María “pagó” su ofrenda de pobre a Dios por Jesús


María “pagó” su ofrenda de pobre a Dios por  Jesús

Por Paulo Arieu

Introducción

  • “Y como se cumplieron los días de la purificación de ella, conforme á la ley de Moisés, le trajeron á Jerusalén para presentarle al Señor, (como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz, será llamado santo al Señor), Y para dar la ofrenda, conforme á lo que está dicho en la ley del Señor: un par de tórtolas, ó dos palominos.” (Luc 2:22-24)

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No es mucho lo que dicen los Evangelios de María, pero sí más que suficiente para descubrir su fe y su compromiso. La aglomeración de peregrinos había cesado en Belén. Después del nacimiento de Jesús, José encontró un lugar más decente para alojar a la “Sagrada Familia”. Allí, a los ocho días, realizó el rito de la circuncisión, por el que los varones comenzaban a formar parte del pueblo de Israel, y el niño recibió oficialmente el nombre de Jesús, como le había llamado el ángel antes de que fuera concebido en el seno materno (Luc. 2:21). Cuarenta días después, María y José tomaron “al Niño” y lo condujeron a Jerusalén, cumplidos los días de su purificación según la Ley de Moisés (…), para presentarlo al Señor, como está mandado en la Ley del Señor (…) y para presentar como ofrenda un par de tórtolas o dos pichones, según lo mandado en la Ley del Señor (Luc. 2:22-25).

Cuando María dió a luz a Jesús, tuvo que buscar una cueva donde los pastores guardaban los rebaños de ovejas (Luc. 2:7), pues ni una simple posada les quiso acoger, les contestaron que estaba todo ocupado. Seguro que aquella cueva no eran hospitales de alta complejidad, o uno de esos tantos hospitales de nuestros paises latinos que los gobiernos de ahora quieren privatizar a ultranza, ni siquiera uno del Tercer Mundo, donde hasta entran los perros a comer los desechos quirúrgicos humanos, o los familiares que visitan a los enfermos tiene que dormir debajo de la cama del propio enfermo.!!!

María y la ofrenda virtuosa

En el cumplimiento de los requisitos exigidos por la ley mosaica José y María se presentan –en el templo de Jerusalén en su condición de pobres. Como cuarenta días después del nacimiento de Jesús, José y María le llevaron a Jerusalén, para presentarle al Señor y ofrecer sacrificio. Ello estaba de acuerdo con la ley judaica, y como substituto del hombre, Jesús debía conformarse a la ley en todo detalle. Ya había sido sometido al rito de la circuncisión, en señal de su obediencia a la ley. Como ofrenda a favor de la madre, la ley exigía un cordero de un año como holocausto, y un pichón de paloma como ofrenda por el pecado. Pero la ley estatuía que si los padres eran demasiado pobres para traer un cordero, podía aceptarse un par de tórtolas o de pichones de palomas, uno para holocausto y el otro como ofrenda por el pecado.

La ofrenda de Maria, en el acto de presentación del niño es la que correspondía a los pobres: “Y para ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor: Un par de tórtolas o dos palominos” (Luc. 2:24). ¿Qué dice la ley en cuestión? “Y si no tiene lo suficiente para un cordero, tomar á entonces dos tórtolas o dos palominos, uno para holocausto y otro para expiación” (Lev. 12:8). José tampoco dispuso de los medios económicos para enviar a Jesús a la Escuela de los Escribas: “Y se maravillaban los judíos diciendo: ¿cómo sabe este letras, sin haber estudiado?” (Jn. 7:15). El mismo Jesús afirma que no tiene ni donde reclinar su cabeza (Mat. 8:20). Sus compatriotas lo conocían como un trabajador manual: “¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón?” (Mar. 6:3). Durante su vida no acumuló riquezas y al morir tiene –que encargar a un amigo que cuide de su madre (Jn. 19:25–27).

Las ofrendas presentadas al Señor debían ser sin mácula. Estas ofrendas representaban a Cristo, y por ello es evidente que Jesús mismo estaba exento de toda deformidad física. Era el “cordero sin mancha y sin contaminación.” Su organismo físico no era afeado por defecto alguno; su cuerpo era sano y fuerte. Y durante toda su vida vivió en conformidad con las leyes de la naturaleza. Tanto física como espiritualmente, era un ejemplo de lo que Dios quería que fuese toda la humanidad mediante la obediencia a sus leyes.  La dedicación de los primogénitos se remontaba a los primeros tiempos. Dios había prometido el Primogénito del cielo para salvar al pecador. Este don debía ser reconocido en toda familia por la consagración del primer hijo. Había de ser dedicado al sacerdocio, como representante de Cristo entre los hombres.

