MUJER Y BIBLIA (III)


MUJER Y BIBLIA (III)

Apóstoles sólo varones

En el capítulo anterior esbozamos algunos argumentos que explican cómo las palabras de Jesús fueron una semilla entregada para que los cristianos de todos los tiempos la desarrollasen con responsabilidad y constancia.

AUTOR Luis Marián

27 DE MARZO DE 2011

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En esta nueva entrega destacaremos algún otro aspecto sobre la actitud de Cristo y luego nos adentraremos en las tan traídas y llevadas cartas del apóstol Pablo, en ocasiones tildadas de misóginas desde un análisis quizás demasiado superficial que a menudo soslaya el contexto en el que se escribe. Aunque en el currículo de la humanidad destaca el sempiterno reinado de la misoginia, en esta serie de artículos venimos viendo la vuelta a la tortilla por parte de Cristo y su Evangelio. Situar la visión de lo femenino de aquellas sociedades antiguas en contraposición con lo que se recoge en la Escritura demuestra un avance sin parangón de la fe cristiana en lo que a la consideración de la mujer se refiere.

¿POR QUÉ APÓSTOLES SÓLO HOMBRES?

Hay quienes se oponen al liderazgo o pastoreado de la mujer en la iglesia recordando que Jesús llamó a doce varones como apóstoles. Sin embargo, considerar este rasgo común entre los doce como un principio divino (cosa que en ningún momento se dice) para ser reproducido por los creyentes de todos los tiempos no debiera plantearse como un imperativo dado por Dios para que la mujer enseñe o pastoree. Además, si seguimos con este silogismo, ¿por qué reducir las exigencias al género? ¿Por qué no aplicarlo también a la nacionalidad?, pues Jesús escogió a doce judíos cuando pudo haber llamado a algún gentil y no lo hizo. Sin duda, la elección de los doce apóstoles es una de las decisiones más trascendentales de la historia de la humanidad ya que sería este grupo el que se levantaría como plataforma mundial para la predicación del Evangelio a toda criatura.

A estas alturas de lo que venimos comentarios no haría falta siquiera explicar por qué en aquel entorno social no se hubiera prestado demasiada atención a un mensaje salvífico anunciado por mujeres. El mismo evangelio recoge con naturalidad que con mujeres no se debía siquiera intercambiar palabra alguna (Juan 4:27) y es evidente que haber dispuesto de mujeres como mensajeras principales del Reino de Dios no habría sido la mejor idea para su extensión. Y esto no sería por una supuesta incapacidad natural femenina, sino por la tozudez y prejuicios de la mentalidad general de su tiempo y, por tanto, también por la falta de acceso a una capacitación de la mujer para la enseñanza pública.

Aún así, es interesante, además de sorprendente, destacar que la mayoría de eruditos bíblicos concluyen que al menos hubo una mujer, Junias (Romanos 16:7), entre los primeros apóstoles de la Biblia. Dejando ahora de lado la visión de Jesús, las dos siguientes semanas veremos algunos de los textos más discutidos sobre el tema, los del apóstol Pablo sobre el papel de la mujer en las congregaciones cristianas.

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Efesios 4:7-13 y los “apóstoles” de hoy


Efesios 4:7-13 y los "apóstoles" de hoy[1]

Juan Stam

Sobre la posibilidad o no de tener apóstoles hoy, los dos pasajes bíblicos más importantes son Hechos 1:21-22 y 1 Corintios 15:1-9. Curiosamente, los defensores del movimiento neo-apostólico evaden sistemáticamente esos dos pasajes, y corren más bien a su texto favorito, Ephesios 4:11, que de hecho no dice nada sobre el tema. Además, las evidencias de Hechos 1 y 1 Corintios son exégeticos, basadas en las mismas palabras del texto, pero los argumentos neo-apostólicos de Efesios 4:11 no son exegéticos sino son inferencias que ellos sacan del texto, a espaldas de otras evidencias bíblicas.

En artículos anteriores hemos señalado que "el paradigma definitivo" del concepto bíblico de "apóstol" se encuentra en Hechos 1 y 1 Corintios 15. Según el primer texto, el sucesor de Judas tenía que ser uno "de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros", desde Juan el Bautista hasta la Ascensión de Jesús, para que calificado así "sea hecho testigo, con nosotros, de su resurreción" (Hch 1:21-22; 4:33).[2] La función del apóstol es la de ser testigo, con base en su propia experiencia personal e histórica. Por eso, escribe Oscar Cullmann, "el apostolado es, por definición, una función única que no puede ser prolongado".[3]

Un pasaje paralelo, en Hch 10:37-41, repite en lenguaje muy parecido el requisito de ser testigos presenciales, llamados por el mismo Jesús para dar testimonio de la resurrección. En ese texto Pedro le cuenta a Cornelio que "nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén... A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase; no a todo el pueblo sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos, y nos mandó que...testificásemos que el es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos".

Ese requisito de haber sido discípulo y testigo ocular de la resurrección era un problema difícil para Pablo, quien afirmaba ser apóstol, llamado por Jesús mismo (Rom 1:1; 1Cor 1:1), pero no parecía cumplir esa condición indispensable (ver 1Cor 9:1-6; 2Cor 10-11; 12:11-12). Ante sus enemigos que negaban que él era apóstol, Pablo defiende su apostolado precisamente en los mismos términos de Hechos 1.[4] Primero Pablo señala que Cristo Resucitado apareció a Pedro, a los doce y "a los demás apóstoles" (15:5-7, siempre con el mismo verbo, ôfthê, clara referencia a las apariciones físicas del Resucitado durante el período entre la resurrección y la Ascensión, Hch 1:3).[5] Después Pablo se incluye en ese mismo registro de testigos oculares, pero como excepción y como el último, al escribir "y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí" (15:8, con el mismo verbo).[6] Por eso se describe como "un abortivo", nacido fuera del tiempo normal.[7]

Los datos históricos confirman lo dicho por Pablo, que él era el último en ser llamado al apostolado (aun posterior a Matías). En todo el Nuevo Testamento y todos los documentos históricos de la iglesia antigua no aparece ninguna evidencia de la elección de un sucesor a ningún apóstol que ha muerto. Pocos años después de la elección de Matías, Heródes hizo matar al apóstol Jacobo, hermano de Juan (de los hijos de Zebedeo), uno de los doce, pero no se escogió ningún sucesor a Jacobo.[8] Tampoco hubo sucesor de Pablo cuando murió. El historiador Eusebio reporta la muerte de diferentes apóstoles, pero jamás narra el nombramiento de un sucesor. Esto confirma la enseñanza de Hechos 1 y 1 Cor 15, que el oficio y el título de "apóstol" se limita a los testigos ocualeres de Jesús, entre sus contemporáneos históricos.

Otro requisito para ser apóstol era el haber sido nombrado directa y personalmente por Jesús mismo, como ocurrió durante su ministerio en la tierra (Mr 3:14; 6:30).[9] Ya para la elección de Matías Cristo había ascendido, pero los discípulos recurrieron a procedimientos judíos bien conocidos. Fue un proceso de tres pasos: primero, reflexión seria y acción responsable (definir requisitos; estudiar candidatos para escoger a dos, ambos calificados para el puesto, Hch 1:21-23), después oración (1:24) y finalmente echar suertes entre los dos candidatos antes aprobados (1:26). Esto era precisamente el método normal para conocer la voluntad de Dios y aun para escoger los oficiantes (Lc 1:8-9) y los sacrificios para el culto del templo (Lv 16:8-10; Neh 10:34),[10] como "echar suerte delante de Jehová nuestro Dios" (Jos 18:6,8,10).[11] El pasaje significa, entonces, que no fueron los apóstoles que escogieron a Matías, sino que fue Dios mismo. De igual manera, Pablo insiste en que él no fue nombrado apóstol por los doce ni por otras personas humanas sino por Jesús mismo (Gal 1:1,11-2:9; 1Tim 2:6-7 NVI).[12]

Todas estas evidencias muy claras, bien fundadas en la exégesis de los textos bíblicos que hablan explícitamente del oficio apostólico, sus requisitos y su duración, indican que éste por su propia naturaleza se limitó necesariamente a los testigos oculares contemporáneos de Jesús. Ahora, si Efesios 4:11 enseñara lo contrario, sería una contradicción flagrante en la enseñanza bíblica sobre este tema. Pero este texto, que habla mucho del origen de los cuatro oficios que Cristo,[13] en su Ascensión, dio a la iglesia naciente, no dice absolutamente nada sobre la respectiva duración de cada uno de ellos, o más precisamente, la forma distinta en que cada uno de ellos había de ejercer su función en el futuro. El argumento neo-apostólico, de que los distintos oficios mencionados tienen que ser todos de la misma naturaleza y duración, no sólo carece totalmente de base exegética en el texto, sino es una suposición gratuita con el evidente propósito, no de entender y aclarar el texto, sino de defender una tesis a priori ajena al texto.

El tema de Efesios 4:1-16 puede resumirse como "Unidad y diversidad en el cuerpo de Cristo, para su crecimiento integral". Pablo[14] exhorta a los efesios a "guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz" (4:3) y señala siete expresiones de esa unidad (4-6). En seguida se refiere a los diferentes dones y oficios en la iglesia (4:7-11)[15] y el propósito y resultado de éstos en la edificación y madurez del cuerpo (4:12-16). En el bloque central aparece tres veces el verbo dídwmi (dar): en el aoristo pasivo (edothê, "fue dada", 4:7) y dos veces edwken (4:8,11, aoristo activo). Todo el énfasis de 7-11 cae en el acto de dar los dones, en el momento específico de la Ascensión de Jesús (4:8-10).[16] Es claro que se trata de una sola acción de Cristo en un tiempo definido del pasado. Del futuro no dice nada, ni positivo ni negativo, de ninguno de los cuatro oficios.

El Salmo 68, que Pablo cita aquí, tiene muchas interpretaciones pero todas ellas parten del concepto de una marcha triunfante de Dios sobre la tierra, para recibir después el botín de su victoria:

Que se levante Dios,

que sean dispersados sus enemigos...

aclamen a quien cabalga por las estepas...

Cuando saliste, oh Dios, al frente de tu pueblo,

cuando a través de los páramos marchaste,

La tierra se estremeció...

Van huyendo los reyes y sus tropas...

Los carros de guerra de Dios se cuentan por millares;

del Sinaí vino en ellos el Señor para entrar en su santuario.

Cuando tú, Dios y Señor, ascendiste a las alturas,

te llevaste contigo a los cautivos;

tomaste tributo de los hombres, aun de los rebeldes (cf. v.29-31),

para establecer tu morada...

Dios aplastará la cabeza de sus enemigos...

Por causa de tu templo en Jerusalén,

los reyes te ofrecerán presentes.

(Sal 68:1,4,7,12,17,18,21,29; cf. 34-35 NVI)

En resumen, Dios va en marcha sobre la tierra, entra en batalla, vence a sus enemigos y recibe botín de ellos. En la tradición judía, la frase "ascendiste a las a las alturas" se interpretaba como la subida de Moisés al Sinaí, o del arca al Monte Sión, o implícitamente el regreso de Dios al cielo despues de derrotar a los enemigos del pueblo.

