LA ÉTICA ECONÓMICA DE LOS PURITANOS Y LA TEOLOGÍA O EVANGELIO DE “PROSPERIDAD” DE HOY


LA ÉTICA ECONÓMICA DE LOS PURITANOS Y LA TEOLOGÍA O EVANGELIO DE “PROSPERIDAD” DE HOY

Autor:Paulo Arieu

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INTRODUCCIÓN

La realidad mundial es compleja. Es imposible hacer un balance unitario. Voy a intentar hacer uno referente a la realidad macro y otro a la micro. Si consideramos la forma en que los dueños del poder se están enfrentando a la crisis sistémica de nuestro tipo de civilización —organizada sobre la base de la explotación ilimitada de la naturaleza, la acumulación también ilimitada y la consecuente creación de una doble injusticia: la social con sus perversas desigualdades a nivel mundial, y la ecológica con la desestructuración de la red de la vida que garantiza nuestra subsistencia—, y si tomamos como punto de referencia la COP 18 realizada en este final de año [2012] en Doha (Qatar) sobre el calentamiento global, podemos sin exageración decir: estamos yendo de mal en peor. De continuar por este camino, vamos a encontrarnos, a no tardar mucho, delante de un «abismo ecológico».(Leo Boff)

En el mundo, “Vamos de mal en peor”

Escribe el teólogo brasilero Leo Boff que

Hasta ahora no se han tomado las medidas necesarias para cambiar el curso de las cosas. La economía especulativa sigue floreciendo, los mercados son cada vez más competitivos —lo que equivale a decir cada vez menos regulados—, y la alarma ecológica, materializada en el calentamiento global, dejada prácticamente de lado. En Doha sólo faltó dar la extremaunción al Tratado de Kyoto. Irónicamente se dice en la primera página del documento final que nada resolvió, pues pospuso todo para 2015: «el cambio climático representa una amenaza urgente y potencialmente irreversible para las sociedades humanas y para el planeta, y este problema necesita ser afrentado con urgencia por todos los países». Y no está siendo afrentado. Como en los tiempos de Noé, continuamos comiendo, bebiendo y recogiendo las mesas del Titanic que se hunde, escuchando todavía la música. La Casa está en llamas y mentimos a los otros diciendo que no lo está.

El ve dos razones para esta conclusión realista que parece pesimista, y  las explica sencillamente.

Diría con José Saramago: «no soy pesimista; la realidad es la que es pésima; yo soy realista».

a) La primera razón tiene que ver con la premisa falsa que sustenta y alimenta la crisis: el objetivo es el crecimiento material ilimitado (aumento del PIB), realizado sobre la base de la energía fósil y con un flujo totalmente liberado de los capitales, especialmente especulativos.

Esta premisa está presente en los planes de todos los países, incluido el brasilero. La falsedad de esta premisa reside en la total falta de consideración de los límites del sistema-Tierra. Un planeta limitado no soporta un proyecto ilimitado. No tiene sostenibilidad. Es más, se evita la palabra sostenibilidad que viene de las ciencias de la vida; ella no es lineal, se organiza en redes de interdependencias de todos con todos, que mantienen funcionando todos los factores que garantizan la perpetuación de la vida y de nuestra civilización. Se prefiere hablar de desarrollo sostenible, sin darse cuenta de que se trata de un concepto contradictorio porque es lineal, siempre creciente, y supone la dominación de la naturaleza y la quiebra del equilibrio ecosistémico. Nunca se llega a ningún acuerdo sobre el clima porque los poderosos consorcios del petróleo influencian políticamente a los gobiernos y boicotean cualquier medida que les disminuya las ganancias, por eso no apoyan las energías alternativas. Sólo buscan el crecimiento anual del PIB.

Este modelo está siendo refutado por los hechos: ya no funciona ni en los países centrales, como lo muestra la crisis actual, ni en los periféricos. O se busca otro tipo de crecimiento —que es esencial para el sistema-vida, pero que debemos hacerlo respetando la capacidad de la Tierra y los ritmos de la naturaleza—, o encontraremos lo innombrable.

b) La segunda razón es más de orden filosófico y por ella he venido luchando desde hace más de treinta años. Implica consecuencias paradigmáticas: el rescate de la inteligencia cordial o emocional para equilibrar el poderío destructor de la razón instrumental, secuestrada hace siglos por el proceso productivo acumulador. Como nos dice el filósofo francés Patrick Viveret, «la razón instrumental sin la inteligencia emocional puede perfectamente llevarnos a la peor de las barbaries» (Por uma sobriedade feliz, Quarteto, 2012, 41); recuérdese la remodelación de la humanidad proyectada por Himmler que culminó con la shoah, la liquidación de los gitanos y de los discapacitados.

Si no incorporamos la inteligencia emocional a la razón instrumental-analítica, nunca vamos a sentir los gritos de la Madre Tierra, el dolor de las selvas y los bosques abatidos, ni la devastación actual de la biodiversidad, del orden de casi cien mil especies por año (E. Wilson). Y junto con la sostenibilidad debe venir el cuidado, el respeto y el amor por todo lo que existe y vive. Sin esta revolución de la mente y el corazón iremos, sí, de mal en peor.

Que podemos hacer? Nosotros,no mucho. Pero mientras se desarrolla la crisis y vemos su evolución, al menos podemos procurar entender mejor la crisis que vivimos. Si estudiamos la ética de los puritanos calvinistas, veremos que conceptos tan sanos y verdaderamente libres tuvieron estos cristianos que dieron forma a nuestra cultura americana. Nos ayuda mejor a entender las raices del capitalismo, y el sano manejo del dinero.

Y no solo podremos entender mejor nuestra cultura occidental, sino que ademas, podremos dar una respuesta teologica y pastoral a las herejias de los maestros de la siembra y la cosecha, con sus herejías harto denunciadas por todos los predicadores habidos y por haber.

El puritanismo

El puritanismo, una parte radical del protestantismo, tuvo su origen en la Inglaterra posterior a la Reforma, durante el reinado de Isabel I de Inglaterra. Durante el siglo XVI, un sector importante de la Iglesia anglicana sentía que la ruptura definitiva con el catolicismo no se había terminado de producir, ya que buena parte de la liturgia y las creencias eran similares. Por otro lado, el anglicanismo estaba demasiado próximo al poder, obediente a sus decisiones y, por tanto, arbitrario según las coyunturas del momento.

El dogma central del puritanismo era la autoridad suprema de Dios sobre los asuntos humanos, no la predestinación iniciada por Calvino. Además, los puritanos subrayaban que el individuo debía ser reformado por la gracia de Dios. Cada persona, a la que Dios mostraba misericordia, debía comprender su propia falta de valor y confiar en que el perdón que está en Cristo le había sido dado, por lo que, por gratitud, debía seguir una vida humilde y obediente.

A finales del siglo XVI los puritanos ya se han escindido en dos ramas: una más próxima a las tesis de Calvino, denominados presbiterianos, así llamados por que elegían a sus presbíteros, y que impulsan una centralización de la estructura eclesial, y otra integrada por los congregacionistas, que defendían estructuras locales independientes unas de otras.

Las iglesias presbiterianas forman parte de la familia de iglesias reformadas dentro del protestantismo basadas en las enseñanzas de Juan Calvino, que traza sus raíces institucionales a la Reforma escocesa, especialmente como liderada por John Knox.

Estas denominaciones derivan su nombre de la palabra griega presbyteros, que significa literalmente “anciano”. El gobierno presbiteriano es común a las iglesias protestantes que siguieron más de cerca el modelo de la Reforma de Suiza. En Inglaterra, Escocia e Irlanda, las iglesias reformadas que adoptaron un gobierno presbiteriano en vez del episcopal, pasaron a ser conocidas (como es natural) como la Iglesia Presbiteriana.

El origen del presbiterianismo se remonta al principio de la Reforma Protestante del siglo XVI, más precisamente a las reformas protestantes suizas y escocesa, lideradas por personajes como Ulrico Zuinglio, Juan Calvino y Juan Knox

En cuanto a la teología, las Iglesias Presbiterianas son herederas del pensamiento del reformador Juan Calvino (1509-1564) y de las notables formulaciones confesionales (confesiones de fe y catecismos), elaboradas por los reformadores de los siglos XVI y XVII. De estas, destácase la Confesión de Fe de Westminster, hecha por la Asamblea de Westminster reunida en Londres en la década de 1640. Este conjunto de convicciones presbiterianas, conforme expuestas por el pensamiento de Calvino, es denominado de Teología Calvinista o Reformada. Entre sus énfasis están la soberanía de Dios, la elección divina, la importancia céntrica de la Palabra y los Sacramentos, el concepto del pacto, la validez permanente de la ley moral y la perfecta conciliación de la piedad y el cultivo intelectual.

De esta manera, podemos definir calvinismo como “un sistema de convicciones que, bajo la influencia de la mente maestra de Juan Calvino, surgió para dominar en las diversas esferas de la vida humana”.

Muchos de los puritanos eran congregacionalistas, considerados por algunos como calvinistas descentralizados.Sobre esta iglesia no hay informacion disponible.

Los puritanos

Los puritanos eran hombres de Dios que llevaron una luz espiritual a Inglaterra, y estamparon una grandeza moral en ese país que ningún otro grupo, religioso o secular, ha logrado jamás. Sin embargo, muy pocos seres han sido más persistentemente difamados y tergiversados que ellos. La simple palabra ‘puritano’ se ha convertido en muchas partes en un término de escarnio, que implica un lóbrego fanatismo, hipocresía, estrechez de mente e intolerancia ignorante. Hoy, si alguien apoya las claras doctrinas bíblicas y la adoración sencilla, o se opone a la degradación moral, a la injusticia política, a la apostasía de la iglesia, a los juegos, al alcohol y a las diversiones nocivas, o a la secularización del día del Señor, será tildado con seguridad de ‘puritano’. El odio en contra de los puritanos fue fomentado deliberadamente por sus enemigos políticos y eclesiásticos en el reinado de Carlos II, muchos de los cuales eran enemigos declarados de la verdad y la piedad. Pero el término ‘puritano’ es un símbolo de honor; parte del vituperio de Cristo, sufrido por hombres que no temen o se avergüenzan de salir a Él, “fuera del campamento”.