La ley de presentar a los primogénitos era muy significativa. Al par que conmemoraba el maravilloso libramiento de los hijos de Israel por el Señor, prefiguraba una liberación mayor que realizaría el unigénito Hijo de Dios. Así como la sangre rociada sobre los dinteles había salvado a los primogénitos de Israel, tiene la sangre de Cristo poder para salvar al mundo.

¡Cuánto significado tenía, pues, la presentación de Cristo! Mas el sacerdote no vio a través del velo; no leyó el misterio que encubría. La presentación de los niños era escena común. Día tras día, el sacerdote recibía el precio del rescate al ser presentados los niños a Jehová. Día tras día cumplía con la rutina de su trabajo, casi sin prestar atención a padres o niños, a menos que notase algún indicio de riqueza o de alta posición social en los padres. José y María eran pobres; y cuando vinieron con el niño, el sacerdote no vio sino a un hombre y una mujer vestidos como los galileos, y con las ropas más humildes. No había en su aspecto nada que atrajese la atención, y presentaban tan sólo la ofrenda de las clases más pobres.

Negación gnóstica de este relato

51wP-pWMemL__SL160_PIsitb-sticker-arrow-dp,TopRight,12,-18_SH30_OU01_AA160_Sylvia Brown, autora del libro “La vida mística de Jesús”, libro número uno en la lista de los libros mas vendidos del New York Times, cita que

Cuando Cristo nació en la posada, corrió la idea de que posiblemente esas dos personas de  la realeza habian traido al mundo al Salvador del que hablaba la profecía. ¿Tu crees que, tal como se describe en el ev. de Lucas, una familia campesina pobre habría  sido admitida en el templo para presentar a Cristo tras su nacimiento, con el objeto de que fuera bendecido y santificado? No, porque para ser admitido había que hacer ofrendas y donar dinero. De manera que fue una familia real la que presentó a Cristo en el templo.[1]

Sylvia Brown se identifica como clarividente, precognitiva, clarividente, profeta, sensible y medium de trance. [3] También gnóstica y miembro de la Iglesia cristiana gnóstica Novus Spiritu (Nuevo Espiritu).[4]

Convengamos primeramente, en que ni Jesús ni María estaban obligados a seguir estas prescripciones. Ninguna impureza legal había contraído María, pues había concebido y dado a luz virginalmente; tampoco la ley de rescate del primogénito concernía a Jesús, auténtico “Cordero de Dios” que venía a quitar los pecados del mundo. Y, sin embargo, por tres veces, en pocos versículos, se hace hincapié en que todo se llevó a cabo en estricta obediencia a la Ley de Dios. A tarves del estudio de la Palabra de Dios, se descubre en este episodio una razón más profunda. En primer lugar, el cumplimiento de la profecía de Malaquías (Mal. 3:1).

Además, María comprendió que Jesús debía ser conducido al Templo, no ya para rescatarlo como a los demás primogénitos, sino para ser ofrecido a Dios en verdadero sacrificio. Así lo expresa la Carta a los Hebreos: Al entrar en el mundo, dice: “Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; Mas me preparaste cuerpo.Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron.Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, Como en el rollo del libro está escrito de mí. ” (Heb. 10:5-7).

Del relato biblico se desprende que ellos eran pobres,y que la ofrenda que presentaron era la de los mas humildes. Ellos dieron como ofrenda un par de tórtolas o dos pichones, según lo mandado en la Ley del Señor (Luc. 2:22-25).

  • “Y como se cumplieron los días de la purificación de ella” (v. 22).

