El 90-95% de la población no sabe cómo pensar


El 90-95% de la población no sabe cómo pensar

EFE – 16:46 – 23/06/2015
cerebro-ordenador-conocimiento-635-GETTY.jpg - Foto: Getty

El doctor de Harvard Robert Swartz, director del National Center For Teaching Thinking de EEUU, ha señalado  que “el 90-95% de población del planeta” no sabe “cómo pensar con cuidado”, muchos porque han sido enseñados en la escuela a pensar “de forma muy estrecha”, a través del uso de la memoria.

Swartz, pionero en la promoción de las habilidades del pensamiento en la enseñanza, es también miembro del comité tutelar de ICOT, el mayor congreso internacional sobre pensamiento, cuya próxima edición se celebrará en Bilbao entre los días 29 de junio y 3 de julio.

En el Palacio Euskalduna de la ciudad se reunirán a 1.800 asistentes de 43 países -el 70 % españoles y el 30 % internacionales- y un centenar de ponentes “de primer nivel internacional” para reflexionar sobre innovación y aplicación del pensamiento en las áreas de la educación, la empresa, el arte y el deporte.

Estos datos han sido aportados por los responsables de la iniciativa durante la presentación en Bilbao de la décimo séptima edición del congreso, organizada por el grupo educativo COAS y el laboratorio internacional de Innovación y Coaching Educativo Tu Innovas.

Las nuevas metodologías y herramientas de aprendizaje basadas en “aprender a pensar” dentro del aula centrarán el congreso.

Se trata de reflexionar sobre “qué formas hay para mejorar el pensamiento” y cómo “ayudar a la gente a que pueda mejorar su forma de pensar”, ha explicado Swartz.

A su juicio, “poca gente en el planeta” ha aprendido a pensar de forma “más amplia” y “creativa” a la que le enseñaron en la escuela y “el progreso de la humanidad depende de ese tipo de pensamiento”.

En opinión del director de Tu Innovas, Javier Bahón, el congreso representa “un antídoto” contra el pensamiento único porque se parte del análisis del “máximo de opciones” posible.

Este experto en pedagogía educativa ha evidenciado que las nuevas competencias en “la escuela del siglo XXI son completamente diferentes a las de siglos anteriores” y ha advertido de que se están manteniendo “de manera peligrosa” formas de actuar anteriores.

A su juicio, hay que fomentar competencias como saber comunicarse -“el 99 % de los problemas del ser humano tienen un origen lingüístico”, ha dicho-, y saber trabajar en equipo, así como hacer de los alumnos “sujetos activos” en su aprendizaje y no pasivos, aportándoles herramientas que les capaciten para pensar de manera crítica e innovadora.

También la coordinadora pedagógica de COAS, Ana Pérez, ha apostado por impulsar en los centros educativos la competencia de “aprender a pensar”.

En su opinión, hay que fomentar hábitos mentales relacionados con la empatía, el respeto a la opinión del otro, el trabajo en equipo, el control de la impulsividad y la flexibilidad, a su juicio, requisitos “alejadísimos del pensamiento único”.

La nueva edición de este congreso, que inició su andadura en 1982, es la primera que se celebra en un país hispanohablante, yu ofrecerá un programa con 282 intervenciones a través de conferencias, talleres, mesas redondas y seminarios.

El área educativa es la más extensa e incluirá contenidos centrados en aprender a pensar para mejorar la comprensión, la neurociencia aplicada al aprendizaje y el aprendizaje cooperativo, entre otros.

Asimismo, los congresistas analizarán la aplicación del pensamiento a áreas como la empresa, el arte y el deporte.

Entre los ponentes anunciados, se encuentran el exdirector deportivo del Barcelona Andoni Zubizarreta; el considerado padre del pensamiento lateral y autor de “6 sombreros para pensar”, Edward de Bono; y el consultor y exdirector ejecutivo del centro de aprendizaje organizacional del MIT, Jeff Clanon.
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http://www.economiahoy.mx/sociedad-eAm-mexico/noticias/6817079/06/15/El-9095-de-la-poblacion-no-sabe-como-pensar.html

El currículo de religión evangélica enseña que el mundo es “Creación de Dios”


El currículo de religión evangélica enseña que el mundo es “Creación de Dios”

biblia

También incluye el rezo en clase para niños de infantil, de entre tres y seis años, y les evalúa de su conocimiento de la Biblia

Los alumnos que estudien religión evangélica tendrán nuevos contenidos el curso que viene después de 22 años. El Boletín oficial del Estado publica este miércoles los currículos para infantil y primaria elaborados por laFederación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE) y avalados por el Ministerio de Educación. En los contenidos para los niños de 3 a 6 años, de segundo ciclo de infantil, se enseña el “mundo natural como Creación de Dios”, se les va a exigir la “memorización de versículos bíblicos significativos” y se les va a evaluar sobre su “expresión y comunicación de formas sencillas de oración, gratitud, alabanza y oración”.

En el currículo de primaria también se incide en la figura de Dios creador. En primero aprenderán que la “Creación y la vida son muestras del amor de Dios a cada persona “y se incide en el aprendizaje de la oración. Muy centrado en el estudio de la Biblia, propio de esta religión, en 4º de primaria se invita a los niños de 9 años a utilizar el texto para “hallar respuesta a interrogantes éticos y existenciales que se plantean en la vida cotidiana”. Lo mismo se repite en sexto de primaria para alumnos de 11 años.

Alrededor de 12.700 alumnos estudian religión evangélica en Españasegún datos de Federe. La asignatura, de oferta obligatoria para los centros y optativa para los alumnos, la imparten 217 profesores, 164 en primaria y 53 en secundaria, según la federación. El sueldo de los docentes es pagado por el Estado como ocurre con otras religiones como la católica ha explicado Ana Calvo, responsable de educación de Federe. Calvo también ha señalado que el nuevo currículo es una “adaptación” del anterior, que se elaboró en el año 1993, debido a la LOMCE, la nueva ley educativa. La federación ha elabora también el material adaptado a los nuevos contenidos de la asignatura. Calvo ha lamentado la “falta de colaboración” de algunas comunidades a la hora de ofertar la asignatura y también el desconocimiento de las familias de que deben solicitarla.

La organización Europa Laica ha vuelto a insistir en que es necesario que la religión salga de la escuela. Su presidente Francisco Delgado ha subrayado que están “en contra de la enseñanza de la religión en los colegios, la evangélica y cualquier otra”.

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https://laicismo.org/2015/el-curriculo-de-religion-evangelica-ensena-que-el-mundo-es-creacion-de-dios/128563

Asambleas de Dios gradúa otro curso de teólogos en su Facultad


Asambleas de Dios gradúa otro curso de teólogos en su Facultad

Son los primeros estudiantes de este centro que obtienen el Título oficial de Grado en Teología con reconocimientos civiles.

FUENTES FADE CÓRDOBA 11 DE JUNIO DE 2015

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Graduados de este año. La Faculta de Teología de las Asambleas de Dios en La Carlota (Córdoba) celebró su acto de graduación del último curso. En un ambiente de celebración, se reconoció el esfuerzo y dedicación de los estudiantes, destacando en esta ocasión, la oportunidad histórica de la graduación de los primeros estudiantes que obtienen el Título de Grado en Teología con reconocimientos civiles, en conformidad con el R/D 1633/2011 1633/2011, de 14 de noviembre, por el que se establece el régimen de equivalencias de títulos de nivel universitario impartidos en centros docentes dependientes de la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España.

