Quien es tu Cobertura?


Quien es tu Cobertura?

He querido traer este tema la cobertura espiritual, apostólica, denominacional etc., que no es mas que un disfraz de lo que en términos reales se debe llamar FRANQUICIA RELIGIOSA.

Para este tema reproduzco, un excelente comentario del hermano Frank Viola de su libro ¿Quien es tu cobertura?:

¿Está la “Cobertura” Cubierta por la Biblia?

Es sorprendente que la palabra “cobertura” aparece solamente una vez en todo el NT. Se usa en relación con la cabeza cubierta de la mujer (1 Cor. 11:15). Mientras que el Antiguo Testamento (AT) utiliza poco este término, siempre lo emplea para referirse a una pieza del vestido natural.

Nunca lo utiliza de manera espiritual para referirse a la autoridad o la sumisión. Por lo tanto, lo primero que podemos decir acerca de la “cobertura” es que hay escasa evidencia Bíblica con la que pueda construirse una doctrina.

No obstante este hecho, incontables cristianos repiten como loros la pregunta “¿quién-es-tu- cobertura?” e insisten en ella como si fuera la prueba de ácido que mide la autenticidad de una iglesia o un ministerio.

Si la Biblia guarda silencio con respecto a la idea de “cobertura” ¿qué se quiere decir con la pregunta, “Quién es tu cobertura”? La mayoría (si se les insiste) formularía de nueva cuenta la pregunta de este modo: “¿A quién le entregas cuentas?”

Pero esto suscita otro punto difícil. ¡La Biblia nunca nos remite a los seres humanos para entregarles cuentas, sino exclusivamente a Dios! (Mat. 12:36; 18:23; Luc. 16:2; Rom. 3:19; 14:12; 1 Cor. 4:5; Heb. 4:13; 13:17; 1 Ped. 4:5).

Por consiguiente, la sana respuesta Bíblica a la pregunta “¿A quién le entregas cuentas?” es muy simple: “le entrego cuentas a la misma persona que tú: a Dios” Sin embargo, es extraño que a menudo esta respuesta es causa de malentendidos y acusaciones falsas.

De este modo, mientras que el tono y el timbre de “entregar cuentas” difieren apenas del de “cobertura”, la canción es esencialmente la misma, y sin duda no armoniza con el canto inconfundible de la Escritura.

Sacando a la Luz la Verdadera Pregunta Detrás de la Cobertura

Ampliemos la pregunta un poco más. ¿Qué se quiere decir realmente cuando se insiste en la pregunta acerca de la “cobertura”? Me permito señalar que lo que en verdad se pregunta es, “¿Quién te Controla?”

La (mala) enseñanza común acerca de la “cobertura” realmente se reduce a cuestiones acerca de quién controla a quién. De hecho, la iglesia institucional moderna está construida sobre este control.

Por supuesto, la gente raras veces reconoce que esto es lo que está en el fondo del asunto, porque esta enseñanza está supuestamente bien arropada con vestiduras Bíblicas. Son muchos los Cristianos que creen que la “cobertura” es solamente un mecanismo protector.

Sin embargo, si examinamos la enseñanza de la “cobertura”, descubriremos que está fundada en un estilo de liderazgo del tipo cadena de mando uno arriba/uno-abajo. En este estilo de liderazgo,los que están en posiciones eclesiásticas más altas ejercen un dominio tenaz sobre los que están debajo de ellos. Es absurdo que por medio de este control de dirección jerárquica arriba/abajo se afirme que los creyentes están protegidos del error.

El concepto es más o menos el siguiente: todos deben responder a alguien que está en una posición eclesiástica más alta. En la gran variedad de las iglesias evangélicas de la posguerra, esto se traduce en: los “laicos” deben dar cuentas al pastor. A su vez, el pastor debe dar cuentas a una  persona que tiene más autoridad.

El pastor, típicamente, da cuentas a la sede denominacional, a otra iglesia (a menudo llamada “iglesia madre”), o a un obrero Cristiano influyente a quien se considera que tiene un rango más alto en la pirámide eclesiástica.

De modo que el “laico” está “cubierto” por el pastor, y éste, a su vez, está “cubierto” por la denominación, la iglesia madre, o el obrero Cristiano. Ya que cada uno da cuentas a una autoridad eclesiástica más alta, cada uno está protegido (“cubierto”) por esa autoridad. Esta es la idea.

