídico con la aparición de los derechos humanos. Desde ahora, la dignidad humana no sólo tiene un alcance vertical (la superioridad de los seres humanos sobre los animales) sino también un alcance horizontal (la igualdad de los seres humanos entre ellos sea cual sea el rango que cada uno pueda desempeñar en la sociedad). Es cierto que podemos encontrar precedentes a dicha igualdad del género humano en le pre-modernidad. Sin embargo, dicho precedentes no contestaban los tipos de organización social pre-modernos caracterizados por su desigualdad, donde el rango de cada uno constituía precisamente su dignidad y valor, justificando una división social entre dueños y esclavos, señores y vasallos, etc.

Decia S. Juan Crisóstomo

¿Cuál es, pues, el ser que va a venir a la existencia rodeado de semejante consideración? Es el hombre, grande y admirable figura viviente, más precioso a los ojos de Dios que la creación entera; es el hombre, para él existen el cielo y la tierra y el mar y la totalidad de la creación, y Dios ha dado tanta importancia a su salvación que no ha perdonado a su Hijo único por él. Porque Dios no ha cesado de hacer todo lo posible para que el hombre subiera hasta él y se sentara a su derecha (S. Juan Crisóstomo, In Gen. Sermo 2,1). [59]

En el catecismo de la iglesia católica,podemos leer que [60]

  • “Cristo manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación” (GS 22,1).
  • Dotada de alma espiritual, de entendimiento y de voluntad, la persona humana está desde su concepción ordenada a Dios y destinada a la bienaventuranza eterna. Camina hacia su perfección en la búsqueda y el amor de la verdad y del bien (cf GS 15,2).
  • La libertad verdadera es en el hombre el “signo eminente de la imagen divina” (GS 17).
  • El hombre debe seguir la ley moral que le impulsa “a hacer el bien y a evitar el mal” (GS 16). Esta ley resuena en su conciencia.
  • El hombre, herido en su naturaleza por el pecado original, está sujeto al error e inclinado al mal en el ejercicio de su libertad.
  • El que cree en Cristo tiene la vida nueva en el Espíritu Santo. La vida moral, desarrollada y madurada en la gracia, culmina en la gloria del cielo.

Es importante lo que dijo S.Leon Magno exhortando al cristiano:

“Cristiano, reconoce tu dignidad. Puesto que ahora participas de la naturaleza divina, no degeneres volviendo a la bajeza de tu vida pasada. Recuerda a qué Cabeza perteneces y de qué Cuerpo eres miembro. Acuérdate de que has sido arrancado del poder de las tinieblas para ser trasladado a la luz del Reino de Dios” (S. León Magno, serm. 21, 2-3).[61]

Esto está conforme a las escrituras

  • “para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios;” (Col. 1:10 RV 1960)
  • “14 como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; 15 sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; 16 porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.(A) 17 Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; 18 sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, 20 ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, 21 y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios. 22 Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro; 23 siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. 24 Porque: Toda carne es como hierba, Y toda la gloria del hombre como flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae;25 Mas la palabra del Señor permanece para siempre.(B) m Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada.” (1 Pe. 1:14-25 RV 1960)

Reconociendo en la fe su nueva dignidad, los cristianos somos todos llamados a llevar en adelante una vida digna del Evangelio de Cristo

  • “Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio” (Flp 1:27 RV 1960).

El camino de Cristo “lleva a la vida eterna”, pero un camino contrario nos “lleva a la perdición” (Mt 7:13; cf Dt 30:15-20 RV 1960).

En la didache de los apostoles, El primer siglo ofrece un documento, que habla del cómo educar en la fe, es decir proporciona métodos o, mejor dicho, pedagogías de cómo disponer al candidato para recorra un itinerario de fe. El documento proporciona de manera muy concreta un itinerario de la fe. Dice que

“Hay dos caminos, el uno de la vida, el otro de la muerte; pero entre los dos, una gran diferencia” (Didajé, 1,1).[62]

Siempre será Jesucristo “el camino, la verdad y la vida” (Jn 14:6). Contemplándole en la fe, los fieles de Cristo pueden esperar que Él realice en ellos sus promesas, y que amándolo con el amor con que él nos ha amado hagan las obras que corresponden a su dignidad:

Decía S. Juan Eudes que

Os ruego que penséis que Jesucristo, Nuestro Señor, es vuestra verdadera Cabeza, y que vosotros sois uno de sus miembros. El es con relación a vosotros lo que la cabeza es con relación a sus miembros; todo lo que es suyo es vuestro, su espíritu, su Corazón, su cuerpo, su alma y todas sus facultades, y debéis usar de ellos como de cosas que son vuestras, para servir, alabar, amar y glorificar a Dios. Vosotros y él sois como los miembros y su cabeza. Así desea él ardientemente usar de todo lo que hay en vosotros, para el servicio y la gloria de su Padre, como de cosas que son de él (S. Juan Eudes, cord. 1,5).[63]

La dignidad de la persona humana está enraizada en su creación a imagen y semejanza de Dios; se realiza en su vocación a la bienaventuranza divina. Corresponde al ser humano redimido por la sangre del Señor Jesus, el llegar libremente a esta realización, respetando Dios su libre albedrío sin que por esto,Dios abandone su soberania.

Por sus actos deliberados, la persona humana se conforma, o no se conforma, al bien prometido por Dios y atestiguado por la conciencia moral. Los seres humanos se edifican a sí mismos y crecen desde el interior: hacen de toda su vida sensible y espiritual un material de su crecimiento. Con la ayuda de la gracia divina el cristiano puede crecer en la garcia de Dios, evitan el pecado y, si lo cometen, tiene la posibilidad y el mandato de Dios de recurrir a Él como lo hizo el hijo pródigo (cf. Lc 15,11-31) a la misericordia de nuestro Padre celestial

Cada uno de nosotros es una persona, individuo de la especie humana, que presenta características particulares y curiosamente similares. Más que hablar de una definición única de lo que las personas somos habría que pensar en las propiedades que tenemos en virtud del ser personal; así pues, nos manifestamos en la experiencia como seres corpóreo-espirituales, con facultades como la inteligencia y la voluntad, con capacidades como la libertad y la afectividad, nos presentamos ante el mundo como únicos e irrepetibles, con una intimidad que nos permite relacionarnos con los demás y con un valor enorme que se resume en que somos DIGNOS. [64]

La imagen divina está presente en todo hombre. Resplandece en la comunión de las personas a semejanza de la unidad de las personas divinas entre sí. Dotada de un alma “espiritual e inmortal” (GS 14), la persona humana es la “única criatura en la tierra a la que Dios ha amado por sí misma” (GS 24,3). [65]

El hombre, persuadido por el Maligno, abusó de su libertad, desde el comienzo de la historia, en el huerto del Edén y lamentablemente,como nos narra el Genesis, sucumbió a la tentación y cometió el mal,desobedeciendo la Ley de Dios. Pero aún conserva el ser humano algo del deseo del bien que le es participado por haber sido creado a imagen y semejanza de Dios. Pero su naturaleza lleva la terrible herida del pecado original. Quedó inclinado al mal y sujeto al error y a la muerte fisica y eterna,a causa del pecado. De ahí que el hombre esté dividido en su interior,alienado. Y muerto en delitos y en epcados. Es por esto, que en toda vida humana, tanto singular o colectiva, vemos como aparece como una lucha interior, ciertamente dramática, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas,como dice el apostol Juan en su prólogo (cf. Juan 1)