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Foto de grupo.

El pastor Esteban Muñoz, vicepresidente del Consejo Ejecutivo de FADE expuso en una breve reseña la trayectoria de la, hoy en día, Facultad de Teología que, en una singladura de 48 años, pasando por diferentes lugares de la geografía española, pero siempre con el fin único de capacitar a hombres y mujeres como obreros fieles, celebraba así el reconocimiento institucional de la excelencia en la formación, avalada por el reconocimiento de centro de nivel universitario.

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Los graduados, junto al concejal de La Carlota, José Carmona.

A su vez, el profesor de la Facultad Antonio Simoni, destacó la singularidad de la localidad de La Carlota, sede -desde hace 20 años- del seminario; una localidad creada por Carlos III con el fin de que aquellos colonos destacaran como integrantes de una sociedad perfecta, con el calificativo de “vasallaje útil”, característica propia de la Facultad que actualiza y cataliza como, su fin último: el formar obreros ”útiles”, que al servicio de Dios y de la sociedad puedan “transformar vidas con el mensaje de la Cruz de Cristo”. Fueron catorce estudiantes quienes recibieron el homenaje como nuevos graduados en Teología, además se repartieron los certificados de Diplomados a quienes concluyeron los estudios del 3º curso.

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Asistentes al acto.

La exposición de la Palabra estuvo a cargo de la pastora de la Iglesia de FADE en Lleida y miembro del Consejo Ejecutivo de la Federación de Asambleas de Dios, Contxa Tendero que, en una exposición singular, retó a los graduados y a todos los congregados a responder al llamado del Maestro, destacando -entre otras características- la de ser hombres y mujeres apasionados por las Escrituras, que ante el llamamiento divino son capaces de dejarlo todo para hacer la voluntad del Maestro.   En representación del Ayuntamiento de La Carlota, el Concejal de Educación José Carmona, expresó la relevancia de tener en el municipio una Facultad de Teología y las excelentes relaciones que determinaron que el centro tuviese el reconocimiento institucional declarándolo de interés social y cultural para La Carlota.

Celebración de los recién graduados. Diana Marcela de 3º curso y Miriam Miralles de 4º curso expresaron de forma muy emotiva el significado de tres y cuatro años de formación, en los que, además del estudio y de la reflexión bíblico-teológica, vivenciaron la experiencia de formación del carácter cristiano, elemento fundamental para hacernos competentes para el ministerio.

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Leer más: http://protestantedigital.com/ciudades/36452/graduacion_en_la_fac_de_teologia_asambleas_de_dios

Nuevos desafíos para la literatura cristiana en la iglesia contemporánea


Nuevos desafíos para la literatura cristiana en la iglesia contemporánea

El título de este artículo tiene que ver con los desafíos para la literatura cristiana a los que se enfrenta la iglesia contemporánea. Desde mi punto de vista de lector y editor, y una larga experiencia pastoral, el desafío más grande es, para decirlo claramente y desde el principio, que las iglesias se tomen en serio la literatura cristiana. Que no estén tranquilas cuando los creyentes no leen ni lo mínimo imprescindible para su formación como cristianos que conozcan lo que la Biblia enseña y lo que implica su enseñanza en los distintos campos en que cada cual se mueve y los retos que la cultura moderna plantea a la fe y ética cristianas.

Alfonso Ropero

El desafío de la literatura cristiana en las iglesias es hacer entender que nadie tiene excusas, y menos que nadie los pastores y responsables de la predicación y enseñanza en todos los niveles, de una formación continua y actualizada en la fe cristiana. Que no valga como excusa la falta de tiempo, cuando se domina hasta el mínimo detalle el funcionamiento de los nuevos cachivaches electrónicos. Es una gracia sin gracia que muchos pastores se contenten con los libros y apuntes que tomaron en su día de estudiantes. Mal médico sería el que no está al día de los progresos de la medicina; mal maestro es el que no se preocupa de mantenerse informado de los avances pedagógicos; y el pastor que es médico, maestro, consejero, padre y amigo a la vez, si se contenta con menos que profesionales de otros oficios difícilmente podrá desempeñar bien su ministerio, no el ministerio que se espera de él, sino aquel para el que Dios le ha llamado. Calvino decía que si el pastor se contenta con hacer lo que debe hacer sin esforzarse en ir más allá, será descalificado para el ministerio.

Pero no vamos a extendernos en acusaciones. Ya hay bastantes profetas del mal humor y de la condenación. Nos interesan las soluciones. Los desafíos son ocasiones para replantearse rutinas y avanzar hacia algo mejor.

A mí me parece que las iglesias no se toman en serio la literatura cristiana simplemente por ignorancia, porque no han captado la importancia de la literatura y la cultura que esta transmite, o debería transmitir. Cuando la literatura es cristiana juega un papel muy importante en la vida de la iglesia y su misión en el mundo.

Por eso, antes de nada, hay que comenzar preguntándonos si hay un fundamento bíblico para la existencia de editoriales, encargadas de la producción de literatura cristiana, o si simplemente las editoriales y su labor obedece a un movimiento mercantil, un negocio más con vistas a las ganancias, en cuyo caso que ellas se apañen por su cuenta como mejor puedan, con campañas de publicidad y marketing.

Pero si la Biblia tiene que decir algo al respecto, la cosa cambia. No es lo mismo que la empresa editorial se vea reflejada, e incluso apoyada en la Biblia, o no. Si es ajena, caería en la categoría de los adiaphora o “asuntos indiferentes”, que da lo mismo que existan o que desaparezcan —los más radicales dirían que lo que no se puede probar con la Biblia es contrario a ella, y aquí meten por igual a Colegios y Seminarios Bíblicas, Escuelas Dominicales, Agencias Misioneras…

Pero si la empresa editorial se ve refrendada por la Biblia, esto significaría que hay elementos para tomársela en serio y apoyarla como se merece, individual y comunitariamente. Si la empresa editorial forma parte integrante de la misión cristiana, entonces hay motivos morales y espirituales para preocuparse de ella más allá del éxito o fracaso en las ventas. Importa saberlo, porque la motivación correcta es una de las claves del éxito en todo tipo de actividades. La motivación correcta nos puede ayudar a esquivar los peligros a los que actualmente se enfrenta el mundo de la edición y de la literatura cristiana.

Estamos en una época de cambios económicos transcendentales que ponen en riesgo el futuro de la edición cristiana. Todo esto en el marco de una gran crisis, resultado de una estrategia financiera a escala planetaria que está sumiendo al mundo en el caos y la destrucción más absolutos. Tal es así que estamos retrocediendo un siglo en niveles logros sociales y de humanidad. La codicia lo devora todo y el dios Mamón se ríe en las alturas confiado en su victoria total.

Pero volvamos a nuestra pesquisa:

¿Qué fundamentos bíblicos pueden iluminar la empresa editorial de modo que ésta pueda desarrollarse de un modo eficaz en armonía con los fines a los que sirve?

El Evangelio de Lucas tiene la respuesta: “…después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido” (Lc. 1:3-4; cf. Hch. 1:1).

