Historia de la Iglesia: Avance del Clericalismo parte 6


Historia de la Iglesia: Avance del Clericalismo parte 6

Autor: Paulo Arieu

Si sólo para esto los bárbaros fueron enviados dentro de las fronteras romanas, para que [… ] la iglesia de Cristo se llenase de hunos y suevos, de vándalos y borgoñones, de diversos e innumerables pueblos de creyentes, loada y exaltada ha de ser la misericordia de Dios, [… ] aunque esto sea mediante nuestra propia destrucción. (Pablo Orosio) [0]

Goya, San Gregorio Magno.

Confirmación del II Concilio de Orange [1]

[De la Carta Per filium nostrum, a Cesáreo de Arlés, de 25 de enero de 531]

El Concilio de Orange es uno de los concilios en donde se afirma la soberana y la gracia de Dios correctamente.

1)… No hemos diferido dar respuesta católica a tu pregunta que concebiste con laudable solicitud de la fe. Indicas, en efecto, que algunos obispos de las Galias, si bien conceden que los demás bienes provienen de la gracia de Dios, quieren que sólo la fe, por la que creemos en Cristo, pertenezca a la naturaleza y no a la gracia; y que permaneció en el libre albedrío de los hombres desde Adán cosa que es crimen sólo decirla no que se confiere también ahora a cada uno por largueza de la misericordia divina. Para eliminar toda ambigüedad nos pides que corfirmemos con la autoridad de la Sede Apostólica vuestra confesión, por la que al contrario vosotros definís que la recta fe en Cristo y el comienzo de toda buena voluntad, conforme a la verdad católica, es inspirado en el alma de cada uno por la gracia de Dios previniente.

2). Mas como quiera que acerca de este asunto han disertado muchos Padres y más que nadie el obispo Agustín, de feliz memoria, y nuestros mayores los obispos de la Sede Apostólica, con tan amplia y probada razón que a nadie debía en adelante serle dudoso que también la fe nos viene de la gracia; hemos creído que no es menester muy larga respuesta; sobre todo cuando, según las sentencias que alegas del Apóstol: He conseguido misericordia para ser fiel (1 Cor. 7,:25), y en otra parte: A vosotros se os ha dado, por Cristo, no sólo que creáis en Él, sino también que padezcáis por Él (Fil. 1: 29),  aparece evidentemente que la fe, por la que creemos en Cristo, así como también todos los bienes, nos vienen a cada uno de los hombres, por don de la gracia celeste, no por poder de la naturaleza humana. Lo cual nos alegramos que también tu Fraternidad lo haya sentido según la fe católica, en la conferencia habida con algunos obispos de las Galias; en el punto, decimos, en que con unánime asentimiento, como nos indicas, definieron que la fe por la que creemos en Cristo, se nos confiere por la gracia previniente de la divinidad, añadiendo además que no hay absolutamente bien alguno según Dios que pueda nadie querer, empezar o acabar sin la gracia de Dios, pues dice el Salvador mismo: Sin mí nada podéis hacer (Jn. 15: 5). Porque cierto y católico es que en todos los bienes, cuya cabeza es la fe, cuando no queremos aún nosotros, la misericordia divina nos previene para que perseveremos en la fe, como dice David profeta: Dios mío, tu misericordia me prevendrá (Sal.. 58: 11). Y otra vez: Mi misericordia con Él está (Sal. 88:25); y en otra parte: Su misericordia me sigue (Sal. 22:6). Igualmente también el bienaventurado Pablo dice: O, ¿quién le dio a Él primero, y se le retribuirá? Porque de Él, por Él y en Él son todas las cosas (Rom. 11:35 ss). De ahí que en gran manera nos maravillamos de aquellos que hasta punto tal están aún gravados por las reliquias del vetusto error, que creen que se viene a Cristo no por beneficio de Dios, sino de la naturaleza, y dicen que, antes que Cristo, es autor de nuestra fe el bien de la naturaleza misma, el cual sabemos quedó depravado por el pecado de Adán, y no entienden que están gritando contra la sentencia del Señor que dice: Nadie viene a mí, si no le fuere dado por mi Padre (Jn. 6:44). Y no menos se oponen al bienaventurado Pablo que grita a los Hebreos: Corramos al combate que tenemos delante, mirando al autor y consumador de nuestra fe, Jesucristo (Heb. 2:1 s). Siendo esto así, no podemos hallar qué es lo que atribuyen a la voluntad humana para creer en Cristo sin la gracia de Dios, siendo Cristo autor y consumador de la fe.