En Efesios 4 Pablo da una versión cristológica del mismo salmo, pero con diferencias sorprendentes:[17]

"Cuando ascendió a lo alto,

se llevó consigo a los cautivos,

y dio dones a los hombres"

(¿Qué quiere decir eso de que "ascendío",

sino que también descendió a las partes bajas,

o sea, a la tierra?

El que descendió es el mismo que ascendió

por encima de todos los cielos,

para llenarlo todo. (Efes. 4:8-9; cf. 1:23 NVI)

En esta atrevida relectura del Salmo 68, Pablo introduce varios cambios: al "subió" de Salmo 68:18 Pablo agrega "también descendió"; omite las descripciones de marchas y batallas, pero mantiene el tema del botín, como símbolo de los dones; donde el salmo dice "recibiste dones", Pablo lo cambia a "dio dones".[18]

¿Por qué será que Pablo haya escogido este texto antiguo, aparentemente tan alejado del tema entre manos, y que le requería hacer cambios tan grandes en el texto hebreo? El texto mismo sugiere que Pablo quiere relacionar la repartición de dones y oficios con la Ascención de Jesús. "Este mismo" (autos), que descendió y ascendió, "constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas", etc, como también en su Ascension dio carismas y repartió dones" (4:7).[19] LLama la atención esta conexión de los dones, tanto de 4:8 como de 4:11, con un momento histórico ya pasado y específicamente la Ascención, a diferencia del Pentecostés (cf. Hch 1:22, apóstoles como testigos de la Ascensión).[20]

De esa manera, todo este pasaje confirma nuestra tesis que nuestro texto (4:11) afirma el origen de todos los dones en Jesucristo Resucitado y Ascendido a la derecha del Padre, pero no dice nada, ni explícita y implícitamente, sobre el futuro distinto de cada uno de los cuatro oficios mencionados. Otros textos enseñan con toda claridad que el testimonio apostólico tuvo que ser de una vez para siempre, peroque "profetas, evangelistas y pastores-maestros" tenían un futuro distinto. Eso de ninguna manera implica que el apostolado iba a tener ese mismo tipo de futuro.

¿Significa eso que ahora no necesitamos apóstoles? ¡Jamás! Siempre necesitamos "los apóstoles" pero para nada necesitamos "nuevos apóstoles", como si no fueran suficientes y adecuados los que nombró Jesús. Éstos "apóstoles" de hoy no pueden ser apóstoles auténticos, porque no pueden cumplir con los requisitos definitivos de dicho puesto, como estipula el Nuevo Testamento. Pero a través de los siglos, cuando fieles cristianos han "perseverado en la doctrina de los apóstoles", ha estado presente con toda su fuerza el ministerio de ellos. Ellos son el fundamento sobre el que tenemos que construir en cada generación, pero no nos toca echar de nuevo una y otra vez ese fundamento histórico echado por ellos (Ef 2:20; Col 1:23). Los apóstoles siguen viviendo, siglo tras siglo, en su testimonio al Señor de señores. Ahora el Nuevo Testamento es el lugar por excelencia donde nos encontramos con ese Cristo que vivió, murió, resucitó y ascendió hace dos mil años pero que vive por los siglos de los siglos. En comparación con la grandeza y poder de ese ministerio, nuestros modernos "apóstoles" no pasan de ser una triste parodia.

Oscar Cullmann, en un enjundioso artículo titulado "la tradición", afirma el apostolado único e irrepetible de los apóstoles originales y lo relaciona con la definición del canon del Nuevo Testamento.[21] Cullmann distingue entre el tiempo de los apóstoles, como fundamento, y el tiempo de la iglesia (p.182). Los apóstoles pertenecen todavía al tiempo de la revelación directa, el tiempo de la encarnación (p.183). Así es que el testimonio apostólico nos coloca en la misma presencia de Jesucristo (p.188); Cristo habla directamente por ellos (p.192). El paso del tiempo de los apóstoles al tiempo de la iglesia posapostólica se marca por la definición del canon del Nuevo Testamento (pp. 193-203). En la iglesia de mediados del siglo dos surgían muchos escritos apócrifos, enteramente legendarios (p.195) y "la tradición en la iglesia no ofrecía ninguna garantía de verdad" (p.196). Entonces, "con un acto de humildad", la iglesia posapostólica "ha sometido toda tradición posterior elaborada por ella misma al criterio superior de la tradición apostólica codificada en las santas Escrituras" (p.196). De ahí en adelante, toda tradición de la iglesia tiene que ser juzgada por la tradición apostólica. Es por ignorar esto, afirma Cullmann, que la iglesia católica cae en el error de la sucesión apostólica y la infalibilidad papal. Problemas parecidos surgen con el movimiento neo-apostólico. Disminuir la normatividad de los apóstoles lleva, tarde o temprano, a disminuir la normatividad de su testimonio apostólico, el Nuevo Testamento.

¡Los apóstoles viven hoy y nos hablan por medio de las sagradas escrituras! Y al hablar ellos, como muestra Cullmann, habla Jesucristo mismo. ¿Podrán haber creyentes que no hayan escuchado la voz del Salvador en las palabras del Nuevo Testamento, y no hayan visto a Cristo en la página inspirada? Los apóstoles no han muerto ni se han quedado mudos. Ellos siguen viviendo y hablando por medio de su fiel testimonio al Señor.

Cuando cualquier texto se lanza a la historia, nadie sabe qué futuro podrá tener ese texto, nadie sabe cuál podrá ser el "delante" de ese texto. El autor muere, pero su texto sigue su marcha por el tiempo. De seguro San Pablo ni imaginaba la "vida futura" que iba a tener esa carta que escribió a los hermanos de Roma. Tres siglos después, en un jardín de Milán, un profesor de retórica y filosofía escuchó la voz de un niño que decía "tolle, lege" (toma, lee), y Agustín de Hipona tomó el libro de Romanos, lo leyó y su vida fue transformada. Más de un milenio después le tocó a un joven biblista agustino enseñar un curso sobre Romanos, Martín Lutero descubrió el secreto de la justificación por la fe y "se me abrieron las puertas del paraíso". Después, el 24 de mayo de 1738, en una capilla morava en el pueblo de Aldersgate, Inglaterra, un misionero fracasado escuchó la lectura del Prefacio a Romanos de Lutero, y "faltando  unos quince minutos para las nueve" Dios habló a Juan Wesley, por medio del apóstol Pablo, y Wesley "sintió un calor extraño en su corazón y confió en Cristo como su único Salvador". Y el libro de Romanos sigue su camino, tocando vidas y trasnformándolas, porque en ese libro habla Jesucristo por medio del Espíritu Santo.

¡No, mil veces No, los apóstoles no se han muerto, ni se han quedado mudos! Ellos siguen dando su testimonio al único Señor y Salvador, el Crucificado y Resucitado que está sentado a la diestra del Padre.

¡Gracias a Dios por los santos apóstoles y su testimonio! Pero de sus imitadores modernos, que Dios nos libre.

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Un debate sobre el movimiento apostólico, 3 de julio de 2009

(Vean también los comentarios después de cada artículo)

Revisado febrero de 2014


[1] Sobre estos "apóstoles" se puede consultar, en juanstam.com, "¿Es bíblico tener apóstoles hoy?" (31 agosto 2008; restaurado 14 julio 2009), "Un debate sobre el movimiento apostólico" (3 julio 2009), y "La Biblia y los 'apóstoles' de hoy" (18 octubre 2009)

[2] Como Hechos 1 está narrando la elección del sucesor de Judas para completar el doce, el requisito es haber estado con Jesús desde su bautismo. En cambio, Pablo y "los demás apóstoles" de 1Cor 15 no pertenecen a los doce pero sí son testigos oculares de la resurrección.

[3] Estudios de teología bíblica (Madrid: Studium, 1973) p.184.

[4] Es importante recordar que en este pasaje Pablo refuta a dos errores a la vez: el de los corintios que negaban la resurrección y de los que negaban que él era apóstol. Ya que el apóstol era por definición "testigo de la resurrección", Pablo pudo refutar a ambos errores con un solo argumento.

[5] Al mencionar "los demás apóstoles" en esta lista, Pablo muestra que ellos también eran testigos oculares de la Resurrección.

[6] Aquí no se trata de visiones espirituales , como la de Esteban (Hch 7:55, a quien Pablo no incluye en la lista de testigos oculares) ni la de Pablo mismo (2 Cor 12:1-13). Se trata de las apariciones físicas del Resucitado, en las que él hasta comía con ellos (Lc 24:30,41-43).

[7] Pablo fue el único apóstol que se convirtió y fue comisionado por Jesús después de los cuarenta días que menciona Lucas; en ese sentido, nació fuera del tiempo, como única y última excepción a la regla.

[8] La diferencia entre los dos casos fue que por su traición Judas se descalificó para dicho oficio y murió en la infidelidad, mientras Jacob cumplió fielmente su ministerio hasta su muerte.

[9] Algunos preguntan por qué Jesús mismo no nombró el sucesor a Judas durante los cuarenta días que enseñaba a los discípulos. Podría ser porque aun no habían sido testigos de su ascensión (Hch 1:22); aun no estaba completa su función de testigos presenciales históricos. Este hecho reconfirma la restricción del título "apóstol" a los testigos contemporáneos de Jesús.

[10] Sobre el echar suertes en las prácticas del templo de Salomón, véanse los comentarios de Hechos por Barclay, Wikenhauser, F.F. Bruce y Haenchen.

[11] El Antiguo Testamento habla de echar suertes unas 75 veces, sobre todo para la repartición de la tierra productiva: con la conquista de Canaán (Nm 26:55, 33:54; Jos 13:6 y frecuente); con el retorno de Babilonia (Neh 11:1); y en la Palestina escatológica de Ezequiel (Ez 48:29; cf. Am 7:17).

[12] Por eso Pablo se identifica casi siempre como "apóstol por la voluntad de Dios" o "por mandato de Dios nuestro Salvador y de Cristo Jesús nuestra esperanza" (1 Cor 1:1; 2 Cor 1:1; Ef 1:1; Col 1:1; cf. 1Tim 1:1; 2Tim 1:1).

[13] La insistencia neo-apostólica en que sean cinco oficios en 4:11 y no cuatro revela no sólo su desorientación hermenéutica sino tambien su terca resistencia a la exégesis gramática del texto inspirado. Aun sin conocer el griego, queda claro de la traducción castellana que son cuatro; en RVR, NVI y otras versiones, los punto y coma dividen los oficios en cuatro, marcada cada uno también por la palabra "otros", pero eso no aparece entre "pastores" y "maestros". En el griego, cada uno de los tres primeros lleva el artículo definido, pero un solo artículo une a "pastores" con "maestros". Según la regla de Granville Sharp, cuando eso pasa en una serie de sustantivos que no sean nombres propios, los que llevan un solo artículo se refieren a un mismo objeto. Los dos términos juntos podrían interpretarse como "pastores docentes", dejando abierta la posibilidad de otros maestros que no sean pastores (Stg 3:1; los apóstoles también enseñaban). Los pastores son los principales maestros del pueblo de Dios, y enseñar la Palabra (alimentar a las ovejas) es su principal tarea y función. La lista paralela en 1Cor 12:28 no menciona "pastores" porque ya van incluidos con "maestros"

[14] Muchos eruditos creen que Efesios fue escrito no por Pablo sino por un discípulo suyo. Esa hipótesis no cambiaría nuestro argumento sobre el apostolado.

