Omnisciencia de Dios y escatologia profetica


Omnisciencia de Dios y escatologia profética

Autor: Paulo Arieu

  • “…en Jerusalém, ciudad que yo me elegí para poner en ella mi nombre”. (1 Reyes 11:36)

Esta promesa profética señala a siglos primeramente, y milenios adelante; es parte de lo ya tratado y analizado abundantemente ( leer articulo en este blog titulado Promesa eterna dada al rey David y su descendencia), solo que aquí se añade y especifica que éste reinado futuro tendrá su base en la ciudad de Jerusalém.

Jerusalém será la futura Ciudad Santa, y no como ahora que de santa lleva solo el apodo; sino que como predijo el profeta Isaías: “Porque de Jerusalém saldrán las reliquias, y del monte de Sión salvamento: el celo de Yahweh de los ejércitos hará esto” (Is 37:32). Jerusalém, como hemos venido explicando, será asiento de Dios y cabecera de reinos.

Cuando lleguemos al libro del profeta Isaías analizaremos sus palabras proféticas en relación a Israel y el mundo, cuando profetizó: “Y acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Yahweh por cabeza de montes, y será ensalzado sobre los collados, y correrán a él todas las gentes. Y vendrán muchos pueblos…y nos ensenará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalém la palabra de Dios” (Is 2: 1-4). 

En el libro de Apocalipsis, se nos promete una Jerusalém que administrará el mundo, y que posteriormente será reemplazada con una Celestial donde no morará ningún tipo de abominación por los siglos de los siglos (Ap. 21: 1-4, 22-24).

Vemos que muchos ministerios, por estar políticamente correctos con el sistema, y no ahuyentar feligreses de sus enclaves olvidan las profecías bíblicas. Jesucristo tuvo en su ministerio público una constante repetición sobre las profecías bíblicas y el futuro. Para él eran muy importantes, porque en ella vemos la omnisciencia de Dios, las promesas divinas, y se nos hace lógico el plan de Dios y el por qué aparentemente creemos que Dios nos ha olvidado.

No, amigo lector, como ya dije, Dios no se tarda en sus promesas, nosotros somos los que no lo entendemos, y debemos culpar en parte a esos supuestos ministros del Evangelio que no siguen los pasos de Jesús anunciándole al pueblo lo por venir.

Usted se preguntará ¿Por qué lo omiten? Porque sencillamente al tener que hablar de la ira venidera, del juicio final, de las calamidades que nos anuncian los antiguos profetas, Jesús, y el Apocalipsis, serían catalogados de ominosos, predicadores de desgracias y sufrimientos, y por tanto perderían feligreses (llamados clientes en el argot corporativo) y entonces muchas de sus arcas (entiéndase dinero) se vaciarían, y ellos mismos perderían prebendas y el sistema cómodo de vida que gozan; pero si eres pastor, y me lees, acuérdate que la biblia también habla de los malos pastores:Mal haya el pastor de nada que deja el ganado. Espada sobre su brazo, y sobre su ojo derecho: del todo se secará su brazo, y enteramente será su ojo derecho oscurecido” (Zac 11:16).

Háblale al pueblo la verdad de lo que se acerca, no temas quedarte solo. ¿Cambiarás una temporada de soledad por una eternidad de regocijo y compañía? No, no sería de sabios. Acuérdate que la verdad es la única que nos puede liberar y ella encierra no solo historias dulces y amorosas, sino el purgante que nos extirpa la maldad que nos agobia, y esta vez para siempre (Jn 8:32).

Hay profecías que se refieren sobre grandes acontecimientos en la historia de la humanidad. No hay religión en el mundo que haya podido comprobar el cumplimiento exacto, detallado e histórico, acompañado de evidencias arqueológicas como los profetas del Antiguo y Nuevo Testamentos que conforman la biblia. El cristianismo ha sido anunciado desde la mismísima Creación.

Otras profecías son tan sencillas como predecir el nombre de un rey que surgiría siglos adelante, y con ello Dios solo ha querido que tu, estimado lector, entendieras que existe un Creador omnisciente, y que la Redención total del hombre, es un hecho activo, que no cesa y que tendrá un acontecimiento decisivo, al final de los tiempos, que cambiará todo de una vez y para siempre.

