¿Qué es el Día del Señor?


¿Qué es el día del Señor?

El “Día del Señor” – La Expresión

Esta expresión tiene dos significados en la Biblia:

#1 El día en la cual Dios se manifestará visiblemente en la tierra para salvar a su pueblo y castigar a los que no aceptaron el evangelio. 2 Pedro 3:10

#2 El séptimo día de la semana dedicado completamente a la adoración de Dios. Éxodo 20:8-10

Como en este tema vamos a hablar solamente de la última definición mencionada, voy a proceder a ampliar dicho significado.

Desde la creación, cuando el pecado no existía, Dios santificó (apartó) el día séptimo para uso sagrado. En otras palabras, para solamente adorarlo a él porque él es nuestro creador. En ese día, no podemos hacer nada que sea para uso personal como ir a la playa, jugar deportes, ir a la universidad, ir a trabajar, etc.

En resumen, se le llama “día del Señor porque pertenece completamente a Dios y no a usted.

Éxodo 20:9-10 Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; Mas el séptimo día será reposo para Jehová tu Dios: no hagas en él obra alguna…

Ya que hemos quedado claro en cuanto a lo que significa “el día del Señor” vamos a proceder a analizar lo que muchos creen que ha sido el apoyo Bíblico del domingo como “día del Señor”.

#1 Que Jesús se levantó de entre los muertos el primer día de la semana. Juan 20:1.

Esto es una mera excusa que no tiene validez. En ninguna parte de este versículo se dice que el domingo es para adorar a Dios. Tampoco, en ninguna parte de este versículo dice que no debemos hacer obra alguna; cuyo requisito es esencial en el día del Señor.

Este versículo solamente nos habla de un evento que ocurrió por casualidad en el “primer día” de la semana, “la resurrección”. No niego que el evento haya ocurrido sino que profundamente refuto que este evento clasifique el primer día de la semana como el “día del Señor”.

Esta excusa fue inicialmente inventada por la Iglesia Católica para poder apoyar el día pagano en la cual su originador Constantino adoraba al “dios sol”.

Jesús murió un viernes. Pienso que este día es mucho más importante que el domingo puesto que él murió por nosotros en ese día. Sin embargo, no veo a nadie diciendo que el viernes es el “día del señor”. Esto se debe a que el problema no es esclarecer cual es el día del Señor sino defender a todo costo el día pagano que fue establecido por Roma.

#2 Que Jesús se apareció a diez de Sus discípulos en el primer día de la semana.  Juan 20:19.

A este versículo le aplico la misma respuesta anterior en la #1. Añado que Jesús resucito el “primer día” de la semana y que por lo tanto ese fuel él día que apareció a sus discípulos. Si Jesús hubiera resucitado cualquier otro día también ese hubiera sido el día que aparecería a sus discípulos. Los que usan este versículo como pretexto están queriendo insinuar que Jesús apareció a sus discípulos en ese día porque supuestamente es el “día del Señor”; cosa que no dice ninguna parte de este versículo. Jesús no solamente apareció en ese día a sus discípulos sino que apareció por los siguientes 40 días consecutivamente. ¿Qué? ¿También son los 40 días consecutivos días del Señor? ¿O solamente elegimos el que más nos gusta?

Hechos 1:3 A los cuales, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoles por cuarenta días, y hablándoles del reino de Dios.

#3 Que Jesús aguardó una semana, y que al siguiente primer día de la semana apareció a los once. Juan 20:26.

El que utiliza este versículo está confundido. Una semana consiste de 7 días. El Versículo dice 8 días después del “primer día” en que resucitó. Esto es lunes, no domingo. ¿Es el lunes “el día del Señor” porque apareció nuevamente en ese día?

#4 Que la promesa de la venida del Espíritu Santo se cumplió en el primer día de la semana, el día de Pentecostés, que de acuerdo con la ley vino a ser al primer día de la semana. Levíticos 23:16.

Nuevamente, cito las dos respuestas que ya he explicado, en adición, añado que la fiesta del pentecostés es una fiesta de 50 días (7 semanas + 1 día) que culminaba el domingo. Nuevamente, los que usan este versículo simplemente utilizan un solo evento de los 50 días. ¿Ignoramos los eventos que ocurren en los demás días? Este es un evento que se repite cada año en el mes primero del calendario hebreo. Empieza el 14 y se extiende por 50 días.

#5 Que en este primer día de la semana fue predicado, por boca del apóstol Pedro, el primer sermón evangélico sobre la muerte y resurrección de Jesús. Hechos 2:14.

