Posmodernidad


Posmodernidad

Autor: Paulo Arieu

De donde venimos, hacia donde vamos? Creo que son pocas las personas que se hacen sinceramente estas preguntas. Las personas de hoy en dia que buscan a Dios, no lo hacen por saber de El, sino por los panes y por los peces,  como critico Jesús. antes las personas se hacian estas preguntas. Parece que en nuestros dias ya nadie pregunta nada, se vive por vivir, como dijo el eclesiastés “vanidad de vanidades, todo es vanidad”

Que es la posmodernidad:

Es la época del desencanto, del hedonismo, del relativismo, del pragmatismo, del consumismo, del neo-capitalismo, del absurdismo del hombre de nuestros dias, que solo piensa (si  lo dejan) en progresar económicamente y ganar dinero, para luego gastarlo cómodamente donde se le da la gana? Prácticamente, ya ni se lo ve mucho a don racionalismo, dando la vuelta al perro alrededor de la plaza principal del pueblo, ni se lo observa ya tampoco mirando que hora es en el viejo reloj situado en el alto campanario de la catedral del centro de la ciudad. Ya no se ven a los niños jugando en los parques, ni comiendo “algodon dulce”, por causa de los depredadores y de los video-games. Ya las madres no tiene tantos hijos por el tema de la planificación familiar. Ahora los libros se venden con un yacaré de los everglades de la Florida, para que cuando los abras, te muerdan.

Pero cuanta gente que hay en los grandes mall, rezándole a San Mamon!!!

La posmodernidad

M. Weber nos dice que los reformadores protestantes se convirtieron, de buen o mal grado, en los pioneros de la vida moderna precisamente porque insistían en que la “honestidad es la mejor politica”, que la vida en su totalidad esta cargada de significados morales y que, cualquier cosa que hagamos, en cualquier campo de la vida, tiene una importancia moral; afirma que, de hecho, craron una ética que abarcaba todo y rechazaba tajantemente dejar fuera cualquier aspecto de la vida.

Posmodernidad es un concepto complicado de definir, pero que podría caracterizarse a priori por su fuerte crítica, oposición e, incluso, superación (presunta, según mi modo de ver las cosas) del ambicioso y mayestático proyecto modernista, el cual fracasó en su intento de emancipar a la humanidad y resulta impensable llevarlo a cabo en las condiciones actuales.

Sin embargo, sí resulta cuestionable asumir que vivimos un periodo llamado posmoderno (aunque parece asumible que el paradigma de pensamiento sí lo sea) y que una nueva Ilustración, más sólida y extensa y nada autoritaria, sea posible en el siglo XXI, sí considero que algunas de las características reivindicadas por la posmodernidad son perfectamente compatibles con las ideas libertarias, nacidas de la modernidad.

Su búsqueda del eclecticismo, de la hibridación y de la descentralización, su rechazo a los líderes y a toda suerte de mesianismos y la desconfianza frente a todo gran discurso o ideología, entendidos como sistemas cerrados de ideas plagados de verdades irrefutables, es algo que no tiene por qué resultar ajeno al anarquismo (más bien, éste se adelantó en sus proposiciones a la era actual).

Capitalismo

Sin embargo, es necesario comprender que el pensamiento posmoderno se encuentra insertado en una nueva fase del capitalismo, caracterizado por un consumismo atroz y por un individualismo insolidario y narcisista.

El capitalismo ha atravesado por diversas etapas, resultando su capacidad de regeneración asombrosa (como veremos tras esta presunta crisis, cuyas consecuencias pagan más severamente los de siempre), y es la globalización tal vez la última de ellas (por lo que el pensamiento posmoderno parece suponer una claudicación cultural).

Como ha señalado Fredrich Jameson, la fragmentación que conlleva la posmodernidad, sustentada en la saturación de información y en la complejidad tecnológica, supone la imposibilidad de una representación de la totalidad (transformación, por lo tanto, de la subjetividad).

