La centralidad de la Palabra de Dios en nuestra vida


La centralidad de la Palabra de Dios en nuestra vida

Autor: Marcelo Sanchez Avila

La centralidad de la Palabra de Dios en nuestra vidaHoy predicó en la IPNA El Renuevo de El Belloto mi gran amigo Andy, en su exposición nos habla de la situación de muchas iglesias hoy: “cultos centradas en las alabanzas, testimonios, emocionalismo dejando relegada la exposición de la Palabra”.

“Recordemos que rechazar la instrucción de la Biblia no es rechazar a los hombres sino a Dios mismo” es el llamado que Andrés nos hace en esta predicación.

Recién pasada la fecha en la cual recordamos la reforma protestante del siglo XVI quiero recordar una de su banderas: SOLO ESCRITURA, y quiero hacerlo porque creo que dentro del mundo cristiano evangélico hay muchas veces una fuerte despreocupación por la Palabra de Dios, despreocupación causada por la falta de conocimiento. Me refiero a que hoy en día las reuniones de adoración a Dios (y con esto quiero decir todo tipo de reunión de iglesia pues todas éstas deben buscar adorar y glorificar a Dios) están centradas en las alabanzas, testimonios, emocionalismo dejando relegada la exposición de la Palabra (si es que la hay) a un tiempo muy reducido, y por lo general los sermones hablan más de experiencias personales que de lo que nos dice el Señor.

Cantamos canciones que dicen cosas como “quiero escuchar tu dulce voz”, “quiero estar en tu presencia”, “lléname de ti”, “enséñame”, “me encontraré contigo”, “tengo hambre de ti”, etc., pero dejamos relegado el sermón, el momento de escuchar la Palabra de Dios, el momento de escuchar a Dios mismo a un breve tiempo. También hemos visto como el texto bíblico se convierte en un pretexto para decir algo. Se leen unos cuantos versículos y de ahí se comienza a hablar más de experiencia personales que de la Palabra de Dios, o tomamos fábulas y adagios populares para sacar lecciones.

Entonces no se cómo los cristianos de hoy queremos escuchar la voz del Señor, llenarnos de El, ser enseñados por el Señor, buscar su rostro si no vamos a la fuente primaria de todo conocimiento respecto del Creador que es la BIBLIA. No dudo de que las intenciones de los creyentes sean buenas al hacer esto en sus cultos y reuniones, pero las intenciones no son lo primordial ni lo único que mira el Señor como muchas veces creemos y se enseña. Si tiene dudas respecto de esto lea el caso de los hijos de Aaron (Nadab y Abiu) en Levítico 10, y el caso de Uza en 2ª de Samuel 6. Muy claramente nos habla el Señor sobre las consecuencias por la falta de conocimiento en Oseas 4: 6: “Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento. Por cuanto tu haz rechazado el conocimiento yo también te rechazaré para que no seas mi sacerdote; como has olvidado la ley de tu Dios, yo también me olvidaré de tus hijos” (versión La Biblia de las Américas)

Lamentablemente el tiempo del sermón también es utilizado por muchos hermanos jóvenes, niños y adultos para conversar sentándonos lo más atrás posible para que nadie se de cuenta, salir de los culto a hacer otra cosa, hablar por teléfono, tomar aire, ir a comprar, alimentar al bebé, ir al baño, etc., dejando de manifiesto con esta actitud que no entendemos que significa este tiempo, o peor aun que poco nos importa lo que Dios nos quiere decir.

Es por todo lo mencionado anteriormente que quiero centrarme en esta bandera que levantaron los reformadores: “SOLO ESCRITURA” en el sentido de que ella “es la única regla de fe y conducta”, por lo que debe ser central en la vida del creyente, en todo servicio a Dios, sean estos escuelas dominicales, cultos, reuniones de jóvenes, señoras, varones, niños, oración, etc. Debemos desearla en nuestra vida. El Señor nos dice en 1ª de Pedro 2:2: “desead como niños recién nacidos, la leche pura de la palabra, para que por ella crezcáis para salvación”. La Palabra de Dios debe ser central es nuestro actuar en la sociedad, y central es nuestra vida individual, pues es Dios mismo hablándonos.

LA PALABRA DEBE ESTAR PRESENTE SIEMPRE

En Deuteronomio 6: 1-9 Dios nos enseña que su Palabra debe ser meditada continuamente, entendida en el corazón para que su obediencia no sea un legalismo formal, sino una respuesta basada en el entender; debía ser tema de conversación dentro y fuera del hogar todo el día en cualquier horario.

Lamentablemente el obedecer a Dios, gracias a la falta de conocimiento, se ha convertido en muchos casos en una obligación onerosa, el congregarse en religiosidad, el servicio en molestia. El evangelio que debe hacernos libres ha sido convertido en un conjunto de reglas que nos amarra a cumplir ciertos rituales, a vestirnos de cierto modo, a hacer solo ciertas cosas. O sea por falta de conocimiento de la Palabra de Dios, por no meditar los preceptos del Señor, por no entenderlos, dicho en palabras más fuertes, por DESPRECIAR LA LEY DE DIOS ha entrado la religiosidad, y por lo tanto la obediencia a Dios se ha convertido en un legalismo formal sin sentido bíblico.

