La Guerra es un monstruo grande y pisa fuerte parte 12


La Guerra es un monstruo grande y pisa fuerte parte 12

Acontecimientos en Europa

La Primera Guerra Mundial acababa de estallar cuando Pío X murió, y Benedicto XV (1914–22) fue electo en su lugar. El nuevo papa había sido hecho arzobispo por Pío X, y su pontificado fue continuación del precedente. Como los tres papas anteriores, Benedicto XV siguió insistiendo en su derecho a gobernar sobre los estados papales, usurpados por Italia.

Aunque hizo esfuerzos en pro de la paz, las naciones beligerantes no le prestaron gran atención, y cuando por fin terminó la guerra y se fundó la Liga de las Naciones, el Papa jugó un papel prácticamente insignificante en todo ese proceso. Tras la guerra, Benedicto se dedicó particularmente a establecer concordatos con las diversas naciones surgidas de las negociaciones de paz. En términos generales, el mundo veía en él un papa algo más abierto al mundo moderno que su predecesor, pero débil e ineficaz.

Su sucesor, Pío XI (1922–39), era un erudito y hábil administrador. Se distinguió por haberse percatado de la creciente importancia del mundo no europeo, y por tanto hizo todo cuanto le fue posible por fomentar la obra misionera y por ayudar a las iglesias ya establecidas en otras regiones a alcanzar mayor madurez.

Durante su pontificado el número de misioneros católicos se duplicó, y fue él quien consagró a los primeros obispos chinos. Como veremos, más tarde en el mismo siglo XX ese énfasis en el desarrollo del catolicismo en otras tierras daría frutos inesperados. Además, Pío XI se interesó en estimular la participación del laicado en la vida de la iglesia, aunque siempre bajo la supervisión de la jerarquía.

A ello dedicó la primera de sus encíclicas, que estableció los propósitos y reglas fundamentales para la Acción Católica, que vino a ser la organización laica más importante del catolicismo durante la primera mitad del siglo XX.

Mientras se preocupaba por los peligros del comunismo y de su ateísmo declarado, Pío XI no dio muestras de la misma preocupación frente al fascismo, especialmente en aquellos lugares en que el fascismo se presentaba a sí mismo como el principal enemigo del comunismo.

Además, el fascismo se basaba en principios semejantes a los que Pío IX había defendido en su Sílabo de Errores: una visión jerárquica de la sociedad, un fuerte sentido de la autoridad, y el estado como defensor y supervisor de la vida moral.

Puesto que el fascismo italiano en sus primeras etapas parecía favorecer al catolicismo, el Papa se mostró dispuesto a colaborar con él y a favorecer su búsqueda del poder. En 1929 el papado firmó con Mussolini un acuerdo mediante el cual se resolvió por fin la cuestión de la soberanía sobre los antiguos estados papales, especialmente Roma.

Según los términos de ese acuerdo, Italia reconocía la existencia de un estado soberano, la “Ciudad del Vaticano”, bajo el gobierno del papa, y además le pagaría al papado una indemnización por la pérdida de los otros territorios pontificios. Por su parte, Pío reconocía al Reino de Italia como estado legítimo, con Roma por capital. Algún tiempo después Pío chocó con el fascismo italiano y se apartó de él.

También se opuso al nazismo en las primeras etapas de su marcha hacia el poder. Pero después mitigó su oposición a Hitler y su régimen. Y en España, Franco siempre contó con el apoyo del papado. En Alemania, durante los primeros años del nazismo hubo muchos católicos que apoyaron a Hitler por temor al liberalismo y al comunismo.

En 1933 toda oposición católica a Hitler se deshizo, y el partido político que dirigía Monseñor Kaas le dio a Hitler la mayoría que necesitaba para adueñarse del poder. Por la misma época, los obispos se reunieron en Fulda y se retractaron de sus anteriores advertencias sobre los peligros del nazismo.

En Roma, Pío XI y su Secretario de Estado, el cardinal Pacelli , quien después fue el papa Pío XII, estaban convencidos de la necesidad de llegar a un acuerdo con Hitler, y pocos meses después se firmó un concordato que fue visto por el resto del mundo como una aprobación tácita del nazismo.

Por varios años el Papa no parece haberse percatado de los peligros y horrores del nazismo, que le parecía ser una alternativa aceptable frente a la amenaza comunista. Por fin en 1937, Pío XI promulgó dos enciclicas, una contra el nazismo y otra contra el comunismo.

La primera, Mit brennender Sorge, declaraba que el nazismo era una nueva forma de paganismo, y acusaba a Hitler de haber violado el concordato de 1933.

Cinco días más tarde, la encíclica paralela, Divini Redemptoris, condenaba también al comunismo, que ahora le preocupaba aun más al Papa por cuanto Rusia había aumentado su propaganda antirreligiosa, el comunismo avanzaba rápidamente en Asia, y Pío temía que la Revolución Mexicana diera en otro estado comunista.

En esta segunda encíclica, el Papa condenaba la doctrina marxista de que la religion es utilizada para oprimir a las masas, y afirmaba que no hay base alguna de colaboración entre cristianos y marxistas.

Mientras tanto, los vínculos cada vez más estrechos entre el fascismo italiano y el nazismo alemán, y sus conflictos repetidos con el régimen de Mussolini, llevaron a Pío a preparar un discurso en el cual se proponía condenar las acciones del régimen fascista en Italia, aunque sin romper con él. Ese discurso estaba en vías de preparación cuando el Papa murió.

