Navidad: un mito cristiano verdadero


Navidad: un mito cristiano verdadero

Por Paulo Arieu

  • “Porque   un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” 
  •  “(…) el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres. Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta.  Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón.  Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios (…) Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia. ”  

Personalmente, no considero a la natividad un mito, tampoco a los magos de oriente los considero un simple recurso literario ilustrativo. Sin embargo, hace pocas semanas, con pompa y circunstancia, el actual papa se mostró nuevamente como teólogo al publicar un libro sobre la Infancia de Jesús. Presenta en él la versión clásica y tradicional que ve en aquellos relatos idílicos una narración histórica. El libro dejó sorprendidos a muchos teólogos, pues, desde hace por lo menos 50 años, existen ciertas corrientes teológicas (protestantes y católicas) que creen que la exegesis bíblica sobre estos textos muestra que no se trata de un relato histórico, sino de alta y refinada teología elaborada por los evangelistas Mateo y Lucas (Marcos y Juan no dicen nada de la infancia de Jesús) para probar que Jesús era realmente el Mesías, el hijo de David y el Hijo de Dios.

Ahora bien, si estos textos solo son relatos teológicos que no tienen nada que ver con la realidad vivida, pues creo que debemos cerrar “la pulpería” y dedicarnos a otra cosa. De mi parte, aunque me consideren ingenuo o inocente o poco académico, escogo el creer que estos relatos tienen un trasfondo histórico. Que los evangelistas los hayan hermoseado a fin de comunicar mejor su mensaje, es posible,no lo niego. Pero si estos relatos no sucedieron de verdad, no tiene sentido nuestra fe cristiana. Seria  tan solo un mito bien bonito, para darle moral y enseñanzas heroicas a los niños, pero a los que vivimos en la época de la cultura científica nada tienen para aportarnos.

La creencia de estas escuelas teológicas del “Jesús histórico” afirman que para este fin, los evangelistas recurrieron a géneros literarios, que parecen historia pero que son en realidad recursos literarios, como, por ejemplo, los Magos de Oriente (que representan a los paganos), los pastores (los más pobres y considerados pecadores por tratar con animales), la Estrella y los ángeles (para mostrar el carácter divino de Jesús), Belén, que no sería una referencia geográfica sino un significado teológico, el lugar de donde vendría el Mesías, diferente de Nazaret, totalmente desconocida, donde probablemente habría nacido Jesús.

Frente a los relatos tan conmovedores del Nacimiento podemos decir que estamos ante un grandioso mito, entendido positivamente como lo hacen los antropólogos: el mito como la trasmisión de una verdad tan profunda que solamente el lenguaje mítico, figurado y simbólico es adecuado para expresarla. Es lo que el mito hace. Un mito es verdadero cuando el sentido que quiere transmitir es verdadero e ilumina a toda la comunidad. Así el Nacimiento de Jesús es un mito cristiano lleno de verdad.y es verdad por que sucedio  de verdad. Si no es verdad, Dios seria mentiroso,porque el ha dicho que la Biblia es Su palabra inspiradsa al mundo. Por lógica, llamar a Dios mentiroso es una blasfemia. Y se corre el riesgo de cometer el pecado imperdonable.

Sin duda, nosotros nos valemos de mitos modernos para mostrar la relevancia de Jesús. De gran significado es un mito antiguo que la Iglesia aprovechó en la liturgia de Navidad para revelar la conmoción cósmica ante el nacimiento de Cristo. En él se dice:

«Cuando la noche iba por la mitad de su curso se hizo un profundo silencio. Entonces, las hojas parlanchinas callaron como muertas. Entonces, el viento que susurraba quedó quieto en el aire. Entonces, el gallo que cantaba se detuvo en medio de su canto. Entonces, las aguas del riachuelo que corrían, se paralizaron. Entonces las ovejas que pastaban se quedaron inmóviles. Entonces, el pastor que levantaba su cayado quedó petrificado. En ese momento todo paró, todo se suspendió, todo hizo silencio: nacía Jesús, el salvador de la humanidad y del universo».

La Navidad quiere comunicarnos que Dios no es esa figura severa y de ojos penetrantes para escrutar nuestras vidas. Aparece como un niño. No juzga, “solo quiere recibir cariño y jugar.”, comenta según su opinión el teólogo Leo Boff.

Pero aunque esto suene muy lindo, lamentablemente sino sea analiza en su contexto, Dios solo es un niño bueno. Asi su gloria se desdibuja, su santidad deja de ser “el misterio tremendo” y su amor solo es la sonrisa de un niño lindo.

Leo Boff comenta que según el, tal vez nadie haya escrito mejor sobre la Navidad que el escritor portugués Fernando Pessoa, que dice:

«Él es el eterno niño, el Dios que faltaba. El es lo divino que ríe y que juega. Es un niño tan humano que es divino».

¿Debemos festejar la Navidad o adorar a Cristo?

Desde comienzos del último mes de cada año, la denominada “cristiandad” se moviliza para organizar múltiples actividades para festejar la Navidad.  Este año proponemos a los lectores hacer un alto y reflexionar por un momento sobre lo que este espíritu festivo tiende a hacernos postergar o inclusive olvidar; y preguntarnos por qué y para qué nació el niño Jesús.