La falsa idea de los “Pelagianos” que niegan el pecado original y creen el “libre albedrio”  que dicen que el hombre es “pecador porque comete pecado” es una doctrina que no tiene base biblica y por lo tanto una herejia.El Pelagianismo fue considerado una herejia por los siguientes concilios durante la historia Cristiana:

I) Católicos

  • a) Concilio de Cartago  (412, 416 y 418)
  • b) Concilio de Efeso (431)
  • c) El Concilio de Orange (529)
  • d) Concilio de Trento (1546) Romano

II) Reformistas

  • e) Segundo Concilio Helvetico (1561/66) 8-9. (Swiss-German Reformed)
  • f) La Confesion de Augsburgo (1530) Art. 9, 18 (Lutheran)
  • g) La Confesion Galica (1559) Art. 10 (French Reformed)
  • h) La Confesion Belgica (1561) Art. 15 (Lowlands, French/Dutch/German Reformed)
  • i) Los Articulos Anglicanos (1571), 9. (English)
  • j) Los Canonces de Dot (1618-9), 3/4.2 (Dutch/German/French Reformed).

Avance del clericalismo (s.VII):

El período de crecimiento del poder papal empezó con el pontificado de Gregorio I, “el Grande”, y llegó a su apogeo bajo Gregorio VII, mejor conocido como Hildebrando. Debe notarse que desde los tiempos primitivos cada papa al asumir su oficio cambiaba de nombre y Gregorio VII es el único papa cuyo nombre de familia se destaca en la historia después de su ascensión a la silla papal. Gregorio I fue el eclesiástico del que se cuenta la conocida historia de que al ver algunos cautivos en Roma de cabello claro y de ojos azules, y al preguntar quiénes eran, se le contestó que eran “angli” (ingleses).

A esto respondió: “Non angli, sed angeli” (“no anglos, sino ángeles”). Después, cuando llegó a ser papa, envió misioneros a Inglaterra para cristianizar al pueblo. Extendió el reino de su iglesia animado de un interés activo en la conversión de las naciones europeas que aún permanecían paganas y trayendo a la fe ortodoxa a los arrianos visigodos en España. Gregorio resistió con éxito las pretensiones del patriarca de Constantinopla al título de obispo universal. Convirtió a la iglesia en virtual gobernante en la provincia alrededor de Roma. De esta manera preparó el poder temporal o político.

A medida que nos acercamos al fin de este período, año 604, notamos una pronunciada decadencia en la fe, vida y costumbres de los cristianos. Por todas partes, es verdad, se oyen gritos de protesta, los que demuestran que los verdaderos cristianos todavía existen, y que “la fe que fue dada una vez a los santos” cuenta con un gran número de testigos y defensores ardientes que no sucumben bajo el peso de las nuevas circunstancias creadas por la gran apostasía. La fe ya no es la misma; una multitud de creencias anti­bíblicas obscurecen el brillo de la verdad traída al mundo por el Señor Jesucristo.

La organización ha degenerado en extremo; en lugar de congregaciones autónomas y altamente democráticas, hallamos las pretensiones episcopales de varios patriarcas, que terminan con un franco pronunciamiento hacia el papado, encarnación del despotismo espiritual y religioso. Referimos aquí lo que fue la organización de las iglesias apostólicas para que resalte el contraste que ofrecen con la organización al fin de este período, cuando los grandes patriarcas han tomado la dirección del rebaño.

Los patriarcas de Constantinopla, de Alejandría y de Antioquia gobiernan en Oriente. El patriarca de Roma, en Occidente, aunque su auto­ridad no era generalmente reconocida en España ni en la Galia.

