De la “mercantilización del sexo” en la sociedad actual, versión Anne Hathaway


19 diciembre 2012

De la “mercantilización del sexo” en la sociedad actual, versión Anne Hathaway

 

 

 

Anne Hathaway en “Los miserables”

Se trata de una noticia que me ha llamado la atención, la cual tiene muchas derivadas, como por ejemplo también la que la relaciona con un tema de la máxima importancia con el que habrá de lidiar la Humanidad en los próximos años: dónde ponemos los límites de la grabación, reproducción y divulgación de imágenes con los nuevos y revolucionarios instrumentos de electrónica que van a transformar nuestra sociedad mucho más que lo que habría soñado hacer el mismísimo Carlos Marx o cualquier otro alumno aventajado de la facultad de ingeniería social. Aunque lo que es en esta ocasión, me quiero centrar en otra.

El caso es que con motivo de la presentación de la película “Los Miserables”, -que por cierto, si es tan buena como el musical en el que se basa, valdrá la pena ver varias veces- su protagonista, la actriz Anne Hathaway, tuvo la mísera fortuna de realizar una mala postura al salir del coche que la trasportaba, lo cual propició que los numerosos fotógrafos que esperaban su llegada descubrieran al fotografiarla dos cosas: por un lado, que no llevaba ropa interior; y por otro, todo aquello que no habrían podido descubrir si sí la hubiera llevado y que al no llevarla sí pudieron.

Anne Hathaway se ha quejado amargamente de lo ocurrido, declarando que le “parece muy triste que vivamos en una época en la que las faltas de respeto están a la orden del día, y lamentando que “vivamos en una cultura que mercantiliza la sexualidad de gente que no lo desea”, a lo que añade dramáticamente que “en vez de tratar de proteger mi intimidad, los fotógrafos se aprovecharon de mi vulnerabilidad y vendieron mi humillación”.

No le falta razón a Anne Hathaway cuando dice que “las faltas de respeto están a la orden del día” y que “vivimos en una cultura que mercantiliza la sexualidad de gente que no lo desea”. Sin embargo, haría bien en preguntarse la actriz por la parte de responsabilidad que también a ella corresponde en lo acontecido. Y sobre todo, si esa vulnerabilidad de la que dice se han aprovechado los fotógrafos, se puede llamar así, “vulnerabilidad”, desde el punto y hora en que no ha sido procurada por nadie que no sea ella misma y de una manera que se sepa, absolutamente voluntaria, buscada y deseada.

Aquí, a diferencia de lo ocurrido en el caso de la concejala de Los Yébenes que ya comentamos en su día (véalo Vd. pinchando aquí y aquí, si lo desea, el segundo “aquí”, en mi opinión, es mejor que el primero), no estamos ante un comportamiento de la naturaleza ética o estética que se quiera, pero destinado en todo caso a no exceder el límite del ámbito más íntimo y privado. Y sí, por el contrario, ante una aparición llamada a tener, -porque precisamente esa era la intención de sus promotores-, la más amplia repercusión y divulgación públicas.

Aún aceptando que todo lo ocurrido no forme parte precisamente de un montaje para dar mayor publicidad al evento, -cosa que haré a pesar de que la evidencia nos demuestra que publicistas y técnicos de marketing, en complicidad con los fabricantes de los productos a los que venden sus servicios, cada vez están dispuestos a llegar más lejos para conseguir la máxima difusión-, Anne Hathaway debió realizar las acciones conducentes a evitar que ocurriera aquello de lo que hoy se queja.

Personalmente, no tengo el menor inconveniente en que la bella actriz se vista de la manera que le parezca mejor para realzar los indudables adornos con los que la naturaleza ha dotado a su maravillosa carrocería. Ahora bien, si por hacerlo incurre en la imprudencia y ocurren las cosas que ocurren, debería guardar silencio, o cuanto menos, añadir a la crítica de lo que hacen los demás la de lo que ella misma hace. Eso se llama autocrítica, y es una de las reglas básicas de la dialéctica: no pidas a los demás lo que tú mismo no das, que en el caso que nos ocupa podríamos resumir en dos palabras: prudencia, contención. Por otro lado, si la bella actriz no supo defender su propia intimidad, es más, fue ella y sólo ella la que la puso en la situación de riesgo que efectivamente se concretó luego, ¿por qué habría de pedir a los demás que lo hicieran? A eso se llama coherencia.

Autocrítica y coherencia… Dos virtudes que, como el respeto que con tanta razón denuncia Hathaway, faltan también en la sociedad actual. Y muy especialmente en las personas que por su condición pública, más deberían dar ejemplo de ellos. Mucho me temo que a Vd. también, Anne.

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©L.A.

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