El rostro de Jesus el Cristo


El rostro de Jesús el Cristo

Autor: Paulo Arieu

Introducción:

[0] El Arte cristiano

Arte cristiano es el arte religioso del cristianismo, las obras de arte inspiradas por sentimientos religiosos cristianos, o creadas para ilustrar, suplementar y representar en una forma tangible el mensaje cristiano.
Al ser el cristianismo la religión dominante en la civilización occidental desde el siglo IV, el arte cristiano se identifica con la mayor parte de las producciones artísticas de la Edad Media en Europa y siguió siendo muy importante durante toda la Edad Moderna, además de extenderse geográficamente. La secularización de la sociedad ha restringido al arte cristiano dentro de las principales corrientes artísticas de la Edad Contemporánea.
Como arte sacro, para los creyentes el arte cristiano tiene como fin esencial el culto. Edificios, imágenes (iconos, del griego εἰκών eikon) y objetos litúrgicos se consagran, con lo que dejan de ser simples obras de arte. Desde el cristianismo primitivo, y sobre todo en la Edad Media, los templos y monasterios se identificaban con las reliquias de los santos y mártires que contenían y que los denominaban. No sólo las reliquias o las denominadas vera icon (“verdaderas imágenes” de Cristo), sino muchas otras imágenes, adquirieron fama de milagrosas y suscitaron peregrinaciones;4 llegando a extremos de religiosidad popular que suscitó discrepancias entre el propio clero, pues mientras unos defendían la virtud de estas devociones, otros las condenaban por supersticiosas o incluso idolátricas.[0]

[i] Jesús y el arte cristiano

Las tres Marías ante la tumba, de Hubert van Eyck.(Wikipedia)

Desde los primeros siglos del cristianismo, artistas de toda condición hicieron aparecer el rostro y el físico de Jesús en frescos, pinturas, esculturas, miniaturas de libros. Como de Jesús no había fotografías, este Jesús surgió de la imaginación de los artistas. En general, los rasgos que le atribuyeron fueron los de los hombres del mundo occidental, y en gran medida, los del “ideal” físico del tiempo en que vivían: altura, blancura, finura.

Desde el nacimiento del cine, Jesús apareció también en muchas películas. Es uno de los personajes más interpretados en la historia del séptimo arte. El Jesús de una mayoría de films (Zeffirelli, Scorsese, Gibson…) fue también occidental, con una belleza similar a la de los galanes clásicos del celuloide. Sin embargo, el origen semita de Jesús sugiere una piel oscura y unos rasgos que, como los de los hombres árabes, no tendrían nada que ver con los de esas imágenes y películas, donde Jesús aparece como un hombre alto, delgado, apuesto, de tez blanca y fina, cabellos rubios y ojos claros. El Jesús versión anglosajona.

[ii] Quien fue Jesús?

Hasta mediados del siglo XVIII no se planteaba la duda sobre la veracidad y fiabilidad histórica de los relatos evangélicos. A partir de entonces, comienza a cuestionarse desde las corrientes filosóficas del racionalismo alemán. Son los protestantes alemanes quienes comienzan a intentar una respuesta a estas cuestiones, abriéndose así la que se ha llamado la Búsqueda del Jesús histórico. Wikpedia explica que esta complicada rama del saber teológico – filosófico tuvo tres etapas: [a] La antigua búsqueda [b] La nueva búsqueda [c] La tercera búsqueda [5]

También Wikipedia explica que “La denominación Tercera búsqueda del Jesús histórico (Third Quest) fue propuesto por Stephen C. Neil y Tom Wright en 1988, aunque se considera que sus planteamientos se venían forjando desde 1965. En esta nueva etapa se rebasan los ámbitos de la filosofía y la teología, dando entrada a numerosos estudios de diversos campos: sociología, psicología, historiografía, arqueología, etc.” [6]

Las referencias históricas no cristianas sobre Jesús de Nazaret complementan a las judías, a los evangelios, y al resto de los libros del Nuevo Testamento y de los escritos cristianos apócrifos. La alusión directa más antigua no cristiana a Jesús de Nazaret se encuentra en la obra de Flavio Josefo Antigüedades judías (escrita hacia los años 93-94), más de medio siglo después de la muerte de Jesús (alrededor de 30). Todavía en el siglo II las menciones son pocas. Ninguna de ellas aporta información sustancial para conocer la vida o el mensaje de Jesús de Nazaret, pero sí sirven para documentar su existencia histórica. Mucha información se perdió durante la prohibición del cristianismo primitivo y el incendio de Jerusalén.

Jesús aparece en repetidas ocasiones en obras de escritores romanos como Tácito, Suetonio, Flavio Josefo y Plinio el Joven. 1 The New Encyclopedia Britannica (1995) afirma: «Estos relatos independientes demuestran que en la antigüedad ni siquiera los opositores del cristianismo dudaron de la historicidad de Jesús, que comenzó a ponerse en tela de juicio, sin base alguna, a finales del siglo XVIII, a lo largo del XIX y a principios del XX».

¿Quién fue Jesús? ¿Qué secreto se encierra en este galileo fascinante, nacido hace dos mil años en una aldea insignificante del Imperio romano y ejecutado como un malhechor cerca de una vieja cantera, en las afueras
de Jerusalén, cuando rondaba los treinta años? ¿Quién fue este hombre que ha marcado decisivamente la religión, la cultura y el arte de Occidente hasta imponer incluso su calendario? Probablemente nadie ha tenido
un poder tan grande sobre los corazones; nadie ha expresado como él las inquietudes e interrogantes del ser humano; nadie ha despertado tantas esperanzas. ¿Por qué su nombre no ha caído en el olvido? ¿Por qué
todavía hoy, cuando las ideologías y religiones experimentan una crisis profunda, su persona y su mensaje siguen alimentando la fe de tantos millones de hombres y mujeres?

Para mí no es una pregunta más. Tampoco un simple deseo de satisfacer mi curiosidad histórica o intelectual. Quiero saber quién está en el origen de mi fe cristiana. No me interesa vivir de un Jesús inventado por mí, ni por nadie. Deseo aproximarme a Él,con el mayor rigor posible. A su persona. Pero ¿quién fue Él? ¿Cómo Él entendió su vida? ¿Qué Él defendió? ¿Dónde está la fuerza de su persona y la originalidad de su mensaje? ¿Por qué lo mataron? ¿En qué terminó la aventura de su vida?

Charles E. Hummel, expresidente del Barrington College, es ex-director del trabajo entre profesores universitarios de la Inter Varsity Chrisitan Fellowship de los E.U.,  comenta en su libro “Fuego en la Chimenea”, que durante la crisis de Camboya en 1970, tuvo lugar una manifestación de estudiantes en la Universidad de California en los Angeles. Miles de ellos estaban las vias de acceso al edificio de la administración. Las pancartas ondulaban para arriba y para abajo. En la lejanía, en medio de una gran variedad de consignas políticas, cierto cartel exhibía solo 4 palabras:

“Jesucristo si,cristianismo no !” [3]

Un modo particular de expresar el rechazo a las iglesias, sin duda.

Hay que procurar  captar de alguna manera la experiencia que vivieron quienes se encontraron con Jesús. Sintonizar con esa fe que El despertó en ellos. Recuperar la «buena noticia» que él encendió en sus vidas. La reflexión teológica es necesaria e indispensable para ahondar en la fe cristiana, pero no podemos permitir que quede encerrada en conceptos y esquemas que van perdiendo su fuerza en la medida en que la experiencia humana u cultural va  cambiando.

Sé muy bien que no es posible escribir una «biografía» de Jesús, en el sentido moderno de esta palabra, como tampoco lo podemos hacer de Buda, Confucio o Lao-Tse; no poseemos las fuentes ni los archivos adecuados. Pero en el caso de Jesús contamos con los 4 evangelios sinópticos. Jesús es recordado por quienes le conocieron más de cerca como una «buena noticia». ¿Por qué? ¿Qué es lo que percibieron de «nuevo» y de «bueno» en su actuación y su mensaje?

Se que sin duda

“es dificil abstraerse a la influencia magnética de Jesucristo”, [4] como reconoció Charles E. Hummel.

Vemos en Juan que un hombre adora a Jesús. Jn. 9:-38 …le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró”. Jesús no lo reprendió, como reprendió el ángel a Juan  en Ap. 22:8-9, que le dijo adora a Dios.

Quien es Dios? La Biblia llama al Padre Dios, y a Jesucristo tambien lo llaman Dios. esta claro ahi que adorar tanto al Padre como al Hijo, La misma palabra griega λατρεία que traducido es adorar es encontrada en cada Escritura.

No podemos hablar de Jesús sin preocuparnos de lo único que buscó Jesús: el reino de Dios y su justicia. Hay que volver a las raíces, a la experiencia primera que desencadenó todo. No basta confesar que Jesús es la encarnación de Dios si luego no nos preocupa saber cómo era, qué vivía o cómo actuaba ese hombre en el que Dios se ha encarnado.

De poco sirve defender doctrinas sublimes sobre él si no caminamos tras sus pasos. Nada es más importante en la Iglesia que conocer, amar y seguir más fielmente a Jesucristo. Nada es más decisivo que volver a nacer
de su Espíritu.

Resulta muy impactante, que en un mundo donde el conocimiento es un dios, tanto la vida y el mensaje del Señor Jesús sean un patrimonio eterno de la Humanidad. Aunque los hombres de siempre se sigan rebelando contra su autoridad.

Piemso que tiene mucho de razón el escritor francés Jean Onimus cuando manifiesta su protesta:

«¿Por qué ibas a ser tú propiedad privada de predicadores, de doctores y de algunos eruditos, tú que has dicho cosas tan simples y directas, palabras que todavía hoy son para todos palabras de vida?».[1]

[iii] Jesús es quien tiene “Palabras de Vida eterna”

Solamente El tiene palabras de vida eterna, confesó el arrebatado e impulsivo de siempre, don Pedro (“Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.”Jn.6:68 RV 1960).