La purificación se aplica solamente a la madre. Ya sea intencionalmente o no, aquí Lucas parece combinar dos ritos:

a) La purificación de la madre después del nacimiento de un hijo (Lev. 12:1-8). Se considera a la madre impura por cuarenta días después del nacimiento de un hijo o por ochenta días después del nacimiento de una hija. Durante ese tiempo se le prohíbe ir al templo o tomar objetos santos con sus manos. La ofrenda apropiada para la ceremonia de purificación es un cordero o una paloma, pero la ley provee una excepción para los pobres, a quienes se le permite traer dos palominos (Lev. 12:8). Esta ofrenda de dos palominos nos dicen que José y María eran pobres. Jesús comienza su vida siendo uno de los pobres y cuya causa él va a defender durante todo su ministerio.

b) Su presentación en el templo, una consagración y redención del primogénito (Éx. 13:1-2, 11-16) que significa que el niño es “santo al Señor” (v. 23). La redención conmemora la liberación del pueblo de Israel a través de la última plaga: la muerte de los primogénitos en Egipto. Por lo tanto, todo primogénito de Israel (tanto animales como humanos) debe ser redimido. El precio de la redención de un bebé humano es de cinco siclos de plata (Núm. 18:15-16). El propósito de esta ceremonia es servir “como una señal sobre tu mano, y por una memoria delante de tus ojos; ya que Jehová nos sacó de Egipto” (Éx. 13:16). Sin embargo, Lucas no menciona la redención de Jesús aquí.

“Esta no es incompetencia histórica por parte de Lucas, sino un simbolismo deliberado. A Jesús nunca se le “redime”, sino que pertenece completamente al Señor” (Farris, 302).[2]

c) Una tercera razón puede ser la circuncisión. Esa se llevó a cabo un poco antes, el octavo día después del nacimiento de Jesús (v. 21).

Lucas deja claro que Jesús, desde el principio, es obediente a la Ley de Moisés. También confirma la devoción de José y María a la ley, mencionando la ley tres veces en los versículos Luc.2:22-24 y una vez más en los versículos Luc.2: 27, 39. Lucas ya nos ha dicho sobre la devoción espiritual de María (Luc. 1:38, 46-55). Luego sabremos que José y María van a Jerusalén cada año para la Pascua (Luc. 2:41-42).

Lucas

“está interesado en enfatizar la continuidad entre la herencia religiosa judía, representada por la ley de Moisés y el culto del Templo, y el inminente cumplimiento de la salvación a través de la persona y ministerio de Jesús, aunque eso se extienda mucho más allá de los límites que definen a Israel” (Nickle, 27). [5]

Pero donde mejor vemos la calidad humana, social y creyente de María es en el Canto del Magníficat que San Lucas pone en su boca, y entre otras cosas dice; “mi alma da gracias a Dios porque puso en mi sus ojos que soy una esclava… Porque desplegó la fuerza de su brazo para dispersar a los soberbios, derribar de sus tronos a los potentados y exaltar a los pobres, colmar de bienes a los hambrientos y despedir a los ricos sin nada”.

¡Cuantos tronos y potentados sobran en el mundo actual! ¡Cuantos hambrientos necesitan ser colmados de bienes! ¡Cuántos ricos deberían quedar sin nada para que supieran lo que es ser pobre, pasar hambre, sufrir subdesarrollo mental de un 20 % como les pasa a los niños de millones de madres del Tercer Mundo, subalimentadas durante el embarazo, o mal alimentados en los primeros años de vida, cuyas neuronas cerebrales no alcanzan el desarrollo adecuado o les impide la completa arborización dendrítica del cerebro, que no concluye hasta los veinte años y que les afectará negativamente para el resto de su vida! [9]

María era pobre, pues cuando ella y José presentan al niño en el templo hicieron la ofrenda de dos pichones, era la ofrenda de los pobres, como leemos que cita Lucas.  La pregunta que uno no puede dejar de hacerse es porqué los católicos la representan vestida de ropajes lujosos, con coronas de perlas, con rostro de misses, manos de sangre azul, etc. Tampoco lo justifica que nos digan que se trata de regalos. No aceptemos regalos así, ella no los quiere y Dios tampoco. Lo que ella quiere, lo que María hubiese querido de haber estado aca en la tierra, es que nos preocupemos de tantos y tantos cristianos hijos de Dios empobrecidos que están muriendo de injusticia, de hambre, de enfermedad, de ignorancia, de explotación, de violencia, de falta de trabajo, de que no les quitemos la tierra en Africa o América, de que no los echemos de casa desahuciados.Que reconozcamos que “porque nada hay imposible para Dios.”(Lc.1:37 RV 1960) Y que como dijo María, exaltemos al Señor, el Poderoso, en lugar de a ella que fue un bello ser humano.