  Bonifacio III

En el año 604 murió Gregorio I, y en el año 606 fue elegido papa Bonifacio III, quien por medio de bajas e indignas adulaciones al tirano Poca, consiguió se le diese el título de obispo universal, título que desde entonces han usado los que ascienden al papado.

  • Los emperadores continuaron intervinien­do en todos los asuntos eclesiásticos y ejerciendo el patronato. Los favores que recibía la iglesia eran cada vez mayores.
  • El permiso de recibir legados que le fue concedido, aumentó asombrosamente los bienes inmuebles de las comunidades.
  • El clero fue exceptuado del servicio militar, y de otros deberes públicos.
  • Los bienes eclesiásticos quedaron exceptuados del pago de contribuciones, y a menudo se disponía del tesoro público a favor de ciertas obras y ciertas personas.
  • El Código o Institutos de Justiniano, promulgado el año 529, indica el carácter de esta unión.
  • Se ve el deseo de cristianizar el Imperio por medio de leyes y medidas oficiales lo que, como siempre, dio funestos resultados.
  • La esclavitud, si no abolida, perdió su antiguo carácter cruel.
  • La vida humana, antes de tan poco valor, empezó a ser respetada; y ya no morían decenas y centenas de hombres en los combates de los gladiadores, los que llegaron a quedar del todo prohibidos.
  • Las relaciones de familia, que habían llegado a su último grado de relajación, fueron dignificadas en las nuevas leyes.
  • Se limitó el derecho de los padres sobre los niños, y el infanticidio fue declarado crimen.
  • La mujer adquirió más derechos y más nobleza.
  • Las leyes contra la inmoralidad se hicieron severas, y el divorcio quedó limitado sólo a los casos más graves.
  • El estado también se constituyó en defensor de la ortodo­xia, y éste fue el mayor de sus errores; pues para lograr su fin persiguió a los herejes.
  • El Código de Justiniano califica de herejes a todos los que no se conforman a las creencias esta­blecidas por la mayoría llamada Iglesia Católica, de modo que el rigor de la ley se aplicó a todos los que lucharon contra las innovaciones contrarias a la fe primitiva.

Corrupción en la iglesia

El cristianismo apareció primeramente en la historia como movimiento y como el camino de Cristo. Es anterior a su sedimentación en los cuatro evangelios y en las doctrinas. El carácter de camino espiritual significa un tipo de cristianismo que posee su propio curso. Generalmente vive al margen y, a veces, a distancia crítica de la institución oficial. Pero nace y se alimenta de la fascinación permanente de la figura y el mensaje libertario y espiritual de Jesús de Nazaret. Inicialmente considerado como «herejía de los Nazarenos» (Hechos 24,5) o simplemente «herejía» (Hechos 28,22) en el sentido de «grupillo», el cristianismo fue adquiriendo autonomía hasta que sus seguidores, según los Hechos de los Apóstoles (11,36), fueron llamados «cristianos».

El movimiento de Jesús es ciertamente la fuerza más vigorosa del cristianismo, más que las Iglesias, por no estar encuadrado en instituciones ni aprisionado en doctrinas y dogmas. Está compuesto por todo tipo de gente, de las más variadas culturas y tradiciones, hasta por agnósticos y ateos que se dejan tocar por la figura valiente de Jesús, por el sueño que anunció, un Reino de amor y de libertad, por su ética de amor incondicional, especialmente a los pobres y a los oprimidos, y por la forma como asumió el drama humano, en medio de humillaciones, torturas, y su ejecución en la cruz. Presentó una imagen de Dios tan íntima y amiga de la vida que es difícil prescindir de ella hasta por quien no cree en Dios. Mucha gente dice: «si existe Dios, tiene que ser como el Dios de Jesús».