[15] La palabra "oficio" no es el término más exacto para los cuatro grupos de personas señalados en el texto pero capta adecuadamente el sentido.

[16] El dio legei de 4:8 y el autos de 4:11 vinculan la cita de Sal 68 tanto con los carismas personales de 4:7 como con los oficios eclesiales de 4:11. Aunque de hecho el Espíritu sigue repartiendo dones a los fieles (1 Cor 12:7,11), en Efes 4:7 es Cristo que los repartió al volver a su Padre.

[17] La versión aquí no corresponde ni al texto hebreo ni a la LXX. Es posible que se deriva de un midrash judío.

[18] Este último cambio puede responder a una versión rabínica del salmo, según la cual Moisés subió al Monte Sinaí y dio dones (la Ley) al pueblo de Dios.

[19] Ver nota 16. La cita del salmo 68 califica tanto a 4:8 como a 4:11.

[20] Por eso aqui Pablo ve a Jesús como fuente de los dones, a diferencia del Espíritu Santo. Son diferencias de énfasis.

[21] Oscar Cullmann, Estudios de teoogía bíblica, Madrid: Studium, 1973, pp. 165-204.

¿Es bíblico tener apóstoles hoy?


¿Es bíblico tener apóstoles hoy?

Autor:Juan Stam

    Para enfocar este tema, es necesario primero analizar los diferentes usos de la palabra griega apostolos. El término se deriva del verbo apostellô, que significa simplemente “enviar”. Por eso, (1) el sentido más general de apostolos, como en Juan 13:16, es cualquier persona enviada en cualquier misión (recadero, mandadero). Un aspecto más específico de este sentido (2) ocurre en 2 Cor 8:23 y Fil 2:25 cuando mencionan “los mensajeros de las iglesias” (apostoloi ekkêsiôn), como delegados comisionados por las congregaciones para alguna tarea. En tercer lugar (3), la palabra significa “misionero”, que es el equivalente en latín (del verbo mitto, misi, “enviar”). En este sentido Jesucristo es el “misionero” enviado por Dios (Heb 3:1). Como veremos más adelante, Cristo no era “apóstol” en el mismo sentido que los doce, sino como “enviado” y “misionero” del Padre y prototipo de la misión de la iglesia (Jn 20:21; Mr. 9:37; Mt 10:40; Jn 13.20: Jesús es el Enviado del Padre).  El cuarto sentido (4) es lo que generalmente entendemos por “los apóstoles”, como Pedro, Pablo y los demás. En ese aspecto, el término podría llamarse un título, de una primacía en cierto sentido jerárquica.[1]

Dados estos diversos sentidos de la palabra “apóstol”, es necesario en cada texto bíblico determinar cuál de ellos se está empleando. Serios problemas resultan cuando se confunde un sentido con otro. Los “apóstoles” de hoy toman pasajes donde el término significa “misionero” pero los aplican en el otro sentido y quieren atribuirse los títulos y autoridades de los doce y de Pablo. La iglesia católica hace algo parecido con su ” sucesión apostólica” a través de los siglos. Según el Nuevo Testamento, los apóstoles no tienen sucesores.

El trasfondo judío: El apostolado del Nuevo Testamento se basó en una práctica judía de designar un emisario, llamado ShaLiaJ, con plenos poderes para representar a quien lo había enviado (Esd 7:14; Dn 5:24; cf 2 Cron 17:7-9).  El ShaLiaJ era una especie de plenipotenciario ad hoc.  Eran comunes las fórmulas legales como “el que te recibe a tí me recibe a mi”, “lo que ustedes atan en mi nombre lo he atado yo” y muchos otros parecidos, que aparecen también en el Nuevo Testamento (Mr 9:37; Mt 16:19; Lc 10:16; Jn 13:20; 20:23). La comisión del ShaLiaJ era para una tarea específica y no era transferible a otras personas.

El paradigma definitivo, Hechos 1: Después de suicidarse Judas, los discípulos sentían la necesidad de completar el número doce, como paralelo con las doce tribus de Israel.  Con ese fin, guiados por el Espíritu Santo, definieron los requisitos indispensables para incorporarse en el apostolado. La elección se limitó a “hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que entre nosotros fue recibido arriba” para que “uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección” (Hech 1:21). Además, la selección fue hecha por Cristo mismo (1:24; cf. 1:2). Veremos en seguida que todas estas mismas condiciones se aplican al caso de Pablo.

Ese texto, y otros, muestran que para ser apóstol en el mismo sentido que los doce y Pablo, era requisito indispensable haber sido testigo ocular y presencial del ministerio de Jesús (Hechos 1:21-22; cf. 1 Jn 1:1-4) y de su resurrección (Hch 10:40-42; 1Co 15).  Por supuesto, tal cosa sería imposible después de morir los contemporáneos de Jesús.  La iglesia ahora es “apostólica” cuando es fiel al testimonio de ellos, que tenemos en el Nuevo Testamento, y cumple así su “apostolado” misionero. Sobre el fundamento de ellos Cristo sigue construyendo la iglesia (Efes 2:20).

Es importante reconocer que esta sustitución de Judas por Matías es el único reemplazo de un apóstol, precisamente para completar el número de doce.  Matías no era sucesor de Judas sino su reemplazo.  Después, al morir los doce y Pablo, ni el Nuevo Testamento ni la historia de la iglesia narra la elección de algún sucesor de alguno de ellos. Al morir el apóstol Jacobo, nadie le sucedió o reemplazó (Hech 12:2).  El grupo quedó cerrado, como es evidente en Apocalipsis 21:14.  Obviamente, en esas puertas de la Nueva Jerusalén no aparecerá el nombre de ninguno de nuestros apóstoles de hoy.

Toda esta evidencia bíblica deja muy claro que para ser apóstol, el candidato tenía que ser alguien del primer siglo. Nadie después del primer siglo podría haber sido testigo presencial del ministerio de Jesús y de su resurrección. Ese requisito descalifica de antemano a todos nuestros “apóstoles” de  nuestros tiempos modernos.

El apóstol Pablo: El apostolado de Pablo fue severamente cuestionado, precisamente porque él no había sido uno de los discípulos, como requiere Hechos 1, aunque sí era contemporáneo de Jesús y sin duda testigo de su ministerio.[2]  Repetidas veces Pablo tiene que defender su llamado de apóstol, pero lo significativo es que lo defiende en los mismos términos básicos de Hechos 1: él también había visto al Resucitado (1 Cor 9:1; 1Cor 15), fue nombrado apóstol no por hombres sino por el mismo Cristo (Gal 1:1,15-17,19; cf. 1 Tim 1:1; 2:7), y él, igual que los doce, había realizado las señales de apóstol y la predicación del evangelio (2 Cor 12:12; cf. Rom 15:18-19).  En 1 Corintios 9:1-6 Pablo se defiende contra los que negaban que él era apóstol:

¿No soy apóstol?

¿No soy libre?

¿No he visto a Jesús el Señor nuestro?

¿No sois vosotros mi obra en el Señor?

Si para otros no soy apóstol, para vosotros ciertamente lo soy;

porque el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor.

A continuación, Pablo responde a los que le acusan, afirmando que él tiene los mismos derechos de todos los apóstoles (9:3-6; cf. 2 Cor 11:5,13; 12:11s).

En este contexto, 1 Corintios 15 es especialmente importante.  En este pasaje Pablo afirma vigorosamente la fe en la resurrección (15:1-8, 12-58) pero también, menos conspicuamente, defiende su propio apostolado (15:8-11). Después de definir el evangelio como la muerte, sepultura y resurrección de Cristo (15:1-4), Pablo enumera una lista de los que podríamos llamar “los testigos autorizados de la resurrección” (15:5-8): Céfas, los doce, más de quinientos hermanos, Jacob, después todos los apóstoles y al final Pablo mismo.  Por eso, de las varias personas que el Nuevo Testamento llama apóstoles, sabemos que tenían que haber sido testigos presenciales de la resurrección.

Está claro que en este pasaje Pablo no está hablando sólo de visiones espirituales, como tuvo él mismo (2 Cor 12) y que tuvieron Esteban (Hech 7) o Juan (Apoc 4-5), que no podrían servir como evidencias de la resurrección corporal de Jesús.  El verbo repetido en estos versículos de 1 Cor 15 es “apareció”, y el sujeto activo es el Resucitado (cf. Gál 1:16). Eran visitaciones del Señor, apariciones por iniciativa de él, para demostrar la realidad de su resurrección. Se trata de revelaciones corporales como las de Cristo durante los cuarenta días, que constituyeron a sus receptores en testigos oculares del hecho. En ese sentido, Pablo reconoce que su propio caso es una anomalía, pues aunque era contemporáneo de Jesús, no había sido discípulo ni había estado presente con los discípulos durante los cuarenta días. Sin embargo, insiste en que su encuentro con Cristo en el camino a Damasco pertenecía a la misma serie de visitaciones especiales.  Por otra parte, Pablo afirma que su encuentro con el Resucitado fue la última de la serie (15:8; cf. 1 Cor 4:9), sin posibilidad de otras.  Para mayor énfasis, Pablo afirma que Cristo lo llamó al apostolado no sólo de último sino “como un abortivo” (Gr. ektrômati), una excepción. Pablo era un apóstol “nacido fuera del tiempo normal”.  No puede haber otros apóstoles después de él.

Otros apóstoles: Este pasaje habla de “todos los apóstoles”, además de los doce y Pablo (1 Cor 15:7), pero todos ellos eran también testigos oculares de la resurrección. En cambio, de líderes que sabemos que no habían participado en esa experiencia, como Apolos y Timoteo, el Nuevo Testamente nunca los llama “apóstol”. No podían ser apóstoles sin haber visto al Resucitado (y no sólo en visión mística). Por eso, de todas las demás personas llamadas “apóstol” podemos estar seguros de que habían sido testigos oculares del Resucitado o si no, eran apostoloi sólo en el sentido de “misioneros” o de “delegados congregacionales”. 

Es muy significativo que tanto los doce como Pablo aplican los mismos requisitos básicos para el apostolado: sólo pueden ser apóstoles los que habían visto al Cristo en su cuerpo resucitado y habían sido comisionados personalmente por él para ser testigos de su vida y resurrección.  De estos, el último fue el apóstol Pablo. Los apóstoles cumplieron una función histórica.  Obviamente, nadie que no sea del primer siglo puede ser testigo ocular de lo que nunca presenció.

Efesios 4:11: Frente a estas enseñanzas bíblicas muy claras, el mal llamado “movimiento apostólico” apela, sin interpretación cuidadosa, a unos pocos textos. El versículo principal es Efesios 4:11, tomado fuera de contexto. El pasaje completo es una cita modificada del Salmo 68:18 con introducción y conclusión:

Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia

conforme a la medida del don de Cristo.