Pero la buena noticia es que por su pasión, Cristo nos libró del poder de Satán y también por la redencion en nostros, del poder del pecado. Cristo nos mereció a los hombres la vida nueva en el Espíritu Santo. Y Su gracia restaura al convertirnos a El, lo que el pecado había deteriorado en nosotros. El que cree en Cristo de todo corazón, es por la fe que Dios lo hace su hijo. Esta adopción filial lo transforma dándole la posibilidad de seguir el ejemplo de Cristo, al darle un nuevo nacimiento. Le hace capaz de obrar rectamente y de practicar el bien.Una ortodoxia,una ortopraxis y un ortocardía serán las señales visibles y evidentes ahora de un verdadero cristiano. En la unión con su Salvador el discípulo alcanzará la perfección espiritual y la santidad. La vida moral, madurada en la gracia, culminará su proceso escatológico en la vida eterna, en la gloria celestial del cielo.Y al final de los tiempos, nuestros cuespos resucitarán, terminado asi este proceso de pecado y muerte.

Entonces, “hablar de persona humana es entonces una manera de hablar de dignidad. Sólo las personas, a diferencia de las cosas y de los animales, poseemos un valor propio, altísimo, que no resulta de utilidad o de eficiencia sino del propio acto de ser. Por ser quienes somos poseemos un valor inegociable, indubitable, inalienable. La persona entonces es merecedora del más absoluto respeto y no puede ser jamás empleada, a manera de cosa u objeto material, por parte de sus semejantes. Wojtyla, bajo el concepto de norma personalista de la acción, apunta al respecto:

…siempre que una persona sea el objeto de tu actividad, recuerda que tu no puedes tratar a esa persona sólo como el medio para un fin, como un instrumento, sino que es necesario que tomes en cuenta el hecho de que él o ella tienen también, o al menos deberían tener, fines personales distintos…(Citado en: GUERRA LÓPEZ, Rodrigo., Afirmar a la persona por sí misma. La dignidad como fundamento de los derechos de la persona., p. 144). [66]

La dignidad del hombre entonces no es sólo un discurso o una idea romántica, sino que se manifiesta fundamentalmente como un deber, como el deber de relacionarnos con nosotros mismos y con los otros en un clima de respeto y promoción de lo que cada uno significa en la existencia. Ambas dimensiones del valor absoluto de cada persona, se ven reflejadas en la siguiente reflexión:

…Compete a la persona, en sí misma, alcanzar la propia realización. La persona nace con la plenitud de una naturaleza ya realizada en su constitución ontológica, pero no en su constitución psíquica y moral: ha de recorrer un camino que la lleve a la plena realización, en el ejercicio de la autoconciencia y la autodeterminación…Por eso la persona tiene el derecho de que se respeten todos los elementos constitutivos que le garantizan dicha realización…(LUCAS LUCAS, Ramón., El hombre espíritu encarnado, p. 273).[67]

Reconocer y promover a la persona humana, afirmarla por sí misma porque vale por el hecho de ser, necesariamente nos introduce a una realidad común de nuestros días: los derechos humanos, o más atinadamente los derechos de las personas; aunque éstos no sean reconocidos o defendidos hacen referencia explícita al valor que cada persona ostenta. CS Lewis, escritor inglés del siglo pasado, afirmaba rotundamente sobre la relación interpersonal:

…No hay gente vulgar. Nunca hemos hablado con un mero mortal. Mortales son las naciones, culturas, corrientes artísticas y civilizaciones. Su vida se parece a la nuestra como la de un mosquito. Los seres con quienes bromeamos, trabajamos, nos casamos, a quienes desairamos y explotamos son inmortales: horrores inmortales o esplendores incabables…(Citado en MELENDO, TOMÁS., Las dimensiones de la persona., p. 21). [68]

A propósito de la dignidad este pensamiento reviste una importancia fundamental. La persona humana se encuentra abierta a la trascendencia de su ser y de sus actos, el respeto y protección de la dignidad de los otros nos acompañará siempre en el recuerdo mientras vivamos, así como el respeto y la promoción de nuestra propia dignidad.
Afirmábamos arriba que los seres humanos construimos nuestra personalidad mediante la libertad, pero definitivamente las relaciones interpersonales nos acompañan en todo momento; de nosotros depende que pueda darse la permanencia de un esplendor inacabable, cuando nos reconocemos a nosotros y a los otros seres humanos como dignos, o por el contrario al negarnos y con ello negarles el valor a los otros nos convertimos en un horror inmortal incapaz de ser plenamente humano. La dignidad no es cuestión de ideologías o postulados teóricos, es una experiencia de vida que nos permite ser humanos en el sentido más pleno del término y nos asegura la convivencia de la humanidad mediante la promoción y el respeto de lo más valioso: LO QUE CADA UNO DE NOSOTROS ES.[69]

Si el hombre ha de vivir una vida religiosa que sea digna de tal nombre, debe conocer a Dios, debe entrar en comunión con Dios. Esto envolverá necesariamente dos cosas: revelación de parte de Dios y una capacidad de parte del hombre para conocer a Dios; o para usar la más significante expresión, el hombre debe ser capaz de amistarse con Dios. El tema de la revelación se discutirá más adelante. En este capítulo queremos considerar el asunto de la capacidad del hombre para conocer a Dios o para relacionarse con él.
Debemos recordar, sin embargo, que estas dos cuestiones en realidad deben ir juntas, que ellas son dos fases de un asunto, y no realmente dos cosas separadas. La cuestión referente a si el hombre está en capacidad de relacionarse con Dios no puede establecerse aparte del punto de la revelación, así como la cuestión de que si el hombre ve no podría establecerse aparte de los objetos de la visión. Desde luego, que el hombre no podría ver a menos que hubiera objetos de visión, como tampoco podría haber objetos para ser vistos a menos que el hombre tuviera la capacidad de ver. Cada cosa envuelve a la otra. Lo mismo es cierto con referencia a la revelación y a la capacidad del hombre de tener relación con Dios. Algunas veces se ha discutido la capacidad del hombre para conocer a Dios como si tal capacidad en el hombre pudiera ser alguna cosa afuera de la revelación por parte de Dios. O se ha discutido la revelación como si pudiera existir una revelación independiente de la capacidad del hombre para recibir esa revelación. Pero semejantes abstracciones yerran el punto. El hombre no tiene capacidad para conocer a Dios excepto en la manera como Dios se revela a sí mismo, ni Dios podría revelarse a sí mismo a un ser que no tuviera capacidad de conocerlo. Lo uno implica lo otro.
Tampoco debe tomarse esto como si en la religión Dios y el hombre descansaran en un mismo plano de igualdad el uno con el otro. Esto no es cierto. Dios es siempre el que toma la iniciativa y actúa como creador. El hombre reconoce a Dios como soberano y actúa de conformidad. Sin embargo el hombre debe tener la capacidad para responder al poder creador y redentor de Dios. En otras palabras, debe haber algo más en el hombre de lo que hay en las cosas o en los animales; de otro modo él no podría ser religioso. Si no se encontrara en el hombre la capacidad que no existe en las cosas o en los animales, Dios no podría atraerlo a su compañía. [70]

Hay algo en el hombre que no se satisfará con lo visible y lo temporal. Algo en él clama por lo espiritual y por lo eterno. El hombre tiene sed de Dios. En medio de lo visible y lo transitorio, él alcanza lo invisible y lo que permanece. El Salmista expresa este grito universal del corazón humano cuando nos dice:

  • “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía” (Sal. 42:1 RV 1960).