  • ” Cuando muchos de los seguidores de Jesús le oyeron enseñar esto, dijeron: Esto que dices es muy difícil de aceptar. ¿Quién puede estar de acuerdo contigo? Pero Jesús les respondió: ¿Esto los ofende?  Entonces, ¿qué sucedería si me vieran a mí, el Hijo del hombre, subir al cielo, donde antes estaba?  El que da vida eterna es el Espíritu de Dios; ninguna persona puede dar esa vida. Las palabras que les he dicho vienen del Espíritu que da esa vida.  Pero todavía hay algunos de ustedes que no creen.Jesús dijo esto porque, desde el principio, sabía quiénes eran los que no creían, y quién era el que lo iba a traicionar.  También les dijo que nadie podía ser su seguidor si Dios su Padre no se lo permitía. Desde ese momento, muchos de los que seguían a Jesús lo abandonaron.  Entonces Jesús les preguntó a sus doce apóstoles:¿También ustedes quieren irse?  Simón Pedro le contestó:¿Y a quién seguiríamos, Señor? Sólo tus palabras dan vida eterna.  Nosotros hemos creído en ti, y sabemos que tú eres el Hijo de Dios. Jesús les dijo: A ustedes doce yo los elegí; sin embargo, uno de ustedes es un demonio.  Jesús se refería a Judas hijo de Simón, el Iscariote. Porque Judas, que era uno de los doce, lo iba a traicionar.(Jn. 6:60-71 TLA)

[iv] El es el Buen Pastor

  • “Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor…”.(Mar 6:34 BJ)

Una oveja sin pastor no es una oveja libre, aunque parezca, sino que es una oveja descarriada y perdida. Va errando por los montes sin saber adonde ir, y está expuesta al asalto de cualquier enemigo.

[a] Yo soy el buen pastor; — Jehová es el Buen Pastor (Sal. 23; 79:13; 80:1; 95:7; Ez. 34:11-16) y Cristo es el Buen Pastor. Por eso, Cristo es Dios. Con esta figura Jesús vuelve a afirmar su deidad. ¿Qué hombre se atrevería a decir, “Yo soy el buen pastor”?

En la primera parte del capítulo 10 Jesús describe el contraste entre el carácter de los buenos pastores y los malos pastores, y ahora afirma que El mismo es el Buen Pastor.

[b] El buen pastor — La palabra buen traduce kalós. Juan dice “el pastor, el bueno”. La nota acerca de esta palabra en el margen del Interlineal de Lacueva dice, “Lit. excelente (El pastor ideal, o el modelo de pastores)”. Compárense otros textos que emplean la palabra kalós: Jn. 10:32, “buenas obras” (compárese Mat. 5:16); Luc. 21:5, hermosas piedras (del templo); Mar. 9:50, “buena es la sal” (apropiada, excelente para su propósito); 1 Tim. 4:6, “la buena doctrina”.

[c] Su vida da por las ovejas. — Jn.10:15, 17, 18; 1 Jn. 3:16; el mismo verbo se usa en 13:4, “se quitó su manto”. En el ver. 14 dice, “Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen“, pero el énfasis aquí en el ver. 11 es que el buen pastor su vida da por las ovejas.

[d] El trabajo del pastor oriental era peligroso. El era el único responsable por las ovejas. El profeta Amós (Am. 3:12) dice, “el pastor libra de la boca del león dos piernas, o la punta de una oreja“. David arriesgaba su vida para proteger las ovejas (1 Sam. 17:34-36). David tenía corazón de pastor, como tipo del Hijo de David, nuestro Señor Jesucristo quien puso su vida por sus ovejas (Jn. 1:29; 1 Jn. 2:2). Is. 31:4 habla de un grupo de pastores que luchan contra el león.

En su libro The Land and the Book, el Dr. W. M. Thomson escribe:

‘He escuchado con profundo interés sus descripciones gráficas de las luchas crueles y desesperadas con estas bestias salvajes. Y cuando se acercan el ladrón y el salteador (cosa que hacen, por cierto) el pastor suele tener que arriesgar su vida para defender al rebaño. Conocí más de un caso en el cual la entregó en la lucha. Un pobre muchacho luchó la primavera pasada entre Tiberias y Tabor, contra tres salteadores beduinos hasta que lo destrozaron con sus armas y murió entre las ovejas que defendía'” (WB).[2]

Probablemente algunos de los oyentes supieran de casos de pastores que perdieron su vida por las ovejasSe podría decir que arriesgaban su vida por las ovejas, pero no se podría decir de ninguno que querían morir por las ovejas. Habrá casos de pastores que murieron tratando de defender las ovejas, pero no obstante el gran peligro, muchos pastores no mueren por sus ovejas. Pablo dice (Hch. 20:29, 30) que de entre los mismos pastores (ancianos) de la iglesia se levantarían lobos rapaces. Así es que los enemigos que atacan a las ovejas no siempre vienen de afuera. En la muerte de un pastor de Palestina no había eficacia; más bien, si los asaltantes o fieras pudieran dar muerte al pastor, podrían acabar con las ovejas. Pero la muerte de Cristo efectuó nuestra salvación (Is. 53:12; Mat. 20:28).

Ningún pastor — aun de los más fieles y dedicados –, podría levantarse de entre los muertos. Cristo es el único Pastor que podía hacerlo.

La buena noticia

Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres:

  • Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo?  Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él… Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho. Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días. Y creyeron muchos más por la palabra de él, y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.” (Jn. 4:29-30,39-42 RV 1960)

Hoy en día, hay muchos cristianos que se han alejado de la Iglesia y andan buscando por caminos diversos, un poco de luz y calor “agapeo” para sus vidas. Ya no sienten a la Iglesia como fuente de vida y liberación. Por desgracia han conocido a veces el cristianismo a través de formas decadentes y poco fieles al evangelio. Con Iglesia o sin Iglesia, son muchos los que viven «perdidos », sin saber a qué puerta llamar. Vagan por este mundo como ovejas sin pastor (Num. 27:17 RV 1960; 2 Cr. 18:16 RV 1960;Is. 34:8 RV 1960)

Yo pienso que Jesús podría ser para ellos de nuevo “la gran noticia.” Y pienso también en quienes ignoran casi todo sobre él. Personas que se dicen cristianas y que no sabrían balbucir una síntesis medianamente fiel de su mensaje. Hombres y mujeres para quienes el nombre de Jesús no ha representado nunca nada serio, o cuya memoria se ha borrado hace mucho de su conciencia. Jóvenes que no saben gran cosa de la fe, pero que se sienten quizá secretamente atraídos por Jesús. Sufro cuando les oigo decir que han dejado la religión para vivir mejor. ¿Mejor que con Jesús?

Cómo me alegraría si alguno de ellos vislumbrara un camino para encontrarse con él. Pero nada me alegraría más que saber que su Buena Noticia llega, por caminos que ni uno mismo puede sospechar, hasta lo último de este mundo globalizado que nos tocó vivir. Ellos eran y son también hoy los preferidos del Señor: los enfermos que sufren sin esperanza, las gentes que desfallecen de hambre, los que caminan por la vida sin amor, hogar ni amistad; las mujeres maltratadas por sus esposos o compañeros,  los que están condenados a pasar toda su vida en la cárcel, los que viven hundidos en su culpabilidad, las prostitutas esclavizadas por tantos intereses turbios, los niños que no conocen el cariño de sus padres, los olvidados o postergados por la Iglesia, los que mueren solos y son enterrados sin cruz ni oración alguna, los que son amados solo por Dios.

[iv] Jesús tiene poder para hablarnos de El aún en medio del desierto

  • Un ángel del Señor se le apareció a Felipe y le dijo: Prepárate para cruzar el desierto, y dirígete al sur por el camino que va de la ciudad de Jerusalén a la ciudad de Gaza. Felipe obedeció. En el camino se encontró con un hombre muy importante, pues era oficial y tesorero de la reina de Etiopía. Ese oficial había ido a Jerusalén para adorar a Dios, y ahora volvía a su país. El oficial iba sentado en su carruaje, leyendo el libro del profeta Isaías.  Entonces el Espíritu de Dios le dijo a Felipe: Acércate al carruaje, y camina junto a él. Felipe corrió para alcanzar el carruaje. Cuando ya estuvo cerca, escuchó que el oficial leía el libro del profeta Isaías. Entonces le preguntó: ¿Entiende usted lo que está leyendo?  Y el oficial de Etiopía le respondió: ¿Y cómo voy a entenderlo, si no hay quien me lo explique? Dicho esto, el oficial invitó a Felipe a que subiera a su carruaje y se sentara a su lado. En ese momento el oficial leía el pasaje que dice: 

    Fue llevado al matadero, 

    como se lleva a las ovejas 

    para cortarles la lana. 

    Como si fuera un cordero, 

    él ni siquiera abrió su boca. 

    Fue maltratado y humillado, 

    pero nunca se quejó. No lo trataron con justicia; 

    no llegó a tener hijos 

    porque le quitaron la vida. 

    El oficial le preguntó a Felipe:Dígame usted, por favor: ¿está hablando el profeta de él mismo, o de otra persona?  Entonces Felipe, partiendo de ese pasaje de Isaías, le explicó las buenas noticias acerca de Jesús. En el camino pasaron por un lugar donde había agua. Entonces el oficial dijo: ¡Allí hay agua! ¿No podría usted bautizarme ahora? Enseguida el oficial mandó parar el carruaje, bajó con Felipe al agua, y Felipe lo bautizó.  Pero cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor se llevó a Felipe; y aunque el oficial no volvió a verlo, siguió su viaje muy contento. Más tarde, Felipe apareció en la ciudad de Azoto y se dirigió a la ciudad de Cesarea. Y en todos los pueblos por donde pasaba, anunciaba las buenas noticias acerca de Jesús.” (Hch. 8:26- TLA)

El encuentro con Jesús no es solamente el fruto de una investigación histórica o de una buena reflexión doctrinal, comno lo hacía el funcionario egipcio, por mas edificante que esta pueda ser. La conversión al Señor solo acontece en el interior de los corazones. Y luego viene el seguimiento fiel de un buen discípulo, como lo fue San Pablo, por ejemplo. Si leemos bien la biblia, veremos que conocer de Jesús nos ayuda a empezar a confiar mas en Dios como lo hacía él, o cuando ponemos en práctica el amor a los demás como lo hacia él,  o cuando nos acercamos a los que sufren como él se acercaba, cuando defendemos la vida como él lo hizo siempre, cuando miramos a las personas con pureza como él las miraba, o cuando nos enfrentamos a la vida y a la muerte con la esperanza con que él se enfrentó, cuando contagiamos la Buena Noticia que él contagiaba. 