Aquí tenemos al autor que escribe y el lector en el que el autor piensa y al que dirige. De momento nos falta el editor. Parece que no existe, todo da a entender que se trata de una intercambio privado entre Lucas y Teófilo. Sin que intervenga nadie más. Pero el editor está ahí, aunque no lo veamos. Es cierto que el texto bíblico sólo menciona a un escritor, Lucas, que se dirige a una persona individual, con carácter privado y con una preocupación muy definida: “que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido”. Sin embargo, aquello no quedo en secreto. Bien pronto, aquel escrito dirigido a Teófilo fue conocido por muchas otras personas y comunidades, hasta el punto de convertirse en un libro que fue aceptado por la iglesias como parte del canon cristiano. ¿Cómo fue así? Sabemos que los libros no se producen solos. En el caso de Lucas intervino, indudablemente, un editor anónimo, gracias al cual su Evangelio ha sido leído por miles y miles de lectores a lo largo de los siglos.  Y lo que decimos de Lucas se hace extensible al resto de escritos del Nuevo Testamento. Ahí tenemos al editor en el texto bíblico como correa transmisora del mismo.

La edición consiste esencialmente en un autor que escribe, un lector que lee lo que el autor le escribe —a veces, todavía hoy, el autor tiene en mente un solo autor ideal—, y un editor que hace extensible a todos los posibles interesados esa comunicación.

En la antigüedad, el editor solía ser el mismo escritor, ayudado por sus siervos o esclavos que hacían copias de sus escritos para los amigos y posibles clientes. Estos son los orígenes del trabajo editorial. A partir de aquí, todo muy rudimentario y artesanal, surge la empresa editorial. El escritor metido a editor ya no publica sólo sus propias obras, sino de aquellos que le confían sus escritos para que los de a conocer mediante el sistema de copias y que él acepta como dignos de darse a conocer. El editor abrirá una pequeña tienda donde anuncia los nuevos títulos a disposición del pública y se encargará mediante mensajeros de hacer conocer a sus clientes la publicación de nuevos volúmenes. El editor es al mismo tiempo el impresor, el anunciante y el librero, y curiosamente esta asociación a permaneció durante muchos siglos, incluso después del invención de la imprenta.

Gracias al editor, el escrito dirigido en principio a un reducido número de interesados, se amplía para alcanzar a un número indefinido y extenso, disperso en el tiempo y el espacio, al que también interesa lo que un determinado autor en un determinado momento escribe para un determinado lector. Esta es la magia de la edición, y en eso ha cambiado muy poco.

Toda la producción literaria de los primeros siglos de la era cristiana tiene ese carácter individual y sin falsas pretensiones de impresionar a un público extenso o de buscar clientes o admiradores. Su motivación primaria es comunicar ideas inmediatas a un lector inmediato, mediante un proceso de estudio diligente. El gran y prolífico san Agustín, por ejemplo, escribe libros y tratados porque un individuo o un pastor preocupado le ha preguntado su opinión sobre este o aquel tema, ya sea la herejía donatista, la doctrina de la Trinidad o la creación del mundo. Y como resulta que lo él respondió a ese individuo concreto responde a la vez al interrogante e inquietudes de muchos otros individuos anónimos que se interesan por las mismas o parecidas cuestiones, la obra de san Agustín, escrita en principio por motivos privados, se convierte en dominio público gracias a la multiplicación de copias puesta en marcha por la empresa editorial, contribuyendo así a la creación de la cultura cristiana, que ha forjado Occidente en estos dos últimos milenios.

La demanda de libros era tan grande por los estudiantes, las iglesias, los monasterios, el público culto, que una y otra vez los editores buscaron la mejor manera de acelerar el proceso de copiado para satisfacer la demanda, hasta que Guttenberg, en una carrera a contra reloj contra sus competidores, dio con la imprenta de tipos móviles que revolucionó el mundo de la edición. Los impresores jugaron un papel muy importante en la edición y distribución de libros y durante siglos ellos fueron los que dominaron el negocio editorial. Todas las grandes editoriales del pasado eran a la vez imprentas que competían por la calidad de sus textos, de su encuadernación y de su distribución.  Publicar en los talleres de tal o cual firma decía mucho sobre la calidad del texto y del contenido.

Los cristianos fueron desde el principio un pueblo lector. A veces tenemos imágenes deformadas y muy negativas de la Edad Media y los siglos anteriores a la Reforma, como un tiempo de tinieblas e ignorancia. Nada más lejos de la realidad. Fue un tiempo de universidades y de pasión por el conocimiento, de discusión teológica sin fin.

En nuestros días es común hablar de las grandes obras de la Patrística, los escritos de la Padres Apostólicos, de Ireneo, de Clemente, de Orígenes, de Agustín, de Juan Crisóstomo, de Tertuliano, de Cipriano de Cártago, etc. Todavía hoy se siguen publicado y estudiando. Eso está bien, pero si nos conformamos con ella, nos da una imagen incompleta de lo que significó el mundo del libro en el cristianismo antiguo. La Patrística es el resultado de una labor de teólogos y clérigos dirigida a su propio círculo, mientras que en la base, entre el vulgo y el pueblo floreció una literatura cuyo éxito sólo es equiparable a los libros de caballería de los que nos habla Cervantes y a las novelas policíacas de nuestros días.

Me refiero a las historias y leyendas de los mártires, donde se mezcla la fantasía y la verdad. Son la precursoras de la novela histórica. Y durante siglos gozaron del favor del público, forjando la mentalidad y el espíritu de los pueblos. Su ecos llegan hasta santa Teresa de Jesús. Un anécdota nos cuenta que se fugó de su casa en compañía de su hermano pequeño Rodrigo para ir a morir como mártires en tierra de moros, a imitación de los santos mártires de los que le leían la vida. Y no hay que irnos tan para atrás, en mis días de colegial, nos instruían con esas mismas historias de mártires, y más de uno pensamos seriamente en apuntarnos a las misioneros para entregar nuestra vida por Cristo.

Así, pues, y para abreviar, el libro no sólo un objeto de consumo para rellenar los momento de ocio o de aburrimiento, es un instrumento eficaz para forjar el carácter, cambiar vidas e incluso el curso de la historia. Bien pensado, son objetos peligrosos, por eso a lo largo de la historia han sido prohibidos y quemados, pero ese es otro tema.

Vayamos ahora a por el siglo XXI que es en el que estamos.

En el los últimos años el mundo editorial ha experimentado cambios muy importantes. Para ilustrarlos me remitiré, no a mi experiencia, que es reducida, sino a la de André Schiffrin, de quien se ha dicho  que no debe de haber muchos hombres que conozcan mejor el mundo de la edición que él. Le viene de familia. Su padre, Jacques Schiffrin, de origen judío, fundó la mítica colección de La Pléiade, que luego se integraría en Gallimard.

André Schiffrin fue contratadó por Pantheon Books en la década de los 60, que recién había sido comprada por Random House. Estuvo al frente de la empresa los siguientes 30 años.

En los 80, Pantheon cambió de dueño: primero la compró la RCA y luego S.I. Newhouse, grupo empresarial de Condé Nast. Nombraron director de la empresa a un banquero que se vanagloriaba de estar siempre demasiado ocupado como para leer un libro: “Su despacho se hallaba higiénicamente libre de esos objetos ofensivos que acumulan polvo y adornado solo con una foto de su yate”. A pesar de ser el responsable de dos grandes éxitos comerciales -Los Simpson, de Matt Groening y Maus, de Art Spiegelman- Schiffrin dejó Pantheon y fundóThe New Press, su última aventura editorial en Estados Unidos.