En el Antiguo Testamento se simbolizaba la muerte del Mesías desde el 14 al 16 del primer mes hebreo, Nisán; lo que daba inicio a los 50 días de pentecostés. Cuando Jesús murió dando cumplimiento a la profecía, a los 50 dias, se culminó el primer pentecostés real y no simbólico. En ninguna parte de este versículo se establece que el domingo es el “día del Señor”. Mucho menos, en ninguna parte se sugiere que “todos los domingos del año” sean un día especial, sino, solamente un solo domingo que es el día número 50, comenzando desde la pascua del cordero que simbolizaba la muerte de Jesús.

#6 Que en este primer día de la semana los tres mil convertidos fueron unidos a la primera \”ecclesia\” del Nuevo Testamento. Hechos 2:41.

Esto es una gran mentira, ya la iglesia cristiana existía antes de Jesús morir. ¿No eran cristianos los seguidores de Jesús? En dos ocasiones, Jesús mismo predicó a más de 4 mil personas y les dio de comer.

#7 Que en este primer día de la semana se administró por primera vez el bautismo cristiano, en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Hechos 2:41.

Otra gran mentira. Este no fue el primer bautismo. Ya Juan venia bautizando a cientos de personas mucho antes de la muerte de Jesús. Juan también bautizó al mismo Jesús. Esto complementa la respuesta anterior. La iglesia ya existía y sus miembros eran bautizados. El nombre del Padre, Hijo y Espiritu Santo es simplemente el nombre de Dios. Este es el mismo Dios la cual en su nombre también eran bautizados por Juan.

#8 Que en Troas los cristianos se reunían para adorar en el primer día de la semana. Hechos 20:7.

En ninguna parte de este versículo dice que “los cristianos se reunían para adorar”. Claramente el versículo anterior dice que “los discípulos” después de haber hecho un viaje de 5 días después de haber concluido el pentecostés, ellos estaban partiendo el pan durante una cena; la cual Pablo utilizó el momento para compartir la palabra y se extendió hasta la media noche. Bíblicamente hablando, esto ocurrió en la noche del día domingo la cual es oficialmente “lunes”. En la Biblia, los días comienzan en el atardecer del día anterior. ¿Es el lunes el “día del Señor”? Partir el pan y hablar de la palabra de Dios no merita que el día es “el día del Señor”. Esto se puede hacer cualquier día.

#9 Que en Troas, Pablo predicó a los creyentes congregados en el primer día de la semana. Hechos 20:6 – 7.

Esto es lo mismo que la respuesta anterior. Pablo, junto con los discípulos predicó a los de Troa durante 7 días que concluyeron en un sábado. Al día siguiente (domingo) compartieron el pan como ya mencioné en la respuesta anterior. Los que usan este versículo solo se enfocan en una comida que fue hecha en la noche del domingo, ignorando los 7 días de predicación a los de Troa.

#10 Que Pablo instruyó a los corintios para que dieran sus ofrendas el primer día de la semana. I Corintios 16:2.

La semana tiene 7 días, comienza el domingo y concluye en sábado. Es claro que después de una semana de ganancia en sus respectivos trabajos, cada quien calcule y guarde lo que va a entregar a Dios.

Explícitamente, Pablo dice al final del versículo “para que cuando yo llegare, no se hagan entonces colectas”. Esto quiere decir claramente que el día de la visitación de Pablo “no se puede” hacer colectas. Esto se debe a que Pablo predicaba los sábados la cual es el verdadero día del Señor. Para no profanarlo, Pablo manda a que se hagan estas colectas el “primer día” de la semana la cual es un día común y corriente de trabajo.

Hechos 13:42 Y saliendo ellos de la sinagoga de los Judíos, los Gentiles les rogaron que el sábado siguiente les hablasen estas palabras.

¿Guardaban los Gentiles el sábado o era Pablo?

En toda la Biblia no existe un solo versículo que indique que el domingo es “el día del Señor”. El único día clasificado como día del Señor es el sábado en la cual no se puede hacer obra alguna por 24 horas. Este período de tiempo se expande de puesta de sol a puesta de sol, o mejor dicho, de tarde a tarde para dedicarlo completamente a la adoración de nuestro Dios Jesucristo.

El hecho de que en cualquier día de la semana se puede adorar a Dios, no amerita que ese día sea el día del Señor. Lo que amerita cual es el día del Señor es el mandamiento exclusivo de su creador, Jesucristo mismo la cual lo dejó escrito en sus diez mandamientos.