El cónclave necesitó solamente un día y tres votaciones para elegir su sucesor. Este fue el cardenal Pacelli, quien indicó su intención de continuar la obra del difunto papa tomando el nombre de Pío XII (1939–58).

Hombre ducho en diplomacia, con una ligera inclinación hacia el nepotismo y una visión de la iglesia marcadamente jerárquica y autoritaria, Pío XII era también un místico que pasaba horas enteras dedicado a la oración, un trabajador infatigable cuyos colaboradores se quejaban de que era imposible trabajar al mismo ritmo que él, y una persona de gran atractivo personal, respetada tanto por sus amigos como por sus enemigos.

Los primeros años de su pontificado coincidieron con la Segunda Guerra Mundial, que él había hecho todo lo posible por evitar. Cuando el conflicto se hizo ineludible, Pío dedicó sus esfuerzos a  mantener a Italia fuera de él, y también le prestó su apoyo a una conspiración para derrocar a Hitler.

Pero en todo esto fracasó, y cuando la guerra por fin estalló el Papa adoptó una postura de neutralidad, con la esperanza de poder servir de mediador en fecha posterior.

Esa neutralidad, sin embargo, le obligó a guardar silencio ante las atrocidades cometidas por los nazis contra los judíos, y por ello se le ha criticado fuertemente. Sobre este punto, hasta sus más decididos defensores concuerdan que el Papa sabía lo que estaba teniendo lugar en Alemania, y defienden su actitud argumentando que sus protestas o condenaciones poco o nada hubieran logrado.

Pero tales consideraciones no impidieron que Pío protestara contra el maltrato de los católicos polacos por parte de los nazis, aun cuando los obispos polacos le hicieron saber que cada denuncia emitida por la radio del Vaticano no producía sino nuevas medidas represivas.

Al parecer, Pío era sencillamente un exponente más de lo que había sido la actitud básica del papado desde  tiempos del Concilio de Trento: proteger la iglesia a todo costo, buscando para ella tanta libertad y poder como fuera posible, y subordinando todo otro interés a esa meta suprema. También es probable que, aunque el Papa temía una victoria nazi, el avance del comunismo le preocupaba más, y que en el conflicto entre los poderes del Eje y la Unión Soviética sus simpatías se inclinaban hacia los primeros.

En todo caso, Pío XII insistió repetidamente sobre los principios generales mediante los cuales las naciones y los gobiernos han de ser juzgados, pero no aplicó esos mismos principios de manera explícita y concreta.

Al mismo tiempo, mientras la reacción del Papa a la persecución de judíos en Alemania y en otros países ocupados por los nazis dejó mucho que desear, sí hubo buen número de católicos que arriesgaron su vida y su libertad en pro de sus hermanos judíos.

El propio Papa tenía conocimiento de las organizaciones clandestinas que ayudaban a los judíos a escapar de Alemania, Francia, y otros países de Europa occidental. Y entre los “gentiles justos” a quienes la comunidad judía internacional reconoce como personas que respondieron al reto de la hora se cuentan varios católicos.

Introducción a la 2da. Guerra mundial

En el artículo Siglo XX, el tango Cambalache y el siglo que se fue, comenté de doce intelectuales que opinaron que el siglo XX fue muy violento. Fue en este siglo anterio, que se desarrolló la segunda Guerra mundial, que fue  el conflicto armado más grande y sangriento de la historia mundial, en el que se enfrentaron las Potencias Aliadas y las  Potencias del Eje, entre 1.939 y 1.945.

Fuerzas armadas de mas de 70 países  participaron en combates aéreos, navales y terrestres. Por efecto de la guerra  murió alrededor del 2% de la poblacion mundial de la época (unos 60 millones de personas),  en su mayor parte civiles. y termina  oficialmente el  2 de Septiembre de 1.945

De tal manera que, esta segunda guerra mundial surgió debido a la  invasión a Polonia por parte de los alemanes, y los ataques japoneses contra China, los Estados Unidos de América y las Colonias Britanicas y Neerlandesas en Asia.

La Segunda Guerra Mundial estalló después de que estas acciones agresivas recibieran como respuesta una declaración de guerra, una resistencia armada o ambas por parte de los países agredidos y aquellos con los que mantenían tratados. [0]

Howard Zinn comenta que hay evidencias de que sin duda la segunda Guerra mundial fue la mas popular,y él enumera varias razones importantes:[1]

1) 18 millones de hombres entraron en las fuerzas armadas (10 millones irían al extranjero)

2) 29 millones de trabajadores compraron regularmente bonos de guerra con su sueldo.

3) Todas las instituciones del país apoyaban la guerra

4) Se trataba de una guerra contra un enemigo de una maldad terrible e indescriptible. Sin duda Hitler era la encarnacion viva de un anticristo (Desde una concepción mas metafisica que científica).

5) La alemania hitleriana estaba extendiendo el totalitarismo, el racismo y el militarismo, en una guerra de agresión abierta como nunca antes se habia visto.

El solo pensar en la persona de Hitler, también me recuerda a la historia de Atila, el bárbaro rey de los Hunos, quien es conocido en la historia y la tradición occidentales como el inflexible “Azote de Dios”, y su nombre ha pasado a ser sinónimo de crueldad y barbarie.