Este cristianismo como camino espiritual es lo que realmente cuenta. Sin embargo, de ser un movimiento pasó muy pronto a ser una institución religiosa con varios modos de organización. En su seno se elaboraron las distintas interpretaciones de la figura de Jesús que se transformaron en doctrinas y fueron recogidas por los evangelios oficiales. Las Iglesias, al asumir carácter institucional, establecieron criterios de pertenencia y de exclusión, doctrinas como referencia identitaria y ritos de celebración propios. Quien explica tal fenómeno es la sociología, no la teología. La institución vive siempre en tensión con el camino espiritual. Lo óptimo es que caminen juntos, pero eso es raro. Lo decisivo es, en todo caso, el camino espiritual. Éste tiene futuro y anima el sentido de la vida.

La corrupción de las iglesias y decadencia espiritual que ca­racteriza a este período, alarmó a muchas almas sinceras, que buscaron en el retiro y soledad un asilo donde poder vivir en contacto íntimo con Dios y ocupados completamente en el des­arrollo de la vida interior.

La intención que animaba a los primeros anacoretas y ermitaños era buena, pero completamente extraviada.

Olvidaban que los cristianos tienen que ser la luz del mundo y la sal de la tierra; que Cristo oró para que los suyos fuesen librados del mal pero no quitados del mundo; y que los cristianos del tiempo apostólico, nunca pensaron en el retiro y soledad, sino en lidiar como buenos soldados en el campo de batalla de este mundo corrompido.

Durante todos estos siglos, no solamente en el orden disciplinario, sino también en la teología y culto, se notan grandes diferencias entre este período y el siglo apostólico. Al principio, Cristo era el Alfa y la Omega. No había creencia ni práctica que no tuviese a él por centro y por fundamento. Paulatinamente los cristianos, sin negar a Cristo ni rechazar su sacrificio, introducen nuevas ideas y nuevas costumbres que los distraen, y hacen apartar la mirada de aquel en quien habita la plenitud de la divinidad, y quien por los siglos de los siglos debe recibir el más completo homenaje de los que han sido redimidos por su sangre.

Herejías en la Iglesia

Greorio I fue un gran defensor de la vida monástica, habiendo sido monje él mismo. Fue uno de los administradores más capaces en la historia de la iglesia romana y bien merecía su título “el Grande”. Bajo una serie de papas y durante cientos de años la autoridad del pontificado romano aumentó y se reconoció en sentido general. Se pueden nombrar ciertas causas para este creciente poder del papado.  Una razón de por qué tantos aceptaban el gobierno de la sede romana se debía a que en las primeras épocas de este período, la influencia de los papas estaba sobre todo en su poder para ejercer la justicia.  La iglesia estaba colocada entre los príncipes y sus súbditos para reprimir la tiranía e injusticia, para proteger a los débiles y para demandar los derechos del pueblo. En los palacios se persuadió a más de un gobernante a recibir de nuevo una esposa repudiada injustamente y a observar cuando menos la forma exterior de la decencia. Hubo muchas excepciones, pues se sabe de papas que adulaban a príncipes impíos, pero el espíritu general del papado al principio de la Edad Media era en favor del buen gobierno. Las rivalidades e incertidumbres del gobierno secular estaban en marcado contraste con la firmeza y uniformidad del gobierno de la iglesia.

Gregorio I, también desarrolló ciertas doctrinas de la iglesia romana, sobre todo la adoración de las imágenes, el purgatorio y la transubstanciación, o la creencia de que en la misa o comunión el pan y el vino se transforman milagrosamente en el verdadero cuerpo y la sangre de Cristo.

1) La mariolatría: El amor y recuerdo respetuoso que se tuvo desde el principio a la madre de Jesús, empezó a degenerar en una superstición y culto idolátrico. Los nestorianos se opu­sieron enérgicamente al título de “madre de Dios” que muchos .le daban, y sostenían que ella era sólo madre de Cristo, según la carne, pero no de su divinidad. La doctrina de Nestorio fue condenada y abierto así el camino a la mariolatría. Un libro gnóstico del siglo tercero o cuarto, refiere la leyenda de la asunción de María, la cual, aunque popular, era tenida sólo como leyenda, y a nadie se le ocurría hacer de ella un hecho histórico. Pero los partidarios del culto a María empezaron a enseña’ que hubo tal ascensión corporal, y Gregorio de Tours, a fines del siglo sexto, escribió como sigue:

“Cuando la bienaventurada María terminó su carrera en esta vida y fue llamada a salir de este mundo, todos los apóstoles, venidos de todas partes del mundo, estaban reunidos en su casa, y cuando oyeron que ella debía de partir, estaban velando con ella, y he aquí el Señor Jesús vino con sus ángeles, y tomando su alma, se la entregó a Miguel, el arcángel, y se fue. A la mañana los apóstoles tomaron el cuerpo con el lecho y lo colocaron en un sepulcro, y velaron, esperando que el Señor viniese. Y, he aquí, el Señor apareció por segunda vez y ordenó que fuese llevada en una nube al Paraíso, quien habiendo tomar” o de nuevo su alma, goza ahora de las bendiciones sin fin de la eternidad, regocijándose con su predilecto.”

El abate Migne hace notar que ese relato de Gregorio ha sido tomado del Líber de Transitu, del pseudo Melitón, que está clasificado por el papa Gelasio entre los apócrifos.

2) Invocación de los santos. La costumbre de invocar a los santos tuvo origen en la exagerada veneración de que eran ob­jeto los mártires y otros héroes de la fe. Las iglesias empezaron dedicando ciertos días del año para recordar los sufrimientos que los tales habían soportado, y se daba gracias a Dios porque tales hombres habían militado entre los cristianos, mostrando así que la fe que profesaban puede crear energía y valor. Se exhortaba al pueblo a imitar sus virtudes y seguir sus huellas. Los panegíricos que se hacían en las iglesias, ensalzando con demasía a estos mártires, bajo el influjo de la hipérbole oratoria, fue creando la idea de que eran seres casi divinos; y pronto se estableció la costumbre de invocarlos como intercesores y me­diadores, olvidándose la enseñanza de que Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres, según lo establece San Pablo en su epístola a Timoteo.

3) La eucaristía. Hemos visto cómo la cena del Señor era el centro del culto cristiano, y así continúa siendo aún en este período de innovaciones y cambios, aunque ya pueden hallarse algunas ideas que cambian fundamentalmente el carácter de ésta ordenanza. Se empieza a creer en la presencia real, y los elementos no se miran como símbolos del cuerpo y sangre del Señor. En tiempos de Crisóstomo, vemos en sus obras, que aún no se conocía la costumbre de privar a los miembros de las iglesias de la participación del vino. Pero ya a mediados del siglo quinto, algunos intentan introducir lo que se llama comunión bajo una sola especie; pero tropiezan con la fuerte oposición de Gelasio, obispo de Roma, quien condena severamente la innovación y la hace cesar.

4) El purgatorio. La idea de un fuego donde las almas ten­gan que purificarse después de la muerte, es ajena y contraria a las doctrinas del Nuevo Testamento, que enseñan que la sangre de Cristo nos limpia de todo pecado. El primer cristiano que menciona un fuego purificador es Orígenes, en el siglo ni, quien sostenía la doctrina de la salvación universal y restauración final de todas las cosas. Gregorio el Grande es el primero que habla del purgatorio como de doctrina cristiana. Pronto se añade a ella la idea de que las oraciones podían ayudar a los que estaban en este fuego. Esta innovación demuestra que había decaído la confianza en el valor infinito de los méritos de Cristo, que excluyen toda obra humana, y hacen inútil todo otro sacrificio.

5) Templos e imágenes. La riqueza siempre creciente de las iglesias, y los continuos donativos de príncipes y ofrendas de ricos y pobres, facilitaban la construcción de edificios artísticos destinados al culto, y cada vez se daba más importancia al lugar donde éste se celebraba. Las primeras estatuas y pinturas intro­ducidas en estos edificios dieron lugar a muchas y largas contro­versias, aun cuando se destinaban sólo al ornato y a la instrucción del pueblo, y en ningún caso a la adoración o veneración. Pero en las comunidades que acababan de salir de la idolatría, estas representaciones no podían sino ser un tropiezo a los indoctos. Un obispo de Marsella, viendo que las imágenes conducían a la idolatría, mandó destruirlas, y cuando el caso llegó a oídos del papa Gregorio, éste le escribió diciendo que lo alababa por su celo contra la adoración de cosas hechas con manos, aunque no aprueba su iconoclasmo y sostiene que las imágenes son los libros de los ignorantes.