Vemos en el libro de los Hechos, como en pleno avivamiento, Dios movió a Felipe, el evangelista en el Espíritu al desierto, para hablarle de Cristo resucitado a este funcionario de Antioquía. Cuando Dios tiene un propósito con algo o alguien, El obrará los medios de gracia necesarios para que suceda de acuerdo a sus eternos propósitos. Este eunuco, era un hombre muy importante, pues era oficial y tesorero de la reina de Etiopía.  Este oficial de la reina había ido a Jerusalén para adorar a Dios, y ahora se estaba volviendo a su país. El oficial iba sentado en su carruaje, leyendo el libro del profeta Isaías. Y Dios le habló y el creyó en Jesús por boca de Felipe, y se bautizó. Luego el funcionario  siguió su viaje contento por haber conocido a Cristo ahora con mayor comprensión.

Sé perfectamente que Jesús no necesita ni de mí ni de nadie en particular para poder abrirse camino en los corazones y en las historias de las personas. Sé también que se puede escribir mucho sobre Cristo desde un conocimiento histórico exhaustivo, y desde una experiencia más viva y, sobre todo, desde un seguimiento más radical de Su persona,como han escrito hombres de hoy en dia como lo es el pastor John Mcarthur. Pienso que estoy  lejos de haber captado todo el misterio de Jesús. Es muy compleja Su Persona. Pero maravillosa !!!

[v] El costo de la misión. Que te expulsen por hablar de Jesús.

  • “Cuando Jesús salió del templo, vio por el camino a un joven que había nacido ciego.  Los discípulos le preguntaron a Jesús: Maestro, ¿quién tiene la culpa de que este joven haya nacido ciego? ¿Fue por algo malo que hizo él mismo, o por algo malo que hicieron sus padres? Jesús les respondió: Ni él ni sus padres tienen la culpa. Nació así para que ustedes vean cómo el poder de Dios lo sana. Mientras yo esté con ustedes, hagamos el trabajo que Dios mi Padre me mandó hacer; vendrá el momento en que ya nadie podrá trabajar. Mientras yo estoy en el mundo, soy la luz del mundo.  Enseguida Jesús escupió en el suelo, hizo un poco de lodo con la saliva, y se lo puso al joven en los ojos. Entonces le dijo: «Ve a la piscina de Siloé, y lávate los ojos.» El ciego fue y se lavó, y cuando regresó ya podía ver. Sus vecinos y todos los que antes lo habían visto pedir limosna se preguntaban: «¿No es éste el joven ciego que se sentaba a pedir dinero?»  Unos decían: «Sí, es él.» Otros decían: «No, no es él, aunque se le parece mucho.» Pero él mismo decía: «¡Claro que soy yo!»  Entonces le preguntaron:  ¿Cómo es que ya puedes ver?  Él respondió: Un hombre llamado Jesús hizo lodo, me lo puso en los ojos, y me dijo que fuera a la piscina de Siloé y que me lavara. Yo fui, y en cuanto me lavé los ojos pude ver. ¿Y dónde está Jesús? le preguntaron. No lo sé, contestó él. Cuando Jesús hizo lodo y sanó al ciego era día de descanso obligatorio. Por eso, algunos llevaron ante los fariseos al joven que había sido sanado.  Los fariseos le preguntaron: ¿Cómo es que ya puedes ver? El joven les respondió: Jesús me puso lodo en los ojos, y ahora puedo ver.  Algunos fariseos dijeron: «A ese hombre no lo ha enviado Dios, pues desobedece la ley que prohíbe trabajar en sábado.» Pero otros decían: «¿Cómo puede un pecador hacer milagros como éste?» Y no se ponían de acuerdo.  Entonces le preguntaron al que había sido ciego:  Ya que ese hombre te dio la vista, ¿qué opinas de él?  Yo creo que es un profeta les contestó.  Pero los jefes judíos no creían que ese joven hubiera sido ciego y que ahora pudiera ver. Entonces llamaron a los padres del joven  y les preguntaron: ¿Es éste su hijo? ¿Es cierto que nació ciego? ¿Cómo es que ahora puede ver?  Los padres respondieron: De que éste es nuestro hijo, y de que nació ciego, no tenemos ninguna duda. Pero no sabemos cómo es que ya puede ver, ni quién lo sanó. Pregúntenselo a él, pues ya es mayor de edad y puede contestar por sí mismo. Los padres dijeron esto porque tenían miedo de los jefes judíos, ya que ellos se habían puesto de acuerdo para expulsar de la sinagoga a todo el que creyera y dijera que Jesús era el Mesías. Los jefes judíos volvieron a llamar al que había sido ciego, y le dijeron: Júranos por Dios que nos vas a decir la verdad. Nosotros sabemos que el hombre que te sanó es un pecador. Él les contestó: Yo no sé si es pecador. ¡Lo que sí sé es que antes yo era ciego, y ahora veo!  Volvieron a preguntarle: Qué hizo? ¿Cómo fue que te sanó?  Él les contestó: Ya les dije lo que hizo, pero ustedes no me hacen caso. ¿Para qué quieren que les repita lo mismo? ¿Acaso también ustedes quieren ser sus seguidores?   Los jefes judíos lo insultaron y le dijeron: Seguidor de ese hombre lo serás tú. Nosotros somos seguidores de Moisés. Y sabemos que Dios le habló a Moisés; pero de ese Jesús no sabemos nada.  El joven les respondió: ¡Qué extraño! Ustedes no saben de dónde viene y, sin embargo, a mí me ha sanado.  Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero sí escucha a los que lo adoran y lo obedecen. Nunca he sabido que alguien le haya dado la vista a uno que nació ciego. Si este hombre no fuera enviado por Dios, no podría hacer nada. Entonces le contestaron: hora resulta que tú, siendo pecador desde que naciste, nos vas a enseñar. ¡Ya no te queremos en nuestra sinagoga!  “(Jn.9:1- TLA)

Como leemos, Jesús sanó a un ciego, pero los jefes judios lo expulsaron de la sinagoga solamente por este hecho. Desde la comprensión errónea de estos lideres religiosos, Jesús era un pecador y ellos no estaban bajo su autoridad.

En muchas iglesias de nuestros dias que se dicen cristianas, lo que dice el pastor es “voz de Dios” por mas que sea la herejía mas grande. Ellos no acostumbran a ser bíblicos. Hay una ética de obediencia implícita tan fuerte o mas quizás que los teólogos católicos al Papa. Muy similar al menos, con la diferencia que cada pastor es un Papa en su templo, y les importa a los pastores muy poco si lo que ellos enseñan es biblico o no. Ellos lo enseñan asi y si ellos lo dicen, ni te cruces por sus caminos. Saben usar la maquinaria eclesiástica muy bien para amargarte y enseñarte a obedecer al “ungido de Dios”

Hablar verdades bíblicas en las iglesias de hoy, puede dar lugar a la expulsión, aún por decir la verdad en amor. El problema que surge luego entonces es donde congregarse si uno no tiene deseos de abrir un centro de reuniones cristiano. Esto me preocupa siempre que me cuestiono algo.

Si nos expulsaran por hablar del “Jesús que nuca conoci”, como tituló su libro Philip Yancei, el Jesús del cuya voluntad hoy no se quiere oir, pienso que no sabríamos donde congregarnos. Todo está muy parecido por estos lados:  ignorancia bíblica y autoritarismo de los caudillos religiosos. Muchos evangélicos se vuelven hoy en dia al católicismo, pero se que yo no duraría ni dos dias. Cuando no reconzoca la autoridad papal o rechace la superstición de ellos o les diga que el Jesús de ellos no es el bíblico, estamos en lo mismo.

Recuerdo que el primer pastor que tuve en mi país fue un pentecostal hace 30 años atrás. La gente para hablar con el,  se ayunaba días enteros para que Dios diera gracia, y poco a poco, todos los líderes, fueron expulsados a pesar del sometimiento literal a la voluntad del pastor. El los fue con los años empujando a irse, por las diciplinas cada vez que le cuestionaban los errores de mando y los pecados que cometía. Todo un indio cacique. A algunos de estos hermanos Dios los usó para abrir nuevas obras. Otros se reubicaron en otras iglesias luego de llorar, orar y pedirle a Dios misericordia y compación para ser recibidos en otro sitio. Otros se fueron al mundo, lamentablemente. Por experiencia se que si Dios no hace el milagro, desde el momento en que uno se muestra como independiente, tiene los dias contados en esa congregación.

Los lideres autoritarios no soportan que haya personas que no se sometan completamente a sus criterios. No lo pueden soportar. No lo se bien porque es, esto es para estudio de los psiquiatras. Y encima, el fundamentalismo entre los evangélicos está creciendo mucho en este tiempo. Mas de lo que ya conocíamos. Me han contado que en algunas partes de Argentina, se esta poniendo feo la cosa.Y  también en otros paises, hay una gran descomposición moral entre los lideres religiosos.

Al respecto, me gusta lo que dice J.L. Packer, en su Introducción al libro de Richard Baxter, “El Pastor Reformado”, pag. 2:

  • “Si Dios reformara a los ministros y los avivara a cumplir celosa y fielmente con sus deberes, entonces, ciertamente el pueblo sería reformado y despertado. Todas las iglesias serán fortalecidas o debilitadas en la misma medida en que el ministerio sea fuerte o débil”.

Cuando Jesús se encontró con el joven ciego y se enteró de lo que había sucedido,  le preguntó: si creía en Él. El joven le pidió que le ayudara a creer en él. Entonces, Jesús le dijo: Lo estás viendo. Soy yo, el que habla contigoDice la Biblia que entonces el joven se arrodilló ante Jesús y le dijo: Señor Jesús, creo en ti. Luego de esto Jesús dijo:  que El habia venido al mundo para juzgarlos a todos. Hubo algunos fariseos que estaban por allí que lo oyeron decir esto, y se escandalizaron al ois sus predicas. Jesús les contestó entonces que a causa de su soberbia Dios los juzgaria.La Biblia es clara de la voluntad de Dios para los pastores respecto al rebaño.