Aunque por otros relatos se cree que Atila no sólo hablaba perfectamente el latín, sino que sabía escribirlo; además hablaba griego y otros idiomas, por lo que muy probablemente se trató de un hombre de gran cultura para los cánones de la época.[2] Aunque tenia fama de cruel, algunos historiadores opinan que no es cierto que Atila fuera una bestia salvaje ni tampoco el “azote de Dios”, ni que donde pisaba su caballo no volvía a crecer la hierba. Tales apelativos le fueron aplicados por el pánico que producían sus avances.[3]

Pero Hitler fue peor aún.Mas sanguinario y mas cruel todavía,como veremos. De Alemania nos queda el recuerdo del dictador Adolf Hitler, un monstruo, un carnicero. Un verdadero anticristo,como dije.

B) Segundo Reich:  Imperio alemán [4]

El término imperio alemán (en alemán Deutsches Kaiserreich) o Segundo Reich se utiliza para referirse a Alemania en la época de su consolidación, comprendida entre la unificación del 18 de enero de 1871, hasta la abdicación del Kaiser (emperador) Guillermo II el día 9 de noviembre de 1918. Los alemanes, para referirse al imperio durante el gobierno del Kaiser, suelen emplear el término Kaiserreich, que también ha sido usado por historiadores no alemanes.

El segundo reich fue fundado el 18 de enero de 1871 tras la victoria de Prusia en la Guerra franco-prusiana y supuso la unificación de los diferentes estados alemanes en torno a Prusia, excluyendo a Austria. Prusia se convirtió en Alemania, bajo el liderazgo del canciller Otto von Bismarck, quien fuera el verdadero artífice de la unificación, el más prominente hombre de estado del siglo XIX. Se inicia un período de gran desarrollo de la nación alemana en todos los campos: científico, económico, geográfico, político y militar.

A partir de ese momento, Alemania se transforma junto a Inglaterra en una de las dos grandes potencias mundiales.

Desde entonces y durante las siguientes dos décadas se establecen los llamados “sistemas bismarckianos”, que dominan la política europea en ese período. Entre 1884 y 1885 Bismarck convoca la conferencia de Berlín, en la que las potencias establecen las pautas para el reparto colonial de África.

Con la coronación de Guillermo II como Kàiser, comienza un enfrentamiento entre éste y Bismarck, que provoca la caída del canciller. El emperador será incapaz de continuar con las políticas implantadas por Bismarck y Alemania se ve cada vez más incapaz de mantener el equilibrio europeo, que para entonces era más que nunca la base del equilibrio mundial.

En 1914 estalla la Primera Guerra Mundial que, al provocar la derrota de Alemania en 1918, marca el fin de la dinastía Hohenzollern. Las naciones vencedoras imponen el Tratado de Versalles y con ello se inicia la República de Weimar. El territorio alemán se ve nuevamente dividido.

C) Tercer Reich:  Alemania Nazi [5]

La Alemania Nazi, Imperio Nazi o el Tercer Reich son términos que se refieren a la Alemania del período comprendido entre 1933 y 1945, cuando Adolf Hitler gobernó este país bajo los fundamentos de la ideología totalitaria del nazismo.

El término nazi es una forma abreviada de Nacionalsocialismo en alemán; la ideología fue institucionalizada en el Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores (PNSAT), en alemán Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei (NSDAP), también conocido como partido Nazi.

El Tercer Reich es el período y se utiliza como sinónimo para la Alemania Nazi. El término fue introducido por la propaganda nazi, que contaba al Sacro Imperio Romano Germánico como el primer Reich o imperio, al Imperio alemán de 1871 como el segundo y a su propio régimen como el tercero. Esto fue hecho para sugerir una vuelta gloriosa de la Alemania anterior tras la República de Weimar instaurada en 1919 y que, sin embargo, nunca fue disuelta oficialmente por el nuevo régimen.

El partido Nazi procuró combinar símbolos tradicionales de Alemania con símbolos del partido Nazi, siendo un sìmbolo runico, la esvàstica el màs representativo del règimen, en un esfuerzo por reforzar la idea de unidad entre sus ideales y Alemania.

Tras su derrota en las elecciones de 1932, el NSDAP promovió una ola de revueltas y violencia callejera que forzó al débil e inestable gobierno al colapso. El jefe de Estado, Paul von Hindenburg, fue presionado a pactar con Hitler, quien fue nombrado canciller alemán el 30 de enero de 1933. Una vez en el cargo, Hitler llamó a nuevas elecciones en medio de una intensa propaganda nazi. Poco tiempo antes de los comicios, el Reichstag (Parlamento Alemán) fue incendiado. Entonces Hitler culpó a los comunistas, sugiriendo que el incendio era el comienzo de una revolución y sembró el pánico con el objetivo de un mayor caudal electoral. Finalmente, las elecciones le otorgaron el control del Parlamento, el que poco después aprobaba una ley que establecía una dictadura a través de medios democráticos.

Hitler impuso desde entonces un gobierno centrado alrededor de su figura, basado en el principio del caudillo o “Führerprinzip”. Según este principio político, el Führer quedaba identificado con el pueblo (“era” el pueblo), y sólo él conocía y representaba el interés nacional. Esta representación del pueblo por el líder era esencial: no suponía ningún procedimiento de consulta y delegación del poder. El Führerprinzip, sostenían sus ideólogos, reemplazaba a un gobierno irresponsable e impotente (el parlamentario), por otro poderoso y en el que la responsabilidad recaía en una sola figura. Así, la voluntad del Führer se transformaba en la ley. La aplicación de este principio resultó en formas totalitarias de control y represión, ya que cualquier oposición a los designios del Führer era, por definición, antinacional.