Para ello, nada mejor que acudir a dos informados cronistas por ayuda. En dos relatos que no llegan a sumar las 400 palabras de nuestro rico idioma, los evangelistas Lucas y Mateo describen con gran precisión los hechos excepcionales que rodearon al nacimiento del niño prometido a Israel 700 años antes.  (cf. Luc. 1:26-38;  Mat. 1:18-25; 1:1-17; Luc. 3:23-38)

LOS NOMBRES DEL NIÑO DE BELÉN DESCRIBEN PARA QUÉ NACIÓ JESÚS

Hay una íntima relación entre los nombres dados al niño y los de los dos profetas. Al repasarlos en estos días de inusitada movilización religiosa y del comercio que la acompaña, deberíamos preguntarnos sincera y seriamente si estamos festejando la Navidad o celebrando a Jesucristo. No son la misma cosa, como veremos, para concluir.

El profeta Isaías anuncia que una virgen será madre de Emmanuel que significa  Dios con nosotros . ¿Quiénes son esos “nosotros”? En particular el pueblo de Israel, en general la humanidad. Dios con Israel, Dios con todos los seres humanos en su hábitat. Isaías significa  Dios es salvación . El nacimiento de Emanuel, entonces, significa que Dios es salvación para con Israel y para con todos los seres humanos. Dios no tiene favoritos.

A José se le anuncia que su esposa dará a luz a un niño a quien él deberá llamar Jesús porque  él salvará al pueblo de sus pecados.  El profeta Miqueas ( ¿Quién es como el Señor? ) anuncia el lugar donde ocurriría el nacimiento de Jesús (la davídica Belén). Jesús viene a ser el único como Jehová; el Ungido de Dios, el Hijo que nos viene a mostrar al Padre, el Mesías prometido a Israel para establecer un reino que no tendrá fin.

Hay en el anuncio celestial un cántico también, es el que oyen los pastores en el anfiteatro nocturno iluminado por ángeles de luz entonando con júbilo:

  •  “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”

Notemos que los ángeles son sólo emisarios, mensajeros de Dios; y que, de ninguna manera, deben ser adorados como seres benefactores. Ellos sólo obedecen las órdenes y no reciben el culto a darle sólo al Señor al que sirven. Satanás, el ángel caído por querer ser semejante a Dios y objeto de adoración, es el inspirador de este negocio que está de moda:  la angelolatría , con la que intenta desplazar la adoración a Jesucristo.

La fiesta de Navidad se liga al cristianismo. Lo que se celebra es un Dios-niño, que está llorando entre la vaca y el buey, y que no mete miedo ni juzga a nadie. Es bueno que los cristianos vuelvan a esta figura. Arquetípicamente representa al puer aeternus : el eterno niño que, en el fondo, nunca dejamos de ser, como comente algunas lineas mas atras.

Una de las mejores discípulas de C. G. Jung, Marie-Louise von Franz, analizó en detalle este arquetipo en su libro Puer Aeternus (Paulinas 1992). Posee cierta ambigüedad. Si ponemos el niño detrás de nosotros, desencadena energías regresivas de nostalgia de un mundo que ya pasó y que no fue totalmente superado e integrado. Continuamos siendo infantiles.

Pero si colocamos el niño eterno delante de nosotros entonces suscita en nosotros renovación de vida, inocencia, nuevas posibilidades de acción que corren en dirección al futuro.

La Navidad es siempre oportunidad de volver al cristianismo originario.

a) En primer lugar, existe el mensaje de Jesús: la experiencia de Dios como Padre con características de madre, el amor incondicional, la misericordia y la entrega radical a un sueño: el del Reino de Dios.

b) En segundo lugar, existe el movimiento de Jesús: de aquellos que, sin adherirse a alguna confesión o dogma, se dejan fascinar por su saga generosa y radicalmente humana y lo tienen como una referencia de valor.

c) En tercer lugar, están las teologías sobre Jesús, contenidas ya en los evangelios, escritos 40-50 años después de su ejecución en la cruz. Las comunidades subyacentes a cada uno de los evangelios elaboraron sus interpretaciones sobre la vida de Jesús, su práctica, su conflicto con las autoridades, su experiencia de Dios y sobre el significado de su muerte y resurrección. Sin embargo, cubren su figura con tantas doctrinas que resulta difícil saber quién fue realmente el Jesús histórico que vivió entre nosotros.

En esta nueva fiesta de la Navidad, enfoquemos nuestra mente y nuestro corazón en aquél que fue anunciado muchos siglos antes de su nacimiento, para convertirse en el Salvador y Redentor de todos los que le reconocen como tal y le siguen de por vida, aguardando el día en que regresará a buscar a los suyos.

Que en esta Navidad Cristo sea más real que nunca en nuestra vida; que le reconozcamos en una o varias de las cualidades que surgen de la profecía cumplida; y entonces le adoremos en espíritu y en verdad, como Él desea.

Estos son, pues, los sentimientos que queremos alimentar en esta Navidad en medio de una situación sombría para la Tierra y para la humanidad. Sentimientos de que todavía tenemos futuro y de que podemos salvarnos porque la Estrella es magnánima y el puer es eterno y porque él se encarnó en este mundo y no permitirá que se hunda totalmente. En él se manifestó la humanidad y la jovialidad del Dios de todos los pueblos. Todo lo demás es vanidad.

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Bibliografia

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