¿Es Santiago o es Prisciliano?


¿Es Santiago o es Prisciliano?

Autor: Paulo Arieu

Mapa con las rutas del camino de Santiago

Un investigador acual descifró el nombre hebreo «Jacob» en el sepulcro de Santiago de Compostela

Un hallazgo de un profesor de la Universidad de Navarra,  reforzó la tradición de que en el sepulcro de Compostela se encuentran los restos del apóstol traídos desde Jerusalén. El profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra Enrique Alarcón ha descifrado la palabra ´Jacob´ -equivalente a ´Santiago´- escrita con caracteres hebreos del siglo I en una inscripción hallada en el sepulcro compostelano. Según expuso el experto durante la clausura de la Cátedra Camino de Santiago de la Universidad de Navarra, “el nombre ´Jacob´ figura entrelazado con la palabra griega ´mártyr´ (literalmente, ´testigo´)”.

El rótulo objeto de este nuevo estudio fue descubierto en 1988 en la tumba de Atanasio, aledaña a la de Santiago, por el profesor Isidoro Millán.

“Su simbología es muy rica y corresponde a las inscripciones sepulcrales del primitivo cementerio judeocristiano de Jerusalén. He encontrado que alude a la fiesta judía de Shavu´ot (Pentecostés), cuando los apóstoles predicaron por vez primera a todos los pueblos, como narra el Nuevo Testamento. Cristo les había encargado que sólo entonces podrían salir de Jerusalén y ser sus testigos hasta ´el fin de la Tierra´ (´Finis Terre´) “, explicó Enrique Alarcón.

En esta línea, determinó que “la inscripción se refiere a Santiago como cumplidor de ese mandato: testigo de Cristo en el Finisterre, el nombre romano de la costa gallega, y es casi contemporánea, ya que los caracteres hebreos son anteriores al año 70″. A lo que añadió lo siguiente: “Esta datación viene confirmada por la representación de panes rituales de Shavu´ot, que dejaron de hacerse dicho año tras la destrucción del Templo de Jerusalén por los romanos”.

Datos reveladores

Según ha expuesto la Universidad de Navarra, el hallazgo refuerza la tradición de que en el sepulcro de Compostela se encuentran los restos del apóstol Santiago traídos desde Jerusalén, así como su predicación años antes en el Finisterre. “La representación de lo que parece ser una lengua de fuego coincide también con la narración de Pentecostés en el Nuevo Testamento, y ratifica su historicidad. Por su importancia, la inscripción de Santiago debe situarse entre las principales de toda la arqueología cristiana”, explicó el investigador. El texto completo de la investigación se publica en un volumen de estudios sobre el Camino de Santiago coordinado por el profesor Piotr Roszak, de la Universidad de Torun.

¿Santiago apóstol o Prisciliano?

Varios estudios hacen pensar que el que está enterrado en Santiago de Compostela no es el apóstol sino el propio Prisciliano. El profesor Henry Chadwick de Oxford, toda una autoridad en la materia, es quizás el más conocido entre ellos. Pero fue en el año 1900 que el especialista en biografías de santos Louis Duchesne escribió un artículo con el título “Saint Jacques en Galice” , que publicó en la revista de Toulouse Annales du Midí, en el cual deja caer la posibilidad de que quien está enterrado en Compostela es Prisciliano y no el apóstol Santiago. Llega a esta conclusión apoyado en el recorrido que los discípulos del hereje hicieron con sus restos mortales hasta su tierra natal. Quizás nunca se sepa a ciencia cierta, pero no deja de ser una ironía que Prisciliano siendo “ajusticiado” por hereje su tumba haya sido venerada durante tantos siglos como un icono del cristianismo.

LAS DUDAS sobre los restos de Colón han recuperado una polémica acerca de quién yace en la catedral compostelana. El periodista Ramón Chao afirma en una investigación que los huesos venerados por dos millones de peregrinos al año son del hereje gallego Prisciliano, no del apóstol Santiago.

El 24 de julio del año 2000, el periodista Daniel Mermet recorría la Plaza del Obradoiro con el micrófono de Radio France Internacional en la mano. Buscaba testimonios entre los peregrinos que llenaban aquellos días Santiago de Compostela cuando unos jóvenes estudiantes se le acercaron y le dijeron:

«Tú no tienes ni idea, ¿no sabes que quien está enterrado aquí es Prisciliano y no Santiago?».

Mermet se quedó perplejo. Junto a él, su colega el escritor y periodista Ramón Chao, directivo de la prestigiosa emisora francesa, que le acompañaba, se vio obligado a aclararle:

«Te juro que esto no estaba preparado. No conozco de nada a estos chicos».

Y es que Chao, nacido en Villalba (en la provincia de Lugo), aunque residente en París, es de los que están convencidos de que el apóstol Santiago jamás pisó España y de que los restos que se veneran en la capital compostelana no son los suyos, sino los de un gallego de nombre Prisciliano que en el siglo IV revolucionó el cristianismo primitivo chocando frontalmente con la Iglesia.Un hereje, en fin, ejecutado en la ciudad alemana de Treveris en el año 385 y cuyos restos habrían sido trasladados por sus seguidores hasta Galicia.