  • “Tened cuidado por vosotros mismos y por todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo os ha puesto como obispos, para pastorear la iglesia del Señor, la cual adquirió para sí mediante su propia sangre”. (Hch. 20:28 RVA)
  • Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto;”(1 Pe. 5.2 RV 1960)

Pero bueno, parece que estos pasajes fuesen escritos en chino, ya que pocos parecen entenderlos. Sigamos con nuestro estudio acerca del rostro de Jesús, el Cristo.

[vi] El probable rostro de Jesús.

En el año 2001 la cadena británica BBC dió publicidad, en la serie titulada “El Hijo de Dios”, a un muy probable rostro de Jesús. Se llegó a él tras una cuidadosa investigación dirigida por el forense de la Universidad de Manchester, Richard Neave. Con base en un cráneo judío del siglo I hallado en Jerusalén, al que se aplicaron capas de arcilla, y con la tecnología gráfica digital de última generación, Neave logró acercarse a la cara que pudo tener ese cráneo, consiguiendo así la reconstrucción facial de lo que pudo ser la cara de Jesús: nariz ancha, mandíbula recia, arcos de las cejas y pómulos prominentes.

El pelo rizado, la barba corta y el color moreno de la piel se basaron en los primeros rostros de Cristo pintados en Siria. Jeremy Bowen, presentador de la serie, que fue corresponsal de la BBC en Oriente Medio, dijo en el documental:En Jerusalén hay muchos hombres parecidos a este hombre. Se trata de un auténtico judío de la zona y todavía puedes verlo hoy pasear por la ciudad, repetido en multitud de rostros.

[vii] Reconstrucción computarizada revela el verdadero rostro de Jesús, según la “Sábana Santa”

Los investigadores concluyen que el hombre envuelto en la Sábana Santa, era bajito, moreno y no tenía los ojos azules. La imagen fue reconstruida minuciosamente por un software para un reportaje de History Channel que se emitirá la próxima semana.

Un equipo de realizadores americanos, ha reconstruido computarizadamente el verdadero aspecto del rostro supuestamente de Jesús, que aparece en el Manto de Turín o la Sábana Santa como la ha denominado la iglesia católica.

La noticia la ha difundido el periódico New York Post, y según la reconstrucción en 3D se realizó a partir de los datos existentes sobre los restos de sangre y material orgánico encontrados en dicho sudario. Los investigadores concluyen que el hombre envuelto en la Sábana Santa, era bajo, moreno y no tenía los ojos azules. La imagen fue reconstruida minuciosamente por ordenador para un reportaje del Canal de Historia que se emitirá la próxima semana.

Rayo Downing, director de la empresa Studio Macbeth de animación e ilustración digital recreó “El verdadero rostro de Jesús”, como así lo llama el New York Post. Downing, explica que la sangre hallada en la Sábana Santa no corresponde específicamente con “las líneas del rostro de Jesús debido a que su cuerpo no se tapó sino que se enrolló”, dice el reconstructor quien rechaza la teoría popular que sustenta que la imagen que aparece en la tela santa, se creó cuando se oxigenaron los aceites con los que supuestamente embalsamaron el cuerpo de Jesús tras su muerte en la cruz.

[viii] Jesús, un hombre sin atractivo 

Esto no implica caer en un «historicismo» literal en torno al Jesús del Evangelio que olvide que nuestra imitación se refiere antes que nada al Cristo de la fe, tal como la Iglesia lo comunica. Precisamente este Cristo de la fe que transmite la Iglesia está en continuidad con el Evangelio y a su vez garantiza la objetividad de nuestra contemplación, que con todo derecho quiere apoyarse en los Evangelios transmitidos por la Iglesia como estímulo de nuestra conversión.

Al vivir en un planeta de libre albedrío y de rebelión, Jesús debe haberse sentido a menudo “fuera de lugar”. En tiempos así, se apartaba para orar, como si quisiera respirar aire puro de un sistema de apoyo vital que le daría la fuerza para seguir viviendo en un planeta contaminado. Pero no siempre obtuvo respuestas, a modo de recetas, a sus oraciones. Lucas relata que oró toda la noche antes de escoger a los doce discípulos, e incluso así en el grupo se infiltró un traidor. En Getsemaní oró primero para que se le quitara la copa del sufrimiento, pero desde luego que no fue así. Esa escena en el huerto presenta a un hombre desesperadamente “fuera de lugar”, pero resistiendo a toda tentación de liberarse por medios sobrenaturales.

Para mí hay una escena en los evangelios que refleja la naturaleza de Jesús de sentirse “en casa” y “fuera de lugar” al mismo tiempo. Una tormenta azotó el Mar de Galilea, la que casi hizo que zozobrara la barca en la que Jesús dormía. Se incorporó e increpó al viento y al agua: “Calla, enmudece.” ¿Qué clase de persona le gritaría a la tormenta como si estuviera corrigiendo a un niño desobediente?

El despliegue de poder en medio de la tormenta ayudó a que los discípulos se convencieran de que Jesús no era como los demás hombres. Pero también alude a las profundidades de la Encarnación.

“Dios es susceptible”, dijo el filósofo Jacques Maritain. Después de todo, Jesús se había dormido de puro cansancio. Además, el Hijo de Dios era, excepto en este momento único del milagro, una de sus víctimas: al Creador de las nubes le llovió encima, el Hacedor de estrellas sintió calor y sudó bajo el sol palestino. Jesús se sometió a las leyes naturales incluso cuando, hasta cierto punto, iban en contra de sus deseos (“Si es posible, pase de mí esta copa”). Viviría y moriría según las leyes de la tierra. Pero luego resucitaría al tercer dia.

Llega, perfecto desconocido, a una aldea de la baja Galilea. Lo observan los ojos fríos y penetrantes de los campesinos que han vivido lo bastante al nivel de subsistencia como para conocer con exactitud la línea divisoria entre pobreza e indigencia.

Parece un mendigo, pero sus ojos carecen del adecudo temor, su voz del adecuado lamento, su andar del adecuado arrastre. Habla de la ley de Dios, y lo escuchan más por curiosidadque porcualquier otromotivo. Lo saben todo acerca de la ley y del poder, del reino y del Imperio, pero conocen estas cosas en función de impuestos y deudas, de desnutrición y enfermedades, de opresión agraria y de posesión diabólica. Lo que realmente quieren saber es qué puede hacer este reino de Dios por el niño tullido, por el padre ciego, por el alma enloquecida que grita su atormentado aislamientoentre los sepulcros que señalan los límites del pueblo. John Dominic Crossan

Los vecinos de Jesús descubrieron muy pronto lo que Él podia hacer en beneficio de ellos. Hizo caminar al niño tullido y ver al padre ciego, e hizo salir los demonios del alma enloquecida entre los sepulcros. Cuando Jesús inició su ministerio de sanidad y enseñanza, sus vecinos se rascaron la cabeza y se preguntaron asombrados: “¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María? ¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros?”

Al principio, quizá por un año, Jesús tuvo mucho éxito. Acudía a Él tanta gente que a veces se veía obligado a refugiarse en una barca, alejándola de la orilla. Sin duda que lo que lo dieron a conocer fueron las sanidades físicas. Los judíos, quienes creían que el diablo causaba la enfermedad y por lo tanto, que los hombres santos podían ser conductos para la intervención de Dios, tenían una historia muy larga de hacedores de milagros. (Uno llamado
Honi vivió poco antes del tiempo de Jesús y lo menciona el historiador Josefo.) Jesús, al parecer, sabía de algunos rivales, porque frenó el impulso de sus discípulos de condenarlos.

Una tercera parte de los relatos de los evangelios acerca de Jesús conlleva sanidades físicas y por instinto periodístico, quizá yo hubiera investigado esas historias, buscando los informes medicos y entrevistando a las familias de quienes hablaban de milagros.

Las sanidades eran variadas y no encajaban en ninguna pauta. Por lo menos a una persona Jesús la sanó a distancia; algunas eran instantáneas y otras progresivas; muchas requerían que la persona sanada siguiera instrucciones concretas.

Hubiera advertido en Jesús una curiosa ambivalencia en cuanto a los milagros. Por un lado, Jesús sanaba en respuesta espontánea a la necesidad humana; veía ante sí a alguien que sufría, sentía compasión, y sanaba a la persona. Ni una sola vez rechazó una solicitud directa de ayuda. Condenó a la “generación mala y adúltera” que pedía señales y como lo había hecho en el desierto, resistió toda tentación de hacer un espectáculo. Marcos relata siete veces distintas en que Jesús le ordenó a la persona que había sanado: “¡No lo digan a nadie!” En las regiones donde la gente no tenía fe, ni hizo milagros.

Quizá especularía qué hubiera podido lograr un hombre con semejantes poderes en Roma, Atenas o Alejandría. Los hermanos de Jesús propusieron que, por lo menos, debía concentrar su trabajo en Jerusalén, capital de Israel. Jesús mismo, sin embargo, prefirió mantenerse lejos del centro de atención. Desconfiaba de las multitudes y de la opinión pública, por 10 que pasó la mayor parte del tiempo en ciudades pequeñas y de poca importancia.

A pesar de su ambivalencia, Jesús no vaciló en utilizar los milagros como prueba de quién era: “Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras”, dijo a sus discípulos. Y cuando su primo Juan el Bautista, que languidecía en la cárcel, tuvo dudas de que Jesús fuera de versa el Mesías, Él le dió este mensaje (parafraseado por Frederick Buechner) a los discípulos de Juan:

Vayan a decirle a Juan lo que han visto por acá. Díganle que hay personas que han vendido a sus perros guía y que se dedican ahora a contemplar los pájaros. Díganle que hay personas que han cambiado sus bastones de aluminio por botas de escalar. Díganle que los parias se han convertido en gente con esperanza y que muchos holgazanes se están dando la buena vida por primera vez.[7]

Si hubiera buscado una sola palabra para describir a Jesús a sus contemporáneos, habría escogido la palabra rabino o maestro. En los Estados Unidos de América de hoy no conozco nada parecido a la vida de Jesús. Su estilo tiene muy poco en común con el de los modernos evangelistas, con sus tiendas de campaña y estadios, sus equipos de avanzada, carteles y campañas por correo, sus presentaciones realzadas electrónicamente. Su pequeño grupo de seguidores, sin ningún lugar permanente de operaciones, iba de un pueblo a otro sin nada que se pareciera a una estrategia discernible. “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene donde recostar su cabeza”, dijo Jesús.