Este patrón de “cobertura-responsabiliad de dar cuentas” se aplica a todas las relaciones espirituales de la iglesia. Y cada relación está modelada artificialmente para que encaje en este patrón. No puede establecerse ninguna relación fuera de éste –especialmente la de los “laicos” con respecto a los “líderes”.

Pero esta manera de pensar genera las siguientes preguntas: ¿Quién cubre a la iglesia madre? ¿Quién cubre a la sede denominacional? ¿Quién cubre al obrero Cristiano?

Algunos han ofrecido la respuesta fácil de que Dios es quien cubre a estas autoridades “más altas”. Pero esta respuesta enlatada elude el problema, porque ¿qué impide que Dios sea directamente la “cobertura” de los “laicos”, o aun del pastor?

Sin duda, el problema real con el modelo “Dios- denominación-clero-laicos” va más allá de la lógica incoherente y deleznable a la que ésta conduce. El problema más grande es que este modelo viola el espíritu del NT, porque detrás de la retórica piadosa de “proveer de responsabilidad de dar cuentas” y de “tener una cobertura”, surge amenazador un sistema de gobierno que carece de sustento Bíblico y que está impulsado por un espíritu de control.

AUTORIDAD Y SUMISIÓN

Hemos visto que no hay respaldo Bíblico para la enseñanza moderna de la “cobertura”. Sin embargo, la Escritura tiene algo que decir acerca de la autoridad y la sumisión. Debe notarse, sin embargo, que la Biblia gasta mucha más tinta en decirnos cómo amarnos unos a otros que en enseñarnos acerca del liderazgo y la autoridad.

La experiencia me ha mostrado que cuando los aspectos fundamentales del amor y el servicio se practican plenamente en una iglesia, los asuntos de la autoridad y la sumisión se expresan por sí mismos. (A este respecto, los que enfatizan indebidamente estos temas ¡están significativamente más interesados en hacerse a sí mismos una figura de autoridad que en servir a sus hermanos!).

Aunque la Biblia no dice mucho acerca de la autoridad y la sumisión, los temas están presentes. Están relacionados con llevar el ministerio, ejercerlo y agradar a Cristo –la cabeza de toda autoridad.

Cuando discutimos estos temas haremos bien en emplear el vocabulario de la Escritura. Usar términos no bíblicos como el de “cobertura” solamente oscurece el asunto. Hace que nuestra conversación sea vaga –y nuestros pensamientos confusos. Si utilizamos el vocabulario del NT, seremos en verdad capaces de atravesar la jungla enredada de la tradición humana que ha envuelto en una nube los temas de la autoridad y la sumisión.

El Rastro Trágico de los Movimientos Anteriores

Voy a decirlo sin rodeos, ¡lo que algunos llaman hoy “autoridad espiritual” es en su mayor parte un verdadero disparate! El movimiento discipulado/pastoreo de los años setenta es un ejemplo clásico de las tragedias indecibles que pueden ocurrir cuando se hacen aplicaciones falaces e insensatas de la autoridad. Este movimiento estaba corrompido con toda clase de mezcla espiritual, y se degradó en formas extremas de control y manipulación.

El error más grande de este movimiento estaba basado en la falsa pretensión de que sumisión equivale a obediencia incondicional. Igualmente errónea era la enseñanza de que Dios reviste a ciertas personas de una autoridad incuestionable sobre los demás.

Sin duda, los líderes que dieron origen a este movimiento eran hombres talentosos que tenían nobles motivos. No imaginaron la dirección que éste tomaría en el futuro, y la mayoría de ellos se han disculpado desde entonces por haber participado en él. Aun así, incontables vidas fueron destruidas como resultado. En muchos sectores del movimiento, el abuso espiritual se racionalizó con el cliché tan a menudo repetido de que Dios obra para bien a pesar de los actores en el reparto . Se creía que Dios haría responsables a cada uno de los “pastores” por las decisiones equivocadas. Las “ovejas” no tenían responsabilidad en tanto que  obedecieran (ciegamente) a sus pastores.

