Utilidad de usar ciertas palabras en la explicación de la doctrina de la Trinidad (J. Calvino)


Utilidad de ciertas palabras en la explicación doctrina de la Trinidad (Calvino)

Autor: Paulo Arieu

The Baptist Encyclopædia da una definición sencilla y breve. Dice:

“[Jesús] es […] el eterno Jehová […] El Espíritu Santo es Jehová […] Se pone al Hijo y al Espíritu en exacta igualdad con el Padre. Si él es Jehová, ellos también lo son” [0].

I. Introducción

Ante los ataques y los cuestionamientos de los herejes arrianos, modalistas y otros mas, a la doctrina de la Santisima Trinidad, es que comparto con uds. la explicación del tema que nos dejó Juan Calvino, el reformador protestante de Ginebra, Suiza.

En esta explicación del teólogo protestane Juan Calvino, encontrará respuesta y fundamento honesto de las razones por las que usamos la palabra “persona”, y la palabra “trinidad”, aunque no se encuentran en la biblia, para explicar el misterio de la Santisima Trinidad. Al día de hoy, es la mejor explicación que conozco a este tema.

También entenderá porque a) Arrio – fundador del antiguo arrianismo y padre teológico de los testigos de Jehová , b) Sabelio-  fundador del modalismo – y c)  el médico mártir de la inquisición católica Miguel de Servet, fueron y son calificados de herejes por los cristianos ortodoxos (católicos romanos y griegos, protestantes y pentecostales), desde el s.IV en adelante, llegando a nuestros días.

II. Se pueden emplear palabras ajenas a la Escritura?

Así pues, por mas que protesten los herejes contra el nombre de “Persona”, y por mas que murmuren algunos de mala condición, diciendo que no admitirán un nombre inventado por los hombres, siendo así que no pueden negar que se nombra a tres, de los cuales cada uno es enteramente Dios, sin que par ella haya muchos dioses, no es gran maldad condenar las palabras que no dicen sino lo que la Escritura afirma y atestigua?

Replican que seria mejor mantener dento de los limites de la Escritura, no solamente nuestros sentimientos, sino también las palabras, en vez de usar de otras extrañas y no empleadas, que pueden ser causa de discusiones y disputas. Porque sucede con esto que se pierde el tiempo disputando por palabras, que se pierde la verdad altercando de esta manera y se destruye la caridad.

a) Si ellos llaman palabra extraña a la que sílaba por sílaba y letra por letra no se encuentra en la Escritura, ciertamente nos ponen en gran aprieto, pues con ello condenan todas las predicaciones e interpretaciones que no están tomadas de la Escritura de una manera plenamente textual.

b) Mas si tienen por palabras extrañas las que se inventan por curiosidad y se sostienen supersticiosamente, las cuales sirven mas de disputa que de edificación, y se usan sin necesidad ni fruto y con su aspereza ofenden los oídos de los fieles y pueden apartarnos de la sencillez de la Palabra de Dios, estén entonces seguros de que yo apruebo con todo el corazón su sobriedad.

Pues no me parece que deba ser menor la reverencia al hablar de Dios que la que usamos en nuestros pensamientos sobre Él, pues cuanto de Él pensamos, en cuanto procede de nosotros mismos, no es mas que locura, y todo cuanto hablamos, vanidad.

Con todo, algún medio hemos de tener,  tomando de la Escritura alguna regla a la cual se conformen todos nuestros pensamientos y palabras. Pero, que inconveniente hay en que expliquemos con palabras mas claras las cosas que la Escritura dice oscuramente, con tal que lo que digamos sirva para declarar fielmente la verdad de la Escritura, y que se haga sin tomarse excesiva libertad y cuando la ocasión lo requiera ? De esto tenemos muchos ejemplos. Lo que sucederá si probamos que la Iglesia se ha visto ineludiblemente obligada a usar las palabras “Trinidad” y “Personas”

Si alguno no las aprueba pretextando que se trata de palabras nuevas que no se hallan en La Escritura, no se podrá decir de él con razón que no puede tolerar la luz de la verdad, pues lo que hace es condenar que se explique con palabras mas claras lo mismo que la Escritura encierra en si.