Por lo cual dice:

Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad,

y dio dones a los hombres.

Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero

a las partes más bajas de la tierra?

El que descendió, es el  mismo que también subió

por encima de todos los cielos para llenarlo todo.

Y él mismo constituyó a unos, apóstoles;

a otros, profetas;

a otros, evangelistas;

a otros, pastores y maestros.

El tema de Efesios 4:7-16 es la unidad de la iglesia con su diversidad de dones, todo orientado hacia el crecimiento del cuerpo (4:13-16). Pablo introduce este tema con una cita del Salmo 68, uno de los salmos más difíciles y con complicados problemas textuales. Pero el tema central de ese salmo está claro: Dios es un poderoso guerrero (68:35) que en diversos momentos ha descendido a la tierra para liberar a su pueblo (68:11-14,20-21) y después de su triunfo, sube al monte Sión (o al cielo) llevando cautivos (68:15-18,24,29,35) y reparte el botín entre su pueblo (68:12,18).  Pablo adapta la cita en varias formas, especialmente cambiando “tomaste dones” (Sal. 68:18) en “dio dones” (Ef 4:8), para aplicar la cita a la ascensión de Cristo y la venida del Espíritu con sus dones. Al volver al cielo, el Cristo vencedor repartió el botín entre su pueblo. El énfasis cae sobre la ascensión de Cristo y el momento histórico-salvífico en que el Resucitado victorioso envió el Espíritu como botín de su triunfo.

El verbo “constituyó” (4:11, edôken, “dio”) es un pretérito punctiliar, que describe algo que Cristo hizo cuando ascendió, conforme también al modelo del Salmo 68. No dice absolutamente nada sobre el futuro, si Cristo seguiría dando apóstoles a la iglesia, hasta su segunda venida, como podrían haber sugerido otros tiempos verbales.  Como comenta I. Howard Marshall en el Comentario Bíblico Eerdmans (p.1389), “Puesto que esta carta vino de una época cuando estaban funcionando apóstoles y profetas, es imposible sacar alguna conclusión desde este pasaje sobre su continuación o no en la iglesia después”.

De otros pasajes, como hemos visto, queda evidente que el apostolado no puede haber continuado después de morir los últimos testigos presenciales. En cambio, otros pasajes dejan claro que el don de profecía (y la falsa profecía) continuarían en la iglesia. Al ascender, Cristo dio un don que era de una vez para siempre (apóstoles) y otro que había de seguir hasta su venida (profetas). El llamado apostólico corresponde en eso a su origen en el encargo de ShaLiaJ, que no era transmisible.

Por otra parte, Pablo habla en 2 Cor 11:13 de “falsos profetas (pseudapostoloi), obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo” (cf. Ap 2:2; Didajé 11:3-6) y, quizá sarcásticamente, de “superapóstoles” (tôn huperlian apostolôn, 2 Cor 11:5; 12:11, NVI).

Conclusión: Dos de los grandes vicios de la iglesia evangélica hoy son la sed de poder, prestigio y riqueza de algunos de nuestros líderes, y entre los fieles el culto, ciego y casi idolátrico, a las personalidades famosas. Hay mucha obsesión con títulos, oficios y el poder lucir y ser importante. Se emplean constantemente las técnicas de publicidad y promoción del mundo secular. Eso es totalmente contrario al espíritu de Jesucristo y del evangelio. Mucho más acertado es el viejo refrán, “al pie de la cruz, todos somos párvulos”.

Hace unos años, en un foro sobre el tema de los apóstoles, alguien intervino para decir, “Antes era suficiente el título de pastor, pero ahora con las enormes megaiglesias, llamarlos pastor les queda muy corto.” ¡Al contrario! Si el título “pastor” les queda corto para ellos, ellos se quedan demasiado cortos para el título de pastor.


 

[1] Debe mencionarse aquí que en Cuba el término tiene otros matices, dado el papel de José Martí como “el Apóstol” para todos los cubanos. En ese contexto, “apóstol” suele ser una expresión de cariño y respeto pero no de autoridad ni en parangón directa con los doce apóstoles.

[2] Cuando Pablo dice en 2 Cor 5:16 que antes conocía a Cristo según la carne pero ahora no, es obvio que no quiere decir que ignoraba la vida de Jesús. Más bien, está diciendo que antes conocía a Cristo según criterios carnales (kata sarx), pero que ahora como creyente no conoce a nadie según la carne, lo que significa en ambos casos que ya conoce a todos según el Espíritu.

 

¿Es bíblico tener apóstoles hoy?


¿Es bíblico tener apóstoles hoy?

Publicado por: juan stam
01/09/2008

Según el Nuevo Testamento, sólo los testigos presenciales de la resurrección podían ser apóstoles.

¿Es bíblico tener apóstoles hoy?

Para enfocar este tema, es necesario primero analizar los diferentes usos de la palabra griega apostolos. El término se deriva del verbo apostellô, que significa simplemente “enviar”. Por eso, (1) el sentido más general de apostolos, como en Juan 13:16, es cualquier persona enviada en cualquier misión (recadero, mandadero). Un aspecto más específico de este sentido (2) ocurre en 2 Cor 8:23 y Fil 2:25 cuando mencionan “los mensajeros de las iglesias” (apostoloi ekkêsiôn), como delegados comisionados por las congregaciones para alguna tarea. En tercer lugar (3), la palabra significa “misionero”, que es el equivalente en latín (del verbo mitto, misi, “enviar”). En este sentido Jesucristo es el “misionero” enviado por Dios (Heb 3:1). Como veremos más adelante, Cristo no era “apóstol” en el mismo sentido que los doce, sino como “enviado” y “misionero” del Padre y prototipo de la misión de la iglesia (Jn 20:21; Mr. 9:37; Mt 10:40; Jn 13.20: Jesús es el Enviado del Padre). El cuarto sentido (4) es lo que generalmente entendemos por “los apóstoles”, como Pedro, Pablo y los demás. En ese aspecto, el término podría llamarse un título, de una primacía en cierto sentido jerárquica.

(Debe mencionarse aquí que en Cuba el término tiene otros matices, dado el papel de José Martí como “el Apóstol” para todos los cubanos. En ese contexto, “apóstol” suele ser una expresión de cariño y respeto pero no de autoridad ni en parangón directa con los doce apóstoles).

Dados estos diversos sentidos de la palabra “apóstol”, es necesario en cada texto bíblico determinar cuál de ellos se está empleando. Serios problemas resultan cuando se confunde un sentido con otro. Los “apóstoles” de hoy toman pasajes donde el término significa “misionero” pero los aplican en el otro sentido y quieren atribuirse los títulos y autoridades de los doce y de Pablo. La iglesia católica hace algo parecido con su ” sucesión apostólica” a través de los siglos. Según el Nuevo Testamento, los apóstoles no tienen sucesores.

El trasfondo judío: El apostolado del Nuevo Testamento se basó en una práctica judía de designar un emisario, llamado ShaLiaJ, con plenos poderes para representar a quien lo había enviado (Esd 7:14; Dn 5:24; cf 2 Cron 17:7-9). El ShaLiaJ era una especie de plenipotenciario ad hoc. Eran comunes las fórmulas legales como “el que te recibe a tí me recibe a mi”, “lo que ustedes atan en mi nombre lo he atado yo” y muchos otros parecidos, que aparecen también en el Nuevo Testamento (Mr 9:37; Mt 16:19; Lc 10:16; Jn 13:20; 20:23). La comisión del ShaLiaJ era para una tarea específica y no era transferible a otras personas.

El paradigma definitivo, Hechos 1: Después de suicidarse Judas, los discípulos sentían la necesidad de completar el número doce, como paralelo con las doce tribus de Israel. Con ese fin, guiados por el Espíritu Santo, definieron los requisitos indispensables para incorporarse en el apostolado. La elección se limitó a “hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que entre nosotros fue recibido arriba” para que “uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección” (Hech 1:21). Además, la selección fue hecha por Cristo mismo (1:24; cf. 1:2). Veremos en seguida que todas estas mismas condiciones se aplican al caso de Pablo.

Ese texto, y otros, muestran que para ser apóstol en el mismo sentido que los doce y Pablo, era requisito indispensable haber sido testigo ocular y presencial del ministerio de Jesús (Hechos 1:21-22; cf. 1 Jn 1:1-4) y de su resurrección (Hch 10:40-42; 1Co 15). Por supuesto, tal cosa sería imposible después de morir los contemporáneos de Jesús. La iglesia ahora es “apostólica” cuando es fiel al testimonio de ellos, que tenemos en el Nuevo Testamento, y cumple así su “apostolado” misionero. Sobre el fundamento de ellos Cristo sigue construyendo la iglesia (Efes 2:20).

Es importante reconocer que esta sustitución de Judas por Matías es el único reemplazo de un apóstol, precisamente para completar el número de doce. Matías no era sucesor de Judas sino su reemplazo. Después, al morir los doce y Pablo, ni el Nuevo Testamento ni la historia de la iglesia narra la elección de algún sucesor de alguno de ellos. Al morir el apóstol Jacobo, nadie le sucedió o reemplazó (Hech 12:2). El grupo quedó cerrado, como es evidente en Apocalipsis 21:14. Obviamente, en esas puertas de la Nueva Jerusalén no aparecerá el nombre de ninguno de nuestros apóstoles de hoy.

Toda esta evidencia bíblica deja muy claro que para ser apóstol, el candidato tenía que ser alguien del primer siglo. Nadie después del primer siglo podría haber sido testigo presencial del ministerio de Jesús y de su resurrección. Ese requisito descalifica de antemano a todos nuestros “apóstoles” de nuestros tiempos modernos.

El apóstol Pablo: El apostolado de Pablo fue severamente cuestionado, precisamente porque él no había sido uno de los discípulos, como requiere Hechos 1, aunque sí era contemporáneo de Jesús y sin duda testigo de su ministerio. Repetidas veces Pablo tiene que defender su llamado de apóstol, pero lo significativo es que lo defiende en los mismos términos básicos de Hechos 1: él también había visto al Resucitado (1 Cor 9:1; 1Cor 15), fue nombrado apóstol no por hombres sino por el mismo Cristo (Gal 1:1,15-17,19; cf. 1 Tim 1:1; 2:7), y él, igual que los doce, había realizado las señales de apóstol y la predicación del evangelio (2 Cor 12:12; cf. Rom 15:18-19). En 1 Corintios 9:1-6 Pablo se defiende contra los que negaban que él era apóstol:

¿No soy apóstol?
¿No soy libre?
¿No he visto a Jesús el Señor nuestro?
¿No sois vosotros mi obra en el Señor?
Si para otros no soy apóstol, para vosotros ciertamente lo soy;
porque el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor.

A continuación, Pablo responde a los que le acusan, afirmando que él tiene los mismos derechos de todos los apóstoles (9:3-6; cf. 2 Cor 11:5,13; 12:11s).