El movimiento puritano se extendió más o menos desde el año de 1560, cuando la reina Isabel I estaba forzando la conformidad en la liturgia y en las ceremonias, hasta 1688, el año de la ‘Revolución Gloriosa’, cuando Guillermo de Orange, “el calvinista real”, destronó a los Estuardo. Pero los puritanos tuvieron poder y control del gobierno únicamente durante aproximadamente veinte años, de 1640 a 1660, bajo el gobierno del Señor Protector Oliver Cromwell.

El puritanismo comenzó como un movimiento de reforma dentro de la Iglesia de Inglaterra contra todas las tendencias que favorecían a la Iglesia de Roma. En 1572 los puritanos elaboraron una exposición de su posición que fue llamada La Admonición, que fue presentada al gobierno. Protestaban porque muchos ministros no tenían un verdadero llamado de Dios y eran ignorante e ineficientes; exhortaban que únicamente aquellas cosas que la Palabra de Dios ordenaba fueran aceptadas en las iglesias o expresadas en la adoración; objetaban el uso de la ‘sobrepelliz’ porque era un atuendo sacerdotal, la señal de la cruz en el bautismo como algo supersticioso, arrodillarse en la cena del Señor ya que implicaba adoración de los elementos del pan y del vino; y la observancia de diversos festivales debido a su origen pagano. Deseaban purificar los servicios de todo remanente de la enseñanza, práctica, y supersticiones de la Iglesia de Roma, y dotar a cada parroquia de un ministro sincero, de orientación espiritual y que fuera predicador. Sus principios fueron rechazados.

Cuando Jacobo I accedió al trono en el año de 1603, había más de mil clérigos puritanos que eran sólidos en teología reformada y en prácticas reformadas. Lado a lado con este movimiento dentro de la Iglesia de Inglaterra, surgió un movimiento separatista, conformado por: independientes, presbiterianos, bautistas, etc., que constituyeron las iglesias libres de la tierra. Sus principios coincidían en gran manera. Más tarde, con el Acta de Uniformidad de 1662, y la expulsión de los puritanos de la Iglesia Estatal, se aplicó el nombre ‘puritano’ a los no conformistas o inconformes.

Tres factores vitales contribuyeron grandemente al crecimiento y progreso del puritanismo: la fundación de ‘Emmanuel College’, Cambridge, (uno de los Institutos de la Universidad de Cambridge), donde se educaron muchos excelentes teólogos evangélicos. El segundo factor fue la producción de la Confesión de Fe de Westminster, que fue elaborada por la Asamblea de Westminster en el año de 1647, que expone el sistema de fe puritana y da una definición comprensiva de la doctrina calvinista con citas de la Escritura. En tercer lugar están los voluminosos escritos tanto doctrinales como prácticos de autores puritanos. Después de 1662, cuando muchas de sus voces fueron silenciadas, sus plumas estaban más activas que nunca. Solamente Richard Baxter escribió no menos de 168 libros. Los grandes nombres puritanos son: Goodwin, Baxter, Owen, Brooks, Charnock, Manton, Sibbes, Howe, Marshall, Watson, Ness, Poole-Conner, Bridges, Calamy, Clavel, Bifield, y muchos más.

El pastor bautista inglés Charles Spurgeon estaba empapado de los principios puritanos, de sus perspectivas, y de sus escritos. Desde su más temprana edad comenzó a leer a los puritanos. Eran sus autores favoritos. Son incomparables por su sana doctrina, fortalecimiento de la fe, dulzura del consuelo, examen del corazón y su exaltación de Cristo. Durante toda su vida, Spurgeon encendió su antorcha con el fuego puritano el cual brilló en su mano intensamente durante todo su ministerio. ¡Fue en verdad un heredero de los puritanos!

Etica economica de los primitivos puritanos

 1. LA ÉTICA ECONÓMICA DE LOS PRIMITIVOS PURITANOS

Los estudios sobre ética económica, valor y uso del dinero que encontramos en los escritos de los primeros puritanos entre el siglo XVI hasta finales del siglo XVIII son catalogados por algunos expertos como estudios inéditos en la historia del protestantismo inglés. En cuanto a Juan Calvino, reformador ginebrino, bien puede decirse que su influencia en la ética económica de los puritanos fue más bien indirecta más que directa. Esto en cuanto hace al espinoso tema de que “la prosperidad material llega a ser una evidencia de la predestinación o elección de Dios”. El profesor Theo Donner, a mi juicio, está en lo correcto cuando dice que “no se puede identificar la perspectiva puritana sin más con la perspectiva de Calvino”. [1] Aunque por otro lado, no se puede negar que la producción literaria inicial del reformador francés fue ampliamente conocida y consultada por los puritanos ingleses.

En la Inglaterra de Oliver Cromwell también se produjeron circunstancias de reforma bien notorias las cuales diferentes historiadores han catalogado la Reforma en Inglaterra como “la otra reforma” o también han dicho que produjo “experimentos teológicos originales”. [2] Mucho de esto tiene que ver con el enfoque de la justicia social y económica producto de un pensamiento bíblico-puritano maduro importante de estudiar. En varios aspectos, como hemos visto, la reforma inglesa fue sui generis respecto de la reforma continental.

Pero en relación con la influencia del puritanismo en los asuntos de economía, trabajo, producción monetaria y préstamo de dinero con interés, hay dos etapas bien delineadas en la historia inglesa: una primera etapa estuvo enmarcada aún por la influencia de la Edad Media y la Reforma; y una segunda etapa estuvo influenciada por la modernidad producida igualmente en suelo europeo. Es aquí que surge un puritano de diferente mentalidad pero cuestionable a la vez, porque cae en el nominalismo cristiano o lo que es lo mismo, en el deterioro de la fe cristiana emanada de la Reforma, episodio que comienza a producirse especialmente a fines del siglo XVIII y todo el siglo XIX. Hacer comprensible estos análisis es nuestro propósito a continuación. Pero, para el propósito del presente artículo sólo trataremos con los puritanos de lo que aquí denominamos “de la primera etapa”. Este puritanismo está ubicado tanto en Inglaterra como en los Estados Unidos.

1.1. El puritanismo de la primera etapa: influencia de la Edad Media y la Reforma del siglo XVI

Los enfoques de la vida socio-económica –como dijimos arriba– tuvieron un escenario realmente distinto en la vida del protestantismo histórico. Varios de los reformadores ingleses como Hugo Latimer, el refugiado Martin Bucer junto y Richard Baxter han sido considerados como los representantes del ala izquierda de la Reforma en Inglaterra. Éstos hicieron tronar sus enseñanzas contra los nuevos dueños del Estado ridiculizando al mismo tiempo el derecho canónico tanto de Roma como de la iglesia anglicana. Sin embargo, a Latimer se le mete a la cárcel al acusarlo de que predicaba el odio de clases cuando declaraba que “la pereza de los pobres no debía excusar y compensar la dureza de los ricos”. En el Nuevo Mundo, John Cotton, John Winthrop, Richard Mather, Thomas Hooker y William Bradford mediante un liderazgo con un fuerte sabor bíblico-teológico y clerical fueron artífices de una administración pública más justa en relación con las distintas formas de vida política al lograr una regulación adecuada del préstamo con interés para la nueva sociedad que se vislumbraba como Estados Unidos de América. [3]

En el viejo continente el individualismo económico era perseguido como se perseguía igual el no-conformismo religioso. De ahí que los nuevos ricos que se lucraban con los préstamos al papado y los beneficios de la guerra eran realmente escandalosos tanto para los católicos como para los protestantes. Los asuntos económicos y sociales fueron vistos por los puritanos como órdenes y poderes sin la bendición de Dios para los pueblos a menos que existiera un verdadero “dirigismo cristiano”.

Ahora bien, por un lado, mientras que en Europa católicos y protestantes se disputaban todavía la hegemonía territorial y la influencia cultural inculcando prescripciones éticas para hacer que el rico no explotara al pobre mediante la usura, por otro lado, los puritanos quisieron demostrarle al mundo y a sí mismos “que el cielo es de Dios y que el mundo entero no pertenece a mammon”. Los puritanos consideraban que la iglesia era en verdad ingenua frente a los temas económicos. Aquellos tiempos encaraban circunstancias difíciles de sobrepasar y Europa estaba en ebullición constante. Los puritanos estaban viviendo en un siglo de nuevas luces y, sin embargo, estaban convencidos de que no había nada que temer para su fe. Los escritos de la mayoría de ellos muestran una persuasión común: Dios les manda a ser esforzados en construir y edificar un nuevo mundo, el reino de Dios y su justicia. Así mismo, repudiaron el concepto de la moral clásica que hacía depender la salvación de la sumisión bendita, obediente y resignada al orden divino de nacimiento y naturaleza. Para el puritano más bien, el orden depende de él en mayor medida que él depender del orden. Y también afirmaban: “el carácter lo es todo, las circunstancias, nada”. [4]

El puritano de esta primera etapa que se localiza a mediados del siglo XVI y comienzos del siglo XVII es alguien que cree que el cristianismo bíblico permite una realización tanto en el hacer como el ser. Hoy algunos dirán que lo importante no es tener sino ser. [5] Luego entonces, el puritano de aquellos tiempos es una mezcla explosiva de trabajo y lirismo, de buena conciencia y de heroísmo; es anticlerical y de fe profunda, es individualista y al mismo tiempo solidario, de energía humana y de humildad ante Dios. Del mismo modo existe una paradoja que ha sido difícil de descifrar para historiadores y teólogos: su magnificente actitud hacia la riqueza y su lucha contra la pobreza, lo que en varios instantes le hizo ser duro con los pobres. E irónicamente han sido llamados “los socialistas y comunistas” de aquellos tiempos. Pero entiéndase, el espíritu y filosofía de vida eran algo bien diferente. Nada tuvieron que ver con el comunismo del siglo XX, que como se demostró, no podía perdurar por mucho tiempo.

1.2. Opinión puritana sobre el trabajo, la producción y el dinero

Cuando Martín Lutero llegó a ser un monje de inmediato se sometió a lo que la iglesia católica tenía por “virtud” cristiana: hizo el voto de pobreza y de castidad. Esto reflejaba el ya establecido punto de vista católico de que la pobreza material es una virtud inherente para una persona. Sin embargo, los Reformadores—incluyendo a Lutero mismo—no lo vieron de esta forma. El punto de partida de su pensamiento sobre el dinero y las posesiones fue que tales cosas por principio son algo bueno.