La posmodernidad critica las corrientes políticas surgidas del proyecto modernista (marxismo, liberalismo, democracia…), y señala su sustrato autoritario y etnocéntrico, pero se muestra más bien inerte, sin ninguna proposición en su rechazo a la idea de progreso o revolución, frente a un sistema politico y económico globalizado, cuyas consecuencias (especialmente, la sociedad tecnológica y mediática, y la cultura de la imagen frente a la profundidad intelectual) analiza asumiéndolas.

La caída del Muro de Berlín (fracaso del socialismo de Estado) pareció consolidar el pensamiento posmoderno, sin contar con las nuevas vías para el socialismo que ya abrió el anti-autoritarismo y el individualismo solidario.

Utopía y progreso son desdeñados con facilidad (incuestionable para mí el segundo a pesar de no observar la historia de manera necesariamente lineal, necesaria la primera como meta de perfección para ensanchar la realidad), por lo que podemos calificar el pensamiento posmoderno con tintes conservadores.

Es rechazable la posmodernidad, que pretende ser según algunos autores como un paso a la tolerancia y a la diversidad, entendida como anti-modernidad, y sí es reivindicable una nueva Ilustración multicultural de características libertarias, donde los derechos humanos sean axiomáticos en cada contexto.

La modernidad poseía un indudable talante disciplinar y autoritario, con su búsqueda de reglas homogéneas, de una voluntad universal y de subordinación total al individuo (control de la subjetividad), pero la posmodernidad no supone una liberación del control social en absoluto.

Control social

El control se logra por otras vías en la sociedad de consumo, por la seducción y la aparente diversificación de la elección individual. Es reinvidicable observar esta situación como una inequívoca forma de control social para la subjetividad, la cual sí podemos considerar que se ve transformada debido al pensamiento posmoderno. No obstante, estas reflexiones acerca de la posmodernidad parecen propias de un mundo desarrollado que asume las desigualdades sociales.

Hay tantos lugares del planeta donde la pobreza es endémica que resulta impensable analizar las premisas de la posmodernidad nada más que como la aspiración de un modelo de desarrollo sustentado en la desigualdad (reflexión que puede entenderse como una crítica en sí al pensamiento posmoderno, elitista y falto de aspiraciones sociales). El desencanto frente a los proyectos políticos es otra característica posmoderna (otra claudicación); el anarquismo concreta su rechazo a la política “democrática” entendida como actividad estatal, que no encubre más que la dominación oligárquica de toda la vida, y realiza su proposición concreta de autogestión social.

Para ser claro, si recordamos que el pensamiento moderno depositó su confianza en los conceptos de evolución y progreso, me niego a considerar que la idea de perfectibilidad en todos los planos de la acción humana, individual y colectiva, se pierdan en una especie de era pesimista en lo global, narcisista y superficial en lo subjetivo, con toda suerte de ambigüedades y exenta de compromiso.

La ética de la posmodernidad

En la posmodernidad, el comportamiento ético correcto, antes único e indivisible, comienza a evaluarse como «razonable desde el punto de vista económico», «estéticamente agradable», «moralmente adecuado». Las acciones pueden ser correctas en un sentido y equivocadas en otro. ¿Qué acción debería medirse conforme a un criterio determinado? Y si se aplican diversos criterios, ¿cuál deberá tener prioridad? La «agenda moral» de nuestros días abunda en asuntos que los estudiosos de temas éticos del pasado apenas tocaron, ya que entonces no se articulaban como parte de la experiencia humana. Basta mencionar, en el plano de la vida cotidiana, los diversos problemas morales que surgen de las novedosas relaciones de pareja, sexualidad y relaciones familiares, notorias por su indeterminación institucional, flexibilidad y fragilidad; o bien la gran cantidad de «tradiciones» que sobreviven, han resucitado o se inventaron, para disputarse la lealtad de los individuos y reclamar autoridad para guiar la conducta. Y, en el trasfondo, el contexto global de la vida contemporánea presenta riesgos de una magnitud insospechada, en verdad catastrófica: genocidios, invasiones, «guerras justas», fundamentalismo de mercado, pogromos, terror de estado o de credo.