En este contexto, 1 Corintios 15 es especialmente importante. En este pasaje Pablo afirma vigorosamente la fe en la resurrección (15:1-8, 12-58) pero también, menos conspicuamente, defiende su propio apostolado (15:8-11). Después de definir el evangelio como la muerte, sepultura y resurrección de Cristo (15:1-4), Pablo enumera una lista de los que podríamos llamar “los testigos autorizados de la resurrección” (15:5-8): Céfas, los doce, más de quinientos hermanos, Jacob, después todos los apóstoles y al final Pablo mismo. Por eso, de las varias personas que el Nuevo Testamento llama apóstoles, sabemos que tenían que haber sido testigos presenciales de la resurrección.

Está claro que en este pasaje Pablo no está hablando sólo de visiones espirituales, como tuvo él mismo (2 Cor 12) y que tuvieron Esteban (Hech 7) o Juan (Apoc 4-5), que no podrían servir como evidencias de la resurrección corporal de Jesús. El verbo repetido en estos versículos de 1 Cor 15 es “apareció”, y el sujeto activo es el Resucitado (cf. Gál 1:16). Eran visitaciones del Señor, apariciones por iniciativa de él, para demostrar la realidad de su resurrección. Se trata de revelaciones corporales como las de Cristo durante los cuarenta días, que constituyeron a sus receptores en testigos oculares del hecho. En ese sentido, Pablo reconoce que su propio caso es una anomalía, pues aunque era contemporáneo de Jesús, no había sido discípulo ni había estado presente con los discípulos durante los cuarenta días. Sin embargo, insiste en que su encuentro con Cristo en el camino a Damasco pertenecía a la misma serie de visitaciones especiales. Por otra parte, Pablo afirma que su encuentro con el Resucitado fue la última de la serie (15:8; cf. 1 Cor 4:9), sin posibilidad de otras. Para mayor énfasis, Pablo afirma que Cristo lo llamó al apostolado no sólo de último sino “como un abortivo” (Gr. ektrômati), una excepción. Pablo era un apóstol “nacido fuera del tiempo normal”. No puede haber otros apóstoles después de él.

(Cuando Pablo dice en 2 Cor 5:16 que antes conocía a Cristo según la carne pero ahora no, es obvio que no quiere decir que ignoraba la vida de Jesús. Más bien, está diciendo que antes conocía a Cristo según criterios carnales (kata sarx), pero que ahora como creyente no conoce a nadie según la carne, lo que significa en ambos casos que ya conoce a todos según el Espíritu.)

Otros apóstoles: Este pasaje habla de “todos los apóstoles”, además de los doce (1 Cor 15:7), pero todos ellos eran también testigos oculares de la resurrección. En cambio, de líderes que sabemos que no habían participado en esa experiencia, como Apolos y Timoteo, el Nuevo Testamente nunca los llama “apóstol”. No podían ser apóstoles sin haber visto al Resucitado (y no sólo en visión mística). Por eso, de todas las demás personas llamadas “apóstol” podemos estar seguros de que habían sido testigos oculares del Resucitado o si no, eran apostoloi sólo en el sentido de “misioneros” o de “delegados congregacionales”.

Es muy significativo que tanto los doce como Pablo aplican los mismos requisitos básicos para el apostolado: sólo pueden ser apóstoles los que habían visto al Cristo en su cuerpo resucitado y habían sido comisionados personalmente por él para ser testigos de su vida y resurrección. De estos, el último fue el apóstol Pablo. Los apóstoles cumplieron una función histórica. Obviamente, nadie que no sea del primer siglo puede ser testigo ocular de lo que nunca presenció.

Efesios 4:11: Frente a estas enseñanzas bíblicas muy claras, el mal llamado “movimiento apostólico” apela, sin interpretación cuidadosa, a unos pocos textos. El versículo principal es Efesios 4:11, tomado fuera de contexto. El pasaje completo es una cita modificada del Salmo 68:18 con introducción y conclusión:

Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia
conforme a la medida del don de Cristo.
Por lo cual dice:
Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad,
y dio dones a los hombres.
Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero
a las partes más bajas de la tierra?
El que descendió, es el mismo que también subió
por encima de todos los cielos para llenarlo todo.
Y él mismo constituyó a unos, apóstoles;
a otros, profetas;
a otros, evangelistas;
a otros, pastores y maestros.

El tema de Efesios 4:7-16 es la unidad de la iglesia con su diversidad de dones, todo orientado hacia el crecimiento del cuerpo (4:13-16). Pablo introduce este tema con una cita del Salmo 68, uno de los salmos más difíciles y con complicados problemas textuales. Pero el tema central de ese salmo está claro: Dios es un poderoso guerrero (68:35) que en diversos momentos ha descendido a la tierra para liberar a su pueblo (68:11-14,20-21) y después de su triunfo, sube al monte Sión (o al cielo) llevando cautivos (68:15-18,24,29,35) y reparte el botín entre su pueblo (68:12,18). Pablo adapta la cita en varias formas, especialmente cambiando “tomaste dones” (Sal. 68:18) en “dio dones” (Ef 4:8), para aplicar la cita a la ascensión de Cristo y la venida del Espíritu con sus dones. Al volver al cielo, el Cristo vencedor repartió el botín entre su pueblo. El énfasis cae sobre la ascensión de Cristo, el momento histórico-salvífico en que el Resucitado victorioso envió el Espíritu como botín de su triunfo.

El verbo “constituyó” (4:11, edôken, “dio”) es un pretérito punctiliar, que describe algo que Cristo hizo cuando ascendió, conforme también al modelo del Salmo 68. No dice absolutamente nada sobre el futuro, si Cristo seguiría dando apóstoles a la iglesia, hasta su segunda venida, como podrían haber sugerido otros tiempos verbales. Como comenta I. Howard Marshall en el Comentario Bíblico Eerdmans (p.1389), “Puesto que esta carta vino de una época cuando estaban funcionando apóstoles y profetas, es imposible sacar alguna conclusión desde este pasaje sobre su continuación o no en la iglesia después”.

De otros pasajes, como hemos visto, queda evidente que el apostolado no puede haber continuado después de morir los últimos testigos presenciales. En cambio, otros pasajes dejan claro que el don de profecía (y la falsa profecía) continuarían en la iglesia. Al ascender, Cristo dio un don que era de una vez para siempre (apóstoles) y otro que había de seguir hasta su venida (profetas). El llamado apostólico corresponde en eso a su origen en el encargo de ShaLiaJ, que no era transmisible.

Por otra parte, Pablo habla en 2 Cor 11:13 de “falsos profetas (pseudapostoloi), obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo” (cf. Ap 2:2; Didajé 11:3-6) y, quizá sarcásticamente, de “superapóstoles” (tôn huperlian apostolôn, 2 Cor 11:5; 12:11, NVI).

Conclusión:

Dos de los grandes vicios de la iglesia evangélica hoy son la sed de poder, prestigio y riqueza de algunos de nuestros líderes, y entre los fieles el culto, ciego y casi idolátrico, a las personalidades famosas. Hay mucha obsesión con títulos, oficios y el poder lucir y ser importante. Se emplean constantemente las técnicas de publicidad y promoción del mundo secular. Eso es totalmente contrario al espíritu de Jesucristo y del evangelio. Mucho más acertado es el viejo refrán, “al pie de la cruz, todos somos párvulos”.

Hace unos años, en un foro sobre el tema de los apóstoles, alguien intervino para decir, “Antes era suficiente el título de pastor, pero ahora con las enormes megaiglesias, llamarlos pastor les queda muy corto.” ¡Al contrario! Si el título “pastor” les queda corto para ellos, ellos se quedan demasiado cortos para tan honrosa designación.

Conclución personal:

Consulté a Luis A Jovel sobre este tema, y el me explicó lo siguiente:

Los 12+Pablo, son los apostoles comisionados directamente por el Senor Jesus.  Los demas, son las iglesias quienes los comisionan.  Venrdian a ser los misioneros.

Siempre se han considerado a los misioneros como apóstoles, en el sentido que a Tito y a otros Pablo se referio a ellos como apóstoles.

Decir que el dia de hoy no existen apóstoles al modo de Pablo o Pedro, es correcto.

Siempre he oido una diferencia también entre profetas al estilo apostólico, como Pablo y Juan, y profetas el dia de hoy, como se ven en I Cor. 14:3.

Luis A Jovel

Fuente: Juan Stam

¿Todavía Hay Apóstoles Hoy?


¿Todavía Hay Apóstoles Hoy?
21 JULIO 2011 por Armando Valdez

¿Hay apóstoles en la iglesia hoy en día?

Pregunte a su fanático promedio de TBN, muchos de los cuales consideran a evangelistas populares como Benny Hinn, Rod Parsley y Joel Osteen que son apóstoles. (Aquí hay un ejemplo de ello [ver página 22].)

O, usted podría pedir a gente como Ron , Dennis , Gerald , Arsenio , Oscar , o Joanne . Ellos no sólo creen en el apostolado moderno, ellos mismos hacen valer sus derechos a ser apóstoles.

Una rápida búsqueda en Google revela que los auto-proclamados apóstoles abundan en línea. Armados con una pneumatología carismática y, a menudo un aire de ambición espiritual, se ponen a la par de los primeros líderes de la iglesia.

Entonces, ¿qué deben pensar de todo esto los cristianos creyentes de la Biblia de todo esto?

Bueno, eso nos lleva de nuevo al título de nuestro artículo:

¿Todavía hay apóstoles en la iglesia hoy en día?

Al principio, hay que señalar que por “apóstoles” no queremos decir simplemente “enviados” en el sentido general. Más bien, estamos hablando de los individuos seleccionados directamente designados y autorizados por Jesucristo para ser sus representantes inmediatos en la tierra. En este sentido, estamos hablando de “A mayúscula” apóstoles – como los Doce y el apóstol Pablo.

Es este tipo de “apóstoles” del que habla Pablo en Efesios 2:20, 3:5, 4:11 y en 1 Corintios 12:29-30. Esto es importante porque, especialmente en Efesios 4 y en 1 Corintios 12-14, Pablo hace referencia al apostolado en el contexto de los dones carismáticos. Si el “apostolado” ha cesado, nos da motivos para considerar la posibilidad de que otros oficios / dones han cesado. Si los apóstoles eran únicos, y el período en el que sirvieron era único, entonces se deduce que los dones que caracterizaron a la época de los apóstoles también eran únicos.

La pregunta entonces es muy importante, lo que subraya el principio básico del paradigma cesacionista – a saber, la singularidad de la época apostólica y el cese posterior de algunos aspectos de esa era.

Hay por lo menos cinco razones por las que creemos que ya no hay ningún apóstoles en la iglesia de hoy (y de hecho no han existido desde la muerte del apóstol Juan).

* * *

1. Los Requisitos Necesarios para el Apostolado

En primer lugar, y quizás más, básicamente, los requisitos necesarios para el apostolado excluye a los cristianos contemporáneos de llenar el ministerio apostólico.

Con el fin de ser un apóstol, uno tenía que reunir al menos tres condiciones necesarias: (1) un apóstol tuvo que ser testigo de la resurrección de Cristo (Hechos 1:22; 10:39-41, 1 Cor 9:1; 15:7-8), (2) un apóstol tenía que ser nombrado directamente por Jesucristo (Marcos 3:14, Lucas 6:13, Hechos 1:2, 24; 10:41;. Gal 1:1), y (3) un apóstol tenía que ser capaz de confirmar su misión y mensaje con señales milagrosas (Mateo 10:1-2; Hechos 1:5-8; 2:43; 4:33, 5:12, 8:14; . 2 Cor 12:12, Hebreos 2:3-4).. También cabe destacar que, en la elección de Matías como sustituto de Judas, los once también buscaron a alguien que había acompañado a Jesús durante todo su ministerio terrenal (Hechos 1:21-22; 10:39-41).