  • “Entonces María dijo: Engrandece mi alma al Señor;Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. Porque ha mirado la bajeza de su sierva; Pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones. Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Santo es su nombre,  Y su misericordia es de generación en generación A los que le temen. Hizo proezas con su brazo; Esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones.Quitó de los tronos a los poderosos, Y exaltó a los humildes.  A los hambrientos colmó de bienes, Y a los ricos envió vacíos.  Socorrió a Israel su siervo, Acordándose de la misericordia De la cual habló a nuestros padres, Para con Abraham y su descendencia para siempre.”(Lc.1:46-56)

Maria y la profecía

Desde los primeros momentos de su vida terrena, Jesús se asocia a María en el sacrificio redentor que había venido a cumplir. Esta participación en el misterio de la Redención le fue revelada a Maria poco a poco. El ángel de la Anunciación nada le había dicho a este propósito, pero ahora le será comunicado por las palabras de Simeón, un anciano justo y temeroso de Dios que había recibido la revelación del Espíritu Santo de que no moriría antes de ver al Cristo del Señor (Luc 2:26).

El encuentro entre María y el anciano debió de suceder ante la puerta de Nicanor, por la que se accedía al atrio de los israelitas. En aquel lugar se situaba uno de los sacerdotes encargados de atender a las mujeres que ofrecían el sacrificio por sí mismas y por sus hijos. María, acompañada de José, se colocó en la fila. Mientras aguardaba su turno, se produjo un acontecimiento que llenó de asombro a los circunstantes.

Un anciano venerable se acercó a la fila. Su faz resplandecía de gozo. Y al entrar los padres con el niño Jesús, para cumplir lo que prescribía la Ley sobre Él, lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios diciendo: “Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, Conforme a tu palabra;Porque han visto mis ojos tu salvación,La cual has preparado en presencia de todos los pueblos;Luz para revelación a los gentiles, Y gloria de tu pueblo Israel.  (Luc 2:29-32).

Al oír estas palabras, un sentimiento de admiración se apoderó de María y de José: el anciano Simeón les confirmaba lo que el ángel les había comunicado de parte de Dios. Pero, enseguida, aquel anuncio ensombreció la alegría: el Mesías cumpliría su misión por medio del sufrimiento; y la Madre se hallaba misteriosamente asociada al dolor del Hijo. Simeón los bendijo y dijo a María, su Madre: “Y los bendijo Simeón, y dijo a su madre María: He aquí, éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha (y una espada traspasará tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones ” (Luc 2:34-35).

También Ana, una anciana de más de ochenta años, se asoció al anuncio de Simeón, pues llegando en aquel mismo momento, alababa a Dios y hablaba de Él a todos los que esperaban la redención de Jerusalén (Luc. 2:38). Del evangelio de San Lucas se deduce que María presentó a Jesús sólo después de escuchar la profecía. Ofreció por su rescate un par de tórtolas o dos pichones, la ofrenda de los pobres, en lugar del cordero prescrito en la Ley de Moisés. Sin embargo, a la luz de las palabras de Simeón, comprendió más allá de las apariencias que Jesús era el verdadero Cordero que redimiría a los hombres de sus pecados. El encuentro con Ana, concluye esos momentos singulares, en los que el Antiguo Testamento casi se entrega al Nuevo. Simeón no había ido al templo por casualidad, sino que fue movido por el Espíritu Santo: “todos aquellos que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios “(Rom 8:14). El Espíritu Santo lo llevó al templo, movido por el Espíritu, fue al templo y encontró a Jesús, lo tomó en sus brazos y dijo  “Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, Conforme a tu palabra” (Luc 2:29).

María cumplió también el segundo mandamiento de la ley presentando a su Hijo y ofreciéndolo al eterno Padre, como lo dice San Lucas: cumplido el tiempo de la purificación de la Madre, según la ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor (Luc. 2:22). Pero María lo ofreció de modo muy diverso de lo que solían hacer las demás madres al ofrecer a sus hijos.