Trágicamente, el movimiento elaboró nuevos yugos de control que fueron tallados y se les dio forma para adaptarse a la casta clerical. Estos nuevos yugos sofocaron el sacerdocio de los creyentes y mostraron la misma forma de dominio de las almas que caracteriza a las sectas. Los así llamados “pastores” se transformaron en sustitutos de Dios para otros Cristianos, tomando control sobre los detalles más íntimos de sus vidas. Todo esto se hizo en nombre de la “responsabilidad Bíblica de dar cuentas”.

En el período subsiguiente, el movimiento dejó una estela de Cristianos abatidos y devastados. Estos creyentes continúan desconfiando hasta hoy de cualquier apariencia de liderazgo. (Algunos sufrieron destinos más crueles). Como resultado, los que fueron azotados por los clérigos del movimiento desarrollaron una aversión hacia palabras tales como “autoridad”, “sumisión” y la “responsabilidad de dar cuentas”. Todavía siguen luchando por desechar las imágenes distorsionadas de Dios que fueron grabadas en sus mentes después de haber pasado por esta experiencia “pastoral”.

El tema de la autoridad, por consiguiente, representa para muchos una historia muy sensible con una enorme carga. Tanto es así que cuando apenas se menciona terminología de liderazgo, se encienden luces de alerta y se iza la bandera roja de la persecución.

Treinta años después, el tema de la autoridad espiritual continúa siendo inflamable y emocionalmente insufrible. A pesar de la manera tan divergente en que abordamos el tema en este capítulo, estamos pisando los bordes de un peligroso campo minado.

Hay que tener presente que las enseñanzas erróneas nunca brotan del simple uso de palabras Bíblicas. Más bien, provienen de la poca consideración que por lo general se tiene por lo que éstas significaron para sus oyentes originales. Palabras como “autoridad” y “sujeción” han sido ya por tanto tiempo degradadas que es necesario que se las “redima” de las falsas connotaciones que se les han agregado.

La salvaguarda contra la falsa enseñanza no consiste en desechar estos términos Bíblicos, sino en sobreponerse al combate y rehabilitarlos de acuerdo a su significado original. Para decirlo de otro modo, debemos aprender no solamente a hablar donde la Biblia habla, sino hablar como la Biblia habla.

La Noción de Sujeción del NT

La palabra Griega que se traduce más a menudo como “someter” en el NT es el vocablo Hupotáso. Una mejor traducción de este término es “sujeción”. De acuerdo al uso más común del NT, la sujeción es una actitud voluntaria de ceder, cooperar y permitir que otros nos amonesten y aconsejen.

La sujeción Bíblica no tiene nada que ver con control o poder jerárquico. Es simplemente una actitud de apertura, como la que manifiestan los niños, dando nuestro consentimiento a los demás en la medida en que ellos reflejan la mente de Cristo.

La sujeción Bíblica existe y es preciosa. Pero debe comenzar con lo que Dios desea y con lo que el NT asume: Es decir, que nosotros, individual y corporativamente, estamos sujetos a Cristo Jesús; que nos sujetamos unos a otros, en el lugar donde nos reunimos; y que nos sujetamos a aquellos obreros probados y dignos de confianza que sirven al Cuerpo de Cristo de una manera sacrificada.

Quiero acentuar “probados y dignos de confianza” porque abundan los falsos apóstoles y profetas. Es responsabilidad de la hermandad local examinar a los que afirman ser obreros de Dios (1 Tes. 1:5; 2

Tes. 3:10; Ap. 2:2). Por esta razón, la Biblia nos exhorta a sujetarnos a los líderes espirituales a causa de su noble carácter y servicio espiritual (1 Cor. 16:10-11, 15-18; Fil. 2:29-30; 1 Tes. 5:12 -13; 1 Tim. 5:17; Heb. 13:17).

Quizás el texto más luminoso que debemos considerar en toda esta discusión es Efesios 5:21, que dice, Someteos UNOS A OTROS en el temor de Cristo. El apóstol Pedro se hace eco del mismo pensamiento, cuando dice: Y todos, revestíos de humildad LOS UNOS PARA CON LOS OTROS; porque: Dios resiste a los arrogantes y da gracia a los humildes. (1 Ped. 5:5)

La Biblia no enseña una “cobertura protectora”. Más bien, enseña la sujeción mutua. La sujeción mutua se basa en la noción del NT de que a todos los creyentes les han sido dados dones. Como tales, todos ellos pueden expresar a Cristo. Por lo tanto, debemos estar sujetos unos a otros. La sujeción mutua está cimentada de igual forma en la revelación del Cuerpo de Cristo. Es decir, la autoridad Divina ha sido conferida a todo el Cuerpo y no sólo a una sección particular de él.  (Mat. 18:15-20; 16:16-19; Efe. 1:19-23). En la eclesiología de Dios, la ekklesía es una sociedad teocrática y participativa en la que la autoridad Divina está diseminada entre todos los que poseen el Espíritu.