“El modelo empresarial estadounidense ha enterrado el principio que antes regía a las empresas editoriales: los libros exitosos subvencionan a los que producen ganancias menores. Ahora la máxima exige que cada libro tenga beneficio inmediato y sea rentable individualmente”.

“Ya no estábamos en el período de McCarthy, pero nuestra lucha contra la nueva ideología del beneficio, y contra la insistencia de que cada libro tenía que producir un lucro inmediato, se consideraba como una nueva forma de subversión y se nos atacaba con muchos de los mismos tipos de presiones y difamaciones. Nuestros antiguos colegas no estaban literalmente amenazados, como lo habrían estado en los años cincuenta, pero se les dejaba claro que se esperaba que se atuviesen a la línea de la empresa… Había que defender el capitalismo no de los comunistas, sino de los enemigos internos que afirmaban que la maximización del beneficio no era el objetivo adecuado. Se dejaría claro a la industria, además de al público en general, que estos “intelectuales” eran propagadores de una doctrina peligrosa, que aseguraba que valores distintos al beneficio no sólo podían existir sino ser igual de importantes. No nos amenazaban con audiencias del Congreso, pero el sector privado y la prensa consiguieron transmitir que no sólo éramos incompetentes sino que era peligroso contratarnos” (André Schiffrin)

La gente compraba empresas no porque le importara lo más mínimo lo que producían, sino porque comprándolas podría ganar más dinero, a menudo, vendiendo partes de lo que había comprado, o despidiendo a un gran número de empleados que “ya no eran necesarios”. Los editores se compraban unos a otros no porque necesitasen realmente nuevas empresas, sino porque ése era el medio de mostrar las cifras de crecimiento anuales requeridas.

“Si comprabas empresas, podías integrar su fondo en el tuyo y despedir a gran parte del personal, si es que no a todo. Lo que había hecho Newhouse con Random no había sido más que un ejemplo de muy poca monta de lo que estaba pasando a una escala mucho mayor en el conjunto de la economía, en todo el mundo. Eso no sólo afectaba a la edición, sino al resto de las profesiones liberales, como se las llamaba en aquellos tiempos. Mis condiscípulos de Yale, que eran ahora abogados y médicos, se quejaban de transformaciones similares en sus papeles. Se esperaba de los abogados que se convirtiesen en “triunfadores” y aportasen clientes muy rentables, y las empresas de servicios jurídicos se harían increíblemente lucrativas. Los médicos se encontraban con que estaban tomando decisiones médicas que les imponían las compañías de seguros o las administraciones de los hospitales, cuyo objetivo primordial era el dinero, no la salud. Sus salarios aumentaron vertiginosamente, pero su libertad desapareció” (André Schiffrin).

En su libro La edición sin editores, traducida y publicada por Destino (Barcelona 2000), se preguntaba: ¿Está la edición de calidad amenazada en Europa después de haber sido diezmado al otro lado del Atlántico? ¿Están las librerías en vías de desaparición y los verdaderos editores a punto de ser sustituidos por gerentes, contables y directores de marketing?

“En Nueva York, cuando yo era joven, había más de trescientas librerías. Hoy quedan treinta”, incluidas las cadenas.

La falta de ética y la búsqueda de grandes beneficios, la consideración del libro como una mercancía más y el hecho de que la decisión de publicar o no un título recaiga en los responsables financieros o comerciales ha convertido el mercado en un nuevo censor que hace difícil la supervivencia del trabajo intelectual, la innovación y la calidad.

A La edición sin editores le sigue El control de la palabra, publicado por Anagrama (Barcelona, 2006). “Durante casi todo el siglo XX el negocio editorial se mantenía prácticamente igual que durante el XIX. Apenas se produjeron cambios. Pero en los 80 comenzó el proceso de concentración  editorial en los Estados Unidos, los años en que comenzaron a mandar los que no tenían ni idea de lo que era una editorial, ni les importaba. En este país el 80% del mercado lo acaparan cinco grandes grupos, lo mismo en Alemania y en España dos editoriales, Planeta y Random House Mondadori, se reparten la mayor parte del pastel”.

En opinión de Schiffrin fue en ese momento cuando la edición dejó de ser un oficio para convertirse en puro negocio. “Los accionistas de las editoriales se conformaban con unos márgenes de rentabilidad del 2% y el 3%. Pero entonces empezaron a exigir unos beneficios de entre el 12 % y 15%. Cada sello del grupo tenía que ser rentable. Cada libro de cada sello tenía que dar réditos”. Si Sartre no vendía, no había motivo para mantenerlo, por mucho prestigio intelectual que tuviera. Igual con otros autores…

Tocando al desafío que supone el libro digital, Schiffrin cree que, “digital o en papel, la catástrofe del sector editorial es el beneficio que se exige a los libros. Antes, el editor tenía pasión por su oficio, no codicia por un negocio”.

Su último ensayo, El dinero y las palabras, ha sido publicado por Península (2011), en un mismo volumen, junto con La edición sin editores.En él denuncia que “los editores verdaderos han sido arrinconados por los departamentos financieros y de marketing”. Los contables han ido desplazando a los editores.

Mientras tanto, ¿qué pasa con las editoriales cristianas, más en concreto, con las evangélicas? Me temo que muchos, por influencia de esa mentalidad capitalista tan típica de Estados Unidos cuya dinámica es el crecimiento sin fin, la producción y los beneficios cada vez mayores, han entrado en la dinámica denunciada por Schiffrin, y no sólo en las empresas editoriales, sino en la misma iglesia, ahí tenemos como ejemplo el caso de las megaiglesias, parece que sólo lo grande vale la pena y que lo pequeño es menospreciable. Todo lo contrario a lo que hace ya unas décadas nos decía el economista germano-británico E.F. Schumacher (1911-1977) en Lo pequeño es hermoso (Akal, Madrid 2011), obra publicada en 1973, traducida a más de veinte idiomas, considerada uno de los libros más influyentes de la segunda mitad del siglo XX.

Es triste comprobar cómo la Iglesia, en lugar de ser luz y sal del mundo, se deja llevar por las modas del mundo, las imita y las hace suyas, con lo pierde su papel de signo del Reino de Dios y de voz profética frente a los abusos, injusticias y mentiras de los poderosos.

Los mismos que se han dado cuenta del creciente número de “nacidos de nuevo”, evangélicos, carismáticos y neocarismáticos, y de su potencial consumista y, con su potente y bien engrasada maquinaria, han entrado al negocio del libro cristiano, interesados sólo en fabricación de superventas, que producen fabulosos beneficios, en lugar de crear pensamiento, cultura y educación cristiana de excelencia.

Lo que a nosotros nos interesa saber y tener en cuenta, es que un verdadero editor, cristiano y responsable, debe publicar, además de lo que los lectores quieren, lo que deben leer. Esa es su contribución al mundo del pensamiento, de la cultura y de la educación cristiana. El editor auténtico quiere poner remedio a la preocupación del autor bíblico cuando dice: “Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño” (Heb. 5:12). Preocupación que también se encuentra presente en el apóstol Pablo: “Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar” (1 Cor. 14:20).