III. Utilidad de palabras

Tal novedad de palabras ~ si así se puede llamar ~ hay que usarla principalmente cuando conviene mantener la verdad contra aquellos que la calumnian y que, tergiversándola, vuelven lo de dentro afuera, lo cual al presente vemos mas de lo que quisiéramos, resultándonos difícil convencer a los enemigos de la verdad, porque con su sabiduría carnal se deslizan como sierpes [serpientes] de las manos, si no son apretados fuertemente.

De esta manera los Padres antiguos, preocupados por los ataques de las falsas doctrinas, se vieron obligados a explicar con gran sencillez y familiaridad lo que sentían. a fin de no dejar resquicio alguno por donde los impíos pudieran escapar, a los cuales cualquier oscuridad de palabras les sirve de escondrijo donde ocultar sus errores.

a) Confesaba Arrio que Cristo es Dios e Hijo de Dios, porque no podia contradecir los clarisimos testimonios de la Escritura, y como persona que cumple con Su deber, aparentaba conformarse con los demás. Pero entretanto no dejaba de decir que Cristo es criatura y que tuvo principio como las demás.

Los Padres, para aclarar esta maliciosa simulación pasaron adelante diciendo que Cristo es Hijo eterno del Padre y consustancial con el Padre. Entonces quedó patente la impiedad de los arrianos, y comenzaron a aborrecer y detestar la palabra “homousios”, que quiere decir consustancial.

Si al principio hubieran confesado sinceramente y de corazón que Cristo es Dios, no hubieran negado que era consustancial al Padre.

Quien se atrevería a acusar a aquellos santos varones de amigos de controversias y disensibles, por el hecho de que por una simple palabra se enardecieran los ánimos en la disputa hasta llegar a turbar la paz y tranquilidad de la Iglesia ? Pero aquella mera palabra daba a conocer cuáles eran los verdaderos cristianos y viles los herejes.

b) Vino despues Sabelio, el cual casi no daba importancia a las palabras Padre, Hijo y Espiritu Santo, y decia que estos nombres no denotaban distinción alguna, sino que eran titulos diversos de Dios, como hay otros muchos.

Si disputaban con él, confesaba que creía que el Padre era Dios, el Hijo era Dios y el Espiritu Santo también era Dios. Pero luego encontraba una escapatoria diciendo que no había confesado otra cosa que si hubiera dicho que Dios es fuerte, justo y sabio; y así decía otra cosa distinta: que el Padre es el Hijo y eI Espiritu Santo es eI Padre [1] sin distinción alguna.  Los que entonces eran buenos maestros y amaban de corazón la piedad, para vencer la malicia de este hombre, le contradecían diciendo que había que confesar que hay en un solo Dios tres propiedades; y para defenderse can la verdad sencilla y desnuda contra sus argucias afirmaron que hay en un solo Dios o lo que es lo mismo – en una sola esencia divina, una Trinidad de Personas.

IV. Del sentido de las palabras sustancia, consustancial, esencia, hipostasis y persona, en orden a las distinciones necesarias

Por tanto, si estos nombres no han sido inventados temerariamente, será menester guardarse de ser acusados de temeridad por rechazarlos. Preferiría que todos estuviesen sepultados con tal de que todo el mundo confesara que el Padre, y el Hijo, y el Espiritu Santo son un solo Dios, y que, sin embargo, ni el Hijo es Padre, ni el Espiritu Santo es Hijo, sino que hay entre ellos distinción de propiedad. Para lo demás, no soy tan riguroso e intransigente que me importe discutir solamente por palabras.

Pues pienso que los Padres antiguos, aunque procuraban hablar de estas materias con gran reverencia, sin embargo no estaban de acuerdo todos entre si, e incluso algunos no siempre hablaron de la misma manera.