En base a estos requisitos solamente, muchos de los no cesacionistass coinciden en que no hay apóstoles en la iglesia de hoy. Por lo tanto, Wayne Grudem (un no-cesacionista) señala en su Teología Sistemática, “Parece que ningún apóstol fue nombrado después de Pablo y, desde luego, ya que hoy nadie puede cumplir con el requisito de haber visto al Cristo resucitado con sus propios ojos, no hay apóstoles el día de hoy” (p. 911).

* * *

2. La Singularidad del Apostolado de Pablo

Pero ¿qué pasa con el apóstol Pablo?

Algunos han afirmado que, de la misma manera que Pablo era un apóstol, aún pueden existir apóstoles en la iglesia de hoy. Pero esto ignora la singularidad con la que Pablo vio su propio apostolado. La situación de Pablo no era la norma, como él mismo explica en 1 Corintios 15:8-9. Se vio como una anomalía única en su tipo, de forma abierta que se hace llamar “el ultimo” y “menor” de los apóstoles. Para citar de nuevo Grudem:

“Parece bastante seguro de que no había ninguno nombrado después de Pablo. Cuando Pablo habla de las apariciones del Cristo Resucitado, él hace hincapié en la forma inusual en la que Cristo se le apareció, y conecta eso con la afirmación de que esta era la “última” aparición de todas, y que él mismo es de hecho ‘el menor de los apóstoles , incapaz de ser llamado apóstol’” (Grudem, Teología Sistemática, 910).

Más adelante añade:

Alguien podría objetar que Cristo pudiera aparecerse a alguien hoy y nombrar a esa persona como un apóstol. Sin embargo, la naturaleza fundamental del oficio del apóstol (Efesios 2:20; Apocalipsis 21:14) y el hecho de que Pablo se ve como el último a los cuales Cristo se le apareció y designó como apóstol (“al último de todos, como a un abortivo”, 1 Cor. 15:8), indican que esto no sucederá (Teología Sistemática, 911, n. 9)

Debido a que el apostolado de Pablo era único, no es un patrón que deberíamos esperar a ver replicado en la iglesia de hoy.

* * *

3. Autoridad Apostólica y el Cierre del Canon

Es nuestra creencia de que, si nos atenemos a un canon cerrado, también debe ser respetado por el cese de la misión apostólica.

Volvemos de nuevo al Dr. Grudem para una explicación de la estrecha relación entre los apóstoles y los escritos de la Escritura:

“Los apóstoles del Nuevo Testamento tenían un único tipo de autoridad en la iglesia primitiva: la autoridad para hablar y escribir palabras que fueron “palabras de Dios” en un sentido absoluto. No creerlas o desobedecerlas es no creer o desobedecer a Dios. Los apóstoles, por lo tanto, tenían la autoridad para escribir las palabras que se convirtieron en palabras de la Escritura. Este hecho en sí mismo nos debería sugerir que hay algo único en el oficio de apóstol, y que no podemos esperar que continúe hoy, porque hoy nadie puede añadir palabras a la Biblia y hacer que se consideren como palabras de Dios o como parte de la Escritura. (Wayne Grudem, Teología Sistemática, 905 a 906)

Hebreos 1:1-2 indica que lo que Dios reveló por primera vez a través del Antiguo Testamento, más tarde y más plenamente El reveló a través de su Hijo. El Nuevo Testamento, entonces, es la revelación de Cristo a Su iglesia. Comienza con su ministerio terrenal (en los cuatro evangelios), y continúa a través de las epístolas – cartas que fueron escritas por sus representantes autorizados.

Así, en Juan 14:26, Cristo autorizó a sus apóstoles para dirigir la iglesia, les prometió que el Consolador vendría y les recordaría todo lo que Jesús les había enseñado. La instrucción que ellos dieron a la iglesia, entonces, era en realidad una extensión del ministerio de Jesús, siendo habilitados por el Espíritu Santo (cf. Ef 3:5-6; 2 Pedro 1:20-21). Aquellos en en la iglesia primitiva generalmente entendieron la enseñanza apostólica, como autoritativa y como a la par con las Escrituras del Antiguo Testamento (cf. 1 Tes 2:13;. 1 Corintios 14:37; Gálatas 1:9; 2 Pedro 3:16).

Para citar de nuevo Grudem: “en lugar de los apóstoles de vida presentes en la iglesia para enseñar y gobernar, tenemos en su lugar los escritos de los apóstoles en los libros del Nuevo Testamento. Esas Escrituras del Nuevo Testamento cumplen para la iglesia de hoy en día la enseñanza autoritativa absoluta e instrucciones para gobernar las funciones que fueron cumplidas por los mismos apóstoles durante los primeros años de la Iglesia” (Ibid., 911).

La doctrina del canon cerrado, por lo tanto, está en gran parte basada en el hecho de que los apóstoles eran únicos y ya no están aquí. Después de todo, si todavía hay apóstoles en la iglesia de hoy, con la misma autoridad que los apóstoles del Nuevo Testamento, ¿cómo podemos afirmar que definitivamente el canon está cerrado?

Pero ya que no hay apóstoles en la iglesia de hoy, y ya que la nueva revelación no escrita debe ir acompañada de la autoridad y la aprobación apostólica, no es posible tener nueva revelación puestas por escrito hoy.

El cierre del canon y la no-continuación de los apóstoles son dos conceptos que necesariamente van de la mano.

* * *

4. El Papel Fundamental de los Apóstoles

Estrechamente relacionado con lo anterior está el hecho de que los apóstoles eran parte de la época fundacional de la iglesia (Efesios 2:20). Puesto que (siguiendo la metáfora de la construcción) la estapa del fundamento precede a la superestructura, es apropiado deducir que los apóstoles fueron dados a la iglesia para sus etapas iniciales. Como Grudem escribe: “el propósito de Dios en la historia de la redención parece haber sido el de dar a los apóstoles sólo en el comienzo de la era de la iglesia (véase Ef. 2:20)” (Ibid., 911, n. 9).

Nuestra interpretación de “fundamento” (como una referencia al último período en la historia de la iglesia) se ve reforzado por la evidencia de los primeros padres de la iglesia. La etapa de la fundación era algo que los padres se refirieron en tiempo pasado, lo que indica que se entiende como pasado.

Así, Ignacio (c. 35-115) en su Epístola a los Magnesios, escribió (hablando en tiempo pasado):

“El pueblo es llamado por un nombre nuevo, que el Señor les da, y será un pueblo santo.” Esto se cumplió por primera vez en Siria, para “los discípulos fueron llamados cristianos en Antioquía,” cuando Pablo y Pedro estaban colocando los cimientos de la Iglesia.

Ireneo (c. 130-202) en Contra las Herejías, hace eco de la comprensión del tiempo pasado que Pedro y Pablo sentaron las bases de la Iglesia (en 3.1.1) y se refiere luego a los doce apóstoles como “el fundamento de doce columnas de la iglesia” (en 4.21.3).

Tertuliano (c. 155-230), en Los Cinco Libros Contra Marción (capítulo 21), señala la importancia de atenerse a la doctrina apostólica, incluso en una era post-apostólica:

Sin duda, después del tiempo de los apóstoles, la verdad respecto a la creencia de Dios sufrió corrupción, pero es igualmente cierto que durante la vida de los apóstoles, su enseñanza sobre este gran artículo no sufrió en absoluto, de modo que ninguna otra enseñanza tendrá el derecho de ser recibida como apostólica como aquella que se encuentra en el día de hoy siendo proclama en las iglesias de fundamento apostólico.

Lactancio (c. 240 a 320), también, en Los Institutos Divina (4.21) se refiere a un tiempo pasado en el que los cimientos de la iglesia fueron establecidos:

Pero los discípulos, que se dispersaron a través de las provincias, en todas partes dejaron los cimientos de la Iglesia, ellos mismos también en el nombre de su divino Maestro haciendo muchos y casi increíbles milagros, pues en Su partida, les había dotado de poder y fuerza, por el cual el sistema de su nuevo anuncio podría ser fundado y confirmado.

Otros ejemplos también podrían agregarse a los Padres de Nicea más tarde y después del de Nicea. Crisóstomo, por ejemplo, podría ser otra de esas fuentes (de sus Homilías Sobre Efesios).

Los padres de la iglesia, justo después de la era apostólica, entendieron la obra de los apóstoles para constituir una única etapa “fundacional” de la iglesia. El hecho de que hacen referencia a esto en el pasado, como algo distinto de sus propios ministerios, indica que entiendieron que la edad apostólica había pasado, y por lo tanto la etapa de fundación se había terminado.

Mientras que la cesación del don/oficio Apostólico en última instancia no probó el caso cesacionista, si fortalece la posición global – especialmente en pasajes como 1 Corintios 12:28-30, Efesios 2:20 y 4:11, donde el apostolado está enlistado en conexión directa con los otros dones carismáticos y oficios.

5. El Testimonio Histórico de Aquellos que Siguieron a los Apóstoles

En nuestro punto anterior, sostenemos que los apóstoles fueron dados para la etapa fundacional de la iglesia (Efesios 2:20), y que la iglesia primitiva reconoció esta etapa de fundación como un período de tiempo determinado que no pasó del primer siglo .

Sin embargo, es importante dar un paso más, y tenga en cuenta que los primeros padres de la iglesia vieron a los apóstoles como un grupo único de hombres, distinto de todos los que siguieron después de ellos.

(A) Los que vinieron después de los apóstoles no se ven a sí mismos o a sus contemporáneos como apóstoles.

De acuerdo con su propio testimonio, los líderes cristianos que siguieron a los apóstoles no eran los mismos apóstoles, pero fueron los “discípulos de los apóstoles” (La Epístola a Diogneto de Mathetes, 11; Fragmentos de Papías, 5;. Cf La Epístola de Policarpo a los Filipenses, 6, Ignacio, Contra las Herejías, 1,10), los ancianos y diáconos de las iglesias.

De este modo, Clemente (del primer siglo) en su Primera Epístola a los Corintios, 42, señala que:

Los apóstoles han predicado el Evangelio a nosotros de nuestro Señor Jesucristo, Jesucristo [ha hecho] de Dios. Así pues, Cristo fue enviado por Dios, y los apóstoles por Cristo. Ambos señalamientos, entonces, se hicieron de una manera ordenada, de acuerdo con la voluntad de Dios. Después de haber recibido por lo tanto, sus órdenes, y estando plenamente convencidos de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, y establecido en la palabra de Dios, con plena seguridad del Espíritu Santo, salieron a proclamar que el reino de Dios estaba cerca. Y así, predicando a través de países y ciudades, señalaron los primeros frutos [de su trabajo], después de haber sido probados por el Espíritu, para ser obispos y diáconos de los que habían de creer.