Las dudas del periodista Mermet, sin embargo, no habían hecho más que empezar. Una vez en el interior de la catedral, Chao le animó a que le preguntara a la guía cuál era su versión sobre el origen de las reliquias. «Aquí dentro no puedo decirle nada», le contestó la joven en un impecable francés. «Luego hablamos».Ya en la calle, la chica le dijo que había cosas que era mejor «no meneallas».

EL MITO MAS GRANDE

Después de todo, Santiago, era un símbolo que animaba a los cristianos contra los ocupantes musulmanes, es el mito mas grande de la cristiandad. Con Santiago nació la idea de Europa, Goethe lo reconocía y Juan Pablo II proclamaba en uno de sus históricos viajes a Compostela:

«Europa, encuéntrate a ti misma, busca en tu identidad…».

A partir del siglo VIII comenzó a peregrinarse desde todo Occidente hasta Galicia para venerar sus restos. De aquel formidable movimiento de masas que dura hasta nuestros días y crece cada año ha nacido una de las mayores industrias turísticas de todos los tiempos.A Santiago llegan miles de peregrinos no católicos, desde monjes sintoístas procedentes de Japón, a personajes como la actriz Shirley McLaine, que no consiguió hacer el Camino de forma anónima como se proponía.

En un año normal Santiago recibe casi dos millones de peregrinos.En Año Santo, que se celebra cada vez que el día de Santiago, el 25 de julio, cae en domingo (el próximo será 2004), puede haber hasta cinco millones de peregrinos. Cada año un miembro de la Familia Real española realiza en la catedral la ofrenda al apóstol. ¿Quién se atrevería a remover los cimientos que sostienen ese entramado social, económico y también espiritual?

«En Galicia tiene mucha más importancia a nivel popular la romería de San Andrés de Teixido», tercia Ramón Chao, autor de Prisciliano de Compostela (Seix Barrall), en el que insiste en que los restos de la catedral no son los del apóstol. «Santiago, en Galicia, no tiene el valor mítico que representa en Europa o en Brasil.Santiago es un santo turístico, y su mito nació como una necesidad política, social y militar de los cristianos europeos. El Camino era tan importante que los ingleses llamaban a todo el norte de España en los siglos X, XI y XII, Jacobsland, aunque yo a la ciudad la llamo Compostela, no Santiago».

«El apóstol», prosigue, «fue decapitado por Herodes en Jerusalén en el año 42 y enterrado en Palestina. Con el carbono 14 radiactivo sería muy fácil probar que los restos de la catedral son de un hombre del siglo I, pero nunca se ha hecho. No han querido hacer esa prueba, que sería definitiva».

El escritor gallego se suma así a tantos otros historiadores, españoles y extranjeros, que, como el profesor Henry Chadwick, de Oxford, también aseguran que la urna de plata de la catedral encierra las reliquias del hereje Prisciliano, y no las del apóstol.Ya Menéndez Pelayo hablaba mucho de este personaje en Historia de los heterodoxos españoles, y el propio Miguel de Unamuno mencionó en muchas ocasiones la posibilidad de que la historia de Prisciliano se hubiera solapado con la leyenda del apóstol Santiago.

El director de la Biblioteca Nacional, Luis Racionero, recuerda un seminario que se celebró en Santiago en los años 80 en torno a Prisciliano.

«Fernando Sánchez Dragó nos contó en una comida su conversación con una marquesa en su pazo gallego. Según ella, el marqués se encontró un día llorando a un joven del pueblo.El chico estaba desconsolado porque el obispo le había mandado destruir una lápida donde estaba escrito: “Aquí yacen los restos de Prisciliano”. Creo que sus restos son los de la catedral.Los santos son herejes que tienen éxito, los herejes son santos fracasados. Prisciliano puso en cuestión muchas cosas y le tocó perder».

El asunto es objeto de controversias históricas en las que han participado eruditos de la talla de Claudio Sánchez Albornoz o Américo Castro. Francisco Singul, historiador gallego y asesor cultural del Xacobeo, asegura que el tema de Prisciliano

«es una boutade. No hay noticias escritas de que su cadáver hubiera sido trasladado de Treveris a Galicia. En cambio, la tradición habla de la predicación de Santiago en España y también de su tumba. Los forenses que examinaron los huesos del apóstol en l879 concluyeron que se trataba de restos humanos muy antiguos, de un varón, y el Vaticano ratificó que era el apóstol».

Singul reconoce, sin embargo, que si la ciencia moderna probara que en la urna de plata no estaban los huesos de Santiago Apóstol no cambiaría la fe de los peregrinos ni el sentido del Camino.

«Porque se trata de un peregrinaje ecuménico. La gente va allí a encontrarse a sí misma».

Para el canónigo archivero de la catedral, José María Díaz, tampoco hay dudas

«porque, según un estudio llevado a cabo en la cátedra de Anatomía de la Universidad de Santiago, los restos pertenecen a tres hombres del siglo I. Uno sería el apóstol y los otros dos, sus discípulos y compañeros Teodoro y Atanasio».

La leyenda de Santiago el Mayor, hijo de Zebedeo el pescador y hermano de San Juan Evangelista, nació en el siglo VIII con las visiones de un ermitaño que vio luces extrañas en un bosque de Iria Flavia mientras se escuchaban los cánticos de los ángeles.El obispo Teodorico visitó entonces el lugar y encontró una vieja lápida con restos humanos y los atribuyó al apóstol y a dos de sus discípulos.