Porque, cuales son las maneras de hablar usadas por los Concilios, que san Hilario excusa?  Que atrevimiento no emplea a veces san Agustin? Que diferencia existe entre los griegos y los latinos? Un solo ejemplo bastara para mostrar esta diversidad.

a) Los latinos, al interpretar el vocablo griego “homousios”, dijeron consustancial; con lo cual daban a entender que el Padre y el Hijo tienen una misma sustancia, y asi por sustancia” no entendian mas que esencia.

Por esta causa san Jeronimo, escribiendo a Damaso, obispo de Roma, dice que es sacrilegio afirmar que hay en Dios tres sustancias. Pero mas de cien veces se hallara en san Hilario esta expresión: En Dios hay tres sustancias.

En cuanto a la palabra “hipostasis”, que dificultad encuentra san Jerónimo? Pues el sospecha que hay algún veneno oculto cuando se dice  que hay en Dios tres “hipostasis”; y afirma que si alguno usa esta palabra en buen sentido, no obstante es una manera impropia de hablar.

Si esto lo dice de buena fe y sin fingimiento, y no mas bien por molestar a sabiendas a los obispos orientales, a los cuales odiaba, ciertamente que no tiene razon al decir que en todas las escuelas profanas “usia” no significa otra cosa que “hipostasis”; lo cual se puede refutar por el modo corriente de hablar.

b) Mas modesto y humano es san Agustin [2] el cual, aunque dice que esta palabra “hipostasis” es nueva entre los latinos en este sentido, sin embargo, no solamente permite a los griegos que sigan su manera de hablar, sino también tolera a los latinos que la usaran.

E igualmente Sócrates, historiador eclesiástico, escribe en el libro sexto de la historia llmada Tripartita, que los primeros que usaron esta palabra en este sentido fueron gente ignorante. Y también san Hilario echa en cara como un gran crimen a los herejes, que por su temeridad se ve forzado a exponer al peligro de la palabra las casas que el corazón debe sentir con gran devoción[3], no disimulando que es ilícito hablar de cosas inefables y presumir cosas no concedidas. Y poco después se excusa de verse obligado a usar palabras nuevas.

Porque después de haber puesto los nombres naturales: Padre, Hijo y Espiritu Santo, añade que todo cuanto se quiera buscar mas allá de esto supera todo lo que se puede decir, esta fuera de lo que nuestros sentidos pueden percibir y nuestro entendimiento comprender.

Y en otro lugar[4]  ensalza a los obispos de Francia porque no habían, ni inventado, ni aceptado, ni siquiera conocido mas confesión que la antiquísima y simplicisima que desde el tiempo de los apóstoles había sido admitida en todas las Iglesias.

La excusa que da san Agustín es también muy semejante a esta; a saber, que esta palabra se inventó por necesidad a causa de la pobreza y deficiencia del lenguaje de los hombres en asunto de tanta importancia, no para expresar todo lo que hay en Dios, sino para no callar como el Padre, el Hijo y el Espiritu Santo son tres.

Esta modestia de aquellos santos varones debe movernos a no ser rigurosos en condenar sin mas a cuantos no quieran someterse al modo de hablar que nosotros usamos, con tal de que no lo hagan por orgullo, contumacia o malicia; pero a su vez consideren ellas cuan grande es la necesidad que nos obliga a hablar de esta manera, a fin de que poco a poco se acostumbren a expresarse como conviene.

Y cuiden asimismo, cuando hay que enfrentarse con los arrianos y los sabelianos, que si llevan a mal que se les prive de la oportunidad de tergiversar las cosas, elias mismos resulten sospechosos de ser discipulos suyos.

a) Arrio dice que Cristo es Dios, pero para sus adentros afirma que es criatura y que ha tenido principio. Dice que es uno con el Padre, pero secretamente susurra a los oidos de sus discipulos que ha sido farmado como los demas fieles, aunque con cierta prerrogativa.

b) Sabelio dice que estos nombres, Padre, Hijo y Espiritu Santo no señalan distinción alguna en Dios. Decid que son tres; en seguida protestará que nombrais tres dioses. Decid que en la esencia una de Dios hay Trinidad de Personas, y direis lo mismo que dice la Escritura y hareis callar a este calumniador.

