Dios,sexo,politica,parte 8


Dios,sexo,política,parte 8

Autor: Paulo Arieu

Si alguien hace que la asistencia de la gracia [de creer el evangelio] depende de la humildad y la obediencia del hombre y no está de acuerdo en que es un don de la gracia misma el que seamos obedientes y humildes y contradice al Apóstol que dice: “que tienes que no hayas recibido?” (1 Cor. 4:7), y, “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy” (1 Cor. 15:10). –  John Owens-Teologo y predicador Puritano

Galería de teólogos puritanos famosos del siglo XVII: Thomas Gouge, William Bridge, Thomas Manton, John Flavel, Richard Sibbes, Stephen Charnock, William Bates, John Owen, John Howe, Richard Baxter. [7]
Deidad Máxima Dios
Tipo Calvinismo
Nombre de los seguidores Puritanos
Textos sagrados Biblia

La Etica puritana

Introducción:

El puritanismo, una parte radical del protestantismo, tuvo su origen en la de la Reforma en Inglaterra durante el reinado de Isabel I. Durante el siglo XVI, un sector importante de la Iglesia de Inglaterra sentía que la ruptura definitiva con la Iglesia Católica Romana no se había terminado de producir, ya que buena parte de la liturgia y las creencias seguían siendo
muy similares. Por otro lado, el anglicanismo estaba demasiado próximo al poder real inglés, obediente a sus decisiones y, por tanto, arbitrario según las coyunturas del momento.

En la mente popular, el término Puritano evocaba la imagen de un austero, engreído, lleno de justicia propia, un aguafiestas cazador de brujas. El puritanismo inglés surgió en los años de 1560. tuvo su origen en Inglaterra posterior a la Reforma Inglesa, durante el reinado de Isabel I de Inglaterra.

Desde el inicio los puritanos aceptaban la doctrina de la predestinación. El movimiento fue perseguido en Inglaterra, razón por la que muchos dejaron este país buscando otros lugares con mayor libertad religiosa. Un grupo, liderado por John Winthrop, llegó a las colonias de Inglaterra en América del Norte en abril de 1630.

los puritanos, cristianos ingleses de teología protestante y calvinista.Los Estados Unidos, ha sido el país con más avivamientos de la historia. ¿Cómo hubiera sido la nación más poderosa del mundo sin la llegada de los puritanos? Los puritanos fueron quienes articularon la constitución americana, con lo que lograron crear la primera y mejor democracia contemporanea. La humanidad es deudora de estos cristianos llamados puritanos.

Puritana Joven de E. Percy Moran.

El puritanismo, una parte radical del protestantismo, tuvo su origen en el periodo reformista inglés que se desarrolló durante el reinado de Isabel I.

Durante el siglo XVI, un sector importante de la Iglesia de Inglaterra sentía que la ruptura definitiva con la Iglesia Católica Romana no se había terminado de producir, ya que buena parte de la liturgia y las creencias seguían siendo muy similares. Por otro lado, el anglicanismo estaba demasiado próximo al poder real inglés, obediente a sus decisiones y, por tanto, arbitrario según las coyunturas del momento.  La Revolución Puritana fue un movimiento surgido en Inglaterra en el siglo XVI, de confesión calvinista, que rechazaba tanto a la Iglesia Católica como a la Iglesia Anglicana. Las críticas a la política de la Reina Isabel salían de los grupos calvinistas ingleses, que fueron denominados puritanos porque pretendían purificar la Iglesia Anglicana, quitándole los residuos del catolicismo y acercando su liturgia al calvinismo.

El movimiento fue perseguido en Inglaterra, razón por la que muchos dejaron este país buscando otros lugares con mayor libertad religiosa. Un grupo, liderado por John Winthrop, llegó a las colonias de Inglaterra en América del Norte en abril de 1630.

La Biblia

Para los puritanos la Biblia era en verdad la posesión más preciosa que el mundo podría permitirse. Su convicción más profunda era que la reverencia a Dios significaba reverencia por las Escrituras, servir a Dios significa obediencia a las Escrituras. Por lo tanto, para su mente no podría darse un insulto mayor al Creador que rechazar su palabra escrita, y por el contrario, no podría haber un acto de reverencia más elevado que apreciarla, estudiarla con detenimiento y luego vivirla y enseñarla a otros.

Rechazo a las utopías de la época

Hombres de la talla del célebre escritor español M. de Cervantes Saavedra o Rene Descartes en Francia, aunque insatisfechos con el sistema de la época, no se dejaron seducir por el canto de sirenas de las utopías.

M. de Cervantes Saavedra, no creía en el sistema socio político cultural en el que vivía, pero en lugar de abrazar utopías como las de Moro o Campanella, se refugió en una fe noble y sencilla. También R. Descartes, mantuvo sus creencias católicas, al igual que Cervantes, pero diseñó un proceso de pensamiento basado en el sentido común.

Los Puritanos, (cuya Biblia de Ginebra es citada por Shakeaspere mas de 500 veces en sus obras), son los que cuestionaron el sistema social y político de su época y dieron un gran vuelco a la historia, cuyas consecuencias aún hoy en día vivimos (constitución norteamericana). No creían en las utopías, desconfiaban de ellas y creían firmemente en la Biblia. Porque su antropología  no era optimista su revolución de mediados del s. XVIII no pretendía crear una utopía en Inglaterra sino en difundir derechos tan elementales como la libertad de conciencia o la libertad privada.

 Los puritanos en Inglaterra

Una casa puritana ideal.

El surgimiento del puritanismo está ligado a las confusiones amorosas del rey Enrique VIII (1509-1547) y a la llegada del protestantismo continental a Inglaterra. El movimiento puritano, en sus primeros estadios, fue claramente influido y apoyado por Calvino que, a partir de 1548 pasó a escribirse con los principales líderes de la reforma inglesa. En 1534 fue promulgada el Acta de Supremacía, convirtiendo al rey en “cabeza suprema de la Iglesia de Inglaterra”. Con la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón, tía de Carlos V, el rey Enrique VIII y el Parlamento inglés separaron la Iglesia de Inglaterra de Roma, en 1536, adoptando la doctrina calvinista por comodidad. La Reforma se inició en Inglaterra gracias al rey y al Parlamento. En 1547, Eduardo VI, un niño muy enfermo, se convirtió en rey.

La Reforma protestante avanzó rápidamente en Inglaterra, pues el Duque de Somerset, el regente del trono, simpatizaba con la fe reformada. Thomas Cranmer, el gran líder de la Reforma en Inglaterra, publicó el Libro de Oración Común, dando al pueblo su primera liturgia en inglés. María Tudor, católica romana, se convirtió en reina en 1553. Asesorada por el cardenal Reginald Pole, restauró su religión en 1554. En 1555 intensificó la persecución de los protestantes. Fueron asesinados trescientos, entre los cuales se hallaba el arzobispo de Cantuária, Thomas Cranmer (canonizado por la Iglesia Anglicana) y los obispos Latimer y Ridley. Ochocientos protestantes huyeron al continente, a ciudades como Ginebra o Fráncfort, donde absorbieron los principios doctrinales de los reformadores continentales. Isabel I ascendió al trono a los 25 años en 1558, estableció el “Acuerdo Isabelino”, que era insuficientemente reformador como para satisfacer a aquellos que luego serían conocidos como “puritanos”.