Me hubiera maravillado confiesa Yancey ante las parábolas de Jesús; forma de enseñar que se convirtió en su sello distintivo. Los comentaristas siempre han admirado su capacidad para comunicar verdades profundas por medio de episodios de la vida diaria: Una mujer insistente agota la paciencia de un juez. Un rey se lanza a una guerra sin la debida planificación. Asaltan a un hombre y los ladrones lo dejan por muerto. Una mujer que pierde una moneda actúa como si hubiera perdido todo lo que tenía. No hay en las parábolas de Jesús criaturas caprichosas ni argumentos rebuscados; simplemente describe la vida que lo rodea.

Las parábolas sirvieron perfectamente a los propósitos de Jesús. A todo el mundo le gusta una buena anécdota, y la capacidad de Jesús para contarlas retenía el interés de una sociedad casi totalmente analfabeta de campesinos y pescadores. Como las anécdotas son más fáciles de recordar que los conceptos o los esquemas, las parábolas también ayudaron a conservar su mensaje años después, cuando la gente reflexionaba en lo que había enseñado Jesús, les venían a la mente las parábolas con todos sus detalles. Una cosa es hablar en términos abstractos acerca del amor infinito e ilimitado de Dios, y otra muy diferente es hablar de un hombre que da la vida por sus amigos o de un padre desconsolado que todos los días escudriña el horizonte para tratar de descubrir alguna señal del hijo descarriado.

Cuando queremos precisar la imagen humana de Jesús y su mensaje cristológico nos situamos ante una tarea imposible de llevar a una consecución definitiva. Por de pronto, la personalidad que nos transmiten los Evangelios es imposible de comprender y abarcar. Es tan radicalmente paradójica y contrastante para nuestras referencias, que escapa a cualquier clasificación. Cuando nos parece que ya lo conocemos, se nos vuelve a diluir con rasgos nuevos que no habíamos descubierto y que desdibujan nuestro esquema anterior. La contemplación de Cristo nos introduce en una personalidad inagotable.

Con todo, cada uno de nosotros tiene una imagen personal del Señor. Más o menos fundada, más o menos inconsciente, formando parte de una cristología que influye en nuestro ser y en nuestro actuar cristianos. Aunque no nos demos cuenta, en esta imagen que nos hacemos de la personalidad de Jesús entra nuestro propio modo de ser, nuestra propia psicología y las formas de nuestro egoísmo. Estamos siempre en peligro de deformar, según nuestros propios condicionamientos, la verdadera personalidad del Señor. Tendemos a hacer a Jesús a nuestra imagen y semejanza, a nuestra medida, justificando nuestras mediocridades e infidelidades. A adaptar a nosotros el mensaje de la personalidad de Cristo y no nosotros a él. La sola manera de escapar a esta permanente tentación será la vuelta permanente a la contemplación del Cristo de los Evangelios. De otra manera transformaremos la cristología en proyección personal y la praxis cristiana en ideología, en la cual tomamos los aspectos del Evangelio que convienen a una posición personal o ideológica ya tomada.

Jesús vino a la tierra “lleno de gracia y de verdad”, dice el Evangelio según San Juan, y esa frase es un buen resumen de su mensaje. Primero gracia: a diferencia de quienes trataban de complicar la fe y de petrificarla con legalismos, Jesús predicó un sencillo mensaje de amor de Dios. Sin razón alguna – desde luego no porque lo merezcamos – Dios ha decidido ofrecemos amor que nos llega libre de costo, sin condiciones, “pagado por la casa”.

En un relato rabínico de la época, el dueño de una finca fue a la ciudad para contratar a trabajadores temporales para la cosecha. Fue avanzando el día y ya tarde, a la hora undécima, reclutó a un último grupo de trabajadores, a los que sólo les quedaba una hora para demostrar su valía. En la conocida versión del relato, los que llegaron último compensaron el tiempo perdido trabajando tan intensamente que se decidió recompensarlos con la paga de un día completo. La versión de Jesús, sin embargo, no dice nada de la diligencia de los trabajadores. Acentúa en cambio la generosidad del amo – Dios – quien derrocha su gracia sobre primeros y postreros por igual. A nadie se le defrauda y todos reciben recompense más allá de lo que merecen.

Apesar de este énfasis en la gracia, nadie pudiera acusar a Jesús de suavizar la santidad de Dios. Es probable que yo hubiera tropezado ante la verdad que Jesús proclamó, una verdad mucho más intransigente que la que enseñaban los rabinos más estrictos de la época. Los maestros contemporáneos procuraban “no imponer una restricción dada a una comunidad a no ser que la mayoría de la misma pueda aceptarla”. Jesús no tuvo semejantes reticencias.

Amplió el homicido para incluir el odio, el adulterio para incluir el deseo lujurioso, el robo para incluir la codicia. “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”, dijo y estableció una norma ética que nadie iba a poder cumplir.

Como ha comentado Elton Trueblood, todos los principales símbolos que Jesús utilizó poseían una característica dura, casi ofensiva: el yugo de la carga, la copa del sufrimiento, la toalla de la condición de siervo, la cruz de la ejecución. “Calcula el costo”, dijo Jesús, justa advertencia a quienes se atrevieran a seguirlo.

Un rabino moderno de nombre Jacob Neusner, el estudioso más destacado del judaísmo de comienzos de la era cristiana, escribió uno de sus quinientos libros (A Rabbi Talks with Jesus [Un rabino habla con Jesús]) sobre el tema de cómo le hubiera respondido a Jesús. Neusner tiene gran respeto por Jesús y por el cristianismo, y admite que su enseñanza, como el Sermón del Monte, lo deja “impresionado y conmovido”. Hubiera despertado suficiente interés en él, dice, como para unirse a la multitud que seguía a Jesús de un lugar a otro, deleitándose en su sabiduría.

En última instancia, sin embargo, Neusner concluye que

se hubiera apartado del rabino de Nazaret. “Jesús da un paso importante en la dirección equivocada”, dice, “al transferir el énfasis del ‘nosotros’ como comunidad judía a un ‘Yo’.” Neusner no podia aceptar el cambio de la Torá a Jesús mismo como autoridad principal. “El desacuerdo se da en la persona de Jesús, y nunca en sus enseñanzas … Al final el maestro Jesús exige algo que sólo Dios exige.” Con todo respeto, Neusner se aleja, incapaz de dar ese salto de fe. [8]

[ix] ¿Cuál es el mensaje del Evangelio sobre la personalidad del Señor?

No podemos reconstruir tampoco su perfil psicológico; el mundo interior de las personas, incluso de aquellas cuya vida está bastante bien documentada, escapa en buena parte a los análisis de los historiadores: ¿qué podemos decir del mundo íntimo de Augusto o de Tiberio?

Sin embargo conocemos el impacto que produjo Jesús en quienes le conocieron. Sabemos cómo fue recordado: el perfil de su persona, los rasgos básicos de su actuación, las líneas de fuerza y el contenido esencial de su mensaje, la atracción que despertó en algunos y la hostilidad que generó en otros.

El trabajo que llevan a cabo tantos investigadores modernos puede ser discutido en un aspecto u otro, pero, cuando es realizado de manera rigurosa y honesta, resulta casi siempre purificador y ayuda a evitar graves
deformaciones. Es irritante oír hablar de Jesús de manera vaga e idealista, o diciendo toda clase de tópicos que no resistirían el mínimo contraste con las fuentes que poseemos de él. Es triste comprobar con qué seguridad se hacen afirmaciones que deforman gravemente el verdadero proyecto de Jesús, y con qué facilidad se recorta su mensaje desfigurando su buena noticia. Mucho más lamentable y penoso resulta asomarse a tantas obras de «ciencia-ficción», escritas con delirante fantasía, que prometen revelarnos por fin al Jesús real y sus «enseñanzas secretas», y no son sino un fraude de impostores que solo buscan asegurarse sustanciosos negocios.

En primer lugar nos presenta la dimensión religiosa de Jesús. Una persona profundamente ligada al Padre, en comunicación con El, dependiente de su voluntad. Un hombre que cultivó permanentemente esta intimidad y cuya oración es un signo evidente de ello. La oración de Cristo es algo impresionante. En medio de su actividad, a menudo se retiró a orar y pasaba noches en oración (Mc 1,35; Lc 4,42; etc.). Los momentos cruciales de su vida, y en los que fue particularmente tentado, estuvieron marcados por largos momentos de plegaria (el ayuno de los cuarenta días, Getsemaní…). Jesús estaba enteramente entregado al Padre.

Esta entrega, expresada permanentemente en su oración, trasciende su propia situación personal o cultural. Jesús oró realmente, como una necesidad de su humanidad de comunicarse con su Padre y de expresar su amor a El. En ello es perfectamente hombre. Esta comunicación con el absoluto de Dios es propia de la naturaleza humana y la posibilidad de realizarla no está ligada a formas de culturas pretécnicas o a formas religiosas «rurales» (en que vivía la Palestina de entonces). La forma de relación de Cristo con su Padre es normativa y no cultural; trasciende las contingencias de una época y de una forma religiosa.

La vida concreta de Jesús es la que sacude el alma; sus palabras sencillas y penetrantes seducen. El Jesús narrado por los evangelistas es más vivo que el que se enseña en los dicipulados basicos de las iglesias cristianas. Su lenguaje, más claro y atractivo que el de los teólogos. Recuperar de la manera más viva posible a Jesús puede ser también hoy una «buena noticia» para creyentes y no creyentes.

Es difícil acercarse a él y no quedar atraído por su persona. Jesús aporta un horizonte diferente a la vida, una dimensión más profunda, una verdad más esencial. Su vida es una llamada a vivir la existencia desde su raíz última, que es un Dios que solo quiere para sus hijos e hijas una vida más digna y dichosa. El contacto con él invita a desprenderse de posturas rutinarias y postizas; libera de engaños, miedos y egoísmos que paralizan nuestras vidas; introduce en nosotros algo tan decisivo como es la alegría de vivir, la compasión por los últimos o el trabajo incansable por un mundo más justo. Jesús enseña a vivir con sencillez y dignidad,con sentido y esperanza.