Los problemas morales de la posmodernidad

Los problemas morales de hombres y mujeres del mundo posmoderno, antes eran desconocidos o pasaban inadvertidos para generaciones anteriores, asi como antiguos problemas con nuevas facetas.Diversos problemas morales que surgen de la situacion actual en cuenato a relaciones de pareja, sexualidad y relaciones familiares, notorias por su indeterminacion institucional, flexibilidad,mutabilidad y fragilidad.

LA POSTMODERNIDAD

La réplica a la Modernidad viene ya de lejos. Comienza con el Romanticismo, un movimiento que apuesta por la nostalgia ya que no pretende superar al modernismo hacia adelante sino la vuelta a tiempos pasados, la Edad Media.

Es en nuestro siglo cuando la reacción antimodernista va a tomar un cariz más frontal y con cierta notoriedad. Se inicia con el protagonismo de un grupo de escritores, J. Joyce, E. Ionesco, T. Eliot y S. Beckett. El vacío espiritual, el sin sentido, la vulgaridad, la miseria humana, el cambio de una vida del bien-ser por la del bien-estar que nos está proporcionando el vivir moderno, son temas constantes y repetidos en sus diferentes escritos y alegatos.

Numerosos filósofos de esta época describen el mundo moderno como un mundo sin rumbo. E. Mounier declara que su momento histórico coincide con el final de un «ciclo de civilización». Los beneficios de la Modernidad no han compensado los prejuicios.

Vivimos en un mundo en el que «nadie sabe a donde va, se ha confundido la libertad con la insolidaridad con los demás». R. Guardini denuncia que «el hombre moderno está desalojado del centro del ser». Las ciencias intentan continuamente introducirle en categorías mecánicas, biológicas, psicológicas y sociológicas que no le pertenecen. El resultado es claro, «se habla del hombre, pero no se le ve; se va hacia él, pero no se llega; se le encierra en estadísticas, se le enmarca en organizaciones, se le manipula para ciertos fines, pero siempre se asiste a un extraño y grotesco espectáculo cuyo protagonista es un fantasma».

También en la calle está presente la desconfianza y la crítica al mundo moderno. Su manifestación es nueva y provocadora. Hippies, beatniks, provos y, sobre todo, los estudiantes de Paris en el Mayo del 68, son los protagonistas de esta contestación. Coinciden en el desprecio a un mundo que no les gusta, vacío y sin encanto, falto de calor humano, sin referencias. Algunos filósofos jóvenes escriben sobre «la pérdida metafísica de hogar» en la que el hombre moderno se encuentra.

Muchos sociólogos del momento, al hacer análisis descriptivos y comparativos de las encuestas, coinciden en afirmar que, en el ciudadano de cualquier país moderno, pertenezca a uno u otro ámbito político, con muros o sin muros, existe una tremenda desconfianza frente al papel del Estado. Éste no sirve al ciudadano de a pie, más bien, oprime y explota. Se le siente lejano e insensible a los problemas de cada día. Se le teme como controlador por sus reglamentaciones, voraz en sus impuestos. Se le ve como ojo vigilante que le dicta normas, lo que tiene que hacer, pensar y hasta el modo de divertirse.

Hoy la contestación a la Modernidad la protagoniza la Postmodernidad. Este movimiento se ha convertido en un talante de época, ha invadido todos los sectores de vivir y sentir. Todo es y se dice postmoderno aunque lo dicho y su aplicación sean compIetamente distintos.

En lo que coincide toda Postmodernidad es en la crítica y rechazo de la Modernidad. Las raíces de la razón moderna son puestas al descubierto y se detecta que en su racionalidad existe una tremenda irracionalidad; que el fundamento del progreso está viciado; que las esperanzas e ilusiones que propone la época moderna están cimentadas en el engaño.