El antisemitismo jugó un papel importante dentro de la doctrina nazi. A la raza aria como símbolo perfecto de todo lo puro en Alemania se le contraponía la perversión de la raza judía enemiga del género humano. Los judíos fuero presentados por Hitler como cabeza de turco por la derrota alemana en la Primera Guerra mundial. La propaganda nazi se encargó de difundir toda una serie de películas de cine (como El judío Süss y El judío Eterno), panfletos y demás publicaciones que lograron reverdecer el latente antisemitismo de la población. A medida que los nazis fueron ganando poder, los judíos se vieron cada vez más perseguidos hasta culminar en el genocidio conocido como Holocausto o Shoá.

La sede del Bundesbank en Fráncfort del Meno (Wikipedia)

Como es bien sabido, antiguamente la idea de “imperio” (Reich) estaba relacionada con el hecho de ampliar fronteras y dominar pueblos por el poderío de los ejércitos y la destreza política de los gobernantes.

D) Hitler

Sin duda, Hitler fue un tremendo sanguinario; fue un importante personaje político alemán, aunque de origen austríaco. De niño demostró una gran inteligencia, así como un carácter muy obstinado. En 1905 Adolf Hitler abandonó la escuela secundaria para ir a Viena, con la intención de ingresar en la Academia de Artes y convertirse en pintor; rechazado en el examen de ingreso, decidió Hitler no regresar a Linz, donde vivía su madre, y quedarse en Viena viviendo una existencia bohemia.

La estancia en la capital del Imperio Austrohúngaro marcó profundamente su vida y su pensamiento, al ponerlo en contacto con los círculos pangermanistas y antisemitas de esa ciudad. En 1913 Adolf Hitler marchó a Munich, donde se hallaba al inicio de la Primera Guerra Mundial. Se alistó en el ejército alemán y se distinguió en acción en el frente occidental, lo que le valió la Cruz de Hierro de Primera Clase.

En la fase final de la guerra Hitler resultó afectado por un ataque con gas, y se encontraba aún convaleciente cuando se firmó el armisticio. La derrota de Alemania representó un duro golpe para Hitler, quien, como muchos alemanes, pensaba que aquello sólo podía deberse a una «puñalada por la espalda» de los políticos. Por ello dedicó sus energías a destruir a la naciente República de Weimar, a la que culpaba de todos los males de Alemania.

Hitler se afilió al pequeño Partido de los Trabajadores Alemanes, del que asumió el poder rápidamente, para convertirlo en el Partido Nacionalsocialista Alemán del Trabajo (NSDAP), el partido nazi. Los nazis empezaron a ganar fuerza en la turbulenta política alemana de principios de los años veinte y pronto se vieron involucrados en diferentes complots para derribar el gobierno, hasta el fallido intento de golpe de Estado conocido como el putsch de 1923.

Los dos cabecillas de la intentona, Hitler y Ludendorff, fueron detenidos y juzgados; las penas, empero, fueron muy leves, y Hitler aprovechó la reclusión para escribir Mein Kampf, libro en el que condensaba todo su pensamiento político. La situación de marginalidad del partido nazi cambió súbitamente con la crisis económica de 1929, que le hizo ganar tantos votos provenientes de las clases medias, que se convirtió en el segundo partido de Alemania. En 1933, Hitler fue nombrado canciller con el apoyo de los partidos de derechas.

Ya en el poder, Adolf Hitler se apresuró a poner en práctica su programa político basado en el control de todos los aspectos de la vida pública por los nazis, al tiempo que vaciaba de contenido las instituciones democráticas, rearmaba al ejército e iniciaba una campaña contra los judíos. Su agresiva política exterior, que buscaba recuperar los territorios arrebatados a Alemania a raíz de la firma del tratado de Versalles, incrementó la tensión internacional hasta el punto de conducir a la guerra, cuando Alemania invadió Polonia en septiembre de 1939.

Al principio Hitler se benefició de la neutralidad soviética, que le permitió concentrar sus fuerzas contra Francia y el Reino Unido. En 1940, el ejército alemán aplastó a Francia después de haber ocupado Bélgica, Holanda, Dinamarca, Noruega y Polonia, pero la incapacidad de la aviación germana de doblegar a los ingleses lo indujo a atacar a la Unión Soviética para hacer realidad su sueño de erigir un Imperio Alemán en el este. El ataque contra los soviéticos comenzó en 1941 y, a pesar de un avance inicial rápido y victorioso, la gran ofensiva fue detenida finalmente a las mismas puertas de Moscú.

La guerra contra la URSS se convirtió en un descalabro, y Hitler decidió asumir personalmente el mando del ejército. En 1944, poco después del desembarco aliado en Normandía, Adolf Hitler sufrió un atentado, organizado por sectores descontentos del ejército, del cual salió con algunas heridas leves. La represión que luego siguió contra los conspiradores fue implacable. La desesperada situación de Alemania a finales de 1944 no disuadió a Hitler ni a los demás jerarcas nazis de continuar el genocidio sistemático contra los judíos, que se cobraría millones de víctimas. Cuando las tropas soviéticas entraban ya en Berlín, Adolf Hitler se suicidó junto con su amante y secretaria Eva Braun, con quien había contraído matrimonio horas antes, el 30 de abril de 1945.