Dondequiera que se encuentren los hombres han tenido siempre alguna forma de religión. Si hay algunas excepciones a esta afirmación, ellas son tan insignificantes que podemos descuidarnos de ellas. Todos los hombres de todas las razas y climas han clamado por Dios.
Otro hecho digno de mencionarse es que este anhelo del espíritu humano se satisface en Cristo. El es la luz del mundo (Juan 9:5). Es el pan de vida (Juan 6:35). Es el camino, la verdad y la vida (Juan 14:6). Es al alma lo que la luz es al mundo material. Es al espíritu del hombre lo que el pan es al cuerpo. El satisface los anhelos más profundos del espíritu humano.
Así vemos que el hombre fue hecho para el evangelio, y el evangelio fue hecho para el hombre. Se ajustan el uno al otro como el guante se acomoda en la mano. Cada uno fue designado para el otro. La naturaleza del hombre fue hecha para Dios, y aparte de Dios el hombre falla en su destino verdadero. [71]

LA OPINIÓN BÍBLICA GENERAL DEL HOMBRE [72]
1. El Hombre, más que un organismo físico.

Resulta evidente de la experiencia y de la observación por un lado y de la enseñanza de las Escrituras por el otro, que el hombre es más que un ser físico.
Su cuerpo vino del polvo de la tierra; pero Dios alentó en su nariz soplo de vida y el hombre fue hecho un alma viviente (Gén. 2:7). Dios hizo al hombre
a su propia imagen (Gén. 1:26, 27). Esto evidentemente hace referencia a la naturaleza espiritual del hombre, y no a su cuerpo. Esta imagen divina puede reflejarse en el hecho de que el hombre camina erecto,f2 pero la esencia de ello está en algo más hondo, en algo que no es visible al ojo físico. Hay una fase indivisible e inmaterial de esta vida.

2. El hombre, una personalidad espiritual.
Lo que la Biblia da a entender al referirse a que el hombre fue creado según la imagen divina, pudiera expresarse diciendo que el hombre es una persona espiritual. Quizá sería mejor decir que él tiene la capacidad de llegar a ser una persona así. La cosa más grande respecto al hombre no es lo que él ahora es,sino lo que es capaz de llegar a ser.

Quizá sea bueno fijarse en las capacidades del hombre, aquellas que se envuelven en su personalidad. ¿Cuáles son los poderes que el hombre posee y que lo hacen capaz de crecer en una personalidad espiritual -no poderes completamente desarrollados- antes bien, capacidades o potencialidades?
(1) Uno de ellos es la inteligencia.
El poder de pensar, de conocer, distingue al hombre de las cosas y de los animales. Los animales tienen una forma rudimentaria de inteligencia, pero en este respecto no se les puede poner en la misma clase con el hombre. El hombre tiene el poder de razonar, de reflexionar, de investigar, de sacar conclusiones, de guiar su vida por sus pensamientos y conclusiones. Los animales inferiores no pueden hacer nada de esto. El hombre no solamente tiene el poder de la conciencia; tiene el poder también de la conciencia de sí mismo. El tiene el poder de objetivar su yo, de hacer a su persona un objeto de pensamiento, de conocerse a sí mismo en relación con el mundo en el cual vivimos y en relación con otras personas. Ningún perro o caballo o mono ha mostrado nunca alguna señal de tal aptitud.
(2) Otra capacidad que pertenece al hombre en virtud de su personalidad espiritual es el poder o fuerza de voluntad.
El hombre tiene el poder de escoger, de formarse ideales, de encauzar sus energías hacia la realización de sus ideales. Algunos sostienen que el hombre no tiene libertad, que es totalmente determinado por la herencia y el ambiente. Otros han sostenido que su libertad es prácticamente sin límites, que él puede hacer cuanto le venga en gana. Ninguna de estas posiciones es acertada. El hombre es libre, mas su libertad es limitada. El está parcialmente determinado por la herencia y por el ambiente. Por la herencia y por el ambiente limitaciones muy serias le son impuestas, pero hasta cierto punto él puede superarlas un poco. Pudiéramos decir, más bien, que dentro de ciertos límites determinados por la herencia y el ambiente, el hombre tiene dirección propia. No es totalmente un esclavo de ambas cosas. Dentro del círculo de ellas, él tiene el poder de escogimiento y de determinación personal. Tiene el poder suficiente de elección como para ser un agente moral responsable.
Esta libertad es encarecida en el momento en que el hombre entra a una comunión consciente con Dios en Cristo. El Nuevo Testamento hace resaltar esta libertad de los hijos de Dios -aquellos que nacen de nuevo por la fe en Cristo. Esta es una libertad que le da al hombre, en principio, la victoria sobre sí mismo y sobre el mundo. El hombre, poseído por el Espíritu de Dios, es en verdad un ser real en cuanto a su poder sobre las fuerzas hostiles de la naturaleza y del pecado. Y aun por naturaleza hay en él un inherente poder de elección que lo hace capaz de recibir el evangelio, un poder que no posee ningún ser en el reino natural inferior a él.
(3) También el hombre posee el poder del afecto racional.
Los animales inferiores tienen el poder de la afección instintiva. En el mundo animal, la madre se sacrificaría por el bien de su cría. Pero en la vida humana,este poder de sacrificio se levanta hasta el nivel de la cualidad racional. Esto es, una persona puede, y algunas veces lo hace, elevarse hasta el nivel del sacrificio deliberado por el bien de otros. Esto se exhibe en la relación de familia -el padre por el hijo o el hijo por el padre. O tal sacrificio puede manifestarse por parte del amigo para el amigo, del patriota para su país, o en muchas otras relaciones humanas.