Cuando la noticia llegó a los dos hombres mas poderosos del momento, el Papa León y el rey francés Carlomagno, ambos se apresuraron a certificar que se trataba del apóstol. El mundo necesitaba creencias, los cristianos necesitaban una fuerza que les moviera a luchar contra los árabes, que habían llegado hasta la localidad francesa de Poitiers y amenazaban de forma permanente Asturias, el único reino de la Península que había resistido sus avances.

Prisciliano – el hereje ascendido a obispo

Prisciliano nació en Gallaecia – noroccidente peninsular que comprendía las actuales Galicia y Asturias – alrededor del 340, y a los treinta y nueve años comenzó a predicar doctrinas heréticas, si bien ya se había aficionado a la magia desde su juventud. Empeñado en propagar la gnosis y el maniqueísmo, este hijo de familia noble se ganó a miembros de su clase y a plebeyos, incluso a obispos, como Instancio y Salviano. El priscilianismo se extendió en seguida de Gallaecia a Lusitania, y de allí a la Bética, de modo que en el año 380 se reunió un concilio en Zaragoza para atajar sus progresos. Fueron excomulgados los prelados Instancio y Salviano y los laicos Helpidio y Prisciliano. Poco después, los dos prelados excomulgados elevaron anticanónica y tumultuariamente a la silla de Ávila a Prisciliano. Así las cosas, el metropolitano de Mérida, Idacio, y el obispo Itacio acudieron a los jueces imperiales. Éstos arrojaron de las iglesias a algunos priscilianistas, y el mismo emperador Graciano decretó en 381 el destierro de los herejes hispanos.

Se especula que esta enterrado en la tumba del Apóstol Santiago. Pocos saben la existencia de este personaje un gallego cuya influencia y carisma estuvieron a punto de cambiar el cristianismo tal como lo conocemos. Prisciliano era un hereje de los que surgieron a finales del S. IV después de Cristo, pero no uno cualquiera. Fue uno de los grandes e incluso pudo producir un cambio en el cristianismo tal como lo conocemos hoy. Llegó a incomodar a la curia en los niveles más altos, debido a la influencia de sus ideas en la comunidad gallega de su tiempo y luego se extendería incluso a la iglesia cristiana en general.

Tras ser decapitado, se convirtió en el primer hereje ajusticiado por la iglesia a través de una institución civil. Sus adeptos se encontraban en reuniones nocturnas celebradas en un bosque o cuevas, y allí bailaban como parte de la liturgia, en la que participaban tanto hombres como mujeres. No comulgaban con pan y vino, sino con leche y uvas. Además, creían en el emanantismo, es decir, en que el alma surge de una especie de almacén y desciende luego al mundo material donde, inevitablemente es corrompida por el maligno.

El Papa San Dámaso

Parecía que las aguas volvían a su cauce, pero al año siguiente, Prisciliano, Instancio y Salviano fueron a Roma para que el Papa, san Dámaso, revocara la excomunión. Por supuesto el pontífice se negó a concederles audiencia. Finalmente, aprovechando la ausencia de Graciano, convencieron a su magister officiorum de que anulara el decreto imperial, Satisfecho, el grupo volvió a Hispania y consiguió que Itacio fuera acusado de perturbador de la iglesia; tras ser detenido, el obispo antipriscilianista se vio obligado a huir a Tréveris. En el año 383, el hispano Magno Clemente Máximo, gobernador de Britannia, cruzó las Galias, y sus 130.000 soldados hicieron huir al emperador Graciano, siendo Máximo nombrado nuevo emperador de Occidente. Esto no agradó a Teodosio, emperador de Oriente, de modo que buscó el apoyo de la Iglesia. Máximo condenó el priscilianismo, pero la aplicación de una sentencia por herejía implicaba la confiscación por el Estado de los templos de la secta, lo que no interesaba a la jerarquía eclesiástica ni servía a los intereses del Emperador. La solución sería recurrir a un proceso judicial que condenara a los obispos relapsos por brujería, lo que incluía requisar las propiedades personales de los acusados.

Se convocó un nuevo concilio en Burdeos, al que acudieron Prisciliano y sus discípulos. En él se condenó de nuevo la herejía, pero se obtuvo la deposición de Instancio de su sede. Prisciliano abandonó el cónclave para dirigirse a Tréveris, donde Máximo había establecido su corte, para convencerle de que mediara en su favor, sin saber que Itacio ya planeaba acabar con su vida. En el año 385 Prisciliano llegó a Tréveris, donde fue acusado por Evodio, prefecto del Emperador, de practicar rituales mágicos. Prisciliano confesó bajo una enorme tortura y fue decapitado junto a seis seguidores. Se convertía así en el primer hereje ajusticiado por la Iglesia a través de una institución civil.

CONDENA A MUERTE

Su elocuencia le salvó de la muerte una primera vez. Defendiéndose a sí mismo en un tribunal romano, logró convencer a la curia.Pero la fuerza con que se extendía su mensaje era imparable, y la desconfianza de sus enemigos también. Su suerte estaba echada.  Su ejecución en el año 389 en Treveris fue ordenada por el emperador Teodosio. Constituyó la primera muerte de un cristiano a manos de otros cristianos. Se desencadenó entonces la persecución de anacoretas, vegetarianos, ascetas y todo lo que tuviera visos de priscilianismo. Sus discípulos consiguieron llevar los restos hasta su Galicia natal por una ruta que luego seguirían los peregrinos de Compostela.Había nacido el Camino de Santiago, casi cuatro siglos antes de que empezara el primer peregrinaje oficial.