Pero si hay alguno tan escrupuloso que no puede admitir estos tres nombres, no obstante, ninguno, por mas que le pese, podrá negar que cuando la Escritura nos dice que Dios es uno debemos entender Ia unidad de la sustancia, y cuando oimos decir que en la unidad de la esencia divina hay tres, a saber, Padre, Hijo y Espiritu Santo, hemos de entender que con esta Trinidad se menciona a las Personas.

Cuando esto se profesa de corazón y sin doblez alguna, no importaran gran cosa las palabras. Pero hace ya tiempo que se por experiencia que cuantos pertinazmente se empeñan en discutir por simples palabras, alimentan dentro de si algún oculto veneno, de suerte que es mucho mejor provocarlos abiertamente, que andar con medias tintas para conservar su favor y amistad.

Sobre algunos que niegan la Trinidad

Hacer un catálogo de los errores con que la pureza de nuestra fe, en lo referente a este artículo, ha sido en los siglos pasados combatida, sería cosa muy larga y dificil y sin provecho alguno. La mayoria de los herejes intentaron destruir y hollar la gloria de Dios con desvaríos tan enormes, que tuvieron que darse por satisfechos con conmover y perturbar a los ignorantes. De un pequeño número de engañadores se multiplicaron las sectas que, 0 bien tendieron a destruir la esencia divina, a bien a confundir la distinción de las Personas. Mas, si aceptamos como verdad lo que hemos suficientemente probado por la Escritura, 0 sea: que la esencia divina es simple e indivisible, aunque pertenece al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, y por otra parte, que el Padre difiere del Hijo en cierta propiedad, y el Hijo del Espiritu Santo, no solamente se les cerraría la puerta a Arrio y a Sabelio, sino también a todos los inventores de errores que les han precedido.

Miguel Servet.

Mas, como quiera que en nuestro tiempo han surgido ciertos espíritus frenéticos, como Servet y otros, que todo lo han perturbado con sus nuevas fantasías, es necesario descubrir en pocas palabras sus engaños.

Para Servet ha resultado tan aborrecible y detestable el nombre de Trinidad, que ha afirmado que son ateos todos los que el llama “trinitarios”.

No quiero citar las desatinadas palabras que inventó para llenarlos de injurias. EI resumen de sus especulaciones es que se dividía a Dios en tres partes, al decir que hay en EI tres Personas subsistentes en la esencia divina, y que esta Trinidad era una fantasía por ser contraria a la unidad de Dios.

EI quería que las Personas fuesen ciertas ideas exteriores, que no residan realmente en la esencia divina, sino que representen a Dios de una u otra manera; y que al principio no hubo ninguna cosa distinta en Dios, porque entonces lo mismo era el Verbo que el Espiritu; pero que desde que Cristo se manifestó Dios de Dios, se originó también de El otro Dios, o sea, el Espiritu.

Y aunque él ilustre a veces sus desvaríos con metáforas, como cuando dice que el verbo eterno de Dios ha sido el Espiritu de Cristo en Dios y el resplandor de su idea; y que el Espiritu ha sido sombra de la divinidad, sin embargo, luego reduce a nada la deidad del Hijo y del Espiritu, afirmando que según la medida que Dios dispensa, hay en uno y en otro cierta porción de Dios, como el mismo Espiritu estando sustancialmente en nosotros, es también una parte de Dios, y esto aún en la madera y en las piedras.

Pero esta monstruosidad de que Persona no es otra cosa que una forma visible de Dios, no necesita larga refutación. Pues, como quiera que san Juan afirma que antes de que el mundo fuese creado el Verbo era con Dios  (Jn. 1:1), con esto lo diferencia de todas las ideas o visiones; pues si entonces y desde toda la eternidad aquel Verbo era Dios, y tenía su propia gloria y claridad en el Padre (Jn. 17:5), evidentemente no podía ser resplandor exterior o figurativo, sino que por necesidad se sigue que era una hipóstasis verdadera, que subsistia en Dios.