Luego, este poder se ve en su mejor expresión solamente donde el hombre ha sido purificado del pecado y atraído a la comunión con Dios en Cristo. La demostración suprema de semejante amor la encontramos en la cruz de Cristo;y Cristo solo tiene el poder de inspirar ese amor en el corazón de los hombres de modo que llega a ser la pasión consumidora y dominante de la vida.
(4) Como una personalidad espiritual, el hombre tiene también una naturaleza moral.
Esto significa que él tiene un sentido de lo bueno y lo malo, que puede distinguir entre lo bueno y lo malo y que se juzga a sí mismo y a otros con referencia a lo bueno y a lo malo.
El sentido de lo bueno y lo malo es inherente en el hombre; es una parte de su constitución moral. Sin esto él no sería humano; sólo sería una bestia. El hombre posee este sentido de lo bueno y lo malo en virtud del hecho de que él es humano. Por el sentido de lo bueno y lo malo damos a entender el sentimiento (o intuición) de que existen lo bueno y lo malo y de que nosotros estamos obligados a hacer lo bueno y a evitar lo malo. Este sentido de lo bueno y lo malo no puede originarse por experiencia ni en el individuo ni en la raza.
Tan lejos como este autor puede ver, dicho sentido viene a la raza y al individuo por medio de un acto creativo de Dios. Tampoco puede interpretarse este sentido de lo bueno y lo malo en términos de cualquier otra clase de experiencia. No puede reducírsele a lo placentero o a lo utilitario. El sentimiento de que una cosa es correcta y de que es agradable o útil son dos tipos de experiencia totalmente diferentes. La sensación de que un acto o curso de conducta es bueno o recto no es una sensación de utilidad. Ella participa de la naturaleza de un “imperativo categórico”. Sentimos que estamos obligados a hacer lo que es recto ya sea placentero o conveniente, o no. Podemos buscar lo que es agradable o conveniente; debemos seguir lo que es recto. La obligación moral es algo que se nos impone. Nosotros no ponemos la obligación sobre nosotros mismos. Algunas veces daríamos el mundo si nos pudiésemos desprender de ella. Está puesta sobre nosotros por el sistema de cosas al cual pertenecemos -según el cristiano cree- por Dios. Esta sensación de obligación moral puede ser aumentada o dilucidada, o puede ser encallecida por la experiencia; pero claramente se desprende de su naturaleza
que no es originada por o en la experiencia.

PODERES PERSONALES NECESARIOS A LA VIDA CRISTIANA [73]
Nos gustaría ahora señalar que estos poderes o capacidades del hombre como una persona espiritual son esenciales en su vida religiosa. Nosotros creemos que esto podría hacerse evidente con referencia a cualquier tipo de religión digna de considerarse, pero lo consideraremos desde el punto de vista del evangelio de Cristo. Siendo que es la Doctrina Cristiana lo que estamos considerando, y no la religión en general, veamos cómo estos poderes son esenciales a la comunión del hombre con Dios en Cristo. Esto es muy evidente,sin embargo, si guardamos en la mente las enseñanzas del Nuevo Testamento,no se hace necesaria una discusión extensa.

El evangelio del Nuevo Testamento fue un mensaje que cada hombre debía oír y aceptar por sí mismo. Este se dirigía al hombre como un ser inteligente y apeló a su mente y a su voluntad. No se disfrutaba de sus beneficios por virtud de ser un judío, ni en virtud de ser un miembro de una familia en particular.
Jesús causó división. El dividió familias (Mateo 10:21, 35, 36). Los hombres se aliaron alrededor de él o en contra de él. El apeló a la voluntad de los hombres. Ellos debían escoger el seguirlo.
Además, él resumió los requisitos de Dios para el hombre en el amor -amor a Dios y al hombre Marcos 12:30, 31). Este amor del que Dios habla no es afección natural; es buena voluntad racional. Y se espera de los hijos de Dios que tengan esta buena voluntad racional hacia todos los hombres -enemigos tanto como amigos. Y sólo de esta manera podemos ser verdaderos hijos de Dios (Mat. 5:43 sigtes.).
Sólo entonces, como un ser inteligente y libre, con poder para conocer y elegir,puede el hombre responder al evangelio de Cristo y aceptarlo. Solo como un ser con naturaleza moral capacitado para distinguir lo bueno de lo malo, con capacidad para amar a Dios y al hombre, puede él vivir la vida requerida por el evangelio.

La imagen y semejanza de Dios.[74]

La imagen y semejanza de Dios en e! hombre la encontramos en el AT (Gen.1:26-27; 5:1; 9:6), como también en el NT (I Cor.11:7; Stgo.3:9).

Es bastante difícil comprender perfectamente a qué se refiere la expresión “a imagen y semejanza de Dios”. En el Antiguo Testamento las palabras “imagen” y “semejanza” se usan indistintamente y pueden considerarse como sinónimos en muchas ocasiones. En ocasiones se usan las dos (cf. Gen.1:26; 5:3). En otras una sola (cf. Gen.1:27; 5:1; 9:6).

En el Nuevo Testamento se sigue una línea semejante. Pablo utiliza el término “imagen” y cambia “semejanza” por “gloria” (1 Cor.11:7). En ocasiones se utiliza sólo “imagen” (Col. 3:10). En ocasiones se usa sólo “semejanza” (Stgo. 3:9).

Es evidente que ambos términos se usan indistintamente en la Escritura para referirse a una misma cosa. Puede entenderse que la idea bíblica es que, mediante la creación, lo que era arquetípico en Dios se convirtió en una copia en el hombre. El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, y esto no fue algo añadido después de la creación. El hombre no sólo lleva la imagen de Dios, sino que es su verdadera imagen (I Cor.11:7; 15:49).

Al ver que estos términos se siguen usando para el hombre bajo el pecado es evidente que no perdió la imagen y semejanza de Dios, aunque sin lugar a dudas ésta ha sido oscurecida por el pecado.

¿En qué consiste la imagen de Dios en el hombre?

1) Semejanza moral

Las perfecciones morales de Dios se manifiestan en que Él es definitivamente bueno e infinitamente justo.

a) Dios hizo al hombre “muy bueno” (Gen.1:31). No sólo cumplía lo que Dios había determinado que sería el hombre, sino que le llenaba de complacencia. El hombre era santo, no en el sentido de impecabilidad, sino de ausencia de pecado. Por esto la fuerte sugerencia de la antigua situación citada en diferentes lugares: “sed santos, porque yo soy santo” (1 Pe. 1:16 rv 1960).

b) Dios hizo al hombre justo (Ecl. 7:29).

El hombre renovado en Cristo recupera lo que era el concepto de imagen y semejanza deterioradas por el pecado.

2) Dios es conocimiento supremo

Esto se hace manifiesto en el hombre cuando se convierte a Cristo (Col.3:10). Este conocimiento no es sólo la facultad de entendimiento, sino la capacidad de poder discernir y dar aprobación sincera a la verdad religiosa.

3) Dios es una persona

LA PERSONA HUMANA

Ni el más vigoroso personalismo filosófico llega jamás a una definición satisfactoria de la persona, ella solo puede provenir del dogma trinitario, como una revelación sobre la persona humana.

La Persona es “para” la comunión y “por” ella. Estrictamente hablando la Persona solo existe en Dios. El hombre tiene la nostalgia de llegar a ser “persona” y lo logra en su comunión con la Persona divina.

La filosofía griega conoce bien la noción de individuo pero ignora la de persona. Las tres Hipóstasis no son tres Dioses, sino tres principios: tres centros conscientes de la única existencia y de la única conciencia trinitaria. Es el Único en sí mismo.

La unicidad irreductible que hace de cada individuo un ser único (una persona) nos viene del dogma y escapa a toda definición racional. Solo se adquiere o por una aprehensión intuitiva o por una revelación mística.

La sabiduría de Dios ha circunscrito cada ser en sus propios límites. Si rebasa sus límites se pierde. La persona es un modo de existencia que personaliza la totalidad del ser: es la única que se piensa, reflexiona sobre sí y se determina a sí misma. Es el principio de integración que obra la unidad de todos los planos del ser. No es algo añadido al cuerpo, alma, espíritu, sino, más bien, su soporte o principio de vida fundamental para el destino del humano.