Enseguida promulgó el Acta de Uniformidad (1559), que autorizó el Libro de Oración Común, y restauró el Acta de Supremacía. En 1562, fueron redirigidos los Treinta y Nueve Artículos de la Religión, que son el patrón histórico de la Iglesia de Inglaterra, y a partir de enero de 1563 fueron establecidos por el Parlamento como la posición doctrinal de la Iglesia Anglicana. Entre 1567 y 1568 una antigua controversia sobre las vestimentas llegó a su auge en la Iglesia de Inglaterra. La cuestión inmediata era si los predicadores tenían que usar los trajes clericales prescritos. Esta controversia marcó una creciente impaciencia entre los puritanos en relación con la situación de una iglesia “reformada a medias”. Thomas Cartwright, profesor de la Universidad de Cambridge, perdió su posición a causa de sus prédicas sobre los primeros capítulos del libro de los Hechos de los Apóstoles, en las cuales argumentó a favor de un cristianismo simplificado y una forma presbiteriana de gobierno eclesiástico. La primera iglesia presbiteriana fue la de Wandsworth, fundada en 1572. En 1570, un poco antes de ese evento, Isabel fue excomulgada por el Papa Pío V. La muerte de Isabel ocurrió en 1603 y no dejó heredero. Designó como sucesor a Jacobo I, hijo de María Estuardo, que ya gobernaba en Escocia. Cuando el rey fue coronado, los puritanos, a causa de la presunta formación presbiteriana del rey, tuvieron inicialmente esperanza de una mejoría de su situación. Para enfatizar esa esperanza presentaron la Petición Milenar en 1603, firmada por cerca de mil ministros puritanos, en la que pedían que la Iglesia Anglicana fuera “completamente puritana” en la liturgia y en la administración.

En 1604 se encontraron con el nuevo rey en la conferencia de Hampton Court para presentar sus peticiones. El rey amenazó con “expulsarlos de la tierra, o hacer algo peor”, habiendo dicho que el presbiterianismo “armonizaba tanto con la monarquía como Dios con el diablo”. Carlos I, opositor de los puritanos, fue coronado rey en 1625. En 1628, William Laud se convirtió en obispo de Londres (en 1633 fue nombrado arzobispo de Canterbury) y tomó medidas severas para eliminar la disidencia de la Iglesia Anglicana. Buscó instituir prácticas ceremoniales consideradas “papistas” por los puritanos, aparte de ignorar la justificación por la fe, a causa de su énfasis arminiano, oprimiendo violentamente a los puritanos y forzándolos a emigrar a América.

En 1630, John Winthrop lideró el primer gran grupo de puritanos que fue hasta la Bahía de Massachusetts y, en 1636, se fundó el Harvard College. Laud intentó imponer el anglicanismo en Escocia, pero esto degeneró en un motín que sirvió para aliar a puritanos y escoceses calvinistas. En 1638, los líderes escoceses se reunieron en una “Solemne Liga y Alianza” y sus ejércitos marcharon contra las tropas del rey, que huyeron.

En 1640, el Parlamento restringió el poder del rey Carlos I. Las emigraciones a Nueva Inglaterra se estacionaron de forma considerable. La Asamblea de Westminster, así llamada por reunirse en la Abadía de Westminster, templo anglicano de Londres, fue convocada por el Parlamento de Inglaterra en 1643 para deliberar sobre el gobierno y la liturgia de la iglesia y para “defender la pureza de la doctrina de la Iglesia Anglicana contra todas las falsas calumnias y difamaciones”.

Es considerada la más notable asamblea protestante de todos los tiempos, tanto por la distinción de los elementos que la constituyeron, como por la obra que realizó y aún por las corporaciones eclesiásticas que recibieron de ella los patrones de fe y las influencias salutares durante esos trescientos años.

Puritano, un epíteto despectivo

Hoy en día la palabra “puritano” suele emplearse de forma despectiva para referirse a alguien que tiene una opinión demasiado estricta sobre la moral sexual, está en contra de la “cultura del tiempo libre” y pretende siempre convencer de sus creencias a los demás desaprobando los puntos de vista diferentes al suyo.

Porque suena muy religioso el apodo de puritanos?

Este estereotipo se debe fundamentalmente a la tendencia de pensar en los inmigrantes ingleses que llegaron a América en el siglo XVII y verlos como cazadores de brujas, aburridos, extremadamente moralistas, y viviendo una vida comunitaria sectaria. Imágen sostenida en el tiempo aún para los propios cristianos modernos principalmente, porque no los conocemos y aquellos que le conocen reniegan de ellos como los padres del protestantismo americano. Para fortuna de la iglesia actual. En los últimos años ha resurgido el interés por estudiar a los puritanos, su teología y la influencia de éstos en la eclesiología de américa.[5]

Nada de esto es exclusivo de los puritanos, ni tampoco es característica esencial del puritanismo, ya que su moral y tendencias ascéticas no eran más extremas que las de cualquier cristiano europeo de su época. Además, los puritanos, al menos los ingleses, eran relativamente tolerantes hacia otras creencias. La imagen popular (especialmente la televisiva) es algo más despectiva y peyorativa en su descripción de los puritanos en la América colonial, cuyo experimento social adoptó la forma de una teocracia calvinista.

Los puritanos se enfrentaron fieramente a la ordenanza real que consentía con toda legalidad determinadas diversiones populares celebradas en día domingo, en horas no coincidentes a la observancia de las obligaciones piadosas y no por el hecho únicamente de que extorsionaban el reposo del sábado, sino también por constituir una directa impugnación a lo que debe ser la metódica vida del santo.

Y, precisamente, la amenaza del monarca a base de inflexibles castigos, a cualquier embestida contra la legalidad de aquellos juegos, llevaba la concreta intención de arrasar con esta peculiaridad ascética que, siendo contraria a la autoridad, el Estado la consideraba peligrosa.

Por otro lado, la sociedad monárquica feudal favorecía a todo aquel que se sentía atraído por el esparcimiento, frente a la incipiente moral burguesa y los conventículos ascéticos adversarios de la autoridad, de igual manera que la sociedad capitalista de hoy en día favorece a quienes se sienten impulsados hacia el trabajo, contra la ética de clases de los trabajadores y sindicatos poco más o menos anarquistas.

No obstante, frente a todo ello los puritanos se levantaron en virtud de su principio del comportamiento ascético, que era lo fundamental: el despego que tanto el puritano como el cuáquero sentían ante los juegos no se apoyaba en principios piadosos, y hasta por ellos aceptado, con el requisito de que fuera de provecho a una finalidad racional: ser la confortación requerida para el volumen de la entrega física; únicamente era censurable, de un modo opuesto, por el hecho de poner simplemente al descubierto los instintos desencadenados, o en calidad de mero instrumento de placer o, en suma, cuando se prestaba para avivar los agonales codiciados, la propensión salvaje o el frenesí irracional de la apuesta, todo considerado reprochable totalmente.