Y aunque no se haga mención del Espiritu mas que en la historia de la creación del mundo, sin embargo no se le presenta en aquel lugar como sombra, sino como palencia esencial de Dios, cuando cuenta Moisés que aquella masa confusa de la cual se creó todo el mundo, era por Él sustentada en su ser (Gn. 1:2).

Asi que entonces se manifestó que el Espíritu había estado desde toda la eternidad en Dios, puesto que vivificó y conservó esta materia confusa del cielo y de ia tierra, hasta que se les dió la hermosura y orden que tienen. Ciertamente que entonces no pudo haber figura o representación de Dios, como sueña Servet.

Pero él se ve forzado en otra parte a descubrir mas claramente su impiedad, diciendo que Dios, determinando con su razón eterna tener un Hijo visible, se mostró visible de este modo. Porque si esto fuese cierto, Cristo no tendría divinidad mas que porque Dios lo constituyó como Hijo par su eterno decreto.

Y aún hay mas; y es que los fantasmas que pone en lugar de las Personas, de tal manera los trasforma que no duda en imaginarse nuevos accidentes en Dios.

Pero lo mas abominable de todo es que revuelve confusamente con todas las criaturas tanto al Hijo como al Espiritu Santo. Porque abiertamente confiesa que en la esencia divina hay partes y participaciones, de las cuales cualquier mínima parte es Dios; y sobre todo dice que los espíritus de los fieles son coeternos y consustanciales con Dios; aunque en otro lugar atribuye deidad sustancial, no solamente a las almas de los hombres, sino también a todas las cosas creadas.

Anatemas pronunciados contra los opositores [5]

En 325 E.C. un concilio de obispos reunido en Nicea, Asia Menor, formuló un credo que declaró que el Hijo de Dios era “verdadero Dios”, tal como el Padre era “verdadero Dios”. Parte de ese credo decía:

“Mas a los que afirman: Hubo un tiempo en que [el Hijo] no fué y que antes de ser engendrado no fué, y que fué hecho de la nada, o los que dicen que es de otra hipóstasis o de otra sustancia o que el Hijo de Dios es cambiable o mudable, los anatematiza la Iglesia Católica”

De modo que a cualquiera que creyera que el Hijo de Dios no era coeterno con el Padre o que el Hijo había sido creado se le entregaba a la condenación eterna. Uno puede imaginarse cuánto presionaba aquello a la mayoría de los creyentes comunes para que se amoldaran a aquellas ideas.

En el año 381 E.C. se convocó otro concilio en Constantinopla, y este declaró que había que adorar y glorificar al espíritu santo tal como al Padre y al Hijo. Un año después —en 382 E.C.— otro sínodo se reunió en Constantinopla y sostuvo la divinidad plena del Espíritu Santo. Aquel mismo año, ante un concilio celebrado en Roma, el papa Dámaso presentó una serie de enseñanzas que la iglesia había de condenar. El documento, llamado el Tomo de Dámaso, incluía las declaraciones que a continuación se citan.

“Si alguno no dijere que el Padre es siempre, que el Hijo es siempre y que el Espíritu Santo es siempre, es hereje.”

“Si alguno no dijere verdadero Dios al Hijo de Dios, como verdadero Dios a [su] Padre [y] que todo lo puede y que todo lo sabe y que es igual al Padre, es hereje.”

“Si alguno no dijere que el Espíritu Santo […] es […] verdadero Dios, […] lo puede todo y todo lo sabe […], es hereje.”

“Si alguno no dijere ser tres personas verdaderas: la del Padre, la del Hijo y la del Espíritu Santo, iguales, siempre vivientes, que todo lo contienen, lo visible y lo invisible, que todo lo pueden, […] es hereje.”

“Si alguno dijere que [el Hijo] constituído en la carne cuando estaba en la tierra, no estaba en los cielos con el Padre, es hereje.”