“Las otras madres ofrecían a sus hijos, pero sabían muy bien que esta oblación no pasaba de una mera ceremonia legal; pues, una vez rescatados, recobraban sobre ellos el derecho que tenían, sin temor de tener que ofrecerlos después a la muerte. María, por el contrario, ofreció realmente a su Hijo a la muerte, y sabía muy bien que el sacrificio que entonces hacía de la vida de Jesucristo se había de consumar un día en el ara de la Cruz…”[6]

En la cruz del Calvario, el amor y el egoísmo se encontraron frente a frente. Allí fue hecha su manifestación culminante. Cristo había vivido tan sólo para consolar y bendecir, y al darle muerte, Satanás manifestó la perversidad de su odio contra Dios. Hizo evidente que el propósito verdadero de su rebelión era destronar a Dios, y destruir a Aquel por quien el amor de Dios se manifestaba.

Por la vida y la muerte de Cristo, los pensamientos de los hombres son puestos en evidencia. Desde el pesebre hasta la cruz, la vida de Jesús fue una vocación de entrega de sí mismo, y de participación en los sufrimientos. Reveló los propósitos de los hombres. Jesús vino con la verdad del cielo, y todos los que escucharon la voz del Espíritu Santo fueron atraídos a él. Los que se adoraban a sí mismos pertenecían al reino de Satanás. En su actitud hacia Cristo, todos iban a demostrar en qué lado estaban. Y así cada uno pronuncia juicio sobre sí mismo.

Trasladémonos por un instante al día del juicio final, donde allí veremos que cada alma perdida comprenderá la naturaleza de su propio rechazamiento de la verdad. Se presentará la cruz y toda mente que fue cegada por la transgresión verá su verdadero significado. Ante la visión del Calvario con su víctima misteriosa, los pecadores quedarán condenados. Toda excusa mentirosa quedará anulada. La apostasía humana aparecerá en su odioso carácter. Los hombres verán lo que fue su elección. Toda cuestión de verdad y error en la larga controversia quedará entonces aclarada. A juicio del universo, Dios quedará libre de toda culpa por la existencia o continuación del mal. Se demostrará que los decretos divinos no son accesorios al pecado. No había defecto en el gobierno de Dios, ni causa de desafecto. Cuando los pensamientos de todos los corazones sean revelados, tanto los leales como los rebeldes se unirán para declarar:

  • “Justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos. ¿Quién no te temerá, oh Señor, y engrandecerá tu nombre? . . . Porque tus juicios son manifestados.”

Colonialismo religioso, económico y occidentalización de la imagen de María.

No encuentro en la biblia argumentos que me den indicio que es la voluntad de Dios la honra excesiva que ha recibido Maria desde hace siglos. Tampoco encuentro argumentos de peso como para justificar el marianismo del arte cristiano. Lo que fue María durante su vida real en la tierra y lo que le dice a Dios no concuerda en nada con las imágenes y pinturas con que la han representado, en muchos casos también vestida con los ropajes de moda de la burguesía de la época en que fue esculpida o pintada. Vemos en Guatemala que los conquistadores-colonizadores llevaron de allí la imaginería de Jesucristo, de vírgenes, santos, retablos, procesiones y pasos de Semana Santa, etc. occidentalizados. Paradójicamente, las imágenes de María que hay, por ejemplo, en las iglesias de los indígenas no solo tienen cara de virgen occidental, sino que están talladas y vestidas como las de allí.  Del análisis de la politica internacional de los países occidentales, y hoy más que nadie los EE.UU. a los que se están uniendo los chinos, los japoneses, los Emiratos árabes, etc., resalta que son unos brutales imperialistas, no solo en lo económico, sino también en lo cultural y hasta en lo religioso; quieren imponer lo suyo, acapararlo todo para ellos y son así la causa de muerte por hambre de millones de seres humanos, y de la misma tierra que cada día explotan y esquilan más y más.

Pero Jesucristo es quien nos dice que : “id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura”. El mensaje de Jesús, el Evangelio, es justicia, es amor, es redención, es salvación, es amistad entre pueblos hermanos, es paz, es opción por los empobrecidos y marginados, pero es todo lo contrario lo que muchas veces les hemos llevado.