Dios no ha delegado Su autoridad a algún individuo o segmento de la iglesia. Por el contrario, Su autoridad reside en toda la comunidad. Cuando los miembros de la comunidad creyente desempeñan sus ministerios, la autoridad espiritual se dispensa a través de los dones que han recibido del Espíritu.

En el fondo, la sujeción mutua demanda que nos demos cuenta de que somos miembros de algo más grande que nosotros mismos –un Cuerpo. También exige que reconozcamos que somos inadecuados en nosotros mismos para cumplir el propósito más alto de Dios.

La sujeción mutua descansa en la afirmación humilde, y sin embargo realista, de que necesitamos la aportación de los demás hermanos. Admite que no podemos ser buenos Cristianos por nosotros mismos. De esta manera, la sujeción mutua es indispensable para estructurar una vida Cristiana normal.

Entender la sujeción mutua significa lo siguiente:

Quiere decir que estás abierto al Señor para que te corrija por medio de cualquier creyente, que estás abierto para ser reprendido y castigado (por el Señor) sin que importe quién lleve el látigo. Expresa que permites a los demás que hablen a tu vida.

La Idea de Autoridad de Dios

La otra cara de la moneda de la sujeción es la autoridad. La autoridad es el privilegio dado por Dios para realizar una acción particular. La palabra del NT que está más cerca de nuestra palabra “autoridad” es exousía. Exousía se deriva de la palabra éxestin, que significa una acción posible y legítima que puede ser llevada a cabo sin obstáculo.

La autoridad (exousía) tiene que ver con la interpretación y comunicación del poder. Más específicamente, la autoridad es el derecho de realizar una acción particular. La Escritura enseña que Dios es la fuente única de toda autoridad (Rom. 13.1), y esta autoridad ha sido conferida a Su Hijo (Mat. 28:18; Juan 3:30-36;17:2).

Sólo Jesucristo tiene autoridad. El Señor Jesús claramente dijo, “Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y sobre la tierra”. Al mismo tiempo, Dios ha delegado Su autoridad a los hombres y mujeres de este mundo para propósitos específicos.

Por ejemplo, en el orden natural, Dios ha instituido diversas esferas en las que Su autoridad debe ejercerse (Efe. 5:22-6:18; Col. 3:18-25). Ha establecido ciertas “autoridades oficiales” con el propósito de que guarden el orden bajo el sol. A los oficiales gubernamentales, como a los reyes, magistrados y jueces, se les ha dado esta autoridad (Juan 19:10,11; Rom. 13:1 ss.; 1 Tim. 2:2; 1 Ped. 2:13- 14).

La autoridad oficial es autoridad conferida a un oficio estático. Funciona sin que para ello importen las acciones de la persona que lo ocupa. La autoridad oficial es autoridad posicional y fija. Mientras la persona ocupa el cargo, tiene autoridad.

Cuando alguien ejerce las funciones de la autoridad, el recipiente llega a ser “una autoridad” por su propio derecho. Es por esta razón que se exhorta a los Cristianos a que se sujeten a los líderes gubernamentales –sin que para ello cuente su carácter (Rom. 13:1ss.; 1 Ped. 2:13-19).

Nuestro Señor Jesús, así como Pablo, mostraron espíritu de sujeción cuando comparecieron ante la autoridad oficial (Mat. 26:63-64; Hech. 23:2-5).

De manera similar, nosotros debemos sujetarnos siempre a esta autoridad. La anarquía y el desprecio por la autoridad son signos de la naturaleza pecadora (2 Ped. 2:10; Judas 8). Al mismo tiempo, la sujeción y la obediencia son dos cosas muy diferentes, y es un error fatal confundirlas.

Sujeción Contra Obediencia

¿En qué difiere la sujeción de la obediencia? La sujeción es una actitud. La obediencia es una acción. La sujeción es absoluta. La obediencia es relativa. La sujeción es incondicional. La obediencia es condicional. La sujeción es un asunto interior. La obediencia es un asunto exterior.