–Posición de la Iglesia Adventista–

La frase “el día del Señor” usualmente identifica a eventos que tendrán lugar al final de la historia (Isaías 7:18-25) y con frecuencia es juntamente asociada con la frase “en aquel día.” Una clave para entender estas frases es notar que ellas siempre identifican un período de tiempo durante el cual Dios interviene personalmente en la historia, directa o indirectamente, para llevar a cabo algún aspecto específico de Su plan.

La mayoría de la gente asocia “el día del Señor” con un período de tiempo o un día especial que ocurrirá al final de los tiempos, cuando la voluntad de Dios y los propósitos para Su mundo y para la humanidad serán consumados. Algunos eruditos creen que “el día del Señor” será un mayor período de tiempo, más que un solo día – un período de tiempo cuando Cristo reinará sobre todo el mundo antes que Él limpie el cielo y la tierra como preparación para el estado eterno de toda la humanidad. Sin embargo otros eruditos creen que el día del Señor será un evento instantáneo, cuando Cristo regrese a la tierra a redimir a Sus fieles creyentes y a enviar a los incrédulos a la eterna condenación.

La frase “el día del Señor” es usada diecinueve veces en el Antiguo Testamento (Isaías 2:12; 13:6, 9: Ezequiel 13:5, 30:3; Joel 1:15, 2:1, 11, 31, 3:14; Amos 5:18, 20; Abdías 15; Sofonías 1:7, 14; Zacarías 14:1; Malaquías 4:5) y cuatro veces en el Nuevo Testamento (Hechos 2:20; 2 Tesalonicenses 2:2; 2 Pedro 3:10). También es aludido en otros pasajes (Apocalipsis 6:17; 16:14).

Los pasajes del Antiguo Testamento que tratan sobre el día del Señor, con frecuencia transmiten un sentido de inminencia, cercanía y expectación: “Aullad, porque cerca está el día de Jehová…” (Isaías 13:6); “Porque cerca está el día, cerca está el día de Jehová;…” (Ezequiel 30:3); “Ay del día! Porque cercano está el día de Jehová..” (Joel 1:15); “…tiemblen todos los moradores de la tierra, porque viene el día de Jehová, porque está cercano.” (Joel 2:1); Muchos pueblos en el valle de la decisión; porque cercano está el día de Jehová en el valle de la decisión.” (Joel 3:14); “Porque cercano está el día de Jehová sobre todas las naciones;..” (Abdías 15); “Calla en la presencia de Jehová el Señor, porque el día de Jehová está cercano;…” (Sofonías 1:7) “Cercano está el día grande de Jehová, cercano y muy próximo;…” (Sofonías 1:14). Esto es porque los pasajes del Antiguo Testamento sobre “el día del Señor” con frecuencia hablan tanto del cercano, como del lejano cumplimiento, de la misma forma que lo hace mucha de la profecía del Antiguo Testamento. Hay veces en que en el Antiguo Testamento, “el día del Señor” es usado para describir juicios históricos que ya habían sido ejecutados en al menos algún sentido (Isaías 13:6-22; Ezequiel 30:2,19; Joel 1:15; 3:14; Amos 5:18-20; Sofonías 1:14-18), mientras que otras veces se refiere a juicios divinos que tendrán lugar hacia el final de los tiempos (Joel 2:30-32; Zacarías 14:1; Malaquías 4:1,5).

El Nuevo Testamento lo llama un día de “ira,” un día de “visitación,” y “el gran día del Dios Todopoderoso” (Apocalipsis 16:14) y se refiere al aún futuro cumplimiento cuando la ira de Dios sea derramada sobre el Israel incrédulo (Isaías 22; Jeremías 30:1-17; Joel 1-2; Amos 5; Sofonías 1), y sobre el mundo incrédulo (Ezequiel 38-39; Zacarías 14). Las Escrituras indican que “el día del Señor” vendrá de repente, como ladrón en la noche. (Sofonías 1:14-15; 2 Tesalonicenses 5:2); y por tanto, nosotros como cristianos debemos estar alertas y preparados para la venida de Cristo en cualquier momento.