Ya hemos visto que Lucas, antes de ponerse a escribir, “investigó con diligencia todas las cosas desde su origen” (Lc. 1:1). Un escritor responsable, ciertamente. En correspondencia, el editor también tiene que ser responsable y no publicar cualquier cosa, que desprestigia la literatura cristiana. Pero el texto bíblico, las exhortaciones apostólicas, también se dirigen a los cristianos para que ellos pongan “toda diligencia” en su fe, de modo que no permanezcan en una eterna infancia indolente. A la fe hay que “añadir virtud, y a la virtud conocimiento” (2 Pd. 1:5).  Hay tiempo para el esparcimiento, y a ello obedece cierto tipo de literatura, y tiene que haber para la formación, y a ese fin debe servir la buena literatura teológica que el editor debe publicar, independientemente de su éxito o no.

Poner en contacto buenos autores, diligentes y responsables, con lectores que, más por ignorancia y desinformación que otra cosa, pasan de largo de aquellas obras que pueden enriquecer su vida espiritual e intelectual, contribuyendo a su formación integral como creyentes y como personas.

Una canción se escucha y gusta o no gusta, y en base a eso se adquiere o no. Un libro es distinto, porque uno no sabe si le va a gustar o no hasta que no se introduce en su lectura. Por eso las editoriales tienes que poner todos los recursos a su alcance para dar a conocer el contenido de sus obras, de modo que el lector sepa si una libro dirigido a un tal Teófilo tiene algo que decirle a él también.

Pero solas pueden avanzar poco si los más interesados en la creación de pensamiento y cultura cristianos no colaboran con reseñas y actos de animación a la lectura.

En un momento cuanto todo se reduce a mercancía, producción, rendimiento y beneficio, la empresa cristiana del libro debe dar ejemplo de ética, principios y valores propios de su fe y profesión cristiana, y no dejarse llevar por la seductora música del mundo que al final le llevará a la ruina. No hay ídolo, y Mamón lo es, que no destruya a su adorador, como el Moloc denunciado por los profetas hebreos: el ídolo que todo lo destruye y no contenta con algo menos que el sacrificio de la vida humana. La venta del alma al diablo es un mal negocio a largo plazo. Aquí, como en todas las áreas de la vida, economía incluida, lo más sabio, lo más inteligente, la apuesta más segura por el futuro, es buscar primero el reino de Dios y lo demás vendrá por añadidura (Mt. 6:33).

Esto significa, entre otras muchas cosas, que la gente tiene que importarnos, que no puede tratarse como un medio sino como un fin, que ella es el último criterio de nuestra actividad. La que nos salvará o condenará.

Hace muchos años, invité a mi iglesia local a predicar a un conocido personaje evangélico, un gran amante de los libros, un bibliófilo. En un momento de la conversación, mientras yo le enseñaba mi propia biblioteca, su esposa dijo a la mía: “Cada vez que miro los libros de mi esposo, veo los juguetes que mis hijos nunca tuvieron”.  Aquello llegó a mi alma. Y me hizo pensar. En aquella época no podía ni pasar por mi mente que un día llegaría a ocupar el puesto de editor en CLIE —ante todo me considero un lector entusiasta, pero aprendí bien la lección. El consumidor de libros, de cultura, es ante todo una persona que da lo mejor de su tiempo y de sus ahorros por adquirir conocimientos, por mantenerse informado de todo lo que sea cierto respecto a lo que cree y piensa. Y a veces lo hace con grandes sacrificios. En mis días jóvenes muchos días me quedé sin comer porque todo me lo había gastado en libros.  No me pesaba, naturalmente. Todavía no me arrepiento.

Pero es triste pensar que directivos desaprensivos jueguen con el pan de la gente para ellos llevar un vida de lujo, a costa de vender productos a los que se puede aplicar el texto de Isaías:  “¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia?” (Is. 55:2).

En la presente crisis orquestada y mantenida por la codicia financiera y la política corrupta, la empresa editorial tiene que mantenerse firme en la decisión de publicar obras que contribuyan a la madurez de la persona, haciéndolas accesibles a todos los bolsillos, para el bien general. No se debe abusar de la buena fe de la gente. Ella es nuestro mejor tesoro y hay que cuidarlo.

El editor de hoy, como el de ayer (y al decir editor, incluyo a todos los relacionados con el libro y su distribución), no tiene otro cometido que poner en contacto, del modo más beneficioso para todos, a los Lucas diligentes de hoy y de siempre con los Teófilos actuales, para que no deje de producirse el milagro de la comunión de mentes y corazones, de modo que se produzca la creación de una generación de hombre y mujeres que “conozcan bien la verdad de las cosas en las cuales han sido instruidos”.

Alfonso Ropero

I Jornada Europea de Literatura Cristiana

Distribuidora Abba, Barcelona 18-2-2012

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Bibliografía

Frédéric Barbier, Historia del libro. Alianza Editorial, Madrid 2005.

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Guglielmo Cavallo y Roger Chartier, dirs., Historia de la lectura en el mundo occidental. Taurus, Madrid 2001

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Mercedes Chivelet Villarruel, Historia del libro. Acento Editorial, Boadilla del Monte 2003.

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Hipólito Escolar, Historia de  las bibliotecas. Ed. Pirámide, Madrid 1985.

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—   Gente del libro. Autores, editores y bibliotecarios, 1939-1999. Gredos, Madrid 1999.

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—    El control de la palabra. Anagrama, Barcelona 2005.

—    Una educación política. Península, Barcelona 2008.

—    El dinero y las palabras. Península, Barcelona 2011.

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http://www.lupaprotestante.com/blog/nuevos-desafios-para-la-literatura-cristiana-en-la-iglesia-contemporanea/

“Un hogar sin libros es como un cuerpo sin alma” Cicerón


“Un hogar sin libros es como un cuerpo sin alma” Cicerón

Fuente: Pianomundo

Un estudio titulado ‘Family scholarly culture and educational success: Books and schooling in 27 nations’ publicado por la Universidad de Nevada (Reno) revela que los libros en el hogar incrementan el nivel de educación de los niños, independientemente del status social, el país en el que habitan y el nivel de estudios.

Hasta ahora se tenía la formación de los padres como el indicador del nivel educativo de un niño; sin embargo, en un estudio que ha durado 20 años, la investigadora Mariah Evans ha descubierto que influye mucho más ser criado en una casa con un biblioteca de más de 500 libros que una alta formación paterna. La socióloga, preocupada por el acceso a la educación de todos los niños, ha dedicado gran parte de su vida y su profesión a mejorar el desarrollo y la educación de poblaciones económicamente desamparadas. “Los resultados de este estudio indican que tener libros en el hogar es una forma barata con la que podemos ayudar a nuestros hijos a tener éxito”, según el equipo de investigación de la Universidad de Nevada.

Fracaso de los libros en España

Este hecho es visible independientemente de la riqueza de una nación, cultura o sistema político, pero la intensidad de sus efectos varía de un país a otro. Los datos indican que tener 500 libros o más supone:

  • En China, que los niños estudien una media de 6,6 años más.
  • En Estados Unidos, que estudien 2,4 años más.
  • En otros países, que estudien una media de 3,2 años más.