Los puritanos estuvieron de acuerdo con Calvino al considerar que “el dinero es bueno en sí mismo”. Además, recordemos que el libro de Eclesiastés declara que “el dinero sirve para todo”, o “tiene una respuesta para muchas cosas” (10:19). Leland Ryken escribe acerca de un puritano de nombre Samuel Willard de quien se dice que “alabó a John Hull en su funeral, porque a la vez que ‘había sido un buen comerciante, esto no le impidió ser un santo en la tierra que vivió por encima del mundo sin incurrir en contradicción. La divina providencia –afirmó– le dio a Hull una porción de prosperidad de los bienes de este mundo, pero en todo demostró ser un cristiano íntegro”. [6]

Como podemos notar, los puritanos rompieron con el esquema medieval de ver la vida económica y productiva, y más bien afianzaron la idea de que el dinero debe servir para la mayor gloria de Dios y el bien del hombre. Unido a esto, corrientemente encontramos opiniones como las de Richard Baxter, que en aquellos días eran escándalo: “Todo amor de criatura, el propio mundo o la riqueza no son pecaminosos en sí mismos. Y por sí mismas, todas las obras de Dios son buenas”. [7]

Considero que en este punto Leland Ryken retrata bien lo que era el sentir del puritanismo, lo que a la postre fue la transformación de la vieja mentalidad medieval que llegó a desembocar en lo que llamamos la modernidad, estilo de vida que todavía nos acoge, aunque hoy muchos afirmen que vivimos tiempos postmodernos.

Estas mismas ideas también las encontramos en el puritano Samuel Willard quien puntualizó que “las riquezas son consistentes con la piedad, y cuanto más uno tiene, tiene más ventaja de hacer el bien con ella, si Dios le da el corazón para ello”. Y William Adams consideraba que los esfuerzos económicos eran dignos del afecto Cristiano. Escribió que “el Cristiano tiene muchos negocios que hacer en y a través del mundo los cuales debe con diligencia atender”. [8]

Ampliando estas ideas, aunque ellos afirmaban la bondad del dinero, hallaron necesario defender los legítimos aspectos del mismo en contra de sus detractores. Por ejemplo, William Perkins —uno de los grandes líderes de la iglesia de Inglaterra— así lo reafirmó cuando en un sermón que predicó basado en Mateo 6:19–20 menciona una lista de lo que Cristo el Señor no prohíbe:

1)    Esfuerzo diligente en la vocación que uno tiene, porque a través de este medio la persona se provee lo que necesita para sí mismo y para los que dependen de él.

2)    El goce y posesión de bienes y riquezas: porque estas son una bendición de Dios si son usadas correctamente.

3)    Acumular y atesorar bienes no está prohibido, y la Palabra de Dios lo concede aquí con algún respeto”. [9]

1.3. La ética puritana del trabajo, la tesis de Max Weber y el problema de la generalización dentro de la “teología de la prosperidad”

Tal como podemos advertirlo, la fuente de las riquezas de las cuales hablaban los puritanos tenía que ver más con una sólida disciplina en el trabajo, un esfuerzo diligente y consciente para producir, pero mediante la honestidad y el temor de Dios. A esto se sumaba una clara preocupación por la justicia social, los buenos gobiernos y la integridad u honestidad de los gobernantes, amé de una iglesia fuerte y agresiva. A diferencia de todo esto, la teología o evangelio de la prosperidad ignora por completo estas cosas. Jamás se ocupa de exhortar sabiamente a los gobernantes de los países de América Latina quienes en gran medida generan pobreza a las propias masas que ellos mismos marginan con leyes injustas de todo tipo Isaías 10:1,2). ¿Dónde están los proyectos sociales, éticos y políticos de estas élites para mejorar el estilo de vida de sus países y aún de sus propias comunidades donde han brotado templos de hasta 4 millones de dólares? Este “otro evangelio” que enfatiza la prosperidad material por medio de la fe cae en una generalización que le hace perder el equilibrio bíblico al pasar por alto los diversos factores que inciden en la situación económica, social y política en que viven muchos creyentes en Cristo.

El estilo de generar riquezas se da casi por un acto mágico de fe en la “siembra” que debe hacer el creyente pobre al dar lo que no tiene. Generalmente se debe hacer consignando dinero en ciertas cuentas bancarias que hábilmente están dirigidas por una élite religiosa a nombre de una sola persona o un grupo familiar. Llevando esto hasta las últimas consecuencias diríamos que por medio de la fe el cristiano pobre puede ascender de inmediato a la clase media, el de clase media, a la clase alta, y el millonario convertirse en un multimillonario. Conclusión: si todos los creyentes no somos millonarios es porque no tenemos fe. Entonces algo está mal en nuestra vida cristiana. Todo creyente que no es rico está en pecado. Esta es una grave generalización.

Max Weber en escena

Todo predicador de la teología o evangelio de la prosperidad debería leer la obra de este sociólogo. Su crítica adversa al calvinismo y al puritanismo demuestra que su lucha contra la ética protestante era la forma de ver la tenacidad del puritano por prosperar económicamente con un fin: eliminar la pobreza, extender el reino de Dios en la tierra y contribuir a construir mejores Estados y gobiernos. Ninguna de estas cosas aflora en los discursos de los maestros de la teología de la prosperidad. Pero, aun así, el propio Max Weber falló en su diagnóstico.

La tesis de Max Weber [10] (escrita entre 1904-1905) considerada como uno de los estudios críticos de sociología de la religión más importantes del siglo XX en relación con el capitalismo y la vehiculización teológica del puritanismo y del calvinismo. Sin embargo, se ha venido demostrando que M. Weber falló en entender adecuada y correctamente tanto a Calvino así como a los puritanos de la primera etapa [11] . Haciendo un breve sumario de la tesis de Weber, en la Segunda Parte, Capítulo II, intitulado La relación de la ascesis y el espíritu capitalista, afirma que la ética ascética de calvinistas y puritanos ligado a la doctrina de la gracia predestinante, fueron la fuerza impulsora que motivaron el trabajo diligente, duro, disciplinado y frugal, y por ende, las raíces del actual capitalismo [12] . Pero esto, en verdad no tiene verdaderas bases.

Hay que decir que el lado correcto que Weber no atinó a ver es que, para los puritanos, trabajar duro y hacer dinero mediante ahorro era una forma de mayordomía o administración. Y además, sus móviles y filosofía de vida económica para hacer y administrar el dinero no se parecen para nada al actual capitalismo moderno y sus aterradoras consecuencias. Pues aquellos perseguían y difundían los ideales evangélicos de Cristo así como la ética del apóstol Pablo acerca del uso del dinero y las riquezas. Por consiguiente, no puede negarse que en algunos instantes los discursos de los puritanos acerca de la riqueza y el dinero daban la apariencia de una importancia exagerada. Pero el examen de opiniones de otros puritanos nos ofrece una mejor claridad al respecto, y se puede demostrar que las formulaciones de Max Weber, Ernest Troeltsch y del propio Erich Fromm [13] chocan en el yunque de la verdad.

1.4. Ricardo Baxter y otros puritanos en escena

En un contexto más amplio los escritos de Ricardo Baxter sobre la vida económica llaman la atención cuando afirmaba que “la eficiencia y la productividad son simplemente una evidencia de sentido común y un fuerte deseo de ser un buen administrador de los dones o bienes de Dios”. [14] Aquí podemos vislumbrar una importante idea que refuta las opiniones de los anteriores filósofos. Leyendo los conceptos éticos en las obras de los puritanos, aquellos nos permiten ver que el deseo de progresar materialmente no lo era tanto por el hecho de que sus riquezas eran el símbolo de su predestinación a la gloria celestial sino el deseo de ser obedientes en poner por obra el “mandato cultural de Génesis 1:28. Los análisis exegéticos de este y de otros textos bíblicos en cuanto al mandato cultural han sido olvidados por la propia iglesia cristiana desde hace tiempos. El desconocimiento de este mandato divino ha traído graves consecuencias a las naciones y a la propia iglesia al no haber instruido a los creyentes en esta importante materia. De ningún modo estamos despreciando el mandato misionero de Mateo 28. Sin embargo, la crisis ecológica y económica del mundo es una muestra de esto. [15] Aquí cabe entonces una pregunta lógica: ¿Por qué los puritanos estaban tan seguros de que el dinero era algo bueno? Lo que hallamos al leer sus escritos sobre este tema es que primordialmente ellos creían que el dinero y la riqueza eran dones de Dios. Siguiendo aquí los análisis de Ryken, estudiemos en consecuencia otras opiniones éticas de los puritanos. William Perkins escribe: “Si acontece que heredamos una gran propiedad debemos disfrutar aquella en buena conciencia como una bendición y un don de Dios”. Y John Robinson escribió el siguiente comentario: “Las bendiciones del Señor son las que enriquecen… Y como las riquezas son en sí mismas bendiciones de Dios, debemos desearlas para un confortable curso de nuestro estado civil y natural”. Por su parte Richard Sibbes declara: “Si el dinero y la propiedad son dones de Dios, las cosas de este mundo son buenas en sí mismas, y se nos han dado para endulzar nuestro paso al cielo”. [16]

1.5. La Ética Económica de Gracia de los puritanos, el concepto de “maldiciones” y “fe en la siembra” de la Teología de la Prosperidad

¿Acaso todas estas anteriores opiniones de los puritanos son una reminiscencia de la actual “teología de la prosperidad”? Cualquier lector podría suponer que aquí tenemos los comienzos o que encontramos a los precursores de esta acariciada teología de riquezas. Sin embargo, el trasfondo puritano es muy diferente de lo que hoy predican los denominados “apóstoles y profetas” dentro del moderno movimiento carismático que provino del Movimiento de la Fe o iglesia electrónica de los Estados Unidos. Es diferente por cuanto los puritanos no solo consideraron la riqueza como un don de Dios proveniente de una fuerza laboral disciplinada; e igual hablaron de dos cosas más que es necesario no perder de vista: En primer lugar, disociaron las riquezas de la idea de mérito humano; y en segundo lugar, hablaron claro de los peligros de la riqueza para el alma y la vida espiritual de los creyentes, en especial de los pastores. Esto último, por lo menos nunca escuchamos de parte de los “pastores ricos” de hoy que se enriquecieron por el constante énfasis o empleo de la amenaza de “maldición de pobreza y enfermedad” contra la gente que no da el diezmo y mucho más del diezmo. Miles de personas han dado sus diezmos para Dios, pero la codicia de muchos pastores les ha llevado a recibir millones en diezmos para usufructo propio; y muchas veces empleando fórmulas ilegales para el control de los ingresos. En la teología de la prosperidad el énfasis está puesto en una transacción que se llama “fe en la siembra”, es decir, fe en algo que el oferente hace. Lo cual conduce a una salvación por obras porque dicha fe en la prosperidad es equivalente a la proporción de dinero que se da. Y esto automáticamente se convierte en un mérito humano.