“Si alguno, al llamar Dios al Padre, Dios al Hijo de Aquél, y Dios al Espíritu Santo, los llama dioses […] y no […] una sola divinidad […], es hereje”

Varios eruditos jesuitas, en su traducción del tomo del latín al inglés, añadieron el comentario:

 “Parece que el papa San Celestino I (422-432) consideró ley esos cánones; estos pueden considerarse definiciones de fe”.

Y el erudito Edmund J. Fortman afirma que el tomo representa una

“doctrina trinitaria bien fundada y poderosa”.

Si usted es miembro de una iglesia que acepta la enseñanza de la Trinidad, ¿definen su fe esas declaraciones? ¿Y se da cuenta de que el creer en la doctrina de la Trinidad según la enseñan las iglesias requiere que usted crea que Jesús estaba en el cielo al mismo tiempo que estaba en la Tierra?  Esta enseñanza es parecida a lo que declaró Atanasio, eclesiástico del siglo IV, en su libro La encarnación del verbo:

“Él [el Verbo, Jesús,] no estaba encerrado en el cuerpo, ni estaba en el cuerpo sin estar en otra parte. Ni él movía a aquél, mientras el universo estaba vacío de su energía y providencia. […] Daba vida igualmente a todas las cosas y a la vez nacía en todos y estaba fuera de todos”.

Tres en uno [6]

En la New Catholic Encyclopedia se presentan tres de esos textos bíblicos, “textos de prueba”, para apoyar la Trinidad, pero también se admite lo siguiente:

“La doctrina de la Santísima Trinidad no se enseña en el Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamento la prueba más antigua está en las epístolas paulinas, especialmente en 2 Cor 13:13 [v. 14 en algunas Biblias] y en 1 Cor 12:4-6. En los Evangelios, la prueba de la Trinidad se encuentra explícitamente solo en la fórmula bautismal de Mat. 28:19”.

En esos versículos las tres “personas” se enumeran como sigue en la Biblia de Jerusalén. Segunda a los Corintios 13:13 (14) reúne a las tres de este modo: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros”. Primera a los Corintios 12:4-6 dice: “Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo; diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo; diversidad de operaciones, pero es el mismo el Dios que obra todo en todos”. Y Mateo 28:19 dice: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

¿Dicen esos versículos que Dios, Cristo y el espíritu santo constituyan una Deidad trinitaria, que los tres sean iguales en sustancia, poder y eternidad? No; no dicen eso, tal como el enumerar a tres personas, como Pepe, Pancho y Antonio, no significa que sean tres en uno.

La Cyclopedia of Biblical, Theological, and Ecclesiastical Literature, de McClintock y Strong, admite que esa clase de referencia

“solo prueba que se menciona a tres entidades, […] pero no prueba, por sí misma, que las tres pertenezcan necesariamente a la naturaleza divina ni que posean igual honra divina”.

Aunque esa fuente es trinitaria, dice de 2 Corintios 13:13 (14):

“No podríamos deducir con razón que tuvieran igual autoridad ni la misma naturaleza”. Y de Mateo 28:18-20 dice: “Sin embargo, este texto, tomado por sí mismo, no probaría decisivamente ni la personalidad de las tres entidades mencionadas ni su igualdad ni divinidad”.

También se mencionó a Dios, Jesús y el Espíritu Santo en el mismo contexto en la ocasión del bautismo de Jesús. Este “vio descender como paloma el espíritu de Dios que venía sobre él”. (Mat. 3:16.) Con todo, ahí no dice que los tres sean uno. Muchas veces se menciona juntos a Abrahán, Isaac y Jacob, pero eso no los hace uno. Aparecen juntos los nombres de Pedro, Santiago y Juan, pero eso no los hace uno tampoco. Además, puesto que el espíritu de Dios descendió sobre Jesús en su bautismo, eso muestra que Jesús no tuvo el espíritu sino hasta ese momento. Puesto que así fue, ¿cómo pudiera haber sido Jesús parte de una Trinidad en la cual él siempre hubiera sido uno con el espíritu santo?