Ademas, los investigadores agregan que no sólo “el tamaño de la colección en el hogar tiene un efecto muy importante en el rendimiento escolar, incluso el ajuste de la educación de los padres, situación laboral del padre y otras características de los antecedentes familiares”.

Los datos publicados por este informe son esenciales para el Estado español, que tiene una de las cifras de fracaso escolar prematuro más altas de la Unión Europea, con un 26% de alumnos graduados en ESO que no terminan bachillerato ni realizan formación profesional, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). El estudio demuestra, sin embargo,  que las probabilidades de terminan la universidad crecen un 19% en una familia con biblioteca en casa. Es más, los libros son reflejo de la ‘cultura académica’ de la familia y respetar y querer los libros es una forma de vida que los padres transmiten a sus hijos, según los investigadores del estudio.
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Los libros arden a 223ºC, pero los billetes también

Este estudio demuestra que la inquietud por los libros no es una característica de la personalidad de los individuos, sino una forma de ver la vida que se transmite como una realidad en la educación primaria de la familia. La lectura es una manera de rendir culto al único elemento que nos diferencia del resto de los animales: el lenguaje.

De hecho, si la palabra interiorizada forma parte del desarrollo personal y colectivo de un individuo, debería reconsiderarse la posibilidad de hacer de la lectura un hábito familiar y social que no se termina cuando el niño es demasiado adulto para leer y escuchar cuentos. La lectura debería convertirse en una forma de comunicación que queda más allá del tradicional esquema de comunicación en el que hay un emisor y un sólo receptor, para que exista una interacción entre los receptores e incluso un cambio de papeles entre emisor y receptor.

Puede que algún día la riqueza deje de medirse por un sistema monetario ficticio, que sólo se mantiene por la creencia en él, y pase a residir en los libros, a los que todos tenemos acceso y por suerte, si no, recordad aquella novela de 1953 titulada Farenheit 451, de Ray Bradbury.

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https://insignarecracia.wordpress.com/2011/03/29/un-hogar-sin-libros-es-como-un-cuerpo-sin-alma/

¿Para Qué Leer Libros Cristianos si Tenemos la Biblia?


¿Para Qué Leer Libros Cristianos si Tenemos la Biblia?

Autor:Paulo Arieu

Introducción:
Advertencias-al-leer-libros-cristianos
Imagen n0.

Leer libros y entre ellos libros cristianos es un excelente habito que esta completamente comprobado que edifica la vida del cristiano. No significa que se deba dejar de leer la Biblia. Los buenos libros cristianos deben leerse a la luz de la Biblia. Cada uno es responsable de vigilar de que trata el material literario que ingiere.Y si no sabe o no esta seguro, debe consultar a alguien que si tenga experiencia en este tema. Fue el gran predicador británico Charles Spurgeon, quien dijo que

“Visita muchos buenos libros, pero vive en la Biblia”.

En un sermón predicado por C.Spurgeon, el comentó que el aposol Pablo necesitaba libros para leer!

“no sabemos qué tipo de libros eran… A Pablo le quedaban unos cuantos libros, tal vez envueltos en el capote, y Timoteo había de tener el cuidado de llevárselos… ¡Él es inspirado, y sin embargo, necesita libros! ¡Ha estado predicando al menos por treinta años, y, sin embargo, necesita libros! ¡Tenía una experiencia más vasta que la mayoría de los hombres, y, sin embargo, necesitaba libros! ¡Había sido arrebatado al tercer cielo, y había oído palabras inefables que no le es dado al hombre expresar, y, sin embargo, necesitaba libros! ¡Pablo había escrito la mayor parte del Nuevo Testamento, y, sin embargo, necesitaba libros! El apóstol le dice a Timoteo y así le dice a todo predicador: “Ocúpate en la lectura.” El hombre que nunca lee no será leído nunca; el que nunca cita no será citado nunca. El que no quiere usar los pensamientos de los cerebros de otros hombres, demuestra que no tiene un cerebro propio. Lo que es válido en cuanto a los ministros se aplica a todo nuestro pueblo. Ustedes necesitan leer. Renuncien todo lo que quieran a la literatura ligera, pero estudien todo lo que sea posible las sanas obras teológicas, especialmente a los escritores puritanos, y exposiciones de la Biblia. Estamos muy persuadidos que la mejor manera de ocupar su tiempo libre, es ya sea leer u orar. Podrían obtener mucha instrucción de los libros que después podrían usar como una verdadera arma en el servicio de su Dios y Señor. Pablo clama: “Trae los libros.” Únanse a ese clamor. El apóstol no se avergüenza de confesar que él en verdad lee. Está escribiendo a su joven hijo Timoteo… Pablo necesita libros, y no se avergüenza de decirle a Timoteo que los necesita; y Timoteo puede ir y decirle a Tíquico y a Tito si quisiera; a Pablo no le importa. Pablo es aquí un retrato de diligencia. Él se encuentra en prisión; no puede predicar: ¿qué hará? Como no puede predicar, entonces se dedicará a leer. Es lo mismo que leemos de los antiguos pescadores y sus botes. Los pescadores habían abandonado los botes. ¿Qué estaban haciendo? Estaban remendando sus redes. Entonces, si la providencia te ha puesto sobre un lecho de enfermo, y no puedes dar tu clase; si no puedes estar trabajando para Dios en público, remienda tus redes por medio de la lectura. Si una ocupación te es quitada, escoge otra, y que los libros del apóstol te den una lección de diligencia.

Pablo dice: “mayormente los pergaminos.” Yo pienso que los libros eran especialmente obras latinas y griegas, pero que los pergaminos eran orientales; y posiblemente eran los pergaminos de la Santa Escritura; o con la misma probabilidad, eran sus propios pergaminos, en los que estaban escritos los originales de sus cartas que están en nuestra Biblia como las Epístolas a los Efesios, a los Filipenses, a los Colosenses, etcétera. Ahora, debe ser “mayormente los pergaminos” con toda nuestra lectura; que sea mayormente la Biblia. ¿No le das ningún peso a este consejo [0]

¿Para qué leer libros cristianos si tenemos la Biblia?

Creo que es útil que sepamos la respuesta a esa pregunta, en caso de que alguien nos pregunte, y porque tristemente a veces podemos darle más importancia a otros libros que al Libro.

Por otro lado, muchas personas pueden subestimar la importancia de leer libros serios sobre nuestra fe. Esta clase de personas opina que leer libros cristianos es menospreciar la Palabra de Dios y el poder del Espíritu Santo para hacernos entenderla.

El apóstol Pablo tenia por costumbre leer libros.El escribió a Timoteo que

“Trae, cuando vengas, el capote que dejé en Troas en casa de Carpo, y los libros, mayormente los pergaminos.” 2 Timoteo 4: 13.