De otra forma, los puritanos tenían claro que el propio esfuerzo humano laborioso y disciplinado en sí mismo no aseguraba la garantía del éxito económico; para aquellos el trabajo debía ir acompañado de la bendición, la gracia de Dios y de la complacencia divina, efectos sin los cuales también hoy día es imposible la verdadera prosperidad. “La bendición de Dios es la que enriquece, y no añade tristeza con ella” (Proverbios 10:22). Un puritano reconocido entre los bautistas de Estados Unidos, Cotton Mather, corrobora estas ideas cuando afirmaba al respecto: “En nuestra ocupación lanzamos nuestras redes; pero es Dios quien nos trae todo lo que atrapamos”. Por su parte, John Robinson igualmente escribió: “Si los bienes son obtenidos mediante la industria, la providencia y la habilidad, es Dios quien nos da tal facultad, el uso de ella y el éxito juntamente”. [17] Se advierte que la ética puritana es una ética de gracia y no de mérito humano. Y no obstante, William Ames sostuvo que, “la propiedad privada está fundamentada no solo en lo humano, sino en el derecho natural y divino”. [18] Hay que decir aquí que sin duda, la defensa de la propiedad privada que hacían los puritanos era una extensión de su creencia en la legitimidad del dinero. Pero siempre con fines de extender la generosidad hasta donde más se pudiese.

La investigación de Ryken nos deja ver otra interesante historia. “Cuando John Hull”, –dice– “uno de los más grandes mercaderes de Massachusetts, perdió sus barcos con los holandeses, se consoló al pensar en la providencia de Dios: la pérdida de mis bienes no son nada, si con esto el Señor quiso que mi alma se acercara más a él y perder aún más mis comodidades de criatura”. [19]

Todos estos textos podrían llevarnos a creer que la importancia atribuida al dinero de parte de los puritanos les conducía a elevar los bienes materiales por encima de los valores espirituales. Pero John Winthrop, un famoso puritano reprendía duro a aquellos que creían que la prosperidad externa producía la verdadera felicidad. [20] De otro lado, Peter Bulkeley escribió que “un cristiano puede hacer muchas cosas para sí mismo siempre y cuando éstas no estén en oposición sino en subordinación a Dios y a su gloria”. [21]

1.6. Los puritanos, la consideración de la pobreza y la teología de la prosperidad

Con base en la anterior argumentación se podría llegar a la conclusión de que si la riqueza es una bendición de Dios, la pobreza, por lógica deducción, es una maldición del Señor tal como lo declaran los maestros de la “siembra y cosecha”. El lector pudiese pensar que existe una enseñanza paralela entre la “teología de la prosperidad” y la ética del dinero del puritanismo. Pero esto sólo es una figura imprecisa. No podemos engañarnos aquí. Un análisis apropiado nos revela que la teología de la prosperidad lleva a cabo una interpretación inconsecuente de la Biblia a la hora de hablar de los temas de la riqueza y la pobreza. Otro hecho que podemos notar es el problema del reduccionismo de la fe que hace dicha teología. Al leer el NT notamos que algunos seguidores del Señor tenían bienes materiales (Lc. 8:1-3; Hch. 2:43-47; 4:32-35); pero los otros —o sea la mayoría— eran pobres (1 Cor. 1:25-29). Tenemos el caso de la iglesia de Jerusalén, cayó en tanta pobreza que fue necesario recibir ofrendas de las iglesias no judaicas (Rom. 15:25; 2 Cor. 8,9; Gál. 2:10).

La experiencia de la historia de la iglesia y las misiones tampoco avalaría este particular estilo de la teología de la prosperidad. Pues no es correcto afirmar de forma absoluta que aquellos que creen en Cristo si no son ricos materialmente se deben al efecto directo de estar bajo una “maldición” de parte de Dios. Y por lo general muchos predicadores que defienden este tipo de razonamiento siempre están mencionando el pago del diezmo de forma anti-bíblica. Desde otro ángulo de vista la riqueza material viene a ser la garantía de la piedad. Pero, ¿es correcto esto?

Históricamente a dicho interrogante los puritanos respondieron negativamente. Realmente el puritanismo —y creemos que subsiguientes generaciones de evangélicos— estaba en total desacuerdo con aquellos que estimaban que el éxito económico es la garantía directa de la piedad. Sabemos que no siempre resulta así en la experiencia práctica de cada hijo de Dios. La Biblia y la historia nos dejan ver tácitos ejemplos de que hubo siervos de Dios ricos y pobres. En el puritano Thomas Watson podemos encontrar una aprobación positiva —y con la cual todo cristiano bíblico estaría de acuerdo— cuando menciona la importancia de la diligencia en el trabajo, producción y uso adecuado del dinero. Y sin embargo, sobre la pobreza y riquezas este hombre hace afirmaciones valerosas para estos tiempos de “materialismo cristiano”. Dice:

Dios no trata a todos por igual; tiene pruebas para los fuertes y estímulos para los débiles. Dios es un médico fiel, y por tanto, hace el mejor uso de todo. Si Dios no te da lo que quieres, te dará lo que necesitas. Un médico no trata tanto de agradar el paladar del paciente como curar su enfermedad. [22]

Y relativo a la trampa de las riquezas declaró:

Las riquezas no solo son como la telaraña, inservibles, sino como el huevo de las serpientes, perniciosas. Las riquezas guardadas por su dueños para su mal” (Ec. 5:13). [23]

Y respecto de que la verdadera piedad es usualmente asistida por la prueba y la persecución —de lo cual no cabe duda—, escribió:

Las aflicciones tienden a engrandecer a los santos, al darles renombre en el mundo. Jamás han sido los soldados tan admirados por sus victorias como los santos lo han sido por sus sufrimientos… Se puede preguntar: ¿Cómo nos hacen felices las aflicciones? Respondemos que, siendo santificadas nos acercan más a Dios. [24]

Era bien claro entonces que para los puritanos la piedad o consagración a Dios no es una garantía directa —como si se tratase de un lotería— para la prosperidad material y el hallarnos libres de pruebas, dolores y tentaciones.  John Cotton afirmó que “un cristiano usualmente soporta el bien y el mal según como Dios los dispense para él”. [25] Y las siguientes palabras de Samuel Willard bien pueden hacer estremecer al más “confiado” de los cristianos: “Las riquezas no son una evidencia del amor de Dios, y tampoco la pobreza es un signo de su rechazo o ira de Dios”. [26] En el pensamiento puritano sobresale la idea de que entre las muchas cosas que obran para el bien de aquellos a los que conforme al propósito de Dios han sido llamados, está la pobreza. El sentir de William Ames también era que “la pobreza en sí misma no es un crimen o una desventaja de la cual avergonzarnos: algunas veces es enviada por Dios a los piadosos como una corrección para probarlos o buscarlos, o ambas”. [27]

Y Richard Baxter concluye:

“Nadie es excluido de la iglesia por falta de dinero, ni la pobreza es una monstruosidad a ojos de Cristo. Un corazón vacío puede ser un gran impedimento, pero una bolsa vacía no. Su reino de gracia está más en consonancia con el desprecio y la pobreza que el honor y la riqueza”. [28]

Por consiguiente, como vemos, la uniforme enseñanza es que la pobreza, cuando es administrada por Dios como un instrumento que aplica a sus escogidos según sus santos propósitos, bien puede ser el camino para una espiritualidad bendita o aprendizaje positivo para un creyente. Y por otro lado, no olvidemos que estamos hablando de verdaderos hijos de Dios a quienes Dios da este tratamiento, pero de ninguna forma Dios les desampara. “No he visto justo desamparado ni su descendencia que mendigue pan” expresó el rey David en el Salmo 37:25.

No obstante, no nos equivoquemos aquí; los puritanos fueron enemigos del “voto de pobreza” de la iglesia católica. Tuvieron cuidado en distinguir su enseñanza de la enseñanza católica acerca de la pobreza franciscana como algo meritorio para alcanzar la salvación final. Sobre este punto William Ames dejó constancia al denunciar el “voto de pobreza” hecho por los monjes como una locura, superstición y vana presunción porque ellos estimulan la pobreza como una obra de perfección… la cual es presentada ante Dios como una satisfacción o mérito delante de Dios. [29]

Los puritanos empleaban la frase “pobreza evangélica” para describir su ideal de aprender lecciones espirituales como algo que el Señor podía enviarles según los llamamientos o vocaciones en este mundo. Del mismo modo, tampoco idealizaban la pobreza como algo que debía buscarse. A diferencia de la teoría o ideal monástico católico romano, los puritanos afirmaban más bien que la pobreza no es una vía segura para evitar la tentación. En un enfoque plenamente reflexivo sobre este punto, y en exhortación, Richard Baxter nos habla de esta forma: “La pobreza también tiene sus tentaciones… Porque aún el pobre puede ser deshecho al amar las riquezas y la plenitud que nunca puede alcanzar. Y pueden perecer por exceso de amor por el mundo y nunca, sin embargo, ser prosperados materialmente en el mundo”. [30]

En otro particular, una vena de compasión bíblica y cristiana aflora en los discursos y escritos de los puritanos al rechazar la “ética de la indiferencia” que está contenta con dejar que el pobre siga siendo pobre. En opinión de aquellos, “la pobreza no es una absoluta desgracia, pero ciertamente no es el objetivo que debemos tener para la gente”. [31] Una clara idea de este asunto nos la ofrece el puritano Thomas Lever quien sentencia que “el hombre rico por su liberalidad debe disponerse y ayudar al pobre”. Y Hugo Latimer en un sermón dijo: “Dios nunca da un don sin enviar la ocasión para ejercitarlo en un tiempo o en otro. Tal como él envía ricos, también envía a los pobres para que sean ayudados por ellos”. [32]

Una conclusión de esta parte de nuestro ensayo bien puede anotarse de esta forma: respecto al tema de la pobreza los puritanos enseñaron que ésta a veces es lo que Dios permite para el santo, pero puede al mismo tiempo ser una bendición espiritual. Sin embargo, no es un mérito en sí misma, y la gente pobre requiere la generosidad de la gente que tiene recursos con qué ayudarlo (ver Sgo. 2:1-13; 5:1-6; 1 de Jn. 3:17,18).