Todavía más. Jesús lleva a creer en Dios como ha creído él, sin hacer de su misterio un ídolo ni una amenaza, sino una presencia amistosa y cercana, fuente inagotable de vida y compasión por todos. Jesús nos conduce a ser de Dios como lo es éL Lamentablemente vivimos a veces con imágenes enfermas de Dios que vamos transmitiendo de generación en generación sin medir sus efectos desastrosos. Jesús invita a vivir su experiencia de un Dios Padre, más humano y más grande que todas nuestras teorías: un Dios salvador y amigo, amor increíble e inmerecido  a todos.

Esta vida contemplativa y reflexiva de Jesús, que estuvo en el centro de su personalidad, no lo apartó ni hizo ajeno a los demás hombres, ni a los conflictos humanos, ni reemplazó la existencia de su misión. Así como Jesús es el hombre de Dios, es igualmente el hombre de los hombres, el «hombre para los demás». El Evangelio es tan significativo en este aspecto como en el anterior. Este profeta, este Maestro y taumaturgo, este hombre de Dios era absolutamente asequible. Las multitudes lo siguieron y lo envolvieron, y en los períodos que escapó de ellas se dio enteramente a los apóstoles y discípulos. No alejaba, no bloqueaba, no inhibía (Mt 9,20ss). Daba confianza para acercarse en cualquier momento, hasta el punto que su actividad aparece más hecha de interrupciones y de imprevistos que de sus propios planes. Estos quedaron destrozados por su actitud de total entrega, hasta el punto que no le quedaba tiempo para comer y a menudo tenía que huir (Jn 6,15).

Esta es la gran paradoja de Jesús, y en esto queda como norma inagotable del seguimiento. Porque en este aspecto todos somos algo desequilibrados, condicionados por nuestro carácter e ideología. Tendemos a hacer del cristianismo algo o marcadamente trascendente (relación a Dios) o encarnado (entrega al hermano), descuidando una u otra dimensión. No nos basta para solucionar el problema una teología de la unidad de las dos naturalezas de Cristo en su persona. Tenemos que contemplar imitativamente la praxis de Jesús, y esta imitación en el amor nos llevará al equilibrio, del cual El es el único Maestro. Maestro de la síntesis de la contemplación y del compromiso, de la absorción en el absoluto de Dios y de la entrega a los demás hasta el extremo (Jn 13:1).

Jesús es también modelo de seguimiento en la calidad de su entrega. Esta, en El, es personalizante y reviste la forma del don de su amistad. Jesús no hizo de su pastoral algo masivo. Trató a todos y cada uno como una persona única e irrepetible (Lc. 4:40) y entregó a todos sin prejuicios, su simpatía y su amistad. En forma universal. Su amistad protege a los niños (Mar 10:14), libera a la mujer (Jn. 4:1ss) y rompiendo los prejuicios de su época se ofrece a los pecadores, a los lisiados, a las prostitutas, a los publicanos, a los recaudadores de impuestos, a los soldados, a los funcionarios, a los pobres y a los esclavos… Al mismo Judas, que hacía tiempo no creía ya en El, lo trata como un amigo hasta el final («Amigo, con un beso entregas al Hijo del hombre…» [Mt 26,50]). Esta expresión en los labios de Jesús no es una ironía.

La acogida fraternal que Jesús ofreció a todo hombre es normativa. Con realismo, sin ilusiones ni ingenuidades, al modo del mismo Cristo, que «no se dejaba engañar porque sabía muy bien lo que había dentro de cada hombre» (Jn 2:25), y que así y todo se entregó con caridad inagotable. Esta fraternidad de Jesús no tuvo para El grandes compensaciones. Quedó siempre un hombre radicalmente solo e incomprendido, hasta la resurrección. Supo equilibrar una vez más, en una síntesis admirable, la soledad del profeta con la fraternidad del hermano.

Otro rasgo de personalidad humana de Jesús es la atracción de su mensaje. Esto es de gran significación para la pastoral de hoy y para la fuerza de la evangelización. No basta que el mensaje que entregamos sea verdadero; es necesario que atraiga a la conversión y lleve al seguimiento, como en el caso de Jesús. Después del Sermón del Monte, como lo relata san Mateo, todos quedaron asombrados, porque hablaba no como los escribas y fariseos, sino «como quien tiene autoridad…» (Mat 2:29). «Nunca nadie habló como ese hambre… ».

Resulta bastante asombroso el impacto y la atracción de una palabra que ha perdurado por los siglos, que transformó hombres y sociedades y que hoy es la fuente inspiradora de millones de seres humanos. Resulta asombroso porque fue pronunciada por el hijo de un carpintero, en un contexto cultural muy simple, ajeno a las corrientes filosóficas y religiosas dominantes. Fue pronunciada en forma sencilla, utilizando ejemplos y parábolas de la vida diaria, en un tiempo en que los oradores políticos y religiosos se multiplicaban. Pero había «algo» en su mensaje que hacía decir que nadie antes había hablado como ese hombre. Esto era tanto más notable cuanto que Jesús rechazó explícitamente el liderazgo y la oratoria política, en circunstancias que ese liderazgo era fuente de prestigio ante la situación romana.

Esta atracción del Señor se debía a la adecuación que existía entre su persona, sus hechos y sus palabras. Transparentaba una sinceridad y una lealtad que hacía que su palabra fuera decisiva, para bien o para mal, como aceptación o como repulsa. Sin olvidar que el discurso de Jesús, como el de todo hombre, estuvo sujeto a la mala interpretación y a la ambigüedad. Su mensaje también fue «utilizado», y aunque anunció el Reino de Dios, al fin de su vida el sanedrín y el poder romano lo acusaría de «político y subversivo». «Si este hombre sigue hablando así, todos se Irán con él, y vendrán los romanos y destruirán nuestro lugar santo y nuestra raza» (Jn 11:48). Es bien sabido que el anuncio del Reino -la pastoral- , por su misma naturaleza, tiene una vertiente de crítica social, y que ello, para el pastor y para el profeta, es fuente de conflictos y malos entendidos. Para el poder constituido, que quisiera reducir el mensaje a lo privado, éste se excede, es ambiguo, ilegítimamente político. Jesús aceptó y asumió las consecuencias de la conflictividad social de su mensaje. En esto también nos comunica una sabiduría pastoral.

La personalidad de Jesús está también marcada por la fidelidad a su misión. Es de los rasgos más impresionantes del Evangelio. Jesús tiene una meta, un ideal, una entrega, y los sigue hasta el fin. Nada lo aparta de su misión, ni los fracasos, ni las incomprensiones, ni la soledad, ni el alejamiento de sus amigos y discípulos, ni la cruz, ni -sobre todo- la tentación que lo acosó a través de su vida pública, de utilizar su poder divino en la realización de su misión y no la vía de la kénosis (Fil.2:6ss).

La fidelidad de su misión lo llevó a crisis sobre crisis, hasta culminar en la soledad oscura de la crucifixión. En Cafarnaún, cuando el anuncio de la Eucaristía escandaliza y muchos lo abandonan, busca apoyo en los Doce, pero al mismo tiempo deja entrever que nada lo apartaría de su camino y estaba dispuesto a seguir solo. «¿Acaso ustedes también quieren dejarme?». Pedro contestó: «Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna.

Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios…» (Jn 6,66ss). En todo este proceso, en Jesús no hay rastro de amargura, de desaliento, de escepticismo. Está lleno de un ideal y traspasado por su entrega al Padre y a sus hermanos, y este amor es más fuerte en El que el eventual apoyo de los demás y que la dureza de corazón que advertía en los más cercanos a El. Por ellos fue aceptado, pero nunca plenamente comprendido. En Jesús se une la universalidad de una misión con la soledad del profeta.

Sólo la luz de la contemplación cristiana y el don del Espíritu que se nos da como sabiduría con el contacto con el Señor nos puede hacer penetrar en esta actitud misteriosa y paradójica de un anonadamiento fiel hasta la muerte. Intuimos que esto es esencial en el seguimiento y que la entrega de nuestra vida constituye la esencia del apostolado.

En su misión Jesús supo esperar la hora de Dios para las personas y los acontecimientos. Esto es sabiduría y no ciencia pastoral. Cristo fue el maestro y pedagogo que esperó la madurez de las personas, con respeto, sin usar un poder indebido para convertir y hacer comprender. Su actitud con los doce apóstoles es norma luminosa de sabiduría pastoral. Los aceptó en su lentitud, contradicciones y dureza, sin renunciar a su formación y preparación en vistas de un futuro.

Nunca juzgó, nunca se impuso, más bien invitó: «Si quieres…, si estás dispuesto…». No se aprovechó ni de su liderazgo ni de su poder para forzar el normal desarrollo de las libertades. De ahí la paradoja de un Evangelio que aparece al mismo tiempo como duramente exigente y constantemente comprensivo. Exigencia y comprensión se unen equilibradamente en Jesús. Por momentos aparece hasta inhumano el ideal propuesto; sólo Dios podía proponer o exigir esas cosas. «El que quiera ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz cada día y que me siga… Si quieres seguirme, vende cuanto tienes… Nadie puede ser mi discípulo si no renuncia a todo lo que posee… Si tu mano te escandaliza, córtatela… Si el grano de trigo no muere, queda solo… El que ama su vida la destruye, y el que desprecia su vida en este mundo la conserva para la vida eterna… Amaos… Sed perfectos como vuestro Padre celestial… ¿Cuál de los tres fue prójimo del herido? Vete y haz tú lo mismo…».

Estas y otras exigencias nos enfrentan con una opción radical, globalmente abrumadora. Y, sin embargo -y esto es lo paradójico-, nadie que realmente contempló al Cristo de los Evangelios se sintió nunca aplastado y desanimado por estas exigencias. Están de tal forma impregnadas de amor, de confianza, de libertad y del ejemplo inspirador de Aquel que las vivió en primer lugar y se entregó para que las viviéramos nosotros, que son una constante invitación al crecimiento y a la superación.

El Evangelio, con toda su fuerza y exigencia, nos da la impresión de una comprensión y humanidad de tal calidad que nos libera. Hasta el punto que los cristianos que huyen de otro tipo de exigencias en la medida que se sienten oprimidos por ellas, van al Evangelio y a Cristo, donde las exigencias son mucho mayores, pero nos llevan a amar más y a ser más libres. Ese es el secreto de la vigencia permanente de la ética cristiana. A veces aparece dura e inhumana, a veces sentimental. A veces aparece revolucionaria, hecha para las grandes cosas, a veces en cambio como un llamado de apoyo para los débiles y «pequeños». A veces inalcanzable y a veces hecha para todos.