Dios nos convoca a tener un espíritu de humilde sujeción hacia los que ha colocado en autoridad sobre nosotros en el orden natural. Sin embargo,no podemos obedecerles si nos mandan hacer lo que viola Su voluntad, porque la autoridad de Dios es más alta que cualquiera autoridad terrenal.

No obstante, uno puede desobedecer al tiempo que se somete. Se puede desobedecer a una autoridad terrenal y mantener un espíritu de humilde sujeción. Se puede desobedecer al tiempo que se mantiene una actitud de respeto y reverencia, distinto al espíritu de rebelión, injuria y subversión ( 1 Tim. 2:1-2; 2 Ped. 2:10; Judas 8). La desobediencia de las parteras Hebreas (Éxo. 1:17), los tres jóvenes Hebreos (Dan. 3:17-18), Daniel (Dan. 6:8-10), y los apóstoles (Hech. 4:18 -20; 5:27-29) ejemplifican el principio de estar sujeto a una autoridad oficial al tiempo que se le desobedece cuando ésta choca con la voluntad de Dios.

Es cierto que que Dios ha dado autoridad (exousía) a los creyentes para ejercer ciertos derechos. Entre ellos está la autoridad de ser hechos hijos de Dios (Jn. 1:12), poseer propiedades (Hech. 5:4), decidir casarse o permanecer célibes (1 Cor. 7:37), decidir qué comer o beber (1 Cor. 8:9), sanar las enfermedades (Mar. 3:15), expulsar demonios (Mat. 10:1; Mar. 6:7; Luc. 9:1; 10:19), edificar a la iglesia ( 2 Cor. 10:8; 13:10), recibir bendiciones especiales asociadas con ciertos ministerios (1 Cor. 9:4-18; 2 Tes. 3:8-9), gobernar naciones y comer del árbol de la vida en el reino futuro (Ap. 2:26; 22:14).

¡Pero en ninguna parte la Biblia enseña que Dios ha dado autoridad ( exousía) a los creyentes sobre otros creyentes! Recordemos la palabra de nuestro Señor en Mateo 20:25-26 y Lucas 22:25-26 donde condenó las formas de autoridad tipo exousía entre Sus seguidores. Este hecho debe darnos pausa para una seria reflexión.

Por lo tanto, sugerir que los líderes en la iglesia deben ejercer la misma clase de autoridad que los dignatarios representa lógicamente un salto y una generalización excesiva. Una vez más, el NT nunca vincula la exousía a los líderes de la iglesia, ni establece que algunos creyentes tienen exousía sobre otros creyentes.

Sin duda, el AT describe a los profetas,sacerdotes, reyes y jueces como autoridades oficiales. Esto se debe a que estos “oficios” eran sombras de los ministerios autoritativos de Jesucristo mismo. Cristo es el verdadero Profeta, Sacerdote, Rey y Juez. Pero en el NT nunca encontramos que se describa o represente a algún líder como una autoridad oficial. Esto incluye a los sobreveedores locales, así como a los obreros extra locales.

Para ser franco, la noción de que los Cristianos tienen autoridad sobre otros Cristianos es un ejemplo de exégesis forzada y, como tal, es Bíblicamente insostenible. Cuando los líderes de la iglesia ejercen el mismo tipo de autoridad que desempeñan los oficiales gubernamentales, ¡se vuelven usurpadores!

Cierto es que la autoridad funciona en la iglesia, pero la autoridad que opera en la ekklesía es notablemente diferente de la que se ejerce en el orden natural. Esto tiene sentido ya que la iglesia no es una organización humana, sino un organismo espiritual. La autoridad que opera en la iglesia no es oficial. Es autoridad orgánica. Autoridad Divina Contra Autoridad Oficial ¿Qué es la autoridad orgánica? Es la autoridad que está basada en la vida espiritual. La autoridad orgánica es autoridad comunicada. Es decir, cuando una persona comunica la vida de Dios a través de palabra u obra, tiene la ayuda y el respaldo del Señor mismo.

Todos los Cristianos, en virtud del hecho de que poseen la vida del Espíritu, poseen una medida de autoridad orgánica. Es por esta razón que el NT nos ordena que nos sometamos unos a otros en el temor de Cristo. Pero los que han madurado más en la vida espiritual tienden a expresar el pensamiento de Dios de una manera más firme que los carnales y los inmaduros (Heb. 5:14) .