El disfrute licencioso de la vida, distante del trabajo profesional tanto como de la religiosidad, era el antagonista del ascetismo racional bien sea que se mostrase aquél como recreo “señorial” o como la asidua concurrencia del hombre común al baile y a los bares.

No hay duda que hoy estamos en presencia de un “materialismo cristiano” como parte componente de un estilo de vida eclesiástica que amenaza con convertir el cristianismo en una religión más. Los énfasis monetarios y de prosperidad propuestos por una sección de la cristiandad ciertamente han resultado exitosos para muchos y, a su vez, han despertado la curiosidad de otros creyentes que probablemente, aunque fieles a Dios y con buena doctrina y teología, podemos estar viviendo en verdadera privación económica y material en general.

Muchos dentro de la iglesia cristiana, ante la imagen sobresaliente de los pastores ricos y adinerados —sobre todo del trasfondo pentecostal-carismático— se han estado preguntando si a la hora de la verdad la vida cristiana y el servicio a Dios se reduzca a la búsqueda de la “absoluta comodidad” que puede ser producida por un ministerio que genere grandes ingresos económicos como una gran vaca lechera.

Esto es una forma de vida asquerosa llamada pecado, ayer,hoy y siempre. Arrepentimiento o el infierno para esos llamdos predicadores que ofenden a Dios con sus sermones cargados del materialismo hedionista. Disicipulos del Club 700, Enlace TBN y telepredicadores que para mantener sus programas de religion no dudan en hacer telemaratones de dinero. Son aspiradoras del dinero de los pobres que pagan como si fueran las indulgencias del Papa por un poco de felicidad.

Estudien la biblia,hagan oraciones,ruegos ante aquel que tiene Todo Poder. Si los profetas de Israel (Oseas,Amos y otros), resucitaran y vivieran la cristiandad de hoy, se arrancarían las vestiduras, se pondrían ceniza y oleo, y dirían anatema en ayuno y oración. Adoradores de Mamon, Dios les dice “Vacas de Basan”

El asunto es que está comprobado, no podemos negarlo. Ciertas apelaciones u “ofertas religiosas” a nivel instintivo, económico y psicológico impuestas sobre la psique de quienes escuchan realmente “funcionan” como por arte de magia —aunque a esto le llamen “obra de Dios”—.

Al poco tiempo, aquella iglesia lánguida y moribunda, reverdece y se ve llena de multitudes, las que a su vez prodigan al predicador grandes ingresos; y no importa que éste no diga “toda la verdad y nada más que la verdad” del mensaje bíblico.

Si con destreza logra aplicar fiel y formalmente las técnicas que desde hace mucho tiempo nos enseñara el pragmatismo y el utilitarismo, tendrá garantizado no cualquier éxito, sino “un gran éxito ministerial” con abundancia de riquezas y bienes de este mundo. No lo dudemos, esto es cierto y además está comprobado que los resultados y “éxito” ministerial son una realidad a partir de la credulidad e ignorancia del pueblo latinoamericano. Creo que esto es una seria preocupación para muchos consiervos de Dios que con honestidad continúan en servicio fiel pero no ven ni palpan lo que otros ven y están palpando.

Lo que aquí exponemos es un esfuerzo por descifrar una de las experiencias más coyunturales en que vive inmerso el cristiano sencillo de estos tiempos. El mensaje de la denominada “teología o evangelio de prosperidad” es un desafío que debe ser tomado en serio.

Los criterios éticos sobre la prosperidad y vida económica que desarrollaron los puritanos ingleses de la primera generación son bien diferentes de los que hoy nos proponen los maestros de la “siembra y la cosecha”. Deberían ser tomados en cuenta por todo cristiano serio que quiere crecer en una correcta espiritualidad para con Dios y saber confrontar modas ético-religiosas como las que hoy sobresalen bajo el manto del tipo de “bendición” propuesto por este tipo de “maestros prósperos”. Veremos que no es sino un erróneo criterio interpretativo y teológico dentro de límites carismáticos.

Bajo este análisis nuestro objetivo trazado es demostrar que los proponentes de la llamada “Teología de la Prosperidad” siguen equivocándose en cuanto al manejo de la ética monetaria o económica como supuesta e indiscutible señal de la bendición de Dios.

El conflicto entre ricos y pobres existió siempre. Por eso no me refiero aquí por las grandes sumas de dinero que obtienen, sino a tres motivos básicos: [i] el primero tiene que ver con “el concepto social del dinero”, [ii] el segundo, si aquellos pastores son capaces de tener posesiones sin caer en la corrupción y de usarlas para los propósitos más altos del reino de Dios; [iii] y en tercer lugar, hacemos hincapié en el cuidado que hay que tener según las palabras de Jesús de (Mateo 7:21-23).

Pero, ¡cuidado! Tampoco debemos olvidar que realmente existe un tipo de Prosperidad que está ligada a la sabia voluntad de Dios y a la diligencia honesta dentro del ministerio o cualquier otro trabajo. Si creo que deben tener cuidado aquellos que se ven tentados a “tomar la piedad como fuente de ganancia”.

La provisión que viene del trabajo duro es bendecida por Dios. La otra, es una estafa al pueblo de Dios. ¿Cómo se puede reconocer a un verdadero Siervo de Dios entre tantos impostores hoy en día alejados de las Verdaderas Doctrinas Bíblicas?

La predicación del evangelio siempre sera locura a toda cultura. Cualquier intento de quitar la ofensa disminuye el evangelio (Paul Washer)

La Predicación puritana

La predicación puritana consistía, pues, en una especie de consejería preventiva, ya que se aplicaban las verdades de la Palabra a la conciencia. Para cumplir este propósito, cada sermón se dividía en dos partes principales: Doctrina y uso. El resultado fue una predicación profundamente teológica y eminentemente práctica.

En una explicación de Hebreos 8:10, el comentarista puritano William Gouge (1575-1653) destacaba:

Los ministros han de imitar a Dios y realizar su mejor esfuerzo para instruir al pueblo en los misterios de la santidad y enseñarles que creer y practicar, para entonces conducirlos a obrar, de que practiquen lo que se les enseñó. De otra manera es posible que su labor sea en vano, el no hacer esto es una de las razones principales por las cuales muchos hombres caen en tantos errores como lo hacen en estos días.[2]

La era posterior a la Reforma produjo varios expositores importantes incluyendo a algunos puritanos. Estos últimos, eran predicadores más que nada. La predicación era tan central que muchos de los puritanos la enfatizaron colocando sus púlpitos, con su Biblia abierta, en el centro del local para que fuera el foco de la iglesia en su lugar del altar. Para los puritanos, “la verdadera predicación es la exposición de la Palabra de Dios”. No es una mera exposición del dogma o la enseñanza de la iglesia (…) La predicación, decían, es la exposición de la Palabra de Dios; y, por lo tanto, debe controlarlo todo”. Lloyd-Jones también sugiere que los puritanos percibieron la predicación como la marca distintiva del verdadero cristianismo al compararla con la religión. Mientras la religión (Islam, etc.) enfatiza lo que el hombre hace en su intento de agradar y aplacar a su Dios, el cristianismo es primordialmente un escuchar a Dios; el cristianismo es Dios buscando al hombre, manifestándose, acercándosele. Esto, creo yo está en el origen de la idea puritana de colocar la exposición de la Palabra en el lugar céntrico de la predicación”.