Una visión muy ecléctica y pagana del cristianismo

Prisciliano nació en Galicia en el año 340, preconizaba un cristianismo gnóstico y druídico mezclado con la astrología y el estudio bíblico a través de la técnica de numerología cabalística llamada gematría, la astrología. Prisciliano aceptaba los textos apócrifos y entre las ideas que prodigó una era la del hermano gemelo de Jesús, por tanto probablemente el primero o más importante extensor de la herejía del gemelo en nuestra Península Ibérica y quizás en el resto de Europa a través de sus discípulos, que tuvo repercusión en otras herejías, que merecen otro artículo por su vinculación a otros temas de actualidad en los últimos años. Todas estas influencias, tanto celtas como de tradiciones esotéricas hebreas, dieron una visión muy particular de la religión cristiana que acababa de empezar a definirse tras el Primer Concilio de Nicea 20 de mayo al 25 de julio de 325 convocado por el emperador Constantino I. Esta herejía tomó el nombre de su inspirador y se llamó Priscilianismo.

El Priscilianismo: expansión y condena

El Priscilianismo se extendió por la parte más occidental del Imperio, perdurando hasta mediados del s. VI, es decir casi 200 años más después de la muerte de Prisciliano, durante los cuales continuó siendo perseguido por la iglesia. Finalmente fue acusado de hereje y aunque el pueblo lo nombró Obispo de Ávila para salvarlo, aun así fue excomulgado. Por lo cual intentó verse en Roma, tras una larga peregrinación, con el Papa S. Dámaso y S. Ambrosio, entonces obispo de Milán, pero ninguno le recibe. Prisciliano recurre a las autoridades civiles, sobornando a algunos funcionarios.Finalmente muere en Tréveris en el año 385 condenado por un tribunal civil. Lo que después se supo, debido a unos manuscritos del propio Prisciliano encontrados en Alemania en 1885, es que él denunciaba la corrupción de los líderes de la iglesia, dada más al vicio que al servicio, lo cual pudo ser la causa de su caída a los infiernos.

Gallicea

En el año 388 se recogieron los restos de Prisciliano de la iglesia de Tréveris para ser introducidos en un sarcófago de piedra que fue trasladado en una embarcación hasta las costas gallegas. Una vez allí, se llevó tierra adentro a través de una desembocadura del río Ulla y luego fue transportado hasta Iría Flavia (hoy Padrón). Por fin, los restos del hereje se depositaron en la necrópolis céltico-romana de Amaea, dentro de los límites de la diócesis de Iria.

Siglos más tarde, en los alrededores del cementerio emergería la ciudad de Compostela, lo cual daría pábulo en 1900 a la duda de si los restos depositados en la catedral son del apóstol Santiago o los de Prisciliano. Y es que el ese año, el hagiógrafo Louis Duchesne publicaba en la revista francesa de Toulouse, “Annales du Midi”, un artículo titulado “Saint Jacques en Galice”, sugiriendo que quien realmente estaba enterrado en Compostela es el obispo heterodoxo. Se trata de una hipótesis poco consistente, muy popular, de la que se hicieron eco Claudio Sánchez-Albornoz y Miguel de Unamuno.

SIMBOLO DE PODER

El santuario y Compostela se convirtieron en un lugar de culto, en símbolo del poder cristiano. Santiago empezó a aparecerse en las batallas vestido de blanco, sobre un caballo blanco, matando moros. La Reconquista fue triunfando lenta pero imparablemente, a pesar del temible Almanzor y otros caudillos militares musulmanes.Y cuando Almanzor arrasó Compostela, respetó las reliquias, una circunstancia que afianzó todavía más la leyenda.

Sin embargo, había que justificar la presencia de los restos de Santiago en Galicia, ya que su muerte en el lejano Jerusalén estaba probada. Cuenta la leyenda que siete de sus discípulos recogieron el cadáver y se embarcaron junto con el can del apóstol en una nave de piedra sin timón, que navegaría sin rumbo fijo hasta llegar a las bravas costas gallegas. Al desembarcar en ellas, los discípulos vencieron a dragones y monstruos y cristianizaron a la malvada gobernanta de aquellas tierras, la reina Lupa. Los restos de Santiago habrían sido enterrados en Iria Flavia.Ya Martín Lutero, en el siglo XVI, aseguró que lo único que había en la ciudad de Compostela eran los huesos de un perro o de un caballo, pero ya nada podía detener el fervor de los peregrinos, necesitados como nunca de fe.

En el siglo XVI los piratas ingleses al mando de Francis Drake asaltaron La Coruña, lo que obligó al obispo San Clemente a esconder las reliquias del apóstol detrás del altar mayor. Allí permanecieron olvidadas los siguientes 300 años, un periodo en el que decayeron las peregrinaciones, hasta que en 1879 se encontraron las reliquias de nuevo y los forenses aseguraron que se trataba del apóstol y dos de sus seguidores. El entusiasmo volvió a despertarse y las peregrinaciones recuperaron su auge de antaño.