La hipóstasis es la superación de sí mismo, de la nuda humanidad. Su misterio es su propia trascendencia hacia Dios. Si bien el hombre crea ya la persona por medio de la alteridad humana, sol alcanza toda su verdad cuando se remonta a la conciencia que Dios tiene de él (cuando hay relaciones con el tú divino) así lo puramente humano es rebasado y el yo más íntimo, hipostático, no nos pertenece en propiedad, sino que lo recibimos en el orden de la gracia que lo perfecciona (“identidad o hipóstasis por gracia”).

La hipóstasis realiza y asume adrede el puesto avanzado de imago dei, órgano y lugar de la comunión con Dios que revela la estructura teándrica a imagen de Cristo: San Juan dice que en el siglo futuro “seremos semejantes a Él”. Un teandrismo de tal índole si bien ya está contenido potencialmente en la imago dei, de su grado de actualización depende el grado de germinación y florecimiento del prosopón (cierto rudimento de persona que todo humano posee) hacia el alcance de la hipóstasis. Es el paso del ser natural al ser crístico, a lo largo de la gran iniciación sacramental en la que la estructura humana es moldeada de nuevo como una estatua conforme a su arquetipo Cristo, pero sin olvidar que en Cristo Dios se une a lo humano y su comunión es máxima y única.

En el hombre la conciencia divina se sitúa y el teandrismo se realiza en la intimidad de la conciencia de sí mismo: “Vendremos y moraremos” (Jn. 14 RV 1960), “ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí”. Que Cristo se forme en vosotros.

El hombre es una criatura que ha recibido la orden de hacerse dios, de devenir hipóstasis deificada. La persona (prósopon) está llamada (para devenir hipóstasis) a reunir por amor la naturaleza creada con la increada, por la adquisición de la gracia.

En el hombre deificado la persona creada ve, en esta deificación misma, su naturaleza unida a la energía divina deificante, ésta queda enhipostasiada en la persona humana. De manera que la hipóstasis es el modo personal, único, sin par, de existencia teándrica del cristiano. Y aquí es donde hay que trazar la divisoria mística entre el hombre viejo y la nueva cristura. El individuo es una categoría sociobiológica, una parte del todo natural y definida por delimitación y aislamiento (oposición). En su estado natural, el prósopon se confunde con el individuo, no es más que una potencialidad de la persona. Al realizarse postula su tránsito a la hipóstasis, que es, en cambio, una categoría espiritual y, no siendo sino una parte, contiene en sí a la totalidad (lo que explica su capacidad de enhipostasiar). [75]

El hombre, al ser hecho a la imagen de Dios, tiene también todo lo que incluye a la persona:

a) Intelecto (capacidad para pensar). El hombre creado a imagen de Dios tiene una naturaleza racional de la cual no puede desprenderse sin dejar de ser hombre. Con el intelecto puede conocer a Dios.

b) Emociones (capacidad para sentir). Por esto está facultado para amar a Dios.

c) Voluntad (capacidad para elegir). Puede elegir obedecer a Dios.

Conclución

La Antropología es la ciencia que estudia al hombre. Antropología Bíblica es la parte de la Teología que estudia al hombre desde la perspectiva bíblica. Se define la Antropología teológica como “la rama de la ciencia teológica que trata sobre el hombre, tanto en su condición original como en su estado caído. Abarca la consideración de la creación del hombre, su condición primitiva, su prueba y su apostasía, su pecado original y sus actuales transgresiones” (The New Standard Dictionary), [76]

Este tema es siempre de singular importancia, a causa de que afecta personalmente a cada persona. El hombre es sobre todo un proyecto existencial con un destino eterno. En razón de las dificultades con que atraviesa en su vida, surgen tres preguntas que, a lo largo de los siglos, se ha procurado dar respuesta desde muchas perspectivas diferentes: a)¿Quién soy?, b)¿De dónde vengo? c)¿A dónde voy? Ninguna de las respuestas que puedan darse serán satisfactorias, salvo la que procede de la Escritura como Palabra de Dios. Solamente la Biblia tiene respuesta a estas inquietantes preguntas. El Libro de Dios presenta al hombre como un ser caído, pero junto con ello, como objeto del amor y de la gracia de Dios que provee para él salvación en Cristo Jesús. [77]

Se estudia de dos ángulos completamente diferentes: el de la filosofía humana y el de la Biblia. El primero no tiene ninguna relación con la Biblia, y evita toda clase de relación con la revelación bíblica. Esta es la que se ofrece como disciplina secular en las escuelas universitarias. El segundo es bíblico; se confina a la Palabra de Dios y a aquellas experiencias humanas que la corroboran y que pueden servir de testimonio de la verdad revelada en las Sagradas Escrituras. Evidentemente nuestro enfoque va a ser el bíblico.

La piedad creacional nos da conciencia de la dignidad del hombre y de Jesucristo, su cabeza. Dios sometió al hombre todas las criaturas (Sal 8:7 BJ), y constituyó a Cristo, también en cuanto hombre, Rey del universo, Señor del cielo y de la tierra (Mt 28:18), Heredero de todo (Heb 1:2). Ahora, como dice el Apóstol, “todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios”(l Cor 3:23 BJ). [78]

Por último, el horror al pecado surge de ver que por él nos entregamos a las criaturas, despreciando a su Creador. Es un abismo insondable de culpa y miseria en el que se hunden los pecadores: “Adoraron y sirvieron a la criatura en vez de al Creador. ¡Bendito él por siempre! Amén”(Rm 1:25 BJ). [79]

¿En qué consiste el camino de la vida eterna?

“El camino de la vida es este: ante todo amarás a Dios que te ha hecho y luego a tu prójimo como a ti mismo. Todo lo que quieras que no te suceda tampoco tú lo hagas a otro” (Didajé 1. 2). [80]

El amor al Creador es el rasgo fundamental.Como dice SAN BASILIO,

“nosotros amamos al Creador porque hemos..sido hechos por él, en él tenemos nuestro gozo, y en él debemos pensar siempre como niños en su madre”(Regla larga 2,2). [81]

  • “Venid, póstremenos por tierra, bendiciendo al Señor, Creador nuestro”(Sal 94:6 BJ); “él nos hizo y somos suyos”(99:3 BJ).

La admiración gozosa ante la creación, que canta incesantemente la gloria de Dios. En la visión cristiana del mundo -a pesar de estar tan estropeado por el pecado-, lo sustantivo es la contemplación admirada, lo adjetivo es el conocimiento penoso del mal. Y no debemos permitir que la pena predomine sobre el gozo. Por el contrario, el entusiasmo religioso debe llevarnos a decir:

  • “Tus acciones, Señor, son mi alegría, y mi júbilo las obras de tus manos. ¡Qué magníficas son tus obras, Señor, qué profundos tus designios! El ignorante no los entiende, ni el necio se da cuenta”(Sal.91,5-7 BJ).

Hemos de contemplar la presencia de Dios en sus criaturas. Mientras el hombre no ve a Dios en él mundo, está ciego; mientras no escucha su voz poderosa en la creación, está sordo (Sal 18, 2-5;28).

