Dios, sexo,politica parte 5


Dios, sexo,política parte 5

Autor:Paulo Arieu

Como estudiar esta realidad de la moralidad cristiana desde el punto de vista de Dios? Desde la teología, pero una teología que estudie la moral desde el punto de vista de Dios,o sea la teología moral.

Teología moral

La verdadera religión es Cristo, según cita el apóstol Santiago, hermano del Señor, que religa al hombre con Dios. Aún así, todas la religiones (aun las no cristianas), tienen básicamente una serie de prácticas y conocimientos orientados a intentar reconectar al ser humano con la divinidad.

Una vez que hemos aceptado a Jesús como salvador, Dios nos hace sus hijos (Ef. 5:1). El habita en nosotros con Su Espíritu y desea manifestar su amor a través de nosotros. Esto es lo que significa “imitadores de Dios”. Él quiere que amemos a los demás, de la forma que él nos ama. Pero ¿qué amor es ese? No podemos pagar por los pecados de las personas, sólo Cristo puede hacer eso. Las personas tienen muchas definiciones de amor. Los siguientes versos dan una definición contraria de amor. Si hay acciones y actitudes que son amor, hay también contrarias.

Evidentemente, hay algunos que creen y dicen que en el fondo todas las religiones son o llegan a lo mismo, existen numerosas maneras de entender qué es esa divinidad y cómo se logra religar con ella (algunas de ellas sumamente estrafalarias, como veremos). Se dice también que existen tantos dioses como personas, porque cada quien concibe a la divinidad, dentro de su propio universo mental, de manera diferente a cómo lo concibe cualquier otra persona. Esto es una triste realidad del hombre que no conoce experimentalmente al Dios de la Biblia. Su mente puede llegar a ser un wallmart de criterios religiosos.

Como dijera John Lennon, “Dios es un concepto”.  ”Dios es un concepto”,  una afirmación en el sentido de que el ser humano sólo puede utilizar el lenguaje para comunicarse, o para comunicar lo que cree saber de Dios –por lo tanto está constreñido por los límites del lenguaje (que es esencialmente conceptual). Pero nosotros hablamos lo que sabemos, porque Dios se nos revela no solo por medio de la Creacion que nos habla de El, sino por la biblia que nos sistematiza el conocimiento  de Dios para hacerlo mas sencillo al hombre.

Louis Pasteur dijo:

“Un poco de ciencia nos aparta de Dios. Mucha, nos aproxima”.(hecho verídico ocurrido en 1892, parte de una biografía).

Un poco de teología, quizás te enloquezca la mente y te confundas, pero la mucha teología, te hará un hombre sabio, si se es también una persona piadosa.

  • «…Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. (Sal. 19:1).

Un poco de música puede convertir tu vida en una Beatlemanía,pero mucha música te puede convertir en un Bethoven, en un Mozart o en un salmista, como lo fue el rey David. La inspiración más grande para negar a Dios, no nace en el corazón de la ciencia que muchos estudian…. nace en el corazón de la inmoralidad que muchos practican.

El Creador de las estrellas, los mares, la vida, el universo, el tiempo… dijo lo siguiente: “Venid ahora, y razonemos –dice el SEÑOR– aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesí, como blanca lana quedarán.” (Is. 1:18)

Como cristianos necesitamos ser honestos con nosotros mismos y con el Señor en esto, en vez de hacer caso a nuestra carne o a la cultura. Hay que resistir los argumentos de la carne y las voces de nuestra cultura post-cristiana.

Ernest Hemingway dijo que

“La moral es lo que hace a uno sentirse bien y lo inmoral es lo que hace a uno sentirse mal.”

La moral en la iglesia de los padres de la Iglesia

Mucho antes que una teología moral, se desarrolló en la edad media la filosofía moral, sobre todo en la polémica con la ética aristotélica. Ya los padres de la Iglesia (piénsese, p. ej., en Clemente de Alejandría o en Ambrosio), se apropiaron ideas de la ética estoica o desarrollaron su pensamiento en discusión crítica con los estoicos.

Ninguno de los grandes padres de la Iglesia o de los teólogos de la edad media puede ser calificado de teólogo moral o de moralista en el sentido moderno de la palabra. Tal vez pudiéramos exceptuar en cierto sentido a Gregorio Magno, no porque él trazara un sistema de teología moral, independiente en si mismo, cosa que él ni siquiera intentó, sino porque su interés principal se dirigía a las cuestiones prácticas de la vida y a las necesidades pastorales concretas.

Tomas de Aquino

Tomás de Aquino representa un cambio decisivo. De un lado, él recoge toda la evolución anterior en una síntesis donde son tratados juntamente la verdad y el camino salvíficos. Y, de otro lado, en la segunda parte de su Suma teológica, siguiendo de cerca la ética aristotélica, trata sistemáticamente muchas cuestiones de moral.

Pero Tomás de Aquino jamás consideró esta parte de su Suma teológica como un tratado cerrado en sí mismo de la doctrina moral cristiana. Esa parte de la Suma sólo tiene su sentido y función en el todo de una exposición sistemática de la teología una e indivisa.

El influjo de Tomás quedó descartado por la condenación de sus obras fulminada por el obispo de París. Pero, desde el renacimiento tomista del siglo xvi, se abrió paso una evolución de la teologia moral en que confluyeron corrientes tan diversas como los libri paenitentiales, las summae confessariorum y la visión principalmente aristotélica de la segunda parte de la Suma.