Ignacio, por ejemplo, a propósito evitó igualarse a sí mismo con los apóstoles. Por lo tanto, escribió:

“Yo no publico mandamienos sobre estos puntos como si fuera un apóstol, sino, como tu compañero, te pongo en la mente de ellos” (La Epístola de Ignacio a los Antioquenos, 11).

(B) Los que siguieron a los apóstoles vieron los escritos apostólicos, como únicos y auténticos.

Por otra parte, de acuerdo con el tercer punto (arriba), era “la doctrina de los apóstoles” (cf. La Epístola de Ignacio a los de Magnesia, 13; La Epístola de Ignacio a los Antioquenos, 1) que debía ser vigilada, enseñada, y escuchada. Por lo tanto, las “memorias de los apóstoles” se llevaron a cabo como canónicos y con autoridad en la Iglesia primitiva (cf. Ireneo, Contra las Herejías, 2.2.5, Victorino, Comentario al Apocalipsis, 10,9).

En este sentido, Justino escribe:

Y en el día llamado domingo, todos los que viven en ciudades o en el campo se reúnen en un solo lugar, y las memorias de los apóstoles o los escritos de los profetas son leídas, siempre y cuando el tiempo lo permite, luego, cuando el lector ha terminado, el presidente instruye verbalmente, y exhorta a la imitación de estas cosas buenas (Primera Apología de Justino, 67).

La doctrina y la escritura de los apóstoles fue única, después de haber sido escrita por los representantes autorizados del mismo Cristo.

(C) Los que siguieron a los apóstoles vieron la era apostólica como un período único e irrepetible de la historia de la iglesia.

Los padres vieron los “tiempos de los apóstoles”, como un claro, no repetible período de historia de la Iglesia (cf. Agustín, Sobre la Doctrina Cristiana, 3.36.54; Respuesta a Fausto, 32,13; Sobre el Bautismo, 14,16; et al). Por lo tanto, Crisóstomo escribió sobre la singularidad de la comunión durante la época apostólica:

Quiero darle un ejemplo de amistad. Amigos, esto es, los amigos de acuerdo a Cristo, sobrepasa a padres e hijos. Para decirle que no de amigos de la época actual, ya que esto es bueno también ha pasado con los demás. Pero tenga en cuenta, en el tiempo de los Apóstoles, no hablo de los hombres más importantes, sino de los propios creyentes en general, “todos”, dice, “eran de un corazón y el alma. y ninguno de ellos dijo que nada de las cosas que poseía eran suyas … y se repartían a cada uno según cada uno tenía necesidad.” (Hechos 4:32, 35.) No había entonces palabras como “mío” y “tuyo”. Esta es la amistad, que un hombre no debe considerar los bienes de su propiedad, sino de su vecino, que sus bienes pertenecen a otro; que debe ser lo más cuidadoso del alma de su amigo, como la suya propia, y el amigo de igual manera. (Homilía sobre 1 Tes. 1:8-10)

Crisóstomo miró hacia atrás al gran afecto que caracterizó la era apostólica, para ofrecer un contraste con la falta de amor familiar de la iglesia en su día. De este modo, se subraya el hecho de que él entendía la era apostólica como siendo del pasado. Un paso adicional podría ser citado a este respecto:

Yo sé que vosotros abren su boca y se sorprenden, de saber que está en su poder el tener un don más grande que resucitar a los muertos, y dar vista a los ciegos, haciendo las mismas cosas que se hicieron en el tiempo de los Apóstoles. Y parece que una creencia del pasado. ¿Qué es entonces este don? caridad. (Homilía en Heb. 1:6-8)

Muchos más ejemplos de la historia de la iglesia se podrían dar. Toda la historia de Eusebio se basa en la progresión de la historia de la iglesia de los “tiempos de los apóstoles” (Historia Eclesiástica, Libro 8, introducción). Basilio, en su obra sobre El Espíritu, señala a los líderes anteriores de la historia de la Iglesia (en concreto, Ireneo) como aquellos “que vivían cerca de los tiempos de los Apóstoles” (29,72). Tertuliano habla de hechos que ocurrieron

“después de los tiempos de los apóstoles” (Los Cinco Libros Contra Marción, 21).

Conclusiones Históricas

Consistentemente, los padres (desde los primeros tiempos) marcaron la era apostólica (y los mismos apóstoles) como única. Sus escritos fueron considerados como únicos y auténticos. Los que les siguieron no fueron considerados ser apóstoles. Tampoco los tiempos que siguieron se consideraron equivalente a los tiempos de los apóstoles.

Así llegamos a la conclusión, una vez más, con Grudem:

Es de destacar que ningún líder importante en la historia de la iglesia – ni Atanasio o San Agustín, Lutero o Calvino, ni Wesley o Whitefield – han tomado para sí el título de “apóstol” o dejarse ser llamados apóstol. Si alguno de los tiempos modernos quieren tomarse el título de “apóstol”, se eleva inmediatamente la sospecha de que puede estar motivado por orgullo y deseos inapropiados para ensalzarse a sí mismo, junto con la ambición desmedida y el deseo de mucha más autoridad en la iglesia que cualquier persona debería de estar. (Teología Sistemática, 911)

Una nota final

A lo largo el post de hoy nos hemos apoyado en gran medida el trabajo de Wayne Grudem (en concreto, su Teología Sistemática). Esto ha sido intencional, por dos razones: (1) realiza argumentos excelentes y bíblicamente sólidos (y apreciamos todo lo que escribe, aunque no siempre estamos de acuerdo con sus conclusiones), y (2) es un conocido y respetado continuacionista [no cesacionista].

Es significativo, en nuestra opinión, que (como no cesacionista) argumenta de manera convincente el cese de la misión apostólica y la singularidad de la era apostólica – ya que esta es la premisa en que se basa el paradigma cesacionista.

Mientras que la cesación del don/oficio Apostólico finalmente no prueba el caso cesacionista, lo hace fortalecer la posición global – especialmente en pasajes como 1 Corintios 12:28-30, Efesios 2:20 y 4:11, donde el apostolado es enlistado en conexión directa con los otros dones carismáticos y oficios.

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por Nate Busenitz

Acerca de Nate Busenitz: Nate se desempeña en el equipo pastoral de la Iglesia Grace Community y enseña teología en The Master’s Seminary en Los Angeles.

Fuente:

http://evangelio.wordpress.com/2011/07/21/todava-hay-apstoles-hoy/

Nota:

No soy cesacionista. Creo en la continuacion de los dones. Hasta aprox. el s.IV,  hay documentación racional al respecto. Cesó el período apostólico, pero continúa la Iglesia del Señor hasta que Cristo venga por segunda vez.

“Nada se pierde,todo se transforma”,en este mundo en el que vivimos. Los dones cesaron en su plena potencia apostólica, pero continúan periódicamente en la misericordia del Señor. No para traer nueva revelación sino para confirmar la autoridad de Cristo en la predicación.

Paulo Arieu

No tentarás al Señor tu Dios


No tentarás al Señor tu Dios

6 y le dijo: (el diablo)
–Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, pues escrito está:
»”A sus ángeles mandará acerca de ti”,
»y
»”En sus manos te sostendrán,
para que no tropieces con tu pieen piedra”.[f]
7 Jesús le dijo:
–Escrito está también: “No tentarás al Señor tu Dios”.(Mateo 4:6-7 RV 1960)

En la tierra, en el mundo, reina y gobierna Satanás: “Sabemos que somos de Dios y el mundo entero está bajo el maligno” (1Jn. 5,19). Por eso, los hijos de Satanás, los hijos del mundo, se dedican a perseguir a los hijos de Dios, esto ha sido siempre y lo será hasta el final. Pero los cristianos tenemos por Padre a un Dios que nos ama, pero al mismo tiempo conocemos que El es Santo, como otro de sus atributos. Esto significa apartado del mal, sin pecado, sin mancha alguna de inmoralidad, etc.
Estgo es algo que muchas veces se conoce mas por la experiencia de sentir temor de Dios, que por un analisis meramente intelectual de esta enseñanza.

Un Pastor norteamericano llamado Mack Wolford de 44 años, murió al ser mordido en el muslo por una serpiente cascabel por tratar de demostrar que podía vencerla. Esto se estaba realizando en presencia de la iglesia, la cual estaba realizando un culto al aire libre en el parque Memorial Day, este 31 de mayo.

Foto: Wolford, era miembro de la denominación de los «Signos» de Pentecostés. Aquí maneja una serpiente de cascabel venenosa durante un servicio de la tarde en la Iglesia del Señor Jesús en Jolo, Virginia Occidental, EE.UU., el 03 de Septiembre del 2011.

Tras el suceso, el pastor fue llevado inmediatamente a la casa de un familiar, pero tras empeorarse su estado de salud fue llevado al hospital, Bluefield Regional Medical Center, donde terminó muriendo, según informa la ABC News.

Tal parece que Wolford, quería demostrar que él podía hacer lo que le ocurrió a Pablo quien naufragó en la Isla de Malta y cuando buscaba leña una serpiente venenosa lo mordió y sin ningún tipo de medicina sobrevivió.

1 Estando ya a salvo, supimos que la isla se llamaba Malta.2 Y los naturales nos trataron con no poca humanidad; porque encendiendo un fuego, nos recibieron a todos, a causa de la lluvia que caía, y del frío.3 Entonces, habiendo recogido Pablo algunas ramas secas, las echó al fuego; y una víbora, huyendo del calor, se le prendió en la mano. 4 Cuando los naturales vieron la víbora colgando de su mano, se decían unos a otros: Ciertamente este hombre es homicida, a quien, escapado del mar, la justicia no deja vivir.5 Pero él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún daño padeció.6 Ellos estaban esperando que él se hinchase, o cayese muerto de repente; mas habiendo esperado mucho, y viendo que ningún mal le venía, cambiaron de parecer y dijeron que era un dios. (Hch. 28:1-6 RVR1960)

Al final del Libro de los Hechos de los Apóstoles, vemos al Apostol Pablo en la isla de Malta, luego de un terrible naufragio, hacienda algo tan sencillo como procurar protegerse mejor del frio: tomó algunas ramas secas y las echó al fuego. Y de entre esas ramas salto la vibora que estaba escondida, y lo mordió. No vemos al apostol tratando de manejar las serpientes mediante algun truco de circo, sino simplemente tratando de escaper del frio de la isla. Y Dios lo guardó de la muerte, porque tenia que dar testimonio de Nuestro Señor Jesucristo resucitado de entre los muertos ante el emperador romano. Para ahi se dirigía Pablo, prisionero del Imperio Romano por dar testimonio de su fe en Jesucristo.

Sin embargo, Wolford, para esta demostración peligrosa, había practicado, pero él quería demostrar a su iglesia que los cristianos pueden enfrentar a las serpientes venenosas para poner a prueba su fe en Dios y en un dado caso si lo mordía la serpiente él creía que se curaría igual sin medicamento. Lo más sorprendente de la noticia es que Wolford, tenía 15 años cuando vio morir a su padre quien tenía 39 y también era un predicador y murió producto de una mordedura de serpiente de cascabel en casi las mismas circunstancias. La familia del pastor tenía una tradición que era la del manejo de serpientes, así que el predicador de Virginia Occidental, se volvió famoso por manejar serpientes peligrosas durante sus sermones.