Además de ser un tiempo de juicio, también será un tiempo de salvación, porque Dios librará al remanente de Israel, cumpliendo Su promesa de que “todo Israel será salvo.” (Romanos 11:26), perdonando sus pecados y reintegrando a Su pueblo elegido en la tierra que Él prometió a Abraham (Isaías 10:27; Jeremías 30:19-31, 40; Miqueas 4; Zacarías 13). El resultado final del día del Señor será que “La altivez del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y sólo Jehová será exaltado en aquel día.” (Isaías 2:17). El último o final cumplimiento de las profecías concernientes al “día del Señor” vendrá al final de la historia, cuando con maravilloso poder, Dios castigará el mal y cumplirá todas Sus promesas.

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EL DÍA DE JEHOVÁ

¿Quién, pues, es este Cristo y cuán grande es él, que con su nombre y su presencia sobrepasa y confunde todas las cosas en todos lados, que él solo es fuerte contra todos y ha llenado la tierra entera con su enseñanza? Que nos lo digan los griegos, que se burlan de él sin restricción ni vergüenza. Si es un hombre, ¿cómo es que un hombre ha demostrado ser más fuerte que todos los que a sí mismos se consideran como dioses, y por su propio poder ha demostrado que ellos no son nada? Si le llaman mago, ¿cómo es que toda magia es destruida por un mago, en vez de hacerse más fuerte? Si hubiese conquistado a ciertos magos o demostrado que era superior a uno de ellos solamente, ellos podrían pensar razonablemente que él superó al resto sólo por su mayor habilidad. Pero el hecho es que su cruz ha derrotado a toda la magia enteramente y ha conquistado el nombre mismo de ella.

Atanasio, On the Incarnation [48]

Uno de los más graves errores de interpretación que cometen los estudiantes bíblicos es suponer que la Biblia no puede usar la misma expresión, como “venida”, en diferentes sentidos. Mucho de este libro se escribió para refutar ese error básico. Como hemos visto, Dios “vino en las nubes” en numerosas ocasiones en la Escritura, y se usa la terminología del universo que se derrumba para describir varios y diferentes sucesos históricos. Sin embargo, una vez que entendemos esto, parece que se nos presenta un problema diferente: ¿Y qué hacemos con la segunda venida de Cristo? Puesto que tantas profecías resultan ser referencias a la destrucción de Jerusalén en el año 70 D. C., ¿cómo podemos estar seguros de que alguna profecía se refiere a un regreso futuro y literal de Jesucristo?

Es posible enfocar esta pregunta de varias maneras. Un método fructífero es examinar una expresión bíblica común para “día del juicio”: el día de Jehová. Ahora bien, no me malentienda – yo no estoy sugiriendo que el “día de Jehová” se refiere sólo al fin del mundo y al juicio final. Lejos de eso. Sin embargo, una sólida comprensión de este concepto bíblico nos proporcionará una clave de interpretación, un método para llegar a una exacta comprensión, basada en la Escritura, de la segunda venida.

El primer uso bíblico del término día de Jehová ocurre en el profeta Amós, en una referencia muy extraña. Hablando a los rebeldes israelitas que pronto serían destruidos por los asirios, Amós dice: “¡Y de los que desean el día de Jehová! ¿Para qué queréis este día de Jehová? Será de tinieblas, y no de luz …” (Amós 5:18). Lo importante que nosotros debemos notar al principio es que esta expresión no se había usado nunca antes, por lo menos no en la Escritura. Pero parece haber sido una idea bastante común y familiar en el Israel del siglo octavo A. C. Amós no cuestionó su validez: “el día de Jehová” venía. Lo que Amós trataba de corregir era la errónea expectativa de Israel del resultado de ese día para ellos mismos.

El punto interesante (para comenzar) es éste. Aquí encontramos a Amós simplemente adoptando un concepto teológico ya comprendido, completo, plenamente desarrollado. La expresión misma (aparentemente) no se originó por revelación directa, sino que los profetas la adoptaron, sin preguntar, como parte de su vocabulario. Esto indica que el término debe estar basado en algún concepto bíblico que era tan bien conocido en Israel que la indiscutida expresión día de Jehová surgió casi espontáneamente para describirlo. ¿Cómo podemos explicar esto? Nuestra respuesta a esta pregunta nos llevará a algunas conclusiones sorprendentes en varias áreas. Además, nos proporcionará firme información bíblica sobre la segunda venida de Cristo – el día del juicio final.