2. LOS PELIGROS DE LA RIQUEZA SEGÚN LOS PURITANOS: UN CONTRASTE SERIO CON LA “TEOLOGÍA DE LA PROSPERIDAD” DEL MOVIMIENTO CARISMÁTICO

Contrario a las tesis de quienes promueven la Teología o “evangelio de prosperidad” los puritanos no consideraban el éxito material o económico como un signo absoluto de aprobación de Dios, o algo similar como si se tratara de un logro de la propia virtud del hombre; los puritanos estuvieron más propensos a considerar la prosperidad como una “tentación peligrosa” en el fondo. Una nota al margen de Génesis 13:1 en la Biblia de Ginebra dice mucho: “las grandes riquezas que Abraham consiguió en Egipto lo obstaculizaron para no seguir su vocación”, lo que implica que las riquezas de Abraham fácilmente pudieron haberse convertido en una tentación para él”. Otra opinión nos conduce a valorar el presente tópico: “Tanto la pobreza y la riqueza”, escribió John Robinson, “tienen sus tentaciones… Y de estos dos estados, las tentaciones de las riquezas es lo más peligroso”. Y por su lado, Thomas Lever afirmó: “El que quiere ser rico… caerá en diversas tentaciones y trampas del diablo”. [33]

Es igualmente sorpresivo el hecho de que los puritanos notaron una inversa relación entre la riqueza y la piedad. Pese a todo lo que hablaron y escribieron sobre las riquezas y las bendiciones que pueden producirse por el trabajo honrado y justo por otro lado, mantenían un equilibrio respecto al peligro que pueden engendrar las riquezas para la fe o la fidelidad a Dios. En esto, no cabe duda que hablaban con buen juicio y razonamiento bíblico. Otro claro ejemplo al respecto es la fuerte amonestación de Richard Baxter en contra de los ricos descreídos y que a continuación leemos:

Van a perder todos sus deleites sensuales. Aquello que han tenido por su mayor bien, su cielo, su dios, van a perderlo, lo mismo que perderán a Dios. ¡Qué caída será la del hombre orgulloso, ambicioso, desde la altura de sus honores! El polvo y huesos de su cadáver no se podrán distinguir del polvo y huesos de un mendigo, ni su alma recibirá más honores que las del mendigo. ¡Qué cantidad de gente grande, noble e ilustrada va a ser excluida de la presencia de Dios! [34]

Entre tanto, Samuel Willard afirmaba también que “constituye algo bien raro ver a los hombres que gozan de grandes y visibles ventajas económicas que al mismo tiempo sean celosos por Dios”. Por su lado, Richard Sibbes decía que “cuando el mundo ha logrado poseer nuestro corazón, este nos hace falsos para Dios y falsos para el hombre, este nos hace infieles a nuestro llamamiento y falsos para la propia religión”. [35] Y esto es ¡una buena lección para cualquier cristiano!

Unos trazos más finos al elaborar el cuadro del peligro de la riqueza los hallamos en los escritos de los puritanos al ofrecernos otras razones del por qué el amor al dinero es bien peligroso. Para ellos, un corazón entregado al poder y fascinación que puede producir el dinero tiene que ver con la tendencia del hombre a reemplazar a Dios por el dinero como el objeto de la última devoción. Los bienes terrenales “son velos que se colocan entre Dios y nosotros y se adhieren a nuestra vista de tal modo que no podemos penetrar hasta Dios”. Y Thomas Watson también sentenció: “Cuán fácil es para el hombre que su felicidad termine en lo externo”. John Robinson dijo lo mismo: “Si un hombre es rico, y está en plenitud, está en peligro de negar a Dios, y decir con orgullo y contender, ¿quién es el Señor?”. Entre tanto, Richard Rogers notó que en relación con la riqueza de los obispos y clérigos de la Iglesia Anglicana… “que a ellos nunca les pareció grave vivir alejados de Dios con tal de que crecieran sus riquezas y ascensos”. [36] +

Otra razón del por qué las riquezas son peligrosas es que ellas instilan una confianza en el yo en lugar de Dios. Richard Baxter fue de la opinión de que “cuando los hombres prosperan en el mundo, sus mentes se elevan hacia sus bienes, y después les es difícil creer que están tan mal, mientras que ellos mismos sienten que están bien” (ibid.)

Los puritanos comprendieron igualmente que el dinero es peligroso cuando se tiene en el corazón antes que a Dios, porque este genera un apetito que nunca puede ser satisfecho. El dinero nunca cumple sus promesas, –afirmaban. Y el gran Cotton Mather estuvo alarmado por el curso que tomaba el materialismo en la sociedad de Nueva Inglaterra. En un sermón declaró: “La religión engendró la prosperidad así como la hija devora a la madre”. [37]

En todo lo que llevamos escrito, podría pensarse que existen rasgos contradictorios en la teología ética de los puritanos. Aquí cabe una pregunta: si el dinero se ve como algo peligroso, ¿no debería toda persona simplemente evitarlo? Debemos aclarar aquí que esta persuasión es solo aparente en el pensamiento de algunos puritanos. Porque en el fondo, no creían que el dinero era algo malo en sí mismo al grado tal que debíamos deshacernos de él y vivir una vida al estilo de los cuákeros. [38] Por el contrario, en palabras de otro puritano, Thomas Adam, en uno de sus sermones decía: “Les he enseñado a que no se deshagan de la bolsa, sino de la avaricia y la codicia”. [39] Y esto guarda relación armoniosa con lo que declara el apóstol Pablo: “Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual, codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (1 Tim. 6:10).

2.1. ¿Qué es lo correcto entonces?

El ideal puritano de la moderación

El criterio ético de los puritanos no estaba reglamentado por la cantidad de dinero que una persona pudiera obtener, sino por la cantidad de dinero que un hombre gastaba en él mismo. El ideal que los puritanos procuraron vivir fue conocido como la moderación o temperancia, catalogado por algunos como una especie de “regla de oro”. John Downame escribió que “el medio, o estar en la mitad de los bienes es preferible antes que lo más grande de la prosperidad… La mediana condición nos libra de olvidar a Dios, nos libra de la irreligiosidad y de la profanidad”. [40] Pero si la moderación es la meta, se requiere igual que estemos libres de los opuestos. Uno de estos es la avaricia por las riquezas la cual está entremezclada con la codicia. Desde esta perspectiva William Perkins, en un sermón basado en Mateo 6:19-20, señala a su parecer lo que Cristo nuestro Señor prohíbe: “Las formas como se practica la codicia tiene que ver primero con la búsqueda de las riquezas mundanas, cuando los hombres no se guardan con medida y moderación”. [41] De ahí que el puritano consecuente miraba de reojo todo tipo de lujo y extravagancia; no importaba la forma que tomara ya fuera una casa, la ropa, la recreación o aún la propia comida.

En otro análisis Richard Baxter también denunció las extravagancias que con frecuencia generan las riquezas. Los vicios de las riquezas es un tratamiento ético que exhibe en gran parte de sus obras y sermones. Sus valiosas direcciones o consejos se produjeron de forma magistral en su voluminosa obra conocida como Christian Directory. Allí señala la sensualidad, la gula, los abusos en el deporte y la recreación; el derroche, el no cuidarse de comidas o bebidas costosas al grado tal de volverse un barrigón; o hacer costosos e innecesarios viajes o diversiones y construir edificios o casas innecesariamente lujosas, para Baxter estas cosas no va con la moral ética del reino de Dios. [42] Sin embargo, no saquemos la equivocada conclusión de que si los puritanos eran opuestos al lujo y a las extravagancias, entonces fueron ascetas. De ningún modo. Ya hemos visto su recomendación: la vía media es lo sabio. Si hay algún poder económico la enseñanza usual estaba sustentada en el consejo del apóstol Pablo a los Filipenses, quien luego de citar varias virtudes les dijo: “si hay algo digno de alabanza, en esto pensad” (4:8).

2.2. Entonces, ¿para qué sirve el dinero?

Los puritanos tuvieron la firme convicción de que ante todo, el dinero debe ser visto como un bien social y no una posesión privada. Esto en general nos falta aprender a los cristianos de hoy. Y a juicio de aquellos, el principal objetivo del dinero es el bienestar de todos en la sociedad, no el placer personal del hombre que pasa a tener control sobre él. Esta opinión guarda una correcta equivalencia con el entendimiento del Antiguo y Nuevo Testamento del orden económico. La ética bíblica presupone que el hombre todavía retiene la imagen de Dios aunque manchada por el pecado. La producción monetaria entonces, aunque tan importante para el sustento de la vida, no obstante también es una actividad manchada por el propio pecado la cual se manifiesta bajo el manto del egoísmo, el orgullo y la idolatría de parte del hombre. Hoy, aun nosotros mismos, como cristianos, estaríamos poco dispuestos a aceptar este planteamiento puritano de que “el dinero debe ser visto como un bien social y no como una posesión privada”. [43]

En este específico punto, como cristianos mucho tenemos que aprender de estos importantes enfoques éticos de los puritanos porque sus formulaciones tienen un gran sentido bíblico. Con frecuencia en esto no nos distinguimos de los no creyentes. En muchas ocasiones aquellos actúan con mejor ejemplo de generosidad a la hora de compartir bienes o dar dinero a otras personas que en realidad lo necesitan. Si asumimos que estamos en posesión de una mejor teología y doctrina —especialmente los de cuño reformado—, debemos igualmente estudiar, vivir e interpretar adecuadamente todos aquellos pasajes bíblicos cuyo contenido ético y moral nos invitan a demostrar la generosidad entre nosotros y aún con los no creyentes: “hagamos bien a todos” —dijo san Pablo— mayormente a los de la familia de la fe” (Gálatas 6:10).