Este rechazo general tiene modalidades, enfoques y perspectivas muy diferenciadas. Esto hace que sea muy difícil catalogar los movimientos postmodernos. Yo me voy a limitar a describir la Postmodernidad del desencanto o la  post-ilustración de los postmodernos. Es el movimiento de autores como Lyotard, Vattimo, Lipovetski y Rorty entre otros. Dividiré el estudio en tres partes: en la primera, describiré las características de la Modernidad; en la segunda, la crítica que de ella hace la Postmodernidad; y en tercer lugar, el hombre y la sociedad que aparece en la Postmodernidad del Desencanto.

1. Características de la Modernidad

1.1. La razón subjetiva nuevo centro explicativo de la realidad

MODERNIDAD/CATAS:

Con el «cogito ergo sum» de Descartes, la interpretación tradicional del mundo sufre una transformación total. Ya no son como antaño el arjé, ni Dios, los centros donadores de sentido. El nuevo eje, quicio, desde el que se explica la realidad va a ser la razón. Puedo decir que las cosas son porque las pienso y son porque puedo pensarlas. La ley de las cosas es la razón. La razón es la que decide el existir de las cosas.

Hay un nuevo Señor y Legislador: el Pensamiento. Es el dador de sentido, el que pone reglas y orden, el que decide lo que es y lo que no es en las diversas esferas del vivir humano. Para hablar del mundo, de la sociedad, del hombre y de Dios hay que hacerlo desde la racionalidad, ella es la garantía de realidad y el criterio de verdad. Kant va a decirle al hombre moderno: «Atrévete a usar la razón». Es el único modo de salir de la «minoría de edad» en la que el ser humano ha permanecido durante tanto tiempo. «La máxima de pensar por sÍ mismo: eso es la llustración». Toda su investigación filosófica, la crítica a la razón, el análisis de los juicios, están afirmando algo muy sencillo, el noúmeno es incognoscible, el fenómeno sí. El objeto en sí no es objeto de conocimiento sino en cuanto se provee de las condiciones del conocimiento y, como estas condiciones las aporta el sujeto, es éste el que hace que la cosa en sí se convierta en objeto de conocimiento.

1.2. La razón científico-técnica

La razón tiene sus razones y métodos diversos pero una de ellas va a imponerse por encima de todas ellas. La razón moderna por excelencia va a ser la Razón Científico-Técnica. La nueva tarea del hombre moderno es llevar este tipo de razón científico-técnica, como única razón, a todos los campos del pensar y el hacer. Eficacia y utilidad son los símbolos modernos. Planificación, control social, burocracia, significan racionalidad y logro humano.

1.3. El progreso

El hombre pre-moderno pensaba que la historia se sostenía y cobraba sentido en el acto creador e institucional, el fondo fundaba y explicaba el futuro. El hombre moderno, en cambio, defiende que es el futuro el que explica el presente. Todo está por hacer. Concordet dirá:

«Habrá un tiempo en que el sol brillará en una tierra de hombres libres que no tendrán más guía que la razón»,. Esto es el Progreso. Desde esta perspectiva progresista todo cambia. La historia es una historia lineal, de lento pero inexorable  avance. Es una historia de emancipación humana individual y colectiva, de victoria sobre la ignorancia, la enfermedad y todo tipo de explotación. Con un protagonista único, el hombre. El trabajo dirigido por la ciencia será el medio de realización de este progreso. El estado el garante de este desarrollo racional y armónico.

Las discusiones del «cómo» llegar a ello serán interminables y contrarias, principalmente entre las teorías marxistas y las burguesas capitalistas, pero en todos ellos existe la convicción clara del «que se puede». Todos los hombres modernos, sean del signo que sea, se sienten incorporados con entusiasmo a la gran marcha de la Historia.