Los necesitamos para conocer más a Dios (intelectualmente)

Una persona es muy compleja para ser conocida en todas sus facetas por otra persona sin ayuda de terceros. Y si eso ocurre con la complejidad de personas finitas, sin duda ocurre en mayor medida con Dios.Eso es algo que el autor C.S. Lewis, nos ayuda a ver con esta ilustración que quiero compartir contigo:

“En cada uno de mis amigos hay algo que sólo otro amigo puede mostrar plenamente. Por mí mismo no soy lo bastante completo como para poner en actividad al hombre total, necesito otras luces, además de las mías, para mostrar todas sus facetas. Ahora que Carlos ha muerto, nunca volveré a ver la reacción de Ronaldo ante una broma típica de Carlos. Lejos de tener más de Ronaldo al tenerle sólo «para mí» ahora que Carlos ha muerto, tengo menos de él. Por eso, la verdadera amistad es el menos celoso de los amores. Dos amigos se sienten felices cuando se les une un tercero, y tres cuando se les une un cuarto, siempre que el recién llegado esté cualificado para ser un verdadero amigo. (…) poseemos a cada amigo no menos sino más a medida que crece el número de aquellos con quienes compartimos. En esto la amistad muestra una gloriosa «aproximación por semejanza» al Cielo, donde la misma multitud de los bienaventurados (que ningún hombre puede contar) aumenta el goce que cada uno tiene de Dios; porque al verle cada alma a su manera comunica, sin duda, esa visión suya, única, a todo el resto de los bienaventurados. Por eso dice un autor antiguo que los serafines, en la visión de Isaías, se están gritando «unos a otros» «Santo, Santo, Santo» (Isaías 6:3). Así, mientras más compartamos el Pan del Cielo entre nosotros, más tendremos de Él”)

Creo que ese pensamiento es correcto porque en los salmos vemos que adorar a Dios no solo es decirle a Él cuan asombroso es, sino que también implica contar sobre Su majestad los unos a los otros (El Salmos 100 es un ejemplo de eso; cf. Efesios 5:19).

Conocer a Dios mediante Su Palabra, Su revelación a nosotros, es un proyecto comunitario que la verdadera iglesia universal lleva a cabo junta… y es por eso que leo libros cristianos.

Leemos libros cristianos porque amamos la Biblia.

Los cristianos protestantes (que en realidad lo son) abrazamos la verdad de que la revelación que tenemos en la Biblia es suficiente, es todo lo que necesitamos saber para vivir como Dios quiere que lo hagamos (2 Timoteo 3:16-17).

Creemos también que el Espíritu Santo tiene poder para alumbrar los ojos de nuestro entendimiento para que podamos entender la Palabra de Dios cuando nos acerquemos a ella con un corazón dispuesto a aprender y amar a Dios (Efesios 1:18).

Así que los cristianos como yo, no menospreciamos la Palabra de Dios ni subestimamos al Espíritu Santo cuando leemos libros cristianos. En realidad, leemos libros cristianos porque amamos la Biblia, por ser la Palabra que Dios ha revelado, y a Dios principalmente.

En la Biblia está claro que es necesario que pensemos en la Palabra de Dios para que la podamos comprender (Proverbios 2:1-6, 2 Timoteo 2:7). Dios da el conocimiento y entendimiento, pero nosotros pensamos. También necesitamos tener en cuenta que los cristianos somos un cuerpo formado por varias personas a lo largo de la historia (1 Corintios 12:12) y tenemos hermanos en la fe que han entendido mejor que nosotros, gracias a Dios, algunas cosas que nos cuestan entender.

“Los mejores libros son aquellos que te invitan leer más El Libro”

A Dios le ha placido que nos ayudemos los unos a otros a comprender, mediante la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas, qué es lo que Él ha revelado (¡Esto también es por gracia ya que no merecemos esto!). Los mejores libros son aquellos que te invitan leer más El Libro.

John Piper, dice esto al respecto:

“… Dios ha pautado que seamos ayudados en nuestro entendimiento y disfrute de las Escrituras por maestros humanos — vivos y muertos— [en relación a 1 Timoteo 3:2] (…). Algunos de ellos han escrito sus enseñanzas. Ese es el por qué tenemos libros.

Una forma de pensar acerca de libros cristianos de autores muertos es que ellos son los ministros del cuerpo de Cristo a través de los siglos y no solo a través de millas. Es un propósito que aprendamos el significado de las Escrituras de maestros cristianos en el púlpito y en el pasado. Ninguno de nosotros es tan libre de pecado o prejuicio o ceguera, que podamos ver infaliblemente la Escritura infalible. Necesitamos ayuda. Necesitamos corrección. Necesitamos guía y motivación. ¡Oh, las maravillas que otros han visto en la Biblia que nosotros no hemos visto! ¡Qué tontería y desperdicio de gozo si abandonamos esos libros!”)

Libros buenos

Mark Twain dijo una vez que

El hombre que no lee buenos libros no tiene ventaja sobre el hombre que no puede leerlos.[4]

Leamos libros buenos. En el comienzo de la Iglesia, en medio de muchos errores y herejías, los fieles cristianos pudieron permanecer en la verdad evangélica porque «perseveraban en escuchar la enseñanza de los apóstoles» (Hechos 2:42). Y así ha sido siempre. Ellos, los apóstoles, recibieron de Cristo el encargo de «predicar» (Marcos 3:14; Hechos 6:4). En este sentido, al escoger las lecturas, deben ser elegidos aquellos libros que comunican la doctrina apostólica, esto es, la fe de la Iglesia, y los libros que disienten con la sana doctrina, deben ser rechazados aunque parecieran estar escritos por ángeles (Gálatas 1:8-9).

Marcus Tullius Cicero.dijo que

Una habitación sin libros es como un cuerpo sin alma.[5]

En la antigüedad, la lectura de los cristianos se centró siempre en la sagrada Escritura, de modo que lectio divina era expresión sinónima de sacra pagina. Pero ya desde antiguo fue poco a poco incluyendo también vidas de santos, pasiones de los mártires, comentarios a la Biblia, Reglas de vida religiosa, y, en general, escritos espirituales de los santos Padres. Así se comprueba, por ejemplo, en la Regla de San Benito (cp. 73). En todo caso, los maestros espirituales antiguos o modernos han recomendado siempre la lectura de libros buenos, santificantes, es decir, recibidos por la fe de la Iglesia, capaces de iluminar la mente y de mover el corazón, aptos para corregir las costumbres y acrecentar el deseo de la perfección evangélica. Han aconsejado, pues, como dice Jean-Pierre de Caussade S.J. (+1751),

«no leer sino libros escogidos, sólidos y llenos de piedad» (Lettre 31), y dejar a un lado, como quería San Pablo, las «novedades» vanas y las «charlatanerías irreverentes» (2 Timoteo 4:3; 1 Timoteo 6:20).

Ciertamente los cristianos piadosos, eligieron sus lecturas según estos criterios. En 1526, cuando Ignacio de Loyola (+1556) estudiaba en Alcalá, en un tiempo en que el mundo europeo de las ideas cristianas estaba en plena ebullición, y era notable la tendencia renacentista a la amplitud de lecturas y a estar al día en todo, le aconsejaron que leyera el Enchiridion militis christiani de Erasmo. Pero Ignacio contestaba que él no lo quería leer,

«porque oía a algunos predicadores y personas de autoridad reprender ya entonces a este autor; y respondía a los que se lo recomendaban, que algunos libros habría, de cuyos autores nadie dijese mal, y que ésos quería leer» (Luis González de Cámara: MHSI 56, Fontes Narrativi I, 595).

