Clericalismo: La Reforma inconclusa


Clericalismo: La Reforma inconclusa

Autor: Paulo Arieu

Introducción: Reformas sociales, Wilberforce  y la Biblia

Tanto William Wilberforce en Bretaña, hace doscientos años, como Martin Luther King en Estados Unidos, hace cincuenta años, basaron sus transformaciones sociales en el amor por todos que está en la Biblia. No quiero decir que los dos entendieran y usaran la Biblia de la misma forma. Wilberforce era un anglicano evangélico de doctrina ortodoxa. King, según mi entndimiento, no sé expresó sus creencias doctrinales de manera explicita cuando era un predicador maduro, pero sus primeros escritos se inclinaban hacia un tipo de liberalismo que no podría ser llamado ortodoxo.

Pero lo que quiero enfatizar es que sin la Biblia ninguno hubiera sido quien fue, y ninguno hubiera hecho lo que hizo; Wilberforce no hubiera sido el instrumento humano de Dios que determinó el fracaso del tráfico de esclavos africanos en Bretaña, y King no hubiera sido el instrumento humano de Dios que reemplazó la discriminación racial de manera decisiva con leyes que apoyaban la igualdad de derechos para todos los estadounidenses sin tener en cuenta la raza. La vida y obra de estos hombres, y sus éxitos son inexplicables sin su dependencia de la Biblia. Prácticamente se podía escuchar a la Biblia cada vez que King abría su boca. Y Wilberforce edificó toda su vida (pública y personal como miembro del Parlamento) sobre lo que llamó “las doctrinas características de la Biblia”. La Biblia tiene su modo de ejercer su poder en manos muy diferentes.[0]

A mediados del siglo diecinueve, cerca de tres millones de esclavos africanos habían sido transportados hacia las Américas en barcos británicos. Era un asunto profundamente racial –no solo racial, pero era profundamente racial. El único pueblo que estaba siendo robado y despojado de toda dignidad humana y cuyas familias estaban siendo destrozadas y torturadas en camino a trabajar como seres sub-humanos, era el pueblo negro. Era un asunto profundamente racial y las actitudes pecaminosas relacionadas a este asunto no han desaparecido en nuestros días, ni en nuestra tierra, ni en la iglesia. William Wilberforce, como muchos otros de su tiempo, fue profundamente persuadido de que este tráfico era una gran maldad moral por muchas razones, y la más pequeña no era su inconsistencia con la Regla de Oro de Jesús. Muchos de los cristianos abolicionistas de su tiempo presionaron a la nación a ver las cosas desde el punto de vista de los esclavos, y a hacer a otros lo que les gustaría que se hiciera con ellos. Abraham Booth, por ejemplo, un predicador calvinista bautista, predicó un mensaje en Londres el 29 de enero de 1792. Una de las partes más conmovedoras del mensaje fue donde imaginó las naves esclavistas arribando a tierras británicas e invadiendo por sorpresa a Londres, Bristol y Liverpool, secuestrando a nuestros seres queridos y arrastrándolos lejos, para nunca verlos de nuevo. Cinco años antes, en 1787, Wilberforce escribió en su diario: “El Dios Todopoderoso ha puesto delante mío dos grandes metas: la supresión del tráfico de esclavos y la reformación de [la moral]” Durante veinte años Wilberforce soportó un revés tras otro en su persistente amor por todos. Pero nunca se rindió y el 24 de febrero de 1807 a las 4:00 de la mañana, veinte años después, el voto decisivo fue echado y el tráfico de esclavos fue declarado ilegal.[1]

Cambios en la Iglesia

La Reforma protestante logró muchos cambios en la iglesia. Pero aun las iglesias reformadas seguían todavía en muchas prácticas no bíblicas. Por ejemplo, seguían bautizando a los bebés pequeños como lo hace la iglesia católica; no vieron que solo los convertidos pueden ser bautizados. Ya vimos que también seguían persiguiendo políticamente a aquellos que consideraban herejes (acertadamente o no). Lutero había enseñado acerca del “sacerdocio de todos los creyentes”: que cada cristiano tiene acceso directo a Dios y puede “ministrar” a sus hermanos. (Por ejemplo, dijo que cada creyente puede escuchar la confesión del pecado de otro creyente.) Pero él no puso esta verdad en práctica: en realidad, aun en las iglesias reformadas, el pastor es el único que realmente puede “ministrar”. En todos estos puntos (y varios otros), la Reforma no logró practicar toda la verdad bíblica. El mismo Lutero estaba consciente de que la Reforma no estaba completa. En el tiempo de la Reforma se acuñó el dicho:

“La iglesia debe siempre estar reformándose”.  [2]

Entonces, seguir el ejemplo de los reformadores no significa hacer todo exactamente como ellos lo hicieron. Ellos tenían muchos errores. Pero ellos establecieron el principio más importante: La máxima autoridad en la iglesia es la Palabra de Dios.  Entonces, seguir el ejemplo de los reformadores significaría, acercarnos cada vez más al modelo de la iglesia que encontramos en la Biblia. No nos quedemos con las tradiciones de la Reforma (o de nuestra propia iglesia); ¡sigamos reformándonos según la verdad de la Palabra de Dios! En el proximo articulo, veremos si Dios quiere, la reforma ministerial necesaria para este proximo siglo, como uno de los desafíos que considero que tendrán que enfrentar los ministerios del s.XXI. [3]