2. Crítica de la Postmodernidad a la Modernidad

La critica postmoderna va dirigida contra todo aquello que da sentido a la Modernidad, el modelo de razón utilizado, los valores, el tipo de hombre y sociedad que defiende. Pone en solfa los logros materiales alcanzados en esta época.

2.1. Progreso como explotación

PROGRESISMO/CRITICA:

La Modernidad ha vivido en la exaltación y en la mitificación del progreso. Ciertamente, las sociedades modernas, por medio de los adelantos científicos y la planificación económica, han logrado un alto nivel de bienestar pero a costa de la explotación de hombres y países. ¿Qué queda del optimismo histórico del progreso frente a la tremenda crisis económica? ¿Garantizan la ciencia y la tecnología una vida segura en medio de la carrera armementística y los desastres ecológicos e industriales? ¿Qué tiene que decir el ideal de Fraternidad en una situación de guerras mundiales, de campos de exterminio, de racismos Y nacionalismos fundamentalistas?

El hombre moderno ha vivido en el engaño y en el cinismo ya que defendía valores como la justicia, la solidaridad, pero no le importaba traicionarlo todo en función de vender o comprar al precio que fuese. No importaban los medios si se conseguía el fin.

Y la verdad es que el progreso que se defendía no era tan desinteresado, ni la razón tan objetiva. En el fondo, todo era dominación. La razón que pretendía ser la «diosa razón», liberadora del hombre, acaba dominándolo.

La historia no ha tenido el final feliz esperado, ha sido una historia manipulada y manipuladora. El protagonista de esta historia se ha convertido en un sujeto pasivo y alienado, no importa el ser sino el éxito y el triunfo, la apariencia y el poder. El trabajo lo único que ha producido ha sido competencia y paro, abuso y división. El estado ya no es garante del orden sino símbolo de burocracia, nepotismo y  tráfico de influencias.

VALORES/CRISIS:

Nos hemos quedado sin valores. Con una sociedad en la que unos pocos luchan por mantener su saciamiento y otros muchos por alcanzar las migajas sobrantes.

2.2. La razón totalizante

La razón moderna ha sido la culpable de esta situación. De liberadora se ha convertido en la gran enemiga del hombre. Desde ella se ha querido fundamentar todo. Lo que se ha conseguido con esta razón disfrazada de ciencia, ideología y poder es el triunfo de los totalitarismos de todo tipo. Han sido los metarrelatos los que justificaban y legitimaban tal orden de cosas. La razón moderna ha originado el gran discurso monocorde, dogmático e intransigente.

De este tipo de razón hay que librarse. Estamos en un tiempo nuevo, tiempo de pequeños relatos, de contratos temporales, de pequeñas palabras, de discursos débiles, de errar incierto. Frente a la razón legitimadora y objetivadora hay que defender la razón paralógica, plural, local, pequeña y cercana.

AGUILA/GORRION:

La razón moderna se parecía al águila que con su vuelo amplio y magnifico lo ve todo desde lo alto. Es una contemplación totalizante y unitaria ya que todo lo ve en su sitio y relacionado.

La razón postmoderna quiere ser más cotidiana y vulgar pero, a la vez, más cercana y vital. Su símbolo es el gorrión. La vida de un ser pegado a una rama cualquiera en una calle cualquiera y preocupado simplemente con ir tirando de la miga de pan o la simiente que se ha perdido no se sabe como. Vida cutre, pero real y concreta. Nada de transformar la realidad sino aceptarla y vivirla en su presentismo.

3. La sociedad y el hombre postmodernos

Si se les pregunta a los postmodernos sobre el proyecto de hombre y sociedad que presentan, van a decir que eso es volver a caer en el metarrelato y en la palabra con mayúscula. No existe tal definición. Esto no excluye que estudiando sus críticas y deseos aparezca un tipo de hombre y sociedad que resumo en estos puntos.