Otra referencia que menciona a los tres juntos está en algunas traducciones antiguas de la Biblia en 1 Jn. 5:7. No obstante, los eruditos reconocen que esas palabras no estaban originalmente en la Biblia, sino que fueron añadidas mucho tiempo después. Correctamente, la mayoría de las traducciones modernas omiten ese versículo espurio.

Conclución

Los Padres cristianos antiguos, preocupados por los ataques de las falsas doctrinas, se vieron obligados a explicar con gran sencillez y familiaridad lo que sentían. a fin de no dejar resquicio alguno por donde los impíos pudieran escapar, a los cuales cualquier oscuridad de palabras les sirve de escondrijo donde ocultar sus errores.Lo que sucederá si probamos que la Iglesia se ha visto ineludiblemente obligada a usar las palabras “Trinidad” y “Personas”.

De un pequeño número de engañadores se multiplicaron las sectas que, 0 bien tendieron a destruir la esencia divina, a bien a confundir la distinción de las Personas. Mas, si aceptamos como verdad lo que hemos suficientemente probado por la Escritura, 0 sea: que la esencia divina es simple e indivisible, aunque pertenece al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, y por otra parte, que el Padre difiere del Hijo en cierta propiedad, y el Hijo del Espiritu Santo, no solamente se les cerraría la puerta a Arrio y a Sabelio, sino también a todos los inventores de errores que les han precedido.

Arrio,Sabelio y Servet fueron calificados de herejes, por negar la doctrina de la trinidad. Lamentablemente, el dr. Miguel A. de Servet fue condenado por la inqusición católica a morir condenado en la hoguera. Pero no fue el primer mártir arriano de la historia, ya que el primero fue Prisciliano.

Los cristianos ortodoxos no creemos que hay tres dioses, sino que creemos y confesamos que hay Tres Personas (Padre,Hijo, Espíritu Santo) pero  un solo Dios. Desconozco por que hay culturas y religiones que adoran tres dioses. No se de donde lo concluyeron. Es posible que sean intuiciones religiosas. Pero aún así repito que mas allá de esta aparente similitud, nosotros no  adoramos ni veneremos ni honramos a tres dioses sino a un Solo Dios en tres personas (Trinidad o Tri-unidad). Si le interesa ahondar más en las profundidades de esta doctrina biblica e histórica, puede hacerlo acá, donde encontrará varios artículos.

Si tiene alguna cuestión o duda, no sienta temor de exponerla. A la brevedad procuraré responderle. Si ud. rechaza la histórica doctrina bíblica de la trinidad y no desea realizar ninguna pregunta edificante o si solo desea debatir, por favor, absténgase de hacer comentarios, ya que no es seguro que sean respondidos sus comentarios.Lo mas probable es que sean borrados sin responderle.

Averigue por favor si en su iglesia / denominación, creen y enseñan la doctrina de la Trinidad como históricamente los cristianos la vienen enseñando.

Gracias

Dios le bendiga

Notas

[0]  The Baptist Encyclopædia, edición preparada por William Carey

[1] EI texto francés: “y el Hijo el Espiritu Santo”

[2] De La Trinidad, Lib. V, caps. 8 y 9.

[3] De fa Trinidad, Lib. II, cap. 2.

[4] De los concilios, 69.

[5] http://www.monografias.com/trabajos23/doctrina-trinidad/doctrina-trinidad.shtml

[6] Ibid

Bibliografía

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2 comentarios en “Utilidad de usar ciertas palabras en la explicación de la doctrina de la Trinidad (J. Calvino)

  1. […] No sabemos a ciencia cierta sobre la educación que recibió de Miguel, aunque sus biógrafos nos hablan de una facilidad precoz para el estudio, dominando varios idiomas en su adolescencia (latín, griego y hebreo y era muy versado en matemáticas y filosofía escolástica) A los catorce años entró al servicio de Juan Quintana, un erudito monje franciscano. A la edad de diecisiete años fue enviado a Toulouse para estudiar derecho En la universidad leyó la Biblia, algo totalmente prohibido en España. Allí descubrió por primera vez, que el concepto de Trinidad no se exponía explícitamente en el texto, pero si implicitamente (ver aca). […]

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