Un ejemplo de vida cristiana consistiría en hacer del dinero un medio de unión entre nosotros, porque con frecuencia poseer dinero se convierte en un instrumento de división y resentimientos entre los mismos que comparten la misma fe bíblica. En la práctica, por medio de la bondad debemos desarrollar un mejor sentido de justicia económica para con los hermanos más necesitados. Esto sería adornar la doctrina de la Palabra de Dios al mejor estilo de los puritanos y de los cristianos primitivos, entre los cuales sobresalió la rica actitud del apóstol Pablo. El estudio de buenos autores cuyas obras se ubican en la tradición reformada pocas veces nos habla de esta importante realidad, la cual entre los primeros puritanos llegaron a ser alabados o cuestionados por los filósofos de su tiempo especialmente en Europa. [44] Estamos hablando aquí de un modus vivendi que nosotros no conocemos porque no lo practicamos. Deberíamos pensar en el apoyo ministerial de quien también hace la obra de Dios pero carece de los recursos suficientes; las ofrendas para misiones, la participación en obras de misericordia, el apoyo de proyectos estatales cuando es apropiado y benéfico para la iglesia y la sociedad en general, etc., todo esto junto muchas veces brilla por su ausencia. Lo que describimos aquí no es una práctica que nos distingue como cristianos que decimos tener el mejor enfoque doctrinal y teológico o en cualquier otro segmento de la iglesia evangélica en general. Y tampoco hay que esperar a tener mucho dinero para el desarrollo de dichas acciones. Si somos pobres o ricos, no debemos olvidar aquí que, lo que somos y tenemos proviene de Dios, bienes o dones por los cuales no debe haber jactancia alguna (1 Cor. 4:7). Recordemos igual que… “Por la gracia de Dios soy lo que soy…” (1 Cor. 15:10).

El genio de los puritanos consistió en tener una vista bien aguda para los asuntos relacionados con el dinero. No fueron estériles en cuanto a esta práctica, ya que procuraban que fuese un estilo de vida. La generosidad fue conocida entre ellos en una época en que al igual que hoy, una persona valía —y vale hoy— por la cantidad de dinero que poseía. Luego, el dinero (como mammón, dios de la mitología griega del dinero y las riquezas) también recibía adoración y el amor de los hombres al ser considerado por la sociedad como el “valor” más importante en la vida. Esto es apreciable hoy en medio de la actual sociedad consumista y del propio “materialismo cristiano”; nada ha cambiado. Y es particularmente cierto en la vida del norteamericano promedio cuya cultura anglosajona ha hecho que los valores materiales sean vistos como supremos en la vida social.

Sin embargo, para los puritanos una ética correctamente bíblica en cuanto al “papel moneda” dependía de la forma cómo una persona hacía uso de su dinero. Sobre este asunto Richard Baxter de nuevo nos dice: “La cuestión es cómo los hombres emplean el dinero que obtienen por su duro trabajo y cuánto lo ahorran para su economía. Si lo usan para Dios o para usos caritativos. No hay hombre que pueda hacer mejor que esto”. [45]

Otras lecturas que sobre este tema podemos hacer en las obras de los puritanos nos muestran una especial preocupación: ¿Cuáles son los fines o propósitos del dinero? Siguiendo aquí el esquema principal trazado por L. Ryken diremos que los puritanos, como escuela teológica y ética moldeada en parte por los reformadores continentales, decían: “La riquezas pueden capacitarnos para aliviar las necesidades de nuestros hermanos, para promover buenas obras para la iglesia y para el Estado”. “El dinero existe para la Gloria de Dios y para el bienestar de otros”. “La más grande diligencia que podemos seguir en nuestros distintos llamamientos y para la cual Dios nos capacita, es extender nuestra caridad a los que están en pobreza y turbación”. “Los hijos de Dios hacen uso de estas cosas de forma espiritual y no un uso mundano y carnal”. [46]

Es de suma importancia observar que en ninguna de las anteriores citas, y al pensar en el propósito de ganar dinero, en ninguna parte se da la impresión de que el ingreso monetario es el derecho que tiene la gente a gastar el dinero en ellos mismos y de cualquier forma por el hecho de haberlo ganado. Frente a esto, William Perkins nos provee de una importante aclaración acerca del uso del dinero:

“Debemos así usar el dinero y poseer los bienes que tenemos; que el uso y la posesión del dinero sirva para la gloria de Dios y la salvación de nuestras almas… Nuestras riquezas deben ser empleadas para usos necesarios. En primer lugar, para sostener nuestra propia condición y bienes. En segundo lugar, para el bien de otros, especialmente aquellos que pertenecen a nuestra propia familia… Tercero, en auxiliar al pobre… Cuarto, el mantenimiento de la iglesia del Señor y la verdadera religión… En quinto lugar, el mantenimiento del Estado”. [47]

Debido a que este es un mundo entenebrecido por el “amor al dinero” y no por “el dinero del amor”, bien haríamos en imitar en todo esto el estilo de vida de estos primitivos puritanos. Hay una razón primordial: se trata de enseñanzas que pertenecen al caudal revelado por Dios en su Sagrada Palabra. Esto sería revolucionario para esta época en que tantos hombres matan y asesinan a otros congéneres de su propia especie para obtener cantidades del “preciado” papel moneda. Del mismo modo, incontables veces en la propia iglesia los cristianos o los hermanos se “dividen”, se “separan” o se “traicionan” por cuestiones de dinero o intereses materiales diversos cuya meta muchas veces es la vanagloria. En la iglesia —aunque con seguridad hay excepciones— sin importar el hecho de afirmar creer en la autoridad absoluta de la Biblia, un creyente de cualquier confesión cristiana por lo general no está dispuesto a compartir lo que tiene con otros “hermanos en la fe” a sabiendas de que están en privaciones económicas. El hecho es que también nosotros decimos: “cada uno sálvese como pueda”; u “oraré por usted hermano”. Frente a tales anti-testimonios, es apropiado y oportuno que volvamos a escuchar la epístola de Santiago:

Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: id en paz, calentaos y saciados, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma” (2:14:17).

La idea y visión de los primeros puritanos fueron de tal envergadura que las generaciones cristianas de entonces pudieron darse cuenta de que ellos pretendían vivir una vida práctica según el sistema económico revelado por Dios en las Escrituras, particularmente en el Pentateuco (véase Lev. 19:9,10: 23:22; 25:2,7, 35; Dt. 15:7-11; 24:19-22, etc.). De ahí que entonces, para el puritanismo, al considerar que el dinero es un bien social, condujo a apreciar una realidad socio-económica bien diferente en aquellos tiempos. Y esto no desdice el hecho de los abusos que cometieron los colonizadores protestantes europeos en Asia y África en su momento. Dentro del periodo de colonización sabemos que hubo errores históricos graves de parte de ingleses y holandeses. Estos últimos fueron los forjadores del penoso Apartheid, institución infame y cruel que terminara en 1994 con el triunfo presidencial de Nelson Mandela. Tal instrumento de muerte y tortura fue orquestado y aplicado por la iglesia reformada o calvinista de Holanda. Y por supuesto, no todos allí estuvieron de acuerdo. Hubo detractores y verdaderos cristianos que hasta el día de hoy están bajo arrepentimiento y penitencia.

Dejando atrás estos anti-testimonios, el modelo intentado por los puritanos que pretendía ser bíblico, de haberse seguido por parte de aquellas sociedades europeas, es probable que los mencionados abusos no habrían sido registrados por la historia y ocasionado tanta vergüenza al nombre de Cristo.

2.3. Los puritanos y el préstamo con interés

El haber creído que el dinero es un bien social también fue la llave de los primeros puritanos para el préstamo con interés. Como se recordará, los primeros creyentes que durante la Reforma con mayor libertad comenzaron a leer las Escrituras llegaron a comprender mejor este asunto. Pero esto no era algo extraño; durante toda la Edad Media la gente había comprendió bien este tema. En realidad, el mundo occidental sabía que prestar dinero a interés era considerado “usura”, y ningún “usurero” entraba al cielo. En la Biblia la usura generalmente se entendía como el interés que se podría cobrar por un préstamo de dinero o de trigo o de cualquier otro bien o comodidad. Sin embargo, la ley de Dios lo prohibía de forma rigurosa. A los hebreos el Señor les dijo: “Cuando prestares dinero a uno de mi pueblo, al pobre que está contigo, no te portarás con él como logrero, ni le impondrás usura” (Éxodo 22:25; cf. Lev. 25:36,37; Dt. 23:10). Otros pasajes del Antiguo Testamento nos revelan lo importante que era para un judío no transgredir esta ley (véase Neh. 5:5-10; Sal. 15:5; Prov. 28:8; Is. 24:2; Jer. 15:10). Sin embargo, al principio los puritanos se oponían a dicha práctica por cuanto prestar a interés era visto como un pecado de codicia y avaricia.

No obstante, es menester que entendamos que la sociedad y la vida cultural de aquellos tiempos estaban cambiando. Menos agraria y más industrial, la sociedad se perfilaba hacia un nuevo paradigma; estaban ocurriendo cambios insospechados los cuales, a la postre, trajeron lo que conocemos como la modernidad y ahora la postmodernidad. A renglón seguido, por el auge de los cambios que ocurrían en el Viejo Continente, muy pronto en Inglaterra los puritanos fueron cambiando su forma de pensar ante el influjo de las nuevas enseñanzas bíblicas y éticas de sus compañeros los reformadores continentales. Pues los puritanos de forma semejante hicieron distinción entre el préstamo para consumo y el préstamo para producción, lo cual, a éste último, sí se le cobraba un interés el cual procuraba ser justo. Aparentemente pareciera que aquí hay una flagrante contradicción en la psique del puritanismo en relación con todo lo que hemos venido estudiando; pero es sólo una probabilidad, porque en el fondo los puritanos seguían fieles a sus ideales de fustigar duro a todo aquel que en lugar de hacer productivo el dinero para ayuda de los necesitados, la promoción y desarrollo de la vida social o colectiva, más bien lo atesoraba como medio de explotación del prójimo. En esta nueva sociedad se comenzó a prestar dinero con un moderado promedio de interés. Y a decir verdad, casi todo estaba cambiando. De ahí que las siguientes palabras de Richard Baxter sean en verdad revolucionarias:

“Hay una usura en la cual no es ni injusta ni falta de amor”.