Jomo Kenyatta lo definió así:

“Cuando los blancos vinieron a Africa ellos traían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Nos enseñaron a rezar con los ojos cerrados y cuando los abrimos nosotros la Biblia y ellos tenían la tierra”.[11]

En vez de venerar a  Maria, le invito a seguir su ejemplo de mujer cristiana

  • “Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.”(Luc. 1:38 RV 1960)

Jesus y la pobreza

“Luego, fue consagrado al Eterno, como está escrito en la Ley de Moisés, y sus padres ofrecieron para él, en sacrificio, un par de tórtolas y dos pichones de paloma.” [13]

Creo que para entender las enseñanzas de Jesús sobre ricos y pobres era necesario ubicarnos frente a su experiencia cotidiana. Así Podemos mejor valorar la grandeza de su doctrina. ¿Cómo encara Jesús –un pobre obrero manual– el problema de las riquezas? En sus enseñanzas no encontramos una condenación absoluta de las riquezas, pero recrimina a los ricos que han adquirido sus bienes en forma injusta. Reconoce que la vida del hombre no consiste en la abundancia de posesiones materiales (Luc. 1:2–15).

Jesús combate el poder insidioso de las riquezas que esclavizan al hombre y destruyen su confianza en Dios y su Reino, pero no condena las riquezas como tales. Las demandas especiales a sus apóstoles, y seguidores más íntimos, (Luc. 9:1–6, Luc. 10:1–12) eran necesarias dada la naturaleza muy especial del ministerio a realizar. Por otro lado. Jesús no alabó la pobreza ni la recomendó como forma de vida. Alaba a la viuda que entregó dos monedas (Mar. 12:41–44; Luc. 21:1–4), pero no por ser pobre sino porque tenía tal fe y confianza en Dios que podía dar todo lo que tenía en devoción a El. En el relato de Lucas se expresa cierta desilusión por el hecho de que los ricos podrían dar mucho más y no lo hacían.

Jesús no hace discriminación de los hombres por sus riquezas o por su pobreza. El vino “a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Luc. 19:10). Estas palabra las pronuncia después de haber traído la salvación a la casa del rico Zaqueo y después que éste, como prueba de su fe, decide repartir la mitad de sus bienes entre los pobres y devolver con intereses todo dinero mal habido. De los cuatro Evangelios es el que más información ha conservado con relación a las enseñanzas de Jesús sobre los ricos. Mateo tiene solo dos citas, una no tiene mayor importancia y solo indica que José de Arimatea era rico (Mat. 27:57). La otra es compartida con los otros dos Sinópticos y se refiere al joven rico que viene a entrevistar al Maestro con muy buenas intenciones.

Al final de la entrevista, cuando al tener que decidir entre las riquezas y Dios se queda con las riquezas, Jesús afirma: “difícilmente entrará un rico en el Reino de los Cielos” (Mat. 19:23; Mar. 10:23; Luc. 18:24). Marcos menciona las riquezas dos veces; en el pasaje que acabamos de citar y cuando Jesús alaba a la viuda por su valiosa ofrenda (Lc. 12:41). San Lucas tiene una gran riqueza de material. En Lc. 6:24 encontramos el único pasaje que podría entenderse como una condenación a los ricos solo por tener posesiones: “Mas ¡ay de vosotros, ricos! porque ya tenéis vuestro consuelo”.

En general Jesús condena la riqueza como idolatría, es imposible seguir a dos señores: a Dios y a Mamón, el dios de las riquezas (Mat. 6:24). En el capítulo 12 se presenta a un rico como a un insensato que solo piensa en enriquecerse sin darse cuenta de que la muerte va a tocar a su puerta. En el caso del rico y Lázaro no se dice que la razón para la condenación del rico radica en sus riquezas. Uno puede imaginar que se trata de riquezas mal habidas, de falta de misericordia para con Lázaro, de idolatría, etc. Tanto en Mat. 6:19–21 como en Luc. 12:32–34 se recomienda a los fieles que no acumulen tesoros sobre la tierra sino en el cielo. Por su parte el Evangelio según San Juan no se ocupa del tema de los ricos y de las riquezas.

Veamos ahora la actitud de Jesús hacia los pobres. Ya hemos señalado, al iniciar esta parte del capítulo, que Jesús menciona su predicación del Reino a los pobres como una señal de que el Reino de Dios se ha iniciado en su persona y ministerio (Luc. 4:18 y Luc. 7:22; Mat. 11:5). Debemos recordar también lo que ya hemos adelantado, la realidad de dos tipos de pobreza: la espiritual y la material. Sugerimos que Mat. 5:3 y Luc. 6:20 se refieren respectivamente a esos dos tipos de pobreza.