Willian Perkins (1558 – 1602), un antiguo expositor puritano, tuvo una profunda influencia sobre todo en el movimiento puritano. Percibía la predicación de la Palabra como la presentación del testimonio de Dios mismo, idea desarrollada en The Art of Prophesying (El arte de profetizar), el primer manual de su clase para predicadores en la Iglesia Anglicana.

Perkins identificó cuatro principios para guiar al predicador:

1. Leer en forma clara el texto de las Escrituras canónicas.
2. Ofrecer el sentido y la comprensión del mismo, interpretándolo mediante las Escrituras mismas.
3. Recoger unos pocos y provechosos puntos de doctrina del sentido natural.
4. Aplicar las doctrinas, recogidas apropiadamente, a la vida y las costumbres de los hombres en forma simple y sencilla.

Perkins también enseñó que el conocimiento para exponer la Escritura sólo pertenece a Cristo. El hombre recibe la capacidad para interpretar un pasaje de la Escritura por otro, pero sólo como un regalo de Cristo.

Muchos siguieron esta humilde pero noble tradición. Ocasionalmente predicaron por varias horas a la vez, creyendo que

“ninguna verdad bíblica puede presentarse en menos de una o dos horas”.[0]

Acerca de los puritanos, Webber observa:

Algunos de los predicadores de aquellos días derivaron sus divisiones y subdivisiones del texto, pero estas con mayor frecuencia se basaban parcialmente en los pensamientos del texto y, en parte, en ideas sugeridas por la naturaleza general del tema. Esta pasión por el análisis minucioso frecuentemente se dio mediante el sacrificio de la claridad y el estilo literario.

Empero, los puritanos en su totalidad estaban dominados por un sentido de la presencia de Dios. Procuraron ser fieles a la Palabra y a su predicación sencilla y práctica. Algunos de los principales predicadores puritanos que demostraron gran habilidad como expositores fueron José Hall (1574 – 1656), Tomás Goodwin (1600 – 1680), Ricardo Baxter (1615 – 1691), y Juan Owen (1616 – 1683).

Hablando de Goodwin, Brown comenta:

Al compararlo con eminentes contemporáneos como Juan Owen y Ricardo Baxter, se ha dicho que Owen predicó fervorosamente al entendimiento, razonando en base a su crítico y devoto conocimiento de la Escritura; Baxter predicó enérgicamente a la conciencia, razonando en base a la competencia de las cosas; mientras que Goodwin apeló a los efectos espirituales, razonando en base a su propia experiencia religiosa e interpretando la Escritura mediante el conocimiento de un corazón renovado.

La diversidad de estilo entre los puritanos es sorprendente en vista del patrón de consagración a una explicación fiel del texto que todos tenían en común. Cada uno tenía su énfasis propio, como se muestra en la famosa frase de Baxter, que dijo: “Yo predico como si jamás fuera a predicar de nuevo, como un hombre moribundo para hombres moribundos”.
Otros expositores puritanos importantes, fueron Tomás Manton (1620 – 1677), Juan Bunyan (1628 – 1688) y Esteban Charnock (1628 – 1680). Además Guillermo Creenhill (1581 – 1677), un expositor puritano, predicó una gran serie de conferencias acerca de Ezequiel. Todos estos hombres fueron estudiantes diligentes de la Palabra. Buscando explicar claramente las verdades de la Escritura a otros

CONFIANZA EN DIOS

El compromiso puritano con la Palabra de Dios proviene de su devoción a Dios como su Autor.

La cuestión más grave delante de la Iglesia es siempre Dios mismo y lo más portentoso acerca de cualquier hombre no es lo que él en un momento dado puede decir o hacer, sino lo que en la profundidad de su corazón concibe acerca de cómo es Dios. Por una secreta ley de nuestras almas tendemos a movernos hacia nustra imagen mental de Dios. Esto es verdad no sólo para cada creyente, sino para todos lo que componen la Iglesia. Siempre lo más revelador acerca de la Iglesia en su idea de Dios, tanto como su más significativo mensaje es lo que ella dice o no de El. El distinguido teólogo inglés del siglo diecisiete, Thomas Watson, es quien mejor capta el énfasis puritano sobre el amor a Dios en su explicación:

” El amor a Dios hierve y se derrama, pero no se agota. El amor a Dios, de la misma manera que es sincero y sin hipocresía, también es constante y sin apostasía.” [1]

El grado de amor a Dios excede toda medida, y que el Señor es la quintaesencia de todo lo bueno. Siendo que Dios es supremo en nuestra precepción, debe ser también supremo en nuestros afectos.

EL CONCEPTO PURITANO DEL PECADO

Es en su actitud hacia el pecado que el puritanismo contrasta de un modo tan agudo con nuestra época. En su concepto, la naturaleza humana fue radicalmente defectusa, caracterizada por su inclinación al mal y aversión a lo bueno. Muchos evangélicos modernos han reemplazado el realismo bíblico de los puritanos con un concepto superficial y ligero del pecado. Hoy en día, el pecado se ha redefinido como el resultado de una aflicción demoníaca o una conducta adictiva. En cualquier caso, el pecador se tiene como víctima y, por tanto, sin responsabilidad de sus acciones.

Los puritanos, en cambio consideraban el pecado como criminal y le prestaban mucha atención. Como observa un historiador:

” El pecado era el recipiente de la repulsa mayor que los fieles puritanos podrían expresarle porque amenazaba el orden social, violaba la razón y sobre todo resumía la antítesis de aquello que profesaban amar con más intensidad: ” el Señor”. [3]

Pecado es darle las espaldas a la adoración de Dios, para adorar el ego. El aspecto más importante acerca de la humanidad es que estamos adorando a las criaturas. Autoadoración, pues, está en el centro del problema del pecado.

Comentario sobre los Puritanos

Los puritanos fueron los más resueltos protestantes de la nación; calvinistas celosos; predicadores cálidos y afectuosos. Eran las personas más pías y devotas de la tierra; hombres de oración en lo secreto y en público, así como en el seno de sus familias. Su estilo de devoción era ferviente y solemne, dependiente de la ayuda del Espíritu Divino. Tenían una profunda reverencia para el santo nombre de Dios, y eran enconados enemigos no sólo de los juramentos profanos, sino de la plática insensata y de las burlas.

Eran estrictos observantes del día del Señor, dedicando todo el día a la devoción en público y en privado y a la caridad. Era marca distintiva de un puritano, en aquellos tiempos, verlo asistir a la iglesia dos veces al día, con su Biblia bajo el brazo. Y mientras otros se dedicaban al juego y a las distracciones, a las parrandas, a caminar por los campos, o a la diversión del boliche, la esgrima, etcétera, estos, desde la víspera del día de reposo, se dedicaban con la familia a leer las Escrituras, a cantar salmos, a repasar sermones, a catequizar a sus hijos y a la oración. Y esta actividad la llevaban a cabo no sólo el día del Señor, sino que tenían sus horas de devoción familiar durante los días de semana; eran circunspectos en cuanto a todo exceso en la comida y en la bebida, en la ropa, y las diversiones sanas.