El día del juicio en Edén

La imagen bíblica del día de Jehová, el día del juicio, comienza (como naturalmente debemos suponer) en Génesis. Desde el mismo comienzo del relato de la creación, se nos dice que Dios creó la luz y la llamó día (Gén. 1:2-5). Debemos reconocer exactamente lo que sucedió en ese momento. Como vimos en el capítulo 7, Dios flotaba sobre la creación, envuelto en la gloriosa luz de la Nube, resplandeciente como la Luz original (ver Juan 1:4-5). Esto significa que, cuando Él creó la luz, fue como una imagen-espejo, una especie de “copia” de sí mismo. Por consiguiente, desde el principio, se nos enseña a asociar el día y la luz con Dios. Esta asociación básica se desarrolló y se llevó adelante durante todo el resto de la semana de la creación, como el primero de dos conceptos  importantes para entender la idea bíblica de día: el día está en la imagen de Dios. La luz del día es un recordatorio de la brillante e inaccesible luz de Dios (1 Tim. 6:16). Por esta razón, el sol y el amanecer se usan en la Biblia como símbolos de Dios y su venida (Sal. 84:11; Isa. 30:26; 60:1; Mal. 4:2; Luc. 1:78-79; Efe. 5:14; 2 Ped. 1:19; Apoc. 1:16).

El segundo concepto es que el día es el tiempo de la evaluación judicial, por parte de Dios, de sus criaturas, cuando todas las cosas sean juzgadas por Él. Aquí Moisés registra siete actos de ver (evaluación) y declarar: Dios vio que era bueno” (Gén. 1:4, 10, 12, 18, 21, 25), culminando con la séptima declaración: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Gén. 1:31). Esta declaración nos lleva directamente al resumen y a la conclusión:

Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo, y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación. Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos (Gén. 2:1-4).

El hecho de que Dios “reposó” el séptimo día es parte importante del tema del juicio sobre el día, porque habla realmente de su entronización en el cielo, inspeccionando y juzgando su creación desde su trono en la Nube de Gloria. De hecho, al sentarse en el trono se le llama a menudo un “reposo” en la Escritura (1 Crón. 28:2; Sal. 132:7-8, 13-14; Isa. 11:10; 66:1).

Por eso, cuando pensamos en el día, debemos pensar primero en la luz de Dios en el mundo; segundo, debemos pensar en el juicio de Dios sobre el mundo. En otras palabras, el mero primer “día de Jehová” era también el mero primer día. Es más fácil para nosotros ver todo esto cuando leemos Génesis 1 a la luz de otros pasajes bíblicos, pero tenemos que recordar también que estaba implícito en el texto desde el principio.

Hay otro pasaje al comienzo de Génesis que informa nuestra interpretación del contenido del “día de Jehová”. Vimos en un capítulo anterior que, cuando Adán y Eva pecaron, oyeron el sonido característico de la Nube de gloria resonando como un tren expreso a través del huerto: la retumbante voz de Jehová causada por el batir de las alas de ángeles. La traducción literal de ese versículo dice:

Y oyeron la voz de Jehová que recorría el huerto como el Espíritu del día, y el hombre y su mujer se ocultaron de la presencia de Jehová entre los árboles del huerto (Gén. 3:8).

En otras palabras, Adán y Eva oyeron el sonido que la Nube hace cuando Dios viene como “el Espíritu del día”, cuando viene como lo hizo en el principio, en juicio. Hay que admitir que esta interpretación del texto significa la muerte para aquel himno pietista-evangélico “In the Garden” [A Solas al Huerto Yo Voy] (este hecho por sí sólo hace a esta interpretación especialmente atractiva). Dios no se paseaba en las tardes a través del huerto, contrariamente a las sentimentales reflexiones de poetas evangélicos de tercera categoría. Cuando llegó el juicio a Adán y Eva, llegó en forma de la Nube de gloria: con luz enceguecedora, calor abrasador, y ruido ensordecedor – el Espíritu del día.

Por consiguiente, el día de Jehová está definido por la Escritura en términos de la Nube de gloria: “Porque cerca está el día, cerca está el día de Jehová; día de nublado, día de castigo de las naciones será (Eze. 30:3; ver Joel 2:1-2; Sof. 1:14-15). Donde está la Nube, allí está el día de Jehová, cuando Dios está manifestando su juicio.

Esto hace que nuestra comprensión del día de Jehová dé un salto de un millón de años luz hacia adelante. Más que meramente una referencia al fin del mundo, debería entenderse más bien en los mismos términos que tantos otros conceptos de la Escritura: definitivamente, progresivamente, y finalmente. El día definitivo ocurrió al principio, el primer día (sería más preciso decir que la semana entera fue el día definitivo, en siete etapas). Pero también vemos el día revelado progresivamente, en los juicios históricos de Dios. En un sentido final, último, se nos dice que el último día vendrá cuando Dios juzgue finalmente todas las cosas.