Curiosamente, Prisciliano también salió del olvido y la marginalidad gracias a científicos y estudiosos, que ya no temían la condena de la Iglesia. Originario de una familia de Iria Flavia del siglo IV, el joven Prisciliano tenía inteligencia, don de gentes y de palabra y una gran cultura, que perfeccionó en la Universidad de Burdeos.Estaba llamado a ocupar un sillón entre los clérigos purpurados.

Fue en la ciudad francesa donde descubrió el cristianismo primitivo con tintes judaicos, maniqueos y orientales, y allí fundó una especie de comuna ascética donde se meditaba, se dejaba participar a las mujeres y no se prohibía el matrimonio entre clérigos, aunque se recomendaba la castidad. Además, Prisciliano condenaba la esclavitud y rendía culto a la naturaleza. Ni un milagro podría salvarle de las iras de curia eclesial

A su vuelta a Galicia, el éxito de sus doctrinas tomó unas proporciones enormes que se extendieron hasta Portugal y que inquietaban a la Iglesia oficial. Le acusaron de excesos sexuales, de celebrar orgías, de permitir que los clérigos llevaran el pelo largo, de que hubiera bailes en su liturgia.

El negocio del santo

Además de iniciar la tradición del peregrinaje, la leyenda de los restos del apóstol ha permitido el florecimiento de una próspera industria turística. Entre el 15% y el 20% de la actividad económica en Santiago está relacionada con el turismo, aunque las autoridades municipales insisten en que no todo el negocio que genera tiene que ver con el Camino o con la catedral. Éstas son algunas de las cifras que se podrían dejar de ingresar si Santiago fuera Prisciliano.

VISITANTES.

En 1999, el último Año Santo (son Año Santo aquellos en que el día del patrón, el 25 de julio, es domingo), Santiago de Compostela recibió 11 millones de visitantes. La Xunta gastó 29 millones de euros en organizarlo y diversas empresas patrocinadoras aportaron otros 15. De los 44 millones de euros totales, 18 se destinaron a restaurar el patrimonio cultural gallego y a editar libros, según el Gobierno autonómico. Para el 2004, el próximo año Xacobeo, se prevén la visita a Galicia de seis millones de turistas y unos ingresos de más de 3.600 millones de euros en toda la comunidad autónoma.

PROMOCION.

Para animar la celebración del Xacobeo 99 se organizaron 1.827 actos culturales, musicales y deportivos en España, Europa y América. Asistieron a ellos tres millones y medio de personas y se estima que otros 400 millones los siguieron por televisión.

PEREGRINOS.

No todos los visitantes llegan a Santiago a pie o en bicicleta. El año pasado(2007),  fueron 69.000. El 90 % de ellos lo hicieron por motivos religiosos. En 1999 casi 650.000 peregrinos utilizaron los albergues, tiendas de campaña y locales auxiliares en las siete rutas que llevan a la tumba del apóstol.

El número de peregrinos aumenta extraordinariamente a partir del siglo X, cuando la población europea logra salir del aislamiento de épocas anteriores e inicia una serie de contactos e intercambios que, en el campo religioso, llevarán a hacer de la peregrinación la forma más difundida de devoción. Roma, Jerusalén y Santiago de Compostela serán los destinos más importantes: todos los caminos llevan a Roma. Los cruzados y las ciudades marítimas italianas abren la ruta de Jerusalén. Los monarcas de Navarra, Aragón, Castilla y León facilitan el viaje a Santiago mediante la construcción de puentes, reparación de caminos y edificación de hospitales.Años más tarde, el carácter apostólico de su iglesia y las riquezas acumuladas gracias a los peregrinos permitirían a un obispo emprendedor, Diego Gelmírez, convertir su sede en arzobispado.

Después del siglo XIV se produjeron muchas convulsiones sociales en Europa que desvían a los peregrinos potenciales hacia otros destinos. Por otra parte, la Reconquista desplaza toda la atención económica y gubernamental de los reinos españoles hacia el sur. El Camino de Santiago pierde el esplendor de los siglos anteriores. El Cisma de Occidente en 1378 agrava y divide a la Cristiandad. El siglo XV tampoco ayudó a su revitalización, plagado de acontecimientos desagradables en el viejo continente: guerras, hambre, peste, malas cosechas, sequías…

Aun así, muchos creyentes seguían acudiendo hasta la tumba del apóstol para cumplimentar su penitencia pero, año tras año, el Camino fue cayendo en el olvido.
Caminos de Santiago de Compostela en Francia

Aunque los caminos por los que llegan los fieles a Santiago son muy numerosos, uno de los recorridos llegará a convertirse en el Camino por antonomasia. Es el camino francés, ya que todos los caminos que pasan por Francia se unen a alguna de estas cuatro antiguas vías:

  • Via Turonensis (desde París, por Turonem, Tours)
  • Via Lemovicensis (desde la localidad de Vézelay, por Lemovicum Limoges)
  • Via Podiensis (porque comienza en Puy-en-Velay y allí se encuentra con la Vía Gebennensis que comienza en Ginebra)
  • Via Tolosana (desde la localidad de Arlés por Tolosa de Francia)