Una de estas profecías que mencionan sencillamente el nombre de un rey, la encontramos en las palabras del profeta de Bethel, en tiempos de Jeroboam, rey de las diez tribus del norte de Israel, cuando profetiza al futuro diciendo: “He aquí que a la casa de David nacerá un hijo llamado Josías, el cual sacrificará sobre ti a los sacerdotes de los altos, que queman sobre ti perfumes, y sobre ti quemarán huesos de hombres” (1 Re. 13:2).

El nombramiento del futuro rey era parte de la mención de una maldición contra los impíos sacerdotes del reino del norte que, violando la palabra de Dios, sacrificaban no en Jerusalém, sino donde quiera que les venía en ganas, siendo ellos incluso no miembros de la tribu de Leví, quienes eran los únicos autorizados para ejercer el sacerdocio de Dios.

El profeta les menciona con detalles, el nombre del pío rey que 300 años adelante, vendría al norte de Israel y quemaría sobre ese falso altar, los huesos de todos los sacerdotes impíos que se atrevieron a pervertir el derecho. ¿Qué religión ha anunciado el nombre de un rey 300 años antes de que venga a este mundo? No es pues cuestión de religión, sino de la omnisciencia de Dios a través de sus profetas, y demostrándonos que 300 años no es nada, y que hay un Plan Eterno de Redención.

El cumplimiento de esta profecía lo podemos ver en 2 Re. 23: 15-16, 25. ¿Qué es entonces lo admirable de las profecías bíblicas como en este caso? El hecho que 300 años antes que este gran hombre y justo rey Josías naciera, ya Dios lo llama por su nombre, usando para ello a este varón—profeta—que fue desde Judá a Beth-el, solo para eso.

¿Puede acaso algún hombre profetizar el nombre de una futura célebre figura pública, que vendría siglos después, a no ser que sea el mismo Dios que hable a través de él? ¿No es esto, como dije, una prueba fehaciente de la omnisciencia divina? ¿No es este simple pasaje algo que nos haría parar mientes y tomar en serio toda la Santa Biblia, Palabra de Dios? ¡Piénselo!

  • “Buscad a Yahweh Dios mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano” (Is 55:6).

Dios conoce el pasado, y también conoce el futuro, ya que la omnisciencia es uno de sus atributos. Los profetas ‘entran” en el futuro, de la mano del Espíritu de Dios y nos revelan en las Escrituras los acontecimientos por venir. El Dios que envió a Jesucristo a dar su vida en la cruz por nuestros pecados es aquel que lleva a este mundo al cumplimiento de  Sus propositos. Y a traves del mensaje profético, nos ha revelado su Plan. La escatologia lo estudiará para poder explicarlo de modo sistematico, como se explican las otros doctrinas.Pero, es el rapto,la doctrina escatológica de moda, una verdad divinamente revelada?

Hay muchos que andan por el mundo hablando de lo que no saben, y publicando libros tratando de denigrar las Santas Escrituras. Son como puercos que un dia caerán por el despeñadero del sufrimiento y la ignorancia eterna. Buscar a Dios mientras puede ser hallado, porque un dia, como profetizó el profeta Isaías, podría ser tarde para usted,para mi  y para nuestras familias,pero no lo hagamos por miedo. El temor del Señor,no es miedo,ni a perder la salvación,ni miedo al rapto.

El rapto, o cómo muchos esperan la venida inminente de Cristo.

La escatología del rapto, produce miedo. Miedo a quedarse en la gran tribulación,con las plagas a las naciones y el anticristo. Debemos buscar a Dios, pero no por miedo. Muchos líderes meten miedo a sus miembros para que ellos busquen a Dios, y no se mundanalicen. Lo entiendo perfectamente. Se que a ningun pastor piadoso le debe gustar ver como sus miembros son seducidos rapidamente por el sistema que opera hoy en dia. Pero meter miedo no es la solución.

El sacerdote español Luis Santamaría, miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), continúa con su serie de artículos titulada “Fragmentos de apocalipsis”, publicada por la revista religiosa En Acción Digital. Reproduzco a continuación lo último que él ha escrito sobre este tema. Creo que lo explica muy bien.