En pocas ocasiones la memoria colectiva de los pueblos muestra tamaño acuerdo a la hora de juzgar el papel histórico de un personaje como en el caso de Adolf Hitler. Sobre él se han escrito cientos de miles de páginas, y su figura se asimila a la de un dictador asesino responsable de la muerte de millones de personas y encarnación de los más bajos y deplorables instintos humanos.

Hitler llevó a su país, y a la práctica totalidad de la población mundial, a la guerra más devastadora nunca conocida, practicando además una política de exterminio y barbarie contra todos aquellos grupos o individuos que la abyecta ideología que representaba tuviera por diferentes y, por ende, inferiores. Su padre era hijo a su vez de la soltera María Anna Schikelgruber, tomando prestado el apellido Hitler de un pariente por considerarlo más honroso. El hecho de que su padre proviniera de una unión ilegítima entre su abuela y un desconocido perturbó siempre los pensamientos de Hitler, ante la posibilidad de tener ascendientes judíos. Durante su infancia, se educa en pequeñas escuelas de pueblo, hasta que pasa a la escuela de Artes y Oficios de Linz.

Su infancia distó mucho de ser feliz, siendo objeto de frecuentes palizas por parte de su padre, sólo en parte compensadas por el cariño que su madre, Klara Pölz, le profesaba. Esta era la tercera esposa de Alois, y tenía veintitrés años menos que él. La complicidad entre madre e hijo era a veces percibida por su padre bajo el prisma de los celos.

Quizás por la mala relación con su padre, o por los frecuentes cambios de residencia y colegio, lo cierto es que el niño Hitler no lograba cuajar amistades, teniendo como resultado que se encerrase en sí mismo y en sus sueños como futuro pintor, su afición favorita. Los designios de su padre, por el contrario, iban por otros derroteros, pues deseaba para su hijo una carrera de funcionario.

La controversia fue fuente de frecuentes disputas y discusiones, en las que el joven Hitler no cedía un ápice, al punto que, a modo de rebeldía, dejó de prestar atención a los estudios en la escuela católica de Linz y repitió curso. En 1903 muere su padre, lo que le otorga cierta libertad de movimientos y acción. Algo más tarde, una pulmonía le hace abandonar la escuela en principio hasta su restablecimiento, pero será definitiva. Se dedica entonces a su afición favorita, la pintura, durante dos años, con la ilusión de ser algún día un pintor reconocido. Su intento de ingresar en la Academia de Bellas Artes de Viena se ve abocado al fracaso, aunque, orgulloso y seguro de sus fuerzas, lo intentó un año más tarde. Nuevamente cosechó el mismo resultado. Decepcionado y triste por la muerte de su madre en 1907, se entregó a una vida abandonada y perezosa, en la que sólo las audiciones de Wagner parecían interesarle. Requerido para cumplir el servicio militar, Hitler se escondió en Viena durante tres años para así eludirlo.

El motivo de su actuación no era otro que su deseo de no formar parte de un ejército que consideraba débil y propio de un país en decadencia, alejado de pasadas glorias. Por el contrario, admiraba a la pujante Alemania y su carácter orgulloso, lo que le hizo trasladarse a Munich en 1913. Desde allí envió una carta en la que se excusaba de no hacer el servicio militar, alegando que no tenía medios para subsistir y vivía en la pobreza. En realidad, disfrutaba de una pensión de orfandad, al mismo tiempo que la venta de algunos dibujos le procuraban ingresos adicionales. Sin embargo, aunque no fueron admitidas del todo sus excusas, el tribunal que juzgaba su caso se avino a realizarle un examen médico para poder declararle no apto para el servicio militar, lo que realmente sucedió. Un año más tarde, sorprendentemente, solicita su ingreso como voluntario en el ejército ante el advenimiento de la I Guerra Mundial. En los combates, destaca por su afán de lucha y arrojo. Inscrito en una unidad de choque, en apenas unas semanas sólo quedan vivos 600 de los 3.500 soldados que la formaban.

El antisemitismo se convierte en una de las principales consignas del partido, siendo muy bien recibida por la opinión pública en general. Por toda Alemania se pueden oír sus discursos o leer sus folletos, desplegando una actividad propagandística incansable. La crisis de 1929, que Alemania sufre especialmente, incrementa el número de seguidores de Hitler. Las empobrecidas clases medias, temerosas del influjo comunista, abrazan el nazismo como una tabla de salvación. En las elecciones de marzo de 1932 Hitler resulta derrotado por Hindenburg, pero sus trece millones de votos le facultan para ser nombrado canciller muy poco tiempo después. El demócratacristiano von Papen se apresta a colaborar con Hitler, pensando que podrá encauzar y moderar sus acciones. Craso error. Las primeras decisiones del nuevo canciller demuestran su voluntad de no someterse a pactos. Tras decretar la realización de un plebiscito en el Sarre sobre la ocupación francesa, consigue expulsar a los franceses. Incumple los acuerdos de Versalles, en especial impulsando la militarización de Alemania, al mismo tiempo que lanza el “Anchluss”, la unión con Austria. La subida al poder de un personaje así asusta a los aliados europeos, incapaces de articular medidas que vayan más allá de la “política de apaciguamiento”. Es entonces cuando la Sociedad de Naciones revela su ineficacia. Tras llegar al poder, Hitler y sus colaboradores (Himmler, Goebbel, Goering) se encargaron de crear un aparato policial capaz de someter absolutamente a la población y evitar cualquier tipo de disidencia. La Gestapo velará por la “seguridad” del Estado, al mismo tiempo que por la “pureza” de la raza aria. En 1938, su agresiva política exterior le llevará a añadir parte a Alemania parte de Checoslovaquia, cuya integridad estaba garantizada por el Tratado de Versalles. Nuevamente las naciones europeas capitulan ante el formidable despliegue de fuerza alemán. El siguiente paso será Polonia, también protegida por la Sociedad de Naciones y, especialmente, Francia e Inglaterra.

