El Cristiano Light


El Cristiano Light

En enero del 2001 falleció en Montevideo Luis Pérez Aguirre, Jesuita en serio, enérgico defensor de los Derechos Humanos y autor de excelentes libros como “La Iglesia Increíble”.

“Porque Dios no nos dio un espíritu
de timidez, sino un espíritu de
fortaleza, de amor y de buen juicio”
(2ª Carta de Pablo a Timoteo 1:7)

Al igual que en la elaboración de ciertos productos, como el tabaco, o algunas bebidas, o ciertos alimentos que se tipifican como “light”, es decir, livianos o atemperados en su potencia, o en sus efectos, debería preocuparnos un cierto tipo de cristianos y cristianas que se han ido convirtiendo en estos últimos tiempos en lo que podríamos clasificar, según esa categoría, como “cristianos light”.

Tienen un perfil psicológico y espiritual muy particular. Se trata de personas que se autodefinen como cristianas, que están relativamente bien informadas, pero con escasa adecuación de su conocimiento teológico a su nivel de formación profesional. Son personas muy pragmáticas, abiertas a diversos campos de interés cultural, político, artístico, etc. pero con dificultad para trascender lo epidérmico del compromiso. Generalmente evitan hacer una síntesis inteligente del bagaje de conocimientos que manejan y ello les trae como consecuencia el estructurarse como sujetos triviales, ligeros, con poca consistencia, en muchas ocasiones frívolos, inclinados a aceptar fácilmente lo que se les impone y actuando en consecuencia, es decir, sin conductas asentadas en criterios cristianos sólidos. Es un tipo de personas que tiende a tornar todo a su alrededor un poco volátil, etéreo, liviano… banal, permisivo.

Viven una especie de evangelio también “light” o “descafeinado”. Un evangelio que no es sal ni fermento en la sociedad. Que se ha tornado insulso, incapaz de otorgar sabor… En palabras del Nazareno, que sólo sirve para ser echado a la basura o para que lo pise la gente (Mateo 5:13). Han convertido al eu-angelion (buena noticia) en un dys-angelion (mala noticia). Por el bautismo creen que la fe les convirtió en privilegiados, cuando en realidad en el cristianismo todo es responsabilidad y no privilegio. Porque esa fe que tienen no es para que se salven ellos, sino para que les sirva como fermento, como algo a comunicar a los demás. Como una buena noticia ante las grandes preguntas (sobre la vida, la muerte, si amar vale la pena, si el malvado tiene la última palabra, etc.) que hoy se hace la gente.

Son cristianos que han visto en poco tiempo tantos cambios en la Iglesia y en la sociedad, y tan rápidos, que empiezan a perder las referencias, a no saber a qué atenerse. No pocos se organizan en función del “entonces todo vale”, o “qué más da”. No han abandonado una práctica de vida cristiana a nivel parroquial o en algún movimiento de Iglesia, pero ella no es ni muy exigente aunque tampoco reducida a la mera práctica intimista. No reconocen la indiscutible novedad y la perenne desinstalación que supone el evangelio. Desgraciadamente han sido poco atentos a aquello que el profeta escribió de la Iglesia de Laodicea: “Conozco tus obras y no eres ni frío ni caliente. Ojalá fueras frío o caliente, pero como estás tibio y no eres ni frío ni caliente he de vomitarte de mi boca” (Apocalipsis 3:15.16). Es el tipo de cristianos típicamente tibios que creen estar en el justo medio; creen no haber caído en los extremos; piensan que son prudentes, sabios, inteligentes. Sin embargo son sólo tibios, indecisos, pasivos espectadores de la historia. Se han convertido, sin caer en la cuenta, en el vómito de Dios. Habría que recordarles que es a la luz de ese texto revelado que deberían intentar actuar de más en más en nuestra Iglesia…”

Estos cristianos “light” son por lo general buenos profesionales en su área específica, conocen bien la tarea que llevan entre manos, pero tienen dificultad para anunciar su buena noticia dentro de ese contexto. Flotan un poco a la deriva, sin actitudes claras y su entorno va haciendo de ellos unos seres superficiales, indiferentes, permisivos, en quienes va anidando poco a poco un gran vacío de convicciones.

Ante las grandes transformaciones padecidas por la sociedad en las últimas épocas, como el mayo del 68, las luchas revolucionarias, la caída del muro de Berlín, las luchas por los derechos humanos, etc. se plantaron con sorpresa al principio y luego en lugar de movilizarse optando por las exigencias de la justicia, cayeron en una progresiva indiferencia y hasta en la necesidad de justificarse como ante una inevitable necesidad de aceptar lo fáctico. Como estáticos ante algo que está ahí y ante lo que no puede hacer nada.