Si las exigencias evangélicas llevan a la libertad del amor y a la pobreza del olvido de sí es porque la persona que las propone es El mismo un libre y un pobre olvidado de sí. Libre porque pobre, Jesús aparece en esa postura ante el Padre, ante los demás y ante sí mismo.

Su total y libre abandono en las manos del Padre significadas en la fidelidad a su misión (Jn 10,18) y en su desprendimiento ante todo otro tipo de requerimiento. La aceptación humilde de su historia personal, del lugar y circunstancias de su vida, de los hombres que lo rodearon y siguieron. La aceptación de su camino de kénosis, de su figura de siervo, del abandono de los demás. Amigo universal, no se dejó monopolizar por nadie, y tanto mayor era su don de sí cuanto mayor era su libertad. Evita la linea del liderazgo fácil, de lo maravilloso, de lo espectacular, a pesar de sus milagros, los cuales procuró, por lo demás, que pasaran inadvertidos.

La pobreza radical de su kénosis ha permitido a Jesús el liberar a los pobres, el comprender la verdadera pobreza y el declararla bienaventurada. El acoger a los pecadores y colmarlos con su misericordia. El privilegiar «a los más pequeños de nuestros hermanos» (Mat 25,40).

Estas actitudes fueron en El posibles porque El mismo fue un pobre que vivió las bienaventuranzas y en la contemplación del Padre aprendió la verdadera sabiduría de Dios, «locura más sabia que la sabiduría de los hombres» (1 Cor 1,25). Aprendió los caminos de Dios, las predilecciones del Padre y también sus antipatías (v. gr., por el fariseísmo y la hipocresía). «El que me ve a mí, ve al Padre» (Jn 14,9). En Jesús conocemos el designio de Dios en su expresión más humana y encarnada, y entramos a conocer los criterios de Dios: su misericordia, su búsqueda de la oveja perdida, su predilección por los «pequeños», su tendencia personalizante, su actitud misionera por encontrar lo que estaba perdido, sus exigencias…

Podríamos continuar inagotablemente contemplando los rasgos de aquel que llamamos con razón el Señor y el Maestro. Ellos no sólo forman parte de su personalidad, sino también de su forma de actuar, de su pastoral. Esta «cristología contemplativa» no sólo funda nuestro «ser» cristiano; también es la norma de nuestro seguimiento.

Jesús ¿de Nazaret o del espacio exterior?

Jesús, “el del origen tan extraño”, el que ha inspirado después al mesías postmoderno llamado Superman, el de un Padre “de otro mundo”… ¿lo reconocen? Sí, por supuesto: Jesús es extraterrestre.

Una conclusión que es fácil de inferir, ya que si el Nuevo Testamento está plagado de ovnis –cosa que, veremos ahora, quieren hacernos creer algunos–, y Cristo es el protagonista… lo más sencillo es que venga del espacio exterior. Sumando a esto que, tal como entendemos los cristianos la Biblia como una unidad fundamental, Jesús es el protagonista de la recopilación completa de los libros sagrados, puesto que las escrituras hebreas no hacían otra cosa que anunciarlo y esperarlo, preparando el camino en la historia de la salvación. Si esta historia ha estado repleta de visitas alienígenas, lo más normal del mundo es que su culmen sea un descendimiento extraterrestre en toda regla.

Vayamos a los textos de esta gente. Primer acontecimiento extraordinario en los evangelios: la encarnación del Hijo de Dios. ¿Cómo pudo María quedar embarazada sin haber tenido relaciones sexuales? Aquí la explicación “racional” no consiste en desechar la virginidad de la Madre, sino en afirmar que la joven de Nazaret fue objeto de una operación de inseminación artificial, mediante la cual le fueron implantados los genes del Mesías, como afirman algunos autores de la órbita de la nueva religiosidad ufológica.

Un articulo en internet comenta que en una revista esotérica de las más divulgadas en España (es decir, en todos los kioscos) se puede leer  la siguiente barbaridad:

“son legión los autores que en los últimos tiempos, a tenor de las evidencias aportadas por los Evangelios canónicos y apócrifos, defienden que el Mesías era en realidad el ‘enviado’ de una civilización extraterrestre, cuyo cometido era cambiar el destino de una humanidad sumida en la violencia y la maldad”.

¿Una legión de autores? En el texto del artículo sólo se nombra a tres, y ninguno de ellos dedicado a la exégesis ni a nada serio relacionado con la Biblia.

A partir de aquí, uno puede imaginarse lo demás: todo suceso de difícil comprensión tendrá una retorcida interpretación alienígena. Al igual que pasaba en el Antiguo Testamento, toda luz, voz, nube o hecho que venga de lo alto no es más que una manifestación extraterrestre.

¿No estamos hablando de cosas “del cielo”? Pues ya está –concluyen con una facilidad asombrosa–: vienen del espacio exterior, de civilizaciones más evolucionadas que la nuestra.

Si Yahvé es un ser de otro planeta, su principal Enviado, y más si es su Hijo, comparte su misma naturaleza no humana. Y con el nacimiento de este personaje tan especial, nos encontramos con el primer gran signo que nos habla del espacio: la estrella que guió a los magos de Oriente hasta el Niño.

Leyendo el texto del evangelista Mateo, se aferran a la letra –aquí sí– y dicen que nada de supernovas, conjunciones planetarias ni cometas. No, porque la estrella guiaba a los magos, y aparecía y desaparecía, y al final paró sobre el lugar donde estaba el Mesías recién nacido. Ah, y no olvidemos la serie de anuncios angélicos que, ya en sueños o en vigilia, sucedieron en torno al nacimiento de Cristo: un repertorio clarísimo de intervenciones alienígenas.

La siguiente manifestación mesiánica de Jesús, la escena del bautismo en el Jordán, tiene su correspondiente lectura extraterrestre: la voz que baja del cielo, el descenso del Espíritu Santo, el señalamiento de Jesús, entre todos los presentes, como alguien muy especial…

Otro episodio muy querido para estos relectores de los evangelios es el de la transfiguración de Jesús. No sólo hay una nube y una voz, sino que Jesús resplandece de repente. Y, por si fuera poco, en el texto leemos que Cristo y sus tres discípulos “entraron en la nube”, lo que da una idea del acceso a una nave espacial, que sería la que emitía la luz que llena la escena. La aparición de los dos personajes del Antiguo Testamento, Moisés y Elías, no sería otra cosa que el encuentro con los pasajeros de la nave, el segundo de los cuales –recordemos– fue abducido unos siglos antes en el célebre carro de fuego.

Seguimos adelante, y nos encontramos con la resurrección. Otro misterio más que es destripado por los que escudriñan la Biblia buscando platillos volantes. ¿Quiénes son los ángeles que guardan el sepulcro vacío o que hacen rodar la piedra en los diversos relatos evangélicos? Extraterrestres, por supuesto. Por eso tienen vestidos refulgentes, faltaría más.

Y habrían llegado, según algunos, para llevarse el cadáver del más importante. Comentando esto, en el artículo que citaba antes leo:

“seguro que muchos ufólogos de nuestros días no dudarían en identificar a estos seres con los humanoides que suelen presentarse junto a los ovnis, y que han sido contemplados por miles de testigos en todos los rincones del planeta”.

Ya está, ya se ha desentrañado el misterio de los ángeles que aparecen en la Sagrada Escritura: son humanoides. ¿Con alas o sin alas? Eso no lo sabemos, pero sí que son humanoides, porque les brilla la ropa. Eso es seriedad al leer un texto antiguo, y lo demás son tonterías.

Yendo cuarenta días más allá, lo de la Ascensión de Cristo al cielo les suena a abducción, como no podía ser de otra manera. Pero debido a la sencillez de los evangelios al narrar esta escena, se tienen que fiar de “otras fuentes”. ¿Cuáles? Los evangelios apócrifos, que precisamente son los más fantasiosos y menos históricos de todos, como está comprobado.

A estos autores les da igual, y llegan a decir con todo el desparpajo del mundo que

“son, como de costumbre, los evangelios apócrifos los que aportan mayor exactitud”

Querrán decir que aportan detalles extraños. Resulta que en uno de estos textos se habla de una luz cegadora que envuelve a Jesús, el mismo sol que lo rodea y se lo lleva al cielo, con movimientos extraños. Ahí está, otra vez, la nave espacial.

Creo que no hace falta que dé más detalles. Queda clara la forma de proceder de los que se acercan a los textos del Nuevo Testamento y a la figura de Jesús de Nazaret con una forma mentis que quiere darle a todo una lectura ufológica, tal como veíamos anteriormente con el Antiguo Testamento. Pero antes de acabar quiero citar al autor español que más ha divulgado todas estas cosas, o al menos algunas de ellas.

No es el único ni el primero, pero sí el más vendido y leído: J.J. Benítez. El autor de la saga Caballo de Troya, una serie de novelas que ofrecen, como si se tratara de una revelación particular, una vida peculiar de Cristo, escribió otros libros –bajo la discutible categoría del ensayo– donde explicaba con pelos y señales el importante lugar de lo extraterrestre en la vida y misión de Jesús. Por ejemplo, en El ovni de Belén (1983) pretendía demostrar que

“las iglesias han manipulado la historia de la estrella”porque, como ya dije yo antes, “la estrella que guió a los Reyes Magos sólo pudo ser un objeto controlado inteligentemente”.

Antes de publicar este libro, en otra de sus obras, El Enviado (1979), afirmaba que

“Jesús de Nazaret fue ‘ayudado’, o ‘acompañado’ o ‘asistido’ de alguna manera por todo un ‘equipo’ de seres que hoy podríamos etiquetar como ‘astronautas’… Seres en un avanzadísimo estado evolutivo –tanto espiritual como tecnológico– y que pueden poblar muchos de los miles de millones de galaxias que forman los distintos universos, pudieron ‘colaborar’ en ese formidable ‘plan’ de la redención de la humanidad”.