Día de nublado

Tan pronto vemos la conexión entre la Nube y el día de Jehová – que el día de Jehová es la Nube de Gloria que viene en juicio, y que la Nube es el día de Jehová en acción – un gran número de ideas bíblicas comienza a encajar en su lugar. Por ejemplo, los israelitas experimentaron el día de Jehová en las orillas del Mar Rojo, cuando la Nube descendió (Éx. 13:21-22) y se detuvo entre ellos y los egipcios. Para el pueblo del pacto, la Nube era Luz y salvación, pero para los egipcios, era oscuridad (Éx. 14:19-20), que causó completa destrucción (Éx. 14:24-25). La venida de la Nube era la venida de Jehová como el “Espíritu del Día” en juicio. Y el juicio, como la Nube, tiene dos aspectos: vindicación y protección de los fieles, por una parte, y destrucción de los enemigos de Dios, por la otra. En juicio, Dios trae tanto salvación como ira, tanto oscuridad como luz. Esto es lo que Amós quiso decir cuando se dirigió al apóstata pueblo del pacto de su tiempo, el pueblo que esperaba que la llegada del día de Jehová les protegería de sus enemigos. El problema era, como Amós señaló, que el pueblo de Dios se había convertido en el enemigo de Dios.

¡Ay de los que desean el día de Jehová! ¿Para qué queréis este día de Jehová? Será de tinieblas, y no de luz; como el que huye de delante del león, y se encuentra con el oso; o como si entrare en casa y apoyare su mano en la pared, y le muerde una culebra. ¿No será el día de Jehová tinieblas, y no luz; oscuridad que no tiene resplandor? (Amós 5:18-20).

Los profetas bíblicos vieron que el día de Jehová se cumpliría en todos los juicios redentores de Dios en la historia contra las naciones desobedientes: era el divino “día de pasar la factura” a Judá, cuando los impíos serían aniquilados y los justos salvados y bendecidos (Isa. 2-5; Joel 1-3); era también el día en que Edom sufriría la venganza de Dios por medio de sangrientas matanzas, en fuego y azufre, y en desolación, mientras el pueblo de Dios es “reunido” con él en seguridad (Isa. 3:4); el día en que la gran espada de Dios se llenaría de sangre de los egipcios (Jer. 4:6); en realidad, “el día de Jehová se acerca a todas las naciones” (Abdías 15). Cuando ponemos juntos todos estos pasajes y textos como Sofonías 1 y Salmos 18, se hace notablemente claro que el término profético Día de Jehová significa Juicio – un juicio que resulta tanto en la destrucción de los impíos como en salvación de los justos.

Por eso se usa también para describir el primer advenimiento del Salvador. En su última revelación del Antiguo Testamento, Dios dijo: “He aquí yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición” (Mal. 4:5-6). Tanto el ángel Gabriel (Luc. 1:17) como el Señor Jesús (Mat. 11:14) citan este versículo como cumplido en el ministerio de de Juan  el Bautista. “En el Espíritu y el poder de Elías”, Juan debía involucrarse en el ministerio restaurador de traer los rebeldes hijos de Israel de vuelta a la piedad de sus padres, haciendo volver “los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto” (Luc. 1:17). Pero, advirtió el Señor, si el pueblo no se volvía de su apostasía para el tiempo del “día de Jehová, grande y terrible”, Él “vendría y golpearía la tierra con maldición”. Esta palabra maldición (o interdicción) era un término técnico en la Escritura, usada para denotar que ciertos objetos y hasta ciudades enteras eran tan aborrecidas por Dios que debían ser puestas “en interdicción”, para ser completamente destruidas por medio del fuego del altar de Dios – ofrecidas como “holocausto completo” (ver Deut. 13:16). Eso es exactamente lo que sucedió en el siglo primero. Vino “Elías”, pero el pueblo no se arrepintió; así que, cuando llegó el gran día de Jehová, la tierra entera fue puesta en interdicción, dedicada por completo para ser destruida.

El día final de Jehová

Puesto que no todas las referencias al “día de Jehová” pueden tomarse en el sentido de que se refieren al mismo suceso, los cristianos pueden fácilmente quedar perplejos. ¿Cómo podemos a cuál día se hace referencia en cualquier pasaje particular de la Escritura? ¿Convierte esto a nuestra interpretación en completamente arbitraria? No, en absoluto. Como sucede con todo lo demás en la Escritura, su significado preciso depende del contexto. Siempre transmite la idea general de que Dios viene para juicio y salvación; pero su significado en cualquier versículo aislado debe discernirse examinando el cuadro mayor.