En algunos ambientes evangélicos –sobre todo entre los born again christians o “cristianos renacidos” presentes en los Estados Unidos– hay un tema de moda que plantea una escatología peculiar. Se trata del “rapto” o “arrebatamiento” (rapture), que en resumen es lo siguiente: cuando llegue el fin de los tiempos, en un momento previo a la tribulación predicha por el Apocalipsis, los creyentes verdaderos serán arrebatados (o “raptados”) corporalmente por el Señor. Esto hay que enmarcarlo en un sistema de pensamiento llamado “dispensacionalismo premilenario”, según el cual hay un calendario muy preciso en la historia de la humanidad, aunque el reloj divino se habría parado en la época del Nuevo Testamento, y sólo volverá a ponerse en marcha cuando se inicien los últimos tiempos.

Si tenemos que buscarle un padre a esta teoría, no nos queda otro remedio que fijarnos en John Nelson Darby (1800-1882), una figura imprescindible del protestantismo fundamentalista del siglo XIX que, tras abandonar la Iglesia anglicana, se hizo miembro de los Hermanos de Plymouth y desarrolló sus ideas escatológicas más peculiares. Se habla de dispensacionalismo porque divide la historia universal en diferentes edades o “dispensaciones” según el plan salvífico de Dios. La era contemporánea es, para Darby, el momento en el que Dios separará los creyentes verdaderos de los no creyentes, como se separa el trigo y la cizaña en el tiempo de la siega, anticipando así el retorno inminente del Señor Jesús.

Darby era inglés, pero se desplazó con frecuencia para difundir sus ideas, que han influido mucho en Norteamérica, adonde acudió en siete ocasiones. También podemos encontrar estas tesis en el mundo pentecostal. Sin ir más lejos, la mayor confesión evangélica española –la Iglesia Evangélica de Filadelfia, formada por gitanos– asume la teología dispensacionalista.

Según los grupos y los pastores que aborden el tema del rapto, se puede llegar a extremos que serían objeto de risa si no fuera porque constituyen episodios de temor apocalíptico muy poco cristiano. Un amigo me contaba recientemente algo que vivió cuando fue miembro de una comunidad evangélica pentecostal, aquí en España. Uno de sus hermanos del grupo, minusválido, después de un adoctrinamiento intensivo basado en estas enseñanzas escatológicas que incluía películas sobre el tema, regresó de la capilla al centro especializado en el que vivía, y en medio de un temporal salió a la calle en su silla de ruedas convencido de que llegaba el momento del arrebatamiento, y de que Jesús le devolvería las piernas que le faltaban. Un ejemplo de los efectos que puede tener todo esto leído en clave fanática, y que no nos queda muy lejos.

Como dice Damian Thompson comentando de forma muy gráfica la idea darbysta del rapto, “sigue siendo una de las imágenes apocalípticas más potentes jamás ideadas, pues de un solo golpe libra a todos los cristianos de los horrores que causa la llegada del fin, a la vez que les permite contemplar cómo los condenados perecen en el emocionante drama de la Gran Tribulación”. Esto, explica el periodista, permite mantener el fervor milenarista “a fuego lento”, sin llegar a la explosión, pero consiguiendo así mantener a las personas y a las comunidades en esa tensión de que Cristo puede llegar en el momento menos esperado. Hace poco pude leer en una explicación de la tesis dispensacionalista que en la actualidad, “el cumplimiento e intensidad de los eventos apocalípticos nos indican que el rapto de la Iglesia puede suceder en cualquier momento”.

En los Estados Unidos, como dije antes, esto del rapto es una materia de dominio común, algo que forma parte del imaginario colectivo como creencia difundida entre grandes sectores del evangelismo. Sin ir más lejos, recuerdo una escena de Los Simpson en la que, en un momento de catástrofe apocalíptica, los Flanders, familia vecina de los protagonistas se pone a orar, y son arrebatados hacia el cielo. Hay algunas películas y producciones audiovisuales en las que vemos desaparecer gente de forma repentina, ilustrando esta expectativa.