3.1. Desencanto de la razón

La razón moderna con su defensa de la objetividad, de lo incondicionado y absoluto ha tiranizado la vida. Por eso hay que cambiar el rumbo. Hay que descubrir la subjetividad como guía, la fragmentariedad como criterio. La verdad no es verificación sino algo tan débil como el «Yo, aquí y ahora, digo esto».

El sentimiento y no la razón unilateral debe orientar el tiempo nuevo. Hay que seguir a A. Findielkraut cuando dice: «Vivimos en la hora de los sentimientos; ya no existe verdad ni mentira, estereotipo ni invención, belleza ni fealdad, sino una paleta infinita de placeres, diferentes e iguales. La democracia que implica el acceso de todos a la cultura, se define ahora por el derecho de cada cual a la cultura de su elección». El sentimiento significa expresión, aceptación de pequeñas verdades no por su objetividad sino por consentir.

RAZON/DESENCANTO:

Hay que celebrar el desencanto de la razón moderna. Hay que sacar con alegría el pañuelo y despedir un tiempo de búsqueda orgullosa e infructuosa. Tiene razón Lipovetsky cuando dice: ««Dios ha muerto, las grandes finalidades se apagan, pero a nadie le importa un bledo: esta es la gran novedad».

Se acabó felizmente la búsqueda casi neurótica de la verdad. Nos hemos librado con ello del peligro que significaba la imposición totalitaria del pensador o científico de turno que creía haberla encontrado. Renunciar a las grandes verdades, a las palabras con mayúscula es volver a gozar del politeísmo de experiencias e interpretaciones. Nada ni nadie es imprescindible. Ahora, lo mejor posible.

3.2. La desfundamentación

Los metarrelatos dadores de sentido son falsos. Sólo cabe el vacío, el caos, la dispersión y la falta de fundamento. La Historia con mayúscula es un engaño. Ha sido inventada por los historiadores para justificar y dar coherencia a los  contecimientos.

Solamente existen historias pequeñas y sin rumbo. No hay gran marcha sino vagabundeo, pequeños caminos de seres pequeños que caminan como buenamente pueden. No se sabe hacia donde se camina pero al menos no hay alienación y engaño.

3.3. La estetización general de la vida

Si el pasado no tiene relevancia y el futuro es sombrío lo único que cuenta es el hoy. Fallaron los modernos al sacrificar su presente preparando el futuro. El postmoderno es presentista. Estamos en el tiempo del «ya», del «carpe diem». La Felicidad futura, el Progreso, la Revolución y otros lemas similares son agua pasada.

Como no hay compromiso ni con el pasado ni con el futuro, como no hay vinculación alguna con nada ni con nadie es natural que la ética dé paso a la estética. Se acabaron los compromisos con mayúscula. Nada está prohibido. Hay que transformar los deseos de cambiar el mundo por los de dedicarse a cantar la alegría de vivir «No hay nada que hacer; por tanto, no hagamos nada».

En lo único que vale la pena perder energías es en la realización personal. El culto al cuerpo, el sentirse a gusto en la propia piel, lo guapo, el pasarlo bien, lo novedoso se convierte en algo fundamental.

Estamos en la obsesión por lo personal. La juvenilización, los viajes, las terapias, las dietas, el fin de semana frenético y agotador han sustituido al compromiso y a la preocupación del ser auténtico. Ahora, a vivir. Al otro, que le parta un rayo.

3.4. El individuo fragmentado

Si el sentimiento es lo que priva y la razón es rechazada como dogmática y totalitaria, el individuo postmoderno va a dejarse guiar por la desintegración y la fragm~ntación. Su proyecto vital no obedecerá a una coherencia sino a una conveniencia. Todo debe ser débil. Hay que huir de todo compromiso que pueda engendrar dolor y dependencia. El amor duradero mata al amor. Los compromisos fuertes hacen vulnerables a las personas. El individuo tiene al grupo no el grupo al individuo, cuando aquel no interese, lo mejor es marcharse.

