Mi Respuesta al Antisemitismo


Mi Respuesta al Antisemitismo 

por Rab Jaim Levine

La causa del antisemitismo es también su solución.

Nunca olvidaré la primera vez que decidí ponerme una kipá. Tenía 21 años y vivía en Israel. Lo sentí tan natural. Estaba tan orgulloso de usarla mientras caminaba a través del arco iris de gente judía que había venido de diferentes países a vivir a nuestra tierra.

Nunca podré olvidar la primera vez que regrese a EE.UU., usando la misma kipá. Me sentí muy incómodo. Sentí que tenía un letrero de neón que decía: “Hey, ¿ves esta gorra? Soy judío, soy judío, soy judío”. No recuerdo haber estado alguna vez tan consciente de mí mismo como en aquel momento que me bajé del avión. Recuerdo que caminaba en el aeropuerto y tenía miedo de ser el blanco de algún comentario antisemita.

En retrospectiva, pienso que había un miedo más grande en mi corazón, un miedo que tenía mucha vergüenza de admitir: “Si alguien haría algún comentario antisemita, ¿me quitaría la kipá e iría con una gorra de béisbol toda mi vida?”.

En más de una ocasión, durante esas primeras semanas en EE.UU., me sentí tenso estando en público, preparándome a mí mismo para ese momento.

Después de un mes, mientras observaba la maratón de Boston, escuché una voz desde atrás mío que gritaba: “Hey, tú “#$#$! ()=u judío, ¿por qué no te vuelves a Jerusalem donde está todo el dinero?”. (Obviamente no sabía mucho de economía judía). Me di vuelta humillado y enojado, buscando a mi atacante entre la gente. Era un antisemita grande y no uno de los más sofisticados. Se subió a su coche y gritó antes de partir: “¡Los judíos me enferman!”. Mi cara se enrojeció, estaba enojado y avergonzado de que tenía puesta una kipá.

Nunca me quité la kipá, pero sí aprendí una lección importante que contiene en ella la respuesta más importante al antisemitismo.

La razón de mi miedo y de mi vergüenza era que yo no estaba realmente conectado con la razón por la cual usaba mi kipá. Oh claro, podía decirte las razones pero sólo estaba escupiendo palabras. No sentía el poder de esas palabras en mi corazón.

El incidente de la kipá fue una llamada de atención para mí. Tenía que preguntarme: “¿por qué realmente quería usar mi kipá? ¿Por tradición? ¿Por qué me hacía sentir religioso? No. Quería usar mi kipá porque quería vivir de acuerdo con su significado: un recuerdo constante de que nosotros, como judíos, debemos caminar humildemente frente a Dios. Un recordatorio que nos hace actuar de una manera que refleja la mera esencia de los valores de la Torá – bondad, altruismo, responsabilidad, ayuda al prójimo, honestidad, integridad. En este contexto, usar una kipá es realmente el honor más grande y conlleva una inmensa responsabilidad.

Después de que entendí esto, mi conciencia cambió hacia la gratitud y al profundo orgullo de tener el privilegio de intentar vivir a la altura de lo que el judaísmo representa. En lugar de querer quitarme la kipá, quería ir y comprarme una más grande. Después me di cuenta de que la causa del antisemitismo es su solución. La mejor manera de responder al antisemitismo ¡es traer más valores judíos a tu vida!

Si alguien ataca a Israel y tú realmente sientes una gratitud hacia el regalo que es Israel, entonces su ataque no sólo que no te afectará, sino que te hará apreciar este regalo aún más. Si alguien te ataca por dar tzedaká, y tú entiendes cuán importante es la tzedaká para el mundo, sólo te provocaría dar más.

Piensa por un momento lo que le haría a los antisemitas o anti-Israel ver que cada ataque antisemita sólo causa que sintamos una gratitud más profunda y tomemos un compromiso mayor por Israel y el judaísmo. ¿Qué harían si vieran que cada cosa que dicen o hacen sólo funciona para inspirarnos más como judíos?

¡Se les acabarían las armas! Verían que su odio solamente nos hace más fuertes y más agradecidos.

Cada vez que escuchamos de alguna sinagoga quemada en Europa debemos querer aún más a la sinagoga. Cada vez que leamos de alguien atacando a Israel debemos planear nuestro próximo viaje a Israel. De todas maneras, no debe ser una respuesta forzada, tiene que venir de nuestro corazón, de la apreciación de lo valioso y precioso que es ser judío. Si encontramos este tipo de respuesta dentro de nosotros, entonces el antisemitismo se convertirá en la piedra afiladora sobre la cual el compromiso y el orgullo judío se afilan.

Ya han pasado muchos años desde que decidí ponerme mi kipá, y estoy contento de decir que la uso con un gran aprecio y orgullo. Pero, lo que me hace aún más feliz, es que mi hijo de 6 años está incluso más orgulloso de la suya.

 

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