La admiración de Dios en sus criaturas es uno de los rasgos principales de la espiritualidad de S. AGUSTÍN:

“La hermosura misma del universo es como un grande libro: contempla, examina, lee lo que hay arriba y. abajo. No hizo Oíos, para que le conocieras, letras de tinta, sino que puso ante tus ojos las criaturas que hizo.’¿A qué buscas testimonio más elocuente? El cielo y la tierra te gritan:.Somos hechura de Dios” (Confesiones 10,6). [82]

Decía S. FRANCISCO DE ASÍS que

“en cualquier objeto admiraba al Autor, en las criaturas reconocía al Creador, se gozaba en todas las obras de las manos del Señor. Ve cuanto hay de bueno le gritaba: El que nos ha hecho es mejor…Abrazaba todas las cosas con indecible devoción afectuosa, les hablaba del Señor y les exhortaba a alabarlo. Dejaba sin apagar las luces, lámparas, velas, no queriendo extinguir con su mano la claridad que le era símbolo de la luz; eterna. Caminaba con reverencia sobre las piedras, en atención a Aquel que a sí mismo se llamó Roca…Pero ¿cómo decirlo todo? Aquel que es la fuente de toda bondad, el que será todo on todas las cosas, se comunicaba a nuestro Santo también en todas las cosas”(TOMáS DE CELANO, II Vida cp.121») [83]

Notas

  • [0] Gustavo Schujman, Filosofia. Nociones de lógica proposicional y lógica de clases,pag. 106, ed. Aique,Argentina,1ª ed
  • [1] Jose Rivera, Jose Maria Iraburu, Sintesis de espiritualidad católica, 2ª ed. ,pag. 20, Fundación Gratis Date – Pamplona 1989. impr. en España
  • [2] J.Gresham Machen, Vision cristiana del hombre, pag. 124, ed. El Estandarte
  • [3] CIRILO DE ALEJANDRÍA, De Trinante, 4, PG 77,1126s. cit en V.ARAUJO-J.CASTELLANO CERVERA – S.COLA – A.DESTRON – G.MURA – G.ROSSÉ – Dios amor en la tradición cristiana y en los interrogantes del hombre contemporáneo, pag. ed. Ciudad Nueva, 1993
  • [4] Ireneo, Adversus Haereses,III,19,3 PG 7,41 B, “Fue por exceso de caridad, de amor,por lo que se realizó la Encarnación, dira S.Buenaventura, (In Sententias,III,d.1.q.1) cit en V.ARAUJO-J.CASTELLANO CERVERA – S.COLA – A.DESTRON – G.MURA – G.ROSSÉ – Dios amor en la tradición cristiana y en los interrogantes del hombre contemporáneo, pag. ed. Ciudad Nueva, 1993
  • [5] http://www.onechurchad33.org/iglesiadecristo/pdf/Curiosidades/RECURSOS/Fundamentos.pdf
  • [6] Gustavo Schujman, Filosofia. Nociones de lógica proposicional y lógica de clases,pag. 107, op. cit
  • [7] ibid,pag. 107-108
  • [8] http://www.iglesiareformada.com/Calvino_Institucion_1_15.html , INSTITUCIÓN DE LA RELIGIÓN CRISTIANA POR JUAN CALVINO,LIBRO PRIMERO CAPÍTULO XV
  • [9] Vision cristiana del hombre,pag. 124, op. cit
  • [10] Ibid,pag. 162-164
  • [11] http://www.iglesiareformada.com/Calvino_Institucion_1_15.html , INSTITUCIÓN DE LA RELIGIÓN CRISTIANA POR JUAN CALVINO,LIBRO PRIMERO CAPÍTULO XV
  • [12] ATANASIO, Epístola de Synodis, 51, PG 26, 784.cit en V.ARAUJO-J.CASTELLANO CERVERA – S.COLA – A.DESTRON – G.MURA – G.ROSSÉ – Dios amor en la tradición cristiana y en los interrogantes del hombre contemporáneo, pag.121 ed. Ciudad Nueva, 1993
  • [13] CIRILO DE ALEJANDRÍA, Comm. in Joan., 1,13, PG 73,157 cit en V.ARAUJO-J.CASTELLANO CERVERA – S.COLA – A.DESTRON – G.MURA – G.ROSSÉ – Dios amor en la tradición cristiana y en los interrogantes del hombre contemporáneo, pag.121 ed. Ciudad Nueva, 1993
  • [14] ATANASIO, Contra Arríanos, 70, PG 26,296 AB.,cit en Dios amor en la tradición cristiana y en los interrogantes del hombre contemporáneo, pag.122 op. cit
  • [15] Dios amor en la tradición cristiana y en los interrogantes del hombre contemporáneo, pag.122 op. cit
  • Nota:

¿Qué es lo que significa que podemos llegar “a ser participantes de la naturaleza divina”?

Esta frase se encuentra solo en 2 Pedro 1:4. Probablemente, la mejor aproximación, al responder su pregunta, es examinar el pasaje y explorar su significado teológico. El texto dice:

  • “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huído de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia” (2 Ped. 1:3, 4 RV 1960)

Dividámoslo en secciones.
1. “Nos han sido dadas por su divino poder…” Satisfacer nuestras más profundas necesidades no es el resultado de nuestro poder, sino del poder divino “dado/concedido a nosotros”. La palabra traducida “divino” (del griego theios) es el mismo término utilizado en la frase “naturaleza divina”. La necesidad humana es definida como “la vida y la piedad”. El término “vida” parece referirse a la vida eterna, que los seres humanos perdieron por causa del pecado. “Piedad” enfatiza la semejanza con Dios en la experiencia diaria de los creyentes, al vivir una vida santa. Cristo ha provisto para nuestra relación futura con él, a lo largo de la vida eterna, y para nuestro presente caminar con él a través de una vida santificada (ver 2 Ped. 3:11).
2. mediante el conocimiento de aquel…” El don nos alcanza por medio de nuestro conocimiento de Cristo. Esta no es simplemente una información, sino un profundo compromiso personal, un conocimiento experimental acerca del poder salvador de Cristo. Aquí, nuevamente, es Cristo quien toma la iniciativa, al llamarnos a esa relación. Nos llama por medio de la revelación de “su gloria y excelencia”. El texto presupone el papel del Espíritu Santo como el revelador de la gloria, o majestad, de Cristo (su deidad) y de su excelencia (la excelencia de su vida).
3. por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas…” La gloria y la excelencia de Cristo son los medios por los que recibimos las promesas de Dios. Estas “preciosas y grandísimas” promesas son inestimables, porque están basadas en el sacrificio inapreciable de Cristo (1 Ped. 1:18, 19). Incluyen no solo todas las cosas que “pertenecen a la vida y a la piedad”, sino también lo que sigue.
4. para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina…” Cuando nos apropiamos por fe de esas promesas, inmediatamente llegamos a ser participantes de la naturaleza divina. Son acompañadas por el privilegio de participar de la naturaleza divina. Obviamente, Pedro no está diciendo que llegamos a ser dioses, sino que participamos de lo que no es nuestro por naturaleza o por derecho. Describe un honor que nos es dado merced a la obra salvadora de Cristo: la prerrogativa de estar en unión con Dios y participar de su “poder divino” (vers. 3). Llegar a ser participantes de la naturaleza divina significa ser capacitados, gracias al poder de Dios, para llegar a ser como Dios, espiritualmente y moralmente, en nuestra experiencia diaria.
5. habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo…” Nuestra participación de la naturaleza divina posibilita que vivamos píamente, escapando de la corrupción que hay en el mundo causada por la concupiscencia. La construcción gramatical sugiere que la participación de la naturaleza divina sigue a nuestro escape de la corrupción que hay en el mundo: “Habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo causada por la concupiscencia, hemos llegado a ser participantes de la naturaleza divina”. En ese caso, nuestro escape de la corrupción toma lugar en el momento de la conversión. Y ahora, por causa de nuestra participación en la naturaleza divina, somos preservados, en un mundo de pecado, de esa influencia corruptora.