La maniobra de Hitler es inteligente: se acerca a la URSS mediante la firma de un pacto de no agresión, permitiendo que los tanques alemanes traspasen con una rapidez extraordinaria la frontera polaca el 1 de septiembre de 1939. Inglaterra y Francia declaran abiertas las hostilidades: la II Guerra Mundial ha comenzado. Inmediatamente, la Wehrmacht invade Dinamarca y Noruega, tan solo meses después, a las que seguirán Bélgica y Holanda en 1940. El golpe mayor está todavía por venir: el 5 de junio las tropas alemanas entran en Francia, derrotándola en tan solo diecisiete días. Tan solo resiste Gran Bretaña, acosada por la aviación de Göering, quien busca desesperadamente la ayuda de unos Estados Unidos ensimismados en su política de neutralidad. Por el contrario, Italia y Japón se suman a Alemania y forman el Eje. El ataque japonés sobre Pearl Harbour fuerza, ahora sí, la entrada definitiva y sin ambages de Estados Unidos en la guerra. El gran error de Hitler fue, teniendo abierto el frente occidental, abrir otro en el Este.

El desembarco en Normandía, en 1944, supone el inicio del fin de la aventura Alemana. Las defensas de Rommel, el otrora triunfador en África, nada puede hacer por detener el avance aliado, que parece pugnar con los rusos en su avance hacia Berlín. La situación comienza a ser dramática, al punto que una sublevación por poco acaba con la vida del Fuhrer al hacer estallar una bomba bajo su sillón durante una reunión del Estado Mayor en Berchtesgaden. Hitler ha perdido el control. Se esfuerza en imponer órdenes de resistencia bajo pena de ejecución sumaria, mientras que recluta para su ejército incluso a menores de edad. Encerrado en su bunker, desconfía de sus más íntimos colabores, si acaso sólo en Goebbels y Martín Bormann, testigo éste de su acelerada boda con Eva Braun. La carrera por Berlín prefigura un mundo diferente al término de la guerra. Comunistas y capitalistas se afanan por llegar los primeros, siendo aquellos los primeros en llegar. Hitler no verá este hecho, pues se suicidará unto con Goebbels y Eva Braun el 7 de mayo. Atrás quedan cinco años de guerras y millones de muertos causados por la megalomanía de un dictador, el ensimismamiento de un pueblo y la pasividad del resto de naciones.

En 1945, se sucidó, dejando a un país derrotado; se suicida en su búnker de Berlín, el 30 de abril.

E) Ocultismo en Adolf Hitler

Hay algunas facetas de Adolfo Hitler que usted probablemente ud. no conoce. El entrenamiento espiritual que recibió Hitler de Meister Dietrich Eckhart, Maestro de la Sociedad Secreta Thule, es una información crucial para poder comprender el Nuevo Orden Mundial venidero, porque en todos los aspectos, Hitler fue el retrato perfecto del próximo Cristo de la Nueva Era, el Anticristo. En otras palabras, el próximo Anticristo será como Hitler en todo, y gobernará de la misma forma, llevando a cabo los mismos objetivos en contra de la misma gente.

Hitler practicó el ocultismo esotérico para construir una «civilización pura e incorrupta».. Su acción se basó en el mito de la Atlántida. Las lecturas de revistas esotéricas en su juventud moldearon la mente de Adolf Hitler, que se veía a sí mismo como una suerte de hombre predestinado a edificar la «gran nación aria», en la que Alemania sería el centro del mundo. Ésta es la tesis del historiador Giorgio Galli.[6]

Hitler dedicó su vida a la búsqueda del Santo Grial. El Santo Grial es supuestamente la “copa o platillo usado por Jesús en la Ultima Cena, preservada por José de Arimatea, quien la llevó a España o Bretaña, y fue custodiada por numerosos caballeros.” Una vez más, tenemos el interés ocultista en reliquias religiosas. En el caso del Santo Grial, la leyenda ocultista comenzó a construir un interés único en referencia al Santo Grial; este vino a representar un “sendero Occidental único a una conciencia trascendente”. Los ocultistas generalmente creen que, si uno verdaderamente quiere obtener este Santo Grial, debe de aprender el arte de la Magia Negra.  La palabra, ‘Grial’, se deriva de la palabra, ‘graduale’, la cual significa gradualmente, paso a paso, grado a grado. En este concepto de gradualismo subyace el esfuerzo completo de más de 300 años de lograr el Nuevo Orden Mundial, ¡y definitivamente es la sub-aplicación de la teoría Hegeliana del cambio controlado a través de conflicto controlado!