“Si alguien quiere hacer imágenes, no se lo impidas, pero por todos los medios impide el culto de las imágenes.”

Estas pinturas fueron matando el verdadero carácter del culto cristiano, y llevando al pueblo a una nueva forma de paganismo. Las imágenes adquirieron gran valor ante los ojos de los adoradores, y pronto se llegó a confiar en ellas mismas y a creerlas milagrosas. La imaginación popular se encendía al oír los relatos de las maravillas que se les atribuían y la gente iba cada vez más depositando en ellas su confianza.

Pontificado de Bonifacio III (Roma, ? – Roma, 12 de noviembre de 607)

Bonifacio III, fue el Papa nº 66 de la Iglesia Católica Apostólica Romana entre el 19 de febrero del año 607 hasta el día de su muerte. Hijo de Juan Cataadioce, era romano de nacimiento, pero griego de origen. A pesar de la relativa brevedad de su pontificado, contribuyó de manera significativa a la organización de la Iglesia Católica.

Siendo diácono, Bonifacio ya llamó la atención de Gregorio I, quien lo describió como “de probada fe y carácter” y le nombró apocrisiario (legado o nuncio papal) en la corte bizantina en el 603. Esta fue una etapa muy importante en la vida de Bonifacio que influiría en su posterior papado. Como apocrisiario en Constantinopla, logró ganarse la estima del emperador Focas y demostró ser un diplomático excelente, lo que fue muy útil al recomendar a Gregorio Magno que intercediese ante el emperador por el obispo Alcison de Casiopea, de la isla de Córcega.

Alcison alegaba que su posición obispal le había sido arrebatada por el obispo Juan de Euria en Épiso, que había huido de su hogar junto a su clero a fin de escapar de los ataques de los eslavos y avarios. Juan, habiéndose encontrado a salvo en Córcega, no estaba contento de servir bajo el obispo Alcison, por el contrario, conspiró para usurpar su autoridad episcopal. Normalmente, este comportamiento no habría sido tolerado, pero el emperador Focas tenía simpatía con el obispo Juan y prefirió no intervenir. Alcison apeló a Gregorio Magno, quien dejó a Bonifacio resolver el problema. En un golpe de genialidad diplomática, Bonifacio se las ingenió para reconciliar a todas las partes, manteniendo la confianza del emperador.

A la muerte del papa Sabiniano en febrero de 606, Bonifacio fue elegido como sucesor, pero su regreso desde Constantinopla a Roma se retrasó durante casi un año. Se ha debatido mucho acerca del por qué de este largo interregno; algunos historiadores opinan que la intención era permitir que Bonifacio concluyera su trabajo en Constantinopla, aunque muchos más piensan que esto se debió a problemas en la elección.
Se cree que Bonifacio insistió en que la elección papal fuese libre y justa y que quizá se negó a asumir el cargo pontificio hasta convencerse de que así había sido.

En cualquier caso, una vez accedió al cargo, convocó un concilio en Roma en el que efectuó dos cambios importantes en lo concerniente a la elección papal:

  • a) En primer lugar, prohibió que en vida de un papa se discutiese sobre su sucesión, bajo pena de excomunión.
  • b) En segundo lugar, estableció que no se podrían tomar medidas para la elección de un sucesor hasta al menos tres días después del entierro del papa. Estos tres días de duelo se ampliaron a nueve en 1741 bajo el pontificado de Benedicto XIV. Lo que  indica que Bonifacio tenía una seria intención de mantener libres de interferencias externas las elecciones papales.

Otra acción notable de su pontificado resultó de su corte de relaciones con el emperador Focas. Buscó y obtuvo un decreto de Focas que restauró

“La opinión de que el Bendito Pedro el Apóstol debe ser la cabeza de todas las Iglesias”.

