La conflictiva sociedad de Jesús parte 2


La conflictiva sociedad de Jesús parte 2

Autor:Paulo Arieu

Actualizado: 30-05-2013

Los Fariseos

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Constituían un grupo muy importante y de notable influencia en el pueblo, a pesar de su escaso número. Formaban un movimiento laico, organizado en comunidades, cuyo origen se remonta a la crisis de la rebelión macabea. Pertenecían a distintas clases de la sociedad. Su número, en la época de Jesús, se estima en 6.000, tomando como población judía de Palestina unos 500.00 a 600.000 habitantes.

Se organizaban en comunidades cerradas, con normas para el ingreso y admisión, períodos de prueba, y obligaciones a cumplir. Eran personas muy piadosas y observaban con mucho detalle las normas de la Ley referentes a la pureza y el pago del diezmo. En su interpretación de la Ley se obligaban a cumplir ciertas normas de pureza ritual que debían observar los sacerdotes.

Fundamentaban esta actitud en afirmar que ellos constituían el verdadero pueblo de Israel, el pueblo sacerdotal de Dios, el de la salvación. Buscaban constituir la comunidad santa de Israel. Su nombre quiere decir, precisamente, “los santos”, “la comunidad santa”, “los separados”, “el resto”.

Su oposición a los saduceos tenía su raíz en esta interpretación. Los fariseos ampliaban el derecho sacerdotal al pueblo en su conjunto (a través de cumplir las mismas obligaciones rituales que los sacerdotes), mientras que los saduceos lo restringían a los sacerdotes y excluían al pueblo.

También se diferenciaban en la aceptación de la ley oral. Un conjunto de tradiciones y normas no escritas, transmitidas desde antiguo, y que eran conocimiento especial de los Escribas. En todo lo relativo a la ley los escribas eran los teólogos, los estudiosos y conocedores de la ley oral y escrita; y los Fariseos, los cumplidores y piadosos practicantes de la ley. Esto explica su relación, y el hecho de que a veces en los evangelios se los nombre juntos, aunque eran grupos distintos. Muchos escribas eran también fariseos.

Los fariseos, por su origen y sus ideas, constituían el partido del pueblo, enfrentado a la aristocracia de los saduceos. El pueblo los respetaba y los reconocía como modelos de las normas que enseñaban los escribas. Era reconocida también su preocupación por la enseñanza y existen testimonios de la organización de un primitivo sistema escolar, para aprender la ley. Sin embargo, su actitud ante el pueblo era de una clara separación (no olvidemos su nombre: “los separados”, “el resto”…).

No querían tener relación con el pueblo ignorante, inculto y sin conocimiento de la ley. Frecuentemente lo despreciaban y hasta llegaron a establecer severas limitaciones para relacionarse con el pueblo sencillo o los no-fariseos.

Su gran meta era adquirir los méritos necesarios para la salvación mediante el cumplimiento de las leyes de pureza, el pago del diezmo y otras obligaciones, como la limosna, los tres momentos diarios de oración y el doble ayuno semanal.

Luego de la sublevación judía de los años 66-70 d.C., y la catástrofe posterior, con la caída de Jerusalén y la destrucción del Templo, el judaísmo se reorganizó a partir de grupos de fariseos que se reunieron en la ciudad costera de Yamnia.

Origen de los Fariseos:

En cuanto al origen de los fariseos, los teólogos continúan debatiendo el asunto sin llegar a una conclusión definitiva.Hay quien diga que los perushim surgieron en tiempos de Esdras, como en el año 450 a.C. Una fuente judía “Sabiduría de Yehoshúa” es un documento que hace referencia a los fariseos alrededor del 250 a.E.C.

Otra opinión es que el grupo surgió un poco después de la Revuelta de los Macabeos (167 a.E.C.) de un grupo llamado los hasideanos. Se les llamaba “los fieles,” porque protegían la vida judía de la influencia cultural griega. Este celo desmedido fue que les llevó a perseguir a los primeros creyentes.

Durante la Revuelta de los Macabeos, los hasideanos se oponían a sus líderes quienes violaban la ley judía. Debido a su profunda pasión por la pureza levítica, eventualmente se separaron de la nación y formaron varios grupos, incluyendo el de los esenios y posiblemente los fariseos. Su influencia fue poderosa por casi cien años, aunque nunca procuraron el poder político.

Cuando llegó Yeshúa, los fariseos eran los de mayor influencia en el pensamiento judaico. El historiador Josefo, también fariseo, dijo que tenían “mucha influencia entre el pueblo; todas las oraciones y los ritos sagrados de adoración a Elohim eran realizadas según su exposición.” Josefo recalcó que eso ilustraba “la excelencia de los fariseos” y la alta estima que tenían entre el pueblo.

El compromiso Fariseo con la pureza levítica y el rechazo al modus vivend gentílico, produjo conflicto entre los fariseos y la Kehilá luego de que Yeshúa se reuniera con el Padre. Era muy difícil para ellos que los gentiles se hicieran miembros de la comunidad judía [mismo mesiánica] sin la requerida circuncisión ritual.

Diferente a lo que usualmente se especula, los fariseos no enseñaban que uno alcanzaba la redención por la observancia de la Torá, sino que la Torá debe ser obedecida porque es la máxima revelación de Elohim. Eso debió ser lo que motivó a Yojanán a escribir: “Nosotros le amamos, porque El nos amó primero.” Iguéret Yojanán Álef/I Jn. 4:19

Una de las causas por que los fariseos confrontaban con Yeshúa era el desmedido celo por la Torá Oral, compromiso con las tradiciones judías de generación en generación.

Pero, en cierto sentido, los fariseos jugaron una gran papel para mantener unido al pueblo judío luego de la destrucción del Beith ha’Mikdash. Sin el Templo Israel, los que no había aceptado a Yeshúa como el Mesías se enfrentaron con grandes dilemas: ¿De qué forma se podía obtener expiación por los pecados sin los sacrificios que solo en el Templo se podían hacer? Los diversos grupos sectarios comenzaron a desaparecer durante esos tiempos, pero los fariseos dieron lugar al nuevo judaísmo rabínico.

Cuéntase una historia:

“El Templo está destruido. Ya no presenciamos su gloria. Pero el rabino Yehoshúa la vio con anticipación. Y cuando un día miraba al Templo en ruinas, rompió en sollozos. ‘¡Ay de nosotros! ¡El lugar de la expiación de nuestros pecados ahora está en ruinas!’

Entonces el rabino Yojanán ben Zakai le habló estas palabras consoladoras:

‘No te aflijas, hijo mío. Hay otra manera de lograr la expiación, aunque el Templo está destruido. Ahora debemos alcanzar la expiación ritual por medio de actos de misericordia.”

Algunos comentaristas judíos dicen:

“La dedicación de la comunidad farisaica en debatir [las Escrituras] como rasgo honroso, en lugar de [aceptar opiniones] como producto del sectarismo, emergió como la característica distintiva del judaísmo rabínico.”

Dios lo bendiga mucho.

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