Hitler ”alcanzó niveles bien altos de conciencia por medio de drogas e hizo un estudio profundo de ocultismo medieval y rituales de magia…” Las drogas son tan importantes  para “alcanzar una conciencia más allá de lo oculto” que uno no puede alcanzar tal conciencia sin tomarlas. En otras palabras, sin drogas, no hay altos niveles de conciencia. Cuando una persona toma drogas que alteran la mente, el o ella le está dando permiso a que el demonio entre a sus mentes. Las drogas que alteran la mente también tienen el efecto de separar temporalmente la asociación conciente de la mente con el cuerpo, por lo tanto permite que la mente sea cambiada sutilmente, cambiando valores y actitudes. Tomar drogas es otro aspecto común del ocultismo de toda edad y cultura. Hitler “hizo un estudio penetrante de ocultismo medieval y rituales de magia… ” porque este tipo de ocultismo es específicamente y onerosamente Magia Negra.

Hitler fue poseído demoníacamente por primera vez cuando el tenía solo 15 años de edad. El apenas había terminado de escuchar la obra Rienze de Wagner, cuando el fue poseído. Su amigo de la niñez, Gustl Kubizek, miraba con horror mientras un ser comenzó a hablar por boca de Hitler con una voz muy inusual. Esta voz comenzó a hablar de visiones de como Hitler iba a cambiar la historia europea, que un día, el recibiría un Mandato de su pueblo para llevarlos de “servidumbre a las Alturas de la libertad — una misión especial la cual algún día le sería confiada a el.”

A pesar de que la realización de esta visión no se cumpliría sino después de muchos años, esta visión se convirtió notablemente en realidad. Contra todas las posibilidades, Hitler escaló hasta el pináculo de poder en Alemania, apoyado por poderes Satánicos. Este ser, este poder, es el espíritu de “la Conciencia del cristo” el cual los adherentes de la Nueva Era creen que vendrá sobre su especialmente designado Avatar, cambiándolo de un mero humano al Maestro Divino y Líder por quien están esperando ¡La Biblia correctamente le llama posesión demoníaca!

Hitler creía profundamente en la Reencarnación. Mientras el estaba parado frente a la Lanza del Destino en el Museo de los Tesoros de la Casa de Hapsburg en Viena, mirando fijamente la Lanza, extrañas sensaciones explotaron dentro de el. Como narró más tarde el mismo Hitler, “La Lanza aparentaba ser una especie de medio mágico de revelación pues trajo el mundo de las ideas hacia una perspectiva tan cercana y viviente que la imaginación humana se volvió más real que el mundo del sentido. Sentí como si yo mismo la había sostenido en mis manos en algún siglo anterior de la historia – como si yo mismo la había declarado una vez como mi talismán de poder y sostuve el destino del mundo en mis manos. Aún así, ¿cómo sería posible esto? ¿Qué tipo de locura era esta que estaba invadiendo mi mente y creaba tanto alboroto en mi seno?”

Los inicios de Hitler perder su cordura con los poderes de Satanás pueden ser rastreados a este momento, cuando el estaba en sus veinte y tantos años de edad. El había sido poseído demoníacamente desde la edad de 15, y ahora su mente estaba perdiendo su cordura. Toda Europa pagaría el precio, tanto en muertos de guerra como en muertos por genocidio.

Ciertamente, los registros de la historia de que Hitler encendió una Guerra que fue la más destructiva en la historia de la humanidad, y sus programas genocidas excedieron toda cosa en el mundo en términos de planeamiento y eficiencia.

  • Hitler odiaba a los judíos con una pasión que solo puede ser descrita como tan caliente, tan ponderosa, ¡que solo puede venir del mismo Infierno!! Hitler describió el “problema” con los judíos en varias formas, en su libro principal, “Mein Kampf (Mi Lucha)”:
  • Parásitos, (pags. 150 y 305)
  • Una enfermedad que estaba infectando el cuerpo nacional de Alemania. (Págs. 232, 250-257)
  • Un “Problema” que necesitaba ser tratado de forma “humanística”.
  • Una “mancha moral” inflingida sobre Alemania. (Pág. 57)
  • Completos mentirosos, una raza donde mentir es la virtud predominante. (Pág. 232)
  • La “contraparte más poderosa” del Ariano. (Pág. 300)
  • Preocupados solo por hacer dinero, dirigir un negocio rentable, hasta el punto de monopolizar la economía, sacándole la vida al país, (p. 307-309)
  • Un eterno chupa sangre, agarrado del cuerpo nacional. (Pág.310)
  • Culpados de todos los problemas de Alemania, especialmente su derrota en la 2da Guerra Mundial. (Pág. 327-329)

Hitler redefinió el concepto de que la muerte de las personas correctas, como el judío, podría ser beneficioso; aún más que beneficioso, tal muerte puede resultar en la “sanidad” de la nación. Su “Solución Final” genocida se convirtió en el paso necesario para lograr esta “sanidad” del cuerpo alemán.

Pero, el odio de Hitler hacia los judíos era un tipo el cual ninguna persona normal podría siquiera concebir, porque va más allá del mero odio que conocemos como odio. Su renuencia era verdaderamente satánica, vertiéndola directamente desde el mismo infierno.

Escuche a otro autor ocultista de Magia Blanca como describe este odio demoníaco, “El genocidio era el arte mágico por el cual la historia de la  humanidad sería transformada para siempre, aún si Alemania no sobreviviría.

La eliminación de los judíos, y con ellos su cultura y religión, dejaría un vacío para la ascendencia de los poderes demoníacos controlados por el Tercer Reich. Hitler se sintió a sí mismo como un participante en un Armagedón psíquico.”