La predicación no debe ser rechazada ni dejada de lado, siempre debe ser central en nuestros cultos de adoración y en nuestra vida. El Señor en 1ª a los Tesalonicenses 5:19-21 nos dice: “No apaguéis el Espíritu, no menospreciéis las profecías, antes bien, examinadlo todo cuidadosamente, retened lo bueno”, y en 1ª a los Tesalonicenses 4:8 nos enseña que: “Por consiguiente, el que rechaza esto no rechaza al hombre, sino al Dios que os da su Espíritu Santo”. En otras palabras rechazar la instrucción de la Palabra de Dios es rechazar a Dios mismo.

CONCECUENCIAS POR DEJAR LA PALABRA DE LADO

Dios a través del profeta Amos nos habla de las dramáticas consecuencias de dejar la Palabra de lado. Amos 5:7 y 6:12 nos dicen respectivamente: “Consuma a los que convierten el juicio en ajenjo y echan por tierra la justicia” y “¿Corren los caballos por la peña? ¿Se ara en ella con bueyes? Pues vosotros habéis convertido el derecho en veneno y el fruto de justicia en amargura”. O sea era tan corrupta la justicia en el pueblo de Dios que era amarga como el ajenjo, y era tan absurda la administración de ésta que el Señor la compara a intentar correr sobre las rocas o tratar de arar con bueyes sobre éstas. Amos 2:4 nos dice por qué el pueblo llegó a este punto: “Así dice el Señor: Por tres transgresiones de Judá, y por cuatro, no revocaré su castigo, porque desecharon la ley del Señor y no guardaron sus estatutos; también les han hecho errar sus mentiras, tras las cuales anduvieron sus padres”. En los capítulos 1 y 2 hasta el versículo 3 está el juicio y castigo de Dios sobre las naciones. Sin embargo las naciones son juzgadas por pecar contra la ley de Dios escrita en sus corazones y conciencia, mientras que Israel y Judá son juzgados y castigados por pecar contra la ley revelada y escrita de Dios: desecharon la ley del Señor y no guardaron sus estatutos.

Las consecuencias por desobedecer la ley de Dios, por despreciar la instrucción, por desechar la Palabra de Dios trastornan todos los ámbitos de la vida del hombre. Encontramos:

· Inmoralidad: Padre e hijo con la misma mujer. Amos 2:7
· Opresión y abuso: A los pobres y menesterosos. Amos 5:11
· Indolencia: Insensibilidad ante el sufrimiento. Amos 4:1
· Ofrendas mecánicas: Conformidad con el ritual. Amos 4:4-5
· Desprecio ante la corrección: Amos 5:10

Hermanos, no es necesario llegar a este extremos para darnos cuenta que estamos despreciando la Palabra de Dios. Sólo el hecho de no querer escuchar una exhortación, o en el momento de la prédica salir del culto a hacer cualquier otra cosa, estar conversando a la hora del sermón, tener un culto de 2 horas con un breve tiempo de exposición cuando ya los hermanos están todos cansados, sentarnos al fondo del templo o lo mas atrás posible cuando estamos en el campamento para que no me vean conversar, es despreciar la Palabra de Dios; es despreciar a Dios mismo.

El cántico más extenso del salterio, el cántico de alabanza más largo que aparece en la Biblia está dedicado a la EXCELENCIA DE LA LEY DE DIOS: El Salmo 119

Finalmente en Hebreos 2: 1-4 dice “Por Tanto, debemos prestar mucha mayor atención a lo que hemos oído, no sea que nos desviemos. Porque si la palabra hablada por medio de ángeles resultó ser inmutable, y toda transgresión y desobediencia recibió una justa retribución. ¿Cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande? La cual, después que fue anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que la oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, tanto por señales como por prodigios, y por diversos milagros y por dones del Espíritu Santo según su propia voluntad”

Cada uno debe asegurar con firmeza la verdad del evangelio en su vida. Debe prestar mucha atención a estos asuntos serios de la fe cristiana. Los cristianos apáticos y despreocupados de la Palabra corren gran peligro de naufragar en su vida espiritual.

Hermanos, no saldremos inocentes si somos negligentes o desobedientes al mensaje de Dios, si tenemos en menos la Palabra, la ley, los estatutos, los mandamientos. Démosle el lugar que debe tener a la exposición de la Palabra de Dios, démosle el lugar que debe tener también en nuestra vida. Recordemos que rechazar la instrucción de la Biblia, no es rechazar a los hombres sino a Dios mismo.

Fuente:

La centralidad de la Palabra de Dios en nuestra vida

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