Eran frugales, diligentes, honestos en sus tratos, y solícitos en dar a cada quien lo que le correspondía.

“Ese es un noble testimonio hacia la verdad puritana y el poder del Evangelio. Un sabio infiel dice que los calvinistas y jansenistas, “cuando son comparados con sus antagonistas, se han destacado, no en menor grado, en las virtudes más rígidas y respetables; ellos han sido un honor para su propia época, y el mejor modelo de imitación para las generaciones sucesivas.” [4]

Y aun el doctor Priestly, que era un unitariano, admite que:

“los que sostienen las doctrinas de la gracia, se conforman menos al mundo y tienen un principio mayor de religión, que nuestros propios seguidores: y quienes, con base en un principio de la religión, atribuyen más a Dios y menos al hombre que otros, tienen la mayor elevación de piedad.” [6]

Dogma y creencias

El dogma central del puritanismo era la autoridad suprema de Dios sobre los asuntos humanos. Para algunos, tal autoridad se expresaba hasta el grado de la predestinación enseñada por Juan Calvino, pero no todos compartían esta opinión.

Además, los puritanos subrayaban que el individuo debía ser reformado por la gracia de Dios. Cada persona, a la que Dios mostraba misericordia, debía comprender su propia falta de valor y confiar en que el perdón que está en Cristo le había sido dado, por lo que, por gratitud, debía seguir una vida humilde y obediente.

Otras notables creencias incluyen:
• Un énfasis en el estudio privado de la Biblia.
• Un deseo de que todos alcancen educación e ilustración (especialmente para que todos puedan leer la Biblia por sí mismos).
• El sacerdocio de todos los creyentes.
• Simpleza en la adoración, la exclusión de vestimentas, imágenes, velas, etc.
• La no celebración de festividades tradicionales que ellos consideraban estar en violación de los principios regulares de adoración.
• Creencia en guardar como obligatorio un día de la semana como está ordenado en los Diez Mandamientos, en el caso de ellos el día de la Resurrección de Jesús, Domingo.
• Algunos aprobaban la jerarquía de la Iglesia, pero otros buscaban reformar las iglesias episcopales al modelo presbiteriano. Algunos puritanos separatistas eran presbiterianos, pero la mayoría era congregacionalistas.

Historia

La Revolución Puritana fue un movimiento surgido en Inglaterra en el siglo XVI, de confesión calvinista, que rechazaba tanto a la Iglesia Católica como a la Iglesia Anglicana.
Las críticas a la política de la Reina Isabel salían de los grupos calvinistas ingleses, que fueron denominados puritanos porque pretendían purificar la Iglesia Anglicana, quitándole los residuos del catolicismo y acercando su liturgia al calvinismo.

Desde el inicio los puritanos aceptaban la doctrina de la predestinación. El movimiento fue perseguido en Inglaterra, razón por la que muchos dejaron este país buscando otros lugares con mayor libertad religiosa. Un grupo, liderado por John Winthrop, llegó a las colonias de Inglaterra en América del Norte en abril de 1630.

Orígenes calvinistas del puritanismo

Esta variante del protestantismo sería seguida en países como Suiza, Países Bajos, Sudáfrica (entre los afrikaners), Inglaterra, Escocia y los Estados Unidos. Juan Calvino se opuso a la Iglesia Católica y a los Anabaptistas y criticó la misa cristiana y por eso sus seguidores rompieron con la Iglesia Anglicana.

En Ginebra, cuando vivía Calvino, se inició un conflicto entre los partidarios de la Casa de Saboya (católicos) y los confederados (protestantes), que darían más tarde origen a los hugonotes.

Con los ideales iluministas y la doctrina de Calvino, los primeros protestantes ingleses se volvieron un grupo típicamente conservador.

Los puritanos en Inglaterra

El surgimiento del puritanismo está ligado a las confusiones amorosas del rey Enrique VIII (1509-1547) y a la llegada del protestantismo continental a Inglaterra. El movimiento
puritano, en sus primeros estadios, fue claramente influido y apoyado por Calvino que, a partir de 1548 pasó a escribirse con los principales líderes de la reforma inglesa. En 1534 fue
promulgado el Acta de Supremacía, convirtiendo al rey en “cabeza suprema de la Iglesia de Inglaterra”. Con la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón, tia de Carlos V, el
rey Enrique VIII y el Parlamento inglés separaron la Iglesia de Inglaterra de Roma, en 1536, adoptando la doctrina calvinista por comodidad. La Reforma, se inició en Inglaterra gracias al rey y al Parlamento. En 1547, Eduardo VI, un niño muy enfermo, se convirtió en rey.

La Reforma protestante avanzó rápidamente en Inglaterra, pues el Duque de Somerset, el regente del trono, simpatizaba con la fe reformada. Thomas Cranmer, el gran lider de la
Reforma en Inglaterra, publicó el Libro de Oración Común, dando al pueblo su primera liturgia en inglés. María Tudor, católica romana, se convirtió en reina en 1553. Asesorada por
el cardenal Reginald Pole, restauró su religión en 1554. En 1555 intensificó la persecución de los protestantes. Fueron asesinados trescientos, entre los cuales se hallaba el arzobispo
de Cantuária, Thomas Cranmer (canonizado por la Iglesia Anglicana) y los obispos Latimer y Ridley. Ochocientos protestantes huyeron al continente, a ciudades como Ginebra o Fráncfort, donde absorvieron los principios doctrinales de los reformadores continentales. Isabel I ascendió al trono a los 25 años en 1558, estableció el “Acuerdo Isabelino”, que era insuficientemente reformado para satisfacer a aquellos que luego serían conocidos como “puritanos”.

Enseguida promulgó el Acta de Uniformidad (1559), que autorizó el Libro de Oración Común y restauró el Acta de Supremacía. En 1562, fueron redirigidos los Treinta y Nueve Artículos de la Religión, que son el padrón histórico de la Iglesia de Inglaterra, y a partir de enero de 1563, fueron establecidos por el Parlamento como la posición doctrinal
de la Iglesia Anglicana. Entre 1567 y 1568, una antigua controversia sobre las vestimentas llegó a su auge en la Iglesia de Inglaterra. La cuestión inmedita era si los predicadores tenían que usar los trajes clericales prescritos. La controversia marcó una creciente impaciencia entre los puritanos en relación con la situación de una iglesia “reformada a medias”.

Thomas Cartwright, profesor de la Universidad de Cambridge, perdió su posición a causa de sus prédicas sobre los primeros capítulos del libro de los Hechos de los Apóstoles, en las cuales argumentó a favor de un cristianismo simplificado y una forma presbiteriana de gobierno eclesiástico. La primera iglesia presbiteriana fue la de Wandsworth, fundada en 1572. En 1570, un poco antes de ese evento, Isabel fue excomulgada por el Papa Pío V. La muerte de Isabel ocurrió en 1603 y no dejó heredero. Designó como sucesor a Jacobo I, hijo de María Estuardo, que ya gobernaba en Escocia. Cuando el rey fue coronado, los puritanos, a causa de la presunta formación presbiteriana del rey, tuvieron inicialmente esperanza de una mejoría de su situación. Para enfatizar esa esperanza presentaron la Petición Milenar en 1603, firmada por cerca de mil ministros puritanos, en la que pedían que la Iglesia Anglicana fuera “completamente puritana” en la liturgia y en la administración.