Desde luego, con el término “usura” Baxter quería decir “interés”, es decir, lo que también hoy se emplea en el mundo de los negocios bancarios y comerciales. En su monumental obra el Directorio Cristiano este cuestionado puritano describe con detalles dignos de atención para cualquier pastor y creyentes en general algunas condiciones de lo que era caritativo. [48]

Llegados a este punto, considero que nos viene una pregunta lógica: ¿Por qué los puritanos consideraron el dinero como “un bien social” cuando en nuestros tiempos se opina que “el dinero es una posesión inalienable de quien lo posee?”. Una contundente respuesta de parte de los puritanos es que, a tono con la Biblia, el hombre es sólo un mayordomo o administrador del dinero y de los bienes de Dios (Sal. 24:1). En otros términos, el dinero es de Dios no nuestro; el dinero que tenemos o poseemos es lo que Dios mismo nos ha prestado. [49]

3. LA CRÍTICA DE LOS PURITANOS A LA FILOSOFÍA ÉTICA DEL ÉXITO EN NUESTRO MUNDO CONTEMPORÁNEO

No podemos negar que abrumadoramente la cultura occidental está basada en la ética del éxito monetario o económico. Hemos llegado a creer que la prosperidad material y monetaria es el valor definitivo; de ahí que medimos la vida de una persona por sus estándares materiales y sociales. Sin embargo, un análisis del pensamiento de los primeros puritanos nos muestra que ellos trataban de sobrepasar este escollo cultural producto del pecado y la vida entregada a este tipo de idolatría. Thomas Watson tenía un concepto bien distinto al que hoy sostiene la humanidad y la propia iglesia evangélica. En cierta ocasión afirmó que “la bendición… no depende de la adquisición de cosas de este mundo. La felicidad como un arte de química no se puede extraer de allí”. [50] Esto guarda relación con las palabras de Cristo en los evangelios: “La vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee”.

Otro ejemplo de lo anterior puede ser la famosa oración del puritano Samuel Hieron, quien oró a Dios de la siguiente forma:

“Oh, no dejes que mis ojos sean deslumbrados, ni que mi corazón sea hechizado con la gloria y la dulzura de los placeres terrenales… Dirige mi afecto al amor de aquellas perdurables riquezas y a aquel fruto de la sabiduría celestial la cual es mejor que el oro y que todos los beneficios que puede prodigar la plata. Te pido que mi principal cuidado sea tener un alma enriquecida y alimentada con tu gracia”. [51]

3.1. La crítica puritana al enfoque de la persona que se levanta por sus propios esfuerzos (autorrealización monetaria personal)

Aparentemente esto podría ser contradictorio y antibíblico. Alguien lógicamente podría pensar en lo que la propia Biblia declara: “la mano negligente empobrece; más la mano diligente enriquece” (Prov. 10:4). No obstante, este texto bíblico no desmiente lo anterior, porque tampoco favorece el individualismo protestante, tan caro a una gran sección de la iglesia en los Estados Unidos de América con gran repercusión en las iglesias históricas Suramericanas. Una mirada a la teología ética del puritanismo inicial nos hacer reflexionar de forma vívida a fin de que nosotros mismos nos hagamos una auto-crítica: Nosotros los mismos cristianos también hemos caído en el materialismo ya sea de uno modo o del otro. La iglesia de cualquier tradición por medio de sus predicaciones enfatiza una “teología del bienestar individualizado”. Esto particularmente puede ser visto en las corrientes neo-pentecostales y carismáticas; pero por el lado de las misiones históricas que dieron origen a bautistas y presbiterianos y aún las reformadas, el énfasis está puesto en la “autorrealización material del ministerio” producto de un orgullo intelectual-vanaglorioso basado en una tradición teológica que casi para nada afecta el actual status quo de la sociedad y cultura en general. Sea de un modo o de otro, muy poco honor recibe el Señor al no hacer tampoco nosotros obras prácticas para con otros hermanos u otros colegas de la misma fe, lo cual implicaría sacrificio económico y pérdida de nuestras propias comodidades materiales.

Para nadie es un secreto que la cultura occidental persigue la imagen del hombre que se hace a sí mismo en el terreno económico y social. En los Estados Unidos particularmente, se puede apreciar la forma como el pueblo se ha enamorado de la imagen que proyecta aquella persona que se vuelve rica y famosa por sus propios medios y esfuerzos. Allí, los más admirados y envidiados son los artistas de Hollywood como Angelina Jolie, deportistas como Tiger Wood y tecnócratas como Bill Gates o Steve Jobs, etc., pero también los llamados súper pastores o magnates de la fe los cuales, tanto a los unos como a los otros los medios masivos de comunicación los convierten en iconos relevantes para el grueso de la sociedad nacional y mundial especialmente para la juventud. Del mismo modo, tales súper pastores fungen como el “modelo más conspicuo de pastor” para estos tiempos. Pero, aquí cabe preguntar: ¿Es este el modelo o imagen del pastor que vemos en el Nuevo Testamento? Es decir, son hechos ambiciosos que de cualquier forma el modelo neoliberal y postmoderno con su bandera del libre mercado —un hecho que ha influenciado innegablemente la liturgia con énfasis en música y espectáculos en muchas iglesias— no duda en recomendar como los únicos modelos que garantizan la total felicidad del hombre en esta época globalizada.

La idea de poseer estatus social y monetario que hoy día para muchos constituye una especie de “don” que se le ha entregado a todo afortunado, no era una forma de pensar que gustara a los puritanos. De hecho, negaron que pudiera haber un asunto como “la persona que se hace a sí misma”. Y no hay duda que desde el punto de vista bíblico esto es inexacto. El error de esta postura que está bien introducida en nuestra forma de pensar —y no es exclusiva del pueblo norteamericano sino de toda la cultura occidental incluyendo a los latinoamericanos—, consiste en olvidar que es Dios quien nos da las fuerzas y la salud para hacer las riquezas u obtener la prosperidad (vea Dt. 8:11-20).

Por ende, quien cree que se ha hecho a sí mismo ya sea en el terreno social, político o religioso-ministerial sin tomar honesta y en serio a Dios, de hecho también ha caído en la idolatría. Respecto a este tópico, los puritanos iniciales tuvieron razón al basarse en la ética de la gracia, pues sus escritos están llenos de la idea de que la prosperidad es solamente un don de Dios, hecho por el cual nadie debería gloriarse ni recibir la alabanza del mundo, ni siquiera entre los hermanos de la iglesia. Con base en esta postura, aquí hay una lección práctica que podemos aprender. Si los ricos del pasado —y los del presente— hubieran vivido en gratitud para con Dios, hubiesen producido verdaderos sistemas político-sociales y económicos los cuales hubieran evitado el siglo de sangre que fue el siglo XX. Y de igual modo, los ricos del presente, al no estimar esta verdad bíblica que tiene que ver con la justicia social y económica unido al santo temor de Dios, con seguridad que el capitalismo que hoy dirigen terminará por empobrecer mucho peor a esta y a la próxima generación hasta conducirlas a la total marginalidad y al sin sentido personal. Y mucho peor cuando la moderna teoría del Estado gira en torno a la claudicación definitiva como institución divina, como poder que fue instaurado por Dios para garantizar las libertades individuales, sociales y económicas; prácticamente, lo que hoy vemos es que ya casi ningún Estado puede imponer una ley o reglas que frenen el poder explotador e inmisericorde de las grandes multinacionales.

Relativo a este tema Gregorio Iriarte sentencia que, “La copa de Champagne es una especie de parábola de la injusticia que actualmente se vive en nuestro mundo donde un quinto de la humanidad se apropia de la mayor parte de los bienes, expoliando los derechos de las cuatro quintas partes del planeta”. [52]

Otros datos de importancia son aportados por Xavier Gorostiaga que en cuanto a este mismo punto declara: “Los países ricos tienen el 25% de la población mundial (1.000 millones de habitantes), pero consumen el 70% de la energía mundial, el 75% de los metales, el 85% de la madera y el 60% de los alimentos. Al lado de este mundo opulento, tenemos 1.300 millones de personas que no tienen acceso al agua potable, 2.500 millones que no tienen servicios sanitarios y 55 millones de niños que mueren anualmente por desnutrición. [53]

El tipo de capitalismo desarrollado hasta el día de hoy ha vivido de espaldas a Dios. Y lo peor de todo, es que en su momento, en Inglaterra, en plena época de la revolución industrial entre los siglos XVIII y XIX, la iglesia europea de aquellas generaciones guardó un “cómplice silencio” que hoy todo el mundo condena. En nuestra generación actual está ocurriendo lo mismo. La iglesia, los cristianos, hacemos caso omiso de los grandes abusos de los poderes establecidos contra el hombre porque creemos que tratar con dichos temas no son asuntos espirituales o no le compete a la iglesia, es algo que pertenece al “mundo”, y “nosotros no somos del mundo”, vivimos en la iglesia interesados sólo en la salvación individual de los hombres. El cielo es lo realmente importante, —decimos—. Pero precisamente, este tipo de dualismo platónico introducido en la iglesia cristiana desde los albores del cristianismo es lo que en realidad más daño ha hecho a la causa de Cristo en la tierra; porque el verdadero testimonio del poder del Reino de Dios ha quedado eclipsado por aquella interpretación escapista (premilenialista y dispensacionalista-amilenialista) y teología mística (neo-calvinista).

No olvidemos que la afrenta del pobre es una práctica pecaminosa que Dios censura fuertemente en Su Palabra: “Oíd esta palabra, vacas de Basán, que estáis en el monte de Samaria, que oprimís a los pobres y quebrantáis a los menesterosos, que decís a vuestros señores; traed y beberemos” (Amós 4:1; cf. 2:6; Isaías 1:16,17; 10:1; Miqueas 6:8,12; en el NT Sgo. 5:1-6).

Además, recordemos de la misma forma que el propósito por el cual Dios concede que alguien progrese en los bienes materiales de este mundo es para procurar el desarrollo y bienestar de quienes están a su alrededor, pensando formalmente en sus propios trabajadores, quienes son los que a la postre, le ayudan a hacer las riquezas. En este sentido el puritano John Preston escribió tocante al tema de las riquezas: “Es Dios quien nos las da, Él es quien las dispensa, es Él quien nos da la recompensa… El cuidado en el trabajo solo pertenece a nosotros”. [54]

De esto debieran aprender muchos “empresarios cristianos” que al pretender seguir la supuesta legalidad propuesta por un Estado, por ejemplo, la regulación salarial al estilo neo-liberal tal como hoy se da en Colombia, lo que hacen más bien es apoyar un status quo que empobrece y margina a sus propios hermanos en la fe. Y lo más triste es que este mismo modelo se practica por lo general en casi toda iglesia llamada cristiana.