Lo cual aseguró que el título de “Obispo Universal” perteneciese exclusivamente al obispo de Roma y terminó con el intento del patriarca Ciríaco de Constantinopla de establecerse con dicho título. Aunque algunas fuentes citan como evidencia que Bonifacio fundó la Iglesia Católica, este decreto simplemente afirmó una visión planteada hacía mucho tiempo por Justiniano I, quien había dado reconocimiento legal a la primacía del pontificado romano.

Conclución:

No creo hacer una lectura pésima de la referencia histórica del concilio de Orange, el que fue uno de los concilios en donde se afirmó las doctrinas biblicas de la soberanía  de Dios y de la gracia de Dios correctamente. Me animo a decir que fueron biblicos en muchos sentidos. Pero lamentablemente, todo esto se fue perdiendo con en el transcurso del tiempo!!!!

Del Concilio de Orange, y de los otros concilios también (4 católicos romanos, 6 reformistas), a la luz de la Biblia, concluimos que la doctrina pelagiana es herética:

EL HOMBRE NACE EN PECADO PORQUE SOMO CONSTITUIDOS COMO TAL POR LA DESOBEDIENCIA DE ADAN.

La herejia Pelagiana que el hombre “no nace en pecado sino que es pecador porque hace pecado” es inescritural.

Bonifacio III fue enterrado en la Basílica de San Pedro el 12 de noviembre de 607. Durante casi todos estos siglos de la Edad Media, Europa estuvo en condición decadente, pues sus gobernantes se levantaban y caían, un castillo luchaba contra otro y no existía autoridad plena y duradera. El antiguo imperio cayó en el siglo quinto y Europa estuvo casi en un caos hasta el siglo noveno, cuando el imperio de Carlomagno se estableció. Casi todos sus sucesores inmediatos fueron hombres débiles, muchos de ellos buscaron la ayuda de Roma y estuvieron dispuestos a hacer concesiones de poder para obtenerla. Una vez que la iglesia obtenía el poder a expensas del estado, lo retenía con firmeza.

Como alguien me citó:

“Las Escrituras nos enseña claramente que el hombre es responsable delante de Dios de obedecer sus mandatos y al mismo tiempo nos enseña que el hombre es incapaz de cumplir la Ley de Dios y aun de tener el deseo de buscar a Dios. Ambas enseñanzas parecen contradecirse una a otra, pues si Dios manda al hombre a obedecer Sus mandatos como entonces tambien se nos dice que el hombre es incapaz de obedecer esos mismos mandatos? Es Dios un ser injusto que se goza en la inhabilidad del hombre de obedecer Su Ley? Si el hombre está muerto en delitos y pecados y su voluntad esta “esclavizada” al pecado y hace por naturaleza lo su naturaleza caida le inclina a hacer, como entonces Dios puede esperar que cumpla su ley y crea en el evangelio? Jesús nos ofrece una respuesta, la cual explica la razón porque el hombre en su estado caido decide creer en Jesús, “Todo lo que el Padre me da, vendra a mi” ( Jn. 6:37).  En este texto Jesús enseña que el acto de creer no se origina en la voluntad del hombre, pero mas bien en la voluntad de Dios, el cual trabaja en el hombre caido para que este creea en Jesús.”

En este período el clericalismo se fue desarrollando completamente. También se introdujeron herejias como a) La mariolatría, b) Invocación de los santos c) La eucaristía d) El purgatorio e) Templos e imágenes.El desarrollo de la doctrina romanista del papado tomo suficiente fuerza durante este período, donde ya se perdió del todo la sencillez de vida de los ministros de los primeros tiempos del cristianismo. Y se fue uniendo el estado con la Iglesia. Habrá que esperarar hasta la reforma protestante para que esto cambie.