En 1604 se encontraron con el nuevo rey en la conferencia de Hampton Court para presentar sus peticiones. El rey amenazó con “expulsarlos de la tierra, o hacer algo peor”, habiendo dicho que el presbiterianismo “armonizaba tanto con la monarquía como Dios con el diablo”. Carlos I, opositor de los puritanos, fue coronado rey en 1625. En 1628, William Laud se convirtió en obispo de Londres (en 1633 fue nombrado Arzobispo de Cantuária) y tomó medidas severas para eliminar la disidencia de la Iglesia Anglicana. Buscó instituir prácticas
ceremoniales consideradas “papistas” por los puritanos, aparte de ignorar la justificación por la fe, a causa de su énfasis arminiano, oprimiendo violentamente a los puritanos y forzándolos a emigrar a América.

En 1630, John Winthrop lideró el primer gran grupo de puritanos que fue hasta la Bahía de Massachusetts y, en 1636, se fundó el Harvard College. Laud intentó imponer el anglicanismo en Escocia, pero esto degeneró en un motín que sirvió para aliar a puritanos y escoceses calvinistas. En 1638, los líderes escoceses se reunieron en una “Solemne Liga y Alianza” y sus ejércitos marcharon contra las tropas del rey, que huyeron.

En 1640, el Parlamento restringió el poder del rey Carlos I. Las emigraciones a Nueva Inglaterra se estacionaron de forma considerable. La Asamblea de Westminster, así llamada por reunirse en la Abadía de Westminster, templo anglicano de Londres, fue convocada por el Parlamento de Inglaterra en 1643 para deliberar sobre el gobierno y la liturgia de la iglesia y para “defender la pureza de la doctrina de la Iglesia Anglicana contra todas las falsas calumnias y difamaciones”.

Es considerada la más notable asamblea protestante de todos los tiempos, tanto por la distinción de los elementos que la constituyeron, como por la obra que realizó y aún por las corporaciones eclesiásticas que recibieron de ella los patrones de fe y las influencias salutares durante esos trescientos años.

La Asamblea de Westminster

La Asamblea de Westminster se caracterizó no sólo por la erudición teológica sino por una profunda espiritualidad. Se tomaba mucho tiempo para orar y todo era hecho con un espíritu de reverencia. Cada documento producido iba al Parlamento para ser aprobado lo que sólo ocurría después de mucha discusión y estudio. Los llamados “Patrones Presbiterianos” elaborados por la Asamblea fueron los siguientes:

1. Directorio del Culto Público: concluido en diciembre de 1644 y aprobado por el parlamento al mes siguiente. Tomó el lugar del Libro de Oración Común. También fue preparado el Salterio: una versión métrica de los Salmos para uso en el culto (noviembre de 1645).
2. Forma de Gobierno Eclesiástico: concluida en 1644 y aprobada por el parlamento en 1648. Instituyó la forma de gobierno presbiteriana en lugar de la episcopal, con sus obispos y arzobispos.
3. Confesión de Fe: concluida en diciembre de 1646 y sancionada por el Parlamento en marzo de 1648.
4. Catecismo Mayor y Breve Catecismo: concluidos a finales de 1647 y aprobados por el Parlamento en marzo de 1648.
Como consecuencia de la ayuda de los escoceses, las fuerzas parlamentarias derrocaron al rey Carlos I, que fue decapitado en 1649.

El comandante victorioso, Oliver Cromwell, asumió el gobierno. Sin embargo, en 1660, Carlos II subió al trono y restauró el episcopado en la Iglesia de Inglaterra. Se inició una nueva era de persecuciones contra los presbiterianos.  En Escocia, la Asamblea General de la Iglesia Presbiteriana adoptó los Patrones de Westminster después de ser aprobados, dejando de lado sus propios documentos de doctrina, liturgia y gobierno que databan de la época de John Knox. La justificación era el deseo de una mayor unidad entre los presbiterianos de las Islas Británicas. De Escocia, esos patrones fueron llevados a otras partes del mundo.

Los Puritanos en los Estados Unidos

La salida accidentada del Mayflower del puerto de Southampton el 5 de agosto de 1620, convirtió a este viejo velero en un barco mítico. Las colonias inglesas en Norteamérica llevaban descubriéndose y poblándose desde mediados del siglo XVI, pero a principios del XVII recibieron el impulso migratorio que necesitaban. Los ingleses habían comenzado tarde su aventura colonialista, pero enseguida comprendieron que el desarrollo de Europa dependía de las materias primas del Nuevo Continente.

Los puritanos fueron perseguidos en Inglaterra durante décadas y, tras un breve período en Holanda, comprendieron que la única manera de practicar su religión con libertad, sería encontrar un nuevo lugar en el que asentarse. La colonización inglesa fue una empresa netamente privada, lo que permitió que grandes capitales se movieran en el reino y que la nobleza y la alta burguesía se unieran para realizar negocios.

El monopolio del Estado en los reinos de España era un desastre, repleto de corrupción e ineficacia.

No todos los pasajeros del Mayflower eran puritanos, de los 102 pasajeros, treinta y cinco eran del grupo de separatistas puritanos de Leiden, el resto de pasajeros eran ciudadanos de Londres y pueblos cercanos , pero no eran puritanos.El barco tuvo que atracar en Plymouth antes de salir definitivamente para América, el retraso en la salida, el 20 de septiembre de 1620, imposibilitó que llegaran a tiempo para plantar las primeras cosechas que les ayudarían a sobrevivir en invierno.

El viaje duró 55 días, avistaron el Cabo de Cod en Massachusetts, la meta final era el norte de Virginia, pero algunos líderes puritanos decidieron ir más al norte. No querían someterse a una colonia ya existente, deseaban crear su propio “paraíso en la tierra”.Al salir de los límites de Virginia, los colonos tenían el derecho a autogobernarse , al no tener cédula real. Ellos mismos confirmaron un pacto de gobierno, el famoso “Pacto del Mayflower”.

Hombres libres, viviendo como tales. Puede parecernos que un acuerdo privado tenían poca importancia, pero  por primera vez en la historia de la sociedad occidental, hombres libres, sin someterse a ningún poder absoluto, tomaban decisiones por ellos mismos .John Carver fue el primer gobernador de aquella pequeña comunidad, pero Carver fue una de las víctimas de aquel duro invierno, por lo que tuvieron que buscar un nuevo gobernador, William Branford.