Incluso entre los libros que enseñan verdades, los cristianos deben elegir sobre todo los más necesarios para su vida espiritual. Y es que, en palabras de Bernardo,

«aunque toda ciencia fundada en la verdad sea buena, dada la brevedad del tiempo, hemos de darnos a obrar nuestra salvación con temor y temblor, y, por tanto y sobre todo, hemos de procurar aprender lo que más rectamente conduce a la salvación» (Serm. sobre Cantares 36,2).

Teresa de Jesús (+1582) confiesa que siempre ha preferido leer el Evangelio, que no otros

«libros muy bien concertados. En especial, si no era el autor muy muy aprobado, no lo había gana de leer» (Camino Esc. 35,4).

Ella solía recomendar los autores que más le habían aprovechado: Jerónimo, Gregorio Magno, Agustín, Osuna, Bernardino de Laredo. Y muchos maestros de la vida espiritual han aconsejado igualmente la lectura de ciertos autores concretos.
Y Humberto de Romans (+1277), por ejemplo, al proponer una serie de libros recomendables a los nuevos creyentes, aconseja:

«Al comienzo, que lean libros útiles y claros, más bien que los difíciles y oscuros, y ante todo aquéllos que son más capaces de iluminarles, encenderles y afirmarles» (De officiis ordinis, c. 5, n. 18, Roma 1888, t.2, p.230).

Una de las funciones importantes de la dirección espiritual, concretamente, ha sido siempre la orientación de las lecturas. Si no se guiara a los niños cuando comen, se alimentarían mal, a base de pasteles y caramelos.[1]

Conclusión: Un llamado a leer buenos libros cristianos.

Una de las frases más célebres del poeta puritano llamado John Milton fue

Pues los libros no son en absoluto cosas muertas, sino que contienen un potencial de vida en ellos que los hace tan activos como el alma de la cual provienen; no, preservan como en un tubo de ensayo los extractos más puros del intelecto vivo que los engendró [6]

Spurgeon cita en un sermón de el, que algunos de nuestros hermanos ultra calvinistas piensan que un ministro que lee libros y estudia su sermón ha de ser un muy deplorable espécimen de predicador. Un hombre que sube al púlpito, y profesa que improvisa su texto, y habla cualquier cantidad de tonterías, es el ídolo de muchos. Si habla sin premeditación, o pretende hacerlo, y no presenta nunca lo que llaman un plato de sesos de hombres muertos, ¡oh, ese es un predicador! [2] ¡Pero cuán censurados son por el apóstol Pablo estas personas que así piensan.

Desde el día que me convertí,no he parado de leer buenos libros cristianos. Sin duda,muchos de ellos han sido de gran bendición para mi vida.La misma Biblia nos habla del ministerio de Maestro. “Por lo cual dice: Subiendo de lo alto, llevo cautiva a la cautividad, y dio dones a los hombres. Y el mismo constituyo, a unos Apóstoles; a otros Profetas, a otros evangelistas; a otros Pastores y Maestros.” (Efesios: 4: 8 ss). Este ministerio puede ser desarrollado de manera oral (predicación y enseñanza) o de manera escrita (literatura).

Spurgeon dijo que

Este consejo es más necesario ahora en Inglaterra que casi en cualquier otro tiempo, pues el número de personas que lee la Biblia, yo creo, se está reduciendo cada día. Las personas leen los puntos de vista de sus denominaciones según son expresados en las publicaciones periódicas; leen los puntos de vista de su líder conforme son expresados en sus sermones o en sus obras, pero el Libro, el viejo y buen Libro, el divino manantial del que brota toda la revelación, es demasiado frecuentemente abandonado. Ustedes pueden acudir a charcos humanos, hasta abandonar el arroyo claro como el cristal que fluye del trono de Dios.[3]

Y yo te digo, al igual que lo hizo ese gran predicador ingles, por todas estas razones que he citado,que te animo a leer todos los buenos libros cristianos que puedas. Hacerlo, fue un habito importante en la Inglaterra de aquellos días de Spurgeon y lo es en la América de nuestros días. Lee los mejores libros. Lee con discernimiento examinándolo todo a la luz de la Biblia. Pero lee reconociendo, por supuesto, que es más importante leer la Biblia que leer libros cristianos. Así los estarás leyendo para la Gloria de Dios, no tanto por saber lo que han dicho esos autores, sean del pasado o del presente, sino para conocer mejor la gloria majestuosa de nuestro Dios!

Recuerda que fue Ciceron quien dijo que

“Las casas sin libros son como un cuerpo sin alma”. Están muertas!

No lo olvides. Dios te bendiga mucho. Un fuerte abrazo para vos!

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Notas

Imagen n0.Recuperada de http://josuebarrios.com/advertencias-libros-articulos-cristianos/

[0] http://www.spurgeon.com.mx/sermon542.html

[1] http://www.conocereisdeverdad.org/website/index.php?id=816

[2] http://www.spurgeon.com.mx/sermon542.html

[3] http://www.spurgeon.com.mx/sermon542.html

[4] http://medicina.saludestetica.org/citas-famosas-de-libros/

[5] Ibid

[6] En el ingles original: For books are not absolutely dead things, but do contain a potency of life in them to be as active as that soul was whose progeny they are; nay, they do preserve as in a vial the purest efficacy and extraction of that living intellect that bred them.Citado en http://es.wikipedia.org/wiki/John_Milton#cite_note-14

[7] Romano Montroni. Vender el alma. El oficio de librero.Pagina 193.(Dec 20, 2007).Libraria,

Fuente Bibliográfica

Fecha: Enero 22 del 2015

Fuente: http://josuebarrios.com/leer-libros-cristianos/

Juzgado falla a favor de estudiante cristiano suspendido por compartir su fe


Juzgado falla a favor de estudiante cristiano suspendido por compartir su fe

Un juez federal revocó la suspensión de un estudiante cristiano que fue castigado por compartir su fe en su escuela secundaria pública en Estados Unidos.

Michael Leal había sido suspendido tres veces por compartir el Evangelio en el Cascade High School en Everett, Washington.

“Algunas personas hablan de otras cosas; yo hablo acerca de Dios, pero al final todos estamos hablando y todos tenemos la libertad de expresión y creo que es importante que todos tengamos la libertad de expresión”, dijo Leal al Pacific Justice Institute (PJI).

PJI ayudó a Leal a desafiar al distrito escolar en el tribunal después de que las autoridades lo suspendieran y lo acusaran de ser perjudicial por evangelizar a los estudiantes y entregar folletos evangelísticos.

El distrito tiene una política que prohíbe a los estudiantes entregar material didáctico, a menos que lo escribieran ellos mismos, y sólo antes o después de las horas de clases en la entrada de la escuela.

Ahora, un juez ha anulado la parte de la política de la escuela que requiere a los estudiantes escribir los propios materiales. También revocó la suspensión de Leal y ordenó a la escuela borrarla de su calificación.

“La victoria de hoy es un regalo de graduación bien merecido para nuestro cliente”, dijo Brad Dacus, presidente del Pacific Justice Institute. “No debió haber sido suspendido por la simple entrega de tratados evangelísticos a otros estudiantes, y la decisión de hoy es una reivindicación de nuestros esfuerzos en su nombre”

Articulo relacionado

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http://www.cbn.com/mundocristiano/Estados-Unidos/2015/June/Juzgado-falla-a-favor-de-estudiante-cristiano-suspendido-por-su-fe/