Tales “hermanos ricos” –ya sean empresarios o pastores, en el fondo pertenecen a una “burguesía mediática” que han hecho del evangelio una ideología religiosa de clase media para la defensa de sus propios intereses económico-socio-religiosos. Muchos empresarios cristianos son “pillos en el negocio y santos en la iglesia”. O en el caso contrario, muchos pastores son “santos” en la iglesia y pillos en los negocios” por la forma de administrar y servirse de la iglesia. No hay nada santo en esto. Sea de un modo u otro, los unos coadyuvan a la instauración de regímenes político-económicos opresivos y explotadores, y los otros, coadyuvan a la evaporación de la auténtica fe cristiana y a la pérdida de confianza de la gente en la obra de fe del evangelio de Cristo. Hacemos bien en volver a escuchar las palabras de Cristo que todavía resuenan con el antiguo eco de grave advertencia: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartados de mí, hacedores de maldad” (Mateo 5:21-23).

EL TRABAJO ES DE DIOS, DESDE PRINCIPIO A FIN.

Debido a la caída, la condición natural de los seres humanos es el de la depravación total lo que significa que, aparte de la obra sobrenatural del Espíritu Santo el cual aplica la obra de Cristo, ninguna persona natural se sometería a los términos humillantes del Evangelio.

La voluntad, los afectos, la mente y el cuerpo están esclavizados al pecado y la corrupción hasta que Cristo nos hace libres (Sal. 51:5;. Mat. 15:19; Ro. 7:14-15; Ef. 4:17-19; Jn. 8:36; Rom. 6:22).

Cualquier pretendida obediencia por parte del hombre natural no nace de un corazón renovado que ama a Dios por lo que no pueden ganarse el derecho a la vida eterna. El resultado de la depravación humana es que el hombre natural es impotente para responder con fe a Dios (Ro. 8:7, 8; 1 Cor. 2:14).

Sólo la obra del Espíritu Santo a través de la predicación del Redentor como se revela en las Escrituras (Jn. 20:31, Ro. 10:17) infaliblemente como resultado una respuesta de su pueblo de la fe (Ef. 2:8-9, Tit. 3:5). La gracia de Dios restaura los caídos afectos humanos, suavizando el corazón e iluminando la mente de modo que la visión distorsionada y hostil de Dios se corrige (Ef 2:4-6; 4:17-24; Fil 2:12-13).

En otras palabras, es la misma gracia que nos hace humildes y dispuestos a responder con fe – por lo tanto nuestra respuesta es cierta, basado en el trabajo y la iniciativa regeneradora de Dios, no en cualquier capacidad natural.

 3.2. Conclusión

 Diferentes historiadores coinciden en afirmar que los puritanos fueron hombres que no aceptaron su obra como algo terminado; es decir, eran conscientes de su imperfección. Qué bueno que tuviésemos o adoptásemos tal espíritu. Realmente ellos quisieron hacer de la iglesia un instrumento perfecto hasta donde fuera posible con el fin de extender la verdadera espiritualidad del evangelio de Jesucristo no solo en la vida de la iglesia local, sino social, en el ámbito político, en el área de la economía y cultura en general. Vemos que ellos no se sustrajeron a estas realidades terrenas mientras llegaba la hora de partir al cielo y estar con Cristo, “lo cual es muchísimo mejor” según palabras de san Pablo.

Y aunque su lucha inicial fue contra los errores y superstición de la Iglesia Católica, no obstante, su batalla era la instauración del señorío de Cristo en todos los órdenes de la vida junto con la eterna verdad del evangelio y sumado a la práctica del mandato cultural.

Ante la herejía de los “maestros de la Prosperidad” que infectan los pulpitos de las iglesias cristianas, ante la crisis del capitalismo actual neoiliberal, ante una ecología que amenza en colapsar en cualquier momento, ante un pueblo que pretende vivir pura y exclusivamente del estado y no del fruto del trabajo, de un socialismo que amenaza con estatizar los bienes de los ricos sin ninguna intención  honesta de repartirle algo de esas riquezas  incautadas a los pobres (proveyendo trabajo, salud y seguridad a la nación), anteponemos la ética de los puritanos, como modelo de vida cristiana y de dignidad social y espiritual.

¿Seremos capaces de entender este mensaje? ¡Espero que sí!

En la parte superior de este artículo hay 12 artículos que cuestionan la teologia de la prosperidad. Si le interesa,ud. puede consultar esos artículos.

Dios le bendiga

BIBLIOGRAFÍA

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[1] Theo Donner, Historia y Teología de la Reforma, (Medellín: Seminario Bíblico de Colombia, 1987), p. 223.

[2] Esto particularmente es notable en la obra del historiador Kenneth Scott Latourette, véase su Historia del Cristianismo, Tomo 2, cap. 7. (Casa Bautista de Publicaciones, edición de 1979).

[3] Henry Warner Bowden, American Puritanism, www.http//soft.com/believe; consúltese igual a Emory Elliott, The Legacy of Puritanism – The Impact of the Enlightenment on New England en http://www.nationalhumanitiescenter.org

[4] VéaseThe Puritanism—A Driving Force for the Rise of Capitalism (www.linguist.org.cn)

[5] Caio Favio, La Crisis de Ser y de Tener (Bs. Aires, Arg.: Editorial Logos, 1995.

[6] Leland Ryken, Worldly Saints: The Puritans as They Really Were, (Grand Rapids, MI: Zondervan Publishing, 1986) p. 58.

[7] Ibid., Ryken, p. 58.

[8] Ibid., p. 58.

[9] Ibid., Ryken, p. 58.

[10] Véase La Ética Protestante y el espíritu del Capitalismo (Madrid: Editorial Sarpe, 1984), las pp. 185-197.

[11]  Algunas ideas críticas contra la tesis de Max Weber pueden leerse en la obra de Herman Dooyeweerd, A New Critical of Theoretical Thought, Tomo II, p. 293; Tomo III, pp. 247-248.

[12] La Ética Protestante y el espíritu del capitalismo, (Editorial Sarpe, Madrid, 1984, obra resumida), pp. 185-227.

[13] Sobre este tópico dice Erich Fromm: “Aquellas mismas cualidades que se hallaban arraigadas en este tipo de estructura del carácter —tendencia compulsiva hacia el trabajo, pasión por el ahorro, disposición de hacer de la propia vida un simple instrumento para los fines de un poder extra-personal, ascetismo y sentido compulsivo del deber— fueron los rasgos del carácter que llegaron a ser las fuerzas eficientes de la sociedad capitalista, sin las cuales sería inconcebible el moderno desarrollo económico y social; estas fueron las formas específicas que adquirió la energía humana y que constituyeron una de las fuerzas creadoras dentro del proceso social”. (El Miedo a la Libertad, Bs. Aires: Editorial Paidós, sin fecha), p. 134. Todo el capítulo 3 de esta obra es realmente un remedo de la obra de Weber.

[14] Ibid., Ryken p. 58.

[15] Para entender estos conceptos con mejor profundidad, véase a Henry Van Til en El Concepto Calvinista de la Cultura, (Bogotá: Ediciones Leer, 2007). Véase igualmente a Francis Schaeffer, Polución y la muerte del hombre. Enfoque cristiano a la Ecología, (CBP, 1973).

[16] Ibid., todas estas notas en Ryken, p. 59.

[17] Ibid., p. 59.

[18] Ibid., Ryken, p. 59.

[19] Ibid., Ryken, p. 59.

[20] Sobre el concepto de la verdadera felicidad, un estudio digno de atención por parte de todo fiel creyente es el que escribiera el puritano Jeremiah Burroughs: Aprendiendo a ser feliz. Gran clásico.

[21] Ibid., p. 60.

[22] Thomas Watson, Consolación Divina, (Alcázar de San Juan: España, Editorial Peregrino, 1989), p. 57.

[23] Ibid. Thomas Watson, p. 64.

[24] Ibid., p. 32.

[25] Ibid., Ryken, p. 60.

[26] Ibid., Ryken, p. 60.

[27] Ryken, p. 60.

[28] Ibid., p. 60.

[29] Ibid., p. 62.

[30] Ibid., Ryken, p. 62.

[31] Ibid., Ryken, p. 62.

[32] Ibid., p. 63.

[33] Ibid., ambas citas en p. 63.

[34] Richard Baxter, El Reposo Eterno de los Santos, (Barcelona: Editorial Clie, 1991), p. 101.

[35] Ibid., p. 63.

[36] Ibid. P. 63.

[37] Ibid. p. 63.

[38] Los cuákeros (del inglés Quakers = tembladores) o Sociedad de los Amigos, una rama del puritanismo extremo y radical inglés del siglo XVII cuyas raíces estuvieron en el misticismo y la Reforma Radical del siglo XVI. Hubo por lo menos tres grupos en Estados Unidos. Algunos, los más evangélicos regresaron a filas protestantes por la predicación de Jonathan Edwards; otros fueron místicos y entregados a fanatismos y excesos.

[39] Ibid., p. 63.

[40] Ibid., p. 64.

[41] Ibid., p. 64.

[42] Christian Directory, Ética Cristiana, capítulo VII, parte 2, pp. 275-276.

[43] Sobre el tema de la justicia económica dentro de los lindes de la misma iglesia cristiana, y acerca de la producción monetaria como algo que debe ser tratado con plena justicia en la sociedad, véase la magistral obra de Christopher J. H. Wright, Old Testament Ethics for the people of God (Londres: IVP, 2004). En esta obra el autor demuestra lo errados que estamos los cristianos al haber olvidado el trasfondo del AT en cuanto a la ética y justicia social que Dios reveló para el antiguo pueblo de Israel. Las enseñanzas del Nuevo Testamento que son una continuación nos muestra que la iglesia es la primera en violar casi todos los códigos bíblicos y civiles dentro del marco económico. El autor nos hace ver cuánto hemos olvidado el amor, la justicia y la misericordia.

[44] Confróntese particularmente a Ernest Troeltsch, El Protestantismo y el Mundo Moderno, (Fondo de Cultura Económica, México, 1983).

[45] Christian Directory, (Soli Deo Gloria Publications, 2000), parte 1, p. 441.

[46] Ibid., Ryken, pp. 66-67.

[47] Ibid., Ryken, p. 67.

[48] Ibid. Christian Directory, véase Tomo I, pp. 373-399.

[49] Ibid. Ryken, p. 69.

[50] Ibid., p. 70.

[51] Ibid., p. 68.

[52] Gregorio Iriarte, Neoliberalismo, ¿Si o No? (Ediciones Paulinas, Bogotá: sin fecha), p. 49.

[53] Mecanismos de creación de la pobreza, Christus, Nov. Dic. 1992, México.

[54] Ibid., p. 69.

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Un comentario en “LA ÉTICA ECONÓMICA DE LOS PURITANOS Y LA TEOLOGÍA O EVANGELIO DE “PROSPERIDAD” DE HOY

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