La mayor parte de los teólogos escriben una teología que no entiende ni interesa al pueblo


José María Castillo

Reedita “Teología Popular, La Buena noticia de Jesús” (Desclée)

José María Castillo: “La mayor parte de los teólogos escriben una teología que no entiende ni interesa al pueblo”

“Lo mejor de mi vida lo he recibido de la Iglesia, quiero sera fiel y morir en ella”

José María Castillo

(Jesús Bastante).- José María Castillo es uno de los mejores teólogos de este país, y uno de los puntales de Religión Digital. Viene a presentarnos su nuevo libro, “Teología Popular, La Buena Noticia de Jesús”, publicado con Desclée.

Catedrático de Teología en Granada, fue destituido por el cardenal Ratzinger en el año 88, y “nunca recibí explicaciones”, cuenta. Critica que “la mayor parte de los teólogos escriben una teología que ni la entiende el pueblo, ni le interesa al pueblo” y que “el catecismo adolece de los mismos problemas que tiene la teología oficial erudita que se enseña en las aulas”.
J. M. Castillo denuncia también que “la teología que se impone en la actualidad es una colección de contenidos estructurada y sistematizada hace por lo menos 9 siglos”, y concluye opinando sobre la jerarquía de la Iglesia española: “La Conferencia Episcopal produce la impresión de que sólo le interesa conservar sus privilegios y las leyes que la favorecen, tener asegurada su herencia y agrandar su patrimonio”.

¿Es un libro que has renovado, retocado y reformado?

Sí, efectivamente. La Teología Popular, que es el nombre que tuvo desde un comienzo, nació en los últimos años 70, como resultado de una preocupación, que es el alejamiento de la teología y de la preocupación eclesiástica, de la catequesis, del Evangelio, etc.; del pueblo y de la gente. La mayor parte de los teólogos escriben una teología que ni la entiende el pueblo, ni le interesa al pueblo. Y la mayor parte del pueblo no tiene ni idea de lo que es la teología, que son los contenidos de la fe explicados.

¿O sea que el libro es una especie de adaptación de esa “alta teología”, para que la gente de a pie pueda tener una cierta base teológica para discutir y debatir?
Eso es. Aunque, más que una adaptación, lo que yo pretendía (no sé si lo conseguí) es un nuevo método o modo de hacer teología. Una teología que no arranca de lo que han escrito otros teólogos, sino de las preocupaciones de la gente, de sus problemas y expectativas. Y sobre todo, de la gente más sencilla.

Lo que ocurre es que normalmente en los seminarios y en las facultades eclesiásticas la teología que se enseña, en un porcentaje altísimo de sus contenidos y de su lenguaje, ni la entiende el pueblo, ni le interesa al pueblo, como ya he dicho. Entonces, a esto hay que darle alguna solución. Y que no me vengan con la cuestión del catecismo, porque el catecismo, al ser la teología “oficial erudita” condensada, adolece de los mismos problemas que tiene la teología que se enseña en las aulas.

¿O se que el mensaje de la teología no llega a la base debido al lenguaje que emplea la Iglesia, y sobre todo su jerarquía?

Lo que pasa es que la teología que se impone es una colección de contenidos organizada, estructurada y sistematizada hace por lo menos 9 siglos. En sus contenidos básicos sigue siendo la misma que en el siglo XII, y Roma cuida muy mucho de que se mantenga la misma. Esto genera un control, una amenaza constante sobre el pensamiento, la lengua y la pluma de los teólogos, que genera una experiencia terrible, que es el miedo.

¿Cómo puede un teólogo escrutar o estudiar los designios de la Buena Noticia sin libertad?

La teología, según el ideal de Pío XII que recuperó luego brillantemente Juan Pablo II, y que está prolongando Benedicto XVI, es una teología cuyo proyecto es repetir lo que ya se dijo. Y una teología repetitiva lo que hace es prolongar y mantener la situación que tenemos, con dos problemas que a mí me preocupan muchísimo. Uno de ellos, aunque hay valiosas excepciones, es el fracaso de la predicación. Una gran mayoría de homilías, de predicaciones, de sermones, etc.; no le interesan a la gente, ni por su contenido ni por su lenguaje, ni por los problemas que abordan, ni por los resultados o consecuencias que de ahí se sacan.

Eso por una parte, y por la otra, la clase o asignatura de Religión; porque desde el momento que tanto los predicadores como los profesores de Religión están controlados y amenazados (y hablo por experiencia, porque a mí en el año 88 un buen día me llamaron y me comunicaron oralmente, sin que mediara ni un papel, que estaba destituido de mi cátedra en Granada), no hay libertad para hacer teología.

¿Pidió explicaciones por su destitución?

Pedí que se me explicasen al menos los motivos por los cuales se había tomado esa decisión, pero la única explicación que me dieron fue que el actual pontífice (por entonces cardenal Ratzinger, prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe) había visitado junto a otros prelados al general de los jesuitas, y el resultado de aquella entrevista fue mi destitución fulminante.
No he conseguido, tras año yendo a Roma y preguntando, que me dijeran los motivos que habían mediado.

