Ni Calvino logró salvar a M. de Servet de la hoguera


Ni Calvino logró salvar a M. de Servet de la hoguerra

Autor: Paulo Arieu

Una sombra de duda nos intenta arrojar sobre la persona de Juan Calvino, la muerte de Miguel de Servat en manos de la inquisición católica, pero investigando un poco, nos damos cuenta que esa duda, es puesta por los enemigos de la reforma, para desautorizar las enseñanzas de Calvino y cuestionar su moral.

El Diccionario de la lengua dice que:

Fue amigo de Calvino durante algún tiempo, pero luego se convirtió en adversario suyo. Negó los dogmas católico-romanos, fue perseguido por la Iglesia Francesa; refugióse en Ginebra, donde esperaba encontrar algún apoyo en su antiguo amigo Calvino; éste, para vengarse de sus ataques filosóficos, le acusó como hereje y le hizo condenar a ser quemado vivo, suplicio que sufrió Servet el 27 de octubre de 1553, en una plaza de Ginebra. Fue uno de los hombres más sabios de su tiempo. [1]

Las ideas de Servet eran un todo indisoluble que iba de la medicina, a la religión y a la política. Servet vivió los días más turbulentos de los enfrentamientos religiosos de la Reforma.

Servet -dice Allen G. Debus- era un radical religioso, en una época en que era peligroso ser disidente”.[2]

Servet era un arriano obstinado que pensaba que sus razonamientos serían capaces de convencer a quien quisiera escucharlo, pero nadie quiso hacerlo, ocupados como estaban en imponer sus propias ideas.

Considerar a Miguel Server reformado o protestante es algo arriesgado, pero debido a muchas de sus ideas, el español estaba más cerca de los planteamientos protestantes que de los católicos. Lo que podemos decir sin duda, es que Server, tal vez por su martirio, se convirtió en el más reconocido y admirado de nuestros heterodoxos.[3]

Y así fue que se encontró con la muerte en la hoguera, de la mano de los inquisidores católicos.

La ejecución de Servet produjo una controversia y una crítica a Calvino, e influyó en Laelius Sozzini (Lelio Socino (1525-1562), italiano perseguido por la inquisición, del que su sobrino, Fausto Socino (1539-1604), reunió a los antitrinitarios en la iglesia de los hermanos polacos y escribió: De auctoritate sanctae scripturae… Otro estudioso de la Biblia y destacado científico que vivió el suficiente tiempo para estudiar y registrar sus observaciones, quien rechazó el distorsionado concepto trinitario acerca de Dios después de un minucioso estudio de la Biblia, fue Sir Isaac Newton, quien irónicamente trabajó en el “Trinity College” de Cambridge, en Inglaterra.[4]

No sabemos a ciencia cierta sobre la educación que recibió de Miguel, aunque sus biógrafos nos hablan de una facilidad precoz para el estudio, dominando varios idiomas en su adolescencia (latín, griego y hebreo y era muy versado en matemáticas y filosofía escolástica) A los catorce años entró al servicio de Juan Quintana, un erudito monje franciscano. A la edad de diecisiete años fue enviado a Toulouse para estudiar derecho En la universidad leyó la Biblia, algo totalmente prohibido en España. Allí descubrió por primera vez, que el concepto de Trinidad no se exponía explícitamente en el texto, pero si implicitamente (ver aca).

Después de dos cursos, el joven Miguel, decide acudir a la llamada de su antiguo preceptor Quintana, que se había convertido en confesor de Carlos V. Fue testigo de la coronación del emperador en Bolonia. Escandalizado del boato de la curia romana, dejo la ciudad para ir a Basilea con la intención de unirse a los reformados. Permaneció unos meses en la casa del pastor Ecolampadio. Después de graves desencuentros, Miguel marchó hacia a Estrasburgo, donde conoció a los reformadores Bucer y Capito. En 1531 publicó De Trinitatis Erroribus Sobre los errores de la Trinidad . Servet creía que los protestantes tras leer su libro, abandonarían rápidamente la doctrina de la Trinidad.