Los líderes son parte del pueblo, dice Torres.  Gordon Fee dice que

«el liderazgo entre el pueblo de Dios neotestamentario nunca es visto como algo exclusivo o por encima del pueblo, sino como una parte del todo, esencial para su salud, pero gobernada por las mismas normas»[4]

El apóstol Pablo claramente especifica que aquellos que tienen una posición de aut oridad, es decir aquellos que presiden o conducen, son parte de los que trabajan en la obra y no están por encima de ellos.

  • Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros (l Tes. 5.12-13).

No es fácil ser un buen ministro de Jesucristo, mas allá del ministerio al cual Dios lo honre al llamarlo a uno. Los pastores y líderes son parte del pueblo y tienen una posición para edificar el Cuerpo de Cristo. La distinción que existe entre el pueblo y el clero es “la exageración de una división funcional que Dios estableció”. El Cuerpo funciona bien cuando todos obran juntos para cumplir los propósitos de Dios, y los líderes están ahí para facilitar ese proceso.

El autor del libro a los Hebreos concluye su carta pastoral recordando y exhortando al pueblo de Dios a recordar no solamente a los que están actualmente pastoreando la iglesia sino a los que en tiempos pasados han invertido parte de su vida a favor de ellos y demostrado por medio de su conducta y su fe el amor y sacrificio por ellos. Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe” (Heb. 13.7).

Y también exhorta a los creyentes a obedecer y someterse a los pastores o líderes porque son estos los que Dios ha encomendado a cuidar de la grey y ejercer autoridad sobre ella. Esto debe ser en una forma que no les cause agravios ni problemas, porque no es conveniente ante Dios.

Un esquema apropiado sería:[5]

  • Obedezcan a sus líderes y sométanse a su dirección; (20th Century Version),
  • Porque son guardas de su bienestar espiritual, (Phillips)
  • Y Dios los juzgará de acuerdo a como lo hacen, (Taylor)
  • Permitan que su tarea sea agradable, no de dolor y angustias, (Phillips)
  • Porque les causaría perjuicio a ustedes (Berkley)
  • (Cf. Heb. 13.17)

La Biblia Plenitud tiene una nota buena sobre este pasaje:

«Los cristianos no sólo deben recordar a los anteriores líderes de la iglesia (v.7), sino deben prestar atencIon a los líderes actuales y ayudarles a cumplir con su obligación de atender a la congregación. La obediencia que se demanda implica aceptar las orientaciones de otros; y subordinarse quiere decir desistir de nuestra propia opiníón contraria a la de otros. El autor no sugiere obediencia ciega y sin cuestionamientos a todo lo que el líder dice, aun en aquellas decisiones que se refieren a cambiar de enpleo, hacer compras o iniciar un viaje, o cosas por el estilo. El N.T. enseña la necesidad de aprender a discernir (I Jn 4:1), afirma la responsabilidad personal ante Dios (Ro. 14.12; Gal. 6:5), Ydestaca la mutua sumisión (Ro. 12.10; Gal. 5.13; Ef 5.21; Fil. 2:3-4). Además, los líderes de la iglesia no  son jefes autócratas que se enseñorean sobre la congregación, sino siervos que ejercen su autoridad con tacto y cuidado».

Cualquiera sea la estructura de liderazgo, todo líder debe cuidarse de no caer en:

a) la soberbia de su posición autoritativa, b) el amor a la autoridad en vez de al pueblo de Dios, y c) la ausencia de responsabilidad a otros.

Y debe tener siempre presente en su mente, a lo largo de todo su ministerio que

El llamado de autoridad es SERVICIO AL MÁXIMO. [6]

Conclución:

Notas

[0] http://www.desiringgod.org/sermons/the-spring-of-persistent-public-love?lang=es

[1] http://www.desiringgod.org/sermons/the-spring-of-persistent-public-love?lang=es

[2] https://elteologillo.wordpress.com/2012/07/20/martin-lutero-algo-que-podemos-aprender-de-su-vida/

[3] Gordon Fee. Gospel & Spirit. Hendrickson Publíshers, Peabody, Ms 1191, p.131, cit en H.Torres, “Liderazgo:Ministerio y Batalla”, pag. 142, ed. Betania. Betania es un sello de Editorial Caribe. Una división de Thomas Nelson © 1997 EDITORIAL CARIBE P.O. Box 141000 Nashville, TN 37214-1000, EE.UU. ISBN: 0-88113-465-1 ISBN: 0-8811-3796-0 (Edición Especial) ISBN-13: 978-0-88113-796-5.  Impreso en México

[4] Ibid

[5] Ibid,pag. 143

[6] http://es.desiringgod.org/resource-library/sermons/the-spring-of-persistent-public-love

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