Decadencia argentina


Decadencia argentina

En el Centenario, Argentina era el país más importante de Sudamérica y dentro de los 10 mayores por su producto bruto per cápita. Se lo consideraba el futuro competidor de Estados Unidos. José Castro Garayzábal.

  • 30/11/2012 00:01 | José Castro Garayzábal (Productor agropecuario, expresidente de la Unión Industrial de Córdoba)

En el Centenario, Argentina era el país más importante de Sudamérica y dentro de los 10 mayores por su producto bruto per cápita. Se lo consideraba el futuro competidor de Estados Unidos.

En el Bicentenario, según las mediciones del Banco Mundial, ocupamos el puesto número 57 en el ranking mundial, por producto bruto per cápita, luego de Uruguay y Chile, y ocupamos el tercer puesto en Latinoamérica por producto bruto total, luego de Brasil y México, y, según las proyecciones, pronto seremos superados por Colombia.

Todo esto ocurre sin que hayan cambiado las condiciones naturales en nuestro territorio, con una población sin problemas raciales o religiosos. Es necesario analizar las causas que nos llevaron a esta decadencia.

Existen fracasos de nuestra dirigencia política, empresaria, sindical y judicial. Nuestra dirigencia política, en general, ha aplicado políticas de populismo clientelar y demagógicas. Nuestra dirigencia empresaria carece de una burguesía comprometida con los destinos del país. Otros países de Sudamérica la tienen, en particular Brasil. Nuestra dirigencia sindical tuvo origen político y no profesional; además, desvió recursos destinados a un fin específico para otros fines (caso de obras sociales).

Nuestra dirigencia judicial se caracterizó por la demora en las decisiones que le son propias. Justicia tardía no es justicia justa. Además, muchas veces, se vio influenciada por otros poderes, con lo que quebrantó el mandato constitucional de división de poderes.

No podemos adjudicarle a un partido en particular este resultado, ya que todos de una manera u otra han ejercido el poder. Sí encontramos elementos comunes en nuestra sociedad para que esta decadencia haya ocurrido. En primer lugar, la falta de consensos básicos de nuestra dirigencia sobre políticas que lleven al país, en el mediano y largo plazo, al futuro que merecemos.

El desconocimiento de nuestro sistema federal de gobierno, la concentración del poder en el Gobierno nacional. Falta de planificación expresa de objetivos a mediano y largo plazo sobre la base de acuerdos básicos resultantes del consenso de toda nuestra dirigencia, y con garantías de seguridad jurídica.

No es necesario inventar, basta observar las políticas de los países desarrollados y asegurar a la población educación de excelencia, fomentar el trabajo y limitar los subsidios a personas que realmente los necesitan. Para ello es necesario resignar intereses individuales, sectoriales o de grupos y tener como meta el interés general. Si así no lo hacemos, terminaremos peleando todos contra todos y nuestro país y su sociedad continuarán en decadencia.

A título personal, señalo temas fundamentales sobre los que deben acordarse políticas a largo plazo:

Los gobiernos nacional, provincial o municipal no pueden gastar más de lo que ingresa, ya que es esta la causa de la inflación.

Los créditos que se soliciten deberán ser exclusivamente para obras públicas necesarias para el desarrollo.

Pacto federal fiscal que acuerde la distribución de recursos entre provincias y Nación.

Acuerdo sobre el traslado de la Capital Federal (desde la época de los griegos se decía que las capitales no debían estar en un puerto, puesto que las políticas las manejarían los comerciantes); esto pondría fin al subsidio permanente del interior del país hacia Buenos Aires y la injusta distribución de recursos.

Un plan a largo plazo de obras de infraestructuras necesarias para el progreso y desarrollo (Brasil lo acaba de anunciar para duplicar las vías de comunicación existentes).

Abandonar nuestras tendencias al autoritarismo y la corrupción sin castigos ejemplares, como lo hace Brasil.

Ruego a Dios para que mis hijos y nietos puedan vivir en ese país.

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http://www.lavoz.com.ar/opinion/decadencia-argentina

Un comentario en “Decadencia argentina

  1. El gobierno de Norte argentino-Jujuy no está proporcionando una educación completa en Quebrada y Puna; lo que está marcando es un impacto devastador en miles de menores, adolescentes y jóvenes. Muchos están desesperados en continuar estudiando niñas y niños, sin embargo están creciendo sin la educación que les ayudaría a tener opciones para su futuro. En la Puna muchos niños y niñas no pueden llegar a una escuela a pie de manera segura en un tiempo razonable. Otro tanto de niñas han dejado de ir a la escuela debido a la preocupación de sus padres por su seguridad a la hora de caminar a la escuela. Existe un “cuello de botella ascendente” a medida que los niños, especialmente las niñas, se hacen mayores. Las escuelas secundarias son más escasas que las escuelas primarias, o que recién están construyendo. Muchos adolescentes varones y mujeres que completan el nivel en una escuela secundaria no tienen acceso a una escuela donde podrían pasar al siguiente nivel universitario. No tienen una Universidad Nacional. Una educación libre independiente y laica. El Estado no ha tomado en serio la educación. El problema son las prioridades del gobierno: la educación no es una prioridad y no le dedican el presupuesto necesario. En tanto de Quebrada y Puna han pasado petitorios pidiendo una universidad nacional, por el Ministerio de Educación de la provincia, Defensor del Pueblo, Legislatura Provincial, Cámara de Diputados de la Nación, Senado de la Nación, Gobernante Federal, y a otros que se consideran responsables de la Educación Argentina. Su réplica es el silencio, su humillación, o es la respuesta del sociólogo Zygmunt Bauman de “seres humanos residuales”; vidas improductivas porque no participan del mercado, por eso sus voces son enmudecidas. Pero es tajante y contradictorio cuando desde el poder confirman de la importancia de la educación y en otro que afirman que desde la provincia ganaran millones por tal proyecto de explotación de sus territorios los recursos naturales, sin consulta previa. Entonces, no hay motivo para doblegar el espíritu crucial de miles de adolescentes y jóvenes que esperan una universidad nacional… ¡Que, mediante la convivencia y el consenso, se hagan efectivos los derechos que le corresponden al ser humano por la mera razón de existir! ¡Una Universidad Nacional!

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