La autoridad orgánica tiene su fuente en la dirección inmediata de Cristo y no en un oficio estático. La autoridad orgánica no es intrínseca a una persona o a una posición. No reside en el hombre mismo o en el cargo que ocupa (como ocurre con la autoridad oficial).

En cambio, la autoridad orgánica reside fuera del individuo. Esto es así porque ésta pertenece a Cristo. Solamente cuando Cristo dirige a una persona a la palabra o a la acción, esa persona ejerce autoridad. Para decirlo de otro modo, una persona tiene el derecho a ser oída y obedecida sólo cuando refleja la mente del Señor. La autoridad orgánica, por consiguiente, es comunicada y derivada .

La naturaleza comunicativa de la autoridad orgánica puede entenderse en el marco de la metáfora del Cuerpo que Pablo traza para la iglesia. Cuando la Cabeza (que es la fuente de toda autoridad) le indica a la mano que se mueva, la mano posee la autoridad de la Cabeza. La mano, no obstante, no tiene autoridad de sí misma. Deriva su autoridad sólo cuando actúa de acuerdo con la comunicación de la Cabeza. En la medida en que la mano representa la voluntad de la Cabeza, en esa medida la mano es una autoridad.

Nótese que el movimiento de la cabeza física en relación al cuerpo físico, es orgánico. Está basado en lo humano como un organismo viviente que posee vida natural. El mismo principio es verdadero con respecto a la Cabeza espiritual y al Cuerpo espiritual. Los creyentes ejercen autoridad espiritual solamente cuando en sus palabras y hechos representan a Cristo.

Por consiguiente, la autoridad orgánica es flexible y fluida y no estática. La autoridad orgánica es transmitida y está fundada en la madurez espiritual y el servicio. Por lo tanto, no es una posesión irrevocable.

Esto explica por qué Pedro y Jacobo, así como Pablo y Bernabé, fluctuaban con respecto a la medida de influencia espiritual que ejercían (Hech. 1:15; 2:14; 12:17,25; 13:2,7, 13ss.;15:2,7,13,22). Ya que la autoridad Divina no es oficial, sino derivada, los creyentes no asumen,heredan, confieren ni sustituyen la autoridad de Dios. Únicamente la representan. Esta es una distinción categórica. El no poder (o no querer) entenderla ha conducido a una confusión y abuso indecibles entre el pueblo de Dios.

Cuando discutimos la autoridad espiritual, el énfasis siempre debe de estar en la función y el servicio y no en una noción mística de “espiritualidad”. Demandar autoridad basándose en la propia espiritualidad es prácticamente lo mismo  que hacerse a sí mismo una autoridad oficial, porque el reclamo de “espiritualidad” constituye un oficio velado.

Si alguien es verdaderamente espiritual, su espiritualidad se manifestará en la manera en que vive, sirve y escucha al Señor. La espiritualidad puede discernirse sólo a partir de esto último y no por los reclamos promocionales de la persona que la asume. De esta manera, mantener el enfoque en el servicio y la función ayuda a proteger a las iglesias que siguen el modelo del NT para que no recaigan en el culto a la personalidad.

Una Comparación

Separemos algunas de las distinciones entre autoridad oficial y autoridad orgánica.

1. Las autoridades oficiales deben ser obedecidas siempre y cuando lo que declaren no viole la voluntad de una autoridad más alta. (Hech. 5:29). El NT aconseja a los hijos que obedezcan a sus padres (Efe. 6:11; Col. 3:20), a los ciudadanos que obedezcan a las autoridades gubernamentales (Tito 3:1), y a los empleados que obedezcan a quienes los emplearon. (Efe. 6:5; Col. 3:22).

Por contraste, los que ejercen autoridad orgánica nunca demandan que se les obedezca. Antes bien, buscarán persuadir a los demás a que obedezcan la voluntad de Dios. Por esta razón Hebreos 13:17 nos convoca a que permitamos que nuestros líderes nos persuadan ( peitho).

Las cartas de Pablo arrojan más luz sobre este tema. Todas ellas resuenan con súplicas y peticiones y están llenas del lenguaje de la persuasión. (Sobre esto abundaremos más adelante) .