La mayoría de los reformados se opusieron a las ideas de Servet. Melanchton dijo acerca del libro: “En cuanto a la Trinidad, ya sabes que siempre he temido que algún día el tema estallara. ¡Buen Dios, cuántas tragedias esta cuestión acarreará a las generaciones futuras!”

Después del revuelo formado, Miguel Servet intentó escribir un libro más conciliador con su Dialogorum de Trinitate o Diálogos sobre la Trinidad, publicado al año siguiente. Pero lo cambios que realizó eran tan pequeños y su afirmaciones tan tajantes que la agria polémica se agravó. Sus libros fueron confiscados y se le advirtió que no visitara varias ciudades protestantes. En el bando católico también fueron condenadas sus obras y en 1532 la Inquisición le conminó a regresar a España para ser juzgado. Su hermano Juan, que era sacerdote, intentó convencerle para que volviera a casa. Servet, atemorizado por todo lo sucedido intentó esconderse y pasar desapercibido. Años más tarde, recordaba así aquellos años: Se me perseguía por todas partes para ser arrastrado hasta la muerte.

Bajo el nombre falso de Michel de Villeneuve se instaló en Paris, donde estudió Matemáticas y Medicina en la universidad. Pero en la vieja Sorbona, la agitación religiosa era aún peor que en Suiza. Nicolás Cop, rector de la universidad, fue obligado a abandonar la ciudad tras el discurso de apertura del nuevo curso. En Paris Servet y Calvino se conocieron, aunque al poco tiempo el segundo tuvo que huir de la ciudad. Al año siguiente Calvino, arriegando la vida, decidió regresar a París para disputar con Miguel Servet, pero el español no se presentó a la cita, seguramente por miedo a ser descubierto. Miguel Servet abandonó Paris, ganándose la vida como corrector de pruebas. Tras este breve paréntesis Servet retomó sus estudios de medicina. En 1538 ya tenía el título de doctor, colaborando con varios médicos famosos. Pero sus ideas innovadoras en medicina, sobre todo en lo relacionado con la circulación pulmonar, le trajeron muchos problemas. No se sabe con certeza si fue Miguel Servet o un contemporáneo suyo quien primero hizo este descubrimiento, a pesar de todo, Servet fue el primero en publicarlo

En 1538 Servet fue condenado por la universidad, el Parlamento y la Inquisición, por mezclar la medicina y la astrología. De nuevo huyó, para instalarse primero en Lyon, y después en Viena, convirtiéndose en médico personal del arzobispo Pierre Palmier. Durante doce años de vida tranquila en Viena, nada hacía presagiar el trágico final de Servet.

Continuando con su labor literaria, en 1542, publicó una nueva edición de la obra de Ptolomeo suavizando algunos de sus ideas, pero su proyecto más ambicioso era la edición de la Biblia de Pagnino, completada en siete volúmenes en 1545. Con esta edición, realizó la primera crítica moderna al texto bíblico.

A pesar de todo, Servet seguía interesado en la teología, por lo que publicó su tratado teológico, Christianismi Restitutio o La Restauración del Cristianismo. No pudo evitar reanudar su agria polémica con un viejo conocido, Juan calvino, con el que reanudó una agitada relación epistolar desde 1546. Calvino ya había escrito su Institutio Christianae Religioniso o Institución de la Religión Cristiana y era el líder espiritual de Ginebra.

Hasta ese momento, la teología de Calvino apenas había tocado el tema de la Trinidad, pero tras una acusación por Pierre Carola de unitarista, de la que Calvino fue absuelto por un sínodo en Lausana, Calvino se empeñó en combatir cualquier signo de unitarismo.

Servet envió a Calvino un manuscrito de su todavía inédita Restitutio. Calvino le correspondió enviándole un ejemplar de su Institutio, pero Miguel Servet se lo devolvió repleto de anotaciones, que ridiculizaban su texto. Calvino, cansado de esta estéril disputa, decidió interrumpir la correspondencia.