Conclución

María cumplió con los requisitos de la Ley. Y le dió a Dios lo que es de Dios.Esto nos enseña que

  • Respondiendo Jesús, les dijo: Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Y se maravillaron de él.” (Mar. 12:17 RV 1960)

maria

El pueblo judío del tiempo de Jesús observaba una multitud de rituales para marcar momentos significativos de la vida común. Estos rituales servían como un constante recordatorio de su relación con Dios y los alentaba a considerar toda la vida como sagrada. Hoy día muy frecuentemente ignoramos esos rituales o los manejamos muy crudamente, y por lo tanto nos empobrecemos. Dios ha plantado algo en nuestros corazones que necesita encontrar significado en medio de los eventos cotidianos de la vida.

“Necesitamos aprender a recibir la mañana con gratitud; a celebrar la bondad de los alimentos, de la familia y de la amistada durante los alimentos; a reconocer el misterio en la bondad; y a marcar los ritos de pasaje” (Culpepper, 75).[7]

  • “Mas como cumplieron todas las cosas según la ley del Señor, se volvieron á Galilea, á su ciudad de Nazarea.  Y el niño crecía, y fortalecíase, y se henchía de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él.”

Al terminar esta parte del pasaje, Lucas establece que María y José habían “cumplido con todas las cosas según la ley del Señor” (v. 39).  Regresaron a Nazarea donde “el niño crecía y fortalecíase, y se henchía de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él” (v. 40). En un verso paralelo, Lucas dijo de Juan el Bautista que solamente “crecía, y se fortalecía en espíritu” (1:80). La declaración más fuerte sobre Jesús es parte de un patrón que se repite en todos los evangelios: afirmando la grandeza de Juan, pero estableciendo que Jesús es más grande. También encontramos paralelos interesantes al versículo 40 en los siguientes:

  • “Y el joven Samuel iba creciendo, y adelantando delante de Dios y delante de los hombres” (1 Sam. 2:26)
  • “Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus dichos y hechos” (Hch. 7:22).

La imagen que nos dan los Evangelios de María no se parece casi nada a la mayoría de las vírgenes que tenemos en muchas de las iglesias católicas, con la luna bajo los pies, coronada de estrellas, de cara perfecta, manos impolutas, con corona de perlas en la cabeza, ropajes bordados en oro y plata, con metales muchas veces robados a los indígenas del nuevo mundo. Lamentablemente, en un exceso de afecto y devocion, los catolicos la presentan casi como una deidad exaltada que como la joven campesina sencilla y humilde de la que nació el Salvador.

María, como casi toda la gente de su época pertenece al pueblo pobre y sencillo. Estaba mucho más cerca de la condición de esclava que de ciudadana, y muy lejos de ser matrona romana. De hecho le dice al ángel que le anuncia la maternidad divina que es esclava (Luc. 1:38), y esto no es una metáfora, porque lo era la inmensa mayoría de la población pobre de su tiempo, y más la sometida al dominio del Imperio Romano. Por ser mujer seguro que a las 12 años empezó a pagar tributo al César. No tenía nada a su nombre, como todas las mujeres donde Roma imponía su ley. Cuenta un documento primitivo que unos familiares de Jesús, sospechosos de no ser fieles cumplidores de las leyes de Roma, fueron llamados a declarar, ante la magistratura romana, sobre su conducta, y contestaron que eran trabajadores del campo y “tenemos callos bien marcados en las manos”.[10]

Y como cité al principio, Sylvia Brown se identifica como clarividente, precognitiva, clarividente, profeta, sensible y medium de trance. [3] También es gnóstica y miembro de la Iglesia cristiana gnóstica Novus Spiritu (Nuevo Espiritu).[4] Y el Jesucristo del que esta escritora dice “predicar verdades que desafían las enseñanzas tradicionales de la Biblia”, no es el Jesús de la Biblia. Es un Jesús esotérico,mistico,nuevaerista. Y su afirmación  sobre María y la ofrenda es errónea totalmente.

Ahora yo le hago a ud, unas observaciones particulares para que ud se las reponda,pero de modo personal:

1)  ¿ Cuál es el Jesús al que ud. adora o intenta descubrir?