En España la ruta originaria pasaba en un principio por la calzada romaza que cruza el Pirineo por el puerto oscense del Palo (Valle de Echo), pero pronto sería abandonada para usar el puerto de Somport, Huesca (vía tolosana), tal como describe el Códice Calixtino al mencionar el hospital de Santa Cristina de Somport, hoy en ruinas. Más tarde tomaría auge el paso por Roncesvalles (Navarra). Desde Somport los viajeros se dirigen a Puente la Reina de Jaca (Huesca), pasando, en el primer caso, por Jaca (Huesca), Sangüesa (Navarra) y Monreal (Navarra); y por Pamplona, en el segundo. Unidos en Obanos, a escasos kilómetros de Puente la Reina de Navarra, los peregrinos siguen por Estella, Monjardín, Logroño (La Rioja), Nájera, Santo Domingo de la Calzada, Redecilla del Camino, Belorado, Villafranca Montes de Oca y Burgos. En este último lugar confluye la vía menor que, desde Bayona (Francia), cruza por Tolosa (Guipúzcoa), Vitoria, Miranda de Ebro y Briviesca.

Las etapas a partir de Burgos pasan por Castrojeriz, Frómista, Carrión de los Condes, Sahagún y León. En León, algunos peregrinos optan por desviarse hacia Oviedo (Asturias), para seguir el camino de visita a San Salvador; así rezaba el dicho ya en la Edad Media: Quien va a Santiago y no a San Salvador honra al criado y olvida al Señor. Retomar el Camino Francés lleva al peregrino a La Virgen del Camino, donde los romeros pueden rendir culto a la imagen homónima, patrona del Reino de León, Hospital de Órbigo, Astorga, Ponferrada, Villafranca del Bierzo, adentrándose en Galicia a través de O Cebreiro, Portomarín, Palas del Rey y Santiago de Compostela. A lo largo del camino, se construyen iglesias y hospitales bajo la advocación de Santiago y, también, por otras adoraciones muy consideradas en los siglos XI y XII. Todavía podemos ver en las poblaciones por las que se peregrinaba, las indicaciones calle del Camino e iglesia de Santiago, que marcaban el recorrido medieval.

  • Francia
  • Portugal
  • España
  • Países Bajos

EMPLEO.

Se atribuye a la celebración del Año Santo en 1999 más de 30.000 nuevos ocupados en el sector servicios en Galicia.

ALOJAMIENTOS.

En el Camino Francés, desde Roncesvalles, hay 115 albergues de distintas categorías. En la mayor parte no hay que pagar; en otros se solicita la voluntad y en algunos hay una tarifa que oscila entre los 3 y los 6 euros. El año pasado, en los albergues de todas las rutas, durmieron más de 270.000 peregrinos.Existe, además, un número sin cuantificar de establecimientos hoteleros de todas las categorías a lo largo del camino.

EL PRECIO DEL CAMINO.

Según un estudio de la revista Consumer, hacer a pie el camino de Santiago cuesta un mínimo de 560 euros.El cálculo se hizo considerando la ruta desde Roncesvalles hasta Santiago en 28 etapas, durmiendo en albergues a razón de cinco euros la noche y con un avituallamiento diario consistente en dos litros de agua, desayuno, un menú al almuerzo y bocadillo.

«KIT» DEL PEREGRINO.

Recuerdos y complementos varios se llevan otra parte del negocio. Casi todo se puede adquirir antes del viaje por Internet: desde una postal, un pin o un llavero (de 1 a 3 euros) hasta bastones, colgantes y ungüentos para los pies (entre 6 y 10 euros).

EL CAMINO EN EL EXTRANJERO.

Según un estudio de Turespaña, el Camino de Santiago es uno de los principales destinos de turismo cultural del país, por detrás de Madrid y Barcelona, y a la par que Sevilla y Granada. Los touroperadores alemanes, suizos y brasileños ofrecen el Camino de Santiago como destino cultural prioritario. En Reino Unido, Italia, Francia, Japón, México y EEUU no lo consideran entre los más importantes. Un turista cultural en España gasta de media 77,72 euros diarios.

Camino de Santiago

El Camino de Santiago (en gallego: Camiño de Santiago) es una ruta que recorren los peregrinos procedentes de toda España y de toda Europa para llegar a la ciudad de Santiago de Compostela, donde se veneran las reliquias del apóstol Santiago el Mayor. Durante toda la Edad Media fue muy concurrido, después fue ligeramente olvidado y en la época actual ha vuelto a tomar un gran auge. El Camino de Santiago Francés ha sido declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad; Itinerario Cultural Europeo por el Consejo de Europa y ha recibido el título honorífico de Calle mayor de Europa.1

Inicios históricos del Camino

Los orígenes del culto a Santiago en la Hispania romana son desconocidos, pero parece ser que en el año 812 se encontraron reliquias atribuidas al apóstol. Al final del siglo IX se extiende por la Europa cristiana. En el siglo XI el número de peregrinos aumentó considerablemente gracias a contactos culturales entre las naciones europeas.

Alfonso II rey de Asturias, mandó construir una iglesia en el lugar que, según cuenta la leyenda, reposan los restos del apóstol Santiago. A partir del siglo XI, esta iglesia se convirtió en uno de los principales centros de peregrinación de la Cristiandad y dio origen al Camino de Santiago. Por esta vía se expandieron en la Península los nuevos estilos arquitectónicos que triunfaron en Europa.