Conclución: Este pasaje enfatiza varias ideas.

a. Primero: Pedro indica que la salvación es el resultado de la obra de Dios, de comienzo a fin. Es un don divino, que nos es concedido por medio de Cristo.
b. Segundo: la salvación es nuestra solo por la unión con Dios por medio de Cristo, que es no solo humano sino también divino. Cuando somos conectados con Cristo y somos partícipes de su naturaleza divina, estamos “en Cristo” (1 Ped. 3:16; 2 Ped. 1:5-9).
c. Tercero: esta experiencia presupone que la naturaleza humana está debilitada espiritualmente y en constante necesidad del poder divino. En la resolución del predicamento humano, Dios nos garantiza el privilegio de una unión verdadera con él en Cristo. http://biblicalresearch.gc.adventist.org/preguntasbiblicas/participes%20naturaleza%20divina.htm

  • [16] ATANASIO, Contra Aríanos, 70, PG 26,296 AB.cit en Dios amor en la tradición cristiana y en los interrogantes del hombre contemporáneo, pag.122 op. cit
  • [17] BASILIO, Contra Eunomium, 3, 5, PG 29, 665 BC.cit en Dios amor en la tradición cristiana y en los interrogantes del hombre contemporáneo, pag.123 op. cit
  • [18] Dios amor en la tradición cristiana y en los interrogantes del hombre contemporáneo, pag.123 op. cit
  • [19] ORÍGENES, Comm. in Epist. adRom., 4, 9, PG 14, 997 C. cit en Dios amor en la tradición cristiana y en los interrogantes del hombre contemporáneo, pag.123 op. cit
  • [20] MÁXIMO EL CONFESOR, Questiones ad Tbalassium, 59, PG 90,508-609.cit en Dios amor en la tradición cristiana y en los interrogantes del hombre contemporáneo, pag.123 op. cit
  • [21] PSEUDO-MACARIO, Homiliae 15,38, PG 34, 602.cit en Dios amor en la tradición cristiana y en los interrogantes del hombre contemporáneo, pag.123-124, op. cit
  • [22] GUILLERMO DE SAINT-THIERRY, Expositio super Canticum, PL 11 506 BC.cit en Dios amor en la tradición cristiana y en los interrogantes del hombre contemporáneo, pag.124, op. cit
  • [23] Gregorio de Nisa,oratio catechetica.PG 44,740, cit en Dios amor en la tradición cristiana y en los interrogantes del hombre contemporáneo, pag.124, op. cit
  • [24] Dios amor en la tradición cristiana y en los interrogantes del hombre contemporáneo, pag.124, op. cit
  • [25] CIRILO DE ALEJANDRÍA, Comm. in Joan, 17, PG 74,553.cit en Dios amor en la tradición cristiana y en los interrogantes del hombre contemporáneo, pag.126-127, op. cit
  • Nota:
  • La Transustanciación es una doctrina de la Iglesia Católica Romana. El Catecismo de la Iglesia Católica define esta doctrina en su sección 1376:“El Concilio de Trento resume la fe católica declarando: “Puesto que Cristo nuestro Redentor dijo que era verdaderamente su sangre la que se ofrecía bajo las especies del pan, ésta siempre ha sido la convicción de la Iglesia de Dios, y este santo Concilio lo declara nuevamente ahora, que por la consagración del pan y el vino, se efectúa un cambio de toda la sustancia del pan en la sustancia del cuerpo de Cristo nuestro Señor y toda la sustancia del vino en la sustancia de su sangre. A este cambio, la santa Iglesia Católica le ha llamado justa y apropiadamente la transustanciación.”En otras palabras, la Iglesia Católica Romana enseña que una vez que un sacerdote ordenado, bendice el pan en la Cena del Señor, éste se transforma en la misma carne de Cristo (aunque retiene su apariencia, olor y sabor de pan); y cuando él bendice el vino, éste es transformado en la misma sangre de Cristo (aunque retiene la apariencia, olor y sabor del vino). ¿Es bíblico este concepto? Hay algunas Escrituras que si se interpretan estrictamente en su forma literal, indicarían que la presencia de Cristo “está realmente” en el pan y el vino. Como ejemplo tenemos a Juan 6:32-58; Mateo 26:26; Lucas 22:17-23; y 1 Corintios 11:24-25. El pasaje que se señala más frecuentemente es Juan 6:32-58, especialmente los versos 53-57, “Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.”Los Católicos Romanos interpretan este pasaje literalmente, y aplican este mensaje a la Cena del Señor, al cual ellos llaman la “Eucaristía” o “Misa”. Aquellos que rechazan la idea de la transustanciación interpretan la idea de las palabras de Jesús en Juan 6:53-57 figurativa o simbólicamente. ¿Cómo podemos saber cuál es la interpretación correcta? Pero, a Dios gracias, Jesús hizo excesivamente obvio lo que Él quiso decir. En Juan 6:63 declara, “El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.” Jesús establece específicamente que Sus palabras son “espíritu”. Jesús estaba usando conceptos físicos, como el comer y el beber, para enseñar una verdad espiritual. De la misma manera que el consumir físicamente comida y bebida mantiene nuestros cuerpos físicos, de igual manera nuestras vidas espirituales son salvadas y construidas al recibir a Jesucristo por gracia a través de la fe. El comer la carne de Jesús y beber Su sangre son los símbolos de haberle recibido total y completamente en nuestras vidas.Las Escrituras declaran que la Cena del Señor es un memorial del cuerpo y la sangre de Cristo (Lucas 22:19; 1 Corintios 11:24-25), y no la consunción misma de Su sangre y cuerpo físico. Cuando Jesús estaba hablando en Juan capítulo 6, aún no había tenido lugar la Última Cena con Sus discípulos, en la que Él instituyó la Cena del Señor. Es injustificado leer La Cena del Señor / Comunión Cristiana en el capítulo 6 de Juan. Para una información más completa sobre estos puntos, favor de leer nuestro artículo titulado: La Sagrada Eucaristía.La razón principal por la que la transustanciación debe ser rechazada es porque es vista por la Iglesia Católica Romana como un “re-sacrificio” de Jesucristo por nuestros pecados, o como una “re-ofrenda / re-presentación” de Su sacrificio. Esto está directamente en contradicción a lo que dice la Escritura; que Jesús murió “una sola vez” y no necesita ser sacrificado nuevamente (Hebreos 10:10; 1 Pedro 3:18). Hebreos 7:27 declara, “que no tiene necesidad cada día como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo (Jesús) UNA VEZ para siempre, ofreciéndose a Sí mismo.”http://www.gotquestions.org/espanol/transustanciacion.html