El encuentro con los indios fue providencial, sobre todo al conocer a uno de ellos que hablaba inglés, llamado Scuanto. Los indios les dieron tierras y les mantuvieron con vida aquel duro invierno de 1620. En el otoño de año siguiente, colonos e indios celebraron un día de acción de gracias a Dios, por haber sobrevivido aquel primer año. De esta manera nacía la fiesta más familiar y entrañable de los Estados Unidos. Aquella humilde colonia de Plymouth fue la antorcha que iluminó a un mundo sometido a poderes tiránicos, demostrando que la libertad es el mejor remedio para acercarse a la felicidad. Los puritanos articularon la constitución americana, con lo que lograron crear la primera y mejor democracia contemporanea. La humanidad es deudora de estos cristianos llamados puritanos.

8. John Buyan (1628-1688)

Puritano bautista ingles, sufrió la persecución religiosa desencadenada en Inglaterra contra los disidentes y asi se pasó  en prision casi completamente entre 1660-1672. Bunyan es el autor del libro “El Progreso del Peregrino”

9. Puritanismo norteanericano actual

El puritanismo norteamericano ha sido execrado por el cine y la literatura norteamericana de los últimos ochenta años. Libros como “La letra escarlata” o películas sobre el famoso caso de las brujas de Salem, han puesto el punto de mira en la intolerancia de los puritanos. Aunque  lo cierto es que sin ellos no se entendería la cultura norteamericana actual.

Creencias

Había numerosas obras teológicas escritas por puritanos, como la Medulla Theologiae de William Ames, pero no hay una teología distintiva de los puritanos. El término “teología puritana” tan sólo cobra sentido en ciertas partes de la teología reformada, por ejemplo: el legado en términos teológicos del calvinismo, tal y como fue expuesto por los predicadores puritanos (normalmente conocidos como lectores), y la aplicación en la vida de los puritanos.

Creencias principales

En la relación de las iglesias con el poder civil, los puritanos creían que los gobernadores seculares son responsables ante Dios de proteger y premiar la virtud, incluyendo la “verdadera religión” y de castigar a los malhechores. Se oponían a la supremacía del monarca en la iglesia (erastianismo) y argumentaban que la única cabeza de la Iglesia en el cielo o en la tierra es Cristo.

La idea de la interpretación personal de la Biblia, central en las creencias puritanas, era compartida con los protestantes en general. Los puritanos buscaron la conformidad individual y colectiva de la enseñanza de la Biblia, con la pureza moral aplicada hasta el más ínfimo detalle así como la pureza eclesiástica aplicada al más alto nivel.

Creían que el hombre existía para la gloria de Dios; y que su primer cometido en la vida era hacer lo que Dios quisiera y así recibir la futura felicidad. Al igual que algunas iglesias reformadas del continente europeo, las reformas puritanas fueron tipificadas por el mínimo ritualismo y la mínima decoración y por un énfasis sin ambigüedades en la predicación. Los calvinistas en general creían que la adoración en la iglesía debía ser estrictamente regulada por lo que se prescribía en la Biblia (el principio regulador de la adoración), y condenaban como idolatría muchas prácticas, sin importar su antigüedad o su adopción generalizada entre los cristianos, contra los oponentes que defendían la tradición. La simplicidad en la
adoración llevó a la exclusión de vestimentas, imágenes, velas, etc. No celebraban las festividades tradicionales las cuales creían que eran un violación del principio regulador.

Declaraciones

  • Declaración de Fe de Westminster: Adoptada por los presbiterianos.
  • Declaración de Saboya: Modificación de la anterior y adoptada por los puritanos

La división

A finales del siglo XVI los puritanos ya se habían escindido en dos ramas: una más próxima a las tesis de Calvino, denominados presbiterianos, así llamados por que sus iglesias eran gobernadas no por un obispo, sino por presbíteros (ancianos del presbiterio), que impulsaban una centralización paulatina de la estructura eclesial, y otra integrada por los congregacionalistas, que defendían profesar su fe en la más completa libertad. Será Nueva Inglaterra el lugar donde se fundaría la mayor cantidad de comunidades puritanas y donde se vivirá un auténtico auge de sus creencias, formando en buena parte el carácter de muchos de los territorios de lo que serían más tarde los Estados Unidos de América.

Consecuencias

El puritanismo no consiguió sustituir las estructuras de plausibilidad que el anglicanismo ofreció a Inglaterra. Las estructuras sociales anglicanas permanecieron. Tan sólo para una pequeña e influyente minoría esta situación no era satisfactoria, y ese grupo era el de los puritanos, que llevaron a cabo numerosas e infructuosas batallas con el gobierno político-religioso de Inglaterra. En todos esos eventos, el apoyo de Calvino fue influyente en la tentativa de llevar su doctrina a una nación cuyos lazos con Roma habían sido cortados tan sólo por la vanidad de un rey.

La doctrina calvinista es hoy en día profesada entre los fieles anglicanos y en ella apenas quedan trazos de la liturgia del catolicismo. Muchos de los puritanos huyeron a países como los Estados Unidos, donde introdujeron el presbiterianismo oriundo de la reforma calvinista de la Iglesia de Escocia.

Uso moderno

Hoy en día la palabra “puritano” suele emplearse de forma despectiva para referirse a alguien que tiene una opinión estricta sobre la moral sexual, está en contra de la “cultura del tiempo libre” y pretende siempre convencer de sus creencias a los demás desaprobando los puntos de vista diferentes al suyo.

Nada de esto es exclusivo de los puritanos, ni tampoco es característica esencial del puritanismo, ya que su moral y tendencias ascéticas no eran más extremas que las de cualquier cristiano europeo de su época. Además, los puritanos, al menos los ingleses, eran relativamente tolerantes hacia otras creencias. La imagen popular (especialmente la televisiva) es algo más exacta como descripción de los puritanos en la América colonial, cuyo experimento social adoptó la forma de una teocracia calvinista.
El puritanismo en la literatura

El comienzo de la literatura estadounidense cuenta con escritores puritanos como Cotton Mather o Thomas Shepard. Sus textos solían ser panfletos ensayísticos religiosos o políticos. Por otro lado, con frecuencia el puritanismo ha sido un tema central de obras literarias como La letra escarlata donde su autor critica lo que él considera fanatismo y falsa
moral del puritanismo; o como Las brujas de Salem, donde su autor utiliza ese ejemplo de fanatismo como imagen para criticar la persecución política del macartismo.

Principales puritanos
La siguiente lista corresponde a los más prominentes puritanos.

  • Thomas Gouge.
  • William Bridge.
  • Thomas Manton.
  • John Flavel.
  • Richard Sibbes.
  • Stephen Charnock.
  • William Bates.
  • John Owen.
  • John Howe.
  • Richard Baxter.

La ética económica de los primitvos de los primitvos puritanos

Los estudios sobre ética económica, valor y uso del dinero que encontramos en los escritos de los primeros puritanos entre el siglo XVI hasta finales del siglo XVIII son catalogados por algunos expertos como estudios inéditos en la historia del protestantismo inglés. En cuanto a Juan Calvino, reformador ginebrino, bien puede decirse que su influencia en la ética económica de los puritanos fue más bien indirecta más que directa. Esto en cuanto hace al espinoso tema de que

“la prosperidad material llega a ser una evidencia de la predestinación o elección de Dios”.