El hombre moderno se identificó con Prometeo, el que robó a los dioses el fuego para entregarlo a los hombres. El fuego nuevo era la ciencia que permitiría al hombre ser dueño del universo. Los existencialistas prefieren a Sísifo. Condenado por los dioses a subir una enorme piedra a la cima de una montaña, veía como la piedra volvía a rodar de nuevo al fondo cada vez que intentaba subirla. De este modo se sentía el europeo de postguerras al reconstruir, una y otra vez, su vida y su casa.

Narciso será el personaje mítico postmoderno. Simboliza la juventud, la felicidad inmediata, la vida a tope. ¿Para qué soñar futuros vanos y subir esfuerzos que son fracasos? Dejemos la piedra en su sitio, que se queden los dioses con su fuego Y que nos dejen vivir en paz.

3.5. Religiosidad a la carta

Una de las características de la Modernidad era el olvido, la muerte de Dios. El hombre se bastaba a sí mismo. Frente a la Providencia pondría la producción; frente a la oración, el trabajo. La Postmodernidad, en su oposición a la Modernidad va a defender el retorno de lo religioso de una manera ostentosa, pero especial. En las librerías postmodernas van a alternarse los libros sobre el cuidado personal, las técnicas sexuales, los amuletos, las pócimas, los calendarios astrales, barajas adivinatorias, santos protectores. Las viejas estampas con la tela tocada por alguien especial van a combinarse con piedras extraídas de lugares telúricos y fundamentales. Cualquier hierba es perfectamente combinable con el incienso. Es época de sectas, de adoraciones, de experiencias pseudo-místicas.

Y es que el Dios que defiende el Postmodernismo está en consonancia con su sentido narcisista. Es un «Dios débil» en una religión descafeinada. La religión para el Narciso postmoderno es defendida no por Dios sino por él mismo, significa relajación, experiencia de otros mundos para el propio yo. Lo sagrado es vivido como problemático, misterioso, fascinante, algo «guay». Dios, por otra parte, es algo cálido y emotivo, y eso interesa.

Un Dios así no es exigente, sino confortable, a la medida, a la carta. Es un Dios de bolsillo que ni compromete ni exige.

Las obras de la carne:

Ya no vivamos mas según “la Carne”, sino que vivamos de ahora en mas, segun el Espiritu de Dios. Si tuviera que explicar los efectos de la posmodernidad actual sin conocer prácticamente nada de filosofía, citaria los pasajes bíbilicos del apostol Pablo en Gálatas. No puedo negar que cada día de nuestro vivir tendremos una constante lucha en contra de los deseos de la carne. Y es que cuando venimos a Cristo nuestro espíritu se renueva, pero nuestra carne sigue siendo la misma, sintiendo los mismos deseos de antes, con la diferencia que ahora ya no vivimos para satisfacerla, sino para agradar a Dios.

Al leer la carta a los Romanos, pablo nos da una cátedra sobre morir a la carne para vivir en el Espíritu, el comienza diciendo:

  • “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 8:1).

Y es que es definitivo, los que estamos en Cristo no tendríamos que andar conforme a la carne, sino conforme al Espíritu, pero del dicho al hecho hay un gran trecho. Por naturaleza nosotros somos orientados a buscar el pecado; aquella naturaleza pecadora que un día heredamos hará que sintamos cada día de nuestra vida el deseo de ir en busca de satisfacer los deseos carnales de todo tipo. Pero ahora el Espíritu Santo que mora en nosotros nos redarguye, nos hace ver que ya no vivimos obedeciendo a la carne y siendo esclavos del pecado, sino que ahora hemos sido LIBRES porque donde esta el Espíritu de Dios, allí hay libertad.

Ahora bien, Pablo nos da algunos parámetros para que nos autoanalicemos y evaluemos cual esta siendo nuestro caminar, en Romanos 8: 5 escribe:

  • “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu”.