  • [26] CIRILO DE ALEJANDRÍA, Comm. in Joan, 17, PG 74,553.cit en Dios amor en la tradición cristiana y en los interrogantes del hombre contemporáneo, pag.126-127, op. cit
  • [27] HILARIO, La Trinidad, BAC, Madrid 1986, pp. 372-374. (De TriniIte, 8,13-16, PL 10,246-249).cit Dios amor en la tradición cristiana y en los interrogantes del hombre contemporáneo, pag.127, op. cit
  • [28] ATANASIO, Oratio II contra Arianos, 61, PG 26, 276s.; y GREGORIO DE NISA, Homiliae in Canticum, 15, PG 44,1117 A. cit en Dios amor en la tradición cristiana y en los interrogantes del hombre contemporáneo, pag.127, op. cit
  • [29] CIRILO DE JERUSALÉN, Catechesis XXII Mystagogica IV, 3, PG 33,1100.cit en Dios amor en la tradición cristiana y en los interrogantes del hombre contemporáneo, pag.127, op. cit
  • [30] S.Agustin, cit en http://lutero.biblioteca-tercer-milenio.com/Saladelectura/LaCautividadBabilonicadelaIglesia/Libro/1.htm
  • [31] Walter Thomas Conner,revelation and God (Nahville:Broadman Press,1936),53 cit en Roy T.Edgermon, Las doctrinas que creen los bautistas, pag.36 , Convention Press,Nashviller,Tennesse,E.U.,1989
  • [32] Dios amor en la tradición cristiana y en los interrogantes del hombre contemporáneo, pag.125, op. cit
  • [33] ibid,p. 124
  • [34] Dios amor en la tradición cristiana y en los interrogantes del hombre contemporáneo, pag. op. cit
  • [35] Diccionario biblico expositor Vine NT+
  • [36] Diccionario Expositor Strong
  • [37] Las doctrinas que creen los bautistas, pag.36-37,op. cit
  • [38] Wilbur F.Tillet, La doctrina de la salvación. Estudios sobre las doctrinas cristianas que se refieren a la vida espiritual, pag. 284-285 ed. Clie
  • [39] Dios amor en la tradición cristiana y en los interrogantes del hombre contemporáneo, pag.125, op. cit
  • [40] Duns Scoto,Reportata parisiensia,7,IV cit en Dios amor en la tradición cristiana y en los interrogantes del hombre contemporáneo, pag.128-129, op. cit
  • [41] Cf. GREGORIO DE NISA, Psalmis, 4, PG 44,446 BC. cit en Dios amor en la tradición cristiana y en los interrogantes del hombre contemporáneo, pag.129, op. cit
  • [42] IRENEO, Adversus haereses, lib. III, X, 2, PG 7, 873; ATANASIO, Contra Arianos, 1, 29, PG 25, 192.cit en Dios amor en la tradición cristiana y en los interrogantes del hombre contemporáneo, pag.129, op. cit
  • [43] MÁXIMO EL CONFESOR, Ambiguorum Líber, PG 91, 1308 B.cit en Dios amor en la tradición cristiana y en los interrogantes del hombre contemporáneo, pag.129, op. cit
  • [44] ATANASIO, La Encarnación del Verbo, loe. cit., cf. nota 64.cit en Dios amor en la tradición cristiana y en los interrogantes del hombre contemporáneo, pag.129, op. cit
  • [45] Cf. S.N. BOULGAKOV, Agnus Dei, Aubier, París, 1943.cit en Dios amor en la tradición cristiana y en los interrogantes del hombre contemporáneo, pag.129, op. cit
  • [46] Las doctrinas que creen los bautistas, pag.51-52,op. cit
  • [47] Ibid, pag. 53
  • [48] Ibid pag. 53
  • [49] http://www.monografias.com/trabajos27/dignidad-persona/dignidad-persona.shtml
  • [50] Ibid
  • [51] Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, 12,3 cit en Catecismo de la Iglesia Catolica, pag. 93,item 356, Conferencia Episcopal Argentina
  • [52] C.S. LEWIS, La abolición del Hombre, trad. Paul Salazar A., Ed. Andres Bello, Barcelona, 2000, p. 60,cit en http://universitas.idhbc.es/n01/01_03pele.pdf
  • [53] Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, 24,3 cit en Catecismo de la Iglesia Catolica, pag. 93,item 356, Conferencia Episcopal Argentina
  • [54] S. Catalina de Siena, Diáloghi 4,13 cit en Catecismo de la Iglesia Catolica, pag. 93,item 356, Conferencia Episcopal Argentina
  • [55] Catecismo de la Iglesia Catolica, pag. 93,item 358, op. cit
  • [56] http://hectorsampieri.blogia.com/2004/090803-aproximaciones-a-la-dignidad-de-la-persona-humana.php
  • [57] WOJTYLA., Karol., La subjetividad y lo irreductible en el hombre., en El Hombre y su Destino., p.33.cit en http://hectorsampieri.blogia.com/2004/090803-aproximaciones-a-la-dignidad-de-la-persona-humana.php
  • [58] http://cmap.upb.edu.co/servlet/SBReadResourceServlet?rid=1232490775843_1211208341_3057
  • [59] S. Juan Crisóstomo, In Gen. Sermo 2,1.PG 54,587D-588A cit en Catecismo de la Iglesia Catolica, pag. 93,item 358, op. cit
  • [60] Catecismo de la Iglesia Catolica,pag. 449,op. cit
  • [61] S. León Magno, serm. 21, 2-3 cit en http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3_sp.html #169
  • [62] Para poder cotejar mejor las enseñanzas de la Didajé es preciso tener presente las siguientes características:
  1. La Didajé está dirigida los candidatos provenientes del paganismo. Su universo poblado de dioses y demonios requiere el anuncio de un solo Dios que ha creado todo.
  2. Se puede presuponer con seguridad que el catecúmeno ha escuchado el kerigma y conoce Jesucristo y sus enseñanzas ya que se le enseña a vivir las bienaventuranzas en su propia vida.
  3. La Didajé sólo transmite indirectamente enseñanzas y contenidos de fe. Su cometido consiste en establecer concretamente las maneras de cómo introducir a la fe.
  4. Para el autor de la Didajé la misma pedagogía no es objeto de libre elección. Al finalizar la parte dedicada a los catecúmenos dice expresamente: “cuidado que nadie te desvíe de este camino de la doctrina, es que te enseña fuera de Dios” (Didajé 6. 1). Y si tomamos en cuenta el título del documento: “Enseñanzas del Señor a las naciones por medio de los 12 Apóstoles”, es patente que se le ha asignado una grande autoridad. Algunos Padres de la Iglesia la citan como Sagrada Escritura. Tenemos aquí otro indicio de que se procedía de una manera similar en otras comunidades.
  5. Los cristianos de la Didajé sabían y vivían la conciencia de ser miembros de la Iglesia universal. Uno de los muchos indicios de esta universalidad doctrinal y pedagógica consiste en que los cristianos aprenden a discernir la autenticidad de la fe no sólo del cristiano extranjero y desconocido sino también de personajes importantes como los didáscalos y profetas. Es decir, se trata de criterios comunes para las comunidades cristianas de aquel entonces. http://www.mscperu.org/teologia/Padres/Didache/pedagogiaDidache.htm

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