Enocntramos una extraña referencia en el evangelio de Marcos:

18 tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán (Mar. 16:18b RV 1960)

Pero una interpretación literal de este pasaje es peligrosima, y salvo el caso del apostol Pablo no se conocen casos ni en la biblia ni en la historia del cristianismo. Es lo que yo pretendo aclarar desde el principio del artículo, que es tentar a Dios el realizar un acto de esta clase. U otro parecido, diciendo que el Señor nos mandó a realizarlo en su nombre.

Encima, los manuscritos más antiguos del Evangelio de Marcos se quedan en el versículo 8 del capítulo 16. Considerándose en adelante como un añadido de una secta gnóstica e incorporado en el texto por algun lapsus de los Padres de la Iglesia. Muchos eruditos creen que esa parte final no es divinamente inspirada, sino un parche.

El funeral de este pastor se realizó en su iglesia, la casa del Señor Jesús, en Matoaka, justo al norte de Bluefield. Así se acabaron sus días sobre la tierra, y de manera penosa.

Conclusión:
Si bien leemos en Hechos 4:19,20, 5:29 que Pedro y Juan dicen que es mejor obedecer al Señor antes que a cualquier otro ser humano, no significa esto obedecer nuestros propios impulsos humanos.:

“decidan ustedes a quien es permitido obedecer a Dios o ha ustedes. No podemos quedarnos callados sin decir lo que hemos visto y oído. Más pedro con los otros Apóstoles respondieron: Nosotros tenemos que obedecer a Dios antes que a los hombres. “

Dándonos a entender que sobre todo debemos obedecer a Dios antes que a las autoridades terrenales o religiosas como también a los hombres sin importar si es al: Concilio, Pastor, Líderes, etc.

Gálatas 1:10, dice:

Porque ¿busco yo ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O es que intento agradar a los hombres? Si todavía tratara de agradar a los hombres no seria un siervo de Cristo sino un siervo de hombres.

Dando ha entender que al que debemos que obedecer sobre todo es a Dios para no convertirnos en siervos de hombres.

El Profeta Samuel, entendía correctamente que había que obedecer al Señor constantemente, y que esto era mejor para agradar a Dios que cualquier otro sacrificio que se le quiera ofrecer a El. Siempre.

Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.1ra Samuel 15: 22.

Y siempre toda desviación de la enseñanza de la Palabra de Dios es mala, y se paga siempre de un modo caro, horrible. Hoy muchas iglesias evangélicas en el mundo occidental se han desviado de lo central en sus reuniones, procurando entretener mas a las personas que enseñarles a guardar la Palabra Viva y Siempre eficaz. El resultado esta a la vista.

Ahora te pregunto a ti: ¿Has estado cumpliendo lo que el Señor nos demanda en su palabra? Y la más importante es: ¿Sabes cuál será el costo de tu desobediencia? 

Debemos de tener cuidado en la manera que decidimos vivir y llevar nuestra comunión con el Señor porque ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? (Hebreos 2-3)

Sabes Dios es un DIOS DE MISERICORDIA pero también es FUEGO CONSUMIDOR, yo te invito que te pongas a cuentas con él y le pidas perdón y no permitas que lo que él ha preparado para ti se lo de a alguien que Dios llega a considerar mejor que tú simplemente porque has desobedecido y prefieres vivir con las cosas vanas que el mundo nos ofrece.

“Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor”.Efesios 2:12

Fuente bibliografica

Los apóstoles que embarran la cancha


Los apóstoles que embarran la cancha

La expresión “embarra la cancha” proviene del deporte conocido como futbol o soccer en ingles.

Embarrar la cancha” es una expresión argentina (o tal vez de otros países también) que significa: perjudicar, crear dificultades (a otra persona o a algo)

Probablemente venga de la costumbre de algunos entrenadores de football que regaban la cancha antes de un partido para perjudicar al equipo contrario que era más débil jugando en el barro.

Bien puede ser así, tiene su lógica. Los tiempos han cambiado y ahora, en vez de embarrarla, cortan el césped corto o largo, según quieran favorecer el juego rápido o lento, respectivamente. Otra mala arte que se sigue practicando es regar en demasía el césped poco antes de un juego. Hoy en día su uso nada tiene que ver con el deporte. Que haya muchos ejemplos en el ámbito de la política es indicio de que, o bien a los políticos les gusta usar un lenguaje popular con la idea de que así llevan agua a su molino (vaya a saber si es cierto), o bien de que es un campo en el cual el juego sucio es un factor destacadísimo. O de ambas cosas.

Nosotros lo utilizaremos para hablar de los apóstoles modernos, que crean confusión en las iglesias y embarran asi la cancha.

Hace ya algunos días atras, un pastor amigo de muchos años, me comentó entre otras cosas que Dios estaba bendiciendo en gran manera  su congregación, lo cual me alegró ya que estaba al tanto de que hacia un tiempo ya estaban anhelando y orando por  bendiciones espirituales y materiales.

Pero también me comentó  que había estado a punto de asistir a una conferencia del Movimiento Apostólico y Profético y esto me puso a pensar y fue asi que me decidi a investigar un poco sobre este tema.

John Stott reconoció en uno de sus libros ya hace algún tiempo (año 2004) que “hay mucha confusion en la iglesia actual sobre la palabra apóstol”

Por la amplitud del tema, dejaremos para otro momento el tema del Movimiento Apóstolico y Profetico; solo vamos a investigar el tema de los apóstoles y su terminología histórica y bíblica.

Solo comentaré que este supuesto movimiento profético,como comentó Stott,  ha traído mucha confusión  dentro y fuera del pentecostalismo. La biblia me enseña seguro una cosa y es que Dios no es Dios de confusión. “Pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos ” (1 Co 14:33)

Estará verdaderamente Dios detrás completamente de este tema o sera que es un movimiento espiritual de Dios,pero con algunos errors de concepto? Esto lo investigaremos en otro momento.

John Stott, fiel a su ministerio de enseñanza, continuó explicando que en el Nuevo testament se usa este t érmino en tres sentidos:

Veamos cuales son:

a.En un solo versículo se aplica a todos los creyentes,en Jn. 13:16, donde Jesús dice que aquel que es enviado no es mayor que quien lo ha enviado. La palabra enviado traduce el griego “apóstolos”. Jesús declara que todos los cristianos estamos comprometidos con la misión apóstolica de la Iglesia en el mundo. En ese sentido general, todo cristiano es un apóstol.

b. El Segundo uso se aplica a los cristianos como enviados de las Iglesias. En 2 Cor. 8:23 y en Filip. 2:25, Pablo describe a Epafrodito como su apóstol o enviado. Los “apóstoles de las Iglesias” en el N.T. eran lo que hoy llamamos misioneros, mensajeros del evangelio enviados por  una iglesia en particular con una misión específica.

c. El uso mas frecuente del término “apóstol” en el N.T. es en su sentido restringido, aplicado a los doce apóstoles de Jesús. A este grupo reducido se sumó el apóstol Pablo,probablemente Santiago y tal vez alguno mas. No eran apóstoles de las Iglesias sino apóstoles de Cristo, mensajeros a los que él había elegido y llamado.

En el comienzo de su ministerio, Jesús seleccionó doce hombres para que viajaran con Él. Estos hombres tendrían una responsabilidad importante (v. Lc. 6:12,13)

Es interesante conocer que la mayoría de los apóstoles eran de la región de Capernaum, que era despreciada por la culta sociedad judía, por cuanto era el centro de una parte del estado judío (que solo recientemente se había agregado a él) y que era conocida de hecho, con el nombre  de “Galilea de los gentiles”. El mismo Jesús dijo: «Y tu,Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida. (Mat. 11:23) »

Sin embargo, Jesús moldeó a estos doce hombres hasta convertirlos en fuertes líderes y voceros capacitados de la fe cristiana. El éxito de ellos da testimonio del poder transformador del Señorío de Jesús.

A Pablo, dice Stott que el Cristo resucitado se le apareció personalmente; sin esa experiencia de la resurrección de Cristo, Pablo no podría haber sido un apóstol

Pablo cita sus credenciales apostólicas en II Cor. 9 y lo reitera en el Cap. 15 (cf. II Cor. 15:8)

Stott explica que la iglesia primitiva comprendió muy bien esta diferencia.  Cuando murió el ultimo apóstol, la Iglesia sabía que se iniciaba una etapa nueva, la era post-aspostólica.

Una de las mejores evidencias de esto es el testimonio del Obispo Ignacio de Siria, a quien los eruditos ubican alrededor del 110 d.C., cuando ya habían muerto los apóstoles. Ignacio fue condenado a la muerte por ser cristiano e iba camino de Roma hacia su martirio.

Durante la travesía, escribió una serie de cartas a las Iglesias, algunas de las cuales han llegado hasta nosotros. En ellas,Ignacio repite con frecuencia este concepto:

« No les doy órdenes o mandamientos como lo hicieron Pedro y Pablo, por cuanto yo no soy un apóstol para condenar a los hombres »

Aunque era Obispo,Ignacio enfatizaba que no era un apóstol ni tenía la misma autoridad.

Es de esperar que nosotros entendamos este concepto con la misma claridad.

Si hubiera hoy personas con la misma autoridad que aquellos primeros apóstoles, deberíamos agregar sus enseñanzas al N.T. y toda la iglesia estaría comprometida a aceptarlas y obedecerlas. Pero nadie tiene una autoridad comparable a la de los doce y Pablo.

Debemos distinguir entre los apóstoles de las Iglesias de los cuales hay muchos alrededor del mundo hoy, y aquellos apóstoles de Cristo

Para finalizar este artículo,citando conjuntamente con J.  Stott, creo que podemos decir con toda firmeza que en la actualidad no hay en la iglesia apóstoles de Jesucristo,porque ninguno ha tenido una aparición del Cristo resucitado. Hay líderes,obispos,evangelistas,pioneros,misioneros  y plantadores de Iglesias a los que podemos referirnos como ministros apóstolicos.Es válido darles el calificativo de ‘apóstoles’ (adjetivo) pero no les corresponde el título de ‘apóstoles’ (sustantivo).

Hay una diferencia fundamental entre aquellos primeros apóstoles y cualquier mensajero del evangelio que los haya sucedido. Creo que esta claro,no es cierto?

Lo que no esta claro es el rol de estos apostoles de iglesia, que son pastores pero al mismo  tiempo se dejan llamar apostoles. Cuales es el rol que pretenden ejercer estos lideres en las iglesias de hoy? Porque nombran en las ciduades uno o mas apostoles? Luego que en muchas de las mas importantes ciudades hayan nombrado apostoles, que es lo que sigue? Quizas algún super-apostol que ejerza el rol de supervisor de estos apostoles?

Creo que este movimiento es deudor aun de una respuesta honesta a estos interrogantes.

Dios te bendiga

Paulo Arieu

Bibliografía

  • John Stott, Señales de una iglesia viva, ed. Certeza Argentina, 1997
  • J.L.Packer,Merril C.Tenney,William White Jr., El mundo del Nuevo Testamento, ed. Vida,1982