Descubrimiento del sepulcro

El nombre castellano “Santiago” proviene del latín Sanctus Iacobus.

Los orígenes del culto a Santiago en Galicia permanecen en la oscuridad de los tiempos. A finales del siglo VIII se difunde en el noroeste de la Península Ibérica la leyenda de que Santiago el Mayor había sido enterrado en estas tierras, tras evangelizarlas. Así ocho siglos después de la muerte del Apóstol Santiago, en el año 813, un ermitaño llamado Pelayo o Paio vio una estrella posada en el bosque Libredón. Se lo comunicó al obispo Teodomiro, obispo de Iria Flavia, (cerca de Padrón).[cita requerida] Fueron allí y descubrieron en la espesura la antigua capilla, donde existe un cementerio de la época romana. El descubrimiento del sepulcro coincide con la llegada al reino astur de mozárabes huidos de las zonas dominadas por los musulmanes, buscando poder practicar sus creencias religiosas.

Es generalizada la creencia entre algunos estudiosos de que Prisciliano fue enterrado en estos lugares cuando trajeron su cuerpo desde Tréveris (Alemania). Otros proponen que fue enterrado cerca de Astorga (León).2 Según los primeros, el sepulcro de Santiago puede ser la tumba de Prisciliano;3 aunque las fechas en las que vivieron uno y otro no coinciden.
El Codex Calixtinus promociona la Peregrinación a Santiago

Alfonso II el Casto, Rey de Asturias, viajó con su corte al lugar, convirtiéndose así en el primer peregrino de la Historia. Mandó edificar una pequeña iglesia. La noticia se propagó rápidamente. Santiago, tan invocado en el siglo VIII, se manifestaba al fin con la revelación de su sepulcro.

Inicio de la Peregrinación

Aproximadamente a partir de 813 con el hallazgo de las reliquias del apóstol y con el beneplácito de Carlomagno, que quería defender sus fronteras de invasiones árabes, Compostela se convertirá progresivamente en un centro de peregrinaje que recibirá su impulso definitivo durante la primera mitad del siglo XII. Muy pronto, la noticia se extiende por toda la Europa cristiana y los peregrinos comienzan a llegar al lugar del sepulcro, el denominado Campus Stellae, que degenerará en el término Compostela.

Menéndez Pidal opinaba que en cierto sentido se puede considerar al caudillo musulmán Almanzor como el gran revitalizador del Camino y quien provocó su fama internacional.[cita requerida] En efecto, los repetidos ataques de Almanzor sobre los reinos cristianos españoles llegaron a inquietar a los monjes de la abadía benedictina de Cluny, en aquel momento el más importante centro del cristianismo europeo. Religiosos vinculados a Cluny elaborarán el Códice calixtino y la Historia compostelana y los reyes españoles favorecerán en todo lo posible la constitución y proyección de una red de monasterios cluniacenses en el norte de España y singularmente alrededor del Camino. Esa política está íntimamente relacionada con el deseo de los monarcas españoles de romper con su aislamiento respecto de la Cristiandad mediante lazos dinásticos, culturales y religiosos.

Muchos de los primeros peregrinos procedían de regiones de Europa pioneras en la aportación de novedades musicales. Partiendo algunos del norte y otros de zonas más céntricas de Francia, habían pasado por lugares de culto, como Chartres y Tours. Allí pudieron escuchar las melodías que todo el Occidente cristiano consideraba el verdadero legado del papa Gregorio. Poco importaba que aquellos que venían del norte de Italia y que habían tenido que cruzar los Alpes y Pirineos les dijeran que en su lugar de origen el rito litúrgico era más antiguo y venerable que ése al que ellos llamaban romano.

Tampoco importaba mucho que una vez adentrados en territorio hispánico, y reunidos los peregrinos de distintas procedencias en torno a un mismo Camino, hicieran un alto en algún monasterio riojano y allí se les hablase, no sin nostalgia, de una liturgia que no hacía mucho era el elemento unificador frente a las huestes de Alah que desde hacía siglos ocupaban buena parte del solar hispano.

Martin de Tours

(san) Martín de Tours por El Greco.

Por hacer un poco de historia argentina, que en este caso es también historia española, Martín de Tours es conocido en Argentina, porque el catolicismo romano lo nombró ” el santo- patrón de la ciudad de Buenos Aires”,  por medio de los cabildantes hace 432 años, en el año 1580 por lo tanto, a los pocos días de la fundación de la ciudad.

La segunda fundación en realidad, porque Buenos Aires es la ciudad dos veces fundada. La primera por Pedro de Mendoza que la funda en 1536 la funda como “Real de Nuestra Señora Santa María del Buen Ayre”, nombre derivado, al parecer, de la devoción de los marineros españoles a la virgen, aunque ha de abandonarla en 1541, a causa del acoso de los nativos. Y la segunda por Juan de Garay, que la funda esta vez como Ciudad de la Trinidad, aunque otorga al puerto el nombre de Puerto de Sta. María de los Buenos Aires, donde hay que encontrar razón tanto del nombre por el que la ciudad será universalmente conocida, Buenos Aires, como del toponímico que recibirán sus habitantes, los “porteños”.   Martín de Tours no era, por lo tanto, argentino, pero es que ni siquiera era del país que el topónimo al que su nombre va unido parece sugerir, a saber, francés, pues nacer lo que es nacer, nace en Pannonia, en la actual Hungría, parte entonces del Imperio Romano, cosa que hace en el año 316.