Ante esto la pregunta seria: ¿Qué clase de pensamientos hay en tu mente?, ¿Estaremos pensando en las cosas del Espíritu ó será que las cosas de la carne se están apoderando de nuestros pensamientos?

Luego el mismo Apóstol remata la frase diciendo: “y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios” (Ro. 8:8), no hay forma de refutar esta frase, la Palabra de Dios es clara, no podemos tratar de agradar a Dios mientras queramos agradar a los deseos de la carne. Debemos pararnos firmes y decidir de una vez por todas tratar de agradar a Dios, no podemos estar llevando una doble vida, tratando de agradar a Dios cuando nosotros queramos, y cuando no lo queramos agradar o satisfacer los deseos de nuestra carne.

Muchos hoy en día quieren manipular a Dios, viviendo una vida desordenada satisfaciendo los deseos carnales y creyendo que eso “no es malo” delante de los ojos de Dios, pero yo te pregunto: ¿Quién te constituyo juez como para decretar que es lo malo y que es lo bueno?, ¿Por qué no vas a la Palabra de Dios y te guías por medio de ella?, si la Palabra de Dios dice que el que vive según la carne no puede agradar a Dios, es porque es ASÍ, no le des vuelta al asunto, no quieras sacar una excusa, no hay forma para excusarte de algo que Dios dijo.

Y por si aun no ha quedado claro el Apóstol Pablo escribe el Romanos 8: 12 al 14 de la siguiente manera:

  • “Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios”.

Ante estas frases surge la pregunta: ¿Estaremos siendo hijos de Dios?, ser hijo de Dios es permitir que el Espíritu de Dios nos guié, permitir que el Espíritu Santo nos redarguya y que nos lleve hacia toda verdad. ¿Estaremos permitiendo que nos guíe hacia toda verdad ó estaremos engañándonos obedeciendo a medias?

Amados, la voluntad de Dios es que podamos ser fieles a El, yo estoy consiente que con escritos como este no me haré popular entre los lectores, pero no podemos estar viviendo equivocadamente, mas cuando los tiempos son malos y la venida del Señor se acerca. Yo podría dedicarme solo a escribir temas de animo y fortaleza, pero es necesario también que comprendamos que la base de mantener una vida firme y fortalecida es mantener una verdadera comunión con el Señor, no jugando a ser de doble o triple cara, sino alejándonos del pecado y consagrándonos al Señor, en pocas palabras no viviendo según la carne, sino según el Espíritu.

Para respaldarme en esto que escribo, leamos lo que Pablo les escribe para terminar esta parte: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos”. (Ro. 8: 26, 27)

¿Se dan cuenta como es importante andar en conforme al Espíritu para que nos ayude en la debilidad?, sin lugar a dudas debemos analizar nuestro andar y ser sinceros en reconocer que si en algo estamos fallando debemos de tratar de mejorarlo, no podemos pasarnos la vida cristiana satisfaciendo los deseos engañosos de la carne como antes lo hacíamos cuando estábamos lejos del Señor o no lo conocíamos, mas ahora que lo conocemos, mas ahora que somos llamados hijos de Dios, debemos ser diferentes y andar ya no conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

Dios quiere que cada uno de nosotros lo busquemos con un corazón sincero, con un corazón humilde, reconociendo nuestras debilidad y nuestra necesidad de El, rindámonos cada día a El, acerquémonos y aprendamos cada día acerca de su Palabra, cultivemos una vida de oración y sobre todo que en nuestro corazón halla un ferviente anhelo de agradarlo en TODO lo que hagamos.

Conclucion:

No permitamos que la posmodernidad nos siga afectando.  Ya no vivamos según la carne, comencemos a dar pasos de fe viviendo según el Espíritu porque eso es lo que Dios quiere de nosotros.

–————–

Bibliografia

Un comentario en “Posmodernidad

Deja un comentario y a la mayor brevedad le responderé.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s