Con los testimonios de aquellos grandes cristianos contemporáneos, como un Luther King, un Dom Helder Camara, Monseñor Romero, etc. no han sabido qué hacer. No prosperaron en ellos, como era de esperar, ni la solidaridad ni la colaboración, sino más bien una tanquilidad estética, el descompromiso, la desvinculación de casi todo lo heroico que les rodea. En el cristiano “light” no hay entusiasmos desmedidos ni están para heroísmos. Su cristianismo “descafeinado” es una síntesis insulsa que transita en lo que podríamos llamar “la banda media” de la Iglesia y la sociedad (alegóricamente, como venimos diciendo, son representativos de las comidas sin calorías, sin grasas, sin excitantes…, todo suave, liviano, sin riesgos y con la seguridad garantida por delante). Un cristiano así no dejará seguramente ninguna huella. Pasará sin pena ni gloria. ¡Y pensar que había sido elegido para anunciar el Reino como el Nazareno! En su vida ya no caben las rebeliones y ha domesticado su moral hasta convertirla en una ética de reglas de urbanidad, cuando no en una estética ajustada a tradiciones. Una suerte de ideal aséptico es su trabajada utopía.

El cristiano “light” no tiene referentes serios, movilizadores. Ha perdido o no ha querido tener un punto de mira un poco más alto de lo que los medios masivos de comunicación le presentan. Está, como cualquier mortal, cada vez más perdido ante los grandes interrogantes de la existencia. Esto se traduce en cosas concretas y cotidianas de su vida, que van desde no poder asumir un compromiso estable y duradero hasta el caer en una cierta indiferencia, o una confusión de convicciones. Los retos y los esfuerzos ya no apuntan hacia la construcción del Reino anunciado por Jesús, sino a garantizarse un futuro sin sobresaltos. Es un tipo de cristiano, como decía Bernanos, “capaz de instalarse cómodamente incluso bajo la cruz de Cristo”. Diría que el problema fundamental ante este tipo de cristianos no es el ateísmo, cuanto la idolatría, es decir, no tanto cuánta fe en Dios tienen, sino en qué Dios creen. No por casualidad este fue el problema fundamental también para Jesús: por revelarnos un Dios insospechadamente parcial hacia los despreciados en un mundo estructurado por el poder como negación de los derechos de Dios y de los pobres, fue considerado blasfemo y ajusticiado.

En términos cristianos, Jesús fue un anti “light”. Exigió encarar la conversión a Dios, el cambio de vida y las actitudes éticas y religiosas desde su raíz. Así fue percibido por la clase gobernante y sacerdotal, y también por sus discípulos. Para sus parientes esto era un preocupante síntoma de locura (Mc3:21). No es de extrañar entonces que su actitud nada “light” le haya costado la vida.

Dejó claro que quien quiera seguirle debe no puede ser “light”. El seguimiento debe ser la opción fundamental, por sobre la de los padres, los hijos y la propia vida (Mt10:37-39). Cualquier bien, cualquier valor ha de ser sacrificado cuando se hace incompatible con esta opción (Mt18:8), a semejanza del que vende todo lo que tiene para adquirir una perla preciosa o un tesoro escondido (Mt13:44-46). La opción del cristiano es un compromiso tal que elimina el falso equilibrio del “servicio a dos señores” (Mt6:24; Lc12:21, 34).

La puerta que lleva a su Reino, no es ancha ni “equilibrada” como pueden pretender los cristianos “light”, sino estrecha (Mt7:13). Los que le siguen deben estar dispuestos a no tener donde reclinar su cabeza, deben romper con los compromisos mundanos, y una vez en marcha no deben siquiera mirar atrás (Lc9:57-62). Toda ganancia temporal no aprovecha de nada si nos separa de El (Mt16:25-26).

Jesús no oculta la violencia que habrá de hacerse el cristiano para seguirlo (Mt11:12), por un camino de amor y sed de justicia cuya consecuencia será la cruz (Mt16:21-24; Mt17:15). Llega hasta pedir a los que se bautizan que nazcan de nuevo (Jn 3:3), que se “hagan como niños” (Mt18:4) y que “ocupen el último lugar” (Mt20:26), después de haber “perdido y triturado su vida como el grano de trigo (Jn12:24-26).