La diferencia entre estas dos corrientes es muy grande; pero tienen un punto común: la casi total ausencia de Cristo. No puede hacerse responsable de esto a Tomás de Aquino, pues él de ningún modo consideraba la segunda parte de la Suma como un tratado independiente en sí mismo; pero al final de esta evolución nos preguntamos con razón si fue afortunado tratar en la Suma teológica cuestiones fundamentales de moral cristiana antes de haber presentado a Cristo como camino, verdad y vida.

En todo los tiempos la teología ha tenido y tiene necesariamente una función histórico-salvífica: la función de dar respuesta en un sistema inteligible de conceptos a las cuestiones existenciales del tiempo. De ahí que lleve inevitablemente la marca de la época. Para comprender los profundos cambios en la concepción total de la teologia moral, hemos de darnos cuenta plenamente del mundo circundante de la teología en cada momento.

No podemos olvidar que la preocupaci6n de la Iglesia por la sociedad tiene su raz6n última de ser en la preocupaci6n por el hombre, por cada hombre, por la defensa de la dignidad de la persona humana.

Tenemos por un lado, la «discriminación de lo cristiano» frente a un mundo pluralista y en parte incrédulo es más urgente que en una sociedad cristiana por principio; pero, frente a las Iglesias orientales y a las Iglesias surgidas de la reforma protestante, el acento se carga más sobre los puntos comunes que sobre los motivos de separación.

El concepto de «pluralismo», evoca diversidad, profusión de comportamientos, criterios y actitudes, y es constatable en diversos ámbitos de la vida social: pluralismo político, religioso, técnico, ético, cultural, etc. Esta elemental consideración permite percibir que hay, al menos, dos tipos de «pluralismo»: uno legítimo y deseable; otro que podemos calificar como respetable, pero en todo caso no deseable.

En efecto, el pluralismo, por ejemplo, político o cultural es legítimo y deseable. Conviene adelantar ya que la identidad cristiana en este caso se define por el delicado respeto a este legítimo pluralismo. Pero hay otro pluralismo, el pluralismo religioso o moral que es distinto y requiere una reflexión más detenida.

En este pluralismo hay un bien innegable que es el reconocimiento de la libertad de todos, la manifestación del ejercicio de la libertad de los ciudadanos en materia religiosa y moral. Pero, supuesto este respeto y ejercicio de la libertad, la situación de pluralidad religiosa no me parece un bien absoluto. Para un cristiano sería mejor que todos, libremente, fuéramos cristianos.

Es más, los cristianos nos sentimos obligados a trabajar públicamente  para que un día Dios haga a todos los miembros de nuestra sociedad sean libremente evangélicos  convencidos y fervientes. Respecto de esta situación hipotética, pero posible, el pluralismo actual no puede ser considerado como un bien, sino como una situación deficiente.

Pensar de otro modo es reconocer la libertad, la libertad sin meta, como valor último y definitivo y aceptar el relativismo y la indiferencia religiosa como ideología suprema. Aunque sea una perogrullada, conviene tener en cuenta que sociedad libre no es igual que sociedad pluralista o sociedad no católica.

En un plano puramente teórico es hoy necesario afirmar la posibilidad y aun el valor de una sociedad libre donde todos los ciudadanos, o por lo menos la mayoría, fueran libremente católicos.

Precisamente la discriminación de lo cristiano deberá hacerse también de manera que así se favorezca en lo posible el diálogo con todos. Aún allí donde se trata de la necesaria repulsa al ateísmo, la preocupación principal se dirigirá a investigar y superar las formas ocultas de incredulidad en nosotros mismos, en nuestras fórmulas y en nuestra conducta y, por ende, las causas de la incredulidad, en la medida en que éstas pueden eliminarse.

Una teología moral, que esté al servicio del diálogo y de la configuración de la vida en una cristiandad y un mundo pluralista ostentará, en medio de la unidad que procede de la fe, una variedad mucho más amplia que la que correspondía a una cultura y a una Iglesia del Mediterráneo preocupadas por el status quo.

En un mundo de especialización y diferenciación de las funciones, en un mundo de administración y aparato administrativo, la parte de la humanidad que mira decididamente al futuro experimenta verdadera hambre de totalidad, unidad y síntesis, así como de inteligencia existencial y personal de la vida.

Toda exposición fecunda de la teología moral, deberá tener en cuenta este hecho; sólo el que esté sostenido y movido por esa experiencia vital será capaz de proyectar una teología moral que impresione al hombre de nuestro tiempo.

En esta dirección de una nueva síntesis es menester pensar de nuevo a fondo los grandes temas de la teología postridentina: creación y redención, fe y razón, evangelio y derecho natural, gracia y naturaleza histórica del hombre.

«La humanidad pasa así de una concepción preferentemente estática de la realidad a otra más dinámica y evolutiva, de donde surge un nuevo conjunto de problemas que exige nuevos análisis y nuevas síntesis» (Gaudium et spes, n.° 5).

Esto deberá repercutir en la exposición total de la teología moral. Uno de los temas fundamentales será: cambio y fidelidad frente al Dios vivo, señor de la historia. Consecuentemente, conceptos fundamentales como creatividad, crecimiento, conversión constante, renovación, reforma de estructuras, reconciliación, valor para la audacia, reciben nuevo acento y un nuevo puesto.

La moderna sociología y la psicología social nos han dado una lección sobre el poder del medio ambiente. En adelante hablaremos menos abstractamente de la «salvación del alma» o del «alma» simplemente, y tomaremos conciencia del hombre en la sociedad y en el mundo.

El pecado ya no es entendido únicamente como transgresión de un mandamiento o como negativa a la llamada de la gracia del Espíritu Santo, sino también como un dejarse arrastrar por el contorno obscurecido, como falta de responsabilidad respecto del mundo, como esclavitud bajo los poderes colectivos de las tinieblas.

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