Como puede observarse, toda una relectura en clave ovni de la historia de la salvación tal como la entiende la fe cristiana. Estos dos libros, principalmente, sirvieron como “aperitivo teórico” para la publicación, a partir de 1984, de la saga Caballo de Troya, que ha vendido muchos miles de libros (hasta que ha salido el último, el número 9, en el año 2011) divulgando enormemente una figura de Jesús atractiva para mucha gente por la ambigüedad buscada entre la realidad y la ficción, en un tema tan apasionante como es la figura de Jesucristo y mezclando ahí su fama como autor de la cosa extraterrestre.

El Papa católico – romano Benedicto XVI cuando inicia uno de sus recientes libros, “La infancia de Jesús,” el último de su trilogía sobre la figura central del cristianismo, con la pregunta “¿De dónde eres tú?”, tomada del evangelio de Juan, de boca del romano Pilato.

La cuestión acerca del origen de Jesús tiene mucho que decirnos sobre su identidad y su misión, quién es y para qué ha venido. La Biblia muestra claramente la naturaleza especial –y no “espacial”– del Dios que se hace hombre para salvar a los hombres. Si bien es verdad que se trató de una intervención sobrenatural del Eterno en el tiempo, lo hizo de manera totalmente histórica, y así el Verbo de Dios nació como hombre, vivió como hombre y murió como hombre.

Y por el poder divino, resucitó de la muerte. ¿Por qué será que muchos prefieren un Dios algo más lejano (o unos dioses varios igual de alejados) que de forma condescendiente y paternalista nos mande un mensaje en un platillo volante, con cosmonautas de apoyo y luces fluorescentes? No, no es ése el Dios revelado en la Biblia y encarnado en Palestina.

El misterio de su persona lo resumieron bien sus escépticos paisanos cuando decían:

  • “¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?” (Jn 6:42).

Del cielo, que es la morada de Dios. No del cielo estrellado de los ovnis. Sino del cielo donde habita Dios (Jn. 1:1-14)

[xi] Otro Jesús?

  • “Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis ” (2 Cor. 11:4 RV 1960)

¿Es el Jesús de la Iglesia Católica el Jesús bíblico? Saber y creer que el verdadero Jesús es fundamental, porque Jesús dijo: “Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.” (Jn. 8:24). Un Jesús diferente es anunciado por muchos engañadores (2 Corintios 11:3-4) que niegan Su obra terminada de redención.

Los mormones predican que Jesús es el hermano de Lucifer y fue un hombre que se convirtió en Dios. Los Testigos de Jehová predican que Jesús no era Dios, sino que afirmó que él era el arcángel Miguel. El catolicismo romano predica a un Jesús que no pudo purgar todo pecado o pagar la pena completa por el pecado.

El Jesús bíblico asegura que los cristianos se han salvado de la condenación. “Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.” (Ro. 5:9). El sacrificio único, perfecto y suficiente de Jesús completamente satisfizo la ira de Dios (1 Jn. 2:2).

El Catolicismo niega esta enseñanza fundamental y engaña a su pueblo en la creencia de que el sacrificio de la Misa satisface la ira de Dios no sólo para la los pecados de los vivos, sino también por los pecados de los muertos (Canon 3, Concilio de Trento). Los católicos son maldecidos con anatema por su iglesia si ellos dicen que son salvos de la ira de Dios, (Canon 30, Concilio de Trento). Los Católicos conocen a Jesús sólo como el que “abre la puerta” al cielo. Para que los católicos pasen por las puertas del cielo deben salvarse a sí mismos a través de la Misa y los sacramentos.

El Jesús de la Biblia hace expiación por el pecado. “a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre” (Ro. 3:25). Sin embargo, la Iglesia Católica enseña a los católicos que deben expiar sus pecados. “Esto puede hacerse a través de los dolores, las miserias y las pruebas de esta vida y, sobre todo, por la muerte. Por lo demás, la Expiación debe hacerse en la próxima vida a través del fuego y los tormentos de los castigos de purificación” (Concilio Vaticano II).

El Jesús de la Biblia es el único mediador entre Dios y el hombre (I Tim. 2:15), pero la Iglesia Católica ofrece a María como la mediadora. El Papa Pío IX proclamó que “Dios ha encomendado a María el tesoro de todas las cosas buenas, para que todos sepan que a través de ella se obtienen toda esperanza, toda gracia, y toda la salvación. Porque esta es su voluntad: que obtengamos todo a través de María”.

El Jesús de la Biblia afirmó que El era el único camino al Padre Celestial (Jn. 14:6). El Concilio Vaticano II lo niega diciendo, “el plan de salvación abarca también a aquellos que reconocen al Creador, en primer lugar, entre quienes están los musulmanes.”

Entonces, ¿por qué la Iglesia Católica Romana oculta al verdadero Jesús de sus seguidores?

¡Debido a que el verdadero Jesús establece un pueblo libre! En contraste, la Iglesia Católica Romana mantiene el control de su pueblo a través de rituales legalistas, sacramentos y amenazas de Anatema. El Jesús bíblico salva a los creyentes de la esclavitud del pecado, el engaño y la religión.

Por este motivo es que Jesus ordenó que hay que escudriñar las escrituras.

[xii] Conclución

  • Cuando ellos llegaron a él, les dijo: “Vosotros sabéis bien cómo me he comportado con vosotros todo el tiempo, desde el primer día que llegué a Asia, sirviendo al Señor con toda humildad y con muchas lágrimas y pruebas que me vinieron por las asechanzas de los judíos. Y sabéis que no he rehuido el anunciaros nada que os fuese útil, y el enseñaros públicamente y de casa en casa, testificando a los judíos y a los griegos acerca del  arrepentimiento para con Dios y la fe en nuestro Señor Jesús. Ahora, he aquí yo voy a Jerusalén con el espíritu encadenado, sin saber lo que me ha de acontecer allí; salvo que el Espíritu Santo me da testimonio en una ciudad tras otra, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones. Sin embargo, no estimo que mi vida sea de ningún valor ni preciosa para mí mismo, con tal que acabe mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios. Ahora, he aquí yo sé que ninguno de todos vosotros, entre los cuales he pasado predicando el reino, volverá a ver mi cara. (Hch. 20:18-25)

¿A quién intentar agradar hoy?

  • “Ahora, pues, orad por el favor de Dios, para que tenga piedad de nosotros. Pero ¿cómo podéis agradarle, si hacéis estas cosas? dice Jehová de los ejércitos.” (Mal. 1:9 RV 1960)

Una vez, un joven estudió violín con un maestro de renombre mundial. Trabajó arduo durante varios años para perfeccionar su talento y al fin llegó el día cuando se le pidió que diera su primer importante recital en público, en la gran ciudad donde vivían ambos, él y su maestro.

Luego de cada selección que él presentaba con gran habilidad y pasión, el violinista parecía receloso ante los grandes aplausos que recibía, aun sabiendo que aquellos en la audiencia eran astutos en la música y no dados a aplaudir presentación alguna que no fuera de calidad superior. El joven actuaba como si no pudiera escuchar el aprecio que era derramado sobre él.

En el cierre del último número, los aplausos fueron estruendosos y se escucharon numerosos Bravos. No obstante, el talentoso joven violinista tenía sus ojos fijos en un solo lugar. Al fin, cuando un anciano en la primera fila del balcón sonrió y asintió con su cabeza en señal de aprobación, el joven se calmó y brilló con alivio y gozo.  ¡Su maestro había alabado su trabajo! Los aplausos de miles no significaron nada hasta que él ganó la aprobación del maestro.

¿A quién intentas agradar hoy? Nunca podrás agradar a todos, pero sí a Aquel que es más importante, tu Padre Dios. Mantén tus ojos en él y no fracasarás. Perdonar quiere decir ceder tu derecho de castigar a otra persona.

  • ¿Busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? (Gál. 1:10)

Moraleja: Busquemos conocer bien el rostro de Jesús el Cristo, solo para agradarle solo a El.

Recordatorio:

  • “Nadie puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere y yo lo resucitaré en el último día” (Jn. 6:44). 

a. La conexión se remonta al versículo 40 donde la idea es claramente la salvación:

  • 40 Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

b. En el versículo 65, Jesús conecta la idea de la incapacidad como la razón de la incredulidad de algunos Judios (tenga en cuenta “por eso”):

  • 65 Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre.

c. Es claro que la enseñanza de nuestro Señor es que absolutamente nadie tiene la capacidad en sí mismo para venir a la fe salvadora.

NADIE TIENE LA HABILIDAD NATURAL INTRINSECA DE VENIR A JESUS.

d. El calma la Sed espiritual

Cuentan que una vez un hombre viajaba por el océano y su barco se hundió, quedó a la deriva por varios días antes de que milagrosamente fuera encontrado por un bote pesquero. Al recuperarse de su pésima condición, contó el peor error que había cometido. Al sentir una sed desesperante, bebía agua salada, y por la sal contenida en la misma, lejos de saciarse, sentía más sed e introducía sal y arena a su cuerpo que lo deshidrataba más.

Muchas veces cuando sentimos sed de amor, cariño, comprensión, verdad o atención, la buscamos en cosas que lejos de saciarnos, nos dejan peor que antes. Así, el solitario se refugia en otro más solitario; el falto de amor lo busca en los placeres y la vida desenfrenada; el incomprendido se refugia en vicios y mal carácter para llamar la atención. Es hora ya de que dejes de llenar tu cuerpo de agua salada. Jesús dijo: “mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna”. Juan 4:14 .

Así que no busques más saciar tu sed, cualquiera que sea, en las cosas de este mundo. El único que puede saciarte es tu amigo y creador Jesús. Haz la prueba, no cuesta nada ¡¡¡y lo ganas todo!!!

Dios le bendiga

————

Notas

[0] http://es.wikipedia.org/wiki/Arte_cristiano

[1] Jose Antonio Pagola, Jesus – Aproximación Historica,pag. 7

[2] http://www.waynepartain.com/Comentarios/c410.html

[3] [4] Charles E. Hummel, Fuego en a Chimenea – El movimiento carismatico contemporaneo, pag.11 ,Ed. Caribe.

[5] http://es.wikipedia.org/wiki/B%C3%BAsqueda_del_Jes%C3%BAs_hist%C3%B3rico

[6] http://es.wikipedia.org/wiki/Tercera_b%C3%BAsqueda_del_Jes%C3%BAs_hist%C3%B3rico

[7] Phillip Yancey, El Jesus Que Nunca Conoci, pag. 89,ed.vida

[8] Ibid,pag. 93

Bibliografia consultada

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