¿Ni por parte de la Santa Sede ni por parte de Kolvenbach?

Ni por unos ni por otro. Yo a Kolvenbach le tengo un gran respeto, y pienso que probablemente él no podía hacer otra cosa, porque lo que sí me consta de una persona de mucha autoridad en la Compañía de Jesús es que del acuerdo de mi expulsión no ha quedado ni un papel. Por tanto, al no haber documentación, no se puede saber si en aquella conversación se agarraron al voto de obediencia o no.

¿Se pueden entender este tipo de fracasos, rupturas y desapariciones formando parte de la Iglesia en la que crees? ¿Se puede seguir amando a la Iglesia y seguir perteneciendo a ella tras algo así?
Yo quiero mucho a la Iglesia, quiero serla fiel y permanecer en ella, morir en ella; porque es la Iglesia a quien debo el conocimiento del Evangelio y de Jesús. Lo mejor de mi vida lo he recibido de ella, gracias a que desde Jesús al momento actual una cadena ininterrumpida de creyentes ha conservado esa fe. Por eso tengo también que elogiar el trabajo de solidaridad, de caridad y de preocupación que están haciendo hoy tantos sacerdotes, religiosas y laicos. Ahora, me duele mucho el comportamiento (y lo digo sin reparos) de la jerarquía oficial, es decir, de la Conferencia Episcopal, que es una institución que produce la impresión de que lo que le interesa es conservar sus privilegios, las leyes que la favorecen, tener asegurados su herencia y su patrimonio, y agrandarlos si es posible.
Lo que no entiendo es cómo ellos no se dan cuenta de que la mayor parte de alumnos que educan en Religión luego no creen.

¿Y por qué muchos de los que optan por la Religión al final acaban renegando de la misma? ¿Las clases son igual de aburridas que las homilías?
Lo más preocupante, a mi manera de ver, son los contenidos que se dan. Y es lo mismo en las homilías y sermones que en la mayor parte de las clases de Religión: no interesan a los oyentes.
Una persona que lleva muchos años trabajando técnica y científicamente en este asunto me decía que está demostrado que los chicos se interesan por lo que les cuentan en la clase de Religión hasta los 12 años. A partir de entonces, cortan. Y luego, como en otras materias les enseñan justo lo contrario, y eso les ofrece más credibilidad que lo que les dan en la clase de Religión, ésta última la aguantan si es que pueden, y en seguida se apuntan a lo otro.
A mí me parece que aún queda mucho de lo que, ya en los años 20 del siglo pasado, Gramsci intuyó de una manera genial: Lo que les interesa, crean o no crean, practiquen o no practiquen, es sacar cuadros intermedios de mando que, entre las altas instancias de gobierno y la gente, actúen como canales que vehiculan y llevan a decisiones concretas lo que interesa a la institución eclesiástica.

¿Podría ser tu Teología Popular un buen manual de estudio para los colegios?

No sé si se puede aspirar a tanto, pero por lo menos aspiraría a que las parroquias, los grupos cristianos, los grupos de creyentes interesados por conocer el origen primero del cristianismo; encuentren en este libro la respuesta a qué es lo que quiso Jesús y lo que enseñó. Porque de ahí resulta lo que tenemos en los Evangelios, que no es una teología especulativa, de conceptos, verdades y dogmas; sino una teología narrativa, de relatos sencillos aparentemente, pero que a medida que se estudian nunca se les encuentra el fondo. Porque son de una profundidad que desmonta muchas de las cosas que damos por indiscutibles, y nos abren caminos y horizontes que no imaginamos.
Para mí el Evangelio, antes que un libro de religión, es un libro para la vida, para llevar una vida honrada, transparente, coherente. Para generar personas bondadosas, honestas y respetuosas. Eso es lo que más necesitamos y lo que más echamos de menos.

Hace poco Ernesto Cardenal llegó a Barajas y al preguntarle por un famoso gobernante de América Latina, dijo: “No puedo hablar de él porque es un ladrón”. A mí me pasa igual, que no puedo hablar de tantos y tantos gobernantes que son unos ladrones, pero sí denunciarlos como Jesús en el templo, cuando le dio el giro radical a la religión condenando a los falsos profetas. Jesús sacó a Dios del templo y lo metió en la vida, en la convivencia, en las relaciones privadas y públicas. Eso es lo que nos hace falta.

¿Este libro es el primer tomo de una serie?
Sí, quedan otros dos que saldrán en primavera y en verano.

http://www.periodistadigital.com/religion/libros/2012/12/26/jose-maria-castillo-la-mayor-parte-de-los-teologos-escriben-una-teologia-que-no-entiende-ni-interesa-al-pueblo-religion-iglesia-libros-desclee.shtml

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