Dios, sexo, politica parte 4


Dios, sexo, política parte 4

Autor:Paulo Arieu

La conciencia

¿Qué pasó en el siglo XIX? Los ciclos de la Historia, que no son sólo políticos sino también culturales, propiciaron, antes de mediar la centuria, un tremendo bandazo que llevó del Idealismo/Romanticismo -cuyo pilar fundamental era la interioridad, la experiencia vivida- a un Positivismo tan exteriorista que llegaba a no reconocer, casi, la interioridad…, que la perdía literalmente de vista.

Es el célebre cambio epistemológico experimentado por Marx y tan celebrado por la intelectualidad de los sesenta-setenta, por el que el filósofo transicionó de una concepción dialéctica integral, hegeliana, con el Espíritu en el centro, a un materialismo dialéctico que implicaba, en el aspecto antropológico, una visión muy empobrecida de la interioridad del ser humano. Sobre esto habrá que volver.

A partir de entonces podemos distinguir dos etapas: a) una primera, en la segunda mitad del XIX y principios del XX, en que la pervivencia de la imagen clásica de la materia servía de coartada para intentar disolver el problema de la consciencia, que pasaba a ser considerado crecientemente como un “falso problema” por los epifenomenismos[74] en ascenso, al tiempo que los nuevos programas revolucionarios se focalizaban exclusivamente sobre el nivel sociológico, con olvido de la imprescindible -y complementaria- transformación interior de los individuos (líderes e ideólogos incluidos); y b) una segunda etapa, a partir del segundo cuarto del siglo XX, en que la mutación científica de la imagen de la materia era ignorada primero, y contorneada después por un materialismo que seguía necesitando contar con una materia lo suficientemente “dura” y totalmente ajena, por supuesto, a la consciencia.

Finalmente, quedó claro que para el materialismo el gran estorbo era… la consciencia misma. Y esto fue lo que nos llevó al secularismo actual.

La conciencia (del latín conscientia ‘conocimiento compartido’, pero diferente de consciencia, ser conscientes de ello) se define en general como el conocimiento que un ser tiene de sí mismo y de su entorno1, se refiere a la moral o bien a la recepción normal de los estímulos del interior y el exterior. Conscientĭa significa, literalmente, «con conocimiento» (del latín cum scientĭa). En la especie Homo sapiens, la conciencia implica varios procesos cognitivos interrelacionados. Se traduce del griego sy‧néi‧dē‧sis, de syn -‘con’- y éi‧dē‧sis -‘conocimiento’-, de modo que significa co-conocimiento, o conocimiento con uno mismo.

Conciencia se refiere al saber de sí mismo, al conocimiento que el espíritu humano tiene de su propia existencia, estados o actos. Conciencia se aplica a lo ético, a los juicios sobre el bien y el mal de nuestras acciones. Una persona cloroformizada recobra la conciencia al cesar los efectos del anestésico. Una persona “de conciencia recta” no comete actos socialmente reprobables.

La conciencia en psiquiatría puede también definirse como el estado cognitivo no abstracto que permite la interactuación, interpretación y asociación con los estímulos externos, denominados realidad. La conciencia requiere del uso de los sentidos como medio de conectividad entre los estímulos externos y sus asociaciones. Los humanos adultos sanos tienen conciencia sensitiva y conciencia abstracta, aunque también el pensamiento abstracto se presenta en otras especies animales,1 2 así mismo se ha comprobado que algunas especies animales tiene una conciencia rudimentaria de sí mismos.

Los politicos alemanes procuran imponer en Alemania en estos tiempos la neutralidad sexual de Dios. (“El sexo de Dios es neutro”).

Debemos entender  que detras de esta ideología, esta la filosofía de la libertad sexual extrema que defiende la ideología de género, en nombre de la neutralidad, ideologia de origen pagano que combate abiertamente los valores cristianos. Favorecidos por la presión tanto del ambiente como de los medios de comunicación, están tratando de inculcar determinadas normas, más fuertes precisamente por ser tácitas, como “la virginidad está desfasada”; “no tener vida sexual a los diecisiete años es anormal”; “todas las formas de sexualidad son normales”; “si no haces lo que todo el mundo, eres un raro”; “el matrimonio es retrógrado”; que hace que muchos de nuestros jóvenes piensen que una salida nocturna tiene que terminar en la cama con el primero o primera que esté dispuesto a ello. Estamos ante una auténtica prostitución, eso sí amateur, porque lo hacen gratis y sin cobrar.

Para evitar caer en estos males hay que tener una conciencia cristiana,sin la cual ante esta falta de valores, sucumbirá ante la presión. Pero, qué es la conciencia? Se puede definir como una voz que resuena dentro de nosotros y que nos hace ver lo que hacemos bien y lo que hacemos hecho mal. La conciencia actúa como una luz que ilumina alguna decisión, es como una voz que tenemos en nuestro interior que condena o aplaude alguna acción que hemos hecho, actúa también como testigo que nos dice si hemos si hemos sido responsables ante esa acción.

El poder de pensar, de conocer, distingue al hombre de las cosas y de los animales. Los animales tienen una forma rudimentaria de inteligencia, pero en este respecto no se les puede poner en la misma clase con el hombre. El hombre tiene el poder de razonar, de reflexionar, de investigar, de sacar conclusiones, de guiar su vida por sus pensamientos y conclusiones. Los animales inferiores no pueden hacer nada de esto. El hombre no solamente tiene el poder de la conciencia; tiene el poder también de la conciencia de sí mismo. El tiene el poder de objetivar su yo, de hacer a su persona un objeto de pensamiento, de conocerse a sí mismo en relación con el mundo en el cual vivimos y en relación con otras personas. Ningún perro o caballo o mono ha mostrado nunca alguna señal de tal aptitud.[0]

La conciencia la tenemos desde siempre, y se va educando a lo largo de nuestra vida. Evidentemente la conciencia se puede manipular por alguien de tal manera que las cosas que en un principio son malas, se presenten como buenas. Y las que se consideran buenas, se presenten como malas. Este caso ocurre en algunos delincuentes que se admiran por el daño que otros han hecho a la sociedad y quieren imitarlos. Esto es un claro ejemplo de conciencia mal educada.

Si escuchas a tu prójimo como te escuchas a ti mismo, de seguro que perseguirás los pecados y no al pecador (San Agustín. Sermón 13,8)

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[0] libro electrónico, W.T Conner,La doctrina cristiana,pag. 13,ed. M.H.

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