Así, pues, regresamos a la pregunta con que comenzamos este capítulo: ¿Cómo podemos estar seguros de que cualquier referencia al “día de Jehová”, el “juicio”, o la “venida” de Cristo se refiere al fin del mundo y la segunda venida de Cristo? Puesto que la terminología del universo que se derrumba se usa para el juicio del año 70 D.C., y a causa de la tremenda importancia teológica de ese juicio, algunos suponen que todos los sucesos escatológicos deben haberse cumplido en la destrucción de Jerusalén, y que la Segunda Venida tuvo lugar entonces. Según esta interpretación (que puede llamarse post-modismo), ahora estamos viviendo en una era de limbo interminable, en que literalmente no queda ninguna profecía por cumplirse. El mundo simplemente seguirá y seguirá y seguirá, hasta…?

¿Es válida esta interpretación? Debemos notar, por lo menos de pasada, que, a través de todas las edades, la iglesia jamás ha permitido este punto de vista. Todos los credos han declarado la futura venida de Cristo, la resurrección de todos los hombres, y el juicio general como artículos fundamentales y no negociables de la fe cristiana. Las palabras finales del credo de Atanasio (uno de los tres credos universales de la fe) subraya la importancia de estas verdades:

Ascendió al cielo, se sentó a la derecha del Padre, Dios Todopoderoso; desde donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos.

A cuya venida todos los hombres se levantarán nuevamente con sus cuerpos y darán cuenta de sus propias obras.

Y los que han hecho lo bueno irán a la vida eterna; y los que han hecho lo malo, al fuego eterno.

Esta es la fe católica, que el hombre no puede salvarse excepto si cree fielmente.

Esta posición básica de la Iglesia Universal está sólidamente basada en la Escritura. Aunque ha habido muchos “días de Jehová” en la historia, la Biblia nos asegura que hay un “día final” que ha de venir, el Juicio Final, cuando todas las cuentas se saldarán y tanto justos como injustos recibirán su recompensa eterna. Cada vez que usó el término, Jesús conectó inseparablemente “el día final” con otro acontecimiento:

Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero (Juan 6:38-40).

Ninguno pude venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero (Juan 6:44).

El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero (Juan 6:54).

Por consiguiente, la resurrección es un acontecimiento inextricablemente unido a los acontecimientos del último día, el día final en que el juicio del Espíritu en la Nube será absolutamente abarcante y completo, cuando el veredicto final y último de Dios se pronuncie sobre toda la creación. Ese es el día en que los muertos serán resucitados: “los que hicieron lo bueno saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación” (Juan 5:29).

La resurrección es la clave de la interpretación. Puesto que Jesús relacionó la resurrección con el día final, podemos usarla como “control” al examinar pasajes escatológicos. Aunque el motivo día de Jehová/universo que se derrumba corre a través de los textos bíblicos sobre el juicio, la marca distintiva del día final es que los muertos serán resucitados. La resurrección de todos los seres humanos es, en la naturaleza del caso, irrepetible. No es un motivo continuado, sino más bien parte del suceso escatológico final. Por lo tanto, cada vez que la Biblia menciona la resurrección, está hablando del día final – el juicio final, el día último de Jehová.
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El Día de Jehová

o Día del Señor, Día de Dios o El gran día.

Se relaciona directamente con los Juicios de Dios y el regreso del Señor en gloria. Termina con los cielos nuevos y tierra nueva”.

Se menciona en Is.61:1/2, Sof.1:7/12, 2Pd.3:10 y 12

l. Comienza con la Gran Tribulación que dura siete años. Jer.30:7, Dn.9:27, Dn.12:1