El profesor Theo Donner, a mi juicio, está en lo correcto cuando dice que

“no se puede identificar la perspectiva puritana sin más con la perspectiva de Calvino”. [8]

Aunque por otro lado, no se puede negar que la producción literaria inicial del reformador francés fue ampliamente conocida y consultada por los puritanos ingleses.

En la Inglaterra de Oliver Cromwell también se produjeron circunstancias de reforma bien notorias las cuales diferentes historiadores han catalogado la Reforma en Inglaterra como “la otra reforma” o también han dicho que produjo

“experimentos teológicos originales”. [9]

Mucho de esto tiene que ver con el enfoque de la justicia social y económica producto de un pensamiento bíblico-puritano maduro importante de estudiar. En varios aspectos, como hemos visto, la reforma inglesa fue sui generis respecto de la reforma continental.

Pero en relación con la influencia del puritanismo en los asuntos de economía, trabajo, producción monetaria y préstamo de dinero con interés, hay dos etapas bien delineadas en la historia inglesa: una primera etapa estuvo enmarcada aún por la influencia de la Edad Media y la Reforma; y una segunda etapa estuvo influenciada por la modernidad producida igualmente en suelo europeo.

Es aquí que surge un puritano de diferente mentalidad pero cuestionable a la vez, porque cae en el nominalismo cristiano o lo que es lo mismo, en el deterioro de la fe cristiana emanada de la Reforma, episodio que comienza a producirse especialmente a fines del siglo XVIII y todo el siglo XIX. Hacer comprensible estos análisis es nuestro propósito a continuación. Este puritanismo está ubicado tanto en Inglaterra como en los Estados Unidos.

El criterio ético de los puritanos no estaba reglamentado por la cantidad de dinero que una persona pudiera obtener, sino por la cantidad de dinero que un hombre gastaba en él mismo. El ideal que los puritanos procuraron vivir fue conocido como la moderación o temperancia, catalogado por algunos como una especie de “regla de oro”. John Downame escribió que “el medio, o estar en la mitad de los bienes es preferible antes que lo más grande de la prosperidad… La mediana condición nos libra de olvidar a Dios, nos libra de la irreligiosidad y de la profanidad”. [10]

Pero si la moderación es la meta, se requiere igual que estemos libres de los opuestos. Uno de estos es la avaricia por las riquezas la cual está entremezclada con la codicia. Desde esta perspectiva William Perkins, en un sermón basado en Mateo 6:19-20, señala a su parecer lo que Cristo nuestro Señor prohíbe: “Las formas como se practica la codicia tiene que ver primero con la búsqueda de las riquezas mundanas, cuando los hombres no se guardan con medida y moderación”. [11]

De ahí que el puritano consecuente miraba de reojo todo tipo de lujo y extravagancia; no importaba la forma que tomara ya fuera una casa, la ropa, la recreación o aún la propia comida.

En otro análisis Richard Baxter también denunció las extravagancias que con frecuencia generan las riquezas. Los vicios de las riquezas es un tratamiento ético que exhibe en gran parte de sus obras y sermones. Sus valiosas direcciones o consejos se produjeron de forma magistral en su voluminosa obra conocida como Christian Directory. Allí señala la sensualidad, la gula, los abusos en el deporte y la recreación; el derroche, el no cuidarse de comidas o bebidas costosas al grado tal de volverse un barrigón; o hacer costosos e innecesarios viajes o diversiones y construir edificios o casas innecesariamente lujosas, para Baxter estas cosas no va con la moral ética del reino de Dios. [12]

Sin embargo, no saquemos la equivocada conclusión de que si los puritanos eran opuestos al lujo y a las extravagancias, entonces fueron ascetas. De ningún modo. Ya hemos visto su recomendación: la vía media es lo sabio. Si hay algún poder económico la enseñanza usual estaba sustentada en el consejo del apóstol Pablo a los Filipenses, quien luego de citar varias virtudes les dijo: “si hay algo digno de alabanza, en esto pensad” (4:8).

Diferentes historiadores que se han encargado de investigar el movimiento puritano coinciden en afirmar que los puritanos fueron hombres que no aceptaron su obra como algo terminado; es decir, eran conscientes de su imperfección. Qué bueno que tuviésemos o adoptásemos tal espíritu. Realmente ellos quisieron hacer de la iglesia un instrumento perfecto hasta donde fuera posible con el fin de extender la verdadera espiritualidad del evangelio de Jesucristo no solo en la vida de la iglesia local, sino social, en el ámbito político, en el área de la economía y cultura en general. Vemos que ellos no se sustrajeron a estas realidades terrenas mientras llegaba la hora de partir al cielo y estar con Cristo, “lo cual es muchísimo mejor” según palabras de san Pablo. Y aunque su lucha inicial fue contra los errores y superstición de la Iglesia Católica, no obstante, su batalla era la instauración del señorío de Cristo en todos los órdenes de la vida junto con la eterna verdad del evangelio y sumado a la práctica del mandato cultural. ¿Seremos capaces de entender este mensaje? ¡Espero que sí! [13]

Conclución

Hoy en día la palabra “puritano” suele emplearse de forma despectiva para referirse a alguien que tiene una opinión demasiado estricta sobre la moral sexual, está en contra de la “cultura del tiempo libre” y pretende siempre convencer de sus creencias a los demás desaprobando los puntos de vista diferentes al suyo.

Nada de esto es exclusivo de los puritanos, ni tampoco es característica esencial del puritanismo, ya que su moral y tendencias ascéticas no eran más extremas que las de cualquier cristiano europeo de su época. Además, los puritanos, al menos los ingleses, eran relativamente tolerantes hacia otras creencias. La imagen popular (especialmente la televisiva) es algo más despectiva y peyorativa en su descripción de los puritanos en la América colonial, cuyo experimento social adoptó la forma de una teocracia calvinista

Notas

[0] http://pasionbiblica.wordpress.com/2012/07/25/quienes-fueron-los-puritanos/

[1] http://bibliotecareformada.blogspot.com/2009/03/la-esperanza-puritana.html

[2] http://bibliotecareformada.blogspot.com/2008/06/bancas-llenas-almas-hambrientas.html

[3] http://bibliotecareformada.blogspot.com/2009/03/la-esperanza-puritana.html

[4] http://www.spurgeon.com.mx/sermon70.html

[5] http://pasionbiblica.wordpress.com/2012/08/01/por-que-re-descubrir-los-puritanos/

[6] http://pasionbiblica.wordpress.com/2012/07/25/quienes-fueron-los-puritanos/

[7] http://es.wikipedia.org/wiki/Puritanismo

[8] Theo Donner, Historia y Teología de la Reforma, (Medellín: Seminario Bíblico de Colombia, 1987), p. 223.
[9] Esto particularmente es notable en la obra del historiador Kenneth Scott Latourette, véase su Historia del Cristianismo, Tomo 2, cap. 7. (Casa Bautista de Publicaciones, edición de 1979).

[10] Ibid., p. 64.
[11] Ibid., p. 64.
[12] Christian Directory, Ética Cristiana, capítulo VII, parte 2, pp. 275-276.

[13] Leer mas aca

Bibliografía  consultada

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