2. Las autoridades oficiales son totalmente responsables si conducen a los que están bajo su mando a prácticas erróneas. En Números 18 aprendemos que el peso de la iniquidad cayó sobre los hombros de los sacerdotes. Ellos eran las autoridades oficiales en Israel.

Por el contrario, la autoridad orgánica nunca anula la responsabilidad de los demás. En la iglesia, los creyentes son totalmente responsables de sus propias acciones -aun cuando decidan obedecer el consejo de otro .

Es por esta razón que la Escritura manda repetidamente que se pruebe el fruto de los demás.

Asimismo, enseña que el engaño trae el juicio Divino (Mat. 7:15-27; 16:11-12; 24:4-5; 1 Cor.14:29; Gál. 1:6-9; 2:4; Fil. 3:2-19; 1 Tes. 5:21;1 Tim. 2:14; 1 Jn. 3:4-10; 4:1-6). El NT nunca enseña que si un Cristiano obedece a otra persona, ya no es responsable de sus acciones.

3. Las autoridades oficiales pueden ser menos maduras, menos espirituales y menos justas que aquellos sobre los que tienen autoridad. La autoridad orgánica, sin embargo, está directamente vinculada a la madurez espiritual, y no puede separarse de ella.

A menudo decimos a nuestros niños, “obedezcan a sus ancianos” porque los que son más viejos (en la vida natural) tienden a ser más maduros en su consejo. Por esta razón, merecen nuestro respeto y sujeción (1 Ped. 5:5a). Sucede lo mismo en el reino espiritual.

Los que han crecido más en la vida espiritual poseen una medida mayor de autoridad orgánica. (Una persona no puede ejercer autoridad espiritual a menos que ella misma esté bajo la autoridad de Dios). Un espíritu de servicio y docilidad como de niño son signos seguros de una mayor madurez espiritual.

Consideremos los siguientes textos que nos exhortan a que tengamos en estima a los que muestran ambas características:

Os exhorto hermanos (ya conocéis a los de la casa de Estéfanas, que fueron los primeros convertidos de Acaya, y que se han dedicado al servicio de los santos), que también VOSOTROS ESTÉIS EN SUJECIÓN A LOS QUE SON COMO ELLOS, Y A TODO EL QUE AYUDA EN LA OBRA Y TRABAJA. Y me regocijo por la venida de Estéfanas, de Fortunato y de Acaico, pues ellos han suplido lo que faltaba de vuestra parte. Porque ellos han recreado mi espíritu y el vuestro. POR LO TANTO, RECONOCED A TALES PERSONAS. (1 Cor. 16:15-18 BA)

Recibidlo, pues [a Epafrodito] en el Señor con todo gozo, Y TENED EN ALTA ESTIMA A LOS QUE SON COMO ÉL; PORQUE ESTUVO AL BORDE DE LA MUERTE POR LA OBRA DE CRISTO, ARRIESGANDO SU VIDA… (Fil. 2:29-30ª BA).

Y os instamos, hermanos, a que RESPETÉIS A LOS QUE TRABAJAN ENTRE VOSOTROS EN EL SEÑOR Y OS AMONESTAN; Y QUE LOS TENGÁIS SOBREABUNDANTEMENTE EN AMOROSA ESTIMA A CAUSA DE SU OBRA. . . (1 Tes. 5:12-13)

Los ancianos que dirigen bien SEAN TENIDOS POR DIGNOS DE DOBLE HONOR, ESPECIALMENTE LOS QUE TRABAJAN ARDUAMENTE EN LA PALABRA Y EN LA ENSEÑANZA… No admitas acusación contra un anciano a no ser que haya dos o tres testigos. (1 Tim. 5:17, 19 RVA)

Acordaos de los que os dirigen, QUIENES OS HABLARON LA PALABRA DE DIOS; CONSIDERAD CUÁL HAYA SIDO EL RESULTADO DE SU CONDUCTA, E IMITAD SU FE. (Heb. 13:7)

Dejaos persuadir por los que os dirigen, Y SOMETEOS A ELLOS; PORQUE ELLOS VELAN POR VUESTRAS ALMAS, COMO QUIENES HAN DE DAR CUENTA para que hagan esto con gozo, y no quejándose; porque esto no os es provechoso (Heb. 13:17)

Igualmente, jóvenes, ESTAD SUJETOS A LOS ANCIANOS… (1 Ped. 5:5)

Resulta claro que el NT exhorta a la iglesia a que de la debida importancia a los que trabajan  incansablemente en el servicio espiritual. Tal estima es espontánea e instintiva. Jamás se debe absolutizar o formalizar. El criterio del NT para el modelo de los roles siempre es funcional, y no formal. Aunque debemos valorar el servicio de los que ponen sus vidas por nosotros, es un grave error diferenciarlos formalmente del resto de la comunidad de los creyentes. (¡Es aquí donde falla la enseñanza de la “cobertura”!)

