Teología evangélica: Ubicación histórica parte 1


Teología evangélica: Ubicación histórica parte 1
(Breve repaso de cinco siglos) Juan Stam

Los epítetos “conservador” y “liberal” son membretes que suelen manejarse con poca claridad y precisión. Son calificativas subjetivas, en que “conservador” es cualquier persona “a la derecha” mía (¡otro término muy relativo!) y “liberal” es cualquier persona ”a la izquierda” de donde me ubico yo. A quién no me gusta, fácilmente lo califico de “fundamentalista” o al contrario, de “modernista”, sin tener la menor idea qué significan teológica e históricamente esos términos.[1] De manera similar, para muchos “ortodoxia” significa “cualquier doctrina que me parece aceptable” y “herejía” equivale a “toda doctrina que yo rechazo”.

A veces esta confusión llega a tener resultados bastante cómicos. Muchos conservadores, quizá la mayoría, denuncian a Karl Barth como “liberal”, cuando de hecho la teología de Barth es lo contrario y él era el mayor opositor de la teología liberal. Barth creía firmemente en la deidad de Cristo, y en sus primeras décadas, según los críticos, tendía a menospreciar un poco su humanidad y lo humano en general. A diferencia de la teología liberal, Barth creía firmemente en la justificación por fe y basó toda su teología en la trinidad y la trascendencia de Dios como el “totalmente Otro”.

Menos cómica, y a menudo triste y lamentable, es la tendencia de algunos “liberales” de clasificar a todos los “evangélicos” como “fundamentalistas” y “derechistas” en teología e ideología, sin analizar el significado de esos términos y matizar sus juicios de acuerdo con la realidad. Eso se complica porque actualmente muchos que se clasifican como “evangélicos”, especialmente en los Estados Unidos, son de hecho fundamentalistas y ultraderechistas, con una religiosidad más republicana y derechista que cristiana. Por eso “evangélico” hoy es un término contaminado, que tenemos que “descontaminar” si vamos a seguir llamándonos por ese honroso título.

Conviene aclarar desde un principio lo que no significa el adjetivo “evangélico”. No significa fundamentalista, con un dogmatismo rígido y acrítico. Tampoco significa derechista, cerrado, reaccionario, sin conciencia social. No significa legalista o moralista, aunque lucha por forjar una ética personal y social fiel al evangelio y las escrituras. Tampoco significa simplemente “protestante”, como en muchas partes de América Latina, ni menos debe confundirse con los “conservative evangelicals” de los Estados Unidos. En su sentido verdadero, “evangélico” es un término bellísimo, basado en las buenas nuevas de la gracia de Dios en Cristo, un adjetivo cuyo sentido tenemos que recuperar y proteger.

Lo que se suele olvidar es que cada uno de estos términos tiene un origen histórico, y por eso tienen que ser entendidos históricamente. La mayor causa de su abuso es la tendencia de emplearlos fuera de su sentido teológico original. Por eso, para aclarar estos términos vamos a resumir los movimientos históricos de los que nacieron estas diversas tendencias.

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