Esta opción nada “light”, sin buscarlo, llevará a conflictos y tensiones, consecuencia lógica de la reacción que causa una fidelidad absoluta al Evangelio. Por eso el cristiano será objeto de odio (Mt10:22-25; Mt18:21; Jn15:19-25; Jn16:1), y de división (Mt10:34-35) como Jesús mismo fue objeto de odio y división, signo de contradicción (Lc2:34; Jn7:12-13). Frente a El es imposible mantener prudencia o indefinición, pues se está con El o contra El (Lc11:23).

La oposición del Evangelio al compromiso “light” está condensada en su ideal de felicidad, opuesta a la falsa dicha, según las bienaventuranzas de San Lucas (6:20-26). En contraste con las categorías “light” de la sensatez y del equilibrio mundano, los ricos, los satisfechos y los “bien considerados” son descalificados por el Nazareno. En cambio, los que para El están en la línea del equilibrio evangélico son los pobres, los hambrientos, los sufrientes, los expulsados, insultados y mal vistos a causa de su opción cristiana (Lc6:23).

Igual falta de mesura muestra Jesús de cara a ciertas exigencias que considera específicamente evangélicas. El amor fraterno que reclama no es solamente la actitud “sensata” y “honesta” de los buenos sentimientos y relaciones humanas “light”. Para El somos iguales a los “paganos”, que siguen esta ética “light”, si no llegamos a perdonar las ofensas “setenta veces siete” (Mt5:22), si no aprendemos a no juzgar (Mt7:1) y a amar y perdonar a los enemigos y a los que nos perjudican (Mt5:37-48) (Mt6:14). Más aún, exige optar por los débiles y pequeños (Mt 5:40).

La fe que Jesús exige no es la de los “sabios y prudentes” (Mt11:25). Debe hacernos capaces de empresas sobrehumanas (Mt14:25ss); bastaría “un grano de esta fe para trasladar las montañas” (Mt17:20; Mt21:21).

De cara a la verdad, Jesús es igualmente absoluto. Su fidelidad a esta verdad lo llevó al enfrentamiento final con el poder establecido, y a la muerte (Mt26:64; Mt23:11; Lc22:67ss; Jn18:35ss). En su entrega a la causa de la verdad, Jesús será radical en su crítica a la hipocresía, a la exterioridad (Mc7:3-13) y a toda forma de fariseismo (Mt23:1ss; Mc2:27; Mt9:14; 11:16; 12:1ss; 15:7-11; 13:24).

Esta criteriología evangélica, se aparta de los criterios del equilibrio mundano. Los que aparecen últimos serán primeros y los primeros para el mundo, los últimos (Mt19:30; Mt20:12-15). Así, las prostitutas precederán en el Reino a muchos “bienpensantes” (Mt21:31), la fe de los pecadores vale más que la religión puramente exterior (Lc7:36ss), el óbolo de una pobre viuda tiene más valor que las dádivas de los opulentos (Mc12:41-44) y la penitencia del publicano pecador justifica más que la suficiencia del fariseo practicante (1c 18:9). La caridad llevada al extremo (Jn13:1), la búsqueda del último lugar (Mt3:14), la renuncia radical al poder y a la violencia (Mt26:51; 27:12; 27:40-44; 4:1ss; Mc14:61; 15:5; Jn18:22) tienen su mejor encarnación en la actitud de Jesús al entregar su vida por los demás (Jn10:15-18; 13:1).

El problema fundamental para los cristianos “light” es que terminan por aceptar como natural un evangelio “descafeinado” y un sistema económico y social insolidario. Y esto es colaborar con la maldad inserta en ellos. Luther King decía que hay tanta obligación moral en la no cooperación con el mal cuanto en la cooperación con el bien. El cristianismo nos recuerda que cada persona es la guardiana de su hermano. El aceptar la injusticia pasivamente equivale a dar justificación moral a las acciones del malo; es una manera de dejar dormir su conciencia. Habría que recordarles con Albert Camus que “la verdadera desesperanza no nace ante una obstinada adversidad, ni en el agotamiento de una lucha desigual. Proviene de que no se perciben más las razones para luchar e, incluso, de que no se sepa si hay que luchar”.

Notas

Mc: abrevaitura de Macabeos, un libro no canonico de los judios antes de Cristo

Fuente:

Este artículo, fue citado originalmente como un sentido homenaje a su persona y a su compromiso con lo humano

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