Pero lo más destacado de los últimos años en este ámbito es la serie de novelas Left behind, que también se han llevado al cine con el título Lo que quedó atrás en España, que forma una trilogía junto con Fuerzas de la tribulación y El mundo en guerra. E incluso se ha hecho un videojuego (publicitado así: “el primer juego en el que la adoración es más poderosa que las armas”). A lo largo de doce libros, Tim LaHaye y Jerry B. Jenkins plantean de forma literaria una convicción que comparten muchos evangélicos. El argumento de la primera novela sirve para hacernos una idea: en un vuelo comercial desaparecen de repente varios pasajeros, y sólo queda su ropa. Lo mismo pasa en el resto del mundo con millones de personas. Se trata del comienzo del Apocalipsis. Imaginen lo que pudo suponer esta serie literaria, y sus versiones audiovisuales, en los Estados Unidos en torno al año 2000 y, sobre todo, después del 11-S.

El tema del rapto tiene una base escriturística que es necesario desentrañar, así que vayamos a la Biblia. En su primera Carta a los Tesalonicenses, en torno al año 50 –se trata del primer escrito del Nuevo Testamento–, Pablo escribe sobre “la suerte de los difuntos” para hacer una llamada a la esperanza cristiana en la resurrección de los que mueren unidos a Cristo. Cuando llegue la parusía, la segunda venida del Señor, al son de la trompeta resucitarán los muertos, y “después nosotros, los que aún quedemos vivos, seremos arrebatados, junto con ellos, entre nubes, y saldremos por los aires al encuentro del Señor” (1 Ts 4,17). Parece que la comunidad de Tesalónica, expectante de una inmediata vuelta de Jesús que no terminaba de llegar, se preguntaba por el destino de los creyentes fallecidos en el ínterin, además de interrogarse por la fecha de la parusía. El mismo Pablo, en una primera época, esperaba vivir cuando todo esto sucediera.

Además, los defensores del arrebatamiento emplean otra cita bíblica, y esta vez del mismo Jesús, de su “discurso escatológico” en el evangelio según San Mateo: cuando venga el Hijo del hombre “dos hombres estarán entonces trabajando en el campo; a uno se lo llevarán y dejarán al otro. Dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y dejarán a la otra” (Mat. 24:40-41). En el evangelio de Marcos la referencia es menos explícita, ya que serán los ángeles los que convoquen a los elegidos de todo el mundo (cf. Mc 13,27).

¿Qué pensar de todo esto? ¿Tienen razón los que, basándose en la Biblia, defienden la inminencia de la venida del Señor y la realidad del arrebatamiento de los creyentes verdaderos? La respuesta podemos encontrarla en la misma Escritura. San Pablo contestaba en su escrito a las inquietudes de los cristianos de Tesalónica, que parecen ser las preocupaciones de ciertos grupos actuales. ¿Cuándo volverá Cristo? Sólo Dios lo sabe. ¿Y qué pasará con los que hayan muerto? Ellos, y los que vivan en ese momento, compartirán la victoria de Cristo resucitado sobre la muerte; no habrá ventaja de los vivos sobre los muertos.

En estos textos constatamos varias afirmaciones de fe fundamentales, además de las respuestas paulinas que acabamos de decir: los acontecimientos finales son de iniciativa divina, y no pueden ser adelantados o retrasados por los hombres, tal como a veces defienden algunos intérpretes errados. Se nos habla de unos hombres que son apartados del resto de la gente, tal como sucede en el Apocalipsis con la multitud incontable que ha lavado sus túnicas en la sangre del Cordero. Tal es el sentido de la consagración que tiene lugar en el bautismo, cuando el creyente es incorporado a Cristo, es ungido (en griego christos) como él, y se une a su misterio pascual, es decir, a su muerte y resurrección. Por eso la actitud del cristiano es la vigilancia. Pero no la tensión apocalíptica y fanática. Por eso Pablo escribía también a los tesalonicenses exhortándoles a trabajar sin molestar a nadie, haciendo siempre el bien (cf. 2 Ts 3,11-13).

La imagen de Cristo en la parusía como un remedo de secuestrador es ciertamente temible. Y el tono vital que contagia no es muy optimista que digamos. En este campo, del Dios revelado en Jesús no podemos aprender otra cosa que una llamada a la esperanza, no basada en cálculos temporales ni en temores paralizadores. Seremos convocados por el Señor a un juicio, y la garantía de lo que nos ha prometido y nos espera al final la tenemos en Su Palabra.

Jesús nos invita a ir a su encuentro,pero sin temor alguno.

  • 27 Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: !!Tened ánimo; yo soy, no temáis! (Mat. 14:27 RV 1960)

—–

Deja un comentario y a la mayor brevedad le responderé.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s