José Pablo Feinmann y el kirchnerismo


José Pablo Feinmann y el kirchnerismo

Vayamos al hueso de esta nota, porque quien no haya leído “consecuentemente” a José Pablo puede sentirse desconcertado frente a algunas de sus declaraciones: Feinmann no dijo nada que no haya dicho ya en repetidas oportunidades, y hasta de manera repetitiva, en intervenciones orales y escritas previas. Una aclaración más, ya que no se coloca en el lugar del militante: siempre, aún cuando era consultor de Kirchner, se reservó la distancia para, según él, poder observar y analizar la realidad sin el condicionamiento de la subordinación a la estrategia que Kirchner en aquel momento, o Cristina ahora, liderara.

Ricardo Carpena, el periodista de LA NACION, afirma al finalizar que es un lector “consecuente” de JPF pero que le sorprendió que José Pablo no le recitara los diez mandamientos K o no lo retara por trabajar en un medio “enemigo”. Si se sorprendió es imposible que sea un “lector consecuente”. Una de dos: miente acerca de su sorpresa o miente que es un lector consecuente. De cualquier manera, demeritúa su rol como entrevistador.

La entrevista, como no puede ser de otra manera en LA NACION, es claramente tendenciosa: “Siempre me llamó la atención que los Kirchner quintuplicaron su patrimonio en apenas cinco años”“También hay una Justicia funcional al poder y una virtual ausencia de organismos de control”. Eso no lo dijo Feinmann: así preguntó Carpena, convirtiéndose casi en el entrevistador entrevistado. Feinmann, convencido de que el rol del intelectual es cuestionar (y es legítimo que así lo crea), aprovecha para, desde su feinmannismo, remarcar su feinmannismo. Es decir: para poner énfasis en la distancia que él establece respecto del proceso político. Legítimo también: JPF aspira a ser considerado por la historia como un pensador de la Argentina, no del peronismo o el kirchenrismo únicamente, aunque ambas categorías expliquen en buena medida nuestro pasado y presente.

Como ocurre siempre, uno puede estar de acuerdo y en desacuerdo con las opiniones de los demás, aunque el otro sea un maestro como JPF. Enumeremos las coincidencias primero (lector, podés saltar directamente a las disidencias, si querés): la visión acerca del tercer Perón, la tesis de que la violencia desatada por la oligarquía (y la Iglesia y el Ejército, subordinados todos a la política exterior del Departamente de Estado norteamericano) a partir del ’55 contra el peronismo -y no sólo contra el aparato peronista sino, fundamentalmente, contra el pueblo peronista- es la que determina luego la violencia irracional que derivó en el genocidio de la última Dictadura cívico-militar. JPF lo resume así: “El fondo de la cuestión es que ya era tarde para todo. Perón había demorado mucho su regreso, pero no por su voluntad; el gran error del Estado antiperonista que se desarrolla desde 1955 hasta 1973, en que asume Cámpora, fue prohibir a Perón durante 18 años, en una actitud absolutamente antidemocrática en nombre de la democracia. Si Perón hubiera vuelto en el 64 no hay guerrilla, ni miles de muertos, ni tanto odio en el 73”.

Coincido también en su juicio negativo acerca de la lucha armada. Claro que una vez conocido el resultado es simple llegar a esa conclusión, y esa es una salvedad que Feinmann no hace y yo sí. La deconstrucción que hace del foquismo y del Che me parece muy acertada, y me consta que muchos, luego de la Revolución Cubana, planteaban lo mismo. Cristina a la izquierda de Kirchner también es un acierto. Hasta el mismo Néstor Kirchner lo decía.

Vamos entonces a los puntos de disidencia. Leer al sindicalismo de hoy desde el cristal del sindicalismo combativo de los ’70 es un error. El mismo error en el que incurre la prensa opositora cuando califica al kirchnerismo de montonerismo aggiornado omenemismo con DD.HH. También pensar que la CGT puede llegar al PEN como un peronismo “autoritario” o “acuartelarse” (un término castrense) es una soberana tontería. Perdoname la dureza, Feinmann. Lo decíamos hace poco además: la CGT está lejos todavía de sacar un Lula de la galera.

Más naïf me parece su apelación a la caridad como solución a los problemas estructurales de la Argentina. Cuando dice: “yo no entiendo cómo los muy muy ricos no se dan cuenta de que tienen que ceder algo de su riqueza para vivir más felices”, enuncia una gran verdad; pero luego la aproximación a una especie de caridad tipo Cáritas, de Cristina Kirchner cediendo diez millones de dólares para crear un barrio en tal lugar, revela una incomprensión indigna de Feinmann y más parecida a la de mi tía Eduvigues (o Martín Caparrós, ¿por qué no?): los problemas de distribución de la riqueza en la Argentina son estructurales y, por lo tanto, deben ser solucionados de manera estructural y no mediante apelaciones tontas e individualistas a la solidaridad o beneficencia. Me recuerda al modelo que imperaba en las provincias a finales del siglo 19 y principios del siglo 20: de familias ricas que hacían beneficencia y eran, por lo tanto, queridas por el pueblo que seguía igualmente en la miseria.

Sigamos. Insistir, una vez más, con una remake de transversalidad (romper con el peronismo), cuando ya la realidad probó que la peronización no sólo le permitió al kirchnerismo bancar la intentona golpista sino ganar cómo se ganó en octubre, no puede ser sino obcecación: él se lo había recomendado a Kirchner, como una suerte de nuevo tercer movimiento histórico quizás. La crítica a La Cámpora me parece poco constructiva también: ocupar espacios de poder es lo que permite incidir efectivamente en la realidad. Basta ver la desesperación republicana para entender que hacer que los resortes del Estado respondan a un ideario nacional, popular y latinoamericano es un camino a transitar siempre. Pero si eso no bastara, la experiencia de la JP en los ’70 y de la Coordinadora en los ’80 están ahí para señalar lo acertado de la decisión.

A modo de conclusión, tan sólo remarcar lo expuesto en el párrafo inicial: cualquier lector de Feinmann ya había leído antes los conceptos que el filósofo virtió en LA NACION. Y su posición respecto al kirchnerismo se entiende desde su lugar de militancia filosófica y no política: Kant y no Kirchner.
* Addenda: algunos recomiendan por estas horas esa carta de Kirchner a José Pablo, quizás como una manera de responder con la misma moneda a ese “alejarse” del filósofo. Yo prefiero recomendar esta entrevista de Contraeditorial a Feinmann, de febrero de 2010. Les permitirá observar cómo la coyuntura y el medio permiten expresiones diferentes, pero siempre dentro de su misma y siempre interesante línea feinmanniana.

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Extr de

 

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