a) Los siete sellos. Ap.5 y 6

b) Las siete trompetas. Ap.8, 9 y 11:15/19

c) Las siete copas. Ap.16

2. La guerra del Armagedón (7a copa) Ap.16:15/21, 19:11/21, Zc.12:4/10, 14:1/3, Ez.39:1/22, Dn.2:44

3. Regreso del Señor en gloria. Mt.24:29/30. Ap.1:7, Zc.14:4. Is.63:1/6.

4. La bestia y el falso profeta lanzados vivos al lago de fuego y azufre. Ap.19:19/20

5. Juicio de las Naciones. Mt.25:31/34, Joel 3:12, Ap.14:14/20

6. Satanás encadenado en el abismo por mil años Ap.20:1/3.

7. El Milenio. Ap.20:4/6, Is.25:1/9, Miq.4:2, Is.66:18, Sl.102:15, Ap.19:15, Sl.2:9, Is.11:3/9, Is.65:19/25.

8. La Guerra Final. Ap.20:7/9, 2Pd.3:10/13.

9. La segunda resurrección. Ap.20:5

10. El Gran Trono Blanco. Ap.20:11/15

11. Cielos Nuevos y Tierra Nueva. Ap.21 al 22:5, 2Pd.3:13, Is.65:17

http://www.estudiosmaranatha.com/manbiblico/manbib_c42.html

DÍA DE JEHOVÁ

No puede separarse del día del Mesías (véase en DÍA, último párrafo). Está frecuentemente caracterizado por el juicio: Día de tinieblas y de oscuridad, día de nublado y de densa niebla… grande es el día de Jehová, y muy terrible (Joel 2:2 , 11, 31; Malaquias 4:1 )

El día del Señor vendrá del mismo modo que un ladrón en la noche. Cuando estén diciendo: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina (1 Tesalonicenses 5:2 , 3) Pero el día del Señor vendrá como un ladrón en la noche; en el cual los cielos desaparecerán con gran estruendo, y los elementos ardiendo serán desechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas (2 Pedro 3:10 ). Esta escena va seguida por EL DÍA DE DIOS en el v. 12, que introduce los nuevos cielos y la nueva tierra.

Es importante ver el contraste entre el día y el arrebatamiento de los santos a reunirse con el Señor en el aire; son muchos los que han aplicado mal el término, y se ha afirmado constantemente que la Segunda Epístola a los Tesalonicenses fue escrita para mostrar a los creyentes que era un error estar esperando la venida del Señor; en realidad el hecho es que los creyentes en Tesalónica pensaban que el día del Señor había llegado (cp. la revisión 1977 de 2 Tesalonicenses 2:2 , en el sentido de que el día del Señor ha llegado, frente a la errónea traducción de las revisiones anteriores, está cerca).

Habrá juicios antes del milenio, y también después del milenio, de manera que podemos considerar que el Día del Señor se extiende a través del Milenio: será el día del Señor en contraste con el día del hombre.
——

Bibliografia

http://www.fraganciadecristo.com/diccionario/palabra-1110-Dia-De-Jehova.html

http://www.gotquestions.org/Espanol/dia-del-Seno.html

http://www.hombrereformado.org/el-paraiso-restaurado/capitulo-15

5 comentarios en “¿Qué es el Día del Señor?

  1. Yo en verdad digo que la ley ordenaba guardar el sábado; pero creo que la iglesia no está obligada a guardar nada de la ley ceremonial judía. No ritos no ceremonias nuestro culto se basa en la Fe en Jesús. Se de muchos que guardan los días pero no la santidad que Dios demanda. A mí no me importan ni los días ni los años.

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  2. Quizá no nos interese ni el día ni el año, sin embargo, atención, no es la que nos interese a nosotros, hay que pregúntanos que le interesa a Dios de nosotros, que es nuestra salvación, por eso su ley es perpetua que es la que nos va a salvar, todo en conjunto, su ley nuestra fe en nuestro Señor Jesucristo y en sus promesas, nuestro señor Jesús sintetizo (no la abolió) le ley de Dios, del primer mandamiento al cuarto, honramos a Dios, y del quinto al decimo honramos al hombre, porque muchos creen que la ley de Dios, nuestro Señor Jesús la invalido.

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  3. El que tiene a Cristo, cumple toda la ley, el fin de la ley es Cristo,, , nosotros los cristianos guardamos el domingo, primero porque el primer dìa de la semana resucitò nuestro Señor, segundo, porque resucitò el Señor, triunfando contra el pecado , contra la muerte , contra el enemigo, que es es diablo, y tercero porque si Cristo no hubiera resucitado, ,nosotros no tendriamos salvaciòn , pero Cristo resucitò, para todo aquel que en EL cree no se pierda , màs tenga vida eterna, es por esto que nosotros guardamos el domingo, recordando la resurrecciòn de nuestro Salvador JESUCRISTO, PORQUE LA LEY FUÈ HASTA CRISTO, ahora vivimos por la ley de la FE.

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