El problema de la cristiandad que fué surgiendo en aquellos dias, la que sería la Iglesia romano-católica, como se verá en los proximos siglos,  es “su pretensión de ser la única verdadera”. Cuando uno puede observar al estudiar la historia del cristianismo y la situación de separación actual de las grandes religiones cristianas, lo correcto y lo ideal sería que todas las iglesias cristianas se respeten y reconozcan su parte buena en su concepción del mensaje de Jesús. Si analizamos bien la doctrina, y separamos la paja del trigo, lo ortodoxo de lo heterodoxo, podemos ver que las iglesias en muchos casos revelan ” dimensiones diferentes y complementarias del mensaje del Nazareno” . Por supuesto, esto solo es un concepto teológico filosófico, sin caer en el error del ecumenismo. Que es tan solo un idealismo mas. Porque andarán dos juntos si no estuvieran de acuerdo? Imposible. Respetar al otro, no significa estar de acuerdo. Solo es respetar, no apoderarse de la verdad y no caer en la infalibilidad de nuestras tradiciones. Ni de nuestros lideres, que son tan humanos como lo son los papas, aunque ellos aún hoy en día se hacen llamar vicarios de Cristo, y lideres infalibles.

El Vaticano ha asumido un camino de confrontación con dos importantes episcopados, el alemán y el francés, al introducir la misa en latín; ha articulado una reconciliación rebuscada con la Iglesia de los seguidores de Lebfrevre; ha vaciado las principales intuiciones renovadoras del Concilio Vaticano II, especialmente el ecumenismo, negando absurdamente el título de «Iglesia» a las Iglesias que no sean la Católica y la Ortodoxa; siendo cardenal se mostró gravemente permisivo con los pedófilos; su relación con el sida roza los límites de lo inhumano.

La Iglesia Católica actual se ha sumergido en un invierno riguroso. La base social de apoyo al modelo anticuado del actual papa está formada por grupos conservadores, más interesados en las realizaciones mediáticas, en la lógica del mercado, que en proponer un mensaje adecuado a los graves problemas actuales. Ofrecen un «cristianismo-lexotán» apto para calmar conciencias angustiadas, pero alienado frente a la humanidad sufriente.(L. Boff)

Como vemos en este artículo, el cristianismo de aquellos dias se fue apartando mas y mas de la verdad, y lo que decía la Biblia debió ser entendido y aceptado a la luz de esas nuevas tradiciones que fueron surgiendo y no al revés, como es lo correcto. Lamentablemente, la figura del sacerdote en lugar del pastor bíblico se apoderó de la presidencia de la Grey de Dios, y los cristianos fueron perdiendo su libertad de conciencia.Y ahogando los otros ministerios de la Biblia.

Pero, hablando a nuestros dias, “lo importante es que el cristianismo mantenga su carácter de camino espiritual. Él puede sustentar a tantos cristianos y cristianas frente a la mediocridad e irrelevancia en la que ha caído la Iglesia actual “, al igual que sucedió en aquellos dias de constantinización de la cristiandad. Por supuesto, cada lider cristiano de nuestros dias debe procurar guardar “la sana doctrina.”

Actualmente hay mucha decepción con las iglesias institucionales. Se está dando una doble emigración: una exterior, personas que abandonan sencillamente la Iglesia, y otra interior, las que permanecen en ella pero no la sienten ya como un hogar espiritual. Continúan creyendo en Dios y en su Palabra, a pesar de las iglesias.

El movimiento de Jesús es ciertamente la fuerza más vigorosa del cristianismo, más que las Iglesias, por no estar encuadrado en instituciones ni aprisionado en doctrinas y dogmas. Está compuesto por todo tipo de gente, de las más variadas culturas y tradiciones, hasta por agnósticos y ateos que se dejan tocar por la figura valiente de Jesús, por el sueño que anunció, un Reino de amor y de libertad, por su ética de amor incondicional, especialmente a los pobres y a los oprimidos, y por la forma como asumió el drama humano, en medio de humillaciones, torturas, y su ejecución en la cruz. Presentó una imagen de Dios tan íntima y amiga de la vida que es difícil prescindir de ella hasta por quien no cree en Dios. Mucha gente dice: «si existe Dios, tiene que ser como el Dios de Jesús».(L. Bofff)

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Notas

[0] Justo L. Gonzalez, Historia del Cristianismo Tomo I,pag. 109 ,ed. Unilit

[1] http://www.conoze.com/doc.php?doc=1002

Bibliografia consultada

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