Este odio era tan intenso, que Hitler y sus oficiales estaban dispuestos a sacrificar la nación alemana entera para lograr esta “Solución Final”. Desde el principio, Hitler sabía que las probabilidades estaban grandemente contra el en su esfuerzo de establecer este Nuevo Orden Mundial.

Pero, el perseveró como quiera, porque el creía que “era una acción significante en la búsqueda del Nuevo Orden.” No subestime la determinación fanática de Hitler de “extirpar totalmente la raza judía de este planeta… la fe de Hitler en la raza que venía lo llevó a creer que el nuevo “Herrenvolk” no evolucionaría mientras viviera siquiera un solo judío…

Los Nazis hiper-autoritativos buscaron extirpar todas las formas de ‘desviación’ de su Nuevo orden mundial.”

De esta forma, Hitler libró la 2da Guerra Mundial primordialmente para “limpiar” a los judíos y a toda las otras formas de ‘desviación’ del planeta. El hasta usó un libro ocultista, publicado en 1926 por Hans F.A. Gunther, llamado”Estudios Raciales del Pueblo Alemán” (“Racial Studies of the German People”), el cual tenía un apéndice en la parte posterior, demostrando la ubicación de la población judía a lo largo del área general europea, incluyendo Rusia occidental.

Hitler usó este libro para determinar donde el iba a atacar, ¡¡y de que forma!! Verdaderamente, Satanás obró a través de Hitler para destruir totalmente al judío y borrarlo de la faz de la tierra.

En otras palabras, al mismo tiempo que Hitler, el Gran Mariscal de las Fuerzas de las Logias Negras, estaba comenzando a matar sistemáticamente a los judíos en Europa, una de las principales líderes de las Fuerzas de las Logias Blancas, Alice A. Bailey, ¡¡también estaba amenazando con matarlos!!

Tanto Gran Bretaña como los Estados Unidos eran las potencias mayores dirigidas por adeptos de las Logias Blancas, Churchill y Roosevelt, respectivamente

¿Es de algún asombro que nuestro Departamento de Estado se rehusó a aceptar judíos que estaban tratando de huir de Europa? ¿Es de algún asombro que nuestro Departamento de Guerra se rehusó a bombardear los campos de muerte y/o las líneas de ferrocarriles que estaban transportando víctimas judías?

Poco se dieron cuenta los judíos que los líderes de los Aliados eran ocultistas que también odiaban a los judíos, ¡pero que simplemente eran mejores disfrazando su odio!

En este punto, usted podría protestar que, si los Aliados de Occidente odiaban secretamente tanto a los judíos, ¿por qué intervinieron a nombre de los judíos quienes querían que se les devolviera su tierra? ¿Por qué apoyamos tan grandemente el renacer de Israel entre 1945-1948?

Hay dos razones:

1) Roosevelt y Churchill eran Francmasones,  y como tales, estaban siendo leales a la visión ocultista de Alberto Pike de 1870, donde el declara que serían necesarias tres guerras mundiales para preparar la aparición del Cristo, trayendo por lo tanto el Nuevo Orden Mundial. La Tercera Guerra Mundial iba a ser entre Israel y sus vecinos árabes.

2) Ocultistas de la Logia Blanca aprendieron de sus hermanos de la Logia Negra los medios más efectivos de matar judíos. Hitler desperdició tremendas cantidades de dinero y recursos militares para encontrar a los judíos, reunirlos, y matarlos. Hitler literalmente tenía que conquistar Europa para lograr esta tarea.

Hitler estuvo muy cerca de causar que el “problema” judío desapareciera, matando dos terceras partes de los judíos en el mundo. Esta es una de las formas más obvias e importantes en la que Hitler fue un verdadero tipo de Anticristo.

Hitler comenzó su Holocausto contra los judíos en 1938, y continúo hasta 1945, ¡siete años! Pero, ¡el Holocausto fue llevado a cabo en dos segmentos de 3 años y 1/2! En los primeros 3 años y 1/2, las matanzas de judíos de Hitler fue muy secreta, y llevada a cabo en formas que limitaba el número de judíos que podían ser matados; sin embargo, a finales de 1941, Hitler estableció campos genocidas inmensos y efectivos, como Auschwitz.

Estas nuevas instalaciones permitieron que fuera posible el matar enormes números de judíos rápidamente y efectivamente. De este modo, mientras  Hitler mató judíos por siete años, sus últimos 3 años y medio fueron especialmente horrorosos.

¡Hitler consideraba que el Cristianismo era débil, pobre, mezquino y simplemente judío! Por lo tanto, al declarar su objetivo de estar “quebrando las raíces y el trono al cristianismo. Por eso el declaro su objetivo de estar “desbaratando la raíz y el tronco del cristianismo”.

Tan pronto el habría terminado de aniquilar totalmente a los judíos, Hitler planeaba volverse contra el cristianismo con el mismo fervor infernal.

Notas:

[0] http://yoyocleive.blogspot.com/p/la-segunda-guerra-mundial-relacienes.html

[1] Howard Zinn

[2]  Wikipedia

[3] http://www.portalplanetasedna.com.ar/atila.htm

[4] http://www.profesorenlinea.cl/Paisesmundo/Alemania/AlemaniaHistoria.htm

[5] http://www.profesorenlinea.cl/Paisesmundo/Alemania/AlemaniaHistoria.htm

[6] http://www.portalplanetasedna.com.ar/hitler.htm

Bibliografia Consultada

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