En efecto, el honor que un creyente recibe de la iglesia siempre es merecido; nunca se demanda o se hace valer. Los que son verdaderamente espirituales no reclaman tener autoridad espiritual sobre los demás, ni se jactan de su labor espiritual y madurez. De hecho, la gente que hace tales reclamos revela su inmadurez. La persona que declara que es “el hombre que Dios ha ungido con fuerza y poder para la hora presente” –o elogios similares- prueba una cosa: ¡que no tiene autoridad !

Por el contrario, los que reciben estima en la iglesia son los que han probado que son siervos dignos de confianza –no en mera retórica, sino en realidad (2 Cor. 8:22; 1 Tes. 1:5; 2 Tes. 3:10). El reconocimiento ganado y la confianza que el Cuerpo les tiene es la única señal segura de la propia autoridad espiritual.

4. Las autoridades oficiales poseen autoridad hasta que son removidas de su oficio delegado. Mientras están en el cargo, su autoridad funciona, sin que para ello importe si han tomado decisiones sabias o injustas. Por ejemplo, mientras el rey Saúl se sentó en el trono de Israel, retuvo su autoridad, ¡aun después de que el Espíritu de Dios se había apartado de él (1 Sam. 16:14;24:4-6) ! La autoridad orgánica, por otra parte, opera solamente cuando Cristo está siendo expresado. De este modo, si un creyente exhorta a la iglesia para que ésta haga algo que no refleja la autoridad de la Cabeza (aún si viola o no una ley prescrita por Dios), no hay autoridad que lo respalde. Sólo Jesucristo tiene autoridad, y solamente lo que fluye de Su vida tiene autoridad

5. Las autoridades oficiales siempre están establecidas en forma de jerarquía. La autoridad orgánica nunca está relacionada con la jerarquía (Mat. 20:25-28; Luc. 22:25-27). De hecho, siempre se distorsiona y se termina abusando de la autoridad orgánica cuando se la asocia con algún tipo de jerarquía. Como hemos visto, la imaginería jerarquía está ausente de la Escritura, porque virtualmente siempre hace daño al pueblo de Dios.

En resumen, la autoridad orgánica no fluye de arriba hacia abajo. Tampoco funciona de manera jerárquica como una cadena de mando. Al mismo tiempo, la autoridad orgánica tampoco funciona de abajo hacia arriba. Es decir, no fluye de la iglesia a la persona. Si aún una iglesia decide dar autoridad a una persona para una tarea específica, la tal persona no tendrá autoridad si no refleja la mente de Cristo.

La autoridad orgánica funciona de adentro hacia fuera. Cuando el Cristo que habita en el creyente dirige a alguien en particular o a una iglesia a hablar o actuar, ¡están respaldados por la autoridad de la Cabeza! Ésta es la única autoridad que existe en el universo. Jesucristo,representado por el Espíritu que mora en el interior de los Suyos, es el manantial exclusivo,fundamento y fuente de toda autoridad. ¡Y no hay cobertura sobre Su Cabeza !

El resultado final es que los problemas de liderazgo en la iglesia moderna se derivan de una aplicación vergonzosamente superficial de las estructuras de autoridad oficial a las relaciones espirituales. Esta aplicación errónea está basada en una mentalidad de autoridad al estilo “una-talla-para-todos”. Pero es un error atroz trasplantar el modelo de la autoridad oficial a la asamblea Cristiana –o a cualquiera otra esfera de relación orgánica (como el matrimonio).

Por Frank Viola
Publicado por Mario Rodriguez Bernier
Tomado del libro del mismo nombre

4 comentarios en “Quien es tu Cobertura?

Deja un comentario y a la mayor brevedad le responderé.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s