De manera provocativa Miguel Servet envío un ejemplar de su Restitutio a Calvino. En el texto se incluían treinta cartas de Servet enviadas a Calvino. Calvino, enfadado, reveló la verdadera identidad de “Villeneuve” a la Inquisición de Viena. Tras su arresto e interrogatorio, Servet escapó de la cárcel. Pero tenía pocos sitios donde refugiarse. Perseguido en España, Italia, Francia, amenazado en Suiza y otras ciudades de Alemania. Al final optó por el norte de Italia, donde creía que sus textos eran bien acogidos, pero inexplicablemente se dirigió después hacia Ginebra.

Una vez en la ciudad se presentó en la iglesia donde solía predicar Calvino, alguien le reconoció y fue arrestado y juzgado por herejía ante las autoridades de la ciudad.

La acusación presentada por Nicolás de la Fontaine en contra de Miguel Servet, en el Ayuntamiento de Ginebra, acusaba a Miguel Servet de no aceptar la Trinidad y de no aprobar el bautizo celebrado durante la niñez. Una vez condenado, Calvino pidió que Miguel Servet fuera decapitado, para que no sufriera tanto, pero el Ayuntamiento insistió en que fuera quemado en la hoguera.

Miguel de Servet mantuvo la compostura hasta el último momento. Muriendo entre las llamas, se dice que gritó: ¡Oh, Jesús, Hijo del Dios Eterno, apiádate de mí! Farel, que había presenciado la ejecución, comentó que Miguel Servet, desafiante hasta el final, podría haberse salvado si en su lugar hubiese gritado: Jesús, el Hijo Eterno. Unos meses más tarde, Miguel Servet fue ejecutado en efigie por la Inquisición de Francia.

La muerte de Miguel Servet abrió entre los reformados. un debate acerca de la tolerancia. Algunos estuvieron a favor la condena como el caso del magistrado italiano Gribaldo, pero otros como David Joris escribía desde Basiliea a los distintos gobiernos de las ciudades protestantes de Suiza para pedir clemencia. Pero la mayor parte de los líderes reformados apoyaron la ejecución de Miguel Servet, como Melanchthon que refiriendose a ella comento que era un ejemplo piadoso que merecía ser recordado para toda la posteridad. Calvino nunca mostró el menor arrepentimiento por ella. Utilizada por los católicos durante años para criticar a los reformados.

Una obra anónima sobre el castigo de los herejes, pedía la tolerancia. Gracias a obras como esta se abrió en debate sobre la cuestión del castigo o la tolerancia de las herejías, consiguiendo un mayor grado de tolerancia. A pesar de que, durante un tiempo, los herejes fueron ocasionalmente castigados con la muerte en algunos países protestantes, desde ese momento, la oposición a la pena máxima se había extendido de forma general. La muerte de Miguel Servet contribuyó a una mayor apertura hacia la libertad religiosa.

Servet, no era ni ateo ni agnóstico. Esta afirmación rotunda está firmente apoyada por su confesión final, mientras era quemado en la hoguera:

Oh, Jesús, Hijo del Dios Eterno, apiádate de mí! Pero nuestro argumento viene apoyado, por otros comentarios de Servet.

En una carta escrita en la cárcel, en la que se defiende de las acusaciones de Calvino, Servet escribió que

Juan Calvino falsamente me acusa de haber dicho lo que sigue: [i] Que las almas son mortales. [ii] Que Cristo únicamente adquirió de la Virgen María una cuarta parte de su cuerpo. Se trata de cosas horribles. Entre todas las herejías y todo los delitos, no existe ninguno tan grande como pretender que el alma es mortal. En todo lo demás, puede haber esperanza de salvación, mientras que no la hay con tal herejía. Quien lo pretenda no cree en la existencia de Dios, ni en la justicia, ni en la resurrección, ni en Jesucristo, ni en las Sagradas Escrituras ni nada más. Sólo cree que todo muere y que el hombre y la bestia son una misma cosa. Si yo hubiera dicho o escrito tal cosa, yo mismo me condenaría a muerte”.