2) Si ud. no es cristiano y leyó este articulo, yo lo invito ahora a leer mi articulo al respecto (aca.) Tambien lo animo a que la la biblia regularmente y que procure acercarse a alguna comunidad cristiana donde aprender mas de la Palabra de Dios y participar de la adoración a Jesús en comunidad.

3) Si ud. es cristiano comprometido con Jesús y su mensaje a tarves de los 4 evangelios sinópticos, ud le ofrenda a Jesús su vida, sus problemas, sus inquietudes? Asiste al templo regularmente para conocer mejor de la ley de Dios? Guarda ud. algún código de ética moral como puede ser los 10 mandamientos en el A.T, los mandamientos morales de las epistolas paulinas, el resumen de la ley de Moisés en dos preceptos obligatorios hechos por Jesús, o la ley del reino detallada en el Sermón del Monte?

4) Venera,adora u honra ud. a María mas allá de lo que la Biblia nos enseña?

5) Cual es su conducta o código de ética respecto al uso del dinero y los pobres en su comunidad? (Mar. 10:24) Les ofrenda generosamente para que aquellos que ud. conoce estan necesitados puedan suplir sus necesidades humanas básicas hasta que Dios los vaya sacando con el transcurrir del tiempo de la pobreza y la miseria (física y espiritual)? [12]

Sería bueno que se haga ud. mismo estas preguntas, pero  con total sinceridad y honestidad. Permita que el Espiritu Santo le muestre verdaderamente como es ud.

Dios le bendiga!!!

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Notas

[1] Sylvia Brown, La vida mística de Jesús,pag.19,ed. ediciones obelisco

[2] http://www.lectionary.org/EXEG-Spanish/NT/SNT03-Lucas/Lucas.02.22-40.htm

[3] Sylvia Brown, La vida mística de Jesús,pag.11,ed. ediciones obelisco

[4] ibid,pag. 165

[5][6][7]. http://www.lectionary.org/EXEG-Spanish/NT/SNT03-Lucas/Lucas.02.22-40.htm

[8] http://www.reflexionyliberacion.cl/articulo/2204/la-inmaculada-gracias-maria-por-ser-como-fuiste-identificada-con-los-pobres.html

[9][10[11] Ibid

[12] En Mateo se hace referencia a la pobreza espiritual del creyente frente a la riqueza de Dios. El súbdito del Reino no asume una actitud de autosuficiencia, sino que reconoce con humildad la gran distancia que existe entre lo que es y lo que su Señor quiere que llegue a ser. El cristiano que marcha en pos del completamiento de cm condición humana según el arquetipo que se nos ha dado en la persona de Jesucristo siempre está en déficit, siempre es pobre ante la realidad de la riqueza de Cristo. Es bueno que tomemos conciencia de que el pasaje no dice “pobres de espíritu”, sino “pobres en espíritu”. El heredero del Reino no es uno que se siente orgulloso de su fe y que mira a los demás hombres con menosprecio, sino el “pobre” el humilde que de Dios para su vida.

Solo con humildad, con “pobreza en el espíritu” es que podemos dirigirnos a Dios en oración. Como dice el padre Randle: “La oración es el coloquio en el cual el Salvador ofrece su salvación al indigente y éste acepta, agradece, espera y se encamina hacia la salvación”. Algunos desearían que este fuera el único significado de la palabra “pobre” en las enseñanzas de Jesús. Mateo 5:3 se refiere al déficit espiritual del creyente –en su marcha hacia la riqueza de la vida plena en Cristo–, que al tomar conciencia de lo que le falta y no conformarse con lo que es, recibe el adjetivo divino de bienaventurado. Lucas 6:20, dentro del contexto general de ricos y pobres, se refiere al déficit económico –que también dificulta la meta redentora de la fe cristiana– del cual el seguidor de Cristo debe tomar conciencia y no conformarse con lo que es. En esa perspectiva de seguidor de Cristo para el logro de una redención integral es que aquel que tiene un déficit económico puede ser llamado bienaventurado. Llama la atención que va en tiempos de Jesús se usaba la demagogia aprovechándose de los pobres. [url=http://sermons.logos.com/submissions/111281-Buenas-Nuevas-a-los-pobres-#content=/submissions/111281 ]

[13] Roger Caratini, Jesús de Belen al Golgota, pag. 136–137, ed. Editorial El Ateneo, Buenos Aires, Argentina,impr. 2005.

Fuentes

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