Era hijo de un oficial del ejército romano, se enrola muy joven en la caballería imperial. Siendo soldado se bautiza cristiano y es destinado a los ejércitos que el Imperio mantiene en territorio francés: data de esa época, concretamente del año 337 y en Amiens, el famoso episodio en el que cabalgando a lomos de su caballo, corta con su espada su capa militar para compartirla con un pobre, a quien sólo le da la mitad, pues la otra mitad pertenece al ejército romano en que sirve. En la noche siguiente, según cuenta una fábula, “recibe la visita de Cristo” vestido con la media capa para agradecerle el gesto.

En el año 356, a sus cuarenta años de edad, se dirige a Poitiers, donde (san) Hilario lo ordena sacerdote. En 361, funda en Ligugé una comunidad monástica, y en el 371 es consagrado obispo de Tours. Su vida pastoral se caracterizará por la lucha contra las herejías del momento, primero el arrianismo, luego el priscilianismo, que lo nombre en relación al camino de Santiago, aunque según cuentan los historiadores, Martín abogó  ante el emperador Magno Clemente Máximo para ver si lograban que indultaran al hereje Prisciliano, español de origen, el cual, aún a pesar de las gestiones de Martín, acabará siendo decapitado, recayendo en él de este modo el dudoso honor de constituir el primer hereje cristiano ejecutado de toda la historia. La ejecución se produce en la ciudad de Tréveris, en la actual Alemania.

Martín de Tours, muere en Candes (Francia) en el año 397, a los ochenta y un años de edad, que no son pocos para la época. Ese mismo año, (san) Sulpicio Severo escribe su biografía que contribuirá a la difusión de su culto.  Trasladados sus restos a Tours, su sepultura y la iglesia erigida en torno a ella sufrirá tres grandes catástrofes: la primera un fuego en el año 1230; la segunda un saqueo de los protestantes franceses en 1562; y la tercera, el ataque de los revolucionarios franceses en 1793.

Conclución:

Creo que no debemos temer a la influencia de la ciencia en el escudriñamientos de eventos relacionados con la cristiandad. ¿Quién está, entonces, en la catedral de Compostela, los restos fosiles de Santigo apostol llegado de Palestina o el hereje Prisciliano?

El prestigioso forense José Antonio Lorente, director del laboratorio de identificación genética de la Universidad de Granada, ha rechazado en dos ocasiones analizar el ADN de las reliquias. Mientras no se tenga con qué compararlas no tiene mucho sentido hacer las pruebas. A lo sumo, si se conociese el lugar de enterramiento de algún pariente de Prisiciliano, se podría determinar si los restos corresponden o no al hereje. Lo demás es leyenda. Y tal vez ni siquiera la ciencia pueda llegar a desvelarlo algún dia.

Creo que es importante conocer la historia del cristianismo y ver como todas estas historias se entrelazan unas a otras.Además, debemos desmitificar los santuarios y centros de adoración popular, porque son prácticas paganos, auqnue hayan sido pensadas en la cristiandad: “los ídolos de las naciones nada son”.

La vieja herejía arriana no está muerta, para nada. Aunque ya le haya costado la vida a herejes como Prisciliano y tambien el famoso Miguel de Servet, durante la reforma protestante.El famoso predicador nortemaricano T.D.Jakes ha sido acusado reiteradamente de ser arriano. Tambien muchos teologos de la liberacion latinoamericanos han sido acusados por el Vaticano de ser arrianos. Gracias a Dios, hoy en dia, la inquisición no esta activa.

Debemos denunciar los excesos y las violaciones constantes a los derechos humanos, que se han dado en la histórica Inquisición. Al ehreje, no se le quita la vida, se ko excomulga de la comunion de la iglesia y se le retiran las credenciales de ministro ordenado,para impedir que siga influyendo con sus herejias por todos lados.Pero no hay derecho de quitarle la vida. Si no se arrepiente a su tiempo de herejia, Dios lo condenara al infierno eterno, pero no somos nosotros quienes para hacer tal cosa, como arrojarnos el  derecho de dictar pena de muerte a un hereje.

Creo que debemos aprovechar la influencia de estos lugares históricos para relacionarlos con la historia del cristianismo. Un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla nuevamente.

La historia de Martín de Tours, nos sirve para conocer algo mas de la historia de mi país (Argentina) y su cultura, y enlazarlo también con la vida del hereje Prisciliano, ya que están relacionadas. Decarto la fábula de su experiencia mística con Cristo, pero valoro su noble intento de salvarle la vida a un ser humano.

No es bíblico para nada darle “oficio de santo” a un santo, ya que todos los cristianos somos santos, porque como dice la biblia, “sin santidad nadie verá a Dios”. Debemos demistificar a estos santones del patronazgo de nuestros paises. Creo que la mejor manera es racionalizar su historia, mostrando que eran seres humanos y no “santos – semidioses”, como intenta hacernos creer el Vaticano. El único Rey y Señor de Señores, digno de ser considerado Soberano absoluto de nuestros países y ciudades, es Jesús de Nazaret, el que murió en la cruz y resucitó al tercer día, ascendiendo a los cielos y sentándose a la diestra del Padre.

Dios te bendiga.

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