Con esta declaración Servet confirma que condena el ateismo quien lo pretenda no cree en la existencia de Dios…Si yo hubiera dicho …tal cosa…me condenaría a muerte… Servet tenía un concepto distinto de la iglesia, el no quería reformarla, quería restituirla a su estado primito.

La restitución, expresada en su libro Christianismi Restitutio, publicado en Viena en 1553. Esta obra estaba dirigida a los teólogos, nos confirma muchas de sus creencias. En ella ataca al papado y transmite una fe puramente cristocéntrica al afirmar: Ahora Cristo no está muerto, como para tener necesidad de un sucesor; ni ausente como para requerir un vicario o un regente. Cristo vive, Cristo nos basta, Cristo nos está presente y está a nuestra disposición realmente como pontífice .

Servet, nos narra su conversión al decir que la causa que me fue encomendada por un cierto impulso divino para que la defendiese yo, que estaba celoso de tu verdad. Comencé esta tarea en otro tiempo, y ahora de nuevo me siento movido a proseguirla.

Nieto nos anuncia por último, que había en la tenaz lucha de Servet contra Calvino cuando nos dice que las cartas a Calvino y el enviarle el manuscrito de Restitutio, y al final su propio enfrentamiento con él, era su deseo de realizar la suprema misión de convertirlo. Servet creía en el fondo que el único capaz de entender sus proposiciones teológicas, que sólo era tiempo que las aceptara, en ese sentido era más calvinista que el propio Calvino, esperando que terminaría por creer lo que él defendía [el arrianismo].

Lamentablemente, ni la mediación de Calvino por su vida, pudieron salvar de la hoguera a este notable científico. No caigamos en el error de desautorizar las enseñanzas de Calvino y cuestionar su moral, ni por lo de Servet, ni por su énfasis en la predestinación que es una doctina biblica, pero que cuando se saca de contexto, provoca confución. Tampoco confundamos calvinismo con hipercalvinismo, que son sistemas teológicos distintos. Pienso que es muy interesante para nosotros como cristianos, en este tiempo, reflexionar en base a lo que el predicador puritano Jonathan Edwards dijo en el prefacio de su libro “La Libertad de la Voluntad”:

No tomaría del todo inoportuno ser llamado calvinista, por alguna distinción: aunque rechazo una completa dependencia en Calvino, o una creencia en las doctrinas que sostengo, porque el las creyó y también las enseño; y no puedo ser cargado con creencias de cada cosa que él enseñaba.[0]

Aunque respetamos y valoramos profundamente las enseñanzas de este tremendo reformador y gran teólogo biblista Juan Calvino, lo mejor que podemos hacer es llevar su persona a la cruz, para poder ver a Cristo, a través de sus notables enseñanzas y así ver que la luz de Jesús brille. Porque no hay otro nombre digno de adoración que el nombre de nuestro Señor Jesús.

Dios le bendiga.

  • Para ver  la posción doctrinal evangélica sobre el tema de la santisima trinidad (ver aca).

Notas

[0] http://www.desiringgod.org/resource-library/articles/what-we-believe-about-the-five-points-of-calvinism?lang=es

[1] http://www.geocities.com/fdocc/servety.html

[2] http://www.geocities.com/fdocc/servety.html

[3] http://www.geocities.com/fdocc/servety.html

[4] http://historiaparaeldebate.blogcindario.com/2007/11/00003-el-calvinismo-de-miguel-servet.html

Fuente bibl consultadas

7 comentarios en “Ni Calvino logró salvar a M. de Servet de la hoguera

  1. Hola barbudito, aunque medio atrasado el saludo, te deseo a ti y a los tuyos un refeliz año 2013. Bendiciones por doquier y abrazo apretadito para ti y Johanna.

    😛

    P.D.- Cuando llegue Renton acá tienes que llamar barbón si? así que está pendiente la llamada para ese entonces, o si puedes, antes, para estar al tanto si quieres…

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  2. Oye barbis, parece que no te conté cuando hablamos.. , sorry, se me pasó, sabes? se viene a vivir a mi ciudad! Ojalá Dios quiera le vaya bien acá así no se va a otra ciudad.,

    